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dilluns 28 de maig de 2012 | Manuel
Grecia: ¿Hacia un gobierno de ruptura? Entrevista a Dimitris Hilaris (OKDE-Spartakos)


[En vísperas de las elecciones del 6 de mayo, el ministro de finanzas de Alemania, emplazaba a los griegos a elegir una mayoría que respetara "los compromisos adquiridos con los acreedores internacionales por la actual coalición gubernamental" (la del PASOK y Nueva Democracia). Asunto perdido, puesto que más del 65% de los griegos han votado contra los diktats de la Unión Europea, del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional. El de mayo se abrió un nuevo período en Atenas. Para hablar de él, hemos estado con Dimitris Hilaris].

Dimitris, ¿un primer balance del voto del 6 de mayo?

Hay que destacar tres hechos importantes. Primero, el resultado del 6 de mayo es una enorme desautorización de la Troika. Es un voto contra la austeridad que nos está impuesta, es la conclusión de las movilizaciones de estos últimos meses. Luego, hay que subrayar que por primera vez desde la caída de la dictadura, no es el PASOK quien recibe la mayoría de los votos de las clases populares, sino las fuerzas a la izquierda de la socialdemocracia. Syriza, la coalición de la izquierda radical, el Partido Comunista y la coalición de la izquierda anticapitalista, Antarsya, recogen juntos casi el 30% de los votos. Si se añaden los Verdes, se roza el 35%. Decididamente, asistimos a un cambio del comportamiento electoral de los asalariados.

¿Y el tercer hecho importante?

Deriva de lo que precede. Es la polarización de la vida política, tanto en la izquierda como en la derecha. En el momento en que los partidos de la austeridad se hunden, es la izquierda radical quien polariza los debates de un lado del tablero, son los nazis los que tienen éxito en la derecha...

Justamente, han logrado un 7%. Es enorme ¿no?

El 7% es solo el partido Amanecer Dorado. Hay que sumar a su resultado el de otros dos pequeños partidos de extrema derecha. Si, hay una izquierda radical que emerge, pero también una derecha radical.

¿Las clases medias que se inclinan por las soluciones autoritarias?

En mi opinión, los votos de la derecha extrema vienen de tres categorías: estudiantes que han sido trabajados por la intervención de la extrema derecha en las facultades, una parte de la derecha "social" que no cree ya en la derecha conservadora sometida a la Troika y finalmente decepcionados del PASOK, pero también del partido comunista, el KKE, para quienes el voto a la extrema derecha toma una lógica antisistema. Han sido 500.000 los que han votado por ellos, pero no es aún un electorado estabilizado, fidelizado. Probablemente, en las próximas elecciones del 17 de junio, retrocedan.Pero es casi seguro que entrarán en el parlamento puesto que les basta el 3%.

Algunos han trazado semejanzas entre la situación actual en Grecia y la república de Weimar que fue el preludio de la llegada de Hitler...

La comparación debe ser hecha con mucha prudencia. No salimos hoy de casi cinco años de guerra. Y no tenemos, al contrario de la Alemania de los años 1919 a 1923, una situación económica tan desastrosa. Además, contrariamente a entonces, no hay en Grecia una actividad de los grupos paramilitares como la que existía en 1919, por ejemplo... Hay una dinámica análoga, pero... prudencia.

¿Y Syriza, la coalición de la izquierda radical, antiliberal, fundada en 2004?

Es el partido que ha sabido capitalizar la dinámica de los movimientos en curso, que ha hecho estallar la hegemonía del PASOK y del partido Nueva Democracia. Syriza ha sabido sintonizar con la gente. Mientras el KKE soñaba con paraísos lejanos y nosotros, de la coalición Antarsya, nos quedábamos en gran medida a nivel propagandista, Syriza ha sabido dar una salida creíble a la situación, a través de la consigna de un gobierno de izquierdas. Al mismo tiempo, sus respuestas son a menudo confusas: bajo presión, los dirigentes de Syriza caen en la cacofonía. Algunos pretenden que abolirán unilateralmente la deuda y los acuerdos con la Troika. Otros, más prudentes, ponen en el puesto de mando el mantenimiento en Europa. La situación es complicada pero hay que abordarla sin sectarismo.

¿Es decir?

Nosotros, coalición de fuerzas anticapitalistas, debemos participar en ese debate. Syriza, que puede claramente reforzarse en las elecciones del 17 de junio, deberá probablemente aliarse a otros para gobernar. Pero un hecho está ahí, algo nuevo, la hipótesis de un gobierno de izquierdas. Esta cuestión debe bajar de la cabeza de los partidos al movimiento social.

Hay dos condiciones para la creación de un gobierno de izquierdas: un programa político de ruptura con la Troika, que anule la deuda y los memorandos, a riesgo de hacerse excluir de Europa. Y luego, la transferencia del poder hacia abajo. Un gobierno de izquierdas no puede representar los intereses de los y las de abajo más que en la medida en que éstos y éstas tienen el poder. Es necesaria por tanto una transferencia de competencias, de poderes, hacia las asambleas populares. Sería la primera tarea de un gobierno de izquierdas, la de convocar una constituyente nacional de las asambleas populares.

23/05/2012

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR


Grecia: El péndulo

Manos Skoufoglou (militante de OKDE-Spartakus y de Antarsya), 7/6/2012

1. Suele ser cierto que se da un retraso entre la lucha real de los sectores activos de la clase y su traslado al terreno electoral. Sin embargo, las recientes elecciones en Grecia muestran una imagen de futuro: una colisión frontal de dos campos político-sociales. La izquierda y la extrema derecha. No sólo por el ascenso del partido neonazi Aurora Dorada, sino también por la parte no económica del programa de los Griegos Independientes (una escisión de Nueva Democracia que se posiciona en contra del memorándum y acepta el programa económico de Syriza), así como por el giro hacia la derecha de Nueva Democracia (ND, los cristiano-demócratas). Para la clase trabajadora, el período que se abre podría resumirse en la fórmula: grandes oportunidades, grandes peligros.

2. En esta confrontación, la izquierda tiene ventaja por ahora debido al asenso de Syriza y también al peso del Partido Comunista –que a pesar de su incapacidad para beneficiarse del mayor giro a la izquierda de los últimos treinta años, permanece como un partido con una notable influencia entre la clase trabajadora y, lo que es más importante, con una vasta militancia organizada-. Sin esta adhesión de sus bases, habría sufrido aún más la tendencia ascendente de Syriza. Sin embargo, el peso de la izquierda, aunque es históricamente sorprendente, es muy frágil. El crecimiento electoral de Syriza es desproporcionado en relación al aumento de su militancia. Refleja, principalmente, la desafección colectiva al tradicional bipartidismo (ND y PASOK). Este fenómeno no es cualitativamente diferente del despegue electoral de la Izquierda Democrática (DIMAR) de Kouvelis en febrero. Es, en resumen, sorprendente.

3. El liderazgo político de la izquierda se debe a la legitimidad moral resultado de sus luchas y su oportuna oposición al memorándum. Parece tener la aprobación de algunos estratos sociales y un sector de los trabajadores que no necesariamente están de acuerdo con su programa, pero quieren alguien que aplique una política contraria al memorándum. Sin embargo, si se mira sobriamente, la izquierda no ha dejado de ser minoría, ciertamente poderosa, pero aún minoría. Se dá un fenómeno bizantino: dos tercios de la población se oponen al memorándum, pero sólo un tercio apoya a la izquierda. Asumir que el resto de los partidos que se proclamaron en contra del memorando (Los Griegos Independientes, Los Verdes, la extrema derecha) lo hicieron deshonestamente es un sin sentido, porque no importan sus intenciones reales (que creo debemos tomar literalmente), han recibido los votos por sus declaraciones y no por lo que posiblemente pensaban para sus adentros.

Probablemente haya dos razones para este fenómeno. En primer lugar, una gran parte de la clase trabajadora aún no está convencida de que el memorando es algo más que una consecuencia de la corrupción de los políticos o/y su pasividad frente (las políticas) europeas. En otras palabras, aún no lo han asociado con su contenido de clase y con la crisis capitalista. La contribución de la izquierda parlamentaria en ese sentido ha sido escasa, ya que se han limitado (especialmente Syriza y Dimar) a una retórica electoral anti-memorandum, con sólo un vago carácter clasista. En segundo lugar, hay una facción de la burguesía griega que ahora se opone al memorándum. Kammenos, presidente de los Independientes, y Kyrtsos, un conocido editor de un periódico burgués que ha liderado la candidatura de la agrupación de extrema derecha LAOS (Alarma Popular Ortodoxa), representan esa facción. También es probable que una parte de la burguesía griega cuente con Tsipras, como hizo con el PASOK en los primeros 80. También está el ejemplo de Tragas, un reportero y editor de derechas famoso, que habla a favor de Syriza.

4. Esto no significa que el éxito de Syriza sea bien recibido por la burguesía. No, es una derrota para ellos. La burguesía se encuentra en un callejón sin salida. En primer lugar, se subdivide en diferentes estrategias que corresponden a facciones opuestas del capital. Este es el motivo por el que la principal lucha de Samaras tras las elecciones ha sido “la reunificación de un frente de derechas pro-europeo”, con algunos resultados -aunque aún no satisfactorios (en lo que le concierne)-. En segundo lugar, se está disipando su hegemonía. No son convincentes. Sin embargo, lo que es particularmente diferente de las últimas elecciones (del 6 de mayo) es que no han logrado persuadir a la gente, no sólo porque no funcionó su chantaje, sino también porque su vínculo político económico fundamental con los trabajadores y, sobre todo, con la clase media mediante el “contrato social” informal que solían renovar periódicamente, está profundamente agrietado. La complejidad de la pequeña propiedad y su conexión individual con el poder por mediación de los políticos -en pocas palabras, el mecanismo griego de la compra de la conciencia- ya no funciona. Quizá esta ramificación no se ha cortado todavía, pero está gangrenada y puede ser definitivamente extirpada. Esto crea un nuevo potencial para derrocar el poder burgués.

5. La clase burguesa tiene dos opciones, ambas difíciles. La primera, aceptar un compromiso temporal, incluso dejando que la izquierda se exponga a la gestión del sistema. Sin embargo, esto conlleva el peligro de que la confianza de los trabajadores y su combatividad aumenten en el corto plazo. La segunda es algún tipo de bonapartismo burgués salvaje –si los trabajadores no pueden ser controlados por (relativamente) buenos medios, lo serán por las malas-. Lamentablemente, ni el fascismo ni una dictadura son eventualidades que podamos excluir del futuro. Sin embargo, también significan serios problemas para la burguesía. No están preparados para algo así. En consecuencia, su primera opción será el regreso a la normalidad mediante la colaboración de clases.

6. Pero las organizaciones de los trabajadores no están preparadas para acontecimientos radicalmente diferentes. El ascenso electoral de la izquierda y las crestas de la oleada de luchas no están sincronizados. El liderazgo pots-electoral de la izquierda reformista coincide con una pausa del movimiento. En consecuencia, no podemos contar con su apoyo inmediato, o la presión de nuevas asambleas masivas, huelgas, manifestaciones, etc. Justo cuando la izquierda tiene el mayor poder objetivo para poner en jaque el poder político del capital, la clase obrera no se cuestiona directamente su poder económico. Los trabajadores no ven a la izquierda como el brazo político de su propia lucha de clases, como un elemento en el que “invertir” sus esperanzas. “Tsipras, para que algo pueda cambiar”. Respecto a la función de esto en la conciencia social no es muy diferente de “Amanecer Dorado, para poder patear algunos culos en el Parlamento”.

7. Un paréntesis: puedo aceptar que hay quien no sabe lo que es Amanecer Dorado y por eso les votaron. Pero, por desgracia, el problema es que la mayoría sabían muy bien lo que son y por eso le votaron. La indiferencia no es una excusa, es en sí misma un ingrediente del fascismo. El malentendido o el engaño, la “falsa conciencia” de la realidad, no es la característica principal, igual que no lo es de los fenómenos políticos en general, porque es un ingrediente material inseparable de la realidad misma. Las relaciones materiales del período capitalista son lo que son sólo en combinación con las formas en las que se reflejan en la conciencia del período, y que no podrían subsistir en la realidad material sin esas formas de la conciencia, como dijo Karl Korsch. Aquí, la realidad y la conciencia coinciden, lo que significa que enfrentar el fascismo es un problema mucho más complejo que informar simplemente a la gente acerca de los crímenes de los neonazis.

8. La popularidad del parlamentarismo se está hundiendo, si se me permite usar los términos de las encuestas. Es revelador que en las elecciones más importantes de las últimas tres décadas no creciera de manera significativa la participación. También es destacable que las encuestas tras las elecciones mostraran que una gran mayoría, metafísicamente llamada “opinión pública”, no quería una nueva ronda electoral, sino que prefería que se alcanzara un acuerdo para un gobierno de coalición. Obviamente, ¡esto no podría suceder sin los partidos que habían sido tan duramente castigados en las urnas! Hay una paradoja más; poco después de las elecciones, mucha gente quería ver a Syriza como primer partido, como mostraron algunas encuestas, pero al mismo tiempo, nadie tenía prisa en hacerlo realidad - no querían una nueva convocatoria electoral-. Esto significa que hay pocas esperanzas en el terreno electoral. La indiferencia o el odio hacia el parlamentarismo, sin embargo, no traeran los rasgos progresistas que los anarquistas esperan. El problema sobre la decepción popular acerca de la democracia parlamentaria es que no es una decepción sólo con el parlamentarismo, sino tambiénmocracia. Mientras no surjan estructuras de autogobierno que unan el anti-parlamentarismo a la esperanza revolucionaria, el fascismo recogerá la desesperación pequeño-burguesa, como decía Trotsky. Stohos, un periódico fascista, escribió en primera plana sin ningún tipo de autocensura: “la solución no vendrá con las elecciones, sino desde el cuartel general del ejército”.

9. En medio de este tira y afloja, es realista que un gobierno de izquierda, o con la participación de la izquierda, pueda jugar algún papel destacado. El segundo caso, un gobierno de colaboración de clases clásico, sería tan desastroso, obviamente, que es una pérdida de tiempo entrar a analizarlo. Sólo tenemos que recordar que Syriza no es, en principio, contraria a formar un gobierno tal, como prueba su forma de dirigirse a los Independientes Griegos a su derecha antes y después de las elecciones. Su eslogan es “un gobierno de coalición, con las fuerzas de izquierda en su centro”. Pero, ¿qué pasa con el gobierno de la izquierda, o mejor, con La Izquierda? (la mayúscula tiene importancia, como veremos más adelante). Está claro que no podemos ser indiferentes a la victoria parcial (porque, por supuesto, sabemos que las cosas no cambiarán realmente mediante el voto) pero aún importante, que supondría de inmediato un gobierno de izquierdas liderado por Syriza. Por encima de todo, sería una venganza histórica contra la derecha. Analizando más sobriamente nos damos cuenta de que las consecuencias de tal gobierno en el proyecto de liberación del proletariado no son tan certeras. En la historia encontramos ejemplos de gobiernos de izquierda beneficiosos para el desarrollo de los procesos revolucionarios (por ejemplo Nicaragua o Chile, a pesar de sus límites) y al menos otros tantos que sirvieron para la conciliación o directamente la represión de los procesos (como ocurrió en Alemania tras la Primera Guerra Mundial y en Francia e Italia tras la Segunda). Un gobierno reformista de izquierdas es un péndulo que, dependiendo de las presiones a las que está sometido, se inclinará hacia posiciones progresistas o reaccionarias. Cuanto más fuerte se tire hacia un lado, tanto más fuerte oscilará hacia el contrario si se suelta. Si un gobierno de este tipo se escapa de quienes tiran de él hacia la izquierda, entonces “que Dios nos ayude”. La izquierda es La Izquierda sólo a los ojos de quienes son tradicionalmente de izquierdas, lo que significa que tiene fuerza moral con mayúsculas sólo para ellos. En caso de un fracaso o una traición de un gobierno de izquierdas, el resto puede quedar profundamente decepcionado y convencido de que “todos son iguales”. Y que nos ampare la fortuna entonces, porque los únicos que “no serán lo mismo” serán los mercenarios pretorianos de Amanecer Dorado.

10. Un gobierno de izquierdas es, sin duda, mejor para el movimiento que un gobierno de derechas, pero esto tiene que considerarse a escala histórica. La maduración de las condiciones objetivas y, sobre todo, de las subjetivas para la revolución no es un proceso acumulativo. Tenemos que evaluar la perspectiva de un gobierno de izquierdas con este criterio y, por el momento, no se pueden trazar perspectivas con certeza. Es cierto que un gobierno popular de Syriza aumentaría la confianza de los trabajadores en sí mismos a corto plazo. Por otra parte, no hay mucho que decir sobre su programa: está a la derecha del programa del PASOK cuando llegó al poder en 1981. El PASOK, al menos, llevó a cabo a continuación algunas nacionalizaciones de las grandes empresas. En Syriza también se hablaba de ciertas nacionalizaciones antes de las elecciones del 6 de mayo, pero se han excluido completamente de su “plan de emergencia”, y de las condiciones planteadas a los posibles aliados para formar gobierno. Ahora que sólo mencionan un “control público” de la banca que ha sido ya generosamente financiada por el estado, incluso esto parece rebajarse en la agenda de Tsipras, que se presenta dispuesto a comprometerse a “hacer todo lo posible para que el país se mantenga en la eurozona”. Este compromiso político parece ser necesario para dar cabida a los ex miembros de la burocracia del PASOK que han entrado o van a entrar en las filas de Syriza (como Katseli, ministro de economía y más tarde colaborador del plan de ajuste de Papadreu, o Kotsakas, también ex ministro y estrecho colaborador de Tsohatzopoulus, actualmente en prisión por corrupto). El estado actual de impasse del movimiento de masas, así como la continua necesidad de negociar con DIMAR y/o PASOK restringen severamente el potencial progresista que un gobierno encabezado por Syriza tendría. Por eso, no creemos que nuestra principal consigna en el próximo período deba ser “un gobierno de la izquierda”, aunque no seamos indiferentes a esa perspectiva. Por supuesto no depende de nosotros (OKDE y Antarsya) si ese gobierno surge o no. Lo que nos corresponde es, en caso de que realmente surja, tirar del péndulo de la lucha de clases a la izquierda, en apoyo a las medidas progresistas y las nuevas demandas de los trabajadores, oponiéndonos a las medidas reaccionarias.

11. Indudablemente, la reorientación de cierta militancia hacia un gobierno de izquierdas como una supuesta salida inmediata es en parte el reflejo del miedo y la repulsa que sentimos ante la momia del fascismo. No es del todo cierto, aunque pudiese ser reconfortante, que un gobierno tal pudiera ser una barrera efectiva ante el fascismo. Tengamos en cuenta que, en la mayoría de los casos en que el fascismo se impuso en la historia, lo hizo después de la derrota o degeneración de gobiernos de izquierdas o gobiernos progresistas con participación de la izquierda. Hay un ejemplo reciente en Grecia: Kaminis, un socialdemócrata de izquierdas y actual alcalde de Atenas, ha recibido el apoyo de una parte de la izquierda (en primera o segunda ronda) para frenar el auge de Amanecer Dorado, que consiguió el 5,3% de los votos en ese momento (2010). ¿Ha funcionado? Un año y medio después, los neonazis casi han duplicado su porcentaje en Atenas.

12. Obteniendo un 1,2% Antarsya no ha fracasado en las elecciones, si consideramos que en las parlamentarias de 2009 consiguió el 0,36%, siendo en esos momentos el mejor resultado obtenido por los anti-capitalistas. Este resultado del 6 de mayo está por debajo del potencial en un período como este, aunque las presiones que hemos sufrido por el “voto útil” para Syriza pueden ser una excusa lógica. En cualquier caso, sería erróneo asumir que mantener una candidatura autónoma de Antarsya fue una equivocación. No hay una diferencia esencial de criterio para evaluar esa decisión tras las elecciones del que había previamente a las mismas, ya que el propósito de la candidatura de Antarsya fue (o debería haber sido) construirse como organización, estabilizar la relación con su militancia, propagar su programa, etc. Si queremos hacer un balance adecuado, no podemos hablar sólo de porcentajes, números, cifras y tasas, sino también de hechos más importantes respecto a la lucha de clases, por ejemplo que hemos afiliado durante la campaña al presidente del sindicato del metro de Atenas. La razón de mantener la independencia era más profunda que la estimación de que no se obtendrían suficientes escaños para formar un hipotético gobierno de izquierdas.

13. Concluyendo: los resultados electorales del 6 de mayo son un temblor dentro de un seísmo político. Se revela y expande la profunda brecha que ha abierto un potencial verdaderamente revolucionario –no para un futuro indeterminado, sino para el período-. La profundidad de esta brecha causa vértigo y miedo, incluso a nosotros, -incluso a mí -. Un abismo puede ocultar lo mejor o lo peor, y acentuar las contradicciones hasta el punto de ebullición ha sido siempre un proyecto peligroso. Mucho más peligroso que la solución suave y progresiva de un gobierno de izquierdas. Pero si verdaderamente creemos que la revolución es aún una posibilidad real, lo primero que debemos hacer ese arriesgarnos a acentuar las contradicciones políticas y sociales.

Vamos a recapitular, volviendo al péndulo:

1. El conflicto entre izquierda y derecha se corresponde en última instancia con el conflicto entre burguesía y clase trabajadora. “En última instancia” no siempre significa “directa o visiblemente”. Lo que nosotros (OKDE, Antarsya, los comunistas revolucionarios) debemos hacer es mostrar esa conexión a la vanguardia. Esto significa: inmedia vuelta a las calles para la acción (huelgas, ocupaciones, etc) pero también para manifestaciones políticas –contra gobiernos de colaboración de clases, por la retirada inmediata del memorando y la cancelación de la deuda pública o bajo la bandera de cualquier otra demanda política que se necesite-. Este debería ser nuestro papel, tanto antes como después de las elecciones, no como una forma de “pescar votos”.

2. La unidad entre los trabajadores autóctonos y los migrantes es una prioridad que Suyriza está dejando de lado para no asustar a parte del electorado. Es ilustrativo que la reacción del alcalde de Patras al reciente progromo racista contra los inmigrantes fue pedir más patrullas policiales contra la inmigración ilegal (¡el alcalde tuvo en su día el apoyo de Syriza!). En ese sentido, no es suficiente (aunque sí útil) la propaganda de la solidaridad. Debemos demostrar en la práctica que los intereses de los trabajadores griegos y de los extranjeros son los mismos (a pesar de que estos últimos a veces son oprimidos por los primeros). Eso significa movilizar a esa parte invisible de la clase obrera: los propios inmigrantes. Su lucha mostrará que tenemos un enemigo común, la patronal. Al mismo tiempo que esto podría mejorar sus derechos y sus condiciones de vida, debilitaría las tensiones intra-clase entre trabajadores. En la práctica, centrarse más en la inmigración. Además, sería mucho más eficaz para frenar al fascismo.

3. Antarsya es ahora lo suficientemente grande y visible para proponer un verdadero frente único de la clase obrera con su sentido original, ni como una coalición electoral o un elemento adjunto del reformismo, ni como la mera coincidencia en las luchas. Tenemos que proponer un claro, explícito y público acuerdo de acción común, que debería incluir a los partidos de izquierda (CPG/KKE, SYRIZA), las organizaciones comunistas extra-parlamentarias, los grupos anarquistas, colectivos, sindicatos… No necesitamos y no podemos tener un programa común, pero podemos coincidir en 5 o 6 puntos: autodefensa común contra los neonazis y acción conjunta antifascista, organización común de las huelgas, ocupaciones y toma bajo control obrero de empresas que cierran, participación conjunta en asambleas o comités en los lugares de trabajo y los barrios, campañas de solidaridad internacional. Una propuesta así es lo que necesitamos con urgencia, no un virtual consenso gubernamental que es inviable - por tanto, meramente propagandístico- y no necesariamente relevante para el frente único.

4. El programa de transición que describimos es un contrapeso suficiente al proyecto reformista de un hipotético, y probable, gobierno de izquierdas. Sin embargo, no es lo suficientemente concreto aún. Tenemos que demostrar que una alternativa revolucionaria podría llevarse a cabo. Esto es indispensable para convencer frente a los argumentos posibilistas a los que Syriza parece empezar a sucumbir - incluso predicar –, que el rechazo unilateral del memorando supondría el aislamiento internacional, que la expropiación a la banca provocaría la retirada de miembros del gobierno. Tenemos que estudiar otros ejemplos históricos y luchas de los explotados y oprimidos: las medidas revolucionarias en Rusia, Cuba o China, la autogestión en Argelia y América Latina, etc., incluso las medidas progresistas aplicadas por Chávez. Todo ello con el fin de plasmar en nuestra conciencia el auténtico potencial de la utopía. ¿Cómo puede la solidaridad internacional eliminar en la práctica las presiones infligidas por la burguesía internacional? ¿Cómo conseguir expropiaciones sin indemnización sin provocar un colapso? ¿Qué es exactamente el control obrero y cómo funciona? Esta última cuestión en particular es un elemento clave para mostrar la diferencia esencial entre un gobierno radical de izquierda y un gobierno revolucionario de los trabajadores.

5. La UE y la unión monetaria se están convirtiendo en cuestiones cruciales en un sentido fundamental: que una moneda, un concepto de mercado anónimo, una fuerza mística y fetiche es utilizada para sembrar el terror, y poner un límite a las demandas, y por tanto las propias necesidades, de los oprimidos. Syriza acepta totalmente este chantaje, facilitando que la burguesía cambie las verdaderas divisiones: clase obrera frente a capital, izquierda frente a derecha, memorándum frente anti-memorandum, reducidas a una cuestión de pro-europeos frente anti-europeístas. “La orientación hacia Europa” se convierte en un juramento de lealtad al sistema. Syriza toma este juramento justo en el momento que la eurozona y la moneda común son más que nunca un mecanismo del capitalismo para imponer su austeridad. Nuestra tarea no consiste en tratar de demostrar con criterios capitalistas de economía política que una moneda nacional es mejor, sino explicar y proclamar que es factible, incluso deseable, blandir esa espada sobre nuestras cabezas.

6. El último punto de este balance del péndulo depende de las condiciones objetivas, pero se decide finalmente por las condiciones subjetivas. Necesitamos más que nunca poderosas organizaciones políticas colectivas en las arenas movedizas de la conciencia social. Estoy hablando de partidos revolucionarios. Incluso si ha habido, bajo determinadas circunstancias históricas, revoluciones victoriosas dirigidas por partidos que no eran suficientemente o conscientemente revolucionarios (Cuba, China), no hay situación revolucionaria que se resuelva de manera revolucionaria en la ausencia de partidos independientes de los trabajadores, a la izquierda y en confrontación con un gobierno reformista de izquierdas. Así pues, esas entidades son una condición indispensable para un proceso revolucionario exitoso. Por otro lado, son también una condición fundamental para resistir un desarrollo rápido de la extrema derecha si fallara una hipotética administración de izquierdas. En Grecia estimamos que la creación de un partido tal depende principalmente del desarrollo de Antarsya (en su conjunto, o más probablemente, a través de escisiones y fusiones con otras corrientes). Es, por tanto, crucial que Antarsya exista como una entidad autónoma.

Paradójicamente, no importa el descrédito electoral, las estructuras de los sujetos políticos se convierten en tal participando en las elecciones. Si no concurres, las masas piensan que no existes. Esto no es necesariamente bueno, pero es aún así. Antarsya logró evolucionar de un foro de izquierda extra-parlamentaria a una corriente visible y real en la clase obrera no sólo por su papel de liderazgo en las luchas, sino también por las campañas electorales. Es probable que Antarsya no obtenga un buen resultado en los comicios del 17 de junio. Sin embargo, creo que si no se presenta de forma independiente, tendría un problema para la continuidad de su propia existencia. Lo que está en juego no es la credibilidad de Antarsya en general, sino preservar la unidad de sus 3000 o más militantes de vanguardia. De lo contrario, enfrentamos el peligro de perder lo que hemos acumulado durante años de duro trabajo. Las elecciones pueden llegar a ser una tarea amarga, pero hay que llevarla a cabo.

7. Hay otra razón por la que soy extremadamente escéptico sobre una colaboración electoral o la petición de un voto “crítico” para Syriza, aunque es innegable que tal propuesta tiene argumentos justos. Todos los votos valen lo mismo en unos comicios. Está comprobado que hay pocas ilusiones más ilusas que pensar que se puede apoyar un partido sin ilusión alguna. Por ilusión aquí nos referimos a la influencia que se supone a un partido sólo por la credibilidad que le confieren sus apoyos. Creo firmemente que Antarsya, a pesar de sus errores burocráticos, presiona a Syriza desde el exterior mucho más eficazmente que las organizaciones anticapitalistas que han participado en su “recomposición” o practican entrismo en la coalición. ¿Cuáles son las organizaciones determinantes sobre Tsipras tras las elecciones? El Pasok puede ofrecer información acerca de desilusiones pasadas que han costado mucho al trostkysmo: el concepto de que el reformismo puede cambiar de rumbo, o al menos, desacreditarse a los ojos de sus seguidores mediante la actividad interna y la presión de grupos de revolucionarios a sus direcciones burócratas. Es paradójico que una corriente que nació tratando de construir partidos verdaderamente revolucionarios, en lugar de los tradicionales degenerados, a menudo ha infravalorado la importancia de la autonomía de los partidos revolucionarios- no hablo tanto del programa, como sobre la dolorosa tarea de organizarlo como un sujeto colectivo diferenciado.

Se podría pensar que todo esto no son más que palabras. Pero la teoría, las palabras son lo mismo que la práctica: un aspecto de la realidad, no menos “real” que lo que acostumbramos a llamar “material”. Citando a Marx: “no permanecen fuera del mundo, como tampoco el cerebro de un hombre está fuera del mismo porque no se encuentre en su estómago”.

Traducción: Rocío Cruz


Elecciones legislativas en Grecia. Syriza presenta un adelanto de su programa económico

Prensa Latina / Rebelion 31/5/2012

La Coalición de Izquierda Radical (Syriza) adelantó ayer en Atenas las líneas de su programa económico de cara a las elecciones legislativas que tendrán lugar en el país el próximo 17 de junio.

Entre sus propuestas más destacadas se encuentran el fin de las privatizaciones de las empresas públicas, la nacionalización de los bancos y de la antigua empresa estatal de telecomunicaciones (OTE), el aumento gradual de salarios y pensiones y un nuevo sistema tributario.

Pese a que la presentación pública del programa electoral tendrá lugar el próximo viernes, Syriza explicó algunos detalles en materia económica para tratar de contrarrestar la feroz campaña que desde los medios de comunicación se está llevando contra la coalición de izquierda.

La formación mostró como prioritario la recuperación por parte del Estado de los sectores económicos estratégicos (energía, telecomunicaciones, ferrocarriles, puertos y aeropuertos), así como poner punto final o revertir la privatización de las empresas públicas.

En materia tributaria Syriza planificó un nuevo sistema impositivo basado en la justicia social, el desarrollo y la reconstrucción del tejido productivo, cuyo principal objetivo será la lucha contra la evasión fiscal y la economía sumergida.

La coalición contempla la recapitalización de los bancos que lo necesiten, pero ello acarreará el cambio en la titularidad de los mismos pasando a ser bancos públicos, y como tales herramientas para el "desarrollo y creación de una política de financiación que satisfaga las necesidades sociales".

En la medida que su estrategia política contribuya a la recuperación y la reconstrucción de la economía griega, se incrementaran gradualmente los salarios y pensiones que durante el último año fueron recortados en un 30 por ciento de promedio.

Una de los puntos más polémicos es la posibilidad de renegociar el memorando de préstamo y la continuidad del país en la eurozona, toda vez que mandatarios europeos e instituciones financieras negaran tajantemente tal posibilidad y chantajearan a los griegos con la expulsión del euro si ganaba Syriza.

La formación rechazó tales amenazas y mostró su determinación para sustituir el acuerdo firmado con los acreedores internacionales por un proyecto normativo que contemple “el desarrollo económico y social, la reconstrucción productiva, la redistribución del ingreso y la consolidación fiscal equitativa”.

A la vez aclaró que no se plantean abandonar la moneda común ni adoptar medidas unilaterales, salvo en el caso en que estuviera en juego la supervivencia del país y el pueblo se viera amenazado, pero sí solicitar una moratoria del pago de la deuda para poder atender al crecimiento y al empleo.

+ Info:

«Toda la sociedad griega se ha movido a posiciones radicales». Entrevista a Petros Kostantinus, Portavoz de Antarsya

Grecia: las perspectivas de un gobierno de SYRIZA. Miguel Romero / Alexis Tsipras / Christos Kefalis

L’avenir de la classe treballadora europea es juga a Grècia. Declaració de la Comissió Executiva de la IVª Internacional

Grecia. Syriza o el avance ejemplar de una experiencia unitaria única y original. Yorgos Mitralis

Programa de Syriza


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