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Anticapitalistes
  
dilluns 16 de setembre de 2013 | Manuel
El futuro que depara el FMI para el estado español: deuda, paro y mucha pobreza

F. Fafatale, Jérôme Duval

España 2018. No es el título de una apocalíptica película de ciencia ficción. Es el negro futuro que nos depara el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reciente informe anual dedicado al Estado español. Después de unos recortes brutales que nos han empobrecido masivamente, una reforma laboral y otra de pensiones bajo su presión, esta institución financiera internacional radicada en Washington nos recomienda más austeridad. El resultado, según sus propias previsiones, será más deuda, paro, y mucha pobreza.

En el Informe del staff, que se hizo público a principios de agosto de 2013, el FMI plantea desguazar el Estado del bienestar. Esto es: Reformar el sistema de pensiones, "revisar los gastos de servicios clave como la educación y la sanidad", subir IVA e impuestos especiales, adelgazar la administración pública en sus diferentes niveles... Además propone, en un país con un paro oficial del 26,3 % de la población activa y con unos riesgos de pobreza y exclusión social disparados, rebajar los salarios de las/os trabajadora/es un 10% en dos años. La medida permitiría, según el Fondo, reducir el desempleo entre seis y siete puntos porcentuales hasta 2016, disminuir el déficit y aumentar el PIB. Se nota que si el FMI cumple sus previsiones —algo que casi nunca ocurre, puesto que periódicamente revisa sus previsiones anteriores hasta equivocarse de nuevo— nos llevaría a un 20% de paro, una tasa que no es para tirar cohetes.

Éste que acabamos de mencionar sería el escenario más optimista que el FMI nos puede ofrecer, con la condición de acelerar sus recetas de miseria. El propio Fondo reconoce el desastre que nos espera después de cuatro años aplicando servilmente sus recetas y con un Gobierno del conservador y corrupto PP dispuesto a llevar los ajustes a sus últimas consecuencias, caiga quien caiga. Las estimaciones hasta 2018 del Fondo Monetario Internacional para España muestran un panorama de "debilidad prolongada" en el que el paro sigue en el 27% en 2014 y supera el 25% en 2018; y en el que la deuda pública se dispara al 106% del PIB sin que la deuda privada baje del 236% del PIB en los próximos cinco años. Al mismo tiempo, también admite que podría darse un escenario a la baja en el que se entrara en una "espiral macro-financiera negativa", que nos llevaría a niveles elevados de deuda pública y privada, en el que el PIB no fuera positivo hasta 2017 y en el que el paro siguiera por encima del 27% en un "futuro previsible". Además de grandes contradicciones, el FMI en su Informe no juega limpio, al no contabilizar el déficit fiscal en toda su amplitud, esto es, incluyendo el carísimo rescate público a la banca española, que el propio informe cifra en 246.441 millones de euros.

Olli Rehn avisa que el mes que viene evaluarán en detalle la reforma laboral española

La propuesta de rebajar los salarios un 10% recibió el apoyo de la Comisión Europea (CE) en la voz de su vicepresidente económico, Olli Rehn, quien cobra 22.963,55 euros al mes, además de un complemento para gastos de 911,38 euros, sin incluir gastos de desplazamiento, que son reembolsados. Por una vez, Gobierno, partidos políticos y sindicatos (algunos de ellos habían pactado la reforma laboral exigida por el FMI y firmado el Memorandum de Entendimiento) expresaron su oposición a esta propuesta, pero Olli Rehn volvió al socorro del FMI y escribió sin vergüenza, el 6 de agosto, que “aquellos que rechacen de forma instantánea [la propuesta de bajar salarios] cargarán sobre sus hombros la enorme responsabilidad del coste social y humano”. Así, el señor Olli Rehn, con un toque de paternalismo, nos infunde un sentimiento de culpa. Sin embargo, mucha gente en España piensa que la culpa del enorme “coste social y humano” la tienen en primer lugar su organización, la Comisión Europea, el FMI y el Gobierno sumiso del Estado español.

La sugerencia del Fondo de profundizar la reforma laboral puesta en marcha en 2012, busca que las empresas puedan tener más flexibilidad para ofrecer reducciones de jornada y salarios. Como dice Rehn en su carta ya mencionada, "el mes que viene evaluaremos en detalle la reforma laboral española de 2012". Todo para aligerar las indemnizaciones por despido y facilitar los ERE, como exigía el FMI al Gobierno de Yorgos Papandreu en un primer memorando de 2010 para Grecia. Grecia, donde los recortes de salarios no consiguieron reducir el paro sino todo lo contrario.

Los mandamientos del FMI, pilares centrales del capitalismo sin fronteras

No debemos sorprendernos de tal recomendación del FMI, ni tampoco que la apoye la Comisión Europea. De hecho, cada año, en aplicación del artículo IV de sus estatutos, una misión del Fondo visita a las autoridades de los países miembros y distribuye sus recomendaciones, lo cual les permite seguir más de cerca las políticas económicas aplicadas por los respectivos gobiernos e influir sobre ellos. Sus recomendaciones, que constituyen condiciones a sus préstamos o asesoramiento, continúan siendo las mismas desde hace décadas: Reducción o congelación de los salarios, reducción de las pensiones de jubilación, privatización de las empresas públicas, recortes en sanidad, educación y protección social... En fin, todo lo que permite debilitar el frágil estado del bienestar, destruir la soberanía del país para someterse a los ricos acreedores y dejar la máxima libertad de movimiento a las empresas privadas.

¿Cuál es la legitimidad de una organización que pide recortar salarios cuando su directora, Christine Lagarde, se lo subió un 11% a su llegada al FMI para cobrar unos 323.257 euros anuales (441.980 dólares), más un suplemento para gastos de representación de 57.829 euros (83.760 dólares anuales), sin pagar impuestos gracias a su estatuto de funcionario internacional?

Parafraseando a Bob Dylan, al que Olli Rehn cita en su infumable defensa del FMI, el responsable de asuntos económicos y monetarios de la Comisión Europea podría reparar en que "los tiempos están cambiando" y cada vez son más quienes demandan reformas estructurales, sí, pero para instituciones como el FMI y la CE.

Ya basta de impunidad de la que gozan los altos funcionarios de la institución, hay que enjuiciar a sus responsables, cerrar las puertas del FMI y construir un organismo internacional realmente democrático, que respete el derecho internacional y que trabaje para una estabilidad financiera al servicio de los pueblos y de las necesidades humanas fundamentales.

F. Fafatale es Periodista especializada en economía/ Jérôme Duval es Miembro del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM)

Font: Diagonal, 29/8/2013


La evolución del Fondo Monetario Internacional

ANTONIO SANABRIA y BIBIANA MEDIALDEA. Colectivo Novecento

El Fondo Monetario, al igual que el Banco Mundial (BM), surge de los Acuerdos de Bretton Woods en 1944, donde se conformaron las bases institucionales del nuevo orden económico internacional tras la II Guerra Mundial. Los acuerdos también institucionalizaban el nuevo papel de EE UU como potencia hegemónica. Frente a la idea de Keynes de hacer una nueva moneda internacional, el báncor, se estableció un patrón monetario oro-dólar: el valor de cada moneda se fijaba con respecto a la divisa estadounidense, y ésta a su vez respecto al metal. El dólar pasaba a ser la única moneda internacional de reserva.

La posición dominante de EE UU en los acuerdos resultó determinante para la propia configuración del Fondo. Se fijó un sistema de participación mediante cuotas, cuyo reparto se fijaría en función del peso de cada economía. El número de votos de cada Estado dependería de su cuota, lo que garantizaba un mayor poder a las principales potencias y, sobre todo, al gigante norteamericano. Las cuotas financiaban los préstamos de aquellos miembros que necesitaran recursos para mantener el valor de su moneda. El mecanismo era el siguiente: los países con una posición monetaria más fuerte ponían sus reservas a disposición del país con desequilibrios, hasta una cantidad equivalente al 125% de la cuota de este último. El préstamo se divide hasta en cinco tramos. Lo importante es que superado el primer tramo, el préstamo incluye cláusulas de condicionalidad. Es decir, a partir de ahí el país prestatario habría de cumplir unas condiciones en materia de política macroeconómica (programas de estabilización), más severas cuanto más se ascendiera de tramos.

El planteamiento del FMI y sus programas de estabilización partían de una concepción de la crisis entendida como “desequilibrio” temporal y ajeno a la propia dinámica capitalista, resultado siempre de la aplicación de políticas inadecuadas. Este enfoque mezclaba el keynesianismo con la teoría cuantitativa del dinero y ubicaba el origen de los desajustes en problemas de demanda originados por causas monetarias. El argumento sería este: el problema surgía cuando un país consumía más allá de su ahorro interno, por una indebida expansión de su crédito. El ajuste necesario para retornar al equilibrio suponía contraer esa “excesiva” demanda interna, incidiendo en las esferas fiscal (recorte del gasto público y subida de impuestos), monetaria (aumento de los tipos de interés reales) y salarial (represión salarial).

América Latina sería el banco de pruebas durante los años ‘50. Semejante planteamiento obviaba cualquier aspecto referido a la estratificación social, como si todo el mundo consumiera en igual proporción. Pero sus efectos sí tenían un marcado componente de clase: el grueso del ajuste recaía sobre las rentas del trabajo, vía bajada de salarios de forma directa o indirecta mediante recortes sobre el gasto público.

El FMI tras Bretton Woods

Tras el desmoronamiento del modelo de Bretton Woods (primeros años ‘70), el Fondo quedó con la misión absurda de velar por un patrón monetario que ya no existía. La crisis de identidad del FMI no parecía tener otro destino que su disolución. Los hechos, sin embargo, irían en dirección opuesta. Dos elementos propiciarían el inesperado protagonismo del Fondo (y del BM) en el escenario económico internacional: necesidad y oportunidad.

Necesidad, derivada de la crisis sistémica que evidenciaban las principales economías capitalistas desde finales de los ‘60 y agravada sobremanera en los ‘70. Un colapso que evidenciaba una crisis de rentabilidad del capital. Oportunidad surgida con la crisis de la deuda externa iniciada por México en 1982, a la que siguió una cascada de países incapaces de hacer frente a sus compromisos financieros.

En realidad, esta crisis no era sino continuación de la anterior. Muchos estados periféricos “escaparon” de ella, ya que recibieron capitales privados extranjeros ávidos de nuevos espacios para la ganancia ante la crisis en las economías centrales. Aunque en contradicción con sus propios estatutos, el FMI colaboró activamente para que estos países liberalizasen y abrieran al exterior sus mercados de capitales. Esta avalancha de capitales privados hacia los países periféricos resultó crucial en el origen de dicha crisis, que supuso un grave problema no sólo para los países endeudados, sino también para la gran banca privada, enfangada en unos préstamos irrecuperables. Su nuevo papel de intermediador entre acreedores y deudores permitió el resurgimiento del FMI. El objetivo prioritario era que los bancos recuperasen sus préstamos, para lo cual se veía necesario que los países endeudados volvieran a acceder al crédito internacional (endeudarse para devolver las deudas contraídas). Ese motivo pragmático, que no teórico, determinó el giro del Fondo. Ahora ya no se trataba de políticas de corto plazo para ajustar el gasto al nivel de ahorro interno, sino medidas de largo plazo, los Planes de Ajuste Estructural (PAE) favorables a los mercados internacionales de capitales. En teoría, los países se verían beneficiados de esa captación de ahorro externo. Tales medidas garantizaban condiciones favorables para las rentas del capital en su pugna distributiva con las del trabajo. No se trata de que los PAE busquen, porque sí, la ruina de la clase trabajadora; sino que tratan de fijar y mantener ciertas condiciones de rentabilidad para el capital, lo que suele implicar lo anterior.

Voces críticas y lavado de cara

La dureza de tales medidas conllevó considerables críticas, así como diversas revueltas populares como el “caracazo” de Venezuela en 1989, duramente reprimidas. La injerencia que suponían los PAE y sus nulos resultados a pesar de los enormes sacrificios exigidos, hicieron que el Fondo tratara de mejorar su imagen buscando, junto con el BM, una “humanización” del ajuste. Se trataba de contrarrestar exitosas campañas críticas, como la organizada en 1994 de “50 años bastan”. Se siguieron programas conjuntos con el Banco para los países pobres muy endeudados (iniciativa PPME), y esfuerzos por aparecer como una mezcla entre agencia de desarrollo, analista económico independiente y prestamista de última instancia. Pero ni por los objetivos a los que responde puede ser agencia de desarrollo, ni su antidemocrática configuración institucional le permite ser independiente, ni tiene los recursos necesarios para ejercer como prestamista en última instancia.

13/9/2011


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