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Anticapitalistes
  
dijous 28 de novembre de 2013 | Manuel
Entrevista a Lars T. Lih: Kautsky y Lenin en su contexto.

Darío Cankovi

Lars T. Lih vive y trabaja en Montreal, Quebec. Sus libros y artículos han supuesto una importante reinterpretación de la historia de la Revolución rusa y sobre las relaciones entre la socialdemocracia alemana y los bolcheviques rusos. La siguiente entrevista sobre su trabajo, realizada por el editor de la revista canadiense North Star, Darío Cankovic, se llevó a cabo en junio pasado.

Obtuvo un título de postgrado en Oxford en 1971. Después volvió a la universidad y cursó un doctorado en ciencias políticas en Princeton en 1984. ¿sobre qué versaron sus tesis de licenciatura y doctorado? ¿Cómo llegó a interesarse y a trabajar sobre la historia de Rusia y el movimiento socialista?

Mi tesis en Oxford, curiosamente, trataba de Lenin y Maquiavelo. Se tituló Maquiavelo y Lenin: un estudio de técnica política. Me da miedo volver atrás y leerla ahora, porque defendía básicamente la visión predominante sobre Lenin en aquel entonces. A continuación, la tesis doctoral. Recuerdo el momento. Estaba caminando por la biblioteca y pensaba para mis adentros: sabes, un tema que aparece una y otra vez en la Revolución rusa es la política de suministros de alimentos. La Revolución de Febrero, la Revolución de Octubre, fueron precedidas por una interrupción en el suministro de alimentos. Como ocurrió con la nueva política económica (NEP) y los disturbios en Petrogrado a principios de 1921. Me dije a mí mismo: Alguien debería examinar esto, sólo tiene que estudiar todo el proceso y examinar la relación entre la revolución y el suministro de alimentos. Mi siguiente pensamiento fue: ¿Por qué no lo hago? Y así empecé. Fue un golpe de inspiración, pero resultó ser muy buen tema porque me llevó al periodo zarista, tuve que estudiar el período del gobierno provisional y terminé con los bolcheviques: tres regímenes muy diferentes. Comencé con un marco temporal mucho más amplio al principio, pero luego lo reduje al periodo 1914­1921, que es ya lo suficientemente amplio, si me lo permite, y que se convirtió en mi primer libro.

En aquella época, cuando estaba trabajando en mi tesis, había, y en gran medida sigue habiendo, una visión dominante de los bolcheviques y el comunismo de guerra ­lo que yo llamo el "modelo alucinatorio" del comunismo de guerra­, cuando los bolcheviques pensaban que estaban a punto de dar un salto hacia el socialismo, y que no eran conscientes o no podían entender que el país se estaba viniendo abajo. Quiero decir, hay algunas afirmaciones sorprendentes de grandes historiadores sobre este tema. Este modelo alucinatorio del comunismo de guerra contrasta fuertemente con lo que encontré en mi investigación sobre la política de suministro de alimentos en Rusia, de 1914-­1921. Así que, básicamente me dije: los responsables de la época del suministro de alimentos no están locos, no eran unos tontos. Se puede estar de acuerdo o no con ellos, pero se enfrentaban a problemas reales y trataban de resolverlos de la mejor manera posible.. Entonces, ¿por qué este choque entre el modelo alucinatorio y la visión que emerge de mi investigación sobre todo esto? Ello me condujo a mi siguiente tema: ¿qué era el comunismo de guerra?, o lo que yo prefiero llamar el mito del comunismo de guerra, y me obligó a estudiar como veían los bolcheviques las cosas durante el período del comunismo de guerra, de 1918 a 1921, básicamente el período de la guerra civil.

En ese momento también adopté una metodología que consistía en mirar una amplia gama de fuentes bolcheviques, y esto, por sorprendente que parezca, representaba un nuevo enfoque: ir más allá de Lenin y estudiar a otros dirigentes bolcheviques. Estaba pensando el otro día que probablemente nadie aun vivo haya leído tanto Kamenev y Zinoviev como yo. Escribí una serie de artículos sobre este tema que voy a tratar de recoger en un libro, espero que en la colección británica Historical Materialism. Actualmente, estos artículos están dispersos en diversas revistas, desde mediados de la década de 1990 hasta mediados del 2000. El libro probablemente tendrá por título Sueños diferidos.

Aunque tenía una visión bastante clara de lo que ocurría en 1920, lo que la gente vivía, decía y pensaba, me preguntaba: ¿Cómo encaja todo esto en una visión de conjunto? En particular, ¿cómo encaja en Lenin y los estereotipos sobre Lenin? Y recuerdo también que en algún momento, me dije a mí mismo: “Uno de estos días, voy a tener que escribir uno o más párrafos sobre el ¿Qué hacer? (1902), aunque sea solo para explicarlo en su contexto histórico. ¿Quién sabe? Tal vez incluso lo convierten en un capítulo de un libro”. La insistencia de Sebastian Budgen y de otras personas me obligaron a acometer un estudio a gran escala de ¿Qué hacer?, tratando de no limitarme solo a Lenin, sino de estudiar el conjunto de cosas que ocurrían cuando escribió aquel famoso panfleto. La primera cosa que hice con este proyecto fue hacer una lista de todo a lo que Lenin respondía en su libro, de todo el mundo con los que polemizaba, y tratar de leerlos. Y ese fue básicamente mi método para situarlo en el contexto. Y entonces, como usted sabe, el proyecto se desmadró y se acabó convirtiendo en este libro tan grueso.

Para ilustrar mi método historiográfico, usé una analogía: la pintura del realismo socialista contrastada con ¿Dónde está Waldo? Es posible imaginar una escena en alguna pintura del realismo socialista, en la que, por ejemplo, Mao le de la mano a Stalin, y hay un campo grande de fondo y nadie más, sólo los dos héroes con el viento agitando sus abrigos. Esto es similar al modelo historiográfico que muchas personas usan. Así es como mucha gente escribe sobre la historia del movimiento socialista, con un enfoque exclusivo en la sucesión de personajes: de Marx a Kautsky o quizás Lenin, que a su vez le suceden Trotsky o Stalin,etc.... Por el contrario, lo que quiero aplicar es el método de ¿Dónde está Wally?. En este caso tenemos un cuadro enorme, y si se mira de cerca se puede encontrar a Lenin, pero también hay un montón de otras personas, y yo quería hablar de todas esa personas que componen el cuadro, y hacerlo en detalle. Así que eso es lo que hice en Lenin redescubierto. Después escribí Lenin, más corto. Primero escribí el libro más gordo sobre el tema más restringido de ¿Qué hacer? en su contexto, y luego escribí un libro más pequeño sobre un gran tema, es decir, toda la vida de Lenin.

Soy muy afortunado de tener una audiencia real que me lee y me provoca, a la que le gusta algunas cosas y no tanto otras, y que me lo hace saber: una relación de ida y vuelta que me permite interactuar con la audiencia. Por ejemplo, en Lenin redescubierto, una de las cosas de las que hablo es la relación de Lenin y Kautsky . Aunque no soy desde luego el primero en descubrir el vínculo entre ambos, lo he enfatizado de una manera más radical, subrayando todo lo que Lenin recibió de Kautsky y todo lo que le debe. Y hubo gente que lo cuestionó, como debían haberlo, porque el libro se limitaba a un período corto, básicamente de 1900 a de 1903­4, más o menos. Mis críticos dijeron: Bueno, todos sabemos que más tarde Lenin se volvió contra Kautsky, y a medida que avanzó, Lenin rechazó todo lo que Kautsky defendía y repensó el marxismo. Así que tuve que tomar en cuenta estas críticas.

¿En qué sentido Lenin rompió con Kautsky? Pudo hacerlo de dos maneras. La primera, que es ahora la visión dominante en la izquierda, es que Lenin rechazó todo aquello que Kautsky defendía, lo repensó todo, y produjo algo nuevo. La segunda es que Lenin pensó que Kautsky había traicionado sus propios principios, que Kautsky era un renegado (que es, por supuesto, el título del panfleto de Lenin contra Kautsky, a pesar de que en sí mismo no es una prueba de que esta segunda manera fuese la verdadera, aunque es una pista). Yo los denomino, respectivamente, el modelo se­cayó­del­cielo (que es cuando te das cuenta de que el culto del héroe de esa persona, de su pensamiento, era incorrecto) y el modelo renegado.

En realidad, resultó ser una pregunta bastante sencilla. Gracias al índice elaborado por los editores soviéticos de las obras completas de Lenin, pude rastrear fácilmente las referencias de Lenin a la obra de Kautsky después de 1914. Y resulta que, en primer lugar, hay un montón de referencias, que ya de por si es muy interesante. Lenin siguió obsesionado con Kautsky casi hasta el final de su vida. De hecho, "Nuestra Revolución", uno de sus últimos artículos, un artículo escrito en el lecho de muerte, tiene un comentario sobre Kautsky. Y el segundo descubrimiento es que los comentarios de Lenin abrumadoramente se refieren a Kautsky como un gran marxista mientras lo fue: ¡que lástima que no lo siga siendo! Lenin critica casi obsesivamente al Kautsky del presente, pero se puede contar con los dedos de una mano las referencias negativas al Kautsky­cuando­era­marxista. He creado una base de datos en internet con todas las referencias que he entresacado.

Mientras Lenin Rediscovered se centra principalmente en la relación entre Lenin y Kautsky en los primeros años, antes de 1903­4, en la respuesta a mis críticos me interesé en la relación entre ambos después de este período. Veo su relación como una historia increíble, de verdad. Porque Kautsky nunca tuvo mayor admirador que Lenin. Nadie admiró a Kautsky de manera tan intensa, y Lenin siguió así hasta el final de su vida. Una razón de ello es que Kautsky influenció enormemente las opiniones de Lenin, o, en cualquier caso, las dotó de autoridad. No estoy diciendo que Lenin aprendiese todo lo que sabía y pensaba de Kautsky: por supuesto que no, pero sin duda se sintió validado por Kautsky. Así lo dijo. Como defendí en Lenin redescubierto, un área en la que Kautsky influenció o apoyó la opinión de Lenin fue en la cuestión de que es la socialdemocracia revolucionaria y lo que es el partido: ideas básicas que Lenin nunca cambió y que, de hecho, nunca fueron controvertidas hasta mucho más tarde.

La segunda manera en la que Kautsky influencia a Lenin fue con respecto a lo que yo llamo "el bolchevismo propiamente dicho", que es la hipótesis estratégica que el bolchevismo tenía para la próxima revolución rusa, sus opiniones sobre la cuestión de los campesinos, y su compromiso con una revolución democrática radical que abriría el camino hacia un progreso rápido. Y resulta que Kautsky (y Rosa Luxemburgo) también fueron sus mentores en este tema. El reciente libro Witnesses to Permanent Revolution recoge un artículo muy influyente de Kautsky de 1906 sobre este asunto, titulado "Las fuerzas motrices de la revolución rusa y sus perspectivas." Tanto a Lenin como a Trotsky les encantó y defendieron que Kautsky pensaba como ellos. Estos son materiales muy valiosos para comprender la relación entre Lenin y Kautsky, entre la socialdemocracia rusa y la socialdemocracia alemana.

La tercera manera en la que Kautsky influencia a Lenin, y esto es tal vez lo más sorprendente, es que incluso después de 1914, la visión de Lenin del mundo­y me refiero a su visión de la situación mundial, no sólo "del mundo" en un sentido vago­ proviene principalmente de Kautsky. Incluso cuando estaba denunciando a Kautsky como un renegado, Lenin seguía funcionando en el marco de las ideas del Kautsky “marxista”. Lenin hablaba de lo que yo llamo, "el escenario interactivo global revolucionario", que son las ideas sobre la revolución socialista en Europa, las revoluciones democráticas en otros lugares, las revoluciones nacionales, la guerra imperialista, todos estos factores con los que Lenin operaba vienen todos de Kautsky. Esto lo aprendí de Lenin, porque lo dice él mismo, dice que libros de Kautsky hay que leer, y yo los he leído y estoy de acuerdo con Lenin sobre el origen de sus ideas sobre esta cantidad de temas.

Mientras estudiaba todas estas referencias a Kautsky de Lenin, encontré mi siguiente proyecto. En marzo de 1917, Lenin había tenido noticias de la Revolución rusa, había escrito algunos artículos ­las famosas Cartas de lejos, y luego leyó un artículo de Kautsky. Sabemos que lo leyó y sabemos que reaccionó a él, porque esbozó unas ideas en una pequeña nota que tiene unas líneas sobre el artículo de Kautsky, y la cita de Kautsky seleccionada es sorprendente. La cita dice , más o menos: Lo que más necesitan los trabajadores rusos es democracia y socialismo. Resulta que esta es la primera vez, de acuerdo con mi trabajo de investigación, que Lenin utiliza esta idea de "dar pasos hacia el socialismo." Aquí es donde Lenin innova, no antes o después, es decir, no en las Tesis de Abril per se. Hay por lo menos una coincidencia en el tiempo, y mi opinión es que Kautsky era un catalizador de las ideas de Lenin. Y utilizo esa palabra catalizador en el sentido de que las ideas de Kautsky no eran exactamente las ideas de Lenin, pero lo que decía obligó a reflexionar a Lenin y a pensar este tipo de escenario.

En cualquier caso, mientras lo investigaba, me intrigó toda la historia de marzo / abril y las Tesis de Abril, las historias de los viejos bolcheviques que supuestamente vacilan o incluso dicen estar de acuerdo con los mencheviques, que no eran revolucionarios, que querían mantener el gobierno provisional en el poder, pero Lenin vuelve y rearma al partido con la revolución permanente de Trotsky y, si no hubiera sido por eso, ni siquiera hubieran intentado derrocar al gobierno provisional, y así sucesivamente.

Mi interés principal en este momento es desmontar esta historia. Es lo que yo llamo "situar al bolchevismo de nuevo en la revolución bolchevique." Stalin y Kamenev son en cierto sentido mis héroes en esta historia, porque los estoy rehabilitando ­bueno, ¡al menos rehabilitando lo que hicieron en marzo de 1917! Una de las razones por las que la gente no cuestiona toda esta historia es el comprensible deseo de hacer de Stalin, en particular, un villano ya entonces. Los trotskistas, los anti­estalinistas post­soviéticos de la década de 1950, y, por supuesto, los académicos occidentales – por muchas diferencias que separen a estos grupos­, todos tienen un motivo común para no examinar esta historia muy críticamente. Y Kamenev ­que de alguna manera se queda fuera, nadie se preocupa por Kamenev. Por lo tanto, estoy repensando esta historia: viendo y repensando una cosa pequeña, pero una cosa pequeña con enormes implicaciones para algo más grande.

Ahí es donde estoy ahora. Se puede ver que en el largo plazo, he ido avanzando paso a otro, hay continuidad en mi trabajo. He tenido mucha suerte, desde que publiqué mi primer libro sobre Lenin, de estar inserto en una comunidad más grande que se preocupa por estas cuestiones. He respondido a las críticas de esa comunidad. Aun cuando no puedo estar de acuerdo con las críticas, creo que es importante responder, dar una buena respuesta, sobre todo porque yo aprendo mucho al hacerlo.

Entre sus estudios en Oxford y Princeton, trabajó en la oficina del Representante Ronald V. Dellums de California, que se considera socialista, ex miembro del Comité Organizador Socialista Democrático (DSOC), fundada por Michael Harrington, y más tarde un vice presidente de los Socialistas Democráticos de América (DSA). ¿Cómo afectó este compromiso político sus intereses académicos? ¿Cómo describiría su propia posición política? Y ¿qué relación hay, en su caso, entre su posición política y su trabajo académico?

Es una buena pregunta y no estoy seguro de tener una buena respuesta, porque a menudo me hago la misma pregunta. Durante el tiempo que trabaje con Dellums, aprendí mucho acerca de la política práctica, simplemente observando. No era una persona importante en la organización. Era una pequeña oficina. Pero fue un momento muy dramático, de 1970-­1971 a 1977, con el Watergate, el fin de la guerra, un montón de cosas.

Mi propia posición política, bueno, no pienso mucho en ella, porque estoy demasiado ocupado pensando en el comienzo del siglo XX, ya sabe, así que describo mis puntos de vista como de izquierdas en general. Lo que creo que está bien, porque eso significa que no soy de forma automática alguien que tenga que tomar partido, y creo que eso es bueno para todos. Es bueno para mí, en la medida en la que quiero tener un pie en la comunidad académica y un pie en la comunidad de activistas. Lo que me conecta a la comunidad académica es que estoy muy interesado en los bolcheviques, como parte de la historia de Rusia, que no es el interés principal de los activistas. Sin embargo, los activistas han conseguido que me interesara en la cuestión más amplia del movimiento comunista, la relación con el marxismo, por lo que he tenido que ampliar considerablemente mí enfoque. En particular, he tenido que aprender mucho sobre la socialdemocracia europea, el socialismo europeo y la Segunda Internacional.

En Lenin redescubierto, usted afirma que "la perspectiva de Lenin corresponde totalmente a la corriente principal del movimiento socialista de su época". ¿En qué difiere ese movimiento de los grupos que se consideran leninistas hoy? ¿Qué lecciones, en su caso, pueden aprender los militantes hoy de la socialdemocracia de la Segunda Internacional?

Las técnicas, las prácticas, todo nuestro modo de ver las cosas están más cerca de la Segunda Internacional de lo que creemos. Esta continuidad se me hizo evidente al leer el libro Demonstration Culture. El autor, Kevin J. Callahan, se centra en un tema específico de los congresos internacionales y similares, pero demuestra que la misma palabra manifestación, es decir, un acto de masas, es de este período, y fue un invento más o menos de la izquierda socialista . Todas esas cosas ­ la idea de la prensa del partido, campañas de firmas, protestas, pancartas y banderas, más o menos las cosas que la izquierda hace, día tras día ­, fueron pensadas y racionalizadas por la Segunda Internacional y su idea de la política: tenemos un objetivo, y de lo que se trata es de conectar lo que está sucediendo a nuestro alrededor con ese objetivo más amplio. (He escrito una crítica del libro de Callahan que aparecerá en el próximo número del International Newsletter of Communist Studies, donde abordo estos puntos en más detalle).

Paradójicamente, la Tercera Internacional se convirtió en la conservadora y divulgadora de esta "cultura de la manifestación". Al final de la Primera Guerra Mundial toda esta cultura podría haber simplemente desaparecido. Y en lo que se refiere a los partidos socialdemócratas oficiales, más o menos la hizo desaparecer. Tendría que investigar más sobre lo que ocurre con la socialdemocracia después de la Segunda Guerra Mundial en relación con esta cultura de la manifestación, pero la de los partidos y los regímenes comunistas de la Tercera Internacional desde luego la mantienen. Es muy importante. Le da a uno un sentido de nuestro pasado ver estas técnicas que son increíblemente resistentes. Todavía están presentes hoy. Tal vez los medios de comunicación sociales la van a cambiar radicalmente, pero tengo la sensación de que simplemente la modificarán.

Eso es interesante, porque en la narrativa tradicional, hay una ruptura radical entre la Segunda y la Tercera Internacional. ¿Cómo se pensaba la Tercera Internacional en su ruptura con la Segunda Internacional? Porque, en la narrativa tradicional, la ruptura fue mucho más fundamental que el proceso del que estas hablando, es decir, los comunistas acusando a los socialdemócratas de traicionar los objetivos del movimiento y viéndose a sí mismos como los que se mantenían fieles a ellos. De acuerdo con la narrativa tradicional, los comunistas repensaron los objetivos básicos del movimiento.

Bien, vamos a empezar diciendo que sería una buena cosa examinar lo que la gente de la Tercera Internacional decía o hacia exactamente en relación con la Segunda Internacional. Tenemos nuestra historia, una narración sobre lo que dijeron, nuestra narrativa sobre su narrativa, por así decirlo. Y tengo la sensación de que no es correcta, que nuestro relato sobre su narrativa, nuestras historias acerca de su historia, se equivocan. Una de las razones es, por ejemplo, Kautsky: ninguna de los personajes de la época desmintieron o se avergonzaron de su admiración por el Kautsky de pre­guerra. No estaban avergonzados de lo mucho que lo habían admirado en el pasado. Puede parecer que estoy obsesionado con Kautsky, pero encaja en una visión más amplia.

Un par de ejemplos. Al comienzo del segundo volumen de las obras completas de Stalin, tiene un ensayo en el que defiende el artículo de Kautsky de 1906 que he mencionado antes, el que a Lenin y a Trotsky les gustaba tanto. Al comienzo del artículo de Stalin, dice: todos consideramos a Kautsky como una gran autoridad, un "teórico excepcional", un "investigador minucioso y reflexivo de los problemas tácticos", y alguien cuyos puntos de vista sobre las cuestiones rusas son muy importantes. Y se publica esto en sus obras completas durante la era de Stalin. No hay una nota editorial que diga que Kautsky era un traidor. Stalin no se avergüenza de haber creído que Kautsky era estupendo. De hecho, parece realmente orgulloso de que los bolcheviques en aquel entonces estuvieran, en cierto sentido, respaldados por Kautsky. Lo mismo puede decirse de Kamenev, que escribe en 1910, en alguna polémica con Martov, el líder menchevique : "Es agradable estar en el banquillo de los acusados ​sentado junto a Kautsky ", ya que Martov criticaba tanto a los bolcheviques como a Kautsky. Y de nuevo, Kamenev lo reedita en la década de 1920 y todavía piensa que es un motivo de orgullo.

Así que parece que la forma en que ahora concebimos la Segunda Internacional, la forma en que usamos este término, "el marxismo de la Segunda Internacional" ­ que fue inventado por gentes como Karl Korsch y György Lukács­ es diferente de cómo los propios bolcheviques lo entendían. De hecho, no creo que los propios bolcheviques pensaran en términos de "el marxismo de la Segunda Internacional": para ellos, era sólo el marxismo. Desde su punto de vista, antes de la Primera Guerra Mundial solo existía la socialdemocracia, que tenía dos alas: el ala revolucionaria y el ala oportunista o revisionistas, o el ala izquierda y el ala derecha, o el ala radical y el ala moderada. Había varias maneras de expresarlo. El ala revolucionaria se veía a sí misma como "la vanguardia de la vanguardia", una frase que he tomado de Alexander Bogdanov.

Esta idea del ala revolucionaria de la democracia socialista como "la vanguardia de la vanguardia", da una idea de lo que los revolucionarios pensaban antes de la guerra. Pensaban que cuando llegase la revolución, todos se pondrían de su lado. Por eso a los revolucionarios ­aunque desconfiasen de los oportunistas­ no les importaba trabajar con ellos. Los héroes de los socialistas revolucionarios eran gentes como Jules Guesde, Karl Kautsky, Rosa Luxemburgo y Alexander Parvus. Esos eran los iconos internacionales de la socialdemocracia revolucionaria.

Después de 1914, los revolucionarios dijeron: bueno, no nos dimos cuenta hasta qué punto había llegado la podredumbre oportunista. Los oportunistas han ganado, y hay que abandonar el barco a las ratas oportunistas. Por eso los revolucionarios rechazaron la Segunda Internacional porque creían que se había corrompido desde dentro, pero utilizando las mismas categorías, usando el mismo análisis que tenían antes. Simplemente resultó que la socialdemocracia revolucionaria fue más débil de lo que habían pensaban, pero seguía valiendo.

¿Por qué fue denunciado Kautsky, incluso por Lenin, como un "renegado", dado que se separó del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), junto con Rosa Luxemburgo y otros, para formar el Partido Socialdemócrata Independiente (USPD), que se opuso a la guerra?

Bueno, acerca de Kautsky, y su destino ulterior en este relato: en 1914, se le considera como un renegado, como alguien que no estaba a la altura de los propios principios que tanto había defendido de palabra. Hay una tercera idea que no me he planteado aun, sin embargo, la idea de un ala centrista de la socialdemocracia, entre la izquierda y la derecha. Hay que tener cuidado con esa idea porque algunas personas interpretan Kautsky como si hubiera sido un centrista siempre, pero esta era una idea que sólo comenzó a tener sentido en 1910, cuando pienso que la división entre los oportunistas y los revolucionarios comenzó a ser más amplia. Hay dos reacciones posibles a esta creciente división. Una: tratar de arreglarla, de seguir adelante juntos. La otra, es darse cuenta de que la división está teniendo lugar y hay que gestionarla. Así que el análisis de Lenin fue: Kautsky, sin dejar de estar ideológicamente con los revolucionarios, quiere llevarse bien con los oportunistas. Eso es lo que significa en Lenin el adjetivo kautskianstvo. Obsesivamente, Lenin denuncia a los kautskianstvo, que yo defino como una especie de verborrea para ocultar las cosas en nombre de la unidad. No fue tanto que lo que el propio Kautsky decía, al menos en su mayor parte, fuese erróneo: la razón por la que Lenin pensó que los escritos de aquella época de Kautsky eran tan destructivos fue porque parecían destinados a facilitarle las cosas a los oportunistas. Lo que Lenin quería era una ruptura, una nueva Internacional, para deshacerse de los oportunistas. Creía que eran unos traidores e insistió en que los revolucionarios no podían ni debían trabajar con ellos.

¿Qué piensas de todo este relato que existe hoy en el "leninismo" sobre la creación por Lenin de un "partido de nuevo tipo" contra de la supuesta opinión "kautskista" del partido como un "partido de toda la clase"?

Ambas frases son inventadas. Es decir, nunca fueron utilizadas ni por Kautsky ni por Lenin, hasta donde puedo decirlo. No he podido encontrar a Lenin diciendo "partido de nuevo tipo." En mi opinión, lo que quería era un partido de tipo antiguo, capaz de estar a la altura de sus propios principios. Si se lee algo de lo que escribe, esa es la impresión que tendrá, o al menos esa es la impresión que tengo yo. Quería llevar a cabo el ideal de la Segunda Internacional. No hay un rechazo de la Segunda Internacional. O más bien, quería lo que el ala revolucionaria de la Segunda Internacional.

En cuanto al "partido de toda la clase:" no sé todavía exactamente de dónde viene ni quién comenzó a utilizar esa frase. No es de Kautsky. No la he encontrado en sus escritos. Nadie dice: "Mira, Kautsky dice esto", así que creo que es algo que comenzó de alguna manera. No he encontrado aún quién lanzó esta historia, o quién fue el primero que dijo: "Kautsky cree en un partido de toda la clase".

Tal vez se generase en la retórica en torno a 1903­4, en un debate entre los bolcheviques y los mencheviques ­entre Lenin y Mártov­ acerca de los estatutos y las condiciones de afiliación al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Discutieron de ello en el Segundo Congreso. Fue una de las cosas que más les dividió: qué era un afiliado. Están muy cerca, las dos formulas alternativas ofrecidas por Lenin y Mártov, pero la formula de Lenin fue más restrictiva en el sentido de la definición de un miembro de la organización como alguien comprometido con la causa común, mientras que Mártov quería incluir a los simpatizantes, no era "toda la clase", pero era menos estricto.

En ese punto, Lenin decía sobre la formula de Mártov: si se sigue la lógica hasta el final, nos encontraremos con un grupo que incluye a todo el mundo, nuestro mensaje se diluirá, no seríamos una vanguardia, se arruinará todo el partido, y así sucesivamente. Mártov hizo lo mismo con Lenin: Si se sigue la lógica hasta el final, vamos a construir una organización sectaria conspirativa. Leí un artículo de Trotsky, de alrededor de 1907, en el que explica a gentes de fuera, que no comprendían cómo funcionaban este tipo de polémicas socialdemócratas: se coge la posición contraria y de desarrolla lógicamente hasta el final, intentando demostrar que conduce al absurdo. Trotsky da un estupendo consejo a los historiadores cuando dice: "Es muy peligroso tomar esas descripciones [de los debates del partido] como declaraciones precisas de la posición de alguien".

En cualquier caso, ni Kautsky ni Mártov ­ningún socialdemócrata­ hubiera dicho nunca que el partido debería ser un partido de "toda la clase," cualesquiera que sea el significado de ello. Creo que leí algo de Pham Binh el otro día que lo explica muy elocuentemente: "las actividades cotidianas del POSDR trataban exclusivamente de orientar todas las formas de la lucha de clases". Había un montón de otras cosas que sucedían en la clase obrera más allá del movimiento socialdemócrata, y, por supuesto, todo el mundo era consciente de este hecho elemental. Los socialdemócratas tenían su mensaje, y estaban realmente convencidos de que con el tiempo toda la clase lo aceptaría: tanto Lenin como los demás. Así que esta forma de polarizar las cosas entre el "partido de nuevo tipo” versus el "partido de toda la clase" no es útil para analizar las diferencias dentro de la socialdemocracia.

Ha escrito también recientemente dos artículos (aquí) sobre esa frase tan interesante: "centralismo democrático". ¿Podría hablar de eso?

Una vez más, es una cuestión histórica que tiene implicaciones reales hoy. En primer lugar, Lenin no hizo uso de esa frase a menudo. No era un concepto esencial. La usó sólo en dos períodos muy concretos. Uno de ellos fue inmediatamente después de la Revolución de 1905, cuando hubo posibilidad de instituciones más o menos libres en Rusia, más libres que en cualquier momento anterior o posterior. El otro período fue después de la Revolución de 1917, cuando los bolcheviques estaban en el poder y tuvo que hacer frente a esos problemas. El término centralismo democrático se utilizó sólo en estos dos períodos específicos, por lo que he podido averiguar, y significaba cosas muy diferentes en momentos diferentes. De vuelta a 1905-­7, significaba centralismo democrático, y después de la Revolución de 1917, significó centralismo democrático. Y por lo tanto, deduzco a partir de estos dos datos que nunca fue utilizada como una frase para decir algo esencial sobre el bolchevismo.

Después de escribir este artículo ­sólo por casualidad o porque tenía las antenas puestas­ he encontrado dos referencias más que realmente aclaran el asunto. Lo más llamativo es algo que Zinoviev dijo en 1923, cuando habla de la necesidad de más democracia dentro del partido. La forma en que lo expresa verbalmente es insistiendo en la necesidad de una "democracia de los trabajadores" (rabochaia demokratiia). Admite que en aquel entonces en Rusia, había demasiadas órdenes desde lo alto, no había un debate lo suficientemente libre desde abajo, como para que la vida del partido fuera saludable. En ese momento, de acuerdo con Zinoviev, el partido se basaba en el principio del "centralismo democrático", y esto era inevitable, dado el bajo nivel cultural de muchos miembros del partido. En otras palabras, parece que en realidad lamentaba la necesidad de depender tanto del "centralismo democrático".

Lo que me sorprendió incluso a mí, sobre todo porque a veces se dice que fue Zinoviev, no Lenin, quien creó y defendió el centralismo democrático como teoría. Bueno, pues tampoco le gustaba el centralismo democrático, aunque sí dijo que era necesario por el momento. Por lo tanto, para los bolcheviques, el centralismo democrático no era en absoluto la esencia del bolchevismo, de hecho, era un compromiso forzado, algo que les venía impuesto por las circunstancias.

Cambiando de tema, además de su trabajo sobre la Revolución Rusa y Lenin, usted ha investigado la presencia de mitos políticos y sociales en la ópera y el melodrama. En el Lenin de 2011 hace hincapié en el romanticismo de Lenin y su visión de la clase obrera como un agente heroico de transformación revolucionaria en el sentido del mito romántico, como si la revolución fuese, en la mente de Lenin, algo parecido a la culminación de una ópera. ¿Podría explicar esto, y tal vez hablar sobre el papel del romanticismo y del heroísmo en las revoluciones, y si merece la pena recuperar el romanticismo revolucionario en nuestra cultura "posmoderna", irónica y anti­romántica?

Creo que todo está relacionado en mi trabajo. Miro este material y trato de encontrar las narraciones. No quiero que se mal interprete, pero yo trato estos textos revolucionarios en cierta medida de la misma manera que la gente trata los textos literarios. Es decir, busco los patrones, trato de encontrar las narraciones, porque la gente piensa políticamente en términos de narrativas y actúa a partir de ellos. Si se quiere llegar al corazón de las cosas en política, hay que analizar las narrativas.

Debo decir que también creo que otra cosa que surge de mis intereses literarios es un cierto sentido de analizar las palabras con cuidado, mirando cómo la gente usa esas palabras, en ese momento, en su contexto, y ser crítico con el vocabulario. Esto es lo que algunos de mis críticos llaman "análisis textual árido". Supongo que me regodeo ­de hecho, me gusta mucho la lectura atenta­, pero creo que algo valioso se saca de ello.

Lo he hecho en el caso de Lenin. Aquí es donde creo que mi director de tesis, Robert Tucker , me puso en el camino correcto. Él fue el que hizo hincapié en este punto de vista romántico en Lenin. Comprendo por qué la gente sea escéptica: "Lenin, ¿un romántico?". Porque se analiza cualquiera de sus escritos y siempre está enojado, cita a sus oponentes indignado y como diciendo: "¡Pero qué dice! No y no, ¡nada de eso!“ Es un polemista permanentemente irritado. Pero si buscas al romántico, lo encuentras, y una vez que lo encuentras, está en todas partes. Es lo que le hacía atractivo a la gente. Si siempre hubiera sido el polemista gruñón, la gente no le hubiera hecho caso ­y muchas personas le ignoraron y no se las puede culpar. Pero él tenía un lado romántico, una visión heroica, e incluso gente a quienes no les gustaba podían conectar con él, podían entenderlo. Y creo que sus críticos más perceptivos en ese momento se dieron cuenta de su lado romántico. Para ellos, era exactamente la razón por la qué Lenin fue tan destructivo. Acabo de leer algo anoche de un tal Wladimir Woytinsky. Fue un bolchevique, pero dejó el partido a principios de 1917. En una frase llamativa, hablando de Lenin, que acaba de regresar, dice algo así: Lenin logró apelar a los sueños secretos de su audiencia, les convocó a ser lo que querían ser. Para entender el fenómeno Lenin, hay que entender esto.

En lugar de la ópera, hay otro género, el melodrama, que me parece una analogía más precisa de la estructura narrativa de los textos revolucionarios. De hecho, he escrito un ensayo que se publicó en un libro sobre el melodrama ruso titulado Imitaciones de la vida. En ese ensayo, estudié el período de Stalin. Estoy interesado principalmente en el período de Lenin, pero he escrito también cosas sobre el periodo posterior. Primero busqué obras de teatro del realismo socialista, después los juicios a los viejos bolcheviques como juicios ejemplares, en el sentido estricto de la palabra. Miré el Pravda de la época de los juicios, y me di cuenta de que Pravda publicó transcripciones de los juicios que se leen como si fueran guiones. Así que los juicios fueron una obra de teatro, una obra con guión, como todos sabemos. Pero si se trataba de una obra de teatro con guión, ¿cuáles son las herramientas literarias útiles para la comprensión de estos juicios?

También debo decir que me estudiado la relación de Lenin y el melodrama. Anatoly Lunacharsky, el comisario bolchevique para la Ilustración, en otras palabras, el ministro de Educación, tenía una debilidad por el melodrama. Y el melodrama era un género muy popular, puesto en escena, del siglo XIX, absolutamente básico, especialmente para las audiencias populares. Hay una referencia en las Memorias de Krupskaya a Lenin asistiendo a un melodrama en París, creo. Le gustó y también que tuviese contenido político (se trataba, si mal no recuerdo, de un marinero acusado falsamente).

¿Y hoy en día? Voy a hacerle una pregunta. Cuando miro atrás a ese período ­cuando se podía hablar de un movimiento de masas, un movimiento de masas marxista que estaba verdaderamente vivo­, ¿qué era lo que le hacía vivir? Era la sensación de tenía una misión histórica mundial, que el proletariado era "el pueblo elegido" ­esta metáfora se utilizó más de una vez, que este grupo de personas conducirían al mundo a una meta final. Así que eso es lo que me pregunto: ¿Ese sentido de una misión histórica mundial existe hoy, incluso en la izquierda? Esto es lo que te estoy preguntando: ¿Existe un verdadero sentido de grupo con una misión y una comprensión real de que va a pasar? Ese ha sido el niño que la izquierda ha tirado, aunque haya conservado el agua de la bañera: que es muy útil, como el análisis de Marx, el análisis de clase. El agua de la bañera es genial. Sin embargo, el bebé parece haber muerto o desaparecido. ¿Existe ese sentido de una misión histórica mundial y debe existir para que la izquierda vuelva a ser algo parecido a lo que era? Y ¿hay alguna manera de hacer que vuelva a existir si no existe? No se puede insistir artificialmente en que la gente crea en una misión como ésa, o incluso creer uno mismo, si la creencia no existe de verdad.

Uno forma de ver todo esto es comprender que la socialdemocracia era una síntesis ­la "fórmula de fusión", como la llamo, y hablo mucho de esta fórmula en Lenin redescubierto­ del socialismo y del movimiento obrero. Lo que significa que, para decirlo de otra manera: había una unión entre las protestas, la acción dirigida a conquistar mejoras inmediatas, y el gran objetivo, la meta final. No sólo esa conexión era algo bueno en si mismo, sino que además tenía lugar realmente. Y, por cierto, eso es otra cosa sobre el bolchevismo, el bolchevismo de antes de la guerra: no discutían la conveniencia de que el proletariado dirigiese a los campesinos. Decían, "Está sucediendo. La hegemonía es un hecho". Lo qué explica su optimismo.

Y también es la causa de lo que a menudo aparece como el escaso optimismo real de hoy en día. En cualquier caso, esta hipótesis de la síntesis del socialismo y del movimiento obrero se caía a pedazos, o para ser más agnóstico al respecto, se erosionó progresivamente después de 1905 con el SDP alemán y luego con la guerra y lo que vino después. Por lo general, consideramos esa degeneración como una serie de traiciones, errores, y la búsqueda de la vía correcta. Pero si se mira objetivamente, con la idea de que la síntesis ya no existía, que simplemente no estaba ocurriendo, entonces es una especie de juego inevitable. Pero hay una forma más útil de ver las cosas: hubo una división entre el movimiento obrero y el socialismo. Los socialdemócratas ­la socialdemocracia de posguerra, lo que hoy llamaríamos "socialdemocracia"
a secas­ reaccionaron a esa tensión resignándose y aceptando que la unión del movimiento obrero y el socialismo no volvería a producirse nunca más. Los comunistas mantuvieron su fe en esta fusión. no optaron por el movimiento obrero o el socialismo por sí mismos. La síntesis seguía siendo su meta. Todavía pervivía la idea de que se podía establecer una conexión entre las tareas actuales y la gran meta. Pero esta creencia de los comunistas ha sido algo así como un neumático que va poco a poco deshinchando. Y en un momento dado, la creencia deja de existir. Eso es lo que creo que les ocurrió a los comunistas en la Unión Soviética, que un día se despertaron y se dieron cuenta de que ya no quedaban ni las migajas de ese sueño. Hoy en día, por supuesto, todavía hay mucho entusiasmo, un montón de pensamiento creativo, así que ¿podemos reconstruir esa síntesis? Ese es el desafío. Lo que hacía fuertes a aquellas gentes era que no solo decían "yo quiero creer en ello”: realmente creían, porque podían ver sobre el terreno hechos que les llevaban a pensar que estaba ocurriendo.

Lars T. Lih vive y trabaja en Montreal, Quebec. Es profesor adjunto de musicología en la Escuela de Música Schulich de la Universidad McGill, y escribe sobre la historia de Rusia y del movimiento socialista. Entre sus libros Bread and Authority in Russia, 1914–1921 (1990), Lenin Rediscovered: What Is to Be Done in Context (2006), y Lenin (2011). Los enlaces a sus artículos en la web se pueden encontrar aquí.

24/11/2013

Font: sinpermiso

+ Info:

El marxismo de Lenin. Paul Le Blanc


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