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Anticapitalistes
  
dijous 10 de maig de 2012 | Manuel
75 aniversario de Mayo 1937. Yo he sido testigo en Barcelona + Manifiesto "Combate por la Historia"

George Orwell

[Se cumple el 75 aniversario de las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona y otras ciudades de Catalunya, y se vuelve a tratar sobre ello en no poca medida por iniciativa de la Fundación Andreu Nin que ha organizado jornadas al respecto en Asturias, Barcelona y Madrid. También han aparecido algunos libros que abordan y explican el proceso histórico, singularmente el de Josep Antoni Pozo González (Poder legal y poder real en la Cataluña revolucionaria de 1936, Ediciones Espuela de Plata, Colección España en armas, 23. Sevilla 2012; seguido de una segunda parte publicado en catalán por Edicions Dau, La Catalunya Antifeixista), así como Barbarie fascista y revolución social, obra colectiva de autores afines a la FAN (Salvador Trallero Editor), sin olvidar la recopilación de los artículos sobre la guerra de España aparecidos en la revista socialista de izquierdas, La Flèche. Crónicas y artículos sobre la guerra de España, 1936-1939, edición de Maria Roig y Fernando Casal para esta misma editorial ubicada en Seriñen

En todos los casos, la referencia al testimonio de Orwell es obligada, por lo cual creemos de interés reeditar este artículo aparecido en la revista inglesa Controversy en agosto de 1937 y también incluido en el número 255 de La Révolution Prolétarienne, 25 de septiembre de 1937; apareció en la web de la Iniciativa Socialista, y finalmente en la edición de Tusquets, Orwell en España, que sería complementada por la edición de Homenaje a Cataluña (Ed. Debate), la más completa que se haya realizado hasta ahora y que deja atrás las viejas ediciones que habían respetado los cambios y los cortes de la edición censurada por el franquismo. PG-A].

Ya se ha escrito mucho sobre las revueltas de mayo en Barcelona, y un cuadro sinóptico de los principales acontecimientos ha sido minuciosamente trazado por Fenner Brockway en el panfleto “La verdad sobre las jornadas de Barcelona”; cuadro que, en mi opinión, es totalmente exacto. Creo, pues, que lo más útil que puedo hacer es añadir simplemente, en mi calidad de testigo ocular algunas notas marginales referentes a algunos puntos particularmente discutidos.

Consideremos, ante todo, la cuestión de la meta perseguida, suponiendo que exista alguna, por la pretendida insurrección.

La prensa comunista ha afirmado que todo había sido una tentativa cuidadosamente preparada para derribar al Gobierno, e incluso para entregar Cataluña a los fascistas, provocando la intervención extranjera en Barcelona. Esta última insinuación es demasiado ridícula para precisar una refutación. ¿Si fuera cierto que el POUM y el ala izquierda de los anarquistas se hubieran aliado a los fascistas, cómo explicar que los milicianos en primera línea no hayan desertado, dejando una brecha abierta en el frente? ¿Cómo explicar que los transportistas, miembros de la CNT, hayan continuado, a pesar de la huelga, el abastecimiento de víveres al frente? Sin embargo, no puedo afirmar con plena certidumbre que un proyecto revolucionario preciso no haya existido en el ánimo de un pequeño número de extremistas, los bolchevique-leninistas en particular (que se tiene la costumbre de llamar trotsquistas), que distribuyeron octavillas en las barricadas. Lo que puedo afirmar es que los hombres de las barricadas no han considerado en ningún momento que tomaron parte en una revolución. Todos teníamos la sensación de estar defendiéndonos de una tentativa de golpe de Estado por parte de los guardias civiles que se habían apoderado por la fuerza de la Central Telefónica, y que aún podían apoderarse de otros locales si no nos mostrábamos determinados a luchar.

Mi interpretación de la situación se basa en lo que los hombres hacían y decían realmente en aquel momento, y es la siguiente: los trabajadores bajaron a la calle espontáneamente para defenderse, y sólo había dos cosas que conscientemente querían, la restitución de la Central Telefónica y el desarme de los odiados guardias civiles. Hay que tener en cuenta también el resentimiento causado por la creciente miseria en Barcelona y el lujoso tren de vida de la burguesía. Ahora bien, es probable que existiera la posibilidad de derribar el Gobierno si se hubiera encontrado un jefe capaz de sacar partido. Parece plenamente admitido que el tercer día los obreros estaban en condiciones de tomar el poder en la ciudad; no puede negarse que los guardias civiles estaban profundamente desmoralizados y se rendían en masa. El Gobierno de Valencia podía, ciertamente, enviar tropas frescas para aplastar a los trabajadores (envió seis mil guardias de asalto cuando la lucha había acabado); pero no podía mantener esas tropas en Barcelona si los transportistas decidían no abastecerlos. Sin embargo, de hecho, no se encontró un jefe revolucionario decidido. Los líderes anarquistas desaprobaron toda la acción y dijeron: “Volved al trabajo”. Los líderes del POUM permanecieron dudosos. Las órdenes que recibimos en las barricadas defendidas por hombres del POUM, órdenes que emanaban directamente de la dirección del POUM, nos conminaban a sostener a la CNT, pero sin disparar, a menos que nos disparasen primero o que nuestros locales fueran atacados. (Personalmente, he sufrido en varias ocasiones el tiroteo, sin disparar como respuesta). Luego, como los víveres iban disminuyendo, los trabajadores, poco a poco, unos tras otros, volvieron al trabajo; y naturalmente, una vez que se les dejó dispersarse sin dificultad, empezaron las represalias.

Saber si se debió sacar partido de la situación revolucionaria es otra cuestión. Si he de dar mi opinión, yo respondería no. En primer lugar, es dudoso que los trabajadores hubiesen podido conservar el poder más de algunas semanas; y, en segundo lugar, ello hubiera significado la pérdida de la guerra contra Franco. Por otra parte, la actitud esencialmente defensiva de los obreros era a todas luces legítima: estuviesen o no en guerra, tenían el derecho de defender lo que habían conquistado en julio del 36. Quizá sea obvio decir que la revolución ha sido definitivamente perdida en esos días de mayo. Pero creo, sin embargo, que es un mal menor, aunque, a decir verdad, muy poco menor, el de perder la revolución que el de perder la guerra.

El segundo punto discutido concierne a los participantes. La táctica de la prensa comunista, casi desde el principio, fue la de pretender que la insurrección era únicamente, o casi únicamente, obra del POUM (secundado por algunos malhechores irresponsables, si hemos de creer el Daily Worker de Nueva York). Cualquiera que estuviese en Barcelona en esa época sabe que es una afirmación absurda. La enorme mayoría de los que defendían las barricadas pertenecían generalmente a la CNT. Y es éste un punto importante, pues el POUM ha sido recientemente suprimido como chivo expiatorio de la revuelta de mayo; los cuatrocientos, o más, miembros del POUM, que pueblan en estos momentos las celdas inmundas e infestadas de chinches de Barcelona, lo están, oficialmente, por su participación en los disturbios de mayo. Es, pues, esencial demostrar que por dos buenas razones el POUM no ha sido, ni podía ser el motor. Primera razón: el POUM era un partido minoritario. Si se suma al número de miembros del partido los milicianos en permiso, y los apoyos y simpatizantes de todo tipo, el número de miembros del POUM en la calle no se acercaba ni con mucho a los diez mil (y probablemente no eran más de cinco mil); ahora bien, el número de participantes en la revuelta se cifraba en decenas de millares. Segunda razón: hubo una huelga general, o casi general, que duró varios días. Sin embargo, el POUM no tenía por sí solo poder alguno para desencadenar una huelga, y la huelga no hubiera tenido lugar si los militantes de la CNT no hubiesen querido. En cuanto a los comprometidos en el otro lado de la barricada, el Daily Worker de Londres, en una de sus ediciones, tuvo la desvergüenza de pretender que la insurrección había sido reprimida por el Ejército Popular. Todos saben en Barcelona, y el Daily Worker no puede ignorarlo, que el Ejército Popular ha permanecido neutral y sus tropas no han salido de sus acuartelamientos durante todo el período de disturbios. Algunos soldados, sin embargo, tomaron parte, pero a título individual. Yo he visto dos, uno en las barricadas del POUM.

El tercer punto concierne a la pretendida acumulación de armas del POUM en Barcelona. Se ha difundido de tal modo este cuento que incluso un observador como H. N. Brailsford, por lo general con gran sentido crítico, lo acepta sin verificarlo, llegando a hablar de tanques y piezas de artillería que el POUM habría robado en los arsenales del Gobierno (New Statesman, 22 de mayo). En realidad, el POUM poseía desgraciadamente pocas armas, tanto en el frente como en la retaguardia. Durante los combates callejeros, estuve en las tres principales fortalezas del POUM, la sede de su Comité Ejecutivo, la del Comité Local y el Hotel Falcón.

Vale la pena enumerar detalladamente el armamento almacenado en estos edificios. Había en total unos ochenta fusiles, algunos de ellos defectuosos, además de algunas viejas armas de distintos modelos, todas fuera de uso por carencia de proyectiles adecuados. En cuanto a las municiones: unos cincuenta cartuchos por fusil, ninguna ametralladora, ni pistolas, ni balas de pistola, algunas cajas de granadas de mano, que además nos habían sido enviadas por la CNT tras el inicio del combate. Un eminente oficial de milicias que me habló sobre el tema pensaba que en Barcelona el POUM poseía en total unos 150 fusiles y una sola ametralladora. Era, pues, como se ve, el armamento justo para los guardias que en esta época, todos los partidos sin excepción, PSUC, CNT-FAI, situaban en sus locales más importantes. ¿Quizá se argumentará que, incluso durante las jornadas de mayo, el POUM continuaba escondiendo sus armas? ¿Pero entonces en qué queda la teoría de la revuelta de mayo, insurrección dirigida por el POUM para derrocar al Gobierno?

En realidad, el mayor culpable, y con mucho, en cuanto al tema de las armas retenidas lejos del frente es el propio Gobierno. La infantería en el frente de Aragón estaba mucho peor armada que en Inglaterra un colegio de OTC. Por el contrario, las tropas de la retaguardia, guardias civiles, guardias de asalto, carabineros, que no habían sido destinados al frente, sino a mantener el orden (en realidad: intimidar a los trabajadores) en la retaguardia, estaban armadas hasta los dientes.

Las tropas del frente de Aragón tenían fusiles Mauser deteriorados que se encasquillaban generalmente al cabo de cinco disparos, una ametralladora por cada cincuenta hombres, y una pistola o revólver por cada treinta hombres. Y esas armas, tan necesarias en las trincheras de la línea de fuego, no eran distribuidas por el Gobierno, sino que habían de ser compradas ilegalmente y con grandes dificultades. Los guardias de asalto poseían fusiles rusos, flamantemente nuevos, además cada grupo de doce hombres tenía su ametralladora. Estos datos hablan por sí solos. Un Gobierno que envía muchachos de quince años al frente con fusiles viejos con más de cuarenta años, y guarda sus hombres más fuertes y sus armas más modernas en la retaguardia, está manifiestamente más asustado por la revolución que por los fascistas. Ahí está la explicación de la debilidad de la política de guerra de los últimos seis meses, y del compromiso mediante el cual seguramente se terminará la guerra.

Cuando el POUM, la oposición de izquierda (pretendidamente trotsquista) heredera del comunismo español, fue suprimida el 16 y 17 de junio, el hecho en sí mismo no sorprendió a nadie. Ya desde mayo, e incluso desde febrero, era evidente que el POUM sería liquidado si los comunistas conseguían sus propósitos. Sin embargo, lo repentino de la supresión y la mezcla de perfidia y brutalidad con la que fue llevada la acción, cogió a todos, incluso a los líderes, desprevenidos.

Oficialmente, el partido fue suprimido haciendo recaer sobre los jefes del POUM la acusación, repetida durante meses en la prensa comunista sin que fuera tomada en serio por nadie en España, de estar a sueldo de los fascistas.

El 16 de junio, Andrés Nin, el líder del partido, fue arrestado en su despacho. La misma noche, sin previo aviso, la policía irrumpió en el hotel Falcón, una especie de pensión familiar organizada por el POUM y frecuentada principalmente por los milicianos con permiso, deteniendo a todos los que allí se encontraban, sin acusarles de nada en particular. Al día siguiente por la mañana, el POUM fue declarado ilegal, y todos sus locales, no solamente las oficinas, bibliotecas, etc., sino también las librerías y sanatorios para los heridos fueron embargados por la policía. En pocos días casi la totalidad de los cuarenta miembros del Comité Ejecutivo fueron detenidos. Uno o dos de ellos, habiendo conseguido esconderse, fueron obligados a entregarse cuando, con medios sacados de los fascistas, se tomó a sus mujeres como rehenes. Nin fue transferido a Valencia, y de allí, a Madrid, acusado de haber vendido informaciones militares al enemigo. Es inútil decir que las habituales confesiones, las misteriosas cartas escritas con tinta invisible, y otras pruebas, estaban ya listas para salir con tal abundancia que, razonablemente, no se podía considerarlas sino como preparadas con antelación. Hacia el 19 de junio, desde Valencia llegó a Barcelona la noticia de que Nin había sido fusilado. Esperábamos que el rumor fuera falso, pero apenas es necesario subrayar la obligación para el Gobierno de Valencia de fusilar algunos, una docena, quizá líderes del POUM si quiere que sus acusaciones sean tomadas en serio. Durante este tiempo, la base del partido, no solamente los miembros, sino también los soldados pertenecientes a las milicias del POUM, y los simpatizantes o apoyos de cualquier tipo eran arrojados a prisión en cuanto la policía podía capturarlos. Quizá sea imposible realizar una estadística exacta, pero todo indica que, durante la primera semana, hubo más de cuatrocientas detenciones, solamente en Barcelona. Se sabe, sin lugar a dudas, que las prisiones estaban tan llenas que un elevado número de prisioneros hubo de ser encerrado en tiendas y otros depósitos provisionales. Según todas mis investigaciones ninguna distinción se ha hecho en estas detenciones entre los que tomaron parte o no en los disturbios de mayo. En cambio, la prohibición del POUM tuvo validez retroactiva. Dado que el POUM acababa de ser ilegalizado, todos los que, en alguna ocasión, habían pertenecido al POUM fueron considerados infractores de la ley. La policía arrestó incluso a los heridos de los sanatorios. Entre los detenidos en una de las prisiones he visto, por ejemplo, dos hombres conocidos por mí, amputados de una pierna; y también un niño que no tenía más de doce años.

Y hay que pensar en lo que significa prácticamente el encarcelamiento en España en este momento. Sin hablar de la superpoblación de las cárceles provisionales, de las condiciones insalubres, de la falta de luz y aire y de la alimentación inmunda, se da la ausencia total de algo que pudiera parecerse a la legalidad. Nada más legítimo, por ejemplo, que el habeas corpus; pues bien, según la ley actualmente vigente en España, o, en todo caso, según su aplicación actual, cualquiera podía ser encarcelado indefinidamente, no sólo sin juicio, sino incluso sin acusación. Y en tanto no existe acusación, las autoridades pueden, si quieren, incomunicarle (es decir, uno no tiene el derecho de comunicarse ni siquiera con un abogado ni cualquier otra persona ajena a la prisión). Es fácil entender qué valor cabe dar a las confesiones obtenidas en tales condiciones. la situación es peor aún para los más pobres, dada la supresión del Socorro Rojo del POUM, que facilitaba un abogado a los encarcelados, y que ahora ha sido suprimido como otras organizaciones del POUM.

Pero el aspecto más odioso, quizá, de todo sea el haber impedido deliberadamente que toda información sobre estos hechos llegase a las tropas del frente de Aragón, por lo menos durante cinco días o más. Precisamente yo estaba en el frente del 15 al 20 de junio. Me trasladaron en ambulancia a pueblos de segunda línea, Siétamo, Barbastro, Monzón, etcétera. En todos estos lugares, los cuarteles generales de milicias del POUM, sus Comités del Socorro Rojo y demás organizaciones funcionaban normalmente; incluso tan lejos como en Lérida (a 100 kilómetros de Barcelona) y hasta el 20 de junio, absolutamente nadie sabía que el POUM había sido suprimido; no se decía una palabra en los diarios de Barcelona, mientras en el mismo momento en los de Valencia (que no llegaban al frente de Aragón) resplandecía el relato de la traición de Nin.

Como tantos otros camaradas he conocido la amarga experiencia del regreso a Barcelona para encontrarme con la supresión del POUM durante mi ausencia. Por suerte, fui prevenido justo a tiempo para poder escaparme, pero otros no tuvieron ocasión. Todo miliciano del POUM que viniese del frente en esta época podía elegir entre esconderse inmediatamente o ser metido instantáneamente en prisión. ¡Una recepción verdaderamente agradable tras tres o cuatro meses en primera línea del frente! La razón de esto era evidente: la ofensiva de Huesca acababa de empezar, y el Gobierno temía probablemente que si los milicianos del POUM se enteraban de lo que sucedía, estos abandonasen el frente. Personalmente no creo que la fidelidad de los milicianos se hubiera debilitado. Pero, en todo caso, tenían derecho a conocer la verdad. Hay algo indeciblemente odioso en el hecho de enviar hombres al combate (cuando yo abandonaba Siétamo, la lucha ya se había iniciado y los primeros heridos, metidos en las ambulancias, eran zarandeados en las abominables carreteras) ocultándoles que en ese mismo momento, a sus espaldas, su partido era suprimido, sus jefes denunciados como traidores, y sus amigos y parientes metidos en prisión.

El POUM era sin duda el más débil en número de todos los partidos revolucionarios, y su supresión no atañe, sino relativamente, a pocas personas. Según todos los indicios, no habrá en total más que una veintena, de fusilados o condenados a largas penas de prisión, centenares de existencias destrozadas, y algunos millares de perseguidos pasajeramente. Sin embargo, su supresión es, como síntoma, muy importante. En primer lugar, muestra claramente al extranjero lo que ya era evidente a ojos de algunos observadores en España: que el actual Gobierno tiene más puntos de semejanza que de diferencia con el fascismo (Lo que no significa en modo alguno que no valga la pena luchar contra el fascismo más abierto de Franco y Hitler. En cuanto a mí, ya había comprendido desde mayo la tendencia fascista del Gobierno, pero no por eso dejé de ir de nuevo voluntario al frente, como hice).

En segundo lugar, la eliminación del POUM es un signo descorazonador del inminente ataque contra los anarquistas. Ellos son los enemigos que los comunistas realmente temen, mucho más de lo que nunca han temido al POUM, numéricamente insignificante. Los líderes anarquistas han tenido ahora una demostración de los métodos que se emplearán también con ellos: la única esperanza que resta en lo que atañe a la revolución, y probablemente también a la victoria en la guerra, es que la lección les sea útil y se decidan y se preparen para defenderse antes de que sea tarde.

Font: Viento Sur

+ Info:

En defensa de Orwell. A propósito de unas líneas de Fontana en Por el bien del Imperio. Pepe Gutiérrez-Álvarez


Combate por la Historia

MANIFIESTO

La amnesia, pactada por los sindicatos y partidos políticos de la oposición democrática con los últimos gestores del Estado franquista a la muerte del dictador, fue un aspecto más de la Transición, que tuvo importantes consecuencias para la memoria histórica de la Dictadura Franquista y la Guerra Civil. La amnistía significó un borrón y cuenta
nueva con el pasado. Ello imponía el olvido deliberado y "necesario" de toda la historia anterior a 1978. Era preciso reescribir una nueva Historia Oficial, puesto que la versión franquista y la antifranquista ya no servían al nuevo poder establecido, bajo una óptica superadora de los antagonismos que determinaron la guerra civil española.

En la actualidad, desvanecida de la memoria colectiva cualquier referencia conflictiva, antagónica, o que pusiera de manifiesto que la guerra civil fue también una guerra de clases, ha comenzado la tarea de su recuperación como episodio de la historia burguesa. Los mandarines de la Historia Oficial, minimizado o ignorado el carácter proletario y revolucionario de la guerra civil, acometen la recuperación del pasado como relato de la formación y consolidación histórica de la burguesía democrática, o en las autonomías históricas, como justificación de su constitución en nación.

Se arrebata a la clase obrera su protagonismo histórico, en beneficio de los nuevos mitos democráticos y nacionalistas de la burguesía que detenta ahora el poder económico y político.

LA MEMORIA HISTÓRICA ES UN CAMPO DE BATALLA DE LA LUCHA DE CLASES.

Las instituciones burguesas del aparato cultural del Estado tratarán siempre de controlar y utilizar la historia en su provecho, ocultando, ignorando o tergiversando los hechos que cuestionan o ponen en entredicho la dominación de clase, a lo cual se avienen gustosos, salvo raras y honrosas excepciones, los académicos e historiadores profesionales. La publicación de Queridos camaradas de Elorza y Bizcarrondo; los capítulos de Casanova, Solé y Villarroya, del libro Víctimas de la guerra civil, coordinado por Santos Juliá, que es además autor de una introducción "antológica"; o el inefable curso sobre la guerra civil, organizado en marzo-mayo pasados por el servil Museo de Historia de Cataluña, son los ejemplos más recientes que ilustran la Historia Oficial de que se habla en este Manifiesto.

LA HISTORIA OFICIAL ES LA HISTORIA DE CLASE DE LA BURGUESÍA.

La objetividad, como idea platónica, no existe en la realidad de una sociedad dividida en clases sociales. En el caso concreto de la historia de la Guerra Civil, la Historia Oficial se caracteriza por su EXTRAORDINARIA ineptitud y su no menos EXTRAVAGANTE actitud. La INEPTITUD radica en su incapacidad absoluta para alcanzar, o siquiera intentarlo, un mínimo rigor científico. La ACTITUD viene dada por su consciente IGNORANCIA o NEGACIÓN de la existencia de un potentísimo movimiento revolucionario, mayoritariamente libertario, que condicionó, se quiera o no, todos los aspectos de la guerra civil. Estos funcionarios de la burguesía, en el campo de la historia, incurren en diversas aberraciones intelectuales (aberrantes incluso desde una perspectiva burguesa): EXALTAN Y ELOGIAN los métodos y la eficacia represiva del SIM. Quizás no son demasiado conscientes de que con ello están elogiando la tortura, y hasta es posible que personalmente sean partidarios del procesamiento de Pinochet. Pero es éste un aspecto que, como ningún otro, delata la influencia de la perspectiva e intereses de clase en el trabajo histórico, porque ese elogio de la eficacia del SIM contra los revolucionarios, corre paralelo al horror mostrado ante la violencia de clase, desencadenada en julio de 1936 por los "incontrolados" contra la burguesía. Pueden ser especialistas en el tema de la violencia, contables eficientes de muertes violentas, que muestran sin embargo una total parcialidad cuando califican de "terror" anarquista o "eficacia" policíaca lo que no deja de ser siempre violencia de una clase contra otra. Sólo que para ellos la violencia obrera es terror, y en cambio, la violencia del SIM es eficacia. No hay más razón que su perspectiva de clase. La violencia se mide por un doble rasero, según el toma y daca de quien la ejerza o la sufra.

NIEGAN, aunque prefieren IGNORAR, porque resulta más cómodo, efectivo y elegante, la fuerza decisiva en la zona republicana de un movimiento revolucionario, mayoritariamente anarquista.

NIEGAN, o disminuyen hasta límites que falsifican los hechos, documentalmente probados, el enorme papel represivo, reaccionario y cómplice de la Iglesia Católica en el golpe de estado militar, y su participación activa en la preparación, desencadenamiento y bendición de la posterior represión fascista.

LAMENTAN que George Orwell escribiera un "maldito" libro que jamás debió leerse, y Ken Loach filmara una "horrorosa" película que jamás debió verse.

Queremos lanzar una señal de ALARMA contra una creciente marea de historiadores revisionistas de la guerra civil española.

ALARMA por la decidida falsificación de los hechos históricos de que hacen gala, pese a la documentación disponible. Los hechos mismos pasan a la clandestinidad y los documentos son ignorados, o malinterpretados. La historiografía sobre la guerra civil ha pasado de ser una historia militante, hecha por protagonistas y testigos de la guerra civil, con todos los riesgos que ello supone, pero también con la pasión insustituible de quien no juega con palabras porque antes se ha jugado la vida, a ser una historia académica mema, caracterizada por el disparate, la incomprensión e incluso el desprecio a los militantes y organizaciones del movimiento obrero.

ALARMA ante la creciente banalización de la Historia Oficial, y la metódica marginación de las investigaciones que ponen de relieve el decisivo papel histórico del movimiento obrero, por más rigurosas que sean.

En realidad, existe una absoluta incapacidad por parte de los historiadores burgueses no ya para comprender, sino siquiera aceptar, la existencia histórica de un movimiento revolucionario de masas en la España de 1936. Nos hallamos ante una historia negacionista del movimiento revolucionario que se desarrolló durante el período de la guerra civil.

La Historia Oficial plantea la guerra civil como una dicotomía entre fascismo y antifascismo, que facilita el consenso entre los historiadores académicos de izquierda y derecha, los nacional-catalanistas y los postestalinistas que, todos juntos, coinciden en descargar el fracaso republicano en el radicalismo de anarquistas, poumistas y masas revolucionarias, que se convierten de este modo en la víctima propiciatoria común.

Con la ignorancia, omisión o minimización de las connotaciones proletarias y revolucionarias que caracterizaron el período republicano y la guerra civil, la Historia Oficial consigue ponerlo todo del revés, de forma que sus principales popes se imponen la tarea de reescribirlo todo DE NUEVO, y consumar de este modo la expropiación de la memoria histórica, como un acto más del proceso de expropiación general de la clase trabajadora. Pues, a fin de cuentas, la historiografía es quien elabora la Historia. Si, paralelamente a la desaparición de la generación que vivió la guerra, los libros y manuales de la Historia Oficial ignoran la existencia de un magnífico movimiento anarquista y revolucionario, dentro de diez años se atreverán a decir que ese movimiento NO HA EXISTIDO. Los mandarines creen firmemente que NUNCA ha existido aquello sobre lo que ELLOS no escriben: si la historia cuestiona el presente, la niegan.

Hay una contradicción flagrante entre el oficio de recuperación de la memoria histórica, y la profesión de servidores de la Historia Oficial, que necesita olvidar y borrar la existencia en el pasado, y por lo tanto la posibilidad en el futuro, de un temible movimiento obrero revolucionario de masas. Esta contradicción entre el oficio y la profesión se resuelve mediante la ignorancia de aquello que saben o deberían saber; y eso les convierte en necios. La Historia Oficial pretende ser objetiva, imparcial y global. Pero se caracteriza por su incapacidad para reconocer el carácter clasista de su pretendida objetividad. Es necesariamente parcial, y no puede adoptar más perspectiva que la perspectiva de clase de la burguesía. Es necesariamente excluyente, y excluye del pasado, del futuro y del presente a la clase obrera. La Sociología Oficial insiste en convencernos que ya no existe la clase obrera, ni la lucha de clases; a la Historia Oficial le toca convencernos de que nunca existió. Un presente perpetuo, complaciente y acrítico banaliza el pasado y destruye la conciencia histórica.

Los historiadores de la burguesía tienen que reescribir el pasado, como lo hacía una y otra vez el Gran Hermano. Necesitan ocultar que la Guerra Civil fue una guerra de clases. Quien controla el presente, controla el pasado, quien controla el pasado, decide el futuro. La Historia Oficial es la historia de la burguesía, y hoy tiene por misión mitificar los nacionalismos, la democracia liberal y la economía de mercado, para convencernos de que son eternos, inmutables e inamovibles.

Los firmantes de este Manifiesto declaran su beligerancia en este COMBATE POR LA HISTORIA.

Barcelona, 8 de julio de 1999.

Post Scriptum:
Las adhesiones a este MANIFIESTO - COMBATE POR LA HISTORIA pueden enviarse al Apartado 22.010 - 08080 Barcelona, o bien al e.mail: balanci@teleline.es

Firmado:

Manel Aisa (presidente del Ateneu Enciclopèdic Popular)

Miguel Amorós (escritor)

José Borrás (autor de varios libros sobre la guerra civil)

Jerónimo Bouza (historiador)

Bernat Castany (secretario del Ateneu Barcelonès)

Adolf Castaños (vicepresidente Ateneu Enciclopédic Popular)

Antoni Castells (varios libros sobre las colectivizaciones)

Xavier Díez (historiador)

Andy Durgan (asesor histórico del film "Tierra y Libertad")

Chris Ealham (historiador. Universidad de Cardiff)

Ramón Gabarrós (secretario del Ateneu Enciclopèdic Popular)

Juan José Gallardo (Grupo de Hª Berruezo. Biografía de Ortiz)

Carlos García Velasco (libro de textos consejistas s/. G.C.)

Agustín Guillamón (historiador)

José Luís Gutiérrez Molina (historiador)

Fernando Guzmán (estudiante de Historia)

Miquel Izard (profesor de historia Universidad de Barcelona)

Charles Jacquier (historiador)

Antoni Jutglar (historiador)

Ramsey Kanaan (director de AK Press, San Francisco)

Spyros Kotrotsios (periodista)

Mary Low (autora en 1937 de "Red Spanish Notebook")

Rafael Maestre (Fundación Salvador Seguí de Valencia)

Dolores Marín (historiadora)

José Manuel Márquez (Grupo de Hª Berruezo. Biografía de Ortiz)

Jesús Martínez (miembro del consejo de redacción de "Polémica")

Frank Mintz (estudioso autogestión, mayo 37, Amigos de Durruti)

Pilar Molina (Fundación Salvador Seguí de Valencia)
Ramón Molina (historiador)

Xavier Oller (maestro)

Vincenzo Paglione (traductor)

Baltasar Palicio (historiador)

Barry Pateman (director de la Kate Sharpley Library)

Abel Paz (historiador anarquista. Biografía de Durruti)

Eduard Pons Prades (historiador)

José Quesada (militante bolchevique-leninista durante la guerra)

Paco Ríos (realizador de televisión)

Antonina Rodrigo (historiadora)

Maria Angels Rodríguez (Fundació Salvador Seguí de Barcelona)

Teresa Roigé (historiadora)

Rafael Roldán (médico)

Juanjo Romero (historiador)

Sergi Rosés (recopilación textos consejistas s/. Guerra Civil)

Carles Sanz (historiador)

Ignasi Sendra (licenciado en Historia Contemporánea)

Paul Sharkey (historiador y traductor)

Silvia Solans

Reiner Tosstorff (historiador)

Assumpta Verdaguer (Centre Documentació Histórico-Social - AEP)

Joan Zambrana (Centre Documentació Antiautoritari Llibertari).

Colectivos:

56a Infoshop and Anarchist Archive (London).

AK Press (San Francisco)

Por el "Centre d´Estudis Josep Ester Borràs": Josep Cara, Emili Díaz,
Eduard Gutiérrez, Marc Pons, Josep Quevedo

Círculo de crítica social MALDEOJO.

Grupo de Historia José Berruezo.

Por el "Grupo surrealista de Madrid": Conchi Benito, Eugenio Castro, Oscar
Delgado, Javier Gálvez, Jesús García Rodríguez, Lurdes Martínez, José
Manuel Rojo.

Gruppo operaio autorganizzato Magneti Marelli.

Kate Sharpley Library.

Rete operaia Precari Nati.

Revistas:

Agora. Revista de historia local de Sta. Coloma de Gramenet

Anthropos. Revista de documentación científica de la cultura

Balance. Cuadernos de historia del movimiento obrero

Collegamenti Wobbly. Per l´organizzazione diretta di classe

Polémica. Revista de Información, Crítica y Pensamiento

Rivista Storica dell´anarchismo


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200 años de los “Principios…” de David Ricardo


Unidad contra el fascismo: el frente único


Perry Anderson, Gramsci y la hegemonía


Socialisme i nacionalisme (1897), i altres dos articles de James Connolly


Aprender de la Gran Depresión


El marxismo y la burocracia sindical. La experiencia alemana (1898-1920)


Revolución rusa: ¿Qué estuvo pensando Lenin?


Resistir la supresión de la ciencia


Sobre la dialéctica del Estado burgués: La crítica de la democracia burguesa en Rosa Luxemburg.


Lenin y la cuestión del partido: notas sobre ¿Qué hacer?

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