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Anticapitalistes
  
dilluns 1 de juliol de 2013 | Manuel
Contra la reforma de las pensiones del gobierno: Abajo el Gobierno de los de arriba.

Daniel Albarracín / Albert Recio Andreu

1. Con el paro y la reforma laboral nos reducen los salarios… Y ahora vienen por las pensiones…

Tras una reforma laboral durísima y una decidida política económica destructora de empleo, que están causando una fuerte disminución de nuestros salarios directos, el gobierno del Partido Popular, como alumno aventajado de la Troika, persigue erosionar drásticamente el modelo de Seguridad Social. El propósito es reducir el nivel de prestaciones de las pensiones, tras haber devastado la educación y la sanidad pública, con el objeto de liberar recursos para hacer frente a la deuda que, desde la reforma constitucional de 2010, del PSOE y el PP es la prioridad absoluta de pago de nuestro maltrecho presupuesto público. Desde el 2012 estamos intervenidos, con un “rescate bancario” que ha supuesto un sobreendeudamiento para el Estado, a cargo fundamentalmente de las rentas del trabajo. Estamos pagando entre todos los desaguisados de la banca, y todo lo que va para la banca se quita de nuestros derechos.

El gobierno ha reunido a una serie de expertos, la mayoría cercanos a las aseguradoras, que han redactado un informe que perfila el factor de sostenibilidad de las pensiones. Este tecnocrático informe trata de influir en las decisiones políticas y se extralimita en sus funciones, solicitando una reforma para 2014, tratando de avalar un cambio sobre el sistema de las pensiones.

Proponen un ‘factor de sostenibilidad’ basado en dos fórmulas:

1) El Factor de Revalorización Anual (FRA), es decir, la no revalorización anual de las pensiones actuales respecto del IPC, lo que reduce el poder adquisitivo, afectando a los 9 millones de pensionistas actuales, congelando automáticamente su pensión (debido a una cláusula suelo financiada por el Fondo de Reserva);

Este factor puede originar una pérdida de un punto anual de poder adquisitivo; es decir, en un periodo medio de cobro de 20 años la pensión final terminaría perdiendo un 20% del poder adquisitivo de la pensión inicial.

2) y el Factor de Equidad Intergeneracional (FEI) que rebajaría la pensión media al asociarla a la esperanza de vida tras la edad de jubilación, repercutiendo sobre todo en las generaciones más jóvenes. Puede causar disminuciones nominales de la pensión, al no contar con una cláusula suelo.

Según el INE, la esperanza de vida a los 65 años en 2012 es la siguiente: en el año 2014 es de 20,1 años y en el 2050, 24,9, casi cinco años más, un 5% de recorte cada década. Para el año 2050 causaría un recorte del derecho de cerca del 20%, 2 puntos del PIB. Este supuesto ignora la enorme variabilidad en las tasas de mortalidad y las importantes diferencias de expectativas de calidad de vida que existe en España entre las personas pertenecientes a distintas clases sociales, o que el aumento de la esperanza de vida tiene más que ver con la reducción de la mortalidad infantil que con el aumento de la longevidad.

La propuesta es procíclica, es decir, intensifica la crisis, pues recorta las pensiones en las recesiones, justamente cuando debieran adoptar un papel compensador, que impidiese la profundización de la caída de la demanda. Es injusta, porque lo que se le da generosamente a la banca privada se le quita a las clases populares. Además, beneficia al mundo de los seguros privados que verán como se incrementa el negocio de los fondos de pensiones, con más riesgos, pues pueden quebrar más fácilmente (como ha sucedido en el Reino Unido) y se revalorizan muy poco, debido a su vínculo con la marcha de la Bolsa.

2. ¿El sistema de pensiones va bien? ¿Qué alternativa de reforma necesitan las pensiones?.

El gasto en pensiones en España representa tan sólo el 10,1% del PIB, inferior a la media de la UE-27 (11,3%) y a la de la eurozona (13,5%). La pensión contributiva media en 2012 era de 955 euros. Ni es un sistema generoso ni es insostenible. Entonces, ¿hay algún problema?. Sí, pero no como nos cuentan.

- El principal es el tipo de política económica con la que se está enfrentando la crisis capitalista. La priorización constitucional del pago de la deuda, las reformas laborales, los rescates bancarios y los recortes en el sector público, generan paro, disminuyen los cotizantes, reducen los salarios y las correspondientes aportaciones a la seguridad social, inhiben la inversión pública y privada y causan mayor recesión. Esta es la causa central que genera problemas en el sistema de pensiones. Ya el año pasado causó un pequeño déficit en la Seguridad Social.

- El segundo y menor escollo, es la cuestión demográfica. Según la Universidad Autónoma de Madrid, por esta causa en 2050 el gasto público en pensiones podría alcanzar más del 13% del PIB, con el actual sistema, algo que sería completamente normal y estaría por debajo del gasto de los países del entorno incluso hoy. Es absorbible.

Los problemas están mal enfocado, porque lo importante no es la transitoria inversión y envejecimiento de la pirámide demográfica (lo importante es la relación entre cotizantes y niveles de cotización en relación a pensionistas y niveles de pensión, y no la relación jóvenes/ancianos). Dentro de varias décadas los niveles de productividad serán posiblemente mayores, y con menos fuerza laboral podrá producirse lo mismo. En tercer lugar, el impacto demográfico comenzará en 2025, con la incorporación de las generaciones del baby-boom en franja de edad de jubilación, y abarcará unos 15-20 años, tras el cual las cohortes volverán a equilibrarse. Los posibles déficits transitorios pueden suplirse con aumentos temporales de los niveles de cotización (sobre todo de las rentas altas, cuyo esfuerzo actual es muy inferior a las rentas bajas), complementos con fuente en impuestos, o, dado el caso, topando las pensiones más altas en cuantías algo menores.

Una opción de izquierdas ha de consistir en fortalecer los ingresos, la productividad y la distribución de la renta. Por supuesto, anticipar la edad de jubilación para facilitar el reparto del trabajo y del empleo. De tal modo que lo decisivo es la política económica y el modelo productivo aplicado, y no tanto la evolución del gasto.

Si apostásemos por incrementar los ingresos del sistema, en vez de recortar gastos, la apuesta ha de ser incrementar las cuotas a la Seguridad Social, eliminar los topes de cotización a las rentas altas, o, en caso de desfase financiero transitorio, con un nuevo régimen fiscal progresivo, complementar el sistema de seguridad social con parte del presupuesto público. Para ser consecuentes habría que derogar o desobedecer el principio constitucional del pago prioritario de la deuda y declarar el impago de la deuda ilegítima que se ha basado en un régimen fiscal que ha beneficiado a las rentas del capital, que ha sido muy generoso con el sistema financiero privado, y que ha socializado las deudas privadas convirtiéndolas en deudas públicas.

17/6/2013

Font: daniloalba.blogspot.com.es


Pensiones: una propuesta criminal

Albert Recio Andreu

Puesto que en el cuaderno anterior ya dediqué espacio al tema de las pensiones, aquí simplemente añadiré algunos comentarios a la propuesta realizada por el “Comité de expertos”. Como ya es habitual, su propuesta es la de cargarse derechos sociales con el argumento de “salvar el estado de bienestar”. Su propuesta es tan obscena que no parece que esta vez el argumento vaya a colar.

La fórmula que proponen para las nuevas pensiones es la del contable al que se le proporcionan unos datos y se le dice que los cuadre. En la propuesta se dejan fuera del debate otros argumentos que deberían incluirse en cualquier planteamiento global. Los supuestos implícitos son:

a) que las pensiones deben seguir pagándose sólo con rentas salariales;

b) que éstas no deben crecer y que posiblemente disminuirán por el doble efecto de la “moderación salarial” y la reducción del empleo, y

c) que cada vez la gente vivirá más y por tanto el gasto tenderá a aumentar, también porque las próximas oleadas de jubilados tendrán pensiones más elevadas.

Con estos supuestos se ha elaborado una fórmula pensada para reducir las pensiones per cápita; de hecho, una formula que incluso prevé una reducción automática de las pensiones cuando el empleo (y las cotizaciones) disminuyan a causa de una recesión.

Una respuesta seria exige discutir sobre todo las dos primeras: que las pensiones deban financiarse sólo con rentas salariales y que la participación de los salarios en la renta sea la que es. En un mundo de “empleo flexible” y de “beneficios empresariales basados en la externalización de costes sociales”, hay buenos argumentos para justificar que las pensiones dependan de mecanismos generales de tipo impositivo (por lo menos una parte de los mismos), de la misma forma que no es de recibo que el sistema de pensiones sea diseñado de forma procíclica (es decir, que suban y bajen en función de la coyuntura), agravando con ello el impacto de las recesiones.

Los “expertos contables” que han elaborado esta propuesta han dado una nueva muestra de cortedad de miras y de sumisión al poder (o quizás ellos mismos sean parte del poder). De cerrazón porque se han limitado a elaborar una fórmula de ajuste sin abrir el debate en toda su complejidad, y de sumisión porque resulta evidente que su propuesta incluye, aunque no la cita, la introducción masiva de los planes privados de pensiones como complemento. Aunque también en ello muestran una cortedad de miras notable. Primero, porque los planes de pensiones realmente existentes muestran un rendimiento tan bajo que difícilmente pueden representar un complemento satisfactorio para la mayoría de la gente. Segundo, porque si las rentas del trabajo no van a crecer, no se ve cómo puede sostenerse un aumento del gasto en pensiones privadas. Y, tercero, que si éste se impone por ley, ello implicaría una caída del consumo que podría tener a su vez un efecto macroeconómico inesperado.

La propuesta ha tenido, además, un daño colateral innegable por el hecho de que uno de los expertos que avalan el tema es un reputado técnico de CCOO. Aunque el sindicato se ha desmarcado enseguida de la cuestión, el daño ya está hecho. A mi entender, la situación exige dos respuestas paralelas. Una, en el plano de la construcción de alternativas: la urgencia de que los sindicatos y las organizaciones de izquierdas sean capaces de elaborar, explicar y elaborar una propuesta creíble (por más difícil de imponer que sea) de sistema de pensiones. Algo que exige como paso previo la organización de una serie de actividades orientadas a movilizar pensamiento crítico, elaborar la propuesta y organizar la respuesta social. La otra, en clave interna, la explico en una nota aparte de este boletín. El ataque a las pensiones es tan brutal que exige respuestas

25/6/2013


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