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Anticapitalistes
  
dissabte 23 de novembre de 2013 | Manuel
Entrevista a Daniel Tanuro: El imposible capitalismo verde

Daniel Tanuro

La expresión capitalismo verde puede entenderse en dos sentidos distintos. Un productor de molinos de viento puede jactarse de hacer capitalismo verde. En este sentido, una forma de capitalismo verde es evidentemente posible y muy rentable. Pero la verdadera cuestión es saber si la acción global de los numerosos capitales que compiten entre sí, constituyendo el Capital, puede respetar los ciclos ecológicos, sus ritmos y la rapidez de regeneración de los recursos naturales. Y la respuesta es no.

Mi argumento principal es que la competencia empuja a cada propietario de capital a sustituir a trabajadores por maquinas más productivas, con el fin de conseguir el máximo beneficio. El productivismo es inherente al capitalismo. La acumulación capitalista es potencialmente ilimitada, pero hay una contradicción entre el capital y la naturaleza, cuyos recursos son finitos. Se podría objetar que el afán de productividad lleva al capital a ahorrar cada vez más recursos, pero por una parte esta tendencia hacia una mayor eficiencia no puede prolongarse indefinidamente de manera lineal y, por otra parte, se ha demostrado empíricamente que está más que compensada por la masa creciente de mercancías producidas.

Por lo tanto, el capitalismo verde es un oxímoron, tanto como el capitalismo social. Esta constatación abre un debate entre dos concepciones estratégicas opuestas. Para algunos, se puede corregir el funcionamiento espontáneo ecocidario del capitalismo mediante una acción política en el ámbito del sistema, a través del recurso a los mecanismos mercantiles (impuestos, incentivos fiscales, derecho de emisión intercambiables). Para otros, con los que me identifico, es imprescindible poner en cuestión las leyes fundamentales del capitalismo para proteger el medio ambiente. En particular, se trata de atreverse a cuestionar la propiedad privada de los medios de producción, el cimiento del sistema.

En mi opinión, el debate entre esas dos líneas está zanjado en la práctica por el ejemplo de la lucha contra el cambio climático. Si se quiere no alterar demasiado el clima, se necesita que el 80% de las reservas conocidas de carbón, petróleo y gas natural se queden en el subsuelo. Ahora bien, estas reservas pertenecen a Estados y empresas capitalistas y forman parte de sus activos. Es una ilusión total creer que gigantes como Shell, Exxon Mobil o BP van a renunciar a la valorización de este capital. Quieren, al contrario, seguir quemando combustibles todo el tiempo que les sea posible. No lograremos nada sin romper su resistencia a través de su expropiación.

Usted preconiza un ecosocialismo. ¿En qué se diferencia un ecosocialista de un ecologista o un socialista convencional?

Un ecosocialista se diferencia de un ecologista en que analiza la crisis ecológica no como crisis de la relación entre la humanidad y la naturaleza sino como una crisis de la relación entre un modo de producción históricamente determinado y su entorno, en última instancia como una manifestación de la crisis del propio modo de producción. En otras palabras, para un ecosocialista la crisis ecológica es de hecho una manifestación de la crisis del capitalismo (sin olvidar la crisis específica de las sociedades llamadas socialistas que han remedado el productivismo capitalista). Se deduce que, en su lucha por el medio ambiente, un ecosocialista siempre propondrá reivindicaciones vinculadas con la cuestión social, con la lucha de los explotados y oprimidos por una redistribución de las riquezas, del empleo, etc.

Por otra parte, el ecosocialista se diferencia del socialista convencional, como usted lo llama, en que, para él, el único anticapitalismo válido a partir de ahora es aquel que tenga en cuenta los límites naturales así como las restricciones del funcionamiento de los ecosistemas. Esto tiene muchas implicaciones: ruptura con el productivismo y el consumismo, por supuesto, en la perspectiva de una sociedad en las que las necesidades básicas están satisfechas y el tiempo y las relaciones sociales constituyen la verdadera riqueza. Pero también, cuestionamiento de las tecnologías así como las producciones perjudiciales, junto a la exigencia de reconversión de los trabajadores. La des- centralización máxima de la producción y de la distribución, en el ámbito de una economía democráticamente planificada es otra reclamación de los ecosocialistas.

Un punto sobre el cual me parece importante insistir es el cuestionamiento de la visión socialista tradicional que veía todo aumento de la productividad del trabajo agrícola como un paso hacia el socialismo. De hecho, una agricultura y una silvicultura ecológicamente sostenibles necesitan más mano de obra, no menos. Una cultura del cuidar ha de impregnar las actividades económicas que tienen un impacto directo en los ecosistemas. Somos responsables de la naturaleza. En cierta forma, se trata de extender la lógica de la izquierda al ámbito del cuidado a las personas, de la enseñanza, etc. Ningún socialista defiende la sustitución de las enfermeras por robots; todos somos conscientes de que hace falta tener más enfermeras mejor pagadas para que las personas enfermas estén mejor cuidadas. Igual ocurre, mutatis mutandis, con el medio ambiente: para cuidarlo mejor hace falta más fuerza de trabajo, inteligencia y sensibilidad humanas. Al contrario que el socialista convencional, el ecosocialista trata de introducir estas cuestiones en las luchas de los explotados y oprimidos, en vez de aplazarlas a un mañana feliz.

Para salir del capitalismo productivista, apela “al hombre social, a los productores asociados”. ¿Quiénes son, y cómo pueden actuar concretamente?

Se esta refiriendo a la cita de Marx al inicio de mi libro: “La única libertad posible consiste en que el hombre social, los productores asociados, regulen en forma racional sus intercambios con la naturaleza”. Hace falta entender que en la mente de Marx, esta regulación racional de los intercambios está condicionada por la desaparición del capitalismo. En efecto, por una parte, la lucha de todos contra todos mina permanentemente las tentativas de los productores a asociarse; por otra, una fracción significativa de los productores –los asalariados– están desposeídos de sus medios de producción. Estos medios, incluyendo los recursos naturales, son propiedad de los patrones. Privados de todo poder de decisión, los asalariados no están en condiciones para gestionar racionalmente ningún aspecto de la producción, ¡no hablemos de gestionar de forma racional los intercambios de materiales con la naturaleza!

Para hacerse hombres sociales, los productores tienen que empezar a asociarse en la lucha contra sus explotadores. Esta lucha lleva en germen la propiedad colectiva de los medios de producción y el usufructo colectivo de los recursos naturales, que son la condición necesaria pero no suficiente para una relación más armoniosa con la naturaleza.

Actualmente, los posicionamientos de tipo ecosocialista mas avanzados provienen de los pueblos indígenas y de los pequeños campesinos movilizados contra el agronegocio. No es casualidad: estas dos categorías de productores no están totalmente desposeídos de sus medios de producción. Es la razón por la que son capaces de proponer estrategias concretas de regulación racional de sus intercambios con el entorno. En cambio, el movimiento obrero se ha quedado rezagado, como resultado evidente del hecho de que cada trabajador asalariado individual es empu- jado a desear el buen funcionamiento de la empresa que le explota. Conclusión: cuanto más retroceda la solidaridad obrera frente a la ofensiva neoliberal, más difícil será que se desarrolle una conciencia ecológica entre los trabajadores.

Esto es un gran problema porque la clase obrera, debido a su posición central en la producción, está llamada a estar en primer plano en la lucha por la alternativa anticapitalista necesaria para la salvaguarda del medio ambiente. Los pueblos indígenas, las organizaciones campesinas y la juventud han de intentar implicar cada vez más a los sindicatos en las campañas para el clima, o de defensa de la naturaleza. Dentro del propio movimiento obrero conviene hacer surgir reivindicaciones que, a la vez respondan a preocupaciones en materia de empleo, ingresos y condiciones de trabajo, y que al mismo tiempo contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Respecto a esto, un reto importante es la reducción colectiva radical de la jornada de trabajo, sin pérdida de salario, junto a una disminución drástica del ritmo de trabajo. Otro aspecto es la extensión de un sector público bajo del control de los trabajadores y de los usuarios. Los ecosocialistas tienen un papel que desempeñar para favorecer la aparición de este tipo de demandas.

¿Piensa que su proyecto ecosocialista sea realizable en un futuro cercano?

La posibilidad de realizar este proyecto depende totalmente de las correlaciones de fuerzas entre el capitalismo por una parte y los explotados y oprimidos por la otra. Esta correlación de fuerzas está actualmente a favor del capital, es preciso reconocerlo. Pero no hay otro camino que el de la resistencia para cambiar las relaciones de poder e imponer reformas parciales en la buena dirección. El movimiento de los indignados nos muestra la dirección a seguir.

Daniel Tanuro, autor de El imposible capitalismo verde, Los libros de Viento Sur / La Oveja Roja. Traducción del artículo: Natalie Sauer

Font: Ecologista, nº 72, primavera 2012, pags. 54-55


Solo 90 compañías causaron dos tercios de las emisiones de calentamiento global producidas por el hombre

Suzanne Goldenberg

La crisis del clima del Siglo XXI ha sido causada en gran parte por solo 90 compañías, que entre ellas produjeron cerca de dos tercios de las emisiones de gases invernadero generadas desde el comienzo de la era industrial, como muestra una nueva investigación.

Las compañías varían desde firmas de propiedad de inversionistas —nombres muy conocidos como Chevron, Exxon y BP— hasta firmas de propiedad estatal y bajo dirección gubernamental.

El análisis, publicado por la revista Climatic Change, y bien acogido por el ex vicepresidente Al Gore como un “paso crucial hacia adelante” estableció que la vasta mayoría de las firmas estaban en el negocio de producir petróleo, gas o carbón. “Hay miles de productores de petróleo, gas y carbón en el mundo —dijo el climatólogo y autor Richard Heede en el Climate Accountability Institute en Colorado—. Pero los que toman las decisiones, los directores ejecutivos, o los ministros de carbón y petróleo si uno lo limitara a solo una persona, podrían ser transportados en un autobús Greyhound o dos.”

La mitad de las emisiones consideradas fueron producidas solo en los últimos 25 años, mucho más allá de la fecha en la que gobiernos y corporaciones se percataron de que las crecientes emisiones de gases invernadero de la quema de carbón y petróleo estaban causando un peligroso cambio del clima. Muchas de las mismas compañías también poseen sustanciales reservas de combustibles fósiles que —si son quemadas— ponen al mundo ante un riesgo cada vez mayor de un peligroso cambio climático.

Los expertos en el cambio climático dijeron que el conjunto de datos es el más ambicioso esfuerzo hecho hasta la fecha por responsabilizar a productores individuales de carbono, en lugar de los gobiernos. El panel de cambio climático de las Naciones Unidas, el IPCC, advirtió en septiembre de que al ritmo actual el mundo corre peligro de agotar dentro de 30 años su “presupuesto de carbono”, la cantidad de dióxido de carbono que podría emitir sin entrar en la zona de peligro sobre 2ºC de calentamiento. El ex vicepresidente de EE.UU. y defensor del medio ambiente Al Gore dijo que la nueva contabilidad del carbono podría reajustar el debate sobre la responsabilización por la crisis climática.

Dirigentes reunidos en Varsovia esta semana para conversaciones de la ONU sobre el clima, se enfrentaron repetidamente por el tema de qué países tienen la responsabilidad de resolver la crisis climática (emisores históricos como EE.UU. o Europa o las economías ascendientes de India y China). Gore, en sus comentarios, dijo que el análisis subrayó que no era solo tarea de los gobiernos actuar respecto al cambio climático. “Este estudio es un paso crucial hacia nuestro entendimiento de la evolución de la crisis del clima. Los sectores públicos y privados por igual deben hacer lo necesario para detener el calentamiento global —dijo Gore a The Guardian—. Los que son históricamente responsables de la contaminación de nuestra atmósfera tienen una clara obligación de formar parte de la solución.”

Entre ellos, las 90 compañías en la lista de máximos emisores produjeron un 63% de las emisiones cumulativas globales de dióxido de carbono industrial y de metano entre 1751 y 2010, ascendiendo a unas 914 gigatoneladas de emisiones de CO2, según la investigación. Todas, con la excepción de siete de las 90 son compañías energéticas que producen petróleo, gas y carbón. Las siete restantes son fabricantes de cemento.

La lista de 90 compañías incluye a 50 firmas de propiedad de inversionistas, sobre todo compañías petroleras con nombres ampliamente reconocidos como Chevron, Exxon, BP, y Royal Dutch Shell y productores de carbón como British Coal Corp, Peabody Energy y BHP Billiton. Unas 31 de las compañías que componen la lista son compañías de propiedad estatal como Saudi Aramco de Arabia Saudí, Gazprom de Rusia y Statoil de Noruega. Nueve son industrias dirigidas por gobiernos, que producen sobre todo carbón en países como China, la antigua Unión Soviética, Corea del Norte y Polonia, la anfitriona de las conversaciones de esta semana.

Expertos familiarizados con la investigación de Heede y la política del cambio climático dijeron que esperan que el análisis ayude a romper el impase en las conversaciones climáticas internacionales. “Parecería como si esto podría romper la obstrucción —dijo Naomi Oreskes, profesora de historia de la ciencia en Harvard—. Hay todo tipo de países que han producido una cantidad tremenda de emisiones históricas de los que normalmente no hablamos. No hablamos normalmente de México o Polonia o Venezuela. Por lo tanto no se trata solo de rico contra pobre, es también productores contra consumidores, y ricos en recursos contra pobres en recursos.”

El climatólogo Michael Mann afirmó que espera que la lista conduzca a mayor escrutinio del uso de las compañías del petróleo y el carbón de sus reservas restantes. “Lo que pienso que sería un cambio radical en este caso es el potencial para una identificación clara de las fuentes de futuras emisiones —dijo—. Aumenta la rendición de cuentas por la quema de combustibles fósiles. No se puede quemar combustibles fósiles sin que el resto del mundo lo sepa.”

Otros se mostraron menos optimistas sobre que llevar las cuentas de manera más exhaustiva de las fuentes de emisiones de gases invernadero facilitaría el logro de la reducción de emisiones requerida para evitar un catastrófico cambio climático. John Ashton, quien sirvió como negociador jefe del cambio climático del Reino Unido durante seis años, sugirió que los resultados reafirman el papel central en la economía de las entidades productoras de combustibles fósiles. “El desafío que enfrentamos es pasar en el espacio de no mucho más que una generación de un sistema de energía intensivo en carbono a un sistema energético neutral en carbono. Si no lo hacemos no tendremos ninguna probabilidad de mantener el cambio climático dentro del umbral de los 2 ºC —dijo Ashton—. Al destacar la manera en la cual una cantidad relativamente pequeña de grandes compañías se encuentran al centro del actual modelo de crecimiento intensivo en carbono, este informe destaca ese desafío fundamental.”

Mientras tanto, Oreskes, quien ha escrito extensivamente sobre la negación del clima financiada por las corporaciones, señaló que varias de las principales compañías en la lista han financiado el movimiento de cambio climático: “Para mí una de las cosas más interesantes en las que hay que pensar es la coincidencia de productores en gran escala y del financiamiento de campañas de desinformación, y cómo eso ha retrasado la acción”, dijo.

Los datos representan ocho años de exhaustiva investigación de emisiones de carbono con el transcurrir del tiempo, así como la historia de propiedad de los principales emisores. Las operaciones de las compañías cubren el globo, con sedes de las compañías en 43 países diferentes. “Esas entidades extraen recursos de cada provincia con petróleo, gas natural y carbón en el mundo, y procesan los combustibles para obtener productos comercializables que son vendidos a consumidores en cada nación de la Tierra”, escribe Heede en el documento.

Las mayores de las compañías de propiedad de inversionistas fueron responsables de una parte más grande de lo normal de las emisiones. Casi un 30% de las emisiones fueron producidas solo por las mayores 20 compañías, estableció la investigación. Según el cálculo de Heede, las compañías petroleras y productoras carbón dirigidas por el gobierno en la antigua Unión Soviética produjeron más emisiones de gas invernadero que ninguna otra entidad, algo menos de un 8,9% del total producido con el transcurrir del tiempo. China llega cerca, en segundo lugar, con sus entidades dirigidas por el gobierno que representan un 8,6% de las emisiones totales del globo. ChevronTexaco fue el principal emisor entre las compañías de propiedad de inversionistas, causando un 3,5% de las emisiones de gas invernadero hasta la fecha, y Exxon está bastante cerca con 3,2%. En tercer lugar, BP causó un 2,5% de las emisiones globales hasta la fecha.

El historial histórico de emisiones fue basado en el uso de registros públicos y datos del Centro de Información y Análisis de Dióxido de Carbono del departamento de energía de EE.UU., y tuvieron en cuenta las emisiones a todo lo largo de la cadena de producción y distribución. El centro estimó las emisiones industriales globales desde 1751 en 1.450 gigatoneladas.

26/11/2013

Suzanne Goldenberg es corresponsal medioambiental de The Guardian en EE.UU. Este artículo, publicado originalmente en The Guardian, ha sido traducido al castellano por Germán Leyens para Rebelión


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