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Anticapitalistes
  
divendres 27 de gener de 2012 | Manuel
El contexto internacional de las indignaciones mundiales

Eric Toussaint

1. Breve visión retrospectiva de los movimientos que precedieron a la primavera árabe, a los indignados/as y a Occupy Wall Street

En el transcurso de 2011, un movimiento social y político rebelde hizo de nuevo irrupción en las calles y plazas de todo el mundo. Tomó una nueva forma y nuevos nombres: primavera árabe, indignados, movimiento Occupy Wall Street (OWS), etc. Las regiones donde este movimiento fue más notable han sido: África del Norte y el Próximo Oriente (incluido Israel), Europa y América del Norte. Ciertamente, no todos los países de estas regiones se vieron afectados por estas movilizaciones y nuevas formas de organización, pero todo el mundo se enteró de estos movimientos. En los países en que no fue masivo, existen minorías activas que intentan arraigarlo con resultados diversos. |1| En el hemisferio sur sólo en Chile, durante 2011, se vivió algo similar al movimiento de los indignados. |2|

Para resumir a grandes rasgos la acción del llamado movimiento altermundialista durante estas dos últimas décadas en el ámbito internacional, podemos distinguir diferentes fases relacionadas con la evolución de la situación mundial.

Entre 1999 y 2005, y frente a una profundización de la ofensiva neoliberal en los países del Norte, se produjeron grandes movilizaciones contra la OMC (Seattle, Estados Unidos, en noviembre de 1999), contra el Banco Mundial, el FMI y el G8 (Washington en abril de 2000, Praga en septiembre de 2000, Génova en julio de 2001). En ese marco nació el Foro Social Mundial en enero de 2001, en Porto Alegre, extendiéndose rápidamente a todos los continentes (Latinoamérica, África, Europa, Asia del Sur, América del Norte). Se crearon nuevas redes internacionales: Jubileo Sur (sobre la deuda), ATTAC (contra la dictadura de los mercados), la Marcha Mundial de Mujeres, Nuestro mundo no está en venta, etc. También se reforzaron redes antiguas (nacidas durante la primera mitad de los años noventa): Vía Campesina, el CADTM (red Norte/Sur focalizado en su comienzo sobre la deuda, el Banco Mundial y el FMI)… El movimiento altermundialista (o antiglobalización) se configuró durante esta fase, esencialmente en el marco del FSM.

Después de 20 años de dominación neoliberal en América del Sur, en muchos países las luchas fueron masivas y en algunos casos tuvieron éxito: la guerra del agua en Bolivia en 2000, el levantamiento indígena en Ecuador que derrocó a un presidente neoliberal también en 2000; una rebelión que derrocó al presidente neoliberal argentino a fines de 2001 y que abrió una crisis prerrevolucionaria en diciembre del mismo año, que prosiguió en 2002; levantamiento popular en Venezuela en abril de 2002 por el retorno de Hugo Chávez a la presidencia, después de su derrocamiento por un putsch (11-13 de abril de 2002); guerra del gas en Bolivia en 2003, con la destitución del presidente neoliberal pro-Washington; derrocamiento de un nuevo presidente neoliberal pro-estadounidense en Ecuador en 2005… A continuación de estas movilizaciones, algunos gobiernos rompieron parcialmente con el neoliberalismo y se opusieron a la dominación de Estados Unidos, iniciando reformas políticas y restaurando en parte el control publico sobre los recursos naturales (Venezuela a partir de 1999, Bolivia en 2006, Ecuador en 2007). |3| Bajo la presión popular, el gobierno argentino, que no tiene un origen de izquierda, aplica medidas heterodoxas que no siguen el camino del gobierno del PT en Brasil o del Frente Amplio en Uruguay, ya que éstos prolongan la política de sus predecesores neoliberales, agregando una dosis importante de «asistencialismo» para mejorar la situación de los más pobres y consolidar así su base electoral. La zona de libre comercio para las Américas, deseada por Washington, se abandonó en 2005 gracias a la oposición de una mayoría de gobiernos de América del Sur y a la movilización social.

Mientras tanto, el 11 de septiembre de 2001 trajo una nueva ofensiva bélica de Estados Unidos en Iraq y Afganistán, que desprende un fuerte olor a petróleo y de refuerzo de su ventajosa posición militar. Esta ofensiva iba acompañada de una fuerte restricción de las libertades democráticas, especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña. El nuevo pretexto fue la lucha contra el terrorismo. Frente a este endurecimiento imperial, el movimiento altermundialista consiguió la mayor manifestación contra la guerra de la historia —en febrero de 2003, entre 12 y 13 millones de manifestantes marcharon en todo el planeta— pero no se logró impedir la invasión de Iraq un mes más tarde. El declive del Foro Social Mundial comenzó en 2005. Una de sus causas sería el persistente rechazo de su consejo internacional de transformar un foro de encuentros y de intercambio en un medio democrático y abierto de convergencia para la acción. A esto se agrega la institucionalización de un proceso dominado por ONG y líderes de movimientos sociales que se alinean con gobiernos socioliberales (el gobierno de Lula en Brasil y de Prodi en Italia, en particular).

A partir de 2004, en el ámbito internacional, ya no hay grandes movilizaciones contra el FMI, el Banco Mundial, el G8, la OTAN, la OMC, ni contra las guerras imperialistas. Manifiestamente, el movimiento altermundialista sufre una pérdida de velocidad aunque haya habido ediciones del FSM, como la de 2009 en Belem (Brasil), que tuvieron un gran éxito, y en menor grado también lo tuvo el FSM de Dakar en febrero de 2011.

En 2005, al adoptarse antidemocráticamente el Tratado Constitucional de la Unión Europea, las clases dominantes europeas y los gobiernos de turno reforzaron la orientación capitalista neoliberal de la integración europea en el marco de la UE y de la zona euro que se ha extendido en forma progresiva a 17 países. Los países capitalistas más industrializados, así como China y los países exportadores de materias primas, aparentemente gozaban de buena salud. Las clases dominantes continuaron su ofensiva en términos de precarización del trabajo, pero el consumo se mantuvo por las compras a crédito y la burbuja inmobiliaria, que produjo una falsa impresión de riqueza y bienestar en varios países (Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Irlanda, y varios Estados de Europa central, miembros de la UE). Por otro lado, los perceptibles efectos del cambio climático en curso comenzaron a provocar una concienciación crítica con respecto al capitalismo productivista.


Hitos que marcaron la creación del movimiento altermundialista:

Por supuesto, las movilizaciones de los años 1999 y 2000 habían tenido una preparación en acciones anteriores, entre las que podemos citar:

- la movilización contra el G7 en París, en julio de 1989, con ocasión del bicentenario de la revolución francesa. Durante este evento se adoptó «L’Appel de la Bastille» (El Llamamiento de la Bastilla) para la anulación de la deuda del Tercer Mundo (que devino el texto fundador del CADTM);

- la rebelión (neo) zapatista que hizo irrupción el 1 de enero de 1994 y tuvo un impacto internacional muy importante durante varios años, en particular por el encuentro internacional de Chiapas de 1996, denominado de manera surrealista «Encuentro intergaláctico en defensa de la humanidad». En este encuentro participaron numerosos movimientos internacionales, entre los cuales el CADTM.

También fue en 1994 que tuvo lugar el 50º aniversario de la fundación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI). El acontecimiento fue conmemorado por una enorme movilización de protesta en Madrid. Esta manifestación inspiró luego a los franceses para la movilización contra el G7 en Lyon en 1996. En esa ocasión se lanzaron los colectivos «Les Autres Voix de la Planète» (Las otras voces del planeta). La iniciativa española reunió a diversas ONG, el CADTM Bélgica y movimientos como la «plataforma 0,7 %» en la que los jóvenes luchaban para que su país dedicara el 0,7 % de su PIB a la ayuda pública al desarrollo, también hubo sindicatos, movimientos feministas, movimientos ecologistas (Ecologistas en Acción). Con ocasión de esta contracumbre se aliaron una serie de movimientos que, más tarde, se reencontrarían en Seattle, en 1999, luego en Porto Alegre en 2001, etc. En 1997, en Ámsterdam, durante una contracumbre frente a la Unión Europea, las marchas europeas contra el desempleo tuvieron un papel catalizador.

Véase: CADTM, Les manifestes du possible, Syllepse-CADTM, París-Lieja, 2004


Notas:

|1| En África, al sur del Sahara, tuvieron lugar movilizaciones de estudiantes en Burkina Faso en marzo-abril de 2011, en Togo en mayo-junio de 2011 y en Senegal un movimiento llamado Y’en marre (Estoy harto) contra el autoritarismo del presidente A. Wade en junio de 2011. Todas tomaban como referencia explícita la primavera árabe en curso. En Senegal, el Foro Social Mundial, reunido en febrero de 2011, diez años después de su creación, tuvo un éxito importante bajo el signo del levantamiento que se sucedía en Túnez y Egipto (véase Olivier Bonfond)

|2| Véase Franck Gaudichaud, Cuando el neoliberalismo triunfante se agrieta : http://www.rebelion.org/noticia.php...

|3| Véase Franck Gaudichaud (bajo la dirección de), Le volcan latino-américain. Gauches, mouvements sociaux et néolibéralisme en Amérique latine, Textuel, París, 2008, http://www.cetri.be/spip.php?article613 y para la evolución en 2008-2009, Eric Toussaint « Honduras, Perú, Ecuador : « pequeños » olvidos y « grandes » mentiras» ; « Luces y sombras en la Venezuela bolivariana»

8/1/2012

Traducido por Griselda Pinero


2. La crisis mundial precede a la primavera árabe, a los indignados e indignadas y a Occupy Wall Street

19 de enero

A partir de 2007, aparecieron nubarrones en el cielo neoliberal. Comenzó entonces la mayor crisis capitalista después de la de los años 1930. Existe una interconexión entre las diferentes crisis: en los países más industrializados se produce la crisis bancaria y financiera, la inmobiliaria, la económica; en los países del Sur, y en particular en África y en algunos países de Asia, estalla la crisis alimentaria —Latinoamérica permanece menos afectada— generada principalmente por dos causas originadas en la política de los gobiernos de los países más industrializados:

1.- El desplazamiento de la especulación hacia el mercado de futuro de los cereales, debido al estallido de la burbuja inmobiliaria;

2.- el apoyo a la producción de agrocombustibles.

La crisis alimentaria provocó en 2008 motines contra el hambre en más de 15 países. El número de personas que sufren hambre pasó de 865 millones a más de 1.000 millones |1|. La salud económica de China, el taller del mundo, ha terminado por provocar en el antiguo imperio huelgas obreras que han conseguido aumentos salariales —partiendo de un nivel muy bajo—. La crisis de gobernanza es bien visible a escala planetaria y aquí tenemos tres ejemplos:

1.- El proceso de profundización de la desreglamentación de los intercambios definida en Doha en noviembre de 2001 está bloqueada, y por lo tanto también la OMC.

2.- El FMI, entre 2002 y 2008, pasó por una crisis radical: dos directores generales se sucedieron sin terminar su mandato; los países emergentes reembolsaron sus deudas al FMI anticipadamente para deshacerse de su tutela directa y seguir políticas parcialmente heterodoxas.

3.- El G7 (Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Japón, Francia, Italia y Canadá), donde se originó la crisis financiera y económica, no puede pretender, de nuevo, encontrar e imponer soluciones mientras las economías emergentes gozan de una buena salud económica, rebalsan sus reservas de cambio y se han desendeudado (con respecto a la deuda externa). Las capitales de los países más industrializados convocaron un G20 en 2009 y pidieron a los países emergentes ayuda para salir del pantano en el que se encontraban. Los efectos publicitarios se multiplicaron: se reformaría el sistema capitalista, incluso se habló de refundarlo, se pondría orden en las finanzas internacionales tirándole de las orejas a los paraísos fiscales, se reduciría las extravagancias de los banqueros y de sus adláteres, se limitaría la especulación con los alimentos, se reformarían las grandes instituciones, como el FMI y el Banco Mundial, para dar más espacio a los países emergentes, se encontraría soluciones para el cambio climático… Pero finalmente, ninguna de estas promesas se cumplió. Por su lado, el FMI pudo volver a ser protagonista. Aunque haya debido aflojar la presión sobre los países emergentes y estuvo al borde de la asfixia financiera (a tal punto que tuvo que despedir personal), volvió al ataque en los países del Norte: en 2008-2009 prescribió sus recetas neoliberales a Islandia y a varios países de Europa central y del Este (ex miembros del bloque soviético que ahora son miembros de la UE o candidatos a entrar en ella) |2|. En 2010, le tocó el turno a Grecia y a Irlanda. En 2011, Portugal, bajo presión, tuvo que pedir ayuda al FMI. El G20 decide reflotar la economía del Fondo aunque la ejecución del proceso sea complicada, puesto que las grandes potencias no ceden espacio fácilmente a las potencias emergentes, a las que, sin embargo, les piden dinero |3|. Durante la cumbre europea de diciembre de 2011, la UE, sin el reino Unido, decidió aportar 150.000 millones de euros al FMI.

En 2008-2009, la crisis de los países más industrializados afectó la buena salud de la economía china, las autoridades reaccionaron lanzando un vasto plan financiado por el Estado —planes que siempre fueron rechazados por el FMI para los países del Sur confrontados a una crisis—.

En los años 2007-2008, las clases dominantes y los gobiernos de los países más industrializados tuvieron mucho miedo: el milagro capitalista estaba por evaporarse, el capitalismo, expuesto por sus propias contradicciones, comenzó a aparecer como la causa de la crisis. Para evitar unas movilizaciones masivas que podrían tomar una dinámica radical, incluso anticapitalista, a fines de 2008 y en 2009, Washington —donde Obama asumió la presidencia en enero de 2009—, la Comisión Europea y las capitales del Viejo Continente implementaron amortiguadores sociales (salvo en países de la periferia europea, como las repúblicas bálticas, Hungría y Ucrania). El inicio de la estrategia del shock tuvo lugar realmente a partir de 2010. En 2011, se profundizó. Los ataques contra lo que queda de las conquistas sociales, por las que lucharon los trabajadores después de la segunda guerra mundial, son brutales, en particular en los países periféricos, dentro o fuera de la Unión Europea.

Mientras tanto, entre 2008 y 2009, el epicentro de la crisis en los países más industrializados se desplazó de Estados Unidos a la Unión Europea por tres razones: primera, la estructura de la Unión Europea acentúa la crisis, ya que los mecanismos de ayuda y de transferencia hacia los países más débiles se han reducido notablemente; segunda, los bancos privados europeos amenazan con derrumbarse y provocar un cataclismo financiero del tipo creado por la quiebra de Lehman Brothers. Rescatados por los Estados, los bancos continúan asumiendo enormes riesgos al utilizar los fondos puestos a su disposición en forma casi gratuita por la FED, el BCE, el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional Suizo; tercera, en lugar de adoptar una política de relanzamiento económico y de imponer reglas estrictas a los bancos, la Comisión Europea y los gobiernos imponen una cura de austeridad que comprime la demanda y deprime la actividad económica. En consecuencia, la deuda pública, que es muy inferior a la deuda de las empresas privadas, explota. En varios países europeos (España, Irlanda, Reino Unido, Hungría y otros), el estallido de la burbuja inmobiliaria condujo a una situación dramática a cientos de miles de familias que estaban fuertemente endeudadas y que perdían y continúan perdiendo su vivienda. Cientos de miles de empleos fueron suprimidos en la construcción. En 2010-2011, la crisis de la gobernanza europea adquiere proporciones considerables. Las cumbres de crisis se suceden con el fin de adoptar unos planes de rescate que cada vez se revelan insuficientes. Los bancos están de nuevo al borde del abismo y si no se hunden es únicamente gracias al apoyo estatal.

Notas:

|1| Véase Jean Ziegler, Destruction massive : géopolitique de la faim, Le Seuil, Paris, 2011 y Eric Toussaint, La Crisis Global Ediciones de Intervención Cultural S.L. Mataró, 2010.

|2| Véase Damien Millet y Eric Toussaint (bajo la dirección de ), La deuda o la vida, Icaria Editorial, Barcelona, 2011

|3| Durante la reunión del G20 mantenida en Cannes en noviembre de 2011, los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) no estuvieron de acuerdo en aportar fondos hasta que, en forma clara y rotunda, no se les haga más lugar en las instancias internacionales.


3. De la primavera árabe a Occupy Wall Street, pasando por el movimiento de los Indignados

22 de enero

En Túnez y en Egipto, países que sólo son exportadores de materias primas en forma marginal, las condiciones de vida de las poblaciones se agravaron durante los últimos años, y condujeron a protestas sociales que fueron duramente reprimidas. Esto provocó, primero en Túnez, una reacción masiva que rápidamente tomó dimensiones políticas. El pueblo reunido en la calle y en las plazas afrontó la represión —hubo 300 muertos— y exigió la partida del dictador Ben Ali. Éste debió abandonar el poder el 14 de enero de 2011. A partir del 25 de enero, el movimiento se extendió a Egipto, cuya población estuvo sometida a décadas de contrarreformas neoliberales dictadas por el Banco Mundial y el FMI combinadas con un régimen dictatorial aliado, como el de Túnez, a las potencias occidentales (y totalmente comprometido en una alianza con las autoridades israelíes). El 11 de febrero de 2011, menos de un mes después de la caída de Ben Ali, Mubarak fue obligado a dimitir. Otros países de la región se inflamaron y la represión se abatió sobre el pueblo. Las luchas continúan, el proceso en la región todavía no ha terminado.

En Túnez y en Egipto, las clases dominantes locales tratan, con la ayuda de las potencias occidentales, de controlar la situación para que el movimiento no desemboque en una revolución social.

El viento de la rebelión atraviesa el Mediterráneo, desde África del Norte hacia el Sur de Europa. En Portugal, el 12 de marzo de 2011, el movimiento de los precarios convocó una manifestación: cientos de miles marcharon pero el movimiento duró poco. El 15 de mayo el movimiento alcanzó a España y se prolongó hasta el 23 de julio, y luego se relanzó en el ámbito mundial el 15 de octubre de 2011. En ese tiempo, el movimiento llegó a Grecia el 24 de mayo de 2011. La Puerta del Sol en Madrid, la plaza Catalunya en Barcelona, la plaza Sintagma en Atenas y centenares de otras plazas de España y Grecia vibran al mismo ritmo desde junio de 2011. En julio-agosto, la protesta sacudió igualmente a Israel, el bulevar Rotschild en Tel Aviv fue ocupado, pero sin poner en peligro al gobierno y sin buscar la unión con la lucha palestina. En septiembre, el movimiento logró atravesar el Atlántico Norte. Alcanzó Estados Unidos por su costa Este, comenzando por Nueva York y Wall Street y luego se ha extendido por una gran parte del territorio estadounidense, hasta la costa Oeste, en la que Oakland vivió la experiencia más radical. El 15 de octubre de 2011, fecha definida por el movimiento de los Indignados en España, más de un millón de personas se manifestaron en todo el mundo, desde Japón hasta la costa Oeste de Estados Unidos, especialmente en los países más industrializados. Las manifestaciones más importantes de ese día fueron en Madrid, Barcelona, Valencia, Atenas y Roma. En España, de donde salió el movimiento, cerca de 500.000 manifestantes marcharon por las calles de alrededor de ochenta ciudades, de los que 200.000 o más sólo en Madrid. Los dos principales centros financieros del planeta, Nueva York y Londres, son el lugar de las manifestaciones en el marco de este vasto movimiento. Más de 80 países y cerca de un millar de ciudades vieron marchar centenares de miles de jóvenes y adultos que protestan contra la gestión de la crisis económica internacional por gobiernos que corren en auxilio de las instituciones privadas responsables de la debacle y que además aprovechan para reforzar las políticas neoliberales: despidos masivos en los servicios públicos, recortes en los gastos sociales, privatizaciones masivas, ataques contra los mecanismos de solidaridad colectiva—sistemas públicos de pensiones, derecho a subsidios por desempleo, convenciones colectivas entre trabajadores y patrones…) En todos lados, el reembolso de la deuda es el pretexto utilizado para reforzar la austeridad. En todos lados, los manifestantes denuncian a los bancos.

Ninguna organización dirige al movimiento y éste no busca dotarse de una estructura de coordinación internacional, pero ¡la comunicación es excelente!

Traducido por Griselda Piñero.


4. Algunos rasgos comunes en las movilizaciones de 2011

Eric Toussaint, CADTM

En 2011, todos los movimientos mencionados, de la primavera árabe a Occupy Wall Street, pasando por los Indignados, tenían varias características comunes:

1. Reocuparon la plaza pública, incluso se instalaron, y también multiplicaron las manifestaciones en las calles. En el pasado, las acciones radicales comenzaban a menudo en el lugar de trabajo o de estudio, e implicaban la ocupación de instalaciones (fábricas, escuelas, universidades…). Aunque las huelgas y las ocupaciones de fábricas o de establecimientos escolares no hayan estado ausentes en algunos países como Egipto o Grecia, la forma de acción más extendida adoptada por los participantes en las acciones consistió en la recuperación del espacio público. Una parte importante de los manifestantes no tenían ni tienen la posibilidad de organizarse en los lugares de trabajo, debido, en particular, a la represión y a la atomización de los trabajadores. Un gran número de ellos no tiene empleo —y es una de las razones de su compromiso para la acción—, o debe contentarse con un empleo precario. Entre los manifestantes, en algunos países, hay un gran número de diplomados sin trabajo. En países como España, afectados fuertemente por la crisis inmobiliaria, o como Israel, donde la falta de vivienda para la gente modesta es clamorosa, las personas víctimas de esta crisis pueden estar muy bien representadas. Además de estas razones, la voluntad de ocupar la plaza pública tiene que ver, por supuesto, con la voluntad de reunirse, de ver cuántos son, de hacer una demostración de fuerza frente a un poder percibido en Túnez, en España, en Grecia, en Egipto (y para una buena parte de manifestantes en Estados Unidos) como completamente sordo a las necesidades y pedidos de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas del país. La exigencia de una auténtica democracia está en el núcleo del movimiento.

2. En varios países, la comunicación y la movilización vía las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) tuvo un papel importante aunque no hay que exagerar el fenómeno.

3. La forma «asamblearia» del movimiento constituye una característica común. Con ese mismo espíritu, existe una reticencia, incluso claramente un rechazo, hacia la elección de delegados y delegadas. Se quiere la democracia directa y participativa.

4. En varios países, la desobediencia cívica ha sido reivindicada y practicada sistemáticamente como un acto de resistencia frente a un poder totalitario —casos de Túnez y Egipto—, o frente a un poder autista (Grecia,…) que no duda en utilizar la represión para vaciar las plazas o impedir pura y simplemente las concentraciones, como es común en el caso de Estados Unidos. Estas manifestaciones están muy alejadas de las tradicionales, que parecían más procesiones que marchas de protesta. En cierta forma se ha producido un salto cualitativo. Mientras que hasta este momento, la ideología dominante y la represión habían conseguido individualizar, atomizar los comportamientos debido al miedo (a la represión, a perder su empleo, a perder su vivienda, a perder su derecho a una pensión, a perder sus ahorros…), la amplitud de la crisis y el hecho de que se haya llegado a una masa crítica de manifestantes permitió que muchas personas se sobrepusieran al aislamiento, principalmente con la idea de que, en realidad, no había mucho que perder. Para la mayoría de los participantes en el movimiento se trata del primer combate colectivo con una dimensión política.

5. En la mayor parte de los casos, no ha habido una elaboración de un programa de reivindicaciones, incluso si las comisiones de trabajo del movimiento de los Indignados españoles produjeron propuestas y declaraciones. Respecto a esto, conviene subrayar la importancia de la declaración conjunta entre Puerta del Sol y Plaza Sintagma: Llamamiento Sol-Sintagma y que afirma especialmente: «No al pago de la deuda ilegítima. ¡Esta deuda no es nuestra! ¡No debemos nada, no vendemos nada, no pagaremos nada!» En el caso de Túnez y Egipto, existe un acuerdo sobre una reivindicación central: la partida del dictador que se expresa en una exhortación muy clara: ¡Márchate!

6. Los manifestantes no se agruparon de acuerdo a una base identitaria: etnia, religión, clase, generación u orientación política. La mezcla dominaba aunque algunas categorías entre los más explotados hayan estado subrepresentados, en algunos casos. La fórmula adoptada en Estados Unidos por Occupy Wall Street comenzó rápidamente a hacer la vuelta al mundo: «¡Somos el 99 %!».

Podríamos agregar una séptima característica común: en ningún caso, el Foro Social Mundial, el Foro Social Europeo, el Foro Social de las Américas constituyeron una referencia para los manifestantes. El término altermundialista o antiglobalización tampoco forman parte de sus referencias. Desde ese punto de vista, el ciclo abierto por el Foro Social Mundial en 2001 parece, indudablemente, haberse cerrado y otro ciclo se ha abierto, se verá hacia donde conducirá. Lo importante será participar.

Más allá de las características comunes, hay diferencias que saltan a la vista. En los países de África del Norte y del Cercano Oriente, los principales objetivos fueron los regímenes dictatoriales y los regímenes autoritarios, aunque la cuestión social estuviera bien presente y en la base del movimiento. En los países más industrializados, los objetivos son los banqueros y los gobiernos a su servicio. La defensa de los bienes comunes es un punto de convergencia. La cuestión social se expresa en el modo de rechazar el trabajo precario, las privatizaciones de los servicios públicos (educación, sanidad, etc.), en la necesidad de encontrar una solución al problema de la vivienda y de la deuda hipotecaria (particularmente en España y en Estados Unidos, país en el que hay que agregar la deuda de los estudiantes, que totaliza un billón de dólares), en el rechazo a pagar la crisis provocada por el 1 % enormemente rico.

En los países más industrializados, existe también una gran diferencia entre la radicalidad del movimiento en Grecia, que se acerca a una posible crisis prerrevolucionaria como la de Argentina 2001-2002, y la situación de España, y no digamos de Estados Unidos. Las diferentes historias de estos países y de sus movimientos sociales, el grado de implantación de los diversos partidos políticos de la izquierda dura que no han sido borrados por el movimiento nacido en 2011. La izquierda radical griega incluyendo el partido comunista puede representar cerca del 25 al 30 % del electorado e influir en una parte importante del movimiento sindical; la situación es similar en Portugal, y por supuesto totalmente diferente en Estados Unidos.


5. Indignadas e indignados del mundo entero: Unámonos

El porvenir de la primavera árabe, del movimiento de los Indignados y de Occupy Wall Street es muy difícil de predecir.

La rebelión en Túnez o en Egipto corre el riesgo de acabar en una transición parecida a la ocurrida en Latinoamérica, Filipinas o Corea al final de las dictaduras durante los años ochenta, o en África del Sur en los años noventa, sin hablar de otros Estados del África subsahariana: la estabilización de un régimen burgués neoliberal. La época es diferente, las características del mundo musulmán son particulares, los retos geoestratégicos —particularmente con respecto a Egipto y al Próximo Oriente, menores en el caso de Túnez— tendrán su peso, la historia es un proceso abierto. La capacidad de desarrollar la autoorganización de los oprimidos será decisiva.

Para el movimiento Occupy Wall Street, y sus equivalentes en el resto del territorio estadounidense, ¿la fase actual de represión unida a la entrada del invierno acabará con él? ¿Las tentativas del partido demócrata de lanzar una OPA con éxito al OWS, con la perspectiva de las presidenciales de 2012, conseguirán dividirlo?

Respecto al movimiento de los Indignados europeos, dejando de lado Grecia, donde el movimiento se enfrenta directamente al gobierno, veremos si se consolida en España, retoma fuerzas en Portugal, logra implantarse en Italia, donde acaba de empezar, llegará finalmente Irlanda y a otros países de Europa. En los casos griego, español y portugués, cuando nació el movimiento, los socialistas estaban en el poder y gobernaban a beneficio de los bancos responsables de la crisis aplicando políticas neoliberales. Después, la derecha volvió al gobierno gracias a unas elecciones y está totalmente decidida a imponer una cura todavía más drástica de austeridad. En Grecia, el retorno de la derecha se realizó sin elecciones mediante la implantación de un gobierno de unión nacional entre el PASOK, la derecha y la extrema derecha. El contexto político ha cambiado, ¿el movimiento de los indignados recuperará sus fuerzas, entrará directamente en conflicto con estos gobiernos? La respuesta a estas cuestiones será determinante para la capacidad de afrontar la profundización de la crisis. ¿El pueblo irlandés saldrá de su letargo? ¿Nacerá un movimiento irlandés de Indignados? Los movimientos sociales italianos tuvieron un papel determinante al comienzo de los años 2000, durante la fase ascendente del movimiento antiglobalización y del Foro Social europeo y mundial. Luego se produjo un reflujo, en algunos casos por una adaptación a la política socioliberal del gobierno de Romano Prodi y en otros por la desmoralización producida por el retorno de Silvio Berlusconi. ¿Qué pasará con el gobierno de gestión de Mario Monti y la tutela parcial de Italia por la Comisión Europea y el FMI? ¿El movimiento de los Indignados encontrará una fórmula particular a la italiana en 2012 o la resistencia pasará principalmente por otros canales? En Francia, donde hubo un poderoso movimiento social en 2010 en defensa de las pensiones, y que en 2011 permaneció al margen de los Indignados, ¿arraigará un movimiento de este tipo cuando la nueva dosis de austeridad entre totalmente en aplicación, ya sea con Nicolas Sarkozy o con el socialista François Hollande? ¿Y qué pasará en Gran Bretaña, Alemania, Bélgica…?
Si la crisis de los bancos privados se traduce en nuevas quiebras, siguiendo los pasos del banco franco-belga Dexia, en octubre de 2011, ¿cuál será el efecto sobre las poblaciones?

De todas maneras, gracias a la primavera árabe, a los movimientos de los Indignados y a Occupy Wall Street, el balance del año 2011 es evidentemente positivo para los movimientos sociales en lucha. Hubo pueblos que se liberaron de dictaduras en África del Norte, mientras que en Estados Unidos no es el Tea Party el que centra la atención sino Occupy Wall Street, y en muchos países de Europa se organiza la resistencia a gran escala, tomando nuevos caminos…

Una cosa es cierta, el problema de la deuda constituirá, cada vez más, la piedra angular del combate para resistir a los planes de austeridad y a la prosecución de la destrucción de las conquistas sociales. El reembolso de la deuda pública constituye el pretexto para imponer la austeridad y al mismo tiempo un potente mecanismo de transferencia de ingresos de los de abajo hacia los de arriba (del 99 % en beneficio del 1 %). El combate para romper el círculo infernal de la deuda es vital. Si no se hace una campaña frontal, hay pocas posibilidades que se pueda vencer la próxima oleada de ofensivas neoliberales. Además, en países como España o Irlanda, donde el estallido de la burbuja inmobiliaria afectó a cientos de miles de familias, la anulación de la deuda hipotecaria y la garantía del derecho a la vivienda decente se convierten en cuestiones centrales. En varios países (Grecia, Francia, España, Portugal, Irlanda, Italia…), la creación de colectivos para una auditoría ciudadana de la deuda es un paso adelante para reforzar la dinámica del movimiento de los Indignados allí donde ya existe y para pasar a la contraofensiva a escala europea.

Indignadas e indignados de todo el mundo: ¡Unámonos!

Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas, presidente del CADTM Bélgica, miembro del Consejo internacional del Foro social mundial desde su creación y del Consejo científico de ATTAC Francia. Dirigió con Damien Millet el libro colectivo La deuda o la vida, Icaria editorial, Barcelona, 2011. Participó en el libro de ATTAC: Le piège de la dette publique. Comment s’en sortir, édition Les liens qui libèrent, Paris, 2011


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