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Anticapitalistes
  
diumenge 2 de juny de 2013 | Manuel
Pensiones, envejecimiento y distribución de la renta

Albert Recio Andreu

Era cosa cantada que el nuevo ajuste se iba a centrar en las pensiones públicas. Se trata de un tema, como el laboral, recurrente desde hace muchos años y que ya se ha tocado sucesivas veces. La última con Zapatero. Rajoy está condenado a repetir la misma política pero sin tantos remilgos, a pesar de haber nombrado un comité de expertos para dar un barniz tecnocrático a la reforma. Unos tecnócratas que año tras año repiten un mismo esquema simplista que en gran medida contiene las respuestas en el enunciado.

La justificación de las propuestas de recorte de las pensiones (otra cosa no es, aunque se vista de alargar la vida laboral, o de “aplicar un coeficiente corrector”) se fundamenta en un esquema simple: el alargamiento de la vida de la gente prolonga el periodo de jubilación, aumentando considerablemente el gasto en pensiones. Como además se ha reducido la fertilidad, el volumen de personas en edad de trabajar se reduce y no se reemplaza en volumen suficiente a las personas que abandonan el mercado laboral. De lo que se colige una desproporción de la ratio jubilados/activos. Ello abriría dos escenarios: o mantener las pensiones actuales, con la consiguiente sobrecarga para la población activa (que habría de aumentar considerablemente su contribución a la seguridad social), o reducir la pensión individual para reducir la carga a pagar. La prolongación de la vida laboral sería una modalidad intermedia entre las dos, pues por una parte si trabajamos más tiempo cobraremos menos años la pensión y por otra estaremos contribuyendo más a sufragarla. Con cuatro miradas a las pirámides de edad y unas pocas proyecciones económicas, el argumento parace convincente.

La defensa del actual sistema de pensiones se ha basado en cuestionar alguna de estas hipótesis: los mismos economistas que ahora defienden los recortes vieron desmentidas sus anteriores previsiones sobre proyecciones demográficas, en torno a las cuales argumentan sobre el problema del empleo. Por ejemplo, si ahora la Seguridad Social está en déficit no es debido a un problema demográfico, sino a otro de raíz económica: hay más de 6 millones de personas dispuestas a trabajar (y a aportar contribuciones) a las que hoy la lógica del sistema económico les niega esta posibilidad. Se trata de críticas ciertas: si fracasaron las viejas previsiones que aseguraban que el sistema de seguridad social ya tendría que haber colapsado es porque no se han cumplido sus hipótesis: en cuanto la actividad económica se disparó, no dejó de llegar gente al mercado laboral español, tanto del interior (aumento la participación laboral de las mujeres, especialmente) como del exterior. Si se trata de ir reemplazando la gente que sale del mercado laboral, bastaría una buena política inmigratoria para llenar los huecos de los que se van jubilando. El problema no es la demografía, sino el funcionamiento de la economía y las políticas migratorias. A ello añanden los heterodoxos que al pensar en las contribuciones necesarias para financiar las pensiones hay que tener en cuenta no solo el volumen de personas que trabajan sino también su productividad: si ésta crece, el mismo número de gente está en condiciones de financiar con su producción un volumen mayor de dinero. Por tanto, la defensa tradicional del sistema actual se basa en considerar que la viabilidad de las pensiones se puede sustentar promoviendo una política económica de pleno empleo, permitiendo un flujo migratorio adecuado y aumentando la productividad.

Comparto bastantes de estos argumentos. Pero me temo que no abordan el meollo de la cuestión y que van a ser desoídos con relativa facilidad. No estoy seguro de cuál va a ser el comportamiento de la productividad en una economía que ha esquilmado reservas naturales como la de petróleo. Ni tengo mucha confianza en que sin cambios radicales podamos esperar que en el corto o medio plazo podamos pensar en el relanzamiento de políticas económicas de pleno empleo. Y por esto me parece necesario que, sin despreciar los contraargumentos posibilistas, desarrollemos un debate más general en el que repensar la cuestión de las pensiones en particular y del envejecimiento en general.

La cuestión fundamental es que una sociedad debe mantener al conjunto de su población en un grado aceptable de bienestar. Y debe ser capaz de conseguir tanto los recursos adecuados para garantizarlo como un sistema distributivo que permita a todo el mundo acceder a él. Qué constituye un nivel de bienestar aceptable es sin duda una cuestión discutible, que sin embargo exige una acción social permanente. Una parte de la victoria del neoliberalismo se ha basado en la capacidad del capital de modelar el concepto de bienestar, confundiendo necesidades básicas, caprichos y males sociales en un mismo paquete (y a la vez metiendo en la categoría de “trabajo” actividades que aportan bienestar social, otras que son simple reflejo de un modelo de dominación e incluso algunas que deberían entrar en la categoría de ocio). Hay que plantear el debate de las pensiones dentro de otro más general sobre la distribución de la renta. Si la sociedad va a ser más rica en el futuro, como prometen los economistas ortodoxos, no tiene sentido que sea una parte de la población, la de edad más avanzada, la que tenga que empobrecerse de forma absoluta o relativa. Si la sociedad va a ser más pobre, como sospechan sobre todo los economistas ecológicos, tampoco tiene sentido que sea la gente mayor la que deba pagar el pato. En este caso habría que plantear un modelo distributivo y de organización social viable para todo el mundo.

Hay otra cuestión asociada tan vital como la del reparto. La del trabajo. En el debate del envejecimiento tiene dos dimensiones. En primer lugar está el hecho que en un mundo con empleos diferentes el impacto laboral sobre la vitalidad, la salud y la posibilidad de trabajar es muy desigual. No todo el mundo llega en iguales condiciones a la misma edad y por tanto no todos tienen las mismas posibilidades de desarrollar, con los parámetros actuales, una actividad laboral “normal” a la misma edad. Alargar la edad de jubilación castiga especialmente a las personas con empleos “manuales (aunque casi todos lo sean, no son reconocidos homólogamente). Lo de trabajar hasta los setenta años lo puede sustentar un profesor universitario o un directivo, pero no un trabajador de la construcción o una enfermera. La propia continuidad de la vida laboral está sujeta al espacio laboral de cada cual. El sistema castiga duramente a las personas con trayectorias laborales intermintentes, a los empleos más precarios, a los que suelen ser pobres toda su vida laboral. Y, por otra parte, el envejecimiento obliga a plantear otra cuestión fundamental, al exigir una mayor carga laboral de cuidados. La forma como se resuelva esto — con trabajo familiar, con servicios públicos, con trabajo informal...— afectará directamente a las desigualdes sociales —de renta y de trabajo— y de nuevo a la cuestión de la distribución de la renta.

Romper la presión sobre las pensiones públicas exige, a mi entender, abrir el espacio de debate más allá del que nos proponen. Obliga a plantear socialmente la cuestión de qué es una distribución social justa, cómo hay que contribuir a la misma, qué carga laboral debemos soportar. El neoliberalismo —y los grupos de capital que representa— ha tenido éxito porque ha sabido acotar los marcos de debate que le son favorables. Sólo cambiando de marco referencial forzaremos una perspectiva diferente.

30/5/20130

Font: Mientrastanto.org, cuaderno de depresion 21


Alguien tendría que dimitir. Carta abierta a la dirección de CC.OO.

Albert Recio Andreu y Antonio Madrid Pérez

La participación de Miguel Ángel García, y su toma de posición, en la “Comisión de sabios” sobre la reforma de las pensiones constituye un grave problema para la credibilidad social de CC.OO. Es cierto, como ha recordado la Comisión Confederal, que ni lo hizo como delegado del sindicato ni el sindicato asume como propio su posicionamiento. Y es también cierto que el sindicato reconoce que fue un error esta participación. Todo esto es cierto pero no basta. En política y en movimientos sociales los gestos importan. Gran parte del desprestigio que experimenta la acción política en la sociedad actual se debe al comportamiento de unos representantes que nunca adoptan respuestas éticas y visibles cuando son alcanzados por alguna actuación incorrecta. Esta misma situación afecta a la vida sindical. Los sindicatos, mal que nos pese y a pesar de su implantación social, padecen una misma crisis de legitimidad. Crisis que es patente en las encuestas sobre valoración social de las instituciones y que también es visible en la desconfianza que los sindicatos generan en un amplio espectro de activistas sociales. Para sectores importantes de la sociedad, para una parte de la base social que debería formar parte del movimiento sindical (o de sus aliados), los sindicatos son vistos con recelo, como organizaciones excesivamente burocratizadas, cercanas al poder, demasiado transigentes con la pérdida de derechos sociales. Sabemos que es una imagen falsa, que gran parte de esta visión se ha generado con informaciones sesgadas, con ignorancia real, con campañas orquestadas por los enemigos del sindicalismo. Pero sea cual sea el grado de certeza o falsedad de la misma, es absolutamente necesario hacerle frente para poder ampliar la presencia y las alianzas de la acción sindical. Combatirla con una intervención adecuada, pero también con unas formas de acción que no generen confusión.

Que el máximo responsable del Gabinete Técnico participe y suscriba los acuerdos en una Comisión de Expertos que elabora un dictamen en el que se apuesta por una reducción sustancial de las pensiones (no por plantear formas alternativas de financiación) y una clara apuesta por promover las pensiones privadas no es solo un error. Es abrir una verdadera línea de críticas a CC.OO. De las que estamos acostumbrados a oír los que muchas veces lo defendemos. Por desgracia no es la primera vez que CC.OO. choca con el tema de las pensiones. En el otoño de 2010, el sindicato nos movilizó contra el anuncio de otra reforma con la consigna estrella de que no íbamos a tolerar el alargamiento de la edad de jubilación. A comienzos de 2011, tras una especie de encierro, la dirección de CC.OO (y de UGT) acabo firmando una reforma que incluía este alargamiento sin antes haber dedicado esfuerzo a explicar y convencer sobre las causas del cambio de política. Y ya entonces este giro dio alas a los sectores hostiles a CC.OO. Ahora la cosa es más grave, puesto que el contenido de la propuesta es mucho más brutal y se ha aceptado el juego de una mesa cerrada de “expertos” fuera de un verdadero debate social. La única forma de minimizar el coste del error es tomando medidas que muestren al menos que hay voluntad de rectificar y que los responsables del error lo asumen como tal. La única forma de que el sindicato sea creíble es que al frente de sus órganos estén personas que crean de verdad sus políticas. Parece imposible que el sindicato pueda defender con buenos argumentos técnicos una política sobre pensiones cuando su Jefe del Gabinete Técnico propugna una vía completamente diferente y cuando alguien en la dirección confederal apoya que sea esta persona la que dirija esta actividad importante. Si, como estoy seguro, son personas que aman a CC.OO, entenderán que este es un sacrificio necesario. Mantenerse en el puesto es hacer lo mismo que hacen las elites políticas, es seguir creando argumentos a favor de la demagogia antisindical. Hoy más que nunca es necesario un sindicalismo fuerte, integrador, organizador de las clases trabajadoras. Y esto no se puede hacer cuando se abandona la coherencia, cuando se pasan por alto las responsabilidades, cuando se emite una imagen confusa.

Puestos a sugerir creemos que en el tema de las pensiones sería bueno que el sindicato organizara un verdadero debate técnico y político, abierto a la ciudadanía, donde se elaborara un verdadero plan con alternativas y sin secretismos.

28/6/2013

+ Info:

NUEVA REFORMA DE LAS PENSIONES. Carta abierta al Secretario General y a la Comisión Ejecutiva de CCOO. ENRIQUE LILLO, EDUARDO GUTIÉRREZ, ÁNGEL MARTÍN, ALICIA GÓMEZ, CRISTINA SEGURA, LOLA MORILLO, Y DANIEL ALBARRACÍN

Los errores y falacias del llamado comité de expertos sobre las pensiones públicas. Vicenç Navarro

Pensiones: ¿demografía o lucha de clases? Juan Torres López

Los expertos aprueban el informe sobre pensiones con un único voto en contra

El representante de CCOO vota a favor del informe sobre la reforma de las pensiones. I ací, la seua justificació.

Dossier informativo realizado por Diagonal. Pensiones en peligro

El "comité de expertos" dejan en manos del Gobierno de turno la decisión de subir las pensiones. Belén Carreño y Ana Requena Aguilar

Ahora van a por las pensiones. La reforma que se avecina: podrían bajar las pensiones en cuestión de meses. Kaos. Laboral y Economía, 27/5/2013

Y ahora llega la gran reforma de pensiones

Pensiones a debate

Dos vías de ajuste en pensiones. Los expertos designados por el Gobierno se inclinan por el recorte de las prestaciones futuras y el desligue de las actuales del IPC


A la mateixa secció:


Romper las cadenas de las deudas privadas ilegítimas (II)


Romper el círculo vicioso de las deudas privadas ilegítimas (I)


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Baix Segura: Más de 1000 personas acuden a la manifestación en defensa de las pensiones públicas en Torrevella


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