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Anticapitalistes
  
diumenge 26 de gener de 2014 | Manuel
Fallece Miguel Romero, referencia e impulsor de la lucha anticapitalista

Manuel Garí, Eric Tousaint, Pepe Mejía, Paco Robs y François Sabado, Daniel Bensaïd, Jaime Pastor

Era el Moro. Con ese seudónimo se le conocía desde finales de los años 60 del siglo pasado a Miguel Romero (Melilla, 1945-Madrid, 2014), histórico activista de la lucha anticapitalista que ha fallecido en Madrid víctima del cáncer que le fue diagnosticado hace ya años y contra el que ha luchado prácticamente con el mismo tesón con el que aplicó su compromiso político desde que era joven.

Fue el Moro en la clandestinidad de la dictadura y así sigue siendo conocido por sus compañeros de batalla de entonces y por los de ahora, casi todos integrados en el partido Izquierda Anticapitalista, con implantación estatal y que ya ha concurrido a diferentes procesos electorales.

Romero se comprometió durante el franquismo con esas mismas ideas que inspiran a la formación de izquierda radical. Perteneció al Frente de Liberación Popular, organización que aglutinó a personalidades vinculadas a la izquierda en la clandestinidad, y que impulsaron su renovación con la creación de nuevas fuerzas políticas. Ahí militó hasta principios de los años 70, cuando fundó la Liga Comunista Revolucionaria, de cuyo órgano de dirección formó parte hasta su disolución en 1991.

A pesar de la unificación de las izquierdas en IU, esta rama pervivió desde entonces primero en Izquierda Alternativa, posteriormente en Espacio Alternativo y, después, con la creación de Izquierda Anticapitalista. Durante todos esos años y hasta hoy su referencia ha sido la revista Viento Sur, de la que Romero ha sido director hasta el final de su vida.

26/01/2014

http://www.publico.es/497534/fallece-miguel-romero-referencia-e-impulsor-de-la-lucha-anticapitalista


Miguel Romero ’Moro’, la dignidad revolucionaria

MANUEL GARÍ | Miembro del consejo editorial de Viento Sur

El cáncer pudo, finalmente, el 26 de enero en Madrid, con la tenaz resistencia de Miguel Romero Baeza (Melilla, 1945). Periodista y militante revolucionario, que vivió y combatió a la dictadura franquista y al sistema capitalista con la misma pasión, inteligencia y dignidad con la que enfrentó su enfermedad. Nunca perdió la capacidad de indignación frente a la injusticia, siempre se puso del lado de las gentes de abajo, fue inmune al acomodo, en todo momento mantuvo la lucidez analítica y la decisión en la acción. Lo suyo, como ocurrió con tantos otros y otras revolucionarios, primero fue una sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno, luego una opción ética ("con los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar") y más tarde, sólo más tarde, vinieron la táctica y la estrategia, el partido y el programa. Vivió exactamente como pensaba. Ni una gota de ambición, ni un gramo de lucro. Decentemente. Austeramente. Incorruptible.

Por eso, ya muy deteriorado por la enfermedad, se encontraba como pez en el agua en las plazas del 15-M y en medio de las mareas o en las reuniones y actividades formativas con jóvenes de Izquierda Anticapitalista. Exactamente igual que cuando comenzó a participar en el movimiento estudiantil de los años sesenta, de forma idéntica a su presencia en los piquetes en las huelgas generales o en las movilizaciones primero por la amnistía, luego contra la entrada en la OTAN y la presencia de las bases norteamericanas, en la solidaridad con la frustrada revolución nicaragüense o en cualquier causa que mereciera la pena. Muy particularmente en todos los intentos de organizar la resistencia internacional frente al capitalismo global; de ahí la intensa actividad que desplegó en las actividades en los Foros Sociales Mundiales como el de Porto Alegre.

Con la misma valentía que luchó por conquistar las libertades se enfrentó con los frenos y cortapisas de la Constitución, hija de una Transición que arrumbó las aspiraciones del movimiento obrero de todo el Estado español y de los pueblos de las nacionalidades. Se escapó de sufrir cárcel bajo el franquismo, pero sus artículos en el dossier ¡Viva la República! en la revista Saida le llevaron un mes a prisión por negarse a pagar la fianza que le exigía el juzgado. Paradojas de la vida, alguien que dedicó su juventud a tumbar la dictadura, se vio encarcelado por los nuevos demócratas por defender una forma de gobierno y estado democráticos. Fue un irreductible, jamás aceptó la farsa de los Pactos de la Moncloa ni de un régimen, el de la reforma que hoy hace aguas y en el que no confía la juventud harta, insumisa e indignada.

Moro

Moro -nombre por el que le conocíamos sus compañeros y amigos, y con el que se identificaba plenamente- formó parte de la generación del 68 cuando parecía que podíamos cambiar el mundo, cuando -a pesar de la represión- corrían vientos de esperanza y generosidad, tiempos en los que no era una locura ni rareza luchar por la Revolución socialista que, concebíamos bien distinta a la dictadura estalinista, y bien al contrario, pretendíamos que fuera la condición para una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales. Tiempos de generosidad y compromiso, bien alejados del maldito principio rector del ratio coste/beneficio.

Precisamente entonces nos conocimos, en unos momentos en los que, tomando unas palabras suyas dedicadas a Silvino Sariego, forjamos "una amistad entrañable, creada hace más de cuarenta años, cuando amistad y revolución eran inseparables". Moro, además de un luchador, un activista y un lúcido político -de los que jamás cobraron una moneda de las arcas públicas- fue un amigo entrañable e incondicional de sus amigas y amigos para quienes es un orgullo el que hayamos contado con su afecto y confianza. Y compartido vida. Y ahí nació mi amistad y conmilitancia a prueba de pruebas con Moro, Jaime Pastor, Lucía González (¡cómo te echo de menos!), y siguieron llegando nuevas gentes a nuestras vidas: Chato Galante, Justa Montero, Marti Caussa, Petxo Idoyaga y se añadieron gentes, muchas gentes de una lista imposible de reproducir.

Participación política

En el año 66 estaba deseando organizarse políticamente, no hubo ni que argumentarle la necesidad de hacerlo, bastó con pasarle una cita. Pronto me di cuenta de la calidad del "fichaje". Y desde entonces ni un solo día de su vida ha dejado de estar organizado para luchar. Porque Moro siempre concibió que la acción o es colectiva y compartida o no es emancipadora. Y democrática. La acción y la organización del movimiento social, para Moro y para quienes hemos compartido la experiencia, debe estar impregnada de democracia, de autogestión, de autorganización. Para él no hay partido que merezca la pena si, aún en las peores condiciones de represión, no es totalmente democrático en su funcionamiento.

Primero militó en el Frente de Liberación Popular (FLP) y tras su disolución fue uno de los fundadores del grupo Comunismo, embrión de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) de cuya dirección formó parte y que durante años representó en los organismos de la Cuarta Internacional, dónde compartió debates, proyectos e ideas con gentes de la envergadura, entre otros, de Ernest Mandel (su maestro), Francisco Louça y Daniel Bensaïd. El "Bensa", su amigo francés, referentes ambos de ambos en sus elaboraciones políticas, con el que mantuvo un diálogo permanente hasta el día de la muerte del filósofo y activista, el 12 de enero de 2010.

Moro jugó un papel clave en el acercamiento entre ETA VI y LCR que culminó en la fusión de ambas organizaciones. Durante años impulsó el desarrollo de las organizaciones revolucionarias en América Latina, años en los que fue director de la edición en castellano de Inprecor, revista política bimestral de LCR. Pero su mayor labor (e ilusión) periodística la volcó en sus artículos para Combate, periódico de esa misma organización de la que fue director en varias etapas, hasta la fusión de su partido con el Movimiento Comunista (MC). Tras el fracaso de esa unificación, formó parte de Espacio Alternativo, corriente de IU, que en 2008 abandonó la coalición y se convirtió en Izquierda Anticapitalista, organización de la que seguía formando parte activamente Miguel Romero.

Viento Sur

Creó la revista bimestral Viento Sur, publicación con una importante influencia en la izquierda alternativa, de la que ha sido editor -y principal impulsor- durante los 131 números aparecidos hasta el día de hoy. Esta ha sido su principal contribución en los últimos años, incluidos los de su larga enfermedad, desde la revista de papel o la web. Labor periodística que ha compaginado con su participación en foros y mesas redondas, conferencias y charlas formativas, trabajado en durante años en ACSUR-Las Segovias y la autoría de obras como ¡Viva Nicaragüa libre! (1979), La guerra civil española en Euskadi y Catalunya: contrastes y convergencias (2006) y Conversaciones con la izquierda anticapitalista (2012) o su participación como coautor en Porto Alegre se mueve (2003), 1968. El mundo pudo cambiar de base (2008), Enrique Ruano, memoria viva de la transición (2009) y Pobreza 2.0 (2012).

Moro vivió intensamente la vida, exprimió todo aquello que merecía la pena. Disfrutó de su familia hasta el último momento, del amplio clan de los Romero del que se vanagloriaba. Y con razón, añado, una vez los he conocido. Excepto su etapa de París, toda su vida adulta la pasó en Madrid, salvo cortas estancias en otras ciudades, obligado por la clandestinidad. Pero siempre profesó de andaluz. Un andaluz capaz de entender a las gentes de otros pueblos y de respetar su derecho a decidir. Disfrutó de sus amistades. De las antiguas y de las nuevas. De gentes viejas y de gentes casi recién llegadas. No perdió la capacidad de conectar con las siguientes generaciones. Disfrutó de los momentos, de cada momento. Rigió su cotidianeidad por el sabio carpe diem. Por su carácter y por su visión del mundo, "nada humano le era ajeno". Todo le interesaba, desde el impacto de la biotecnología al significado de la obra de Brecht.

Pero sobre todo tenía aficiones. Grandes. Apasionado del flamenco y partidario de Enrique Morente, disfrutaba igualmente con la Sinfonía nº 40 de Mozart o con Tristán e Isolda; fan de los Beatles y de Van Morrison y un buen conocedor del jazz. Pero sobre todo fue un lector empedernido, por supuesto de autores marxistas, pero no sólo; leía a Maiakovski, leía y releía Poeta en Nueva York. Miren por favor todas las contraportadas de Viento Sur y comprobarán el homenaje permanente a García Lorca. Y devoraba novelas desde que, según me contó, de chaval tropezó con La isla del Tesoro. Muy particularmente le apasionaba novela negra. Como a tantos otros revolucionarios. Y el cine. Asiduo asistente al Festival de San Sebastián, es posible que tenga algún record de visionado de Roma cittá aperta o de Viridiana, admirador de Billy Wilder y de Berlanga, en más de un artículo político -no se sabe cómo- encontró la excusa para citar a Lauren Bacall. Y un secreto a voces: cuando jugaba el Barça, el reloj se paraba, y mejor esperar a llamarle tras la retransmisión del partido. Eso, todo eso y más configuraban el mundo polifacético de alguien al que mucha gente solo conoció por su compromiso político.

¡Cuántas y cuántas cosas, amigo, compañero Moro, se podrían contar de ti! No recuerdo ninguna mala. Y sí recordaré siempre los buenos difíciles momentos políticos y personales en los que estuvimos juntos, compañero. Hasta la misma noche que entraste en coma. Un momento antes aún tenías ganas de saber "cómo están las cosas", las de siempre, las tareas del momento.

Si Moro pudiera hacer un balance de su vida, nada lo expresaría mejor que unas palabras que escribió hace décadas, en el artículo Punto y aparte del número 518 de Combate, y que puede explicar su constante esfuerzo por "conectar" con la juventud indignada, con las nuevas generaciones revolucionarias y su obsesión por la renovación, por dar paso:

"No hay más que mirar el esqueleto de artículo que tengo delante. Allí dice en la primera página "relevo". No es una idea muy original, pero es verdad que eso es lo importante. Pasamos el testigo. Hemos recorrido el trayecto que nos tocó, tan distinto del que habíamos imaginado, con todas nuestras fuerzas. No estamos cansados. Aún con todos los obstáculos y tropiezos, nos ha gustado la carrera. Y ahora estamos satisfechos de dejar el testigo en manos que también son las nuestras y seguir adelante. Esto es lo que cuenta y todo lo demás es secundario".

26/01/2014


De Eric Tousaint

Quiero comunicar a tod@s l@s amig@s y compas del gran camarada "el Moro" en el Estado esp. cuanto su muerte provoca un dolor profundo en muchos companer@s fuera de la península ibérica.

Conozco al Moro desde mas de 30 años. Empecé a relacionarme con Miguel Romero en las reuniones de los buros políticos de la secciones de la IV internacional al final de los 70 y las del Secretariado unificado de la Cuarta a partir de 1980.

El flaco Miguel era, es y quedara en la memoria de much@s de nosotr@s como una persona de altísima calidad moral y inmensa/inagotable tenacidad en la lucha en favor de la erradicación de tod@s las formas de opresión, en
breve en favor de la emancipación. Reciben mi mejores y calurosos saludos desde un rincón de Belgica.

Eric Toussaint

www.cadtm.org

345 Avenue de l’Observatoire

4000 Liège Belgique


Moro: un luchador anticapitalista y con mucha ternura

Pepe Mejía

Me comunican que Miguel Romero, Moro, ha fallecido después de una larga enfermedad. Conocí al Moro en el primer semestre de 1977 -en plena semi clandestinidad- y porque yo hacía algunas tareas puntuales de enlace entre la dirección de la LCR y Madrid.

La primera imagen que tengo de él es la de un camarada austero, sentado y escribiendo a toda velocidad en una vieja máquina de escribir en el local que Combate tenía en una zona sur obrera de Madrid. Mientras trabajaba no hablaba y siempre concentrado. Tenía muy presente las medidas de seguridad que todo militante teníamos por obligación que asumir. Después de redactar su texto arrugaba el papel y me lo daba. Me decía: "mételo en tu bolsillo y si ves algo raro, lo tiras". Nunca tuve necesidad de tirarlos y los textos llegaron a su destino.

Posteriormente le ví en diversas reuniones internas de la LCR. Siempre me llamó la atención su verbo fácil, punzante e irónico y, cuando las circunstancias lo requerían, duro. Sus argumentos eran muy difíciles de rebatir. Consumía mucha lectura y socializaba todo. Durante mi militancia en la LCR compartí muchos espacios y momentos.

Militamos mucho en el área internacional. Muy amigo de muchos camaradas de la Cuarta tuvimos una relación muy especial con otro camarada y amigo, Hugo Blanco. Tuvo y mantuvo una relación muy especial con Perú. Compartimos informaciones sensibles que supimos manejar y que con el tiempo saldrá. Siempre que viajaba a Perú nos veíamos antes para comentar temas de Perú. Después Hugo se entusiasmaba cuando sabía que le venía a visitar. Muchas veces, y me consta, Hugo bajaba desde su Cusco natal hasta Lima sólo para ver y hablar con Moro. Una amistad, la de Hugo con el Moro, que ha perdurado por el tiempo.

En mis viajes a Perú nunca faltó un encuentro previo con Moro. Porque me ilustraba, me aconsejaba los contactos que tenía que hacer y los temas a tratar. Me valió mucho un viaje que hice a Lima y hablar sobre la revolución sandinista. Moro acababa de escribir un folleto y sus planteamientos me ayudaron mucho.

Otro de los momentos que recuerdo con mucho entusiasmo fue el primer carnet de periodista de Combate que me dió. El local todavía lo teníamos cerca de la Gran Vía. Pues ese carnet de Combate me salvó de una expulsión como inmigrante "ilegal". Un policía me pidió la documentación y yo le dí lo único que tenía: el carnet de prensa de Combate. El poli lo vió por delante pero no por detrás en la que estaba el "escarabajo" y me lo devolvió. Por dentro tuve una sensación de alivio.

La última vez que me dió un carnet fue el de Viento Sur para la cobertura de prensa frente a la casa de Esperanza Aguirre en Madrid. Pero no tuve necesidad de utilizarlo. Así era el Moro. Siempre presto a los detalles.

Tampoco puedo olvidar el momento que me comunicó que tenía orden de búsqueda y captura como "embajador de sendero luminoso" en europa. Después de un viaje a Bélgica, el Moro me llamó a casa y le respondí con naturalidad. Y lo primero que me dijo fue: "no sé cómo estás tan tranquilo pero que sepas que tienes orden de búsqueda y captura internacional. Te acusan de ser embajador de sendero luminoso en europa. Sale tu nombre en todos los medios, desde El País hasta El Mundo". Me quedé helado y lo único que le dije es que teníamos que coordinar para evitar mi detención y/o expulsión a Perú en donde me esperaba un Tribunal Militar Sin Rostro. Después del lío que montamos en medios y presionando a contactos concretos el Moro viajó a Perú para, entre otras cosas, hablar de lo mío.

Otro de mis principales momentos con el Moro fue cuando trabajé con él en Viento Sur. Exigente, meticuloso hasta el detalle, le daba a todo mil vueltas y siempre perseguía mejorar. Tenía una innata cualidad de elección de textos y conocía a los autores por especialidades. Pero es que además te hablaba de fútbol. Teníamos nuestros encontronazos siendo yo del Madrid y él un declarado y consumado culé. Pero siempre terminábamos con unas sonoras carcajadas. Pero además, me ilustró mucho sus conocimientos en cine. Un fijo en los festivales de San Sebastián del cual venía con las pilas recargadas.

Con el Moro no sólo hemos reído sino que nos hemos partido a carcajadas. Sonoras carcajadas. Porque el Moro tenía un sentido del humor innato. También disfruté de sus conocimientos en flamenco. Compartimos comentarios sobre cantaores y tocaores y no me veía muy bien con el cajón aunque le fascinaba el hecho de que un peruano le gustara tanto el flamenco, lo disfrutara y encima tocara el cajón.

Otro de los momentos especiales con el Moro fue cuando impulsamos, a través de las movilizaciones, la Plataforma 0’7. Cuando ocupamos la catedral de la Almudena durante quince días fue el primero que se acercó para hacerme una entrevista. Cuando siete del 0’7 nos encadenamos a los leones del Congreso también fue uno de los primeros que se acercó. Pero es que, además, trabajábamos juntos codo a codo en los temas de cooperación. Él a través de la Coordinadora de ONGD y yo desde la calle con la Plataforma 0’7. Allí aprendí mucho del trabajo en los movimientos, con los movimientos y el partido. Y el Moro fue uno de los que más me ayudaron.

No solamente era un buen teórico y polemista sino que también era un buen activista. En todas las acciones que realizamos, desde las ocupaciones de consulados hasta la sede del banco Santander en Madrid más recientemente, siempre tuvimos sus consejos. Valiosos por cierto.

Escritor consumado aprendí de él la concisión, el contraste y la seriedad. La sinceridad era una de sus cualidades. Aunque él sabía que te iba a doler, te lo decía y tu se lo agradecías.

Moro, para mí siempre Moro, tus enseñanzas perdurarán en las nuevas generaciones de camaradas. El privilegio de haber compartido tiempo y tareas hacia la revolución hace que redoble mis esfuerzos por tu memoria. Que la tierra te sea leve, camarada.


Un ejemplo de compromiso político

Paco Robs y François Sabado

Militantes del Nouveau Parti Anticapitaliste

Para nosotros, militantes de la IV Internacional, durante los últimos 40 años, Moro, —Le Maure— ha sido una referencia militante. Fue uno de los fundadores de la Liga Comunista Revolucionaria, sección española de la IV Internacional a partir de los años setenta. Él participó, desde finales de los sesenta, en las organizaciones del movimiento estudiantil de Madrid y en el FLP (Frente de Liberación Popular), contra la dictadura franquista. El Moro fue uno de aquellos jóvenes estudiantes, producto de la radicalización de la juventud de los años sesenta, que vinculaban su compromiso contra el franquismo con los procesos revolucionarios de la época, desde Mayo del 68 a la lucha por la liberación del pueblo vietnamita y la primavera de Praga.

El Moro supo vincular la lucha antifranquista con los procesos revolucionarios de la época

Era profundamente intrenacionalista. Mayo del 68, la intervención de la JCR (juventud comunista revolucionaria) y los primeros años de la Ligue Communiste en Francia le llevaron a trabajar con la IV Internacional. Él fue el principal dirigente de la LCR durante todos esos años de clandestinidad y de transición postfranquista. Luego fue, a contracorriente del desencanto posterior al fin de la dictadura franquista, uno de los impulsores de la LCR y, con ello, de la izquierda revolucionaria en el Estado español.

El Moro fue uno de los principales animadores de la IV Internacional en Europa pero también en América Latina, donde participó en una serie de debates estratégicos sobre la revolución en América Latina, especialmente en Centroamérica. Contribuyó, junto a Daniel Bensaid, con quien le unía una verdadera complicidad política y una profunda amistad, en la construcción de las secciones de la Internacional en Bolivia, México y Brasil.

Posteriormente decidió mantener su compromiso político con la creación de la revista Viento Sur, una publicación de referencia, tanto por su calidad como por su apertura intelectual y política. La ha dirigido y animado hasta el final de su vida, a pesar de que un cáncer le desgarraba y sus fuerzas se agotaban. Con la creación de Izquierda Anticapitalista apareció una organización revolucionaria que hizo suyos los combates que nunca dejó de compartir. A esa organización aportó todo el apoyo del que se sintió capaz.

Moro ha sido para nuestra generación un ejemplo de lo que significa el compromiso político. Desde la clandestinidad a la construcción cotidiana de organizaciones revolucionarias, Moro ha estado siempre presente. Lejos de cualquier dogmatismo y sectarismo, él buscó en todas las experiencias revolucionarias aquello que podía cambiar las cosas, lo que podía conducir a la práctica política concreta. Pero él ha sido, sobre todo, un ejemplo en las relaciones militantes, por su profundo respeto por los individuos, por la búsqueda de lo que unía por encima de lo que dividía y por su produnda simpatía.


Encuentro con “el Moro” en la España franquista de 1972

Daniel Bensaïd

Para quienes le han conocido, reproducimos un pasaje del libro Une lente impatience (Una lenta impaciencia de Daniel Bensaid, en el que este evoca su primer viaje a la España franquista en 1972 y su encuentro con el “Moro”, Miguel Romero Baeza, fallecido el 26 de enero de 2014. “ Que la tierra te sea leve”: con estas palabras concluyó el homenaje de Moro a Daniel en la Mutualité de París el 24 de enero de 2010 /1, y hoy se las dedicamos a ambos en recuerdo de su larga amistad. Site Daniel Bensaïd

[…] En Semana Santa [1972] hice mi primer viaje clandestino a Barcelona. De madrugada, los nombres de aquellos pueblos catalanes desfilaban como tantos otros lugares frecuentados por los personajes fantasmales de los Siete domingos rojos de Ramón Sender, o de las novelas de Arturo Barea o Juan Marsé. Armado con un manual de español en 90 lecciones y algunos ejemplares de Mafalda, traté de reavivar mis recuerdos de la conjugación latina y de aclararme con el uso de ser y estar. Cuando el Talgo atravesó en el alba gris las pequeñas estaciones de Massanet y de Fornells, saludé la memoria de Francesc Sabaté Llopart, quien el 6 de enero de 1960 paró en esta estación, pistola en mano, el tren de las 6.20 con destino a Barcelona. Combatiente de retaguardia de una guerra perdida, herido, fue abatido en Sant Celoni. Su odisea figuraba en Les Bandits, de Eric Hobsbawm, que acababa de publicar Maspero.

Yo estaba citado en un oscuro bar del Passeig de Gràcia, frente a la casa de Gaudí. Salido directamente de las páginas de L’Espoir, un pequeño bigotudo se me presentó diciendo que se llamaba “Agustín”. Era un joven obrero metalúrgico, de tez morena y aspecto tiñoso, que recordaba a las figuras que aparecen en las fotos de actualidad de mayo de 1937, vestidas con un mono azul y una gorra, el cigarrillo entre los labios y el dedo en el gatillo, defendiendo la Telefónica de la Plaça Catalunya.

Nuestro cónclave discreto tuvo lugar en un barrio popular de l’Hospitalet de Llobregat. Esas reuniones tenían entonces cierto aire festivo. La mayoría de los camaradas vivían en las catacumbas de la clandestinidad. Así, Jesús Idoyaga, ”Petxo“, estuvo recluido durante un año en un piso de Pamplona, desde donde escribía la prensa clandestina de ETA-VIª. La organización le procuró generosamente una bicicleta estática para que se mantuviera en forma y gastara su energía desbordante (después de la huelga de hambre en Baiona, Petxo se zampó pantagruélicamente, para nuestro espanto, una buena veintena de chuletas). Las reuniones brindaban entonces la ocasión para cálidos reencuentros y desahogos amistosos. Los asistentes intercambiaban mil anécdotas. Se informaban del menor signo de rebelión contra el régimen. Se sentaban alrededor de la chimenea donde se asaban butifarras que rezumaban grasa. Enrique, hijo de campesinos catalanes y de hablar pausado, era el alma del grupo/2.

En esa reunión pascual de 1972, los madrileños brillaron: preparaban un 1º de mayo histórico, inspirado en tácticas de movilización experimentadas en Francia, con citas previas, recorridos cronometrados, grupos móviles y cócteles mólotov. Era una operación audaz, y a pesar de las detenciones fue todo un éxito. Tras la represión de 1969 contra el movimiento estudiantil, fue la confirmación del nuevo ascenso de la combatividad y representaba una (modesta) victoria moral.

Quien expuso el plan de batalla se presentó con el nombre de Moro. Nacido en Melilla, tenía la cabeza de ave rapaz, el verbo afilado y un gran sentido de la eficacia. Con los años nos hicimos los mejores amigos del mundo. En 1973, tras una ola de detenciones en Madrid (nuestro aparato, el “apa”, prácticamente nunca duraba más de un año), la dirección de la LCR-ETA-VIª (devenida sección de la IVª Internacional en el Estado español tras la fusión entre la Liga y ETA-VIª) tuvo que trasladarse a Barcelona. El Moro compartía vivienda con dos camaradas vascos, Petxo y Xirri, un piso próximo al barrio popular de Poble Sec y al Molino. Cuando daban por televisión un partido del Atlético Bilbao, la revolución mundial suspendía su paso de cigüeña. De la nevera salían cervezas heladas y nosotros formábamos una alegre tribuna, cantando “¡At-lé-ti-co! ¡At-lé-ti-co!” para celebrar las jugadas de un equipo que era 100 % vasco y algunos de cuyos jugadores (como el portero Iríbar) eran conocidos simpatizantes de ETA.

Antes de tomar el tren de vuelta, pasé las últimas horas paseando por los alrededores del hotel Falcon, sede legendaria de la dirección del POUM en 1937, siguiendo las huellas del personaje perdido de Al margen, de Mandiargues, y degustando en la Plaça Reial unos churros saturados de aceite, acompañados de horchata de chufa.

2004

http://danielbensaid.org/L-histoire-nous-mordillait-la?lang=fr

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ Véase en Europe Solidaire Sans Frontiéres (artículo 16312), El Bensa — Daniel Bensaïd .

2/ Durante mis estancias en Barcelona me alojé en casa de una joven pareja de militantes. Ella estaba embarazada, y cuando nació el bebé le pusieron de nombre el que era entonces mi seudónimo, Jebrac. Este nombre, que me habían puesto sin que yo lo hubiera elegido, no constaba desde luego en ninguna nomenclatura del registro civil. Así, un pequeño catalán recibió ese nombre exótico de leves resonancias gasconas. Nunca me encontré personalmente con ese niño desconocido. Murió en 2003, a la edad de 30 años, en un accidente de moto.

Extracto de “Une lente impatience”, capítulo VIII, colección “Un ordre d’idées”, éditions Stock, abril de 2004.


Miguel Romero, la lucidez de un insumiso

Jaime Pastor

Después de una dura y prolongada lucha contra el cáncer, Miguel Romero Baeza (Melilla, 1945) ha fallecido el 26 de enero en Madrid. Periodista y editor de la revista bimestral de izquierda alternativa Viento Sur, su trayectoria política es representativa de una parte de la generación que en los años 60 emergió en la lucha antifranquista y que, después de Mayo del 68, decidió dedicar su vida a la construcción de un proyecto político revolucionario e internacionalista. Fue militante del Frente de Liberación Popular (FLP) en los años 66-69 hasta su disolución para ser luego cofundador de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) en 1971 (fue director durante varios años de su órgano de prensa Combate y también de la edición española de Inprecor) y, después, formar parte del equipo dirigente de la Cuarta Internacional que animó Ernest Mandel. Tras el fracaso de la fusión con el Movimiento Comunista (MC) en 1993, su actividad estuvo centrada en la dirección de Viento Sur, simultaneándola con su participación en distintas organizaciones sociales (trabajó durante muchos años en ACSUR-Las Segovias) y en Espacio Alternativo, organización que se configuró como corriente dentro de Izquierda Unida hasta que en 2008 decidió abandonarla y refundarse como Izquierda Anticapitalista, con una nueva generación al frente.

Miguel Romero (“Moro”, como le llamábamos sus amigos y amigas) logró salvarse de la represión de la dictadura franquista, pero fue justamente en plena “Transición”, en 1978, cuando fue a parar en la cárcel de Carabanchel durante un mes por declararse coautor de dos artículos publicados en un dossier titulado “¡Viva la República!” por la revista Saida y negarse a pagar la fianza que exigía el juez. Fue así testigo y víctima de la beligerancia practicada entonces contra quienes aspirábamos a desbordar los límites del “consenso” que querían imponer las elites de uno y otro lado.

A lo largo de su vida publicó gran cantidad de artículos, declaraciones políticas y textos de formación que acompañaban a sus constantes charlas en los más diversos lugares, incluida especialmente América Latina, hasta que ya en los últimos años tuvo que ir renunciando a desplazarse a causa de su enfermedad. Entre sus trabajos se pueden destacar La guerra civil española en Euskadi y Catalunya: contrastes y convergencias (2006) y Conversaciones con la izquierda anticapitalista (2012), además de los que fue coautor, como Porto Alegre se mueve (2003), 1968. El mundo pudo cambiar de base (2008) y Pobreza 2.0 (2012). Toda una labor que reflejaba tanto su preocupación por transmitir las enseñanzas del pasado a las nuevas generaciones como su esfuerzo por aprender de experiencias como las del movimiento “antiglobalización” o el 15M, aportando siempre sus lúcidos análisis y reflexiones a la búsqueda de nuevos caminos y herramientas de intervención política para la izquierda alternativa. Porque, como él mismo escribió, formaba parte de “la pequeña parte de esa ‘generación’ (la del 68) a quienes la voluntad de luchar por la revolución social no se nos pasó con los años”.

Moro” fue un gran amante del cine - era un asiduo asistente al Festival de Cine de San Sebastián, de lo que son testimonio son regulares crónicas en Viento Sur-, de la música (del flamenco, de la ópera), de la novela negra, de nuevas series como The Wire y, sobre todo, un entusiasta aficionado del Barça. Miguel disfrutaba mucho de sus encuentros con su familia en Málaga y Barcelona, sacando fuerzas incluso, pese a su ya precario estado de salud, para desplazarse a ambos lugares el pasado diciembre.

Para quienes, como es mi caso, desde que le conocimos cuando era estudiante en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicación y residía en el Colegio Mayor San Juan Evangelista (el “Johnny”) hemos compartido una trayectoria política común y, sobre todo, una profunda amistad dispuesta a resistir todas las pruebas a lo largo de estos casi 50 años, es difícil expresar lo que se siente ante su desaparición. Buscando cómo reflejar en palabras ese dolor, no he hallado nada mejor que lo que él mismo escribió ante el fallecimiento de su gran amigo Daniel Bensaïd hace tres años: “En estos días de duelo, una de las palabras más repetidas sobre Daniel es ‘irreemplazable’. En la relación personal, en el cariño, por supuesto. Pero también en sentido político, militante…”. Y concluía: “No encuentro palabras mejores para decirle adiós al Bensa, mi camarada, mi colega, mi amigo querido: ‘Que la tierra te sea leve’”. Sus familiares, Pilar y una larga lista de amigos y amigas no le olvidaremos nunca. El próximo 1 de marzo le rendiremos homenaje en Madrid. 

31/1/2014


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