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Anticapitalistes
  
dimarts 14 de febrer de 2012 | Manuel
¿Qué prioridades, tareas y ambiciones para la auditoría ciudadana de la deuda pública?

Yorgos Mitralias / Campaña por la Auditoría de la Deuda Griega / Daniel Millet i Eric Toussaint

¿Qué prioridades, tareas y ambiciones para la auditoría ciudadana de la deuda pública en Europa en tiempos de la Troika?

Yorgos Mitralias

En un momento en que la Campaña Griega por la Auditoría de la Deuda Pública encuentra eco un poco por toda Europa, se impone un primer balance de su actividad con el fin de extraer lecciones útiles para todo el mundo. En efecto, dado que esta campaña griega dio sus primeros pasos hace exactamente un año y que ha sido la primera en intentar esta experiencia hasta entonces totalmente inédita en el hemisferio norte, nada más normal que examinemos sus avances y sus dilemas, sus éxitos y dificultades para impulsar, por fin (!), el debate, no ya sobre la deuda misma, sino más bien sobre la dimensión política, social y sobre todo movilizadora y emancipadora de la lucha por una auditoría independiente y «desde abajo».

Con todo esto en mente, es preciso señalar de entrada una primera constatación fundamental a modo de advertencia: aunque sea muy rica en enseñanzas prácticas y teóricas, la (exitosa) experiencia de auditoría de la deuda pública de Ecuador no puede repetirse en la Europa de la crisis en tiempos de la Troika. La razón de ello es muy sencilla: fuera de una situación genuinamente (pre)revolucionaria no habrá nunca un presidente Rafael Correa europeo para firmar los decretos que faciliten la labor de una comisión independiente de auditoría de la deuda. Ni que decir tiene que en una situación prerrevolucionaria la cuestión de la auditoría de la deuda tenderá a eclipsarse ante la urgencia de otras tareas…

Esta primera constatación encierra muchas lecciones prácticas. En primer lugar, ayuda mucho a situar con mayor precisión las ambiciones y la misión de las campañas por la auditoría de la deuda pública que están surgiendo un poco por todas partes en Europa. En efecto, la imposibilidad «objetiva» de contar en Europa con altos dirigentes del Estado como Rafael Correa en Ecuador impide realizar auditorías independientes capaces de desvelar el secreto de Estado de sus deudas, es decir, de tener acceso a todos los documentos necesarios para determinar la parte ilegítima (y escandalosa) de esta deuda. En un tiempo en que imperan las órdenes de la Troika supranacional y en que la burguesía viola alegremente su propia Constitución y vacía casi totalmente de contenido democrático su régimen parlamentario (véase el caso de Grecia, que está muy lejos de constituir una excepción a la regla), sería ilusorio, por no decir ingenuo, creer que la mera invocación de los derechos democráticos bastaría para obligar a los guardianes del templo capitalista a abrir sus archivos para facilitar de realización de una auditoría de (su) deuda pública…

Ahora bien, las dificultades de las auditorías de la deuda europeas no se limitan a la obstrucción activa por parte de las autoridades de cada país. En realidad, ahora es la Santa Alianza del FMI, del BCE y de la Comisión Europea, apoyada por la totalidad de los gobiernos europeos, la que prohíbe por todos los medios, o por lo menos pone muchas trabas a la realización de cualquier auditoría integral de la deuda, porque la considera –por cierto que con razón– un verdadero crimen de lesa majestad en el momento actual tan lleno de peligros. La consecuencia práctica de todo esto salta a la vista: llevar a cabo una auditoría ciudadana íntegra y detallada de la deuda pública en la Europa actual es prácticamente imposible. Esta verdad hay que admitirla, explicarla y difundirla abiertamente porque de lo contrario la dura realidad se vengará de las vanas ilusiones, provocando rápidamente el desencanto de los activistas y expertos de buena fe cuando se den cuenta de que estaban persiguiendo una quimera…

Pero cuidado: esta imposibilidad objetiva de llevar a cabo una auditoría ciudadana integral de la deuda en la Europa actual no significa en modo alguno que sea imposible emprender y hacer avanzar una auditoría o, menos todavía, de traducir en un potente movimiento de masas la “filosofía” de la deuda pública. Por lo demás, únicamente el desarrollo de este movimiento de “los de abajo” permitiría crear, a su vez, la relación de fuerzas necesaria para superar la resistencia de “los de arriba” a fin de poner en práctica las auditorías…
Emprender –y hacer avanzar tanto como sea posible– una auditoría de la deuda implica, de entrada, plantear públicamente la cuestión de la transparencia y de la gestión democrática de esa deuda. La consecuencia casi inmediata de esto es la desacralización y desmitificación de la deuda a los ojos de los ciudadanos, educados (por los de arriba) para no entrometerse en los asuntos que atañen a los “expertos” y los gobernantes y para no ejercer su derecho democrático a controlar los actos de las “autoridades”. Es una tarea que deben asumir las campañas por la auditoría de la deuda de forma prioritaria si quieren acostumbrar a la sociedad a la idea de que a) no debe dejar que otros decidan por ella y b) debe tomar en sus manos las riendas de su destino.

¿Es la auditoría una cuestión de expertos?

Una condición indispensable, no tanto para emprender y hacer avanzar la auditoría de la deuda con éxito como para lograr que cumpla su función pedagógica ante la sociedad, es que desde el principio no se deje exclusivamente en manos de los expertos, por muy de izquierdas y radicales que sean. En efecto, vista la imposibilidad de contar con la colaboración de los gobernantes y del Estado, será la sociedad movilizada, junto con los ciudadanos “anónimos” que trabajan en los ministerios, los servicios públicos y los ayuntamientos, las empresas, facultades y oficinas, la única capaz de advertir a la comisión y sus expertos de la existencia de préstamos y deudas ilegítimas y escandalosas, de aportar documentos confidenciales y de orientar correctamente la auditoría. En resumidas cuentas, sin la colaboración, o mejor dicho, sin la participación activa de estos “anónimos” que disponen de un conocimiento directo de los expedientes de los escándalos, la auditoría no podrá llevarse a cabo o estará condenada de antemano a meras generalidades sin entrar en ningún momento en el meollo de la cuestión de las deudas ilegítimas.

Evidentemente, este enfoque de la auditoría ha de tener siempre en cuenta el hecho de que pronto o tarde intervendrá –incluso por la fuerza– el Estado para poner coto a la investigación y hacer callar las voces que niegan la legitimidad de su deuda. Esto quiere decir a) que no hay que hacerse ilusiones sobre el eventual éxito final de la auditoría, y b) que hay que preparar a los militantes de la campaña por la auditoría, y al conjunto de la sociedad, para hacer frente a la intervención brutal de quienes querrán bloquear la investigación.

Este planteamiento realista de la auditoría de la deuda tiene el mérito de no limitar de antemano el ámbito de la investigación a la mera deuda pública “oficial”. En efecto, cuando se desea y se promueve la participación activa de los ciudadanos en la auditoría, es de esperar que esos ciudadanos y sus movimientos, sindicatos y demás redes sociales llamen a la puerta de la comisión (o campaña) de auditoría para solicitar su ayuda y su experiencia (conocimientos) a fin de auditar deudas que hasta entonces ni se sospechaba que existían. Y hay que admitir que es sobre todo la auditoría de esas deudas la que tendrá más posibilidades de dar resultados concretos y políticamente útiles al estar basada en la contribución irreemplazable de quienes aportan su conocimiento del terreno y la documentación obtenida gracias a sus luchas.

Otra consecuencia práctica de este “enfoque realista” de la auditoría de la deuda en tiempos de la Troika y de la represión feroz es que el tiempo disponible para la auditoría no es ilimitado, que está acotado de antemano. Para que se entienda, esto quiere decir que el trabajo de investigación no puede abarcar la totalidad de la deuda en cuestión, sino que debe concentrarse desde el principio en las escasas deudas (dos o tres) que parecen ser las más escandalosas, para que la auditoría conduzca lo antes posible a resultados tangibles. Porque hay que saber que la credibilidad ganada al comienzo a los ojos de la sociedad por las campañas a favor de la auditoría de la deuda no es eterna, especialmente en estos tiempos de crisis sistémica que desgasta rápidamente la moral y el cuerpo de la gente. Entonces, para renovar y conservar intacta esta credibilidad, sin la cual no puede haber campaña contra la deuda, necesitamos presentar resultados sin dilación. Aunque sean mínimos, pero concretos…

La conclusión salta a la vista: no puede haber auditoría ciudadana de la deuda digna de este nombre sin la participación activa y directa de la sociedad movilizada, sin la intervención, en pie de absoluta igualdad, de los movimientos sociales, los sindicatos obreros y asociaciones de ciudadanos de toda condición que quieran luchar contra la deuda y por su auditoría desde abajo.
Dicho esto, la presencia de los trabajadores y otros ciudadanos movilizados en las campañas por la auditoría de la deuda pública no puede limitarse a este papel “utilitarista” que preconizamos. Estando confrontados a una crisis profunda del capitalismo y de su régimen político que lleva, al menos –de momento– en algunos países, a una gran mayoría de la población a radicalizarse y a buscar soluciones radicales, hay que plantear de una vez la cuestión de la verdadera finalidad de la auditoría de la deuda, es decir, para qué sirve o, mejor dicho, para qué debe servir. Entonces, en las condiciones actuales de crisis sistémica y de fuertes enfrentamientos de clase, nuestra respuesta ha de ser categórica: no son los ciudadanos los que deben ponerse al servicio de la auditoría, sino que es la auditoría la que debe servir a las luchas de resistencia y emancipación de los ciudadanos. La auditoría de la deuda no es un fin en sí misma, es un instrumento, una herramienta al servicio de la lucha por la emancipación de los asalariados y asalariadas y de todos los ciudadanos sometidos a la opresión capitalista.

Generalizar las auditorías de los de abajo

Llegamos por tanto a la cuestión de cuál debe ser la misión, la máxima prioridad, la tarea, el fin último e incluso la razón de ser de una campaña por la auditoría de la deuda pública en Europa en tiempos de la Troika: el estímulo de la movilización de las masas de ciudadanos que se rebelan contra el sistema por medio de la generalización de las auditorías emprendidas por ellos mismos en los lugares en que viven, trabajan, consumen, estudian, se curan, respiran, se comunican, se expresan, se divierten y desarrollan su personalidad.

Entonces, aun respetando la autonomía de los movimientos sociales, que son, en última instancia, los únicos que pueden decidir sus objetivos y sus formas de lucha, la consigna de este enfoque del combate ciudadano contra la deuda y por la auditoría de la deuda no puede ser otra que “Controlemos a quienes nos gobiernan – Abramos sus libros de contabilidad – Tomemos las riendas de nuestro propio destino”.

Muchos se preguntarán, sin embargo, en qué consiste este “estímulo de la movilización de las masas de ciudadanos que se rebelan contra el sistema” de que he hablado antes. ¿Qué debe hacer una campaña por la auditoría de la deuda para traducir su combate en movilización en la base de la sociedad? La respuesta es evidente: lo primero que debe hacer esta campaña es dirigirse directamente a la sociedad para explicar claramente y sin rodeos sus intenciones, el por qué, el cómo y el para qué de lo que pretende hacer. Es decir, habituar a los asalariados y a “los de abajo” a la idea de que son capaces, que pueden y deben (auto)organizarse para llevar a cabo sus propias auditorías en los lugares en que viven, trabajan y estudian. Nada mejor, por tanto, que un llamamiento/manifiesto a los ciudadanos que “legitime” –explicando, analizando y dándole un sentido– la constitución en todas partes de comités ciudadanos de base en torno a la consigna deControlemos el poder, tomemos en nuestras manos las riendas de nuestro destino, abramos los libros de contabilidad de los que nos gobiernan”…

Ni que decir tiene que estos comités ciudadanos de base han de ser totalmente independientes de la comisión de auditoría, por mucho que colaboren con ella en el marco de la campaña. En este punto se plantea a todas luces, por enésima vez, la cuestión clave de la autonomía de los movimientos sociales, que sigue siendo problemática para las formaciones de izquierda, cualquiera que sea su tendencia. El debate en torno a esta cuestión es de hecho tan viejo como el mismo movimiento obrero y no vamos a repetir aquí los argumentos de principio a favor de la independencia de los movimientos sociales. En cambio, sería interesante examinar un poco más de cerca una “novedad”, un argumento suplementario que ofrece la actualidad social más candente: toda pretensión de tratar a los movimientos sociales como correas de transmisión de las decisiones (políticas o de otro tipo) tomadas en otras instancias es actualmente el camino más corto que conduce al aislamiento de la franja más avanzada de la sociedad, de sus vanguardias. No respetar absolutamente la autonomía de los movimientos de los de abajo implica distanciarse de antemano de movimientos como los indignados, los aganaktismeni u Occupy Wall Street, que defienden celosamente su independencia y se caracterizan por su desconfianza profunda hacia el mundo político tradicional.

Entonces, se dirá, ¿qué sería de las relaciones de una comisión de auditoría con sus comités ciudadanos de base si estos últimos son totalmente independientes? La respuesta no es difícil: esta independencia no excluye en modo alguno que existan relaciones incluso sostenidas con la condición, por supuesto, de que esas relaciones se desarrollen voluntariamente y en pie de igualdad. Más concretamente, la comisión de auditoría de la deuda puede y debe ganarse la confianza de los comités ciudadanos de base mostrándose simplemente útil para sus luchas e intervenciones cotidianas. ¿Cómo? Ofreciéndoles su ayuda (inclusive material, si es preciso), consejos, sus conocimientos técnicos y la colaboración de sus expertos, sus contactos nacionales e internacionales, pero sobre todo su visión global de la situación y de sus perspectivas en función de las necesidades de la lucha anticapitalista.

La comisión de auditoría de la deuda también puede servir de referencia importante (programática y política) a todos estos comités ciudadanos de base, interconectarlos en red, facilitar su coordinación, darles la posibilidad concreta de entrar en contacto con campañas y movimientos análogos de otros países, transmitirles sus experiencias, organizar cursos de formación teórica y práctica (por ejemplo, qué hay que saber para llevar a cabo una auditoría…) para sus militantes, etc. Este es, en pocas palabras, el contenido de la aportación tangible de una comisión de auditoría de la deuda a un movimiento social que coincide con sus objetivos. En suma, así es cómo tal comisión puede ganarse la confianza de los comités de base y desarrollar relaciones sólidas con ellos, respetando al mismo tiempo y de forma escrupulosa su independencia y autonomía…

Es evidente que la interconexión en red de todos estos comités no es tarea de un día, sino que requiere su tiempo. Ahora bien, la perspectiva de esta interconexión en red debe declararse y explicarse desde el comienzo, no solo porque reflejaría la verdad de que no hay ningún interés que ocultar, sino también porque hace falta que la acción de los comités ciudadanos de base se impregne lo antes posible de este espíritu tolerante y unitario sin el cual no habrá ningún movimiento social capaz ni de inspirar a los explotados, ni de contestar el poder omnímodo del sistema capitalista. Pero hay más. En los casos de crisis sistémicas prolongadas acompañadas de enfrentamientos de clase exacerbados (como por ejemplo en Grecia actualmente), no hay que perder de vista las potencialidades de la dinámica desarrollada por la extensión y la interconexión en red de tales comités ciudadanos de base. En la medida en que se imponen como factores ineludibles de la gestión del día a día de amplios sectores de la sociedad, estos comités pueden empezar a aparecer –y por cierto que justificadamente– como los embriones de un nuevo contrapoder, de un poder alternativo. Aunque parezca todavía muy lejana, esta perspectiva ya no pertenece al reino de la ciencia-ficción política si se tiene en cuenta tanto la gravedad de la crisis sistémica actual como la radicalidad de la revuelta popular que genera en el seno de nuestras sociedades. Entonces, un congreso de todos estos comités ciudadanos de base que ejercen día a día su control –y en su caso su derecho de veto– sobre la gestión de las diversas autoridades públicas y privadas, nacionales y locales, supondría un enorme salto cualitativo en la lucha de “los de abajo” contra sus verdugos neoliberales.

Lo que vale para los comités ciudadanos de base en relación con la comisión de auditoría de la deuda, también vale para todos los movimientos que luchan por la anulación de la deuda ilegítima. Por ejemplo, en Grecia la Iniciativa de Mujeres contra la Deuda y las Medidas de Austeridad, que, aunque es totalmente independiente, colabora estrechamente con la campaña por la auditoría de la deuda pública, en pocos meses no solo ha sido capaz de desarrollar una argumentación sólida explicando y “legitimando” la especificidad de la lucha de las mujeres contra la deuda y sus efectos (“nadie más lo hará en nuestro lugar”), sino también de llevar a cabo diversas acciones ejemplares cuyo impacto social ha sido más que apreciable. Estos movimientos contra la deuda (otros ejemplos: movimientos juveniles, de periodistas, artistas, parados, etc.) pueden coordinarse entre ellos y engrosar las filas de la red de comités ciudadanos de base. Su aportación a esta red será sin duda muy útil en la medida en que, por ejemplo, el movimiento de mujeres aportará una sensibilidad feminista, lo que constituye la mejor defensa frente al machismo y contra otras formas de racismo o de falta de respeto del derecho a la diferencia…

La unión (internacional) hace la fuerza

Por otro lado, a medida que se extiende la crisis, una campaña por la auditoría de la deuda que se desarrolle únicamente dentro de las fronteras de un país es todavía más difícil de concebir que en el pasado. Frente a un enemigo (de clase) supranacional unido, rodado, experimentado, coordinado, armado hasta los dientes y sobre todo decidido a someter por mucho tiempo a la clase obrera, a todos los asalariados y oprimidos, todo intento de resistencia a la barbarie neoliberal que pretendiera permanecer encerrada en sus fronteras nacionales está condenada de antemano al fracaso. Esta afirmación, que ya era válida en el pasado para todos los movimientos sociales, todavía lo es más en la actualidad para todo movimiento radical de contestación de la deuda en la medida en que esta deuda y las políticas de austeridad draconiana que comporta están totalmente internacionalizadas. Pero hay otros factores añadidos que imponen la internacionalización de la lucha por la auditoría de la deuda pública. La extensión de la crisis de la deuda a toda Europa y a su periferia árabe tiene al menos una consecuencia positiva: genera resistencias que culminarán pronto en el lanzamiento de campañas por la auditoría de la deuda pública en una docena de países.

El encuentro, el intercambio de experiencias, la conexión en red, la coordinación y sobre todo la elaboración programática y la acción común de todos estos movimientos y campañas europeas (y también extraeuropeas, basta pensar en las de Egipto y Túnez) son ahora absolutamente urgentes y constituyen una tarea prioritaria para todos nosotros. Como dicen tan bien los anglosajones, “united we stand, divided we fall”…

En conclusión, se puede afirmar perfectamente que la verdadera razón de ser de una campaña o de una comisión de auditoría de la deuda pública en los tiempos de la Troika y de los memorandos consiste en contribuir a dinamizar, radicalizar y poner en marcha hacia su emancipación a una sociedad que ya se rebela contra los planes de austeridad y el sistema que los genera. ¿De qué manera? Animando y en su caso ayudando directamente a la autoorganización de los ciudadanos en colectivos de lucha contra la deuda y la austeridad, para que se familiaricen tanto con el control ciudadano de los actos de “los de arriba” como con la idea de que son capaces de gestionar por sí mismos, democráticamente, su vida cotidiana. En suma, para que tomen en sus manos las riendas de su vida y su destino. Ni más ni menos…

7/12/2011

Font i traducció: VIENTO SUR


Anuncio de la Campaña por una auditoría de la deuda griega

Campaña por la Auditoría de la Deuda Griega, Rebelión

El nuevo memorando y tratado internacional que acompaña al "recorte" de la deuda pública griega sume a la población en un empobrecimiento aún mayor. Imprimirá una caída espectacular tanto del nivel de vida como de las condiciones laborales e, implícitamente, nos hará esclavos de nuestros acreedores. Lo que seguirá a la reducción de pensiones y salarios, la abolición de la legislación sobre negociación colectiva (contraria al artículo 22 de nuestra Constitución) y los 150.000 despidos en el sector público representará hambruna generalizada y salarios de 300 o 400 euros mensuales. El desempleo ya abunda, pero alcanzará una tasa del 30 por ciento. La nueva reducción del gasto social, sobre todo en sanidad, reducirá la esperanza de vida e incrementará la tasa de mortalidad hasta hacerla semejante a la de África. La nueva oleada de privatizaciones cederá a terceros la salud de la población griega y negará al Estado futuros flujos de ingresos. Entendemos que los nuevos bonos que serán respaldados por la legislación inglesa y el duque de Luxemburgo (artículo 13 del reciente acuerdo) no solo constituyen un insulto profundo y la degradación de un Estado soberano, sino que también constituyen una forma de cautiverio, puesto que contribuirá a que la renegociación de la deuda sea mucho más ardua. También protege a nuestros acreedores del impacto causado por la salida de Grecia de la Eurozona.

Por todas estas razones, la Campaña por una auditoría de la deuda griega une su voz a la del pueblo y exige que el nuevo tratado y memorando no se aprueben, puesto que abren la puerta a la finalización de la implicación del sector privado (PSI, Private Sector Involvement). Exigimos el cese inmediato e incondicional de los pagos a nuestros acreedores, así como la creación de registros de deuda con el fin de poder utilizar la auditoría de la deuda para cimentar nuestra demanda de no devolución.

El cese inmediato de la devolución y el consiguiente aplazamiento del canje de bonos impedirá muchos males. En primer lugar, la quiebra de los fondos de pensiones, que tras el acuerdo sobre PSI verá cómo 12.000 millones de euros quedan barridos de sus activos. En segundo lugar, la escandalosa devolución del primer rescate de la troika por valor de 110.000 millones de euros, que jamás fue aprobado en el parlamento, pero que hoy día será devuelta de la forma habitual y no verá recortado de su valor ni un solo euro. En tercer lugar, tal vez se escuche finalmente nuestra ya antigua demanda de que Alemania devuelva los préstamos que se le hicieron mientras Grecia padecía el catastrófico régimen nazi.

El cese de la devolución a nuestros acreedores es la exigencia constitucional del Estado griego en vista de que nos encontramos en estado de emergencia, en el que la devolución simultánea a los acreedores es incompatible con la gestión de los servicios del Estado (como la salud, la educación o la seguridad social). Aducir el estado de emergencia como motivo para la cancelación de las obligaciones internacionales, concretamente mediante el anuncio del cese de la devolución, es una medida reconocida por la Comisión de Legislación Internacional de Naciones Unidas y por el Tribunal Internacional de La Haya. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha reconocido hace poco este mismo principio refiriéndose a la deuda de Rusia, al respecto de la cual ha decretado que el interés público prevalece sobre las demandas económicas de los acreedores.

Las medidas instauradas por el gobierno y por la troika no solo son desastrosas e inhumanas, sino también ilegales e inconstitucionales, razón por la cual algún día se exigirán responsabilidades a los implicados. Los acuerdos de esta naturaleza, como este nuevo tratado internacional que tan profundamente modifica las condiciones de vida de la población griega, solo se pueden legitimar mediante un referéndum. Mientras no hayan sido avalados en referéndum, y mientras condenen a la población griega a la esclavitud, la población griega los considerará nulos y huecos, así como a todos los memorandos y medidas que la acompañan.

El gobierno de Papadimos declara un Armagedón social instaurando decisiones tomadas en una cumbre de la Eurozona y paquetes de medidas desastrosas del FMI. No disuadirán de cometer actos de rebeldía, sino que los propiciarán. Incluso los alemanes reconocen ahora que, antes o después, volverán a proponer nuevos paquetes de medidas de austeridad y nuevos tratados, así como a agravar el empobrecimiento, pues creen que no hay alternativa.

El gobierno y la troika están cargando sobre las espaldas de los más débiles una redistribución estratégica y violenta de la renta; el Estado de bienestar (sanidad, educación, seguridad social y servicios públicos) se derrumbará por entero y Grecia se convertirá en una colonia cuyos gobernadores serán los gauleiters alemanes. Junto con otros grupos sociales, la Campaña por la auditoría de la deuda griega, junto con otras organizaciones, ya denunció hace tiempo que se trata de un violento conflicto de clase que trata de sumir a la sociedad en la miseria, haciendo desaparecer derechos sociales conseguidos a través de décadas de lucha.

Nosotros, proponemos la estrategia opuesta. Proponemos el cese inmediato de la devolución, la auditoría de la deuda, el apoyo inmediato con ingresos y el incremento de ingresos para salarios, pensiones y prestaciones de desempleo, la nacionalización del sistema bancario y una contribución generosa a las redes de seguridad social y el Estado de bienestar. Esta es la única solución para la población y representa exactamente lo contrario de lo que proponen la troika y el gobierno. Se traducirá en redistribución de rentas, riqueza para los grupos sociales con menores ingresos, disminución de las desigualdades y democratización de la vida política y social.

Todo esto es posible y podría incluso reactivar el crecimiento económico. Pero, para que sea efectivo, la sociedad debe salir a la calle y expulsar del gobierno a los banqueros. Incluso ahora que se ha aprobado en el parlamento esta monstruosa creación de Papadimos, el FMI y la Unión Europea, nada está dicho todavía. La lucha del pueblo derogará sus leyes.

Fuente original: elegr.gr

Notas:

Artículos en italiano sobre los acontecimientos en Grecia elaborados por activistas de Yabasta disponibles en www.globalproject.info.

Toda la información (en griego) de la Campaña por la Auditoría de la Deuda Griega en: www.elegr.gr

Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez

12 de febrero de 2012


Les nostres tres A: Auditoria, Acció, Anul·lació

Daniel Millet i Eric Toussaint, CADTM, Febrer de 2012

AAA ... Aquestes tres lletres que ressonen com un riure sarcàstic designen la nota màxima concedida per les agències de qualificació. Una empresa o un Estat amb nota AAA inspira confiança als prestadors i als especuladors, i li permet demanar préstecs a menor cost. Però per obtenir - o conservar - aquesta nota emblemàtica, els governs europeus es presten a tot, i apliquen polítiques de rigor que no fan més que sotmetre les seves economies al dictat pels creditors. Darrere d’aquestes AAA s’amaguen fortes regressions socials, violacions de drets humans, sang i llàgrimes per a les poblacions més fràgils.

AAA ... és la rialleta de les hienes - els creditors - quan els drets dels pobles són sacrificats amb la complicitat activa dels dirigents dels països europeus, de la Comissió Europea, del Fons Monetari Internacional (FMI), del Banc Central Europeu (BCE). Prestadors i especuladors es van arriscar en forma insensata, segurs que les autoritats públiques anirien a rescatar-los en cas de crisi. Fins aquí van tenir raó. Es van posar en marxa plans de rescat de bancs, els Estats van aportar garanties per milers de milions d’euros, els desitjos dels creditors van ser satisfets.

Els Estats van gastar sumes colossals per salvar els bancs abans d’imposar plans d’austeritat massius. I contra aquests plans, els pobles s’alcen sovint amb determinació. Manifestacions, vagues generals, moviment dels indignats, lluites socials són portadores d’esperances quan aconsegueixen federar a escala europea. Pobles d’Europa, unim-nos!

Des de fa tres dècades, les polítiques neoliberals van elevar l’endeutament a un nivell insuportable per a les classes mitjanes i modestes sobre qui pesa l’essencial del reemborsament. El deute públic dels països europeus té dues causes fonamentals: d’una banda la contrarevolució fiscal començada en els anys 1980 que va afavorir als més rics, i per altra les respostes donades per l’Estat a la crisi actual, causada per les inversions desbocades de banquers i de fons especulatius. La desregulació financera va suprimir les indispensables barreres, permetent la creació de productes financers cada vegada més complexos que van conduir a greus excessos ia una crisi econòmica i financera mundial.

Ara, les polítiques aplicades protegeixen als responsables de la crisi i fan pagar el preu als pobles víctimes. És per això que aquest deute és àmpliament il·legítim. Mentre duri la lògica actual, la dictadura dels creditors pot imposar incessants retrocessos a les poblacions. Una Auditoria ciutadana del deute públic, acompanyada d’una moratòria sense penalització del pagament, és l’única solució per poder determinar la part il·legítima, fins i tot odiosa del deute. És evident que s’ha d’arribar a l’Anul·lació sense condicions d’aquesta part il·legítima. Però perquè això pugui succeir, els pobles han de continuar amb la seva mobilització. Mitjançant l’Acció, han d’imposar una altra política, que sigui respectuosa dels drets fonamentals i del planeta.

Aquesta Acció ens ha de conduir a una Europa construïda sobre la base de la solidaritat i la cooperació que doni l’esquena a la competència i a la competitivitat. La lògica neoliberal va conduir a la crisi i ha revelat el seu fracàs. Aquesta lògica, intrínseca en tots els textos fundadors de la Unió Europea, amb el Pacte d’Estabilitat i el Mecanisme Europeu d’Estabilitat al capdavant, ha de ser derrotada. No cal uniformitzar les polítiques pressupostàries i fiscals ja que les economies europees presenten fortes diferències, però s’han de coordinar per aconseguir que sorgeixi una solució que promogui «cap amunt» aquestes polítiques. Europa ha també acabar radicalment amb la seva política de fortalesa assetjada davant els candidats a la immigració, per esdevenir un soci igualitari i veritablement solidari respecte als pobles del Sud. El primer pas ha de consistir en anul·lar el deute del Tercer Món de manera incondicional. Com és evident, és necessari derogar els actuals tractats europeus i reemplaçar-los per nous, en el marc d’un veritable procés constituent democràtic, que permeti tirar les bases de «altra Europa».

Auditoria, Acció, Anul·lació, són les AAA que desitgem, la dels pobles i no les de les agències de qualificació. Posem aquesta reivindicació en el centre del debat públic per afirmar amb força que altres opcions polítiques, econòmiques i financeres són possibles. Però només unes potents lluites socials permetran el triomf de les AAA dels pobles, i un canvi radical de lògica que estigui a l’alçada dels desafiaments plantejats.

Traduït per Dani Gómez-Olivé.

+ Info:

www.quiendebeaquien.org (Red por la Abolición de la Deuda Externa y la restitución de la Deuda Ecológica)

Observatorio de la Deuda en la Globalización

Seminario Taifa

CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo)


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