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dilluns 22 de juliol de 2013 | Manuel
El darwinismo escolar o la ‘ley Wert’

Agustín Moreno

Alevosamente, en el verano, como se hacía en el franquismo, con los centros educativos cerrados, se han rechazado esta semana en el Congreso de los Diputados once enmiendas a la totalidad a la LOMCE. Son la expresión de la soledad del PP y de la absoluta falta de consenso. Refleja la incapacidad del ministro para alcanzar algún acuerdo con alguien que no sea su elefantiásico ego y su sectarismo ideológico. Porque no estamos hablando de otra cosa: llegó sin tener ni idea de educación y se va a ir sabiendo menos. Para ocultarlo, utilizó en el debate parlamentario gruesas descalificaciones hacia la oposición: ruido y furia que expresa su total incompetencia. Tiene su mérito tener a todo el mundo en contra, menos a Rouco y a la patronal privada, y conseguir de la oposición una declaración solemne donde se compromete a derogar la ley en cuanto puedan.

De ella se han dicho muchas cosas: que es privatizadora, confesional, recentralizadora, poco democrática, que ignora al profesorado, etc. Pero el espíritu de la ley, eso que dice Wert que no hemos captado, es su ideología neoliberal y su carácter segregador que refuerza los patrones de desigualdad social. Esta ley está informada por dos grandes motivos: el negocio y la ideología.

Se trata de convertir el derecho público fundamental a la educación en un servicio económico a prestar por el mercado y que entra en el campo de la competencia. De ahí el carácter privatizador de la ley para entrar en un rico pastel que en España, según los últimos datos del INE de 2010, supuso un beneficio de casi 700 millones de euros para los centros privados de enseñanza. Es un nuevo y jugoso nicho de negocio que permite obtener fondos públicos e ingresos regulares, apalancamientos financieros, cesiones de suelo, cobrar cuotas abusivas y obtener beneficios fiscales. Por ello vemos a grandes compañías que nada tienen que ver con la educación (son de construcción, seguridad o limpieza) pujar para la gestión privada de escuelas infantiles en la comunidad de Madrid.

Pero, sobre todo, son razones ideológicas las que están detrás de la ley Wert. Por una parte, una cierta aristocratización de la educación. No les gusta la mezcla social y para ello refuerzan la red privada-concertada, no solo para atender las reivindicaciones de la Iglesia católica, sino porque no quiere ciudadanos formados, informados, críticos y comprometidos con el cambio para la mejora de su sociedad. Parece que parten del prejuicio de que la escuela pública crea ciudadanos más a la izquierda, algo que puede ser cierto en la medida en que se produce cierta segregación de clases por la doble red. En su ignorancia o servidumbre hacia la Iglesia católica no quieren saber que los países del norte y centro de Europa los ricos llevan también a sus hijos a la escuela pública, donde conviven todas las clases sociales y se refuerza el sentimiento de pertenecer a una misma colectividad. Y encima su éxito escolar es mayor en los rendimientos del alumnado.

El gobierno del PP nos está lanzando el mensaje de que hemos estudiado por encima de nuestras posibilidades. Sociales y económicas, se entiende, no en relación al talento del que tanto le gusta hablar al ministro. En su lógica de contables neoliberales, no tiene sentido invertir más en educación, que para ellos es un gasto. Hay que poner en coherencia el sistema educativo con un mercado de trabajo precario y en rotación, y con una sociedad poco cohesionada y desigual. Y para ello se propone una escuela segregadora y clasista, donde la excelencia no sea para todos, sino para unos pocos. Si ponemos en relación esta filosofía educativa con la política de becas y la afirmación de Wert de que se dedique a otra cosa el estudiante que saque menos de un 6,5; o la afirmación de su secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, de que no hay que formar a más científicos, podemos colegir que para Wert la escuela para todos es como dar margaritas a los cerdos.

La segregación clasista de la LOMCE se produce por varias vías: los itinerarios tempranos y la disminución de la comprensividad para todos, el refuerzo de la doble red (pública y privada-concertada), las reválidas, los bachilleratos de excelencia, la especialización de los centros para que compitan unos con otros, la publicación de las pruebas externas, la segregación por sexos en centros que reciben fondos públicos, etc. Cabe destacar en este sentido determinados programas bilingües como el de la Comunidad de Madrid, que nadie ha evaluado, y que pueden producir tal segregación que convierten la escuela en un riesgo para una parte del alumnado. El elemento que une todas estas medidas es la elitización de la enseñanza y la ruptura del principio pedagógico de trabajar con grupos heterogéneos, que es lo natural, algo que avala la comunidad científica internacional como lo más eficaz para la equidad y el éxito en los resultados generales. La filosofía segregadora conduce a un aumento del fracaso escolar, solo evitable a través de trampas estadísticas en las que está pensando el ministro Wert, como considerar exitoso, escolarmente hablando, no sacar el graduado en Educación Secundaria Obligatoria, aquellos a los que se derive a un itinerario de poca monta como la Formación Profesional Básica.

La ley quizá se apruebe finalmente con la mayoría absoluta del PP y con todo el mundo en contra, aunque en política los tiempos se aceleran y ya veremos cómo acaba el caso Rajoy-Bárcenas. En cualquier caso, nada está perdido. Porque no puede durar una ley impulsada por el ministro peor valorado de la democracia y que ha tenido tanto rechazo social y político. Habrá que seguir denunciando esta ley y debatiendo entre la comunidad educativa sobre la escuela que queremos. Que no puede ser otra que la escuela de tod@s y para todo@s, pública, laica, inclusiva, gratuita, que asegure el derecho a educarse y a aprender con éxito de todo el alumnado. Esta es la diferencia de enfoque en el que radica la verdadera excelencia. Es decir, todo lo contrario que el sistema educativo que diseña la ley Wert, que es puro darwinismo escolar al servicio del darwinismo social, económico y político. Por eso no tiene futuro una ley sectaria que hace retroceder la igualdad entre los ciudadanos.

Font: Rebelion 22/7/2013


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