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Anticapitalistes
  
dilluns 2 de febrer de 2004 | Alex Callinicos
Mumbai: Un festival de los oprimidos


Volver de Mumbai a Londres fue como pasar del technicolor al blanco y negro. La feroz pero amistosa vitalidad de Mumbai es deslumbrante la mayor parte del tiempo, pero cuando se combina con la diversidad y energía de los movimientos indios representados en la cuarta edición del Foro Social Mundial (y el ruido y el color de sus manifestaciones), el efecto es una ola de adrenalina que me mantendrá (y seguramente mantendrá a muchos otros) activo durante mucho tiempo. Realmente éste fue un festival de los oprimidos.

Todo el mundo concuerda en que el Foro Social Mundial fue un gran éxito. ¡Cuan acertado fue salir de Porto Alegre! Permanecer un cuarto año podría haber llevado a un Foro rutinario y burocrático. Mientras que trasladándose a India el Foro Social Mundial ha dejado de ser un asunto entre Europa y América Latina. No sólo fue la riqueza de los movimientos indios lo que hizo del Foro Social Mundial en Mumbai un éxito, sino también la fuerte presencia de delegaciones del resto de Asia. Monjes tibetanos, socialistas surcoreanos, Dalits nepaleses colmaron las alegres y polvorientas calles de la zona donde el Foro se desarrollaba.

Pero hay otras señales de éxito. Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nóbel, Presidente del Consejo de Consultores Económicos de Clinton y ex economista del Banco Mundial, fue a Mumbai a defender la idea de un capitalismo más regulado y humano, compartiendo el mismo estrado con el economista marxista Prathap Patnaik, quien lúcidamente argumentó que el capitalismo no puede reformarse, el gran crítico de imperialismo Samir Amin, y dos activistas socialistas, Dita Sari de Indonesia y Trevor Ngwane de Sudáfrica. El hecho de que un ex alto funcionario de EE.UU. viniera a debatir con nosotros es un gran tributo al poder del movimiento. Mientras tanto, nada se podía comparar al gran espectáculo de la ceremonia de apertura, con cientos de miles de personas escuchando a oradores como Arundhati Roy y Jeremy Corbyn en una noche iluminada por las enormes pantallas que proyectaban las imágenes de los oradores a la multitud.

¿Pero qué aportó el Foro de Mumbai al desarrollo del movimiento global? En primer lugar, se dio un tono diferente al largo debate acerca de la relación entre los movimientos sociales y los partidos políticos. En Porto Alegre la presencia del Partido de los Trabajadores (PT) fue muy importante (Olivio Dutra, uno de los fundadores del Foro brasileño y ahora Ministro de Ciudades en el gobierno de Lula, representó al PT en Mumbai). India tiene el movimiento comunista más grande del mundo -dos partidos de masas parlamentarios, el maoísta Partido Comunista de India (marxista) y el Partido Comunista de India (favorable a Moscú en los días de la URSS), más varias organizaciones marxistas-leninistas que lideran movimientos enormes y combativos en diferentes partes del país. El Foro Social Mundial no podría haber ocurrido en India sin el apoyo al menos de los grandes PCs: su presencia en el Comité de Organización indio (junto a los activistas independientes y los intelectuales) fue discreta pero importante.

El tema de la participación de ONGs en el FSM, que no provocó mayor controversia en Brasil, fue calurosamente discutido en India donde gran parte de la izquierda ha desarrollado una crítica feroz hacia las ONGs por poner a los mejores activistas en trabajos burocráticos bien pagados y confinar a los movimientos que apoyan a temas relativamente puntuales. Esta crítica -más la exclusión del FSM de los grupos armados (algunas organizaciones marxistas-leninistas todavía están envueltas en campañas guerrilleras en algunas regiones de la India rural)- fue utilizado para justificar la organización de dos foros rivales uno de los cuales (Resistencia Mumbai 2004) tuvo lugar al mismo tiempo que el FSM. Fue un fracaso, atrayendo a unos pocos miles en comparación con los 100.000 que atestaron el FSM -evidenciando que al cultivar la pureza revolucionaria para la propia causa, solamente se aislaron de aquellos cuyos intereses pretendían representar.

La mayor muestra del éxito del Foro fue la extensa participación de movimientos pertenecientes a los grupos más oprimidos de la sociedad india -los Dalits (intocables) y las castas más bajas. Algunos de los delegados del Norte, parecen haber caído en un romanticismo fácil, al retratar a los movimientos de los Dalits y las castas más bajas como una expresión de ascenso espontáneo de las masas. Pero el fenómeno de las castas es inmensamente complejo, como también lo es su política. La poca conexión que al parecer la izquierda india mantiene con estos movimientos es un síntoma de su fracaso.

Pero las críticas de los marxistas-leninistas tienen algo de validez: algunas de las coaliciones de Dalits y las castas más bajas son controladas por ONGs occidentales que las financian. Organizar a los oprimidos puede volverse un vehículo para la política de relacionamiento empresarial y el clientelismo; y los movimientos que organizan a los Dalits y las castas más bajas se han integrado de manera compleja en el altamente fragmentado y corrupto sistema político de la India. Pero si esta complejidad es muy india, el hueco entre la izquierda y los más oprimidos de esta enorme sociedad subraya el desafío que enfrenta el movimiento de movimientos: cómo expandirse no sólo geográficamente sino socialmente, cómo llegar hasta los demás explotados y excluidos para ayudarles a emanciparse.

En este contexto, me gustaría hacer un comentario sobre el artículo de Milan Rai "Neoliberalismo, guerra y la importancia del FSM". En el mismo se avala el punto de vista impulsado por dos de los creadores del Foro, Chico Whittaker de Brasil y Bernard Cassen de ATTAC Francia, de que los Foros Sociales deben limitarse a servir como espacio para la discusión y la educación, y por consiguiente deben mantenerse a distancia de los movimientos sociales. Como ellos, Milan es crítico de la Asamblea de los Movimientos Sociales que ha emitido llamados a la acción al final de cada Foro Social Mundial y Foro Social Europeo.

Antes de respaldar este juicio debemos considerar qué resultados ha producido la Asamblea. En los primeros días del Foro Social Europeo en Florencia, en noviembre de 2002, lanzó el llamado a un día de protesta (el 15 de febrero de 2003) contra la guerra en Irak. En Porto Alegre el enero siguiente, las asambleas de activistas convirtieron eso en una llamada global. Nosotros sabemos el resultado: el día de protesta internacional más grande jamás realizado, que incluso llevó al New York Times a reconocer la emergencia de un "segundo superpoder". En Gran Bretaña los ecos de las protestas antiguerra de la pasada primavera todavía se hacen sentir en el sistema político oficial, pero el 15 febrero tiene implicaciones mucho mayores.

Así las asambleas de activistas han demostrado ser una herramienta útil para la movilización. En el caso del FSM de Mumbai, gracias particularmente a Focus on the Global South, Vía Campesina, y la Stop the War Coalition de Gran Bretaña, se han producido llamados a la acción contra la ocupación de Irak el 20 de marzo y contra la OMC en abril.

Eso no significa que las asambleas sean perfectas. Milan tiene razón al decir que las formas de toma de decisiones involucran un compromiso poco satisfactorio entre el principio de mayoría y el consenso. Pero esto simplemente apunta a un problema más grande, y es que la norma de que en el movimiento las decisiones sean tomadas por consenso está crujiendo bajo la tensión de los desafíos que estamos enfrentando ahora. Este es un problema que tendremos que resolver rápidamente. Más allá de eso, la existencia de las asambleas de activistas es una consecuencia del principio de que el Foro no es un espacio que toma decisiones. Pienso que este es un concepto que puede haber ayudado a reunir fuerzas muy diferentes en las fases iniciales del FSM, pero que ahora ya no tiene mucho sentido. Los Foros viven a través de la interacción entre los debates, seminarios, talleres, etc., a los que ofrecen un espacio, y los movimientos y llamados a la acción a los que dan lugar. En vez de hacer un fetiche de las normas organizativas desarrolladas en una fase mucho más temprana del movimiento, debemos buscar formas que promuevan esta interacción mientras mantenemos la unidad.

Mucho más podría decirse sobre esto, ya que refleja el desarrollo de los debates entre activistas e intelectuales involucrados en los procesos del FSM y el FSE (y en otros lugares también, por lo que sé). Pero quisiera concluir enfatizando el éxito estupendo que ha sido el FSM en Mumbai y agradeciendo a todos sus responsables. Ellos han superado un gran desafío al capitalizar su propio logro, y han fijado un estilo al que el resto de nosotros debemos apuntar.


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