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dimecres 5 de setembre de 2012 | Manuel
Llamada a una movilización internacional contra la deuda pública para rendir homenaje a Thomas Sankara


El 15 de octubre de 1987, después de cuatro años como presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara perdió la vida durante un golpe de Estado. Había luchado por la dignidad de su pueblo y por un nuevo auge de la liberación del continente africano con una nueva generación de jefes de estado dedicados al servicio de su gente y capaz de hacer frente a las potencias imperialistas. Thomas Sankara fue asesinado, sin duda, por su lucha contra el neo-colonialismo y más concretamente contra la esclavitud moderna, causada por la deuda pública.


En julio de 1987, en la organización de la Unidad Africana (OUA) y antes que cualquier otro líder africano Thomas Sankara, un pionero en la materia, denunció el sistema de la deuda implementado por las potencias occidentales, obviamente con la colaboración de algunos dirigentes del Sur y con el objetivo de recuperar la soberanía de los pueblos.

Ese nuevo sistema destinado a oprimir a los pueblos de África, América Latina y Asia se basó principalmente en la aplicación de los planes de ajuste estructural (SAPs) impuestos por las instituciones de Bretton Woods (FMI y Banco Mundial) con el apoyo de las viejas metrópolis y en favor de las multinacionales del Norte.

Consciente de que los principales acreedores internacionales pondrían en peligro su vida como consecuencia de esta última batalla, Thomas Sankara apeló a la creación de un frente unido contra la deuda pública. Su apelación, lamentablemente, no tuvo éxito entonces.

Veinticinco años más tarde, mientras el sistema de la deuda sigue provocando la apropiación de la soberanía popular y el empobrecimiento de la gran mayoría de la población africana, los pueblos del Norte también son víctimas de una crisis de la deuda sin precedentes. El colapso de la burbuja inmobiliaria y el rescate bancario llevado a cabo por los estados sin consulta pública - que ha agravado la carga de la deuda pública, en gran parte ilegítima - prueba hasta qué punto Thomas Sankara tenía razón cuando denunciaba el «casino» la economía .

En los últimos treinta años, lejos de los flashes y cámaras de televisión, el mundo financiero se ha opuesto a las personas, causando millones de muertes. Antes sólo compartidas por los países del Sur, las condiciones y medidas de austeridad se han extendido hacia el norte, sumiendo a las personas en una confusión y angustia devastadoras. La situación actual en Grecia, Portugal e incluso Irlanda, donde el FMI _ junto con la Unión Europea y el Banco Central Europeo (BCE)_ interviene directamente en los asuntos internos del Estado, nos recuerda la situación del Sur en la década de los ‘80.

En los últimos treinta años los pueblos del Sur han estado luchando contra la dictadura de los acreedores y en particular la del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial dos instituciones anti-democráticas que sirven a los mercados financieros_ así como a los grandes bancos privados y las multinacionales que provocaron la crisis económica actual.

En este contexto de crisis y para resistir los ataques de las políticas de austeridad en todo el mundo ha llegado el momento de que la población mundial, del Sur y del Norte, responda a la llamada de Thomas Sankara y cree un frente unido contra la deuda pública.

En respuesta a la llamada de Thomas Sankara y para rendir homenaje a su lucha pionera y como resultado del encuentro de Niono del 2 de noviembre de 2011, nosotras , las organizaciones y movimientos sociales de Burkina faso, así como muchas otras organizaciones y movimientos sociales africanos, hacemos un llamamiento a un encuentro internacional y un diálogo Sur-Norte sobre Deuda Pública en Uagadugú (Burkina Faso) del 13 al 16 de octubre 2012 , con un día de celebración en memoria de Thomas Sankara, el 15 de octubre de 2012.

Para firmar esta llamada, enviar un correo electrónico a : hommage2012sankara@yahoo.fr

Firmantes :

1-CADTM ÁFRICA,

2-ATTAC Burkina Faso,

3-ATTAC Togo

4-CADTM Bélgica

5-ATTAC/CADTM Marruecos

6-FNDP Costa de Marfil

7-CADTM Lubumbashi – RDC

8-RPC Mauritania

9-RNDD Níger

10-UFDH/CADTM Mbujimayi

11-RAID Túnez

12- APASH/CADTM – Brazzaville, Congo

13-Ecologistas en Acción, España

14-Observatoria de la Deuda en la Globalización, España

15-Patas Arriba, Valencia, España

16- CADTM Francia

17-Red ¿Quién debe a Quién? España

18-Plataforma Auditoria Ciudadana de la Deuda, No debemos, no
pagamos, España

19-Nova - centre per a la innovacio Social, Catalunya, España

20-ONG Africando, Gran Canaria, España


Video del Discurso de Thomas Sankara sobre la deuda externa de África (1987)


Un frente unido contra la deuda

El 29 de julio de 1987, Thomas Sankara participaba en Adís-Abeba en los trabajos de la vigésimo quinta Conferencia en la Cumbre de los países miembros de la OUA. Pronunció allí el siguiente discurso. Este texto es una transcripción a partir de una grabación. El presidente de la sesión era Kenneth Kaunda, de Zambia.

Señor presidente, Señores jefes de las delegaciones:

Querría que en este momento pudiésemos hablar de esta otra cuestión que nos inquieta: la cuestión de la deuda, la cuestión de la situación económica de África. Tanto como la paz, es una condición importante de nuestra supervivencia. Y por eso he creído deber imponeros unos minutos suplementarios para que hablemos de ello.

Burkina Faso querría expresar de entrada su preocupación. La preocupación de ver que las reuniones de la OUA se suceden, se asemejan, pero hay cada vez menos interés en lo que hacemos.

Señor presidente: ¿Cuántos son los jefes de Estado aquí presentes, cuando todos han sido debidamente convocados para venir a hablar de África en África?

Señor presidente: ¿Cuántos jefes de Estado están prestos a saltar a París, a Londres, a Washington cuando desde allí son convocados a una reunión, pero no pueden venir a una reunión aquí, a Addis Abeba en África? Esto es muy importante. [Aplausos] Sé que algunos tienen razones válidas para no venir. Es por ello, señor presidente, por lo que querría proponer que establezcamos un baremo de sanciones para los jefes de Estado que no responden ¡presente! a la convocatoria. Hagamos de manera que por una suma de puntos de buena conducta, los que asisten regularmente, como nosotros, por ejemplo, [Risas] puedan ser apoyados en algunos de sus esfuerzos. Ejemplos: los proyectos que sometemos al Banco Africano de Desarrollo (BAfD) deben ser afectados de un coeficiente de africanidad. [Aplausos] Los menos africanos serían penalizados. Así todo el mundo vendría a las reuniones.

Quisiera decir, señor presidente, que la cuestión de la deuda es una cuestión que no sabríamos ocultar. Usted mismo sabe algo de esto en su país, donde habéis tenido que tomar decisiones valientes, temerarias incluso. Decisiones que no parecen en absoluto estar en relación con su edad y sus cabellos blancos. [Risas] Su excelencia, el presidente Habib Bourguiba, que no ha podido venir, pero que nos ha hecho llegar un importante mensaje, ha dado otro ejemplo a África, cuando en Túnez, por razones económicas, sociales y políticas tuvo que tomar decisiones valientes.

Pero, señor presidente, ¿vamos a dejar que los jefes de Estado busquen individualmente soluciones al problema de la deuda con el riesgo de crear en su país conflictos sociales que podrían poner en peligro su estabilidad, y hasta la construcción de la unidad africana? Estos ejemplos que he citado —hay muchos más— merecen que las cumbres de la OUA aporten una respuesta tranquilizadora a cada uno de nosotros en cuanto a la cuestión de la deuda.

Consideramos que la deuda se ha de analizar empezando por su origen. Los orígenes de la deuda se remontan a los orígenes del colonialismo. Quienes nos han prestado dinero son los mismos que nos colonizaron. Son los mismos que gestionaban nuestros Estados y nuestras economías. Son los colonizadores los que endeudaron a África con los prestamistas, sus hermanos y primos. Nosotros somos ajenos a esta deuda. Por lo tanto no podemos pagarla.

La deuda es el neocolonialismo o los colonialistas transformados en «asistentes técnicos». En realidad, deberíamos decir asesinos técnicos. Y son ellos los que nos propusieron las fuentes de financiación, los prestamistas o «proveedores de fondos». Una expresión que se emplea cada día como si hubiera hombres cuya «provisión» fuera suficiente para crear el desarrollo en otros países. Estos prestamistas nos fueron aconsejados, recomendados. Nos presentaron dossiers y montajes financieros fantásticos. Nos endeudamos por cincuenta años, sesenta años, y más aún. Es decir, nos han llevado a comprometer a nuestros pueblos durante cincuenta años o más.

La deuda en su forma actual es una reconquista de África sabiamente organizada, para que su crecimiento y su desarrollo respondan a unos niveles, a unas normas que nos son totalmente extrañas. De manera que cada uno de nosotros se convierta en un esclavo financiero, es decir, simplemente un esclavo de quienes han tenido la oportunidad, la astucia, la trapacería de invertir sus fondos en nuestros países con la obligación de que los reembolsemos. Nos dicen que honoremos la deuda. No se trata de una cuestión moral. No es una cuestión de ese pretendido honor de reembolsar o no reembolsar.

Señor presidente:

Hemos escuchado y aplaudido a la primera ministra de Noruega cuando intervino aquí mismo. Dijo, ella que es europea, que toda la deuda no puede ser reembolsada. Yo quisiera simplemente completar y decir que la deuda no puede ser reembolsada. La deuda no puede ser reembolsada porque, en primer lugar, si no pagamos, los prestamistas no se van a morir. Estemos seguros de esto. En cambio, si pagamos, somos nosotros los que vamos a morir. Estemos seguros igualmente de ello. Los que nos han conducido al endeudamiento han jugado como en un casino. Mientras ellos ganaban no había debate. Ahora que pierden en el juego, nos exigen el reembolso. Y se habla de crisis. No, señor presidente, ellos jugaron, ellos perdieron, es la regla del juego. Y la vida continúa. [Aplausos]

Nosotros no podemos reembolsar la deuda porque no tenemos nada que pagar. No podemos reembolsar la deuda porque no somos responsables de ella. No podemos pagar la deuda porque, al contrario, nos deben lo que las mayores riquezas nunca podrán pagar, esto es, la deuda de sangre. Es nuestra la sangre que ha sido derramada.

Se habla del Plan Marshall, que rehizo la Europa económica. Pero no se habla del Plan Africano que ha permitido a Europa hacer frente a las hordas hitlerianas cuando sus economías estaban amenazadas, su estabilidad estaba amenazada. ¿Quién ha salvado a Europa? Fue África. Se habla poco de esto. Se habla tan poco que no podemos, nosotros, ser cómplices de ese silencio ingrato. Si los otros no pueden cantar nuestros elogios, nosotros tenemos al menos el deber de decir que nuestros padres fueron valientes y que nuestros ex combatientes salvaron Europa y finalmente permitieron al mundo desembarazarse del nazismo.

La deuda es también la consecuencia de los enfrentamientos. Cuando hoy nos hablan de crisis económica, se olvidan de decirnos que la crisis no llegó de forma súbita. La crisis existe de siempre y se irá agravando cada vez que las masas populares sean más conscientes de sus derechos frente a sus explotadores.

Actualmente hay crisis porque las masas rechazan que las riquezas se concentren en las manos de unos pocos. Hay crisis porque unos pocos depositan en los bancos en el exterior, unas sumas colosales que serían suficientes para desarrollar África. Hay crisis porque frente a estas riquezas individuales que se pueden nombrar, las masas populares se niegan a vivir en los ghetos y los barrios bajos. Hay crisis porque por doquier los pueblos se niegan a ser Soweto frente a Johannesburgo. Hay lucha y la exacerbación de esta lucha produce inquietud a los que retienen el poder financiero.

Nos piden ahora que seamos cómplices de la búsqueda de un equilibrio. Equilibrio a favor de los que tienen el poder financiero. Equilibrio en detrimento de nuestras masas populares. ¡No! Nosotros no podemos ser cómplices. ¡No! Nosotros no podemos acompañar a los que chupan la sangre de nuestros pueblos y viven del sudor de nuestros pueblos. Nosotros no podemos acompañarlos en sus maniobras asesinas.

Señor presidente:

Oímos que hablan de clubs —Club de Roma, Club de París, Club de cualquier lado—. Oímos que hablan del Grupo de los Cinco, de los Siete, del Grupo de los Diez, tal vez del Grupo de los Cien. ¿Qué más puedo decir? Es normal que nosotros tengamos también nuestro club y nuestro grupo. Hagamos que desde hoy Addis Abeba sea igualmente la sede, el centro de donde partirá el soplo nuevo del Club de Addis Abeba. Tenemos el deber de crear hoy el Frente Unido de Addis Abeba contra la deuda. Sólo de este modo podremos decir hoy que negándonos a pagar no venimos con intenciones belicosas sino, al contrario, en una actitud fraternal para decir lo que es.

Además, las masas populares de Europa no se oponen a las masas populares de África. Los que quieren explotar a África son los mismos que explotan a Europa. Tenemos un enemigo común. Por ello, nuestro Club de Addis Abeba tendrá que decir igualmente a unos y a otros que la deuda no se pagará. Cuando nosotros decimos que la deuda no se ha de pagar no significa que estamos contra la moral, la dignidad, el respeto a la palabra. Nosotros consideramos que no tenemos la misma moral que los otros. Entre el rico y el pobre no hay la misma moral. La Biblia, el Corán no pueden servir de la misma manera a quien explota al pueblo y al que es explotado. Tendrá que haber dos ediciones de la Biblia y dos ediciones del Corán. [Aplausos]

Nosotros no podemos aceptar su moral. No podemos aceptar que nos hablen de dignidad. No podemos aceptar que nos hablen del mérito de los que pagan y de la pérdida de confianza en los que no pagarán. Al contrario, nosotros debemos decir que hoy es normal que se prefiera reconocer que los ladrones más grandes son los más ricos. Un pobre, cuando roba no comete más que un hurto, apenas un pecadillo para sobrevivir y por necesidad. Los ricos, son ellos los que roban al fisco, a las aduanas. Son ellos los que explotan al pueblo.

Señor presidente:

Mi propuesta no tiende sólo a provocar o a hacer un espectáculo. Quiero decir lo que cada uno de nosotros piensa y desea. ¿Quién, aquí, no desea que la deuda sea simple y llanamente anulada? El que no lo desee puede retirarse, tomar su avión y dirigirse directamente al Banco Mundial a pagar. [Aplausos] No querría que se tomara la declaración de Burkina Faso como si proviniera de parte de jóvenes inmaduros, sin experiencia. Pero tampoco querría que se piense que sólo los revolucionarios pueden hablar de este modo. Querría que se admita que es simplemente objetividad y obligación.

Puedo citar los ejemplos de aquellos que han dicho que no se pague la deuda, tanto revolucionarios como no revolucionarios, tanto jóvenes como viejos. Citaré, por ejemplo a Fidel Castro. Ya dijo que no hay que pagar. Aunque no tiene mi edad, es un revolucionario. También François Mitterrand ha dicho que los países africanos no pueden pagar, que los países pobres no pueden pagar. Citaré a la primera ministra de Noruega. No sé su edad y no quisiera preguntársela. [Risas y aplausos] Así mismo querría citar al presidente Félix Houphouët-Boygny. No tiene mi edad. Sin embargo ha declarado oficial y públicamente que, al menos en lo que concierne a su país, no se podrá pagar la deuda. Y eso que Costa de Marfil esta clasificada como uno de los países más desahogados del África francófona. Por eso, por otra parte, es normal que pague aquí una contribución mayor. [Aplausos]

Señor presidente:

No se trata por lo tanto de una provocación. Yo querría que con sensatez nos propusieran soluciones. Querría que nuestra conferencia adoptara la necesidad de decir con claridad que no podemos pagar la deuda. No con un espíritu belicoso, belicista. Esto es para evitar que nos hagamos asesinar aisladamente. Si Burkina Faso, solo, se negara a pagar la deuda, ¡yo no estaré presente en la próxima conferencia! En cambio, con el apoyo de todos, que mucho necesito, [Aplausos] con el apoyo de todos podríamos evitar pagar. Y evitando el pago podríamos dedicar nuestros magros recursos a nuestro desarrollo.

Querría terminar diciendo que podemos tranquilizar a los países, a los que decimos que no vamos a pagar la deuda, advirtiéndoles que lo que ahorremos no se irá en gastos de prestigio. No queremos más de eso. Lo que se ahorre irá al desarrollo. En particular, evitaremos endeudarnos para armarnos, porque un país africano que compre armas no puede hacerlo más que contra otro país africano. ¿Qué país africano puede armarse para protegerse de la bomba nuclear? Ningún país es capaz de hacerlo. Desde los más equipados a los menos equipados. Cada vez que un país africano compra un arma, es contra un africano. No contra un europeo. No contra un país asiático. En consecuencia, en el impulso de la resolución sobre la cuestión de la deuda debemos también encontrar una solución al problema del armamento.

Yo soy militar y llevo un arma. Pero, señor presidente, querría que nos desarmemos. Porque yo llevo el único arma que poseo. Otros han ocultado las armas que tienen. [Risas y aplausos] Entonces, queridos hermanos, con el apoyo de todos, podremos hacer la paz entre nosotros.

Igualmente podremos utilizar las inmensas potencialidades de África para desarrollarla, porque nuestro suelo y nuestro subsuelo son ricos. Tenemos lo suficiente y tenemos un mercado inmenso, muy vasto, de norte a sur, de este a oeste. Tenemos la suficiente capacidad intelectual para crear o al menos tomar la ciencia y la tecnología allí donde podamos encontrarlas.

Señor presidente:

Actuemos de manera que pongamos a punto este Frente Unido de Addis Abeba contra la deuda. De manera que sea a partir de Addis Abeba que decidamos limitar la carrera armamentista entre países débiles y pobres. Los garrotes y los machetes que compramos son inútiles. Actuemos de modo que el mercado africano sea un mercado de los africanos. Producir en África, transformar en África y consumir en África. Produzcamos lo que necesitamos y consumamos lo que producimos en lugar de importarlo.

Burkina Faso vino a exponer aquí la cotonada, producida en Burkina Faso, tejida en Burkina Faso, cosida en Burkina Faso para vestir a los burkinabés. Mi delegación y yo mismo somos vestidos por nuestros tejedores, nuestros campesinos. No hay ni un solo hilo que provenga de Europa o de América. [Aplausos] No organizo un desfile de moda sino simplemente quiero decir que debemos aceptar vivir como africanos. Es la única manera de vivir libre y de vivir con dignidad.

Gracias, señor presidente. ¡Patria o muerte, venceremos! [Largos aplausos]

Thomas Sankara fue asesinado el 15 de octubre de 2007.

Fuente: Tomás Sankara, «Oser inventer l’avenir», la parole de Sankara, presentado por David Gakunzi, Pathfinder/L’Harmattan, París, 1999.

Font: cadtm.org


Hace 25 años, un tal Sankara...

José Naranjo, 12 de octubre de 2012

Este 15 de octubre se cumplen 25 años del asesinato de Thomas Sankara, conocido como el Ché Guevara africano, el joven capitán que en 1983 se convirtió en presidente de Burkina Faso (entonces llamada Alto Volta) mediante un golpe de estado y que puso en marcha una auténtica revolución en su país: nacionalizó las tierras y las entregó a los campesinos, estatalizó las riquezas minerales, emprendió campañas de alfabetización y vacunación, se enfrentó a los organismos financieros internacionales promoviendo que no se pagara la deuda externa, promovió la autosuficiencia para evitar vivir de la ayuda exterior y estimuló, como nadie ha hecho nunca en África, los derechos de la mujer. Pero, más allá del mito, ¿cómo era Thomas Sankara en realidad? Dos personas que lo conocieron bien y compartieron con él sus esperanzas y sus miedos nos hablan del Sankara más humano 25 años después de su muerte.

Tenía un carisma extraordinario, estaba lleno de fuerza y de energía. Cuando entraba en una habitación era imposible no mirarle y esperar a ver qué iba a decir”. Marie-Angélique Savané no oculta la admiración que aún siente por Sankara. En 1983, año de su llegada al poder, esta mujer senegalesa trabajaba en Naciones Unidas y presidía la primera asociación feminista de Senegal. “Yo estaba en contra de los golpes de estado, pensaba que no eran el método adecuado. Pero en aquellos años en África no había libertad de expresión, ni alternancia, ni verdadera democracia. Y Thomas llegó con esas ideas progresistas, con su discurso cercano al pueblo, no era el clásico militar, así que me dije ¿por qué no? Muchos hicimos lo posible por conocerle, por escucharle”.

Fue poco después del golpe de estado. Marie-Angélique estaba de misión en Burkina Faso y solicitó una audiencia con el presidente. “Fue un intercambio fraternal. Me impresionó su juventud (Sankara tenía solo 33 años, dos años menos que ella). Él era militar y, claro está, tenía su manera autoritaria de decir las cosas, pero conmigo se mostró siempre extraordinariamente abierto y atento a mis palabras. Recuerdo que me dijo que conocía muy bien el Ejército, pero que no era economista, ni sociólogo, ni politólogo y que, por tanto, quería rodearse de la gente más preparada para sacar a Burkina Faso de la miseria. Ese era su empeño”, asegura.

Landing Savané, marido de Marie-Angélique, era por aquel entonces uno de los principales opositores al presidente senegalés Abdou Diouf y lideraba el partido maoísta Movimiento Revolucionario por la Nueva Democracia (MRDN). Y también se quedó impactado con el discurso de Sankara. “Para toda la gente de izquierdas fue una gran esperanza. Su discurso era fresco, era antimperialista, era panafricano. Fui hasta Ouagadougou para conocerle y hablamos de igual a igual, sin formalismos, de la necesidad de que toda África se uniera, de que teníamos que recuperar nuestra dignidad. Me impresionó su sensibilidad feminista, nadie llegó hasta el extremo que lo hizo en él en este sentido”, explica Landing.

Sankara prohibió los matrimonios forzosos, la mutilación genital femenina y la poligamia y empezó a colocar a mujeres en los más altos cargos del Estado. “Sankara solía decirnos que veía a las mujeres por todos lados trabajando duro y sin obtener beneficios por ello. Creo que esta sensibilidad le venía de su propia experiencia, de su familia. Me sorprendió positivamente esta actitud de Thomas”, recuerda Marie-Angélique, “pensaba que las mujeres podían realmente ayudarle en la transformación de Burkina Faso. Si no hay igualdad no podemos lograrlo, decía siempre. Si nombraba a un ministro hombre, ponía a una mujer como alto cargo y viceversa. ¡Él promovió la paridad y estábamos en los años ochenta! En Senegal estaba surgiendo el movimiento feminista, que era cuestionado y contestado por muchos hombres, y Thomas hizo todo lo contrario, nos invitó a Burkina para hablar con la sociedad, para que explicáramos nuestra posición. Fue increíble”.

Poco a poco, los Savané fueron trenzando una relación muy estrecha con el líder del país vecino. “Nos invitó al Festival de Cine que se celebra en Ouagadougou. Iba a buscarnos en su propio coche que él conducía sin escolta ni nada y nos enseñaba la ciudad”, recuerda Landing. Desde luego, Thomas Sankara era alguien diferente. Nacido en 1949, comenzó la carrera militar muy joven, con solo 19 años. Desde muy pronto conoció las obras de Marx y Lenin y se sintió próximo a las ideologías de izquierdas. Sin embargo, en los años setenta era más conocido en la capital burkinesa por su buen hacer tocando la guitarra con el grupo Tout-à-Coup Jazz que por sus ideas políticas. En la Agrupación de Oficiales Comunistas, allá por el año 1976, comenzó a coincidir con otro militar llamado Blaise Compaoré, con quien compartía las mismas inquietudes.

Iba siempre vestido de militar”, recuerda Marie-Angélique, “yo se lo reprochaba, pero él me decía que tenía que marcar distancias con otros presidentes, que no podía llevar trajes hechos en Europa como ellos”. Landing también lo recuerda así, con su uniforme y su boina roja, un poco al estilo del Ché Guevara a quien Sankara admiraba sin tapujos. “Era un idealista. No era sólo el Ché, admiraba a Mao Tse Tung, a Amílcar Cabral, a Kwame Nkrumah, a Patrice Lumumba. En nuestras conversaciones evocábamos a todos los progresistas negroafricanos. En aquella época el imperialismo dominaba muy fuerte”, asegura el político senegalés.

Un año después de ocupar la Presidencia, Sankara decidió cambiar el nombre del país, que entonces se llamaba Alto Volta y rebautizarlo como Burkina Faso, que significa El país de los hombres íntegros. Y se puso manos a la obra. Algunas de sus medidas fueron renunciar a todos los Mercedes Benz propiedad del Gobierno y convertir al humilde Renault 5 en el coche oficial, prohibir a los miembros de su gabinete volar en primera (“vais a llegar al mismo tiempo en clase turista”, dijo a sus ministros) o tener chófer, bajarse el sueldo y el de todos los funcionarios y negarse a disfrutar de aire acondicionado en su despacho asegurando que esto era un lujo al alcance de muy pocos.

El también senegalés Mamadou Diouf, organizador del Foro Social Mundial de Dakar 2011, cuenta otra anécdota de Sankara: “Fue durante una reunión de la Organización para la Unidad Africana en Addis Abeba. En el receso para comer, Thomas llegó a la mesa que estaba preparada y vio allí toda aquella comida que rebosaba por fuera de las bandejas, apetitosa y humeante, las copas de cristal, el agua embotellada que costaba un dineral. Entonces se dirigió a uno de sus asistentes y le dijo que pidiera al servicio una bacinilla, que la llenara de agua del grifo y la trajera a la mesa. Luego dio dinero a otro miembro de la delegación de Burkina y le encargó que fuera a la calle y a la primera mujer que vendiera comida en la calle le comprara unos muslos de pollo y un poco de arroz. Ningún burkinés probó nada de lo que había en la mesa aquel día. Sankara acababa de dar un discurso diciendo a los líderes del continente que la única manera de salir del subdesarrollo era consumir africano y era de los que pensaba que había que empezar por uno mismo. Le ofendía el derroche”.

El 15 de octubre de 1987, cinco años después de su llegada al poder, fue asesinado por sus propios compañeros de revolución. “La víspera de su muerte nos llamó a Dakar”, asegura Marie-Angélique. “Nosotros sabíamos que había problemas entre ellos, entre los líderes, pero nunca pensamos que se iba a llegar tan lejos. Nos dijo que la situación se había deteriorado mucho, que no sabía qué iba a pasar, que todas las vías de diálogo se habían agotado”. Cuando habló con Landing fue aún más explícito. “La gente no me comprende”, le dijo. “Thomas estaba muy preocupado por los antagonismos en el seno del Ejército. Sabía que se estaba preparando algo, pero él estaba decidido a llegar hasta el final, aquel día que hablamos él ya se sabía un mártir, estaba completamente aislado. Desde la óptica de sus compañeros, él había querido ir muy rápido con las reformas”, concluye Landing Savané.

El crimen, en el que también murieron otras doce personas, fue orquestado por el propio Blaise Compaoré, desde entonces y hasta ahora presidente de Burkina Faso, quien rápidamente revocó muchas de las decisiones adoptadas por Sankara e hizo lo posible por borrar su memoria. De hecho, su cuerpo fue desmembrado y enterrado en una tumba anónima. “Nos revolvimos, sentimos cólera”, recuerda Landing, “nos manifestamos en Dakar. Me llamó Mariam, la mujer de Thomas, muy preocupada, tenía miedo, pensaba que iban a por ella y a por sus dos hijos también. Entonces fui a ver a Blaise, lo conocía porque me lo había presentado el propio Sankara, y le dije que lo ocurrido era terrible, que ya no tenía remedio, pero le pedí que al menos dejara marchar a Mariam. El presidente de Gabón también medió y finalmente se logró que salieran del país”.

Thomas Sankara, con su radical discurso del cambio, se había enfrentado a poderosas fuerzas económicas y políticas que acabaron por matarle. El imperialismo que tanto combatió lo llevó hasta la tumba. Él mismo lo vaticinó varias veces. En julio de 1987, durante una reunión de la OUA en Addis Abeba dio un recordado discurso ante los líderes africanos en el que reclamó la unidad de todas las naciones del continente para oponerse a pagar la deuda externa que ahogaba y mantenía en la pobreza y la dependencia a los ciudadanos.

Si Burkina Faso es el único país que rechaza pagar la deuda, yo no estaré en la próxima conferencia”, dijo. Tres meses después dejó para la historia su famosa frase, “aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas”. Una semana más tarde ya estaba muerto. Hoy, 25 años después, son legión los africanos que no le han olvidado.

(*) Para los interesados en saber más, se puede consultar esta página web obra del más conocido biógrafo de Sankara, Bruno Jaffré, en la que se actualizan todos los artículos que aparecen sobre ex presidente burkinés, inncluidas las campañas de recogida de firmas para que se haga justicia también en español, y es muy recomendable la novela El caso Sankara, (editorial Almuzara, 2006), obra del escritor grancanario Antonio Lozano.

+ Info:

Sankara, la deuda y el fin del tercer mundo. 28ª aniversario del asesinato del líder africano. Huáscar Sologuren, 15 de octubre de 2015

Discurso pronunciado por Thomas Sankara en Uagadugu, 2 de octubre de 1983

Discurso pronunciado por Thomas Sankara el 8 de marzo de 1987 sobre el papel de la mujer en la revolución de Burkina Faso..


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