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dimecres 25 d’abril de 2012 | Manuel
Elecciones en Francia: Impresiones desde fuera / Declaración De Philippe Poutou / El resultado de Philippe Poutou y el porvenir del anticapitalismo

Miguel Romero / Declaración De Philippe Poutou / Samy Johsua

Elecciones en Francia. Impresiones desde fuera

Miguel Romero

"Sé que soy observado más allá de nuestras fronteras. Debo reorientar Europa al camino del crecimiento". Hollande sobreactúa atribuyéndose capacidades que están lejos de su alcance, después de haber conseguido un primer puesto muy ajustado en la primera vuelta de las elecciones francesas (28,5%, punto y medio por encima del presidente saliente, esperemos que definitivamente, Sarkozy). Pero es cierto que las elecciones francesas del domingo 22 han sido seguidas con más atención de la habitual, particularmente aquí, en la izquierda, y en la “izquierda alternativa”. Eso es lo que justifica esta nota, escrita pensando más en los debates domésticos, que en un análisis en profundidad sobre la situación política francesa, que corresponde hacer desde dentro. Por decirlo todo, también me anima a escribirla que muchos de los principales problemas que suscitan los resultados electorales, especialmente del Frente de Izquierda y del Nuevo Partido Anticapitalista, conectan inmediatamente con los que se plantean en el libro Conversaciones con la izquierda anticapitalista en Europa que está ya en las librerías, y sobre el que me permito esta modesta e indisimulada autopublicidad.

La referencias entrecomilladas corresponden a declaraciones de candidatos y partidos tomadas de la prensa; no he querido atiborrar el texto de notas, y sólo al final incluiré algunos textos de consulta de especial interés.

1. Un primer dato a considerar es la alta participación, cercana al 80%. Frecuentemente se considera que una baja participación electoral es un signo cierto de “deslegitimación” del sistema. ¿Significaría entonces una participación tan considerable una “legitimidad” o “legitimación” de V República francesa? Más bien, el conjunto de los resultados, y particularmente los que corresponden a candidaturas que se dicen, o están, “contra el sistema” (cercano al 35% de los votos) indica lo contrario. El mayor o menor interés de la ciudadanía en participar, o no, en unas elecciones obedece habitualmente a razones más superficiales y aleatorias que la legitimidad del sistema. El llamamiento de Jean Luc Mélenchon a una “VI República”, con lo que implica de critica radical al régimen actual, sale de las elecciones no debilitado, sino posiblemente reforzado; quizás se refuerce más aún tras la segunda vuelta y las legislativas de junio en las que se asistirá a un mercado persa de intercambios de apoyos y votos más o menos “contra natura”, consecuencia directa del sistema electoral francés, uno de los menos proporcionales del mundo.

2. Es significativo del estado de agotamiento y desorientación de la “socialdemocracia” europea que un político de segunda mano como François Hollande -que debe su puesto a las andanzas de Dominique Strauss-Kahn, el candidato preferido, de lejos, por los “socialistas” franceses hasta hace sólo unos meses- se haya convertido en un modelo de referencia para los PS europeos, al que se aferran para salir del pozo, y en la gran esperanza, incluso al parecer de gobiernos como el del PP, para un cambio de rumbo en la Unión Europea. Pero ni el programa de Hollande, ni las condiciones de la crisis capitalista, también en Francia, permiten tener expectativas razonables en este sentido. El lema económico central del probable futuro presidente es suficientemente significativo: “Dar sentido al rigor” (“a la austeridad”, diríamos en el lenguaje político de aquí). Más allá de las reformas fiscales y las promesas de creación de empleo, típicas de los programas electorales y que habrá que ver en que quedan cuando Hollande “descubra la herencia recibida”, sus objetivos estratégicos en política económica se reducen a tres:

- alargar los plazos para llegar al déficit cero hasta el 2017;

- establecer a un compromiso con Merkel para reformas, sin duda menores, del Tratado de Estabilidad y para flexibilizar el “rigor” del Banco Central Europeo;

- dar seguridad a los “mercados”, para lo cual ha viajado ya a la City de Londres y anuncia una próxima reunión con los patronos de las empresas del CAC 40 (equivalente al Ibex 35).

Esto explica que su posible victoria no provoque especiales inquietudes en los gabinetes de estudio de los grandes bancos internacionales. Incluso, la defensa de cierta flexibilidad, sobre todo en los ritmos de aplicación de las políticas de ajuste pueden terminar siendo funcionales para el sistema, si se confirman las perspectivas de depresión a medio plazo en países no intervenidos, como España, Italia, e incluso la propia Francia (el periódico en línea Mediapart anuncia un posible “Lehman Brothers francés” en las próximas semanas; por el momento, no revela el nombre del banco amenazado). Pero esto es todo: lo de “reorientar Europa al camino del crecimiento” es pura propaganda electoral. Y hacer de él el abanderado de un nuevo ciclo “socialdemócrata” en la UE es una fábula difundida por quienes, como es el caso del PSOE, no tienen nada que ofrecer por sí mismos.

Es obvio, pero no está de más recordarlo: la política de Hollande es “anti-Sarkozy”, no “anti-neoliberal”.

3. El dato más notable, y peligroso, de las elecciones ha sido el 18,12% obtenido por el Frente Nacional de Marine Le Pen. Además de sus consecuencias en Francia, encuentra un terreno abonado en muchos países europeos para estimular el avance de la extrema derecha; una relectura de textos que hemos publicado en nuestra revista, como el que señalamos al final, es muy recomendable.

En Francia no hay más de seis millones de fachas”, ha dicho un portavoz del PS. No cuesta trabajo creerlo. La actual extrema derecha europea no es políticamente equivalente a la de los años 30. Pero las diferencias no deben hacer olvidar las semejanzas, y el papel de estas semejanzas en el acopio de votos.

Marine Le Pen lleva en campaña año y medio y ha tenido diversos discursos en torno a una estrategia bien diseñada. El primer objetivo fue lo que llamó “desdiabolizar” al Frente Nacional, es decir, convertirlo en un partido “como los otros”, cuyos votantes no tuvieran que esconderse, ni aparecer de espaldas en los reportajes electorales. Sobre todo, se trataba de quitarse de encima la marca “antisemita”, que está en los genes del partido fundado por su padre, pero provoca rechazos muy amplios en la sociedad francesa. Así, Marine Le Pen incorporó a su discurso un programa económico basado en el rechazo del euro y la afirmación de un “soberanismo” distante de la UE y radicalmente crítico con sus instituciones.

Los resultados de este discurso no fueron demasiado alentadores en las encuestas electorales, así que en la última etapa de su campaña volvió, esta vez con mucho éxito, al marco político básico de la extrema derecha, con el que se identifica realmente su base social y electoral, es decir: islamofobia (que sustituye ahora con ventaja al antiguo “antisemitismo”); estricto control de la inmigración, por medio, entre otras medidas, de una política nacional de fronteras que anule la aplicación en Francia del Tratado de Schengen; una versión especialmente represiva de la “seguridad ciudadana”; proteccionismo (contra las deslocalizaciones; por la prioridad “nacional” en el empleo y el acceso a la vivienda…).

Más allá de las medidas concretas, la aportación de Marine Le Pen a la política tradicional de su partido, ha estado en reforzar su carácter “popular” (“representamos a la Francia pobre” ha dicho, y lamentablemente hay verdad en ello, especialmente en la “Francia profunda” campesina); “antisistema y fuera del sistema” (“somos ahora la única verdadera oposición a las elites financieras y a la izquierda ultraliberal, laxa y libertaria”, una combinación en la que cada adjetivo cuenta)… Ahora, bajo el impulso del éxito electoral, ha añadido un nuevo objetivo central: “la implosión del sistema político”, para situar al Frente Nacional, posiblemente con un nuevo nombre, como fuerza mayoritaria de la derecha francesa.

No es un objetivo inalcanzable, pero tampoco parece al alcance de la mano por vía parlamentaria, y no cabe duda de que ésta ahora la vía del FN y de sus compinches europeos. Marine Le Pen tiene que jugar a fondo a la derrota de Sarkozy, lo cual puede terminar siendo decisivo… para la victoria de Hollande, pero tendrá que negociar con el partido del aún presidente, la UMP, para conseguir su gran objetivo: contar con un grupo parlamentario propio en la Asamblea Nacional que saldrá de las elecciones de junio. Le Pen calcula que puede llegar a la segunda vuelta de esas elecciones con, al menos, cien candidatos (que obtendrían más del 12,5% en la primera vuelta). Pero el carácter ultramayoritario del sistema electoral francés, la puede dejar con cero diputados, que es como está ahora. Para formar grupo necesitaría 15 diputados (la Asamblea Nacional tiene 577) y sólo podría conseguirlos mediante un complicado juego de desistimientos pactados, fundamentalmente con la UMP.

Por último, y aunque no pase de ser una anécdota, la euforia de la noche electoral, llevó a Marine Le Pen a superarse a sí misma en materia de demagogia, dirigida esta vez hacia la izquierda: así llamó a la “resistencia” (el lema compartido de las candidaturas a la izquierda del PS, gritado especialmente a todo pulmón en los mítines masivos de Mélenchon) y a la colaboración con los “soberanistas de izquierda”, y por sin esto fuera poco, bajo el slogan que simboliza a Mayo 68: “Ce n’est qu’un début; continuons le combat”. Marine Le Pen no olvida que una parte de su fuerza viene, y a lo que se ve aspira a que siga viniendo, de gente de izquierda “antisistema”, decepcionada por sus antiguos partidos.

4. Aunque el resultado obtenido haya estado muy por debajo de las expectativas (11,11% respecto al 16 ó 17% esperado, con la idea de superar a Le Pen, lo que lamentablemente ha quedado lejos de conseguir), el Frente de Izquierdas y su líder Jean-Luc Mélenchon se han convertido en un referente para la izquierda europea, que recuerda al papel que jugó hace unos años Die Linke.

El éxito masivo de la campaña electoral de Mélenchon y su importante votación me parece una muy buena noticia para ese espacio a la izquierda de la “socialdemocracia” que existe en estado magmático en toda Europa. Hay que reconocer que él mismo y el Frente de Izquierdas van a ser la principal referencia política de izquierda de la nueva etapa en Francia y que lo que digan y lo que hagan tendrá una considerable influencia europea. Razón de más para evitar las simplificaciones de la pura exaltación y tratar de analizar su política real, con sus logros y contradicciones.

El primer punto a destacar es el marco político que ha sido, mucho más que el programa concreto, la base de la campaña de Mélenchon. Los lemas principales son conocidos: “¡Tomemos el poder!”, “Insurrección cívica”, “Revolución por las urnas”… todo ello con un tono “presidencial” (“Yo cogeré mi vieja pluma, una hoja de papel y empezaré marcando: el salario mínimo a 1.700 euros. ¡Cuando se es de izquierdas y se llega al poder, hay que aumentar el salario mínimo!”) que no es simplemente lenguaje exuberante de campaña. Hay aquí un tema que no termina de estar claro, pero en el que conviene detenerse.

Mélenchon se ha reivindicado de lo que llama el “modelo latino” para definir su proyecto político. Este modelo consistiría en disputarle la hegemonía al PS en el “pueblo de izquierdas”, un objetivo que me parece bien planteado y que también forma parte, con un enfoque propio, del Bloco de Esquerda portugués, un partido menos valorado de lo que merece, como se muestra, creo, en el libro publicitado al comienzo de esta nota.

Pero en la concepción de Mélenchon este objetivo se alcanza prioritariamente por procedimientos electorales. De ahí sus ilusiones en disputar ahora la 2ª vuelta a Hollande (“Eso sería la culminación del ‘modelo latino”, declaró), con la perspectiva de disputarla de nuevo, y ganarla, dentro de cinco años. Es verdad que esto es sólo una interpretación, pero es coherente con la campaña desarrollada. El 11% obtenido compromete seriamente la credibilidad del proyecto a corto plazo, pero es una hipótesis razonable que se mantenga como núcleo del proyecto de Mélenchon.

Las referencias al “modelo latino” (aunque se dice que su contacto direct en este aspecto es Rafael Correa, un mal “modelo”…) dan sentido a analizar la política de Mélenchon no desde el “populismo” -utilizado cada vez como una etiqueta peyorativa banal que se aplica a todo lo que no suene a la ortodoxia dominante-, pero si desde la “razón populista”, por utilizar el título del muy recomendable libro de Ernesto Laclau, pionero en una revisión política radical de la lucha por la hegemonía antagonista en nuestra época y el papel del sujeto “pueblo” en ella. Hay también en este punto relecturas recomendables en nuestra revista y un debate muy pertinente, sobre el que me voy a limitar a justificar sumariamente mis reservas. A mi parecer, el Frente de Izquierdas es por ahora estrictamente un movimiento electoral, sometido a los avatares propios de unas elecciones, entre otros, bajar cinco puntos en una semana las expectativas de voto por la presión de un “voto útil” hacia Hollande, voto que no debería pesar excesivamente en elecciones a dos vueltas.

La conversión de ese movimiento electoral en un movimiento sociopolítico es un enorme salto cualitativo, muy problemático cuando es precisamente lo electoral el aspecto predominante de la acción política. Que ese hipotético movimiento sociopolítico culminara en la constitución del sujeto “pueblo” es algo que simplemente no parece tener bases significativas en la actual realidad política francesa. Por supuesto, habrá que prestar atención a los desarrollos futuros de las resistencias a la política de Hollande y, particularmente, de la lucha social y política con el Frente Nacional. Pero por el momento, creo que son más importantes que especulaciones “constituyentes” las características concretas, esperemos que en marcos unitarios, que tomarán esas resistencias y esas luchas, y el nuevo contenido que adquiera a partir de ellas, conceptos que suenan tan bien como “insurrección cívica”.

En segundo lugar, el programa concreto del Frente de Izquierdas tiene objetivos y propuestas que responden muy bien a las políticas de ajuste que padecemos, pero también contradicciones y ambigüedades notables que, no sé por qué, no aparecen ni aludidas entre sus partidarios de aquí. Hemos publicado textos en la web que las señalan sin el menor sectarismo, simplemente porque existen y hay que valorarlas precisamente por la importancia adquirida por el Frente. Por ejemplo, en uno de los artículos que publicamos se lee: “Mélenchon denuncia el imperialismo estadounidense, defiende la retirada de la OTAN, pero no es ni antiimperialista ni antimilitarista. Cuando se le pregunta lo que piensa de la actitud de Nicolas Sarkozy en el asunto libio, responde: ‘la política realizada es conforme al interés de Francia -estar ligada con el mundo magrebí’. Cuando Eva Joly propone suprimir el desfile militar del 14 de julio, en el verano de 2011, se enfada declarando que el pueblo francés ‘no tiene que tener vergüenza de (su) ejército, de (su) orgullo nacional’... Aboga incluso por “un desfile militar y ciudadano, para mostrar a las finanzas internacionales que aquí hay un pueblo que no se dejará dominar”, y enviar ‘un mensaje a las agencias de notación: aquí no estamos en Grecia”. Asímismo, en el balance de las elecciones de Samy Johsua que está en nuestra web leemos: “La referencia omnipresente a ‘La República’ es ambigua en la historia del país, y no es por azar que sea reivindicada también por Sarkozy y tantos otros. Hay en Mélenchon la referencia a 1793 y a La Comuna de París. Pero también el saludo a la “presencia de Francia” en todos los continentes (dicho de otra forma, en las últimas colonias), a la política de Estado a la manera gaullista, a una alianza directa con bellas democracias como China y Rusia, a la venta sin escrúpulos de armas ‘francesas’, al mantenimiento de la disuasión nuclear, mas las tentaciones fluctuantes sobre el proteccionismo”. Hay pues mucho que discutir, especialmente, sobre el “soberanismo nacionalista” tal como lo entiende Mélenchon.

Pero esas discusiones no deben enturbiar que el Frente de Izquierdas defiende un programa social antineoliberal radical, sobre el cual las coincidencias con un enfoque anticapitalista son mucho más importantes que los desacuerdos. Por tanto, aunque tenga sentido mantener abierto el debate “antineoliberalismo/anticapitalismo” desde el punto de vista de las orientaciones a medio y largo plazo, este debate probablemente no tenga interés para la gran mayoría de la gente que sufre día a día los estragos de las políticas neoliberales, y que lo que querrían es una acción firme y común contra ellas. Ojalá estas aspiraciones se concreten. Sería una muy buena lección, mas allá de Francia.

Una última cuestión. El Frente de Izquierda es una coalición electoral. Probablemente se mantendrá de algún modo, pero es muy poco probable que a medio plazo se transforme en un partido, un Die Linke francés. Por una parte, las relaciones de fuerzas entre sus componentes son muy desiguales: el PCF dice tener 130.000 militantes, 75.000 con la cotizaciones al día, 1.000 cargos públicos elegidos (entre los cuales, 17 diputados en la Asamblea Nacional) y encabeza el 75 % de las candidaturas para las próximas legislativas. El partido de Mélenchon, Partido de Izquierda, dice tener 10.000 militantes, menos estructurados que los del PCF, y un peso institucional mucho más débil (sólo dos diputados en la Asamblea). Los demás grupos de la coalición tienen apenas unas decenas de militantes.

A estos desequilibrios se suman diferencias políticas ahora no evidentes, pero que podrían pesar en un futuro próximo. Diferencias incluso en las fórmulas: no es lo mismo, aunque suene parecido, llamar a disputarle la hegemonía de la izquierda al PS, que a “cambiar el centro de gravedad de la izquierda”, como propone el PCF. Pero sobre todo, no me parece tan clara como piensa Samy Johsua, la posición sobre una eventual alianza de gobierno con Hollande. Mélenchon la rechaza. La posición del PCF es mucho más ambigua; en la noche electoral, uno de sus portavoces dijo: “Si hubiéramos obtenido un 16 o 17% de los votos habría dado lugar a un gran debate”. Si todo depende de los votos y no de la valoración del programa de Hollande, podría haber sorpresas después de las legislativas. Aunque ahora, como la política hay que hacerla sobre datos concretos y no sobre hipótesis de intenciones, se pueda considerar que no hay en este aspecto desacuerdos entre el Frente y quienes se oponen a cualquier forma de colaboración gubernamental con el social-liberalismo.

5. Terminaré con unos comentarios sobre los resultados del NPA, que me resultan especialmente difíciles de escribir. Las afinidades cuentan. Pero sobre todo cuenta el conocimiento de las graves dificultades que atraviesa la organización desde mucho antes de las elecciones y la preocupación por el futuro del NPA, porque coincido con Alex Callinicos en que “el colapso del NPA sería un desastre para toda la izquierda revolucionaria internacionalmente”.

Poco antes de las elecciones, Philippe Poutou declaró: “Si consigo el 1% eso no nos desmovilizará, pero un resultado apreciable nos situaría en una posición mejor para el futuro.” Ha obtenido el 1,12%, un resultado muy débil, que no mejora por compararlo con los sondeos iniciales que le daban más o menos la mitad. Pero un mal resultado no justifica el tratamiento despectivo que se ha podido leer aquí, en comentarios desde la izquierda sobre la campaña francesa. Más allá de las discusiones que haya que tener sobre la orientación política de la campaña, Poutou ha defendido dignamente un programa anticapitalista en los difíciles escenarios de los debates continuos en los grandes medios de comunicación y en decenas de mítines, desafiando y venciendo ese “desprecio de clase y de casta” que le trató de ridiculizar por ser un “obrero”, como denunciaron Philippe Corcuff y Lilian Mathieu en el artículo que publicamos en el nº 121 de VIENTO SUR.

Señalaré dos aspectos que me parecen poco convincentes de la campaña de Poutou, con las reservas de que la opinión se basa en lecturas, no en la experiencia directa, y con el convencimiento de que si no se hubieran producido éstos que me parecen errores, el resultado electoral habría sido muy parecido. Una vez que el NPA decidió presentar una candidatura propia en las condiciones políticas de estas elecciones, en las que el Frente de Izquierdas aparecía como el abanderado de la unidad, la partida estaba jugada y en mi opinión, desde un punto de vista electoral, perdida. Lo que no significa desconocer que la política unitaria, especialmente en elecciones, es quizás la más difícil de las que tiene hoy ante sí la izquierda anticapitalista en toda Europa, y que frecuentemente quien más habla de unidad, no es quien mas trabaja por realizarla.

Coincido con Samy Johsua en uno de los problemas que señala de la campaña Poutou en el artículo ya citado: “Cuando el temor de la crisis paraliza las conciencias, cuando los odios estallan equivocándose a veces de dirección, cuando en todas partes se está a la búsqueda de salidas creíbles y coherentes, la idea de que la preocupación principal sea el rechazo de los ‘políticos profesionales’ no golpea en lo esencial, aunque tenga su legitimidad”. La crítica de la “política profesional” es una de las aportaciones importantes del NPA, y particularmente de su anterior portavoz Olivier Besancenot, que enlaza con las mejores tradiciones del movimiento obrero, La Comuna, en primer lugar, de la que tanto se ha hablado por parte del Mélenchon, pero también de Besancenot, en esta campaña. Todo lo que tiene que ver con las limitaciones de salario, de duración de mandatos, los controles sociales de la gestión de los cargos públicos… es no sólo legítimo, sino imprescindible. Pero Poutou lo ha llevado al extremo de lo que ha aparecido como una burla de cualquier responsabilidad política institucional, que puede caer simpática, pero que dudo mucho que se tome en serio para dar respuestas políticas a la durísima situación existente. Por poner un ejemplo: en una entrevista en Canal +, Poutou reacciona simplemente con carcajadas cuando el periodista le recuerda cómo había respondido Besancenot en otro programa a la pregunta: “¿Cuál sería la prioridad de Poutou si fuera elegido?”. La respuesta fue: “¡Uff, estaría totalmente en la mierda!”. Una reacción que viene a significar lo mismo que su declaración en otro programa, según la cual si saliera elegido se “autodisolvería”.

El segundo problema tiene que ver con uno de los puntos fuertes de la campaña del NPA, que ha sido el tema central del discurso de Poutou: la defensa de un “escudo social” que proteja a la gente trabajadora de las ataques del capital, integrado por un conjunto de reivindicaciones sociales. Por supuesto, no hay nada que oponer a esta propuesta y a que tenga un carácter fundamental en el programa electoral. Pero escuchando debates y charlas de Poutou, y de Besancenot, he tenido la impresión de que proponían básicamente un programa reivindicativo de orientación sindicalista revolucionaria, y que los temas propiamente políticos se limitaban a la propaganda anticapitalista. Es cierto que puede verse este tema desde otro punto de vista: cuando en medio de la campaña electoral los trabajadores de Acelor-Mittal se manifestaron en París, ni apareció el Frente de Izquierdas y allí estaba, como debe ser, el NPA. Pero esto no es contradictorio con que en una campaña electoral, y máxime en esta campaña electoral con la creciente amenaza de Le Pen y con Mélenchon poniendo en primer plano temas políticos, el NPA no dio, a mi parecer, la importancia debida a cuestiones con las que se interesaba o identificaba mucha gente de izquierda, que son imprescindibles para crear conciencia política antagonista. En este aspecto, pienso que el discurso de Mélenchon respondió mejor a lo que estaba en juego.

Pero hayan existido o no estos problemas, lo que está claro ahora el objetivo es esa “tercera vuelta social” que proponen y anuncian tanto el Frente de Izquierda como el NPA, tras la 2ª vuelta de las presidenciales el próximo 6 de mayo, día que por cierto coincide con las elecciones generales en Grecia, que podrían tener una influencia en la situación europea más importante que quien termine siendo el presidente de Francia.

A lo largo de la campaña electoral, y especialmente en su última fase, el tono y el enfoque de Poutou ha sido cada vez más claramente unitario hacia la acción común con el Frente de Izquierdas. Es un dato esperanzador que combate el riesgo, siempre presente en las malas políticas unitarias, de basarlas en intentar alimentarse de los errores de aquel a quien se propone la alianza, en vez de considerar que el principal alimento que fortalece a una organización revolucionaria es la movilización social fuerte y unitaria.

Terminaré citando una vez más a Johsua: “En la prosecución de su proyecto fundador, le es preciso trabajar al mismo tiempo en construir una nueva formación con todos los anticapitalistas, desgraciadamente hoy de nuevo demasiado dispersos. Una maldición de la que habrá que librarse algún día. Una nueva formación, pues, en el interior de un amplio bloque unitario, político y social, contra la austeridad tanto de derechas (si a pesar de todo Sarkozy logra ganar) como de izquierdas. Lo que sigue al escrutinio impone este doble reagrupamiento frente a los temas de la resistencia a la crisis capitalista y a la política muy probable de Hollande si es elegido. Puede marcar una inflexión en Europa, mostrar una vía nueva y abrir al fin otras posibilidades que las de la letanía de las derrotas y los retrocesos”.

Por mi parte, nada que añadir.

24/4/2012

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

Font Viento Sur

Consultas recomendadas

Artículos

- “El resultado de Philippe Poutou y el porvenir del anticapitalismo
Samy Johsua

- “Declaración de Philippe Poutou”. 22/04/2012

- “Méritos y límites del Frente de Izquierdas”. LCR-Bélgica

- “También en Europa: posibilidades populistas en la política europea y española”. Íñigo Errejón. VIENTO SUR nº 115. Marzo 2011

- “Una Europa en crisis, una extrema derecha en ascenso”. Miguel Urbán. VIENTO SUR nº 111. Julio 2010.

- Quienes puedan leer en francés encontrarán una documentación excelente sobre los temas tratados en la web http://www.europe-solidaire.org/

Libros

Laclau, E (2005) La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica

Romero, M (edit.) (2012) Conversaciones con la izquierda anticapitalista europea. Madrid: Los libros de VIENTO SUR/La oveja roja.

24/04/2012


Elecciones en Francia. "Para que juntos podamos hacer vivir una fuerza anticapitalista independiente"

Declaración De Philippe Poutou (NPA), 23/04/2012

Muchas gracias a quienes acaban de votar por mí, pues hemos logrado juntos en esta campaña, más allá de nuestro resultado, que existieran respuestas anticapitalistas: la prohibición de los despidos, el aumento de todas las rentas en 300 euros netos, la anulación de la deuda, otro reparto de las riquezas y la salida de lo nuclear en diez años. En esta campaña, hemos intentado mostrar la absoluta necesidad de que los asalariados y asalariadas y la población no cuenten más que con sus propias fuerzas para combatir los desastres del capitalismo.

Nicolas Sarkozy ha realizado durante cinco años una política para sus amigos los ricos, una política antisocial, xenófoba y racista.

El que Sarkozy sea rechazado desde la primera vuelta por una gran mayoría de la población es, por supuesto, un formidable aliento. El hecho, por el contrario, de que la extrema derecha con Marine le Pen logre un resultado tan elevado, de alrededor del 20%, es una mala noticia. Su partido y ella misma no representan en absoluto los intereses de las clases populares. Es un peligro mortal que hay que continuar combatiendo.

Frente a esta derecha dura, el Partido Socialista y su candidato no son una respuesta. El proyecto del PS se inscribe en las grandes líneas de las decisiones de la Unión Europea y de los socialistas europeos. Anuncia ya políticas de austeridad, por una “austeridad de izquierdas”.

Desde hace cinco años el NPA combate la política de Sarkozy y de su gobierno tanto en la calle como en las urnas. Es en este sentido que el NPA llama el martes 1 de mayo a manifestarse en todas las ciudades de Francia por las medidas sociales de urgencia que hemos defendido en esta campaña, contra la política de Sarkozy y el peligro que representa la extrema derecha de Marine Le Pen.

El 6 de mayo, consecuentemente con la campaña que hemos realizado, estaremos al lado de los y las que quieren impedir a Nicolas Sarkozy hacer un segundo mandato. Lo decimos claramente: hay que echar a Sarkozy y a toda su banda votando contra él. Pero esto no significa ningún tipo de apoyo a la política de François Hollande.

Llamamos a quienes se han reconocido en nuestra campaña a reagruparse, a tomar contacto con nosotros, para que juntos podamos hacer vivir una fuerza anticapitalista independiente. En la batalla contra la austeridad, tanto de derechas como de izquierdas, nos dirigimos al Frente de Izquierdas, a Lucha Obrera, a los militantes sindicalistas y más allá a quienes se han encontrado en estas campañas para preparar desde ahora mismo la contraofensiva que necesita el mundo del trabajo.

París, 22/04/2012 a las 20:00h


Elecciones en Francia.
El resultado de Philippe Poutou y el porvenir del anticapitalismo

Samy Johsua

El choque del resultado de Le Pen no debe impedir analizar otros datos. Por ejemplo los resultados del NPA. Al final, Philippe Poutou ha logrado un avance mediático y ha ganado una amplia simpatía, gracias también a la clara mejora de su trabajo. Los mitines se han llenado. ¡Tanto mejor! Esto permite felizmente sacar un balance que pone de lado un juicio sobre la persona para discutir más serenamente sobre la línea que ha defendido. Y sobre su resultado.

Si Besancenot obtenía, en 2007, 1,5 millones de votos, y el 45% de los votos a la izquierda del PS (en un contexto en el que el recuerdo de 2002 [la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales se disputó entre el candidato de la derecha, Jacques Chirac, y el de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen que superó al candidato del PS, Lionel Jospin] estaba aún muy vivo), Poutou obtiene justo un poco más de la cuarta parte de esos votos y el 9% de ese total. Esto cuando la fuerza del voto útil, en relación a 2002, ha retrocedido claramente y el total de los votos de izquierda ha progresado en relación a 2007. No había nada de inevitable en una caída de una amplitud así, que es el resultado de una sucesión de decisiones políticas desgraciadas antes, durante y después de su designación.

Ha habido pues un grave error de análisis sobre lo que estaba en juego en estas elecciones. El corazón de la campaña del NPA, “el candidato obrero”, el que es “como nosotros”, puede hacer ganar simpatía, pero es un perfil incapaz de fundar una política. Sobre todo cuando todo el mundo podía sentir a su alrededor la subida catastrófica del FN. El candidato mismo explicaba que no veía bien lo que pintaba allí, ni lo que estaba en juego específicamente en estas elecciones. Cuando habría habido que llamar a un gobierno de combate, mi camarada Poutou, por su parte, remitía a la gente a su impotencia anunciando que él se “autodisolvería” si le eligieran.

La izquierda revolucionaria sale profundamente dividida de las elecciones, y el NPA en particular. En el plano electoral, ha vuelto a las aguas de 1981 (2,30 para Laguiller [Lutte Ouvrière]), cuando estalla la crisis del capitalismo. La campaña del NPA estuvo voluntariamente desfasada, pero totalmente a contratiempo de las exigencias de la situación. Atrayendo interés, pero con una influencia política inevitablemente reducida. Cuando el temor de la crisis paraliza las conciencias, cuando los odios estallan equivocándose a veces de dirección, cuando en todas partes se está a la búsqueda de salidas creíbles y coherentes, la idea de que la preocupación principal sea el rechazo de los “políticos profesionales” no golpea en lo esencial, aunque tenga su legitimidad. La cuestión no es ya quién habla (si lo ha sido alguna vez hasta ese punto) sino lo que se dice. Al final, el anticapitalismo reducido al casting (¿quién habla?) no tenía ya verdadera razón de ser, salvo de forma superficial. Y ha perdido totalmente, como es lógico, el apoyo de los militantes de los movimientos sociales, que son únicos capaces sin embargo de responder a las tareas que no dejarán de venir.

Mélenchon consigue mejores resultados de lo que se pensaba en otoño. Pero menos evidentemente de lo que esperaba el Frente de Izquierdas. Finalmente, la suma de porcentajes de la izquierda radical no supera su nivel de 2002, repartida de forma diferente, como es evidente. Una decepción, y una nueva prueba de que no es tan fácil superar solo en el plano electoral los fracasos del movimiento social. Queda que Mélenchon ha abierto salidas con un antiliberalismo radical, ha intentado dar una respuesta a una voluntad de unidad frente al social-liberalismo, y ha llevado a cabo una campaña con una dinámica de masas importante.

Esto no debe, sin embargo, ocultar desacuerdos que pueden potencialmente tener su importancia en el futuro, en una perspectiva anticapitalista. La referencia omnipresente a “La República” es ambigua en la historia del país, y no es por azar que sea reivindicada también por Sarkozy y tantos otros. Hay en Mélenchon la referencia a 1793 y a La Comuna de París. Pero también el saludo a la “presencia de Francia” en todos los continentes (dicho de otra forma, en las últimas colonias), a la política de Estado a la manera gaullista, a una alianza directa con bellas democracias como China y Rusia, a la venta sin escrúpulos de armas “francesas”, al mantenimiento de la disuasión nuclear, mas las tentaciones fluctuantes sobre el proteccionismo.

Esto elimina en absoluto la evidente muy amplia zona de acuerdos entre los ejes anticapitalistas y el programa del Frente de Izquierdas. Ha sido atacado con todo tipo de armas por los liberales arrogantes, sentados en sus certezas. Y sin embargo es insuficiente en ciertos puntos para hacer frente a enemigos cuyo poder no puede ser subestimado. Por ejemplo, se planteará la cuestión de una moratoria inmediata de la devolución de la deuda si no se quiere dejarse asfixiar como el pueblo griego, y por tanto la cuestión de la apropiación social completa de las herramientas financieras. Sobre todo, lógicamente, la gran ausencia de la campaña del Frente de Izquierdas -enteramente centrada en la “revolución por las urnas”- fue la del alcance autónomo del movimiento social (y de los movimientos sociales en su diversidad). Y se ve que no es tan fácil avanzar en el plano electoral sin el motor de la movilización puramente social. Mélenchon anuncia, con razón, la necesidad de la resistencia a los mercados que no dejarán de atacar incluso las débiles veleidades de Hollande si es elegido. Pero ¿cómo hacerla, una vez pasadas las elecciones, si no es, primero en la movilización de calle y el combate social llevado hasta el término de su lógica más allá de las habituales dudas de las direcciones? Esta pregunta estará en el corazón de los debates que vienen y será planteada, por necesidad, bastante más allá de los círculos anticapitalistas.

¿Y ahora?

Queda librarse de Sarkozy derrotándole lo más ampliamente posible por un voto Hollande. Coloquémonos resueltamente en la perspectiva optimista, la de la derrota indispensable del presidente saliente.

Un punto fundamental es que más allá del resultado, quizá decepcionante para el Frente de Izquierdas, la campaña de Mélenchon ha dado fuerza a la voluntad de que se reagrupe una “verdadera izquierda”. Y las multitudes que se agolpaban masivamente en los mitines esperan que esta esperanza tenga prolongación. Incluso si se ven claramente las dificultades que se presentan. Desde hace ahora 15 años, los anticapitalistas afirman su disponibilidad para una tal unidad a condición de que no sea liquidada en una nueva alianza dominada por el PS. Punto nuevo y muy positivo, a la vez el Partido de Izquierdas y -sobre todo- el PC dicen haber tomado conciencia del peligro corrido en agarrarse al carro de una nueva “izquierda plural”, y de que los programas de Hollande y el de los antiliberales no son compatibles.

Ciertamente hay que ser prudentes en esta materia. ¡Nos hemos acostumbrado hasta tal punto a que la verdad de hoy no sea siempre la de mañana! Las sirenas de una nueva unión de la izquierda no han perdido toda su seducción, sobre todo en la perspectiva de legislativas que serán bastante más difíciles de lo esperado. Sin embargo, si todo esto se traduce en una alianza con el PS, son evidentemente las propias promesas antiliberales las que quedarán condenadas de forma duradera. Pero si la opción de la separación se confirma (y si no es desviada luego, por ejemplo, votando en la Asamblea a favor de la moción de confianza a un gobierno PS/Europe Ecologie, aunque cuente con una mayoría absoluta) entonces por supuesto la razón principal que impedía un acercamiento duradero estará levantada.

La decisión de los anticapitalistas debe ser ponerse en medida de participar en los bloques políticos y sociales con las fuerzas y sectores que estarán en el rechazo de la política de Hollande, si éste triunfa. Si el previo de las relaciones gubernamentales con el PS está levantado, el espacio de una recomposición así será el de un debate principalmente con el Frente de Izquierdas. Éste no debe seguir siendo un cártel, estrechamente controlado por arriba, como ocurre hasta hoy. Debe comportar una estructuración perenne en la base, lo que va parejo con la posibilidad de colaborar en ese bloque por adhesiones directas, y la representación de esas estructuras de base en instancias locales y nacionales. Es por otra parte del interés de todo el mundo que exista una alternativa ecosocialista y anticapitalista que se afirme. Componente para la que, si es justo combinar la batalla en el seno de las instituciones existentes, la experimentación social transformadora, las movilizaciones extraparlamentarias, estas últimas siguen siendo un marco prioritario dando la posibilidad de que “la emancipación de los trabajadores (sea) obra de los propios trabajadores”, en un enfrentamiento inevitable con un enemigo que concentra el poder económico, político, ideológico y represivo.

El NPA está ante una decisión vital para que la influencia de la izquierda revolucionaria (que no se limita felizmente al resultado de Philippe Poutou y de Nathalie Arthaud) no sea aún más debilitada y definitivamente esterilizada. Con ocasión de su próxima conferencia nacional (convocada para los días 7 y 8 de julio), debe tomar resueltamente otra ruta. Cuando la amenaza Le Pen se hace aún más acuciante, lo que él mismo ha puesto como condición para un reagrupamiento está posiblemente a punto de realizarse. No es cierto todavía, es verdad. Pero si esto se confirma, debe sin más esperar salir del aislamiento en que se ha encerrado cuando la extrema derecha está en ascenso. En la prosecución de su proyecto fundador, le es preciso trabajar al mismo tiempo en construir una nueva formación con todos los anticapitalistas, desgraciadamente hoy de nuevo demasiado dispersos. Una maldición de la que habrá que librarse algún día. Una nueva formación, pues, en el interior de un amplio bloque unitario, político y social, contra la austeridad tanto de derechas (si a pesar de todo Sarkozy logra ganar) como de izquierdas. Lo que sigue al escrutinio impone este doble reagrupamiento frente a los temas de la resistencia a la crisis capitalista y a la política muy probable de Hollande si es elegido. Puede marcar una inflexión en Europa, mostrar una vía nueva y abrir al fin otras posibilidades que las de la letanía de las derrotas y los retrocesos.

23/04/2012

Samy Johsua es militante del NPA. El seu bloc ací

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR


Resultados

Hollande totaliza 10.273.475 votos, y Sarkozy 9.754.324. Marine Le Pen (FN, extrema derecha) obtuvo 6.421.808 votos, es decir, 17,90%. Jean-Luc Mélenchon (Frente de Izquierda, izquierda radical), 3.985.088 votos, es decir, 11,10%. Les sigue el centrista François Bayrou (Modem) con 3.275.390 votos (9,13%).

Los demás candidatos quedaron por debajo de 3%: Eva Joly (EELV, ecologista) con 828.392 voix (2,31%); Nicolas Dupont-Aignan (DLR, soberanista) con 644.065 (1,79%); Philippe Poutou (NPA, extrema izquierda) con 411.183 (1,15%), Nathalie Arthaud (LO, extrema izquierda) con 202.562 (0,56%) y Jacques Cheminade (independiente) con 89.558 (0,25%).

De los 46.037.782 electores inscriptos, votaron 36.584.810, de los cuales sufragaron 35.885.845 sin poner en las urnas un voto blanco (no reconocido en Francia) o nulo. Es decir que la abstención fue de 20,53%.

+ Info:

La nueva América Latina como principal fuente de inspiración. Las elecciones presidenciales en Francia y la emergencia del Frente de Izquierda. Salim Lamrani


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