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Anticapitalistes
  
diumenge 20 de maig de 2012 | Manuel
Siria y la izquierda

Odai Alzoubi

La izquierda está analizando la revolución siria de forma desigual. Por tal razón, quiero poner de relieve la diferencia entre dos enfoques que se oponen ambos a cualquier intervención militar en Siria, pero que difieren profundamente en la descripción de cuanto está aconteciendo en el país y en el papel de los islamistas.

La entrevista que Al-Jazeera le hizo a Noam Chomsky acerca de la revolución siria ofrece una exposición clásica de un primer enfoque. Chomsky se define de forma muy clara en su oposición a cualquier intervención militar pero, en su caso, eso no implica que justifique al régimen o que aborde los motivos fundamentales tras la revolución como si fueran dignos de sospecha.

¿Qué está sucediendo en Siria? Según Chomsky, se trata de un levantamiento contra la pobreza, la dictadura y la opresión muy parecido a los movimientos sísmicos que se han ido sucediendo en otros estados del Mundo Árabe: “Es horrible; en Siria se está produciendo una masacre”. Chomsky señala que hay potencias externas en Occidente y en los estados del Golfo que están tratando de interferir en la situación. Pero se trata ante todo de un levantamiento interno contra una dictadura.

Según Chomsky, ¿qué sucedería si hubiera un gobierno islámico en Siria? Chomsky replica que lo importante no es eso. Occidente encuentra siempre un modo para manejar los movimientos radicales islamistas más recalcitrantes. El desafío real para Occidente tiene que ver con la democracia misma. Si hubiera una verdadera democracia en Siria, a Occidente le sería mucho más difícil manejarla. Por tanto, que sea islamista o no, no es precisamente lo que más le preocupa.

En vez de aterrorizar a la gente con los “malvados islamistas”, Chomsky se concentra en las posibilidades de construir una democracia en Siria. Un movimiento islamista sirio, como cualquier otro movimiento político, podría tener de hecho conexiones con Occidente en contra de los intereses de su propio pueblo. Pero la democracia es la auténtica prueba de fuego de si cualquier gobierno en Siria, islamista o no, pone en primer lugar los intereses de los sirios. La moraleja aquí es que no hay necesidad de tener miedo a “los islamistas”. A diferencia de la falange de políticos que se frotan las manos ante la perspectiva de que Siria caiga en sus manos, Chomsky piensa que la elección entre dictadura y democracia es la opción estratégica, y que no hay garantía a priori de que un movimiento islamista vaya a dañar o beneficiar al pueblo que vote por él. No tiene miedo de los islamistas por sí mismos de forma esencial, ni tampoco del elemento islamista presente en todos los levantamientos. En consecuencia, nada induciría a Noam Chomsky a apoyar a Asad solo porque haya alguna oportunidad de que los islamistas puedan llegar a gobernar en Siria.

Comparen esa posición con la posición izquierdista de George Galloway. Es difícil entender qué es lo que quiere decir Galloway. Cambia continuamente de idea y manifiesta muchas de sus respuestas en términos bastante vagos. En una entrevista reciente, Galloway anunció que no podíamos decir que los acontecimientos de Siria fueran una revolución. Se le preguntó que cuánta gente tenía que levantarse contra el gobierno para poder llamar revolución a ese levantamiento. Lamentablemente, y eso no ayuda mucho, no contestó a la pregunta. También se pregunta cuántos sirios apoyan a la oposición y cuántos al régimen. Según él, ambas partes cuentan con seguidores: de ahí deduce que lo que está incendiando Siria es una guerra civil y no una revolución.

Demos algún crédito a Galloway. Asad tiene partidarios. ¿Son suficientes como para justificar el desprecio de Galloway hacia la revolución? Recuerden en primer lugar que Sadam Husein, Gadafi, Stalin, Mussolini y Hitler también tuvieron seguidores. Pero los apoyos con los que pudieran contar no sirvieron para legitimar los regímenes de esos dictadores. Galloway afirma que hay manifestaciones a favor y en contra del régimen. Pero no menciona el hecho de que la policía dispara en las manifestaciones en contra de ese régimen, mientras que no ataca nunca en las manifestaciones a favor. Tampoco mencionaba que la mayoría de la gente que se manifiesta a favor del régimen se ve forzada a hacerlo. Cualquiera que sepa cómo se organizaban las manifestaciones en la URSS debería saber eso y tampoco debería ignorar que el régimen sirio se inspiró en el de la URSS, un hecho que todos los que discuten sobre la revolución siria deberían tener presente. Por tanto, ¿son todos los levantamientos contra una dictadura una guerra civil? Si así fuera, ese podría ser el caso en Egipto, Yemen, Bahréin. ¿Vamos a rechazar todas estas revoluciones debido a que hay personas que apoyan esos regímenes? ¿O es solo Siria la que está condenada al fracaso a los ojos de George Galloway?

Decir que lo que está sucediendo en Siria es una guerra civil, es tomar partido. Es el primer paso para justificar al dictador. Hay una diferencia entre un levantamiento contra un dictador y una guerra civil. En Siria tenemos un levantamiento contra un dictador que cuenta con seguidores. Chomsky afirma claramente que es un levantamiento contra la dictadura y la opresión. Además, afirma que es parte de la Primavera Árabe, en línea con lo sucedido en Egipto, Túnez, Yemen, Bahréin y Libia. Chomsky, mostrando su total simpatía con el pueblo que está exigiendo libertad, también advierte de los peligros de una guerra civil. ¡Pero qué diferencia entre las dos posiciones!

En segundo lugar, Galloway nos llama la atención acerca del hecho de que la gente en la oposición está gritando “¡Alah Akbar!”. Por tanto, tenemos que tener cuidado. No está claro si está señalando oprobiosamente a la oposición armada que grita eso o si está condenando a cualquiera que lo haga. Probablemente se trata de lo segundo, porque sigue adelante preguntándole a la pobre mujer que se aventuró a afirmar que hay una revolución en marcha en Siria: “¿Es usted salafí? ¿Es una firme seguidora de los islamistas?” Galloway ha decidido que el objetivo de la revolución siria es convertir Siria en un estado islamista y que él prefiere al dictador ante esa amenaza islamista. Pero debería leer los comunicados de los distintos grupos de la oposición siria antes de acusarles de esta manera típicamente derechista y anti-islamista. La oposición siria aglutina a movimientos democráticos que han estado sufriendo la brutalidad del régimen desde hace más de treinta años. Desde el 18 de marzo de 2011, millones de sirios se han precipitado a las calles para acabar con la dictadura. Desde luego que hay un elemento islámico en la revolución siria. ¿Debería eso condenar el levantamiento, como parece suceder a los ojos de George Galloway?

Para Chomsky, los islamistas no son esencialmente buenos o malos. Tenemos que juzgarles de acuerdo con sus declaraciones y sus acciones. Para Galloway, son sencillamente el mal. Solo una persona ignorante que apoye a los dictadores árabes adoptaría tal punto de vista. Todos los dictadores árabes, desde Mubarak a Ben Ali, desde Gadafi a Saleh, han cultivado y explotado esa imagen del Islam como enemigo. Este enfoque solo conduce a justificar a todos los dictadores de todo el Oriente Medio.

¿Por qué algunos izquierdistas adoptan esta absurda posición inmoral hacia la revolución siria?

Algunos izquierdistas abordan las cuestiones relativas a Oriente Medio del mismo modo que los estalinistas trataban a la Europa Oriental durante la Guerra Fría. Galloway es un ejemplo de quienes quieren evitar criticar a un dictador que sea anti-estadounidense, aunque en el proceso millones de seres estén siendo tratados como esclavos o algo peor. El hecho de que muchos sirios hayan sido torturados no detiene a Galloway. En 2005, describió a Asad como “el último gobernante árabe”. En Siria nos quedamos horrorizados ante esa afirmación. Ni una sola palabra sobre la ausencia total de libertades. Galloway se ha negado a disculparse. Dijo: “Estaba equivocado hasta cierto punto”. ¿Qué punto es ese? En su declaración sobre la situación en Siria incluso se justifica a sí mismo:

Era posible juzgar a Siria por la naturaleza de sus enemigos –Israel, el imperialismo estadounidense, británico y francés, los reaccionarios árabes, los fanáticos sectarios salafíes- durante el tiempo en que el pueblo sirio siguió apoyando o en gran medida aletargado tras el régimen aunque fuera solo por temor o por algo peor. Y mientras el presidente, Bashar al-Asad, sostuvo la esperanza de reformas reales en favor de la democracia, un gobierno abierto y el fin de la corrupción rampante, gran parte de esa esperanza se concentró alrededor de su propia familia y elementos cercanos. Esa esperanza pende ahora de un hilo.

Pocas declaraciones podrían ser más insultantes para un ciudadano sirio que esa, hecha el 15 de agosto de 2011, tras los ataques contra Hama, Dier-Alzour, Deraa y Latakia. No se trata solo de negarse en 2005 a pedir disculpas a los sirios. Aunque los sirios se quedaran quietos porque temían una alternativa incluso peor que Asad… ¿eso le da derecho a Galloway a juzgar a Siria únicamente a partir de sus enemigos? Los izquierdistas de Occidente harían bien en visitar su capital para transmitir tal mensaje; ¡qué bien! pero pasémoslo por alto. Trata a los sirios como esclavos y ellos tienen que decir amén.

Galloway acaba su artículo con estas palabras: “A menos que el régimen sirio pueda alcanzar un acuerdo urgente para celebrar elecciones, con medios libres de comunicación, una oposición política legalizada y se ponga fin a lo que ya es una masacre, el estado será invadido o se vendrá abajo a causa del baño de sangre”. Pero no hay ni una palabra de que haya que derrocar al régimen. La esperanza es que el régimen se preste a hacer reformas, a pesar del hecho de que ha gobernado despiadadamente Siria desde hace cuarenta años, asesinando a miles de personas y de que seguía matando cuando Galloway estaba escribiendo sus declaraciones. Invasión o baño de sangre, dice, son las únicas alternativas. Comparen esto con la convicción de Chomsky de que en Siria ya no hay espacio para Asad. Afirma claramente que la familia Asad debe irse.

Galloway debería pedir disculpas, al menos a los prisioneros políticos que estaban siendo torturados por el régimen sirio en 2005, cuando anunció su apoyo al régimen. Es una cuestión moral fundamental. Los sirios no son solo peones en el gran juego entre los dictadores árabes y Occidente. Son seres humanos.

Hay un gran movimiento en el mundo árabe; un manantial que podría traernos la libertad. No estéis en contra suya. No repitáis los errores de la Guerra Fría. La Primavera Árabe supone una oportunidad para que los izquierdistas occidentales revisen su moral y sus principios políticos. Confío mucho en que sepan aprovecharla.

Odai Alzoubi nació en Damasco en 1981. Es licenciado en ingeniería eléctrica por la Universidad de Damasco y en filosofía por la Universidad del Líbano. Actualmente está terminando el doctorado en filosofía en la Universidad de East Anglia (Reino Unido).

Fuente original: Open Democracy, 16/5/2012

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

+ Info:

La revolución siria y los "antiimperialistas". Faruq Mardam Bey


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