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Anticapitalistes
  
dilluns 16 de juliol de 2012 | Manuel
GRECIA “Puede ser que una vez considerado el conjunto del programa de Syriza penséis que se trata de un ’reformismo de izquierda’. Eso es una pura abstracción”

ANTONIS DAVANELLOS

[Intervención de Antonis Davanellos, periodista y miembro de la dirección de DEA (Izquierda Internacionalista de Trabajadores), formación integrada en Syriza en el encuentro "Socialismo 2012" organizado por ISO (International Socialist Organization en Chicago, EEUU, el 5/07/2012)]

Voy a comenzar hablando de la crisis y las movilizaciones actuales en Grecia para pasar a continuación a presentar algunos puntos del programa de Syriza y de otros partidos de la izquierda.

En Grecia la crisis se traduce en un fortísimo ataque contra la población junto un impasse sin precedentes para las clases dominantes.

Comencemos por los ataques a población.

Los salarios han disminuido (y hablamos en base a estadísticas oficiales) un 26% a lo largo de los últimos 13 meses. No conozco ningún otro caso similar en Europa. Y cuando doy estos datos, hay que tener en cuenta que en Grecia los salarios no eran muy altos antes de estos recortes y que ya sufrieron otros recortes antes de los últimos 13 meses. Según nuestros cálculos, en estos cuatro años de crisis, la clase obrera ha perdido casi el 50% de sus ingresos reales. Es una perdida enorme. Hay que retroceder mucho en la historia (al periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, durante la República de Weimar en Alemania) para encontrar un ejemplo similar.

Los recortes también han sido muy drásticos en las pensiones, que han sufrido cuatro a lo largo de los últimos tres años. El sistema de pensiones se ha convertido en un verdadero calvario para las personas mayores que no pueden trabajar por disponer de la pensión de jubilación. La cuantía de esta pensión resulta insuficiente para vivir, si no se tienen otros ingresos. En estos momentos, el incremento de la pobreza entre la gente jubilada es un dato relevante.

De todos modos, las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras no dependen solo de los salarios y las pensiones. Los recortes que se han dado en los gastos sociales eran algo verdaderamente inimaginable. Las medidas impuestas por el primer Memorándum firmado por el PASOK conllevaban que 2/3 de los programas de austeridad debían basarse en recortes de los gastos sociales y 1/3 en el incremento de los impuestos directos e indirectos.

He aquí algunos ejemplos que permitan comprender mejor el significado de estas cifras en la vida real. El ministro de Sanidad, Andreas Loverdos (nacido en 1956, antiguo miembro del PC griego que se pasó al PASOK y fue ministro de Trabajo y Protección Social entre octubre de 2009 y septiembre de 2010, y de Salud y Protección Social hasta mayo de 2012) es una de las personas mas odiadas de Grecia. Tras haber desmantelado la Seguridad Social, ha hundido el sistema hospitalario público. Una semana antes de las elecciones declaró que las políticas de su partido implicarían el cierre de 20 grandes hospitales públicos antes de finales de 2013.

La situación en el resto de los hospitales es muy mala, insostenible. Incluso Syriza ha subestimado la gravedad de la situación. De hecho, tras escuchar a los médicos y a las enfermeras, modificamos nuestro programa dando un prioridad mayor al rescate de los hospitales públicos.

En numerosas asambleas de barrio organizadas por Syriza, llegaban médicos y enfermeras con lágrimas en los ojos demandando que hiciéramos algo, que estuviéramos cerca de ellos en los hospitales para decir a la gente que no acuda a los centros aunque se encuentre enferma porque no hay medicamentos ni recursos para atenderles.

Un problema importantísimo en Grecia es la falta de medicamentos. Grecia es un país que fabrica productos farmacéuticos con tecnologías punta; medicamentos muy caros que los capitalistas optan por exportar sin que apenas resten unas pocas, o ninguna, en Grecia.

Conozco un caso que ha sido muy duro para mí porque se trataba de una persona cercana. Durante una asamblea de Syriza en mi barrio, se acercó una pareja (él enseñante, ella en paro), miembros de Synaspismos que contaron lo siguiente: Ella padece cáncer y recibo tratamiento de quimioterapia desde hace tres años. La cuestión es que no puede seguir el tratamiento porque los hospitales públicos no disponen de los medicamentos necesarios. El hospital les ha aconsejado obtener el producto en el mercado libre. Estos productos son muy caros (2.000 euros al mes) y su salario es de 1.000 euros mensuales. De vuelta a casa la pareja se debatía entre comprar los medicamentos o dedicar los recursos a la compra de alimentos para dar de comer a sus hijos.

Solemos citar cifras enormes (miles de millones de recortes por aquí, otros miles de millones por allá…), pero he aquí el significado real de esas cifras. Estamos frente a historias concretas de personas concretas. Y esta situación no solo afecta a las personas con cáncer. Ya no existen productos para atender a los enfermos de diabetes o asma, ni para quienes precisan un tratamiento continuado.

Lo mismo ocurre en las escuelas públicas. Este año los libros se han distribuido tres semanas antes de finalizar el curso, justo cuando iban a comenzar los exámenes. Muchos enseñantes cuentan que en las escuelas primarias hay niños que no logran seguir debidamente el curso porque llevan semanas sin comer debidamente y no pueden concentrarse durante unas horas.

Estos son ejemplos de la vida real en Grecia. Y esto explica mucho las cosas en relación a la política y las perspectivas.

La crisis de traduce también en un impasse de las clases dominantes. Me acuerdo de la crisis en los países de Europa del Este tras la caída de los regímenes estalinistas en 1989. En esa época la contracción económica era del 12% y eso dio paso a los cambios sociopolíticos que conocemos bien.

En el curso de los tres últimos años, sin tomar en cuenta 2012, la economía griega ha conocido una disminución de más del 20% del PIB. La previsión para este años era de una reducción del 6%; sin embargo, poco antes de que yo saliera del país, las previsiones, para el tercer trimestre, eran de una disminución del 9% en relación al mismo período del año pasado.

Junto a esto tenemos el problema de la deuda. La clase dominante sostiene una fórmula que no tiene ningún sentido. Plantea que aplicando gigantescos programas de austeridad y depresión económica durante 10 años, la deuda griega se situará al nivel de lo que fue en 2009. En otros términos, si las cosas van "bien" para ellos, de aquí a 2020 la deuda será exactamente la misma que en 2009. Es decir, según este plan, los sacrificios impuestos a la población desde 2009 no habrán servido para nada.

Las arcas públicas dedican 16 000 millones de euros anuales a pagar el servicio de la deuda. Una deuda de ese volumen no se puede pagar mas que destruyendo la sociedad.

Incluso la prensa plantea la hipótesis de que al final de este proceso lo que se dará será una bancarrota caótica: una salida desordenada del euro bajo el poder actual y futuro de los capitalistas en Grecia. No se si la UE expulsará a Grecia de la zona euro porque Grecia está vinculada al porvenir del euro y el euro está vinculado a Grecia. Estoy convencido de que si estas políticas continúan aplicándose, lo más probable es que se dé una suspensión de pagos y un retorno desordenado al dracma.

El hecho es que los capitalistas griegos prefieren mantenerse en la zona euro y eso, al costo que sea (para la población). Sin embargo, el peligro reside en que tras haber sufrido todas esas medidas de austeridad adoptadas en nombre de "permanecer en la zona euro" -o lo que ellos llaman una "devaluación interna del euro"-, tras ser expulsados de la zona euro estaremos confrontados a otras medidas de austeridad. Esas medidas acarrearán enormes ataques y nuevas devaluación del valor de los bienes de los trabajadores y trabajadoras, de los salarios en el sector público y privado, de las pensiones, el pequeño ahorro, los alquileres…

El antiguo primer ministro, Costas Simities (miembro del PASOK de 1996 a 2004) ha mostrado lo que significaría el retorno al dracma. Cuando Grecia entró en la zona euro, la tasa de cambio era de 340 dracmas/€. Simitis piensa que si Grecia abandona el euro, la tasa de cambio se fijará en 550 dracmas/€. Y que al cabo de una semana, el nuevo dracma conocerá una devaluación del 100% en el mercado de cambio.

No hay que olvidar que en estos momentos, los ricos de Grecia poseen más de 600 000 millones de euros situados en la banca suiza, en Gran Bretaña y en otros paraísos fiscales, como las Islas Caimán. Así pues, podemos imaginar una economía de dos caras: una para los trabajadores, obligados a utilizar el nuevo dracma devaluado y en la otra, los ricos, utilizando los euros acumulados en los paraísos fiscales.

Pasemos a hablar de las resistencias.

La espina dorsal de la resistencia ha sido el movimiento obrero: al inicio huelgas, luego la huelga general de un día, luego nueva oleada de huelgas seguida por una nueva huelga general, ocupaciones, etc.

Acordémonos de cuantas veces que hemos oído que el movimiento obrero estaba muerto. Estamos contentos de que no sea así. Esto es importante para la izquierda, para las corrientes políticas que defienden los intereses de la clases trabajadora y tratan de cambiar la sociedad a través de la movilización. Así pues, la primera cosa que hay que decir es que Grecia nos ha dado numerosos ejemplos de la capacidad de la clase obrera y de sus diversos componentes. Esto es importante si tenemos en cuenta los debates que existen sobre la necesidad de construir un nuevo movimiento o de que otros movimientos puedan adquirir, por sí mismos, la misma centralidad.

El segundo elemento es que esta resistencia se ha extendido al conjunto de la sociedad griega. Nosotros decimos que lo que hacemos es defender el espacio público en Grecia. Esto significa, por ejemplo, que cada hospital público se ha convertido en una fortaleza para la resistencia. No sólo en función de los trabajadores del centro -personal médico, enfermero…-, sino también de las y los pacientes, de sus amigos y de las familias concernidas. Todo el mundo trabaja codo con codo para proteger y salvar los hospitales.

Los hospitales se encuentran en los barrios. Se han creado redes de solidaridad entre ambos. Lo mismo ocurre con las escuelas públicas, las guarderías -que tienen una importancia capital para las familias obreras-. Pero esta redes no sólo se crean en estos entornos, también se crean para la defensa de los parques y otras instalaciones públicas.

Defendemos el espacio público contra las privatizaciones, contra las especulaciones y contra la austeridad.

El tercer elemento que quiero mencionar es que, en estas circunstancias, la organización de la población se refuerza y se extiende. Y no hablo sólo de las organizaciones políticas.

La izquierda impulsó comités de base al inicio de las movilizaciones. Los que más éxito cosecharon fueron los comités "¡Yo no pago!", compuestos por aquella gente que rechaza pagar los impuestos (sobre la vivienda, vinculados a la electricidad…), los peajes de la autopista de Atenas a Salónica… La campaña ha sido todo un éxito y en torno a estos comités se han construido otras campañas.

Esto no fue más que el comienzo. Tras el incremento del movimiento de ocupación de los espacios públicos durante el último año, hemos creado lo que llamamos "asambleas populares", que se reúnen en los barrios. Es una iniciativa muy importante. Al principio sólo estaban impulsadas por Syriza, Antarsya y algunos anarquistas. Ahora tienen un peso considerable. La gente de un barrio se reúne una vez por semana y discuten sobre qué hacer o de las necesidad del barrio o de cómo responder a los fascistas (los neonazis de Alba Dorada que agreden a la gente inmigrante) y otras cuestiones.

Asistimos también a movimientos importantes en el seno de los sindicatos. En proceso electoral que se está dando en las federaciones sindicales, los socialdemócratas (PASOK) y la derecha (Nueva Democracia) pierden posiciones en beneficio de la izquierda. Sin embargo, eso no es suficiente. Por ello, al lado de los sindicatos, se han puesto en pie numerosos comités de base (comités de coordinación de militantes) con el objetivo de ampliar su audiencia y forzarles a salir de su funcionamiento tradicional. Todo esto es muy importante, pero aún sigue siendo insuficiente para responder a los retos que tenemos delante.

El último aspecto a recalcar en torno a las resistencias es que la política es cada vez más importante para la gente. La cuestión del poder (bajo la forma intermedia de gobierno) aparece como el único método a mano para salvar nuestros derechos sociales y laborales elementales.

La gente ha comenzado a comprender que incluso si se tiene un contrato de trabajo en el que se establecer "un salario en función de unas horas de trabajo", para preservar ese derecho es necesario echar abajo el gobierno de derechas. ¿Por qué? Porque la patronal dice: "Yo estoy de acuerdo, pero el gobierno me lo impide, los dos memorandos me lo impiden". De ahí que sea necesario echar abajo el gobierno y los memorandos. Y para hacerlo hay que estar unidos.

Este elemento ha estado presente durante las elecciones. Syriza ha planteado abiertamente la cuestión del poder: la cuestión de quien controla el gobierno, lo que no significa el control del Estado ni el del conjunto de la economía o de la sociedad en general. Pero, en todo caso, supone un primer paso en la politización del pueblo.

Quisiera abordar ahora algunas cuestiones en torno al programa de Syriza. Lo importante es cuáles son las prioridades que plantea Syriza y las discusiones públicas en torno a ellas que suscita el interés por esta coalición de la izquierda radical. He aquí las prioridades más importantes que hacen consenso prácticamente total en el seno de Syriza.

La primera, es la anulación del Memorándum. Muchos partidos de la izquierda han discutido el programa global de Syriza y tienen ideas variadas sobre tal o cual punto pero, para nosotros, lo esencial es concentrarnos sobre la necesidad de anular el Memorándum.

Es sobre esta cuestión que la presión de nuestros enemigos ha sido enorme. Además, en el seno de Syriza algunos planteaban la necesidad de un punto de vista "realista". No se trataba de "traidores". Planteaban que Syriza debía plantearse disponer de un margen de maniobra más amplio. Según ellos, había que decir "no" al Memorándum, pero no que lo anularíamos; que había que manifestarse opuestos al mismo para ganar tiempo y acudir a Bruselas a discutirlo con Angela Merkel y a la vuelta tomar la decisión (en caso de una mayoría electoral o de un gobierno de Syriza).

Pero, hasta el mismo 17 de junio, Syriza se ha mantenido en la línea de anulación del Memorándum. Tres días antes de las elecciones, el líder de la coalición Alexis Tsipras habló delante de un gran mitin de Syriza y declaró abiertamente que "si Syriza gana las elecciones el domingo, el lunes el Memorándum estará muerto". Una declaración que al día siguiente salió en toda la prensa.

La segunda prioridad, es que nosotros queremos poner fin a las políticas de austeridad, pero no mentimos a la gente. En estas circunstancias es fácil decir que los salarios mejorarán de un día para otro porque nosotros así lo queremos. La posición de Syriza no era esa. Nuestra posición era que al día siguiente de nuestra victoria, el salario mínimo y las pensiones mínimas volverían a situarse al nivel que estaban y que, poco a poco, trataríamos de ampliar esos incrementos al conjunto de las pensiones y de los salarios, de manera que se recupera el nivel de lo que habían sido y se pudieran mejorar.

Es necesario comprender que durante dos meses el programa de Syriza era discutido en la TV, en la radio y en los periódicos desde las 6 de la mañana hasta medianoche y la cuestión que se nos planteaba una y otra vez era la siguiente: “¿Dónde vais a encontrar dinero para todo eso?". La respuesta fue simple: "Encontraremos dinero allí donde está" (lo que implica no sólo una política fiscal sino también una recuperación de gigantescas sumas que han escapado al fisco durante años).

La tercera prioridad de Syriza, es que queremos tasar -con fuerza- los beneficios y las riquezas. Esto plantea muchas cuestiones. De entrada, la nacionalización de los bancos. Un objetivo que tiene que ver no sólo con responder a la exigencia de encontrar dinero, sino de proteger a la sociedad, ya que los bancos se han convertido en algo muy, muy peligroso. Todos esos productos financieros que han creado (como los créditos contra las bancarrotas (CDS), que constituyen un "seguro" con el que, por una prima anual, los especuladores se protegen contra una quiebra o una pérdida de valor de los prestamos, generando un mercado especulativo y oscuro), implican que sobre un euro de deuda, los bancos producen cantidades de deuda mucho mayores y al final del día nadie entiende nada.

Hay que poner fin a este circo mediante la nacionalización del sistema bancario, poniéndolo bajo control público y democrático de los trabajadores y trabajadoras, que deberán definir la función social del sistema bancario (ahorro, crédito, centralización, mutualización, etc.).

No es por casualidad, o porque se trate de una prioridad secundaria, que el control de los trabajadores se encuentre en la tercera posición de las prioridades. Actualmente estamos confrontados al hecho de que tras veinte años de políticas neoliberales, los sindicatos han sido destruidos en la banca. Así pues, tenemos que crear la fuerza que permitirá imponer el control de los asalariados y asalariadas. Su control no puede ser decretado desde el gobierno. Lo que tenemos que hacer es organizar al conjunto de las y los asalariados para que puedan ejercer el control en todos sus aspectos.

El otro punto vinculado a las prioridades de Syriza es que una nacionalización semejante -bajo control democrático de los trabajadores y trabajadoras- afectaría a todas las grandes empresas públicas que han sido privatizadas o están bajo la amenaza de serlo, lo que se ha confirmado en los proyectos del nuevo gobierno.

Ahora quiera centrarme en dos cuestiones cruciales en Grecia. La primera se refiere a la deuda. Sobre esta cuestión hemos tenido importantes debates en Syriza. Los miembros de la Izquierda Obrera Internacionalista (DEA) -pero no solamente ellos sino, también, gente de Synaspismos- han defendido que había que anular la deuda de forma inmediata. Al término de estos debates hemos llegados a una fórmula de consenso aceptable.

El compromiso es el siguiente: en una primera etapa, el gobierno de izquierda deberá aplicar el control de la deuda. Después, se deberán anular las partes ilegítimas o fruto de las especulaciones financieras de esta deuda (según nuestras estimaciones, esta parte constituye la mayor parte de la deuda). Para el resto, vamos a exigir un memorándum en torno a su pago. Y si los prestamistas no aceptan este memorándum, decidiremos cesar el pago de forma unilateral de toda la deuda. Fue una solución a medio camino, pero al mismo tiempo fuer un compromiso que permite conservar la unidad de la coalición.

La otra cuestión hace referencia al euro. Ya he comentado el temor de la gente ante una bancarrota desordenada y la vuelta al dracma. Nuestra posición era que no íbamos a impulsar la salida del euro. Era nuestro punto de partida. El segundo era que no aceptaríamos ningún sacrificio por el euro. El tercero que apoyaríamos cualquier iniciativa adoptada por la izquierda y el movimiento obrero europeo contra la austeridad implantada por las clases dominantes y sus gobiernos en nombre de la "defensa de la zona euro" y de su "competitividad".

Puede ser que una vez considerado el conjunto del programa, y al igual que algunas organizaciones de izquierda en Grecia, penséis que se trata de un "reformismo de izquierda". Eso es una pura abstracción. Desde mi punto de vista, en las circunstancias actuales de la Grecia, se trata de un programa transitorio.

Voy a centrarme en esta cuestión. ¿Qué es un programa transitorio? A veces nos encontramos entre organizaciones de la izquierda revolucionaria que compiten a la hora de reivindicar reivindicaciones más avanzadas en dirección al socialismo como si eso formara parte de un programa de transición. Sin embargo, eso no tiene nada que ver con el programa de transición. Si las cosas se plantean así, todo se resuelve con una consigna: "todo el poder a los soviets". Pero estoy convencido que siempre habrá alguien que encontrará una reivindicación aún más radical.

El programa de transición implica partir de la realidad existente, plantear reivindicaciones que hagan consenso entre una parte importante de la población que está dispuesta a movilizarse por ellas. Será a través de la experiencia en la lucha que esa misma gente podrá ir más lejos, avanzando nuevas reivindicaciones hacia la confrontación frontal con el enemigo.

Para terminar, unas palabras sobre otras organizaciones de izquierda.

El Partido Comunista Griego (KKE). Existe una convicción compartida en que el KKE se sitúa a la izquierda de Syriza, pero no es cierto. Es cierto que el KKE organiza importantes sectores de trabajadores en el sector privado; pero también lo es que se asemeja bastante a lo que fue el PC francés a principios de los 60: un partido estalinista duro, un partido reformista duro y un partido muy conservador.

Voy a dar dos ejemplos para mostrar hasta qué punto el KKE es un partido conservador.

En año 2008 hubo una revuelta protagonizada por la juventud tras el asesinato de un joven estudiante por la policía en Atenas. Durante un mes, no había noche en la que no ardiera un banco en Atenas. Cada día, masivas manifestaciones pacíficas de estudiantes de secundaria y universidad defendían las "protestas nocturnas". Estas dos dimensiones caracterizaron la dinámica y la amplitud de la movilización estudiantil. Desde el principio el KKE acusó a Syriza de proteger al Black Block y, luego, acusó a la policía de no intervenir a tiempo para arrestar a los incendiarios. Una actitud clásica de radicalismo verbal y de "conformismo" institucional.

El segundo ejemplo se ha dado durante las elecciones. El KKE decía a la gente que no creyera a Syriza, porque era imposible tener un gobierno de izquierda, que era imposible anular el Memorándum, que Syriza no contaba más que mentiras y que no había que creerles.

Durante las elecciones del 6 de mayo, el KKE obtuvo el 8% de votos. Acto seguido, el partido decidió que su consigna para las elecciones de junio sería llamar a la clase obrera a no votar por Syriza, a cambiar el voto. Les decía: "habéis votado a Syriza, sois unos irresponsables, cambiad el voto, apoyadnos". La única consigna del KKE era "cambiad el voto", que al final se convirtió en una realidad: el KKE perdió la mitad de su electorado quedando reducido al 4% en el Parlamento.

Todo un varapalo de la clase obrera para el KKE. Hay movimiento en el interior del partido, pero ya veremos dónde terminan. El aparato del KKE tiene una gran experiencia en lo que se refiere a gestionar las crisis internas cerrando filas en torno a un lema: "todo el mundo (la izquierda, la derecha) nos ataca". Además parece que algunos miembros de la dirección van a ser expulsados.

Finalmente, voy a referirme a Antarsya (la coalición anticapitalista). Los camaradas de esta coalición han cometido un gran error sectario. Tras las elecciones del 6 de mayo Syriza les realizó una propuesta muy generosa: participar en un frente electoral común en las elecciones del 17 de junio garantizándoles su visibilidad, su completa independencia y cuatro puestos en el parlamento, que se correspondía a lo que ellos hubieran obtenido el 6 de mayo si no existiera el límite del 3% para entrar en el parlamento. Ellos rechazaron la propuesta.

En las elecciones del 17 de junio perdieron tres de cada cuatro electores del 6 de mayo. También han sido sancionados.

Esto es, en forma sintética, la situación en la que estamos en Grecia. Y es en este contexto en el que tratamos de construir una verdadera fuerza de izquierda radical.

5/07/2012

http://alencontre.org/europe/grece-...

Font i traducció: VIENTO SUR

Foto: Stournaras, le ministre des privatisations


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