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dissabte 8 de febrer de 2014 | Manuel
Entrevista a João Curvêlo, dirigente del Bloco de Esquerda portugués. “La izquierda radical será más fuerte cuanto mejor sepa articular la lucha política y social”.

Florencia Urosevich y Martín Mosquera

El viejo continente sigue atravesando los contornos de la mayor crisis capitalista de los últimos setenta años. A diferencia de otros periodos, el enorme deterioro de los sistemas políticos no suscitó por el momento la emergencia visible de una alternativa de izquierda radical. El caso de SYRIZA, en Grecia, es por ahora más la excepción que la norma. La respuesta en el terreno político parece suspendida entre el desgaste de la socialdemocracia tradicional y la presión popular por encontrar una rápida canalización electoral a sus demandas; lo cual puede conducir a una regeneración transitoria del socialismo europeo, como sucedió con el PS francés de Hollande (ahora envuelto en un desprestigio enorme, no mucho después de haber sido electo); o hacer crecer a la extrema derecha (como los neo-nazis de Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia). De todas formas, el “símbolo SYRIZA” funciona como el testimonio de la posibilidad de desbloquear políticamente la situación y enfrentarse cara a cara a las alternativas políticas de la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional); aun cuando la SYRIZA “realmente existente” se encuentra llena de contradicciones y sumida en una intensa lucha política interna (cómo se evidenció en el reciente congreso de unificación partidaria). Con excepción del caso griego, el ejemplo posiblemente más interesante de la izquierda radical europea, por su radicalidad política, inserción social y proyección electoral, lo constituye el Bloco de Esquerda portugués (Bloque de Izquierda).

A continuación, conversamos con João Curvêlo, joven dirigente del Bloco, que nos cuenta sobre la situación política portuguesa y la posible proyección del Bloco en el terreno social e institucional.

¿Cuál es la historia del Bloco de Esquerda? ¿Cómo se formó? ¿Qué fuerzas lo constituyen?

João Curvêlo: El Bloco fue fundado en 1999, por la unión de tres pequeños partidos sin representación parlamentaria: Unión Democrática Popular (un partido marxista, que había tenido un importante proceso de reconfiguración ideológica durante décadas), Política XXI (un grupo de militantes que, en su gran mayoría, habían abandonado el Partido Comunista) y el Partido Socialista Revolucionario (sección portuguesa de la Cuarta Internacional). Creo que gran parte del éxito del Bloco de Esquerda en la última década se debe al hecho de haber conseguido ocupar un espacio que quedaba vacío en la izquierda. Fue el impulso de una izquierda nueva, irreverente, que no se dejaba llevar por la degradación de la social-democracia y la Tercera Vía, ni tampoco se convertía en una organización ortodoxa más dentro de las organizaciones tradicionales de izquierda. Sucede que, pasados quince años, el espacio del Bloco es mucho mayor que la suma de los partidos que lo fundaran. Y es bueno que así sea. Atravesamos hoy una fase nueva de la vida interna del Bloco, con la creación de varias tendencias organizadas. Otros partidos de la izquierda europea tienen este modelo, por lo que no es una novedad absoluta. Es normal que se así, porque un partido amplio tiene obligatoriamente que ser hecho de opiniones diferentes, a veces contradictorias. Pero lo esencial es la convergencia en un programa común, o sea, la conjugación de espacios distinto de retaguardia ideológica en una plataforma programática consistente.

¿Cómo caracterizarías brevemente la coyuntura política de Portugal? ¿Cómo afectó al país la crisis capitalista internacional?

JC: La situación en Portugal es dramática. Portugal está, desde 2011, en un programa de ajuste de la Troika (compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional). Este programa está arrasando con Portugal, de la misma forma que arrasó todos los países donde hubo intervención del FMI. Los resultados están a la vista: las previsiones de la OCDE para 2014 reportan una tasa de desempleo en Portugal en el orden del 18,4%. Y el desempleo juvenil afecta casi a la mitad de los jóvenes. Según los últimos datos, el único empleo que crece es de duración inferior a 10 horas semanales o superior a 41 horas semanales. Este es un ataque ideológico contra una de las más importantes conquistas del movimiento obrero, la división del día en tres partes de ocho horas – ocho horas para descansar, ocho horas para trabajar, ocho horas para vivir. El desempleo sirve para garantizar la baja forzada de los salarios y la reconfiguración de las relaciones de clase. Y, dicho sea de paso, el plan destruye todos los derechos que se consagran en la Constitución. JP Morgan, uno de los principales bancos de inversión internacionales, dijo que las “constituciones antifascistas” de los países periféricos de Europa eran un problema. ¿Cómo se puede imponer este modelo? Bajo el chantaje de una deuda que ya todo el mundo se ha dado cuenta que es impagable. La deuda es siempre utilizada como un instrumento de chantaje con los pueblos. Fue así en Argentina y también en Portugal o Grecia. El capitalismo, visto desde esta perspectiva, es muy poco original en sus métodos pero muy astuto en su estrategia.

¿En qué consiste la propuesta del Bloco de convocar a las fuerzas de izquierda (PC y PS) a discutir la base programática de un posible gobierno común? ¿Cómo se evalúa el papel del PS en este proceso, conociendo sus rasgos social-liberales?

JC: En primer lugar, es preciso decir que el plan de ajuste está siendo implementado por un gobierno que une a los dos grandes partidos de la derecha (PSD y CDS). Sin embargo, este mismo plan de ajuste fue negociado por el anterior gobierno del Partido Socialista. Resulta que, especialmente en el último año, el Partido Socialista ha tenido un discurso muy ambiguo sobre la austeridad. A diferencia de lo que ocurre en otros contextos históricos, particularmente en América Latina y algunos países del norte de Europa, la política del sur de Europa se caracteriza por la rotación entre los dos partidos de centro. Es decir, la socialdemocracia tradicional, aunque rendida al liberalismo, cumple dos funciones: es una garantía de que existe una “alternativa” en el campo de la austeridad y es, al mismo tiempo, un instrumento político que transforma su base social de izquierda en política de derecha. Los partidos de centro y de derecha, juntos, tienen cerca del 85% del Parlamento. ¿Cómo se desbloquea esta situación? Sólo teniendo claridad en el programa político. El Bloco de Esquerda presentó al PS y al PC propuesta programática para las bases de un gobierno de izquierdas. Eran ideas simples: la renegociación de la deuda y devolución de todo lo que fue robado a la gente desde el comienzo del programa de ajuste. El Partido Comunista acordó discutir este programa. El PS prefirió negociar con los partidos de la derecha. Ahora es evidente que la política portuguesa está dividida: por un lado están los que apoyan el Memorando de la Troika (PS, PSD y CDS) y por otro están quienes quieren construir una alternativa de izquierda (Bloco de Esquerda y el PC). El rechazo del ajuste del FMI no cuenta con la dirección del PS, pero cuenta con mucha de la base social de apoyo al PS. Este es un espacio peligroso, porque exige una denuncia permanente del papel del centro, manteniendo la capacidad de diálogo con su base social de apoyo. Pero es obligación de cualquier fuerza de izquierdas disputar este campo para construir una mayoría social.

¿Cómo ha utilizado el Bloco a la intervención electoral y con qué resultados? ¿Cómo queda la situación luego de las elecciones municipales de septiembre pasado donde los resultados electorales del Bloco no fueron los esperados? ¿Cuál sería la perspectiva para fortalecer a la izquierda radical en esta etapa?

JC: Una parte importante de la intervención pública es hecha dentro de los parlamentos. Fue por propuesta del Bloque de Izquierda que se aprobaron leyes importantes en defensa de los trabajadores, para la despenalización de drogas blandas, el reconocimiento de los derechos LGBT. En las primeras elecciones legislativas en las que compitió, el Bloco de Esquerda consiguió dos diputados. Hasta 2009, el Bloco fue consiguiendo más diputados. En 2011, en las elecciones que dieron la victoria a la derecha, el Bloco retrocedió electoralmente a vuelto a tener ocho diputados. En las elecciones municipales de 2013, el Bloco de Esquerda no consiguió un concejal en la capital del país por cerca de cincuenta votos pero consiguió cientos de legisladores municipales por todo el país.

En Portugal, y un poco por toda Europa, la izquierda radical no consigue afirmarse plenamente a pesar del descreimiento en el sistema político. Esta es una situación preocupante, porque el discurso anti-partidos rápidamente gana la forma de salidas autoritarias. Con todo, a pesar de la ausencia de victorias concretas, hay dos tendencias que se han visto en las fuerzas a la izquierda de la social-democracia. La primera es una deriva ideológica, que lleva a la dilución de la izquierda en el centro. La segunda, y Daniel Bensaïd escribió mucho sobre este fenómeno, es la de transformar los periodos de reflujo en pretextos para el cierre ideológico y para el sectarismo. Creo que la izquierda europea tiene que rechazar estas dos vías, teniendo una propuesta amplia, con capacidad de diálogo y de convergencia, siendo fiel a los principios de transformación social de la que es heredera.

¿Cómo piensan la relación entre partidos e instrumentos políticos con los movimientos sociales?

JC: Creo que en la izquierda de la que somos parte hay una sola manera de ver los movimientos sociales: con toda autonomía y con toda la combatividad. Uno de los polos de la diferenciación en la izquierda europea es exactamente esta visión que tenemos de los movimientos sociales. Hay quienes piensan que los movimientos sociales – y el movimiento sindical – que sigue siendo muy fuerte en Portugal– pueden ser tele-dirigidos por un partido. Yo pienso exactamente lo contrario: los movimientos sociales tienen su autonomía, sus reivindicaciones y su dinámica propia. ¿Esto significa que los partidos y los movimientos son cosas desligadas? No, por el contrario. No hay política parlamentaria, por buena que sea, que pueda prescindir de la intervención social. Y no hay ningún movimiento social o sindical que pueda prescindir de un sujeto político que sea capaz de dar una respuesta política a cada lucha.

Para un partido radical con representación parlamentaria, la lucha institucional, la disputa en los organismos democráticos del Estado es fundamental, pero tiene que estar basada en el movimiento popular. Caso contrario, la izquierda queda confinada a una propuesta avanzada sin apoyo social o a una propuesta mellada por el temor a perder su influencia. La izquierda radical será más fuerte y más capaz cuanto mejor sepa articular estas dos dimensiones de la lucha política y social.

¿Qué significa para Uds. hoy día la Cuarta Internacional (Secretariado Unificado)? ¿Qué lugar y tareas puede ocupar en el proceso de recomposición internacional de la izquierda anticapitalista? ¿Qué balance hacen del proceso de construcción, a nivel europeo, de nuevas fuerzas amplias a la izquierda de la socialdemocracia en el contexto de la crisis social y económica?

La Cuarta Internacional tiene una historia de décadas de combates. Esta historia no se confunde con la de ninguna otra corriente histórica, porque tiene su autonomía e identidad. La Cuarta Internacional se fundó ante la degeneración de la burocracia soviética, de la cual la deportación de los adversarios políticos para los campos de la Siberia es una de las imágenes más destacadas. Hoy, pasados más de setenta años, vemos que los adversarios políticos de la Rusia de Vladimir Putin vuelven a ser enviados para Siberia. Estoy hablando de Nadezhda Tolokonnikova, miembro del grupo punk Pussy Riot, que en una entrevista reciente se autotituló “trotskista y anarquista”. Es cierto que el mundo cambió mucho desde la fundación de la Cuarta Internacional, en 1938. La degeneración del socialismo real en la Unión Soviética, la caída del Muro de Berlín, en 1989, la ola de revoluciones en América Latina, la emergencia de una nueva cultura política con el mayo de 1968 en Francia, la Primavera de Praga… Todos estos acontecimientos son momentos fundacionales de nuevas culturas políticas. Y estas culturas felizmente existen dentro de la Cuarta Internacional y fuera de ella. Por otro lado, las propias fronteras de la Cuarta Internacional sobrepasan en mucho a Europa, extendiéndose particularmente a América Latina y Asia.

Creo que estos son signos de que los tiempos son de reconstrucción de la izquierda. El Bloco de Esquerda fue una experiencia pionera, juntamente con la Alianza Rojiverde y otras, de construcción de partidos amplios que conjugaran la identidad anti-capitalista y la capacidad de disputa de liderazgo en la lucha de clases. En el Estado Español, Izquierda Anticapitalista participa en el proyecto recientemente lanzado “Podemos!”. En Francia, el Front de Gauche (que incluye a los comunistas franceses, una fracción que rompió con el Partido Socialista y una serie de grupos provenientes del Nuevo Partido Anticapitalista, entre otros) consigue hacer una fractura en el área de la social-democracia y ampliar el campo de acción de la izquierda. En Grecia, donde el ataque del Fondo Monetario Internacional es más fuerte, SYRIZA amenaza ganar las elecciones y colocar a la burguesía en jaque. Todos estos proyectos tienen sentido porque, independientemente de las diferencias que existen entre ellos, son movimientos de masas que se construidos a la izquierda de la social-democracia. Y, nuestros partidos como los movimientos sociales de Tksim o de la Puerta del Sol, encontramos un poco de la identidad de la que somos parte. La cuestión, en el futuro próximo, será saber si conseguimos crear un espacio político que articule movimientos sociales y fuerzas a la izquierda de la social-democracia. Este espacio tiene protagonistas y métodos nuevos, pero es heredero del movimiento obrero de los últimos dos siglos. Y tendrá que tener un carácter profundamente internacionalista y solidario. Es un desafío inmenso, que tendrá derrotas, desánimos y fracasos. Pero es ahí donde tenemos que estar, porque es de ahí de donde somos.

04 feb 2014

http://www.democraciasocialista.org/?p=2404


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