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Anticapitalistes
  
diumenge 12 de febrer de 2012 | Manuel
Una «Comuna de París» en China

Lucas Poy

En los últimos meses, China volvió a ocupar las primeras planas de la prensa internacional. En el
marco de una desaceleración industrial, un conjunto de huelgas obreras y levantamientos
campesinos ha vuelto a poner de manifiesto un cuadro de ascenso de masas, que plantea al rojo vivo todas las contradicciones del proceso de restauración capitalista en el país


Huelgas en el «taller del mundo»

Entre los llamados
«incidentes de masas», que
llegaron a 180 mil el año
pasado (The New York
Times, 14/12), sobresalen
los protagonizados por la
clase obrera. Según un
reciente cable de Ansa, más
de 200 empresas fueron
cerradas el mes pasado
solamente en la provincia
de Zhejiang, en el este de
China, «afectadas, en su
gran mayoría, por la caída
de las exportaciones y el
aumento de los costos
laborales
». El proceso que
había estal lado el año
pasado, con una serie de
huelgas en las plantas
automotrices de propiedad
japonesa, se ha visto
profundizado en los últimos
meses de 2011. Las
empresas están recortando
horas extras y, como ocurre
en el distrito de Guangdong
(el principal polo industrial
de China), las autoridades
anuncian la suspensión del
aumento del 20% en el
salario mínimo. El gobierno
central, a través del
responsable máximo de la
seguridad interna, hizo
saber a las autoridades
locales que deben
«prepararse para los
efectos negativos (¡!) de la
economía de mercado
»
(Financial Times, 4/11).

La agitación y las huelgas
se reproducen a lo largo y
a lo ancho del país, «desde
las fábricas de zapatos y
textiles de la provincia de
Guangdong, conocida como
el ‘taller del mundo’, hasta
el núcleo de plantas de electrónica y productos
deportivos del sudoeste,
cientos y hasta miles de
trabajadores han paralizado
la producción de las
principales marcas
occidentales
» (Reuters, 25/
11). Más de 10 mil
trabajadores fueron a la
huelga en noviembre en los
centros industriales de
Shenzhen y Dongguan, en
el sur del país,
destacándose la huelga de
los más de cuatro mil
trabajadores (en su mayoría
mujeres) de la empresa
Hail iang, que produce
componentes para la
japonesa Hitachi , en
conflicto desde comienzos
de diciembre. También en
noviembre fueron a la
huelga unos siete mil
trabajadores de la planta de
zapatos Yue Cheng, en la
provincia de Guangdong,
contra la intención de la
patronal de mudar la fábrica
a una zona rural del interior
del país, donde la mano de
obra es más barata. La
semana pasada, se
declararon en huelga unos
ocho mil trabajadores de una
fábrica de productos
electrónicos, subsidiaria de
LG, ubicada en la ciudad de
Nanjing, también en el sur de
China, de propietarios
surcoreanos. Los
trabajadores denuncian que
el bono de fin de año de los
empleados de la firma en
Corea del Sur es seis veces
superior al de la filial en
China. También en reclamo
de un adicional de fin de
año, en este caso recortado
por una patronal japonesa,
fueron a la huelga hace
pocos días unos 1.500
trabajadores de la fábrica
Aries en Guangzhou, la cual
produce autopartes para
Nissan, Honda y Toyota.

«Una Comuna de París en China»

El conflicto que recorrió los
titulares de todo el mundo
durante las últimas
semanas fue, sin embargo,
el protagonizado en un
pueblo de pescadores de
unos 15.000 habitantes
llamado Wukan, el que fue
virtualmente tomado por sus
pobladores durante casi
todo diciembre. El conflicto
se inició en septiembre, a
partir de una movilización
contra maniobras ilegales y
fraudulentas en
operaciones de venta de la
tierra rural: según diversas
fuentes, la ira popular estalló
cuando se vendió una
granja usufructuada por
toda la comunidad local
para la construcción de un
complejo habitacional de
lujo, a cambio de 156
millones de dólares que
quedaron en manos de las
autoridades. El conflicto se
mantuvo durante varios
meses y cuando uno de los
dirigentes de la población
apareció muerto y con
signos de tortura mientras
estaba en manos de la
policía, se produjo una
pueblada que expulsó a las
autoridades del PC local y a
la policía, lo que dejó al
pueblo bajo el control de sus
habi tantes movilizados y
armados. Los pobladores
dejaron ingresar a la prensa
extranjera, lo cual permitió
dar una enorme resonancia
internacional a la protesta y
obligó a las autoridades a
negociar. Un corresponsal
extranjero lo caracterizó
como «una Comuna de
París en China
», porque -al
igual que la de 1871, en
Francia- «el primer gobierno
obrero de la historia
»
organizó la totalidad de la
vida social de la ciudad al
margen del Estado.
Finalmente se llegó a un
acuerdo durante la última
semana, cuando el
gobierno aceptó liberar a los
detenidos y no tomar
represalias, además de
iniciar una investigación
sobre la muerte del dirigente
local.

El conflicto de Wukan toca
la línea de flotación de todo
el proceso de restauración
capitalista: la cuestión de la
privatización de la tierra. Es
la sustentación de la
gigantesca especulación
inmobiliaria que atraviesa el
país. En la China
ultracapitalista no hay
propiedad privada de la
tierra: como propiedad del
Estado, los gobiernos están
autorizados a expulsar a los
campesinos que la
usufructúan a cambio de
una indemnización. Este es
el núcleo de la
caracterización de China
como un régimen capitalista en transición, que pone en conflicto sus dos polos
fundamentales: el capital
internacional, por un lado, y
la masa agraria no
capitalista, por el otro. El
aparato burocrático, surgido
de la revolución de 1949,
funciona ahora con toda su
potencia al servicio de la
expropiación de los medios
de trabajo del campesinado.
La presión de la
urbanización capitalista -
En los últimos meses, China volvió a ocupar las primeras planas de la prensa internacional. En el
marco de una desaceleración industrial, un conjunto de huelgas obreras y levantamientos
campesinos ha vuelto a poner de manifiesto un cuadro de ascenso de masas, que plantea al rojo vivo todas las contradicciones del proceso de restauración capitalista en el país
resultado gigantesco de la
rápida proletarización del
país- choca con el trabajo de
la masa campesina; el
Estado intermedia esta
confiscación a cambio de
enormes beneficios
monetarios en forma de
coimas. A lo largo y ancho
del país, las poblaciones
rurales denuncian ventas
clandestinas e ilegales de
esas tierras, o sea sin
autorización ni pago de la
indemnización legal por
parte de las autoridades
locales: «Los residentes de
Wukan afirman que oficiales
corruptos han requisado
cientos de hectáreas, en
connivencia con los
promotores, y las han
vendido sin su
consentimiento
» (ídem). Las
autoridades locales y
regionales calculan el precio
de la tierra de acuerdo con
su rendimiento agrícola,
pero lo venden de acuerdo
al rendimiento inmobiliario
potencial. Algunos
especialistas han calculado
que los pobladores obtienen
solamente un 5% del total del
valor al cual las autoridades
terminan vendiendo la tierra.
Se calcula que las ventas de
tierra suman
aproximadamente un tercio
de los ingresos totales de los
gobiernos locales, que
«dependen de estas ventas
para sostener los gastos
cotidianos
» (New York Times,
14/12). «En los últimos cinco
años se han producido más
de 200 mil conflictos con
campesinos cuya tierra fue
expropiada por municipios
invasores en el proceso de
urbanización más acelerado
de la historia» (World Policy,
23/10).

Font: Lucha Indígena Nº 66 Febrero 2012, p. 11 i Partido Obrero

+ Info:

China sufre las mayores movilizaciones del último año. Miles de trabajadores van a la huelga en el sur del país para pedir aumentos salariales

La crisis mundial fogonea las huelgas en China

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