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Anticapitalistes
  
dimarts 3 de febrer de 2004 | esquerra anticapitalista
Editorial

Ante la las Elecciones del 14-M: Derrotar al PP, reforzar una "izquierda de izquierdas"


Las próximas elecciones generales se celebrarán al final de un período legislativo que ha conocido el mayor ciclo de luchas vivido desde la transición política. Sin embargo ya en las elecciones del pasado 25 de mayo se evidenció la dificultad para que éstas movilizaciones se reflejasen en el plano institucional. Tras el fracaso de Madrid, el resultado de las elecciones catalanas y la formación del gobierno tripartito han generado nuevamente esperanzas entre los sectores de izquierdas. Mientras tanto el PSOE continúa evolucionando hacia la derecha en busca de un ilusorio espacio de centro. Se impone la necesidad urgente de reforzar una “izquierda de izquierdas“ y de no dar tregua social alguna sea cual sea el resultado del 14-M.


Las próximas elecciones generales se van a celebrar al final de un período legislativo que ha conocido el mayor ciclo de luchas vivido desde la transición política, generador a su vez de una dinámica de confrontación abierta con el gobierno del PP y su mayoría absoluta parlamentaria. Las elecciones del pasado 25 de mayo ya fueron un primer ensayo de la posibilidad de reflejar en el plano institucional el malestar y las protestas ciudadanas; si bien es cierto que en esa ocasión no se logró reducir sustancialmente el peso que en los gobiernos autonómicos y municipales tenía el PP, sí se pudo comprobar que había una mayoría social dispuesta a castigarle con su voto dando su apoyo a distintas fuerzas de izquierda y nacionalistas.


El nuevo frente político de Catalunya genera esperanzas

Desde entonces, la repetición forzada de las elecciones autonómicas en Madrid y la victoria -aunque ajustada- del PP, como era de temer a la vista de la nula asunción de responsabilidades políticas por parte de la dirección del PSOE por el caso Tamayo-Sáez, fueron un jarro de agua fría para muchas gentes de izquierda; más tarde, las elecciones en Catalunya confirmaban la aspiración a acabar con la época pujolista y la existencia de una mayoría soberanista y de izquierdas de carácter plural que ha conducido a la formación de un gobierno presidido por Maragall, el cual se halla enfrentado ya a retos importantes que habrá que ver en qué sentido va resolviéndolos: la reciente crisis provocada por la entrevista de Carod Rovira con ETA y el desenlace provisional alcanzado auguran tensiones y difíciles equilibrios a mantener por parte de Maragall. En cualquier caso, el efecto de este cambio de escenario ha sido la apertura de un nuevo frente que, convergiendo con Euskadi, puede debilitar las posiciones cerradas del PP en su fundamentalismo constitucional y crea mejores condiciones para presionar a favor de un proyecto federal libremente construido desde el respeto al derecho de autodeterminación. A su vez, ha creado nuevas esperanzas entre el “pueblo de izquierdas” del conjunto del Estado en que el próximo 14 de marzo podamos echar al PP del gobierno central.

El PSOE en búsqueda de un ilusorio espacio de “centro“

Sin embargo, a medida que se ha ido difundiendo el programa del PSOE y que sus dirigentes han ido buscando un ilusorio espacio de “centro”, respetuoso del marco neoliberal dominante y del discurso basado en la defensa de la “unidad de España”, como se ha podido comprobar en sus propuestas programáticas fiscales, en sus concesiones a las presiones de “barones” como Rodríguez Ibarra y Bono y en su fidelidad al “pacto antiterrorista”, el desconcierto y la decepción en una parte nada despreciable del electorado de izquierdas parecen aumentar cada día. La apelación de Zapatero al “voto útil” de la izquierda social, dirigida a restar votos a las fuerzas a su izquierda con la excusa de poder cumplir el compromiso adquirido de gobernar sólo en el caso de obtener más votos que el PP, choca con la defensa de un proyecto que, más allá de aspectos secundarios, no anuncia ningún giro sustancial respecto a la política del PP en áreas tan fundamentales como las políticas económicas, el conflicto vasco, la Constitución europea e incluso la política internacional; respecto a esto último, hay que lamentar también que la dirección del PSOE haya mostrado un cambio de postura radical al aceptar la permanencia de los soldados españoles en Iraq, alejándose así del movimiento contra la guerra global que el pasado 15-F salió masivamente a las calles.

Es esa falta de diferenciación frente al PP en materias fundamentales la que constituye la principal baza de un Rajoy que puede aducir una mayor firmeza en la defensa de unos contravalores como la “estabilidad”, la “seguridad”, la “eficacia” y la “gobernabilidad”, tan apreciados por los grandes poderes económicos y por un amplio sector del electorado imbuido de la cultura del individualismo competitivo y consumista en auge. Y, sin embargo, hay grietas que se han ido abriendo en ese edificio cada vez más identificado con el militarismo de Bush y un capitalismo “de amiguetes” que tiene en las privatizaciones y en negocios como la especulación inmobiliaria y urbanística su gran fuente de enriquecimiento.

Necesidad del reforzamiento de la “izquierda de izquierdas“

En esas circunstancias -hartazgo de una mayoría social frente a un gobierno cada vez más autoritario, neocentralista y neoliberal, pero con un PSOE incapaz de ser alternativa en ninguno de esos frentes de conflicto y, por lo tanto, riesgo real de un aumento del abstencionismo- el reforzamiento de una “izquierda de izquierdas”, dispuesta a convencer de la utilidad de su voto para abrir paso no sólo a la derrota electoral del PP sino también a un giro en las políticas practicadas durante las dos últimas décadas, se impone como una necesidad urgente. Una izquierda de izquierdas más fuerte en el parlamento, decidida a recoger las demandas de unos movimientos sociales dispuestos a seguir presionando desde la calle y el espacio público en general, es una condición necesaria, aunque no suficiente, para impedir que una posible derrota del PP se vea sustituida por una mayoría casi absoluta de un PSOE que termine siendo la enésima versión de una falsa “tercera vía” a lo Blair.

En la mayor parte del territorio del Estado español es Izquierda Unida la única fuerza política que puede canalizar electoralmente esa voluntad de castigo al PP y de presionar por un giro a la izquierda. Es cierto que el discurso y, sobre todo, la práctica dominantes en esta formación dejan mucho que desear a quienes queremos construir una izquierda anticapitalista y alternativa: sus ambigüedades en sus relaciones con el PSOE, sobre el proyecto de Constitución Europea o sobre el conflicto vasco, o la distancia que existe entre su voluntad de renovación y la continuidad de viejas inercias organizativas, son deficiencias notables que está por ver si las va a superar en el futuro. Pero, por encima de las mismas, es incuestionable que IU es la fuerza política con la que más frecuentemente han coincidido los movimientos sociales en la lucha contra el neoliberalismo y la guerra global y de la que más cerca se pueden sentir éstos.

No hay que dar tregua social alguna

En cualquier caso, sea cual sea el desarrollo de la campaña electoral y, sobre todo, el desenlace del 14 de marzo, no cabe ninguna tregua social en estos meses: las jornadas del 15-F y del 20 de marzo contra la guerra global; la del 8 de marzo, en el Día Internacional de las Mujeres; la búsqueda de una solución dialogada al conflicto vasco basada en el respeto al libre derecho de autodeterminación, las iniciativas ciudadanas y sindicales contra el proyecto de Constitución europea, junto a luchas como las que están emprendiendo trabajadoras víctimas de los despidos de las multinacionales que practican el “dumping social”, son todas ellas motivo para seguir avanzando en la movilización, la autoorganización y el arraigo social de las redes críticas que se han ido tejiendo durante los últimos tiempos. Será desde ellas, con el apoyo y la presencia de la izquierda más consecuente en el parlamento y en la calle, como habrá que seguir luchando contra un nuevo gobierno del PP, o, por el contrario, a favor del cambio de rumbo radical que debería inaugurar la derrota de ese partido en las urnas.


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