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divendres 21 de juny de 2013 | Manuel
“Los límites de la estrategia para Grecia y para Europa de Euclides Tsakalotos”

Manuel Garí

Tiene razón el economista de SYRIZA cuando afirma que “la estrategia de salida [del euro] debe ser el último paso de la izquierda griega (y europea se podría apostillar), no el primero”. También la tiene al denunciar el falso dilema del discurso dominante liberal: “más austeridad o la bancarrota”.


Solo se puede estar de acuerdo con la necesidad de una estrategia supranacional para enfrentarse a los mercados de capital, de un presupuesto en la zona euro solvente y de medidas para la redistribución de los ingresos y políticas fiscales diferentes o sobre la centralidad de la cuestión de la deuda en Europa. Hasta aquí mis acuerdos, a partir de ahí empiezan los matices y las diferencias. En su artículo, Tsakalotos presenta un diagnóstico incompleto y unas prescripciones genéricas en unas recetas en las que no se escribió la fórmula de los fármacos.

Euclides Tsakalotos no acierta cuando confunde las sensatas propuestas sobre la nacionalización de la banca, el control del capital, la promoción de una política industrial y la redistribución del ingreso y la riqueza de Costas Lapavistas, con la posición de éste economista sobre la condición previa y necesaria para llevarlas adelante: la salida del euro. Tsakalotos asocia ambas cuestiones (salida y propuestas políticas) para simplificar el debate de qué hacer ante la actual UE y de esa manera no cuestionar a fondo sus pilares, como puede comprobarse en su parte propositiva. El error de Lapavistas radica en el nicho no en el dicho.

Diseñar un espacio económico con una moneda única sin el correlato de un avance en la construcción política de la UE, en la convergencia social, en la armonización fiscal y en la suficiencia presupuestaria se ha revelado como una decisión perversa llena de contradicciones. El resultado ha sido un incremento de las divergencias, una pérdida de competitividad de los países con tasas más altas de inflación y un crecimiento exponencial del endeudamiento privado, pero también público. Los gobiernos de la zona euro no disponen de mecanismos monetarios, lo que convierte a los salarios en la única variable de ajuste ante las inclemencias de la exacerbación de la competitividad derivada de la globalización capitalista.

Pero, hoy por hoy, la solución no se llama dracma ni peseta. Quienes desde la izquierda defienden actualmente la salida del euro como solución a los reales males que acarrea el euro para los pueblos, difunden la ilusa idea de que una devaluación en un solo país europeo abriría la puerta de su recuperación económica, subestiman la guerra comercial que abriría con daños sociales internos aún mayores, no tienen en cuenta el efecto sobre las importaciones lo que en países como España agravaría el déficit crónico de la balanza comercial y olvidan que la deuda pública -que se computa en dólares y euros- aumentaría automáticamente.

El debate actual real no es sobre la salida o la permanencia en el euro –que desde luego no hay que sacralizar-. El dilema real es: aceptar este euro tal cual es (basado en Maastricht, regulado por un BCE sin control, con tipos de cambio a la medida del traje alemán, corsé y verdugo de las políticas públicas) o su refundación. O lo que es lo mismo: refundar, más allá de la zona euro, la UE. Y ello exige una política alternativa en todos los órdenes más trabajar por cambiar la correlación de fuerzas social y política. Cosa que nos obliga a plantear políticas de alianzas a escala europea entre una heterogénea y plural multitud de agentes sociales y políticos. Incluso para salir del euro no será lo mismo hacerlo en solitario o en compañía, aislado o en un marco de cooperación, en medio de la indiferencia insolidaria o contando con la complicidad de amplios sectores sociales en los países vecinos. Y disponer de propuestas que zanjen problemas, no que no los aplacen.

En su relato Tsakalotos sobrestima la importancia de los experimentos socialdemócratas de los 70 y 80, particularmente al atribuir una gran importancia a las consecuencias de sus fracasos, que, nada menos, “auparon la hegemonía del neoliberalismo” tras las crisis de 1976, 1983 y 1985. Es posible que el drama haya tenido otra trama. A modo de tentativa cabe hacer otro relato:

1) Tras la primera crisis del crudo, el capital dejó de lado el recetario keynesiano y basó su reproducción en la bulimia financiera con resultado de macro-endeudamiento y un poder ilimitado de la banca.

2) El gran fracaso moderno –pues otros hubo anteriormente- de la socialdemocracia europea tuvo tres actos. En primer lugar, no enfrentó las crisis financieras con políticas audaces -de raíz para no llamarles radicales- a la que vez que subestimó la fuerza de los vientos neoliberales procedentes del Atlántico Norte: desregulación bancaria y financiera, total libertad de circulación de los capitales, fomento de la especulación, carrera por las rebajas fiscales y salariales, etc. Luego su aggiornamiento desarrolló los productos como el social-liberalismo (con gentes como Blair expreso admirador de Tatcher). Falto de proyecto propio, el socialismo europeo apoyó el Tratado de Maastricht y una tras otra las exigencias neoliberales hasta llegar a la reforma del artículo 135 de la Constitución española.

3) Las contrarreformas neoliberales precedieron a las crisis de las últimas décadas y muy particularmente a la recesión iniciada en 2008 y que la socialdemocracia nada tuvo que objetar.

4) El resultado que estamos viviendo es una UE cuya crisis fundamental es la crisis de las deudas, fundamentalmente privadas. Que está sufriendo un proceso de transvase de la deuda privada a las arcas públicas y de los costes de la misma a las condiciones salariales, los servicios públicos y las espaldas de los pueblos.

5) La inflexibilidad del BCE ante el reembolso integro de la deuda griega, criticado por buena parte de los analistas financieros, no solo defiende los intereses de grandes bancos europeos, sino que sobre todo es una advertencia para caminantes: quien debe –o hacen que deba- paga toda la ronda.

De ahí que algunas de las medidas propuestas por Tsakalotos resulten ingenuas por insuficientes. ¿Cómo protegerse de los mercados de capital mediante eurobonos sin cambiar de base el BCE sometiéndolo al dictado político de la voluntad democrática ni establecer la debida tributación sobre los capitales? ¿Cómo controlar las finanzas sin medidas que avancen el control democrático de la sociedad sobre las entidades financieras, lo que además de regulación y vigilancia implica la nacionalización del sector bancario? ¿Cómo mitigar el problema de la deuda reduciendo su nivel global y su pago acorde con la recuperación económica sin plantearse una auditoría pública ciudadana sobre la misma, la repudia de la deuda odiosa y de la ilegítima, la devolución de la deuda de bancos y empresas a sus contrayentes, y la restructuración en términos temporales y de intereses del resto del monto? ¿Cómo propiciar la “idea de Europa como un espacio democrático que propicie la redistribución del ingreso [y] una desmercantilización de los servicios sociales” sin subvertir las bases del business as usual?

Ello implica acabar con los procesos de privatización en curso y comenzar a revertirlos (la propiedad privada no es sagrada); modificar el reparto de rentas mediante aumentos salariales, expansión de las prestaciones sociales y de los servicios públicos y una reducción masiva del tiempo de trabajo unidos a una fiscalidad progresiva sobre las rentas más altas y las derivadas del capital; un control sobre el uso las ganancias empresariales: creación de empleo versus abultados dividendos; un presupuesto europeo ampliado con el objetivo de la armonización y los trasvases de fondos; un control sobre la utilización de los impuestos: rescates bancarios versus servicios públicos.

Los grupos dominantes en la eurozona se opondrán a estas medidas, también a las propuestas por Tsakalotos. La inelasticidad neoliberal es suma. En ambos casos vamos a necesitar un cambio en la correlación de fuerzas. No se trata de buscar medidas técnicas que “eviten” el conflicto abierto. La cuestión es política y el conflicto está servido. Puestos a eso, no nos autolimitemos de entrada, luchemos por lo necesario. Vamos a necesitar cambiar las cosas antes de los acontecimientos, tanto para construir otro euro como para abandonarlo.

Font: Fundación 1º de Mayo

+ Info:

Una estrategia diferente para Grecia y Europa. Euclides Tsakalotos

Nuestra solución para Europa. Alexis Tsipras


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