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diumenge 4 de març de 2012 |
3 de marzo de 1976: la matanza de Vitoria

Iñaqui Uribarri / Daniel Raventós / Colectivo de Cine de Madrid

SUCESOS DE VITORIA 1976 (parte 1ª)

SUCESOS DE VITORIA 2 AÑO 1976

Documental rodado en 1976 en la ciudad de Vitoria. Donde una manifestacion de obreros que pedía aumento de sueldo fue tiroteada por la policía. Tras la "masacre" de manifestantes en Vitoria, se retiró a la policía de la calle y se permitió el entierro de los trabajadores. Los tres que entonces formábamos el Colectivo -Tino, Andrés y Fito- accedimos a Vitoria por la única carretera que no estaba bloqueda por la policía: la de Madrid. Fue fruto de la casualidad. Gracias a ello hoy podemos ver y oir aquellos impactantes acontecimientos y a sus protagonistas.

Autores: Colectivo de Cine de Madrid (Rodaje efectuado -en la clandestinidad- por Adolfo Garijo, Tino Calabuig y Andres Linares)

A 30 años de la matanza de Vitoria

Iñaqui Uribarri 12/3/2006

Se cumplen 36 años (1) de uno de los hitos de la lucha y la resistencia obrera antifranquista, cuyo violento aplastamiento marcó profundamente los derroteros que habría de seguir la transición española de una dictadura militar y clerical a la amnésica restauración de la monarquía borbónica. Una reflexión conmemorativa del veterano activista y conocedor del movimiento obrero vasco Iñaqui Uribarri.

El 3 de marzo de 1976 la policía mataba en Vitoria a 5 trabajadores y hería a mas de 100, 20 de ellos de gravedad. Ese día, miércoles de ceniza, se había convocado una huelga general que estaba siendo seguida de forma casi absoluta en fábricas y otros centros de trabajo, centros de estudio, comercios, bares, etc. La ciudad, paralizada desde primeras horas de la mañana, había conocido ya antes de la matanza que tendría lugar en la asamblea celebrada en la iglesia de San Francisco, en el barrio de Zaramaga, a las 5 de la tarde, duros enfrentamientos con la policía con el saldo de algunos heridos de bala.

En el desalojo de la asamblea obrera de la iglesia de San Francisco (5.000 asistentes en el interior y varios miles en el exterior a los que la policía no dejó entrar), la policía disparó balas a mansalva. Pedro María Martínez Ocio, de 27 años y Francisco Aznar, de 17, murieron allí mismo. Romualdo Barroso, herido por una ráfaga de arma automática al escapar por una ventana de la iglesia, moría a las 11 de aquella noche y Bienvenido Perea, de 30 años, también herido en San Francisco, moriría dos meses después, el 5 de mayo de 1976. Todavía habría un muerto más en Vitoria. José García Castillo, de 32 años, fue baleado por la policía cuando intentaba retirar su coche de una barricada y murió el domingo día 7. Cerraría la cuenta fúnebre de aquellos días Vicente Antón Ferrero, trabajador de 18 años, muerto por la Guardia Civil en Basauri (Vizcaya), en la huelga general del lunes 8 de marzo, cuya convocatoria cosechó en el conjunto de Euskadi el nivel de paro y movilización mas alto nunca alcanzado hasta entonces.

JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS

La del 3 de marzo era la tercera huelga general que se convocaba a lo largo del proceso huelguístico iniciado a principios de enero de 1976, proceso cuyo origen estaba en la revisión salarial que, en casi todas las fábricas coincidía con la entrada del año. Seguramente sin los muertos y los heridos, esta larga lucha de la clase obrera vitoriana no hubiera adquirido el carácter de símbolo que hoy tiene. Y es lógico que así sea, pero no sólo por el marchamo épico que da la muerte a los acontecimientos históricos, sino porque el broche ultra represivo que puso el poder de la época a aquella huelga obrera, era plenamente coherente con los momentos políticos que se vivían.

Hoy, a treinta años de distancia de aquellos hechos, a la distancia ya de una generación, el símbolo de la represión sigue siendo el menos asimilable por los poderosos de turno. Todavía no se quiere aceptar que aquella fue una masacre de gente pacífica, que la integridad física de la policía en ningún momento peligró y que, lo que de verdad explica que los acontecimientos acabaran en un baño de sangre, fue la decisión política que se había tomado de cortar una dinámica de lucha que se había convertido en bastante desestabilizadora y que amenazaba con crear escuela en otras zonas de Euskadi y del Estado.

Que todavía esté vivo y políticamente activo un personaje como Fraga que, desde su cargo de Ministro del Interior de la época tanto tuvo que ver con la represión de entonces (“ la calle es mía” se convertiría en su frase emblemática), hace más difícil buscar una salida aceptable para restañar en parte aquella herida. El hecho de que se siga negando cualquier derecho a que las víctimas del “tres de marzo” sean indemnizadas porque eso sería encajar dicha indemnización en alguna instancia de la Administración a la que se debería considerar culpable (o cuando menos responsable), dice mucho sobre la miseria de la transición.

Venimos comprobando desde hace años cómo se ha puesto en marcha un proceso de revisión histórica destinado a lavar la cara de la transición y de paso de la dictadura. Este proceso ha adquirido cotas notables de falseamiento histórico. Parece que sólo una minoría de resentidos, ubicados a sí mismos en el bando de los derrotados, reacciona contra la interpretación al uso de la transición como un modelo de buen hacer democrático para desembarazarse de una dictadura. Atrapados por las diversas fases de pactos y negociaciones que se desarrollaron en aquellos años cruciales de la transición, sobre todo en 1976 y 1977, la mayoría de la izquierda lo tiene bastante mal para trasladar a las nuevas generaciones una imagen veraz de los pelos que hubo que dejar en la gatera de esta nueva democracia española.

Bien mirado no se trata de un problema menor. Para los vencedores los símbolos no son muy importantes. Como mucho cumplen un papel funcional. Para los derrotados los símbolos son vitales. Hablan de aquello por lo que se luchó y no se alcanzó, de lo que pudo ser y no fue, de lo que está pendiente. Los símbolos remiten a una interpretación distinta de la historia a la que explican los vencedores. Esos símbolos, si encarnan en nuevas generaciones, aunque sea de forma minoritaria, generarán el efecto positivo no sólo de mantener la exigencia de la restauración de la justicia debida a las víctimas, sino señalarán un camino, unas metas y unos ideales.

LUCHA OBRERA

El “tres de marzo” no es solo un símbolo de la represión. Lo es también de una lucha obrera desarrollada ejemplarmente. Por más que hayan cambiado tanto, desde entonces, las realidades del mundo del trabajo, como para parecernos que hoy no serían practicables los métodos e iniciativas puestos en pie por la gente huelguista de Vitoria en el primer trimestre de1976, uno se asombra del repertorio de ideas, de nuevas ideas en bastantes casos, que contenía la práctica de lucha de clases que se implementó.

He vuelto a leer un buen puñado de materiales elaborados aquellos días y en los meses inmediatamente posteriores y los he puesto en relación con la memoria que conservo como alguien que participó en ellos, desde la cocina, y sinceramente me maravilla que, en tampoco tiempo (entre 2 y 3 meses) y con una base de partida tan endeble, se lograran semejantes cotas de autoorganización, combatividad y politización.

La base endeble la recoge bien el balance de abril del 76 de las Comisiones representativas de las fábricas de Vitoria: “Pocos días antes de lanzar la plataforma reivindicativa conjunta, se hizo una asamblea de luchadores de todas las fábricas, para organizar una ofensiva conjunta. Entonces, no veíamos apenas condiciones para la huelga, por dos motivos principales: la despolitización y casi nula experiencia de lucha de la clase obrera de Vitoria, formada por obreros emigrados del campo alavés y de Castilla, Andalucía y Extremadura; la integración de la clase obrera en el sindicato vertical, dado que en las últimas elecciones el porcentaje de votantes fue de un 60%-70%, excepto en la empresa Gabilondo, en que la participación fue prácticamente nula. Y ello a pesar de que en Vitoria toda la vanguardia (excepto algunas organizaciones) estuvo y trabajó a favor del boicot de las elecciones”.

El punto de partida de una lucha reivindicativa unificada suele ser una plataforma también unificada. Tres eran los puntos centrales que se planteaban para la renovación de los convenios de 1976: 1) Aumento salarial. De 5.000 a 6.000 Ptas., igual para todos, conforme al incremento del coste de la vida y rechazándose los aumentos por porcentajes porque ampliaban las diferencias y dividían. 2) Jornada Laboral. 40 ó 42 horas laborales de trabajo, mas un mes de vacaciones, puentes y media hora para bocadillo. 3) Mejoras sociales. Jubilación a los 60 años con sueldo completo y aumentos paralelos a los salarios, 100% en caso de accidente y enfermedad, reducción de escalones, etc.

El balance de las Comisiones representativas al que me he referido antes señala los objetivos que se fijan y se van cubriendo a lo largo de los dos meses de huelga. Son objetivos concatenados y cuya consecución, en algunos casos, era condición necesaria para dar el siguiente paso. Así, por ejemplo, el primer objetivo, al cabo de 2 días de huelga, con paros totales y asambleas y las empresas cerradas por orden gubernativa, es la batalla contra el sindicato vertical. La dimisión de los enlaces y jurados y la formación de la Comisión representativa, elegida por la asamblea y portavoz de ella, era la piedra angular sobre la que soportar todo el edificio de la lucha.

Sin embargo, la pugna de las dos legalidades, la de los trabajadores asentada en la asamblea y la Comisión representativa y la de las empresas, admitiendo como únicos interlocutores a los enlaces y jurados, no se resolverá de un plumazo, sino que acompañará casi hasta el final al proceso huelguístico (por mas que a finales de enero ya se había conseguido hacer dimitir formalmente a los enlaces y jurados). La intransigencia obrera por imponer su legalidad es de una radicalidad extraordinaria. Su eficacia resulta indudable, puesto que si ya el sindicato vertical tenía mal encaje en la reforma de la dictadura que se venía cocinando, el golpe que le dan las huelgas de Vitoria, resulta definitivo para arrojarlo al baúl de la historia.

Otro objetivo que aparece al principio de la lucha y que, pese a ello, debe mantenerse permanentemente en tensión, es la unificación de las reivindicaciones. Las asambleas asumen la tríada reivindicativa consistente en: 1) Romper la congelación salarial (había un decreto de congelación salarial). 2) Contra el sindicato vertical; por la negociación con los auténticos representantes obreros. 3) Ningún despedido, ni detenido, ni represaliado.

El problema de los despedidos hace acto de presencia al poco tiempo de comenzar las huelgas (en Forjas Alavesas, primera empresa en salir a la huelga el 8 de enero, los 20 primeros despidos caen el día 16 de enero). El de los detenidos a medida que la lucha sale a la calle en forma de manifestaciones (a partir de la cuarta semana de huelgas) y a medida que se va radicalizando el hostigamiento a los esquiroles. Despidos y detenciones son las armas favoritas de la patronal para debilitar una dinámica de huelgas que, en algunos casos llevaba ya mas de un mes, sin haber conseguido las mejoras del convenio que se demandaban.

El balance de abril de 1976 de las Comisiones representativas explica así como se encara el problema de los despedidos: “Hasta entonces se daba el planteamiento de que si en una de las empresas en lucha se solucionaban todos los problemas y no había ningún despedido ni detenido, esa empresa entraría a trabajar, con el compromiso de parar si se viese que quedaba alguna empresa con despedidos. Se ve entonces que este planteamiento era equivocado y se corrige adoptando una posición de ofensiva según la cual ninguna empresa volverá a trabajar mientras haya un solo despedido (...) Este reto es asumido perfectamente por todas las Asambleas, y sucede que cuando creíamos que el movimiento estaba débil, a los casi dos meses de huelga, surge con mas fuerza que nunca”. Así se llega a la huelga general y a la masacre del 3 de marzo.

DINÁMICA ASAMBLEARIA

Siempre las dinámicas de lucha radical han contado con instrumentos asamblearios. En el caso del “tres de marzo” la asamblea llegó a jugar un papel tan destacado que casi resulta increíble tomando en cuenta las circunstancias de partida del movimiento obrero alavés. En el origen está un acuerdo principista asumido por todas las vanguardias y organizaciones de clase presentes en Vitoria, en aquella época, de que todo el poder residiera en las asambleas.

Una gran variedad de tipos de asambleas se fueron realizando según las exigencias de la lucha:

1) Asambleas de fábrica. Todos los días se hacía la asamblea propia de la fábrica en lucha, que tenía carácter informativo, de discusión y de decisión. Las votaciones se hacían a mano alzada y las decisiones eran vinculantes para todos.

2) Asamblea de conjunto. De las asambleas individuales de cada fábrica se pasó pronto a las asambleas de conjunto de todas las fábricas, que se hacían dos veces por semana o más si lo requerían las circunstancias. Se analizaba la lucha en conjunto y se unificaban los criterios y los pasos a dar. No se tomaban decisiones si no las habían votado antes las asambleas de fábrica.

3) Asambleas de mujeres de obreros en paro. Nada mas empezar estas asambleas se descubrió que la acción de apoyo a los maridos no bastaba y que las mujeres tenían por delante tareas que desbordaban ese nivel subsidiario de su acción, por mas que la mayoría de problemas detectados fuesen difícilmente abordables: el problema de los barrios, el de las viviendas, las guarderías y colegios, el de la sanidad, la seguridad social, el trabajo de la mujer en la sociedad actual, etc.

4) Asambleas conjuntas con obreros no parados. Surgen ante la necesidad de generalizar y extender la lucha y, sobre todo, ante las convocatorias de huelga general.

5) Asambleas de barrio. Solo tuvieron lugar, dos días antes del 3 de marzo, con un enorme éxito. Su objetivo era llegar a comerciantes, amas de casa, pequeños talleres, taberneros, sectores de clases medias, etc., para sensibilizarlos y reclamar su solidaridad.

Junto a las asambleas los otros instrumentos que hicieron posible esta explosión de autonomía obrera fueron: las marchas y manifestaciones, los comunicados de las fábricas en lucha, las reuniones diarias de las Comisiones representativas y el Fondo de ayuda a la huelga.

LLAMADA DEL “TRES DE MARZO”

Es verdad que hoy no abundan las huelgas que duren 2 meses. Y que es casi una quimera pensar en huelgas que afecten a las fábricas más importantes de una provincia y que sean capaces de recabar grandes niveles de solidaridad del conjunto de la población. Y también nos cuesta imaginar una masacre policial de una lucha obrera que arroje heridos de bala y muertos. Cuando pensamos que un cuadro así no es creíble lo hacemos porque tenemos conciencia de que la realidad, en todos los sentidos, ha cambiado mucho en estos últimos treinta años.

Hoy la clase obrera no es un conjunto homogéneo de personas, con condiciones laborales bastante similares y una ubicación mayoritaria en fábricas. Hoy, esa clase obrera que tan combativa se mostró hace 30 años, está envejecida, ha sido derrotada en los años 80 por la reconversión industrial y desmoralizada y desactivada por las diversas reformas laborales de la década de los 90. Hoy no hay sindicato vertical contra el que luchar, enfrentándole la libertad y la soberanía asamblearia, sino un encuadramiento rígido en varios sindicatos, con una acusada tendencia a la delegación y burocratización. Hoy la represión de los aparatos de poder es menos brutal y más sutil, lo que hace que, en lugar de ayudar a la unificación de la respuesta antirrepresiva, genere desagregación y división. La solidaridad es, en la actualidad, un bien escaso que se distribuye muy racionadamente por parte de los sindicatos.

Sin embargo la llamada del “tres de marzo”, del símbolo que representa todavía aquella lucha obrera, alude a la realidad objetiva, pero también a los valores, a las actitudes, a los comportamientos. Por supuesto que también estos están siendo arrastrados por los cambios de la realidad. Son una parte de esa realidad, pero cuentan con autonomía suficiente para que sea a través de ellos, por donde comience a regenerarse el alma del movimiento obrero.

Iñaqui Uribarri, analista político y económico especializado en cuestiones sindicales, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO

Font: www.sinpermiso.info, 11 marzo 2006

Nota 1: "30 años" en el article original (A 30 años de la matanza de Vitoria. Iñaqui Uribarri)


Una película para contar una lucha obrera y su represión

"Llach, la revolta permanent", o la barbarie del primer gobierno de la monarquía

Daniel Raventós, Revista Sin Permiso 11-03-2007

31 años se cumplen de aquel 3 de marzo que fue testigo de una de las luchas obreras más importantes inmediatamente después de la muerte de Franco. Se atrajo una bárbara represión policial por parte de un régimen que se resistía a desaparecer.

La misma noche de aquella masacre, y con motivo de los hechos de Vitoria-Gasteiz, Lluís Llach empezó a componer una de sus canciones más conocidas: Campanades a morts ("Campanadas a muertos"). Cuando se cumplieron 30 años de aquella represión, Lluís Llach interpretó en Vitoria-Gasteiz un concierto en recuerdo y homenaje de las víctimas del 3 de Marzo.

La película Llach, la revolta permanent ("Llach, la revuelta permanente") se ha rodado combinando el recuerdo de los hechos del 3 de marzo de 1976, según el testimonio de algunos de sus protagonistas, y la historia de esta canción, todo ello aliñado con algunos datos biográficos-políticos del cantante catalán, contados por él mismo. El resultado es portentoso. El estreno de la película en las salas de cine fue el pasado 9 de marzo (de 2007).

Los hechos están muy presentes en Vitoria-Gasteiz y en el conjunto de la Comunidad Autónoma del País Vasco, y casi olvidados en el resto del reino de España.

En enero de 1975 se crea la Coordinadora Obrera de Vitoria, compuesta por representantes de los comités o comisiones de fábrica (1). Franco muere por fin el 20 de noviembre de aquel año. Preside el primer gobierno de la monarquía, Arias Navarro. Forjas Alavesas, de 400 trabajadores, decide ir a la huelga el 9 de enero de 1976 en defensa de una plataforma de contenido sindical en su mayor parte (aumento lineal de 5.000 pesetas (2); jornada laboral de 40 horas, con un mes de vacaciones; jubilación a los 60 años, cobro íntegro del salario en caso de accidente laboral, reducción de las categorías laborales…), pero con un componente político muy preciso: acabar con los enlaces y jurados del sindicato vertical franquista. Después de que la empresa declare el cierre patronal, son despedidos 20 trabajadores el 16 de enero. Se llama a la huelga en defensa de esta plataforma y por la readmisión de los despedidos. Días después la huelga arranca en Mevosa (la actual Mercedes), Areitio, Aranzabal, Cablenor, Gabilondo, Orbegozo, entre otras.

La huelga se dota de caja de resistencia para sostener a los huelguistas y a sus familias, y también para socorrer las necesidades de la gente con más dificultades económicas. La lucha logra una gran solidaridad entre la población. "Los distintos pequeños comercios", cuenta Iñaki Martín, uno de los participantes de aquella huelga y trabajador actual de Mercedes, "fueron los primeros que decían a las mujeres de los trabajadores y a los trabajadores: ’No os preocupéis, os fiamos...cuando podáis, cuando se arreglen las cosas ya nos pagaréis."

La prensa del régimen calumnia y deforma todo lo que puede la situación, pero la lucha obrera va creciendo constantemente. Y se llega al 3 de marzo, después de otros dos llamamientos a la huelga general anteriores no muy exitosos (16 y 23 de febrero). Esta vez la huelga general es seguida por toda la población obrera. El 3 de marzo, como los entrevistados en la película relatan, se palpa una gran tensión en el ambiente. La gente "huele" que algo va a pasar.

Por la mañana ya hay enfrentamientos con la policía y caen los primeros heridos de bala.

Aproximadamente a las 4 de la tarde, la gente va confluyendo en el barrio de Zaramaga de Vitoria-Gasteiz en donde hay una iglesia, San Francisco, que sirve de lugar para realizar una gran asamblea. En realidad, esta iglesia, al igual que muchas otras, ya había sido la sede de muchísimas asambleas obreras. En San Francisco se hallan concentradas en aquellos momentos entre 4.000 y 5.000 personas. Algunos miles más ya no pueden entrar y se quedan en los alrededores. Poco después, hacia las 5 de la tarde, la policía rodea la iglesia e impide salir a los de dentro y entrar a los de fuera.

La película va reproduciendo las comunicaciones de la policía que fueron interceptadas por algunos huelguistas, y por eso han podido ser conocidas. Pocas dudas caben, si alguna, sobre la intención de los mandos policiales y políticos de provocar un escarmiento. Aquella lucha obrera podía extenderse a otras zonas con la misma facilidad que se había desencadenado en pocas semanas en la ciudad vasca. Y éste era precisamente el objetivo a evitar por parte de la patronal y el gobierno de la monarquía. Sabiendo lo que ocurrió, estremece escuchar aquellas comunicaciones entre responsables de la policía minutos antes del ataque.

El infierno se precipita. La policía lanza gases al interior de la iglesia (3). Según la gente va saliendo asustada y sin orden, los policías van disparando "como al tiro de pichón", según cuenta una de las personas entrevistadas en la película. Hechos: más de 2.000 casquillos son hallados en los alrededores de la iglesia. Hay tres muertos inmediatos (Francisco Aznar, de 17 años, Romualdo Barroso, de 19 y Pedro María Martínez Ocio, de 27) y más de 100 heridos, 20 de ellos de gravedad. Muertos y heridos los son por disparos de bala. Por la noche muere Bienvenido Perea, de 30 años. José García Castillo, de 32 años, murió el día 7. Y, finalmente, el 8 de marzo, en el transcurso de la huelga general convocada para este día, la Guardia Civil asesina a Vicente Antón Ferrero, de 18 años. Lejos de Vitoria, en Basauri, el 8 de marzo la policía mata, de un tiro en la cabeza, al trabajador Vicente Antón. También el 8 de marzo, muere en Tarragona Gabriel Rodrigo, un trabajador que intentaba manifestarse en solidaridad con la lucha obrera de Vitoria-Gasteiz.

Todo ello es explicado de forma ágil, clara y tranquila (si bien, en algún momento las lágrimas saltan a más de un entrevistado al recordar los hechos) por las personas que aparecen en la pantalla de Llach, la revolta permanent.

En la película también se entrevista detenidamente a Martín Villa. Sus palabras son especialmente instructivas. Martín Villa era entonces ministro de relaciones sindicales del gobierno español, hoy es presidente de honor de Endesa y de Sogecable. La entrevista estremece. En ella se puede escuchar de la boca de este palafrenero fiel que ha logrado un retiro plácido en agradecimiento de los servicios prestados, ante la pregunta de si recordaba si se sancionaron a los policías o si se abrió una investigación: "Pues mire usted, supongo que sí se abriría una investigación, pero no lo recuerdo. Pero yo quiero insistirle que yo soy bastante comprensivo con la actuación, en el sentido de que no fue una actuación de la policía para machacar a los manifestantes, que más bien fue muy poca policía que se sintió arrollada por manifestantes. Cosa, además, que ha pasado luego, ¿eh?, que ha pasado con distintos gobiernos, con distintos signos de gobierno, con gobiernos de derechas y con gobiernos de izquierdas, y con distintos ministros de la Gobernación o del Interior al frente. Yo creo que más bien es eso, ¿eh?".

También puede verse la escalofriante rueda de prensa posterior a la masacre del entonces ministro de gobernación, actualmente miembro del senado español, Manuel Fraga Iribarne que, si no se muere antes, el 23 de noviembre cumplirá 85 años. Cuenta en la entrevista mencionada Martín Villa que cuando Fraga y él fueron a visitar a los heridos en Vitoria, en una operación que intentaba dar una imagen de preocupación humanitaria por parte del gobierno por los "trágicos sucesos", tuvieron que escuchar de los amigos y familiares de los heridos: "¿A qué vienen? ¿A rematar a los heridos?".

Andoni Txasko es el portavoz de la Asociación de Víctimas del 3 de marzo. Andoni perdió un ojo por una paliza policial en la calle. El relato de los hechos es turbador por la frialdad y premeditación con las que la policía perpetró la desproporcionada paliza (con los insultos de rigor de "comunista", "rojo" e "hijo de puta"). La asociación tiene tres objetivos prioritarios.

En primer lugar, el reconocimiento de que se trata de víctimas del terrorismo de estado. "Gasear esa iglesia cuando estaba llena y ametrallar cuando salían los obreros en masa, despavoridos, con terror y medio asfixiados consideramos que es una acción terrorista."

"El segundo objetivo es la búsqueda y difusión de la verdad. Todos los informes que están redactados, que se limitan a los informes policiales de aquello, nos parecen totalmente manipulados, tergiversados y el único objeto de esos informes es amparar y cobijar al máximo responsable de aquellos hechos. En su momento el ministro de interior, Fraga Iribarne."

Finalmente, el tercer punto que reivindica la asociación "es la depuración total de responsabilidades de todo tipo: políticas, penales y materiales."

Cuenta Andoni que la postura que ha defendido el PP es completamente comprensible. Se trata de la misma derecha que mandó disparar aquél 3 de marzo de 1976 y de la que "está justificando la actuación y está amparando y cobijando a su presidente de honor y fundador del partido, Fraga Iribarne, responsable en aquellos momentos." Pero no parece tan comprensible la opinión del PSOE. Dice Andoni: "Se nos dice desde el Partido Socialista que son hechos amnistiados y nosotros no nos negamos a que se amnistíen, pero siempre y cuando se juzguen. La amnistía por lógica se aplica a los juzgados y a los condenados, y que nosotros sepamos, los únicos que han sido amnistiados en este proceso del 3 de marzo fueron los obreros, los líderes sindicales de las comisiones representativas, los cuales estuvieron encarcelados acusados de sedición. A esos se les aplicó la amnistía." Lluís Llach, en un momento de la película, dice al respecto: "haya mandado en el gobierno de Madrid un cuervo o mande ahora un bambi, nadie ha pedido perdón por los hechos del 3 de marzo".

La película termina con el concierto, Campanades a morts, en homenaje a las víctimas y familiares que Lluís Llach dio en Vitoria-Gasteiz cuando se cumplía el 30 aniversario de aquel acto ejemplar de terrorismo de estado. El concierto es musicalmente espléndido y políticamente inequívoco.

Lluís Llach siempre ha cantado en catalán. Ello, junto al contenido nada ambiguo de sus letras, le valió la censura del franquismo y el exilio de París. Si hubiera cantado también en castellano, habría podido contar con muchos millones más de personas como posible mercado. Quienes consideran que cantar es algo más que un instrumento para ganar mercados y dineros, sabrán valorar la tenaz fidelidad a sí mismo de este veterano cantautor. Allá en Vitoria-Gasteiz no representó el más leve problema que cantara en su lengua, como no lo hubiera sido que un cantante francés cantara en francés, un alemán en alemán y un inglés en inglés. Una pequeña estrofa de Campanades a morts dice:

Assassins de raons, de vides, / que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies / i que en la mort us persegueixin les nostres memòries. ("Asesinos de razones, de vidas,/ que no halléis jamás reposo en ninguno de vuestros días /, y que en la muerte os persigan nuestras memorias".)

Llach, la revolta permanent es una película que debe verse (4). No hay tantas ocasiones de poder asistir a una sala de cine en la que se utilice una película para contar una lucha obrera y su represión por un régimen que se resistía a desaparecer y que, en cualquier caso, quería controlar a sangre y fuego la segunda restauración borbónica. Películas así escasean. Si a un buen motivo se añade un trabajo primorosamente ejecutado, el resultado es excelente (5).

Notas:

(1) Para un análisis de la dinámica asamblearia que comportó esta huelga general y toda la lucha obrera anterior, véase el artículo que sin permiso publicó hace un año escrito por Iñaki Uribarri: A 30 años de la matanza de Vitoria

(2) La reivindicación igualitarista del aumento de salarios lineal, fue abandonada al poco tiempo por los grandes sindicatos. Desapareció por completo de la negociación colectiva en los años posteriores.

(3) El obispo de Vitoria de aquellos días, Francisco Peralta, hubiera podido impedir, según el Concordato de la dictadura franquista con el Vaticano, la entrada de la policía. Se abstuvo de hacerlo.

(4) Algunos datos de la ficha técnica de la película son los siguientes. Director: Lluís Danés; guionistas: Lluís Arcarazo y Lila Pla; música: Lluís Llach; productor: Jaume Roures. Duración: 90 minutos.

(5) Quiero agradecer la colaboración que me ha prestado Teia Roures, jefa de producción de Llach, la revolta permanent, al aportarme algunas precisiones técnicas de la película que me han sido de gran ayuda en la redacción de este artículo.

Daniel Raventós es miembro del Comité de Redacción de SINPERMISO

+ Info:

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