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Anticapitalistes
  
dijous 5 de gener de 2012 | Manuel
Per què no una auditoria ciutadana de tots els deutes? + Un viraje desobediente a la izquierda hacia Otra Europa

Daniel Albarracín

En castellà ací

Quan s’ha incrementat el deute públic, per què no s’al·ludeix als rescats i recapitalitzacions bancàries; subvencions al capital explícits -com les de la indústria a l’automoció- i implícits -com el sistema tarifari que s’aplica a les companyies elèctriques-, o les desgravacions, deduccions i exempcions fiscals al capital -en impostos, en les cotitzacions socials, etc.-? Per què no s’explica que és un "banc dolent"? Aquesta entitat plena “d’actius tòxics” on s’inclourien tots els immobles sense vendre, propietat de la banca, perquè la paguem entre tots. Amb aquest banc el deute públic no s’incrementarà?

En això del “deure i l’haver” se sol oblidar mirar el costat dels ingressos. És que les polítiques de retallades no deprimiran més l’economia i això augmentarà el dèficit públic i el deute? ¿No seria imprescindible qüestionar el model de la UE, que amb un mercat i moneda únics, sense sector públic que contraresti les desigualtats, aboca a uns dèficits galopants de la balança de pagaments i a un increment constant de les necessitats de finançament dels països perifèrics i , indirectament, un augment de pressió per endeutar-se? Com s’admet que el BCE financi de manera barata la banca, mentre aquesta rep uns tipus d’interès enormement lucratius quan presta als Estats? Com és que la UE no crea una agència de qualificació de riscos pública? D’altra banda, un volum per determinar del deute acumulat és, en termes jurídics, odiosa, ja que ha finançat activitats en detriment de l’interès general. No sembla comprensible que s’hagin preferit despeses militars a socials o inversions sostenibles, que s’hagin concedit projectes públics a entitats privades quan el seu cost a llarg termini és molt més gran que la iniciativa pública directa. Tot aquest conjunt d’operacions dubtoses, o que s’enquadrarien en pràctiques de favoritisme, amiguisme, corrupció, etc., i que haurien de tenir una resposta penal.

Per poder dimensionar i valorar el deute contret comptem amb estadístiques, però sense el recurs a un examen detallat de documents seria difícil determinar quina ha de ser l’actitud davant el fenomen. Aquest és un dels motius que ha d’empènyer la ciutadania a exigir una auditoria dels comptes públics i dels comptes dels creditors beneficiats en aquestes operacions.

Al nostre entendre, no s’ha de pagar el deute. Una primera conclusió a la qual hauríem d’arribar és que el conjunt de retalls públics i reformes estructurals que han de venir seran inútils per enfrontar el pagament d’un deute gegantí que no para de créixer. Però, si està tan clar que no s’ha de pagar, per què una auditoria ciutadana?

Primer, perquè és important la participació ciutadana per assegurar el control des de baix en el procés d’examen.

Segon, per raons de pedagogia social. Gran part de la població ignora quins són els comptes de l’economia o adopta models d’interpretació estereotipats o confusos. Una mesura com l’auditoria exigeix un ampli suport i credibilitat social.

I tercer, perquè, en un context de retallades, pot ser una campanya comprensible i contribuiria a desvetllar la trama a favor de la banca.

Cal detallar per què, per qui i com es va contraure el deute, l’import, les condicions, tipus d’interès, terminis de devolució, garanties, avals, o, d’altra banda, a què es va dedicar el finançament. Aquesta anàlisi ens donaria una mesura i proporció del deute que no s’ha de pagar o s’ha de reestructurar.

L’auditoria hauria d’exigir al sector públic transparència en els seus comptes, declarar una suspensió temporal del pagament del deute i obrir un procés, que durarà mesos, per a escodrinyar la documentació i fer un judici públic encaminat a prendre decisions sobre què fer sobre el deute públic una vegada culminat aquest procés.

En diversos països europeus ja s’han posat en marxa campanyes per impulsar auditories ciutadanes. Aquí ja s’han donat els primers passos. I estem convençuts.

Daniel Albarracin és economista i sociòleg

Font: Diagonal nº 164, 28 DE DICIEMBRE DE 2011


Un viraje desobediente a la izquierda para tomar rumbo hacia Otra Europa (3)

Daniel Albarracín. Mayo 2011

3. Financiarización, sobreproducción y losa del endeudamiento.

Para afrontar el duro y conflictivo reto, es preciso contar con un diagnóstico, pero también un eje estratégico de medidas para afrontar los problemas que se están presentando y se van a manifestar próximamente.

La financiarización de la economía, que adopta múltiples formas y manifestaciones, no sólo es un rasgo de la economía contemporánea, en el que la toma de decisiones empresarial está condicionada a la valorización de un sinfín de títulos y bonos financieros (acciones, obligaciones, deuda pública, derivados, divisas, etc…). También ha sido un síntoma de la crisis capitalista, de su sobreproducción, y una respuesta para rodear y postergar sus consecuencias más inmediatas.

Las políticas neoliberales, ante sus medidas recesivas, trató de realizar una huída hacia delante para estimular la economía mediante una carga hacia el futuro, que cae como una losa sobre el presente, mediante un endeudamiento masivo. Todo ello acontece en un contexto de sobreproducción que origina una crisis, y que a partir de 2008 también implica una moderación de las tasas de beneficio, que está siendo enfrentada con políticas de austeridad productiva y salarial, para recuperar las tasas de rentabilidad, cuanto menos para cierto grupo de corporaciones privadas transnacionales aún a costa de causar crisis y situaciones generales depresivas y de transferencias de rentas del trabajo al capital, así como de destrucción del tejido productivo menos o no rentable, salvaguardando a un núcleo de la clase capitalista. En un contexto de agotamiento del crecimiento de los mercados, y de dificultades de rentabilización por encima de los flujos de devolución exigidos por el apalancamiento, la crisis económica se desenvuelve sin interrupción en una espiral perniciosa. Esta huída hacia delante fue posibilitada en su día por políticas crediticias permisivas, una política monetaria expansiva, y bajos tipos de interés reales, que tuvo efectos más desequilibradores en países con menor productividad comparada, peor posicionada en la división internacional de la producción, y mayor inflación. A las dificultades de la recuperación, en una crisis de sobreproducción, se le suma una losa de endeudamiento, de origen principalmente privado, así como políticas de ajuste salarial y productivo que están disminuyendo las inversiones y consumos, lo que no permite augurar ninguna prosperidad.

Esta situación puede ser nefasta, pero, manejada desde parámetros de izquierda pueden paliarse sus efectos, así puede comportar una oportunidad para una reconversión ecológica de la producción. La intervención de situación de reestructuración financiera, debiera atender a cómo se reparten los esfuerzos de su carga. Al igual que debe contemplar qué clase o grupo social debe pagar más –nosotros reclamamos que los ricos y las rentas más altas que han gozado de la apropiación parasitaria del excedente originado en los frutos del trabajo y la naturaleza- también se debe prestar atención al destino de los activos, porque aquellos que aún comporten viabilidad y utilidad debe socializarse un esfuerzo para convertirlos en actividades del sector público para beneficiar a la sociedad, y aquellos que puedan reaprovecharse, pero deban reestructurarse, tienen la ocasión de reconvertir su aparato productivo con parámetros sostenibles e innovadores. Y aquellos inútiles o superfluos, insostenibles ecológica o energéticamente, o excesivos para la carga del entorno medioambiental en términos de consumo de materias primas, es una buena ocasión para reducirlos, en un decrecimiento socialmente controlado.

En términos globales y en primer plano social la crisis de empleo, con una tasa de paro que supera el 21%, la destrucción de la actividad en empresas con menos poder de mercado, y de las familias hipotecadas, son las situaciones más duras. Pero la deuda en su conjunto, como principal obstáculo al desarrollo económico (y como fuente de transferencia y apropiación de rentas por acreedores en posición dominante) es el primer problema socioeconómico. Tengamos, no obstante, presente que el principal peso de la deuda y su origen es privado (87% en España, en base a datos del Banco de España para el 2010). Los principales deudores son las compañías privadas, sean financieras o no, y después el sector público, y finalmente un segmento de los hogares, en forma de hipotecas asociadas al patromonialismo de la vivienda extendido en el Estado español. Y la gran banca, especialmente la internacional (sobre todo alemana y la francesa), es la principal acreedora.

En definitiva, lo que caracteriza estructuralmente el periodo actual capitalista es una crisis de sobreproducción hiperfinanciarizada. Esto aboca a un drenaje del exceso productivo en proporción a la necesaria destrucción de la burbuja financiera, asociada al enorme endeudamiento. La clave está en quién y cómo se va a hacer cargar los efectos depresivos de esta destrucción productiva y como se va a reconvertir el tejido productivo en crisis, y cómo se va a repartir el peso de la crisis. A este respecto, y frente a las políticas dominantes que están imponiendo un esfuerzo en exclusiva para las clases trabajadoras y populares, la respuesta ha de ser que la crisis la paguen los capitalistas, y en especial los más responsables de la misma.


Un viraje desobediente a la izquierda para tomar rumbo hacia Otra Europa (3.1.Auditoria y Reestructuración de la Deuda)

Daniel Albarracín 18/9/2011

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auditoria

3.1. Auditoria y Reestructuración de la Deuda Pública

La deuda pública pesa sobre el conjunto de la ciudadanía, y sobre todo sobre las rentas del trabajo que son la fuente principal de financiación del presupuesto público. Es necesario y justo comenzar por una Reestructuración y quita desde abajo (bajo control ciudadano, desde el sector público, contra los acreedores) mediante una Auditoría Ciudadana de la Deuda Pública (se propone en Grecia una iniciativa en ese sentido) que determine la justicia o injusticia, y las condiciones en su caso de su devolución.

Con ella se ha de evaluar los criterios de emisión (por qué se prefirió emitir deuda antes que fiscalizar rentas altas (financiarse con deuda en si no tiene que ser negativo siempre que se haga dentro de marcos sostenibles y con objetivos justificables social y políticamente), tipos de interés (por qué se admitió la compra de deuda por la gran banca que consiguió financiación pública a bajo coste, y la utilizó para especular con las primas de riesgo y tipos de interés de la deuda soberana), condiciones (plazos, primas de riesgo) y usos (por qué financió subvenciones al capital, desfiscalizaciones o gastos de armamento, por ejemplo, y no iniciativas sociales o de transición energética sostenible) de la deuda pública. Así se podría identificar y dimensionar la deuda contraída o empleada en condiciones abusivas, inmorales o socialmente rechazables, y determinar respuestas proporcionadas (demora, reducción de intereses y montantes a la deuda abusiva e ilegítima, quita y suspensión de pagos a la completamente rechazable, encausamiento a la ilegal).

Ideas fuerzas y criterios a barajar:

a) El fraude, los paraísos fiscales consentidos –al no vigilarse ni penalizarse las transacciones con dichos Estados off-shore artificiales -, el retroceso y regresión fiscal, junto los fondos de rescate a la banca y la profunda recesión han incrementado el déficit y la deuda públicas implicando una detestable socialización de las deudas privadas, especialmente las del sector financiero. Mientras se ha protegido a la gran banca, se ha soportado la carga de la crisis entre la población asalariada, sus derechos, y sus condiciones de vida. Toda la deuda emitida en estas circunstancias es ilegítima y debe sufrir una fuerte quita.

b) Es mejor financiar la actividad pública con impuestos (a las rentas del capital y a sus propiedades) que con deuda pública. Se han realizado políticas de estímulo fiscal (desfiscalización a las rentas del capital, subvenciones e inversiones deslavazadas que sólo han beneficiado al capital privado) sin orientación planeada, ni criterios sostenibles y sociales, ni con efectos multiplicadores. La deuda emitida al mismo tiempo que se desfiscalizaba (eliminaban figuras impositivas, se reducían tipos, o se facilitaban mayores desgravaciones, o se proporcionaban subvenciones sin utilidad social comprobada) también es ilegítima.

c) Es inadmisible un rescate a la banca a bajo interés, y que esa financiación de la banca se emplee para comprar deuda pública que resarce una remuneración a un tipo muy superior, y que, encima, no se facilite el crédito para la actividad económica. No se hace porque la crisis de sobreproducción y las bajas expectativas de rentabilidad inhiben la financiación y la inversión, apostando el capital privado por racionalización de costes sistemáticos. Pero era responsabilidad pública condicionar el uso de esa financiación con un destino de utilidad económica universalizable. Esa deuda adquirida con estos fondos debiera ser considerada abusiva.

d) Es inaceptable que la deuda pública se dedique a financiar actividades socialmente negativas o regresivas. Resulta reprobable mantener con deuda pública el gasto militar, financiar subvenciones al capital sin condicionar su inversión hacia áreas socialmente necesarias, o para abaratar contrataciones precarias e inestables, o la realización de obras faraónicas insostenibles -aeropuertos, carreteras, AVE...- frente a otras que sí pudieran haberlo sido. Entre aquellas cabría mencionar la sanidad, educación, el cuidado de las personas dependientes, el desarrollo del ferrocarril de cercanías, infraestructuras energías renovables -sistemas de hibridación de energías renovables optimizados para cada lugar, electrificación y sistemas de acumulación y coche eléctrico), infraestructuras de telecomunicaciones públicas innovadoras -fibra óptica-, etc...), o una inversión en diseño urbano hacia la movilidad o quizá emprender un estudio de zonas geográficas que en un futuro serían más eficientes energéticamente con energías renovables combinadas (hibridación, acumulación, ecoeficiencia) para la aparición de nuevos centros urbanos sostenibles. La deuda que escogió financiar actividades así, es inmoral. Y la que pudo financiar actividades ilegales o perniciosas (venta de armamento en zonas en conflagración o en situación de represión sociopolítica) debe ocasionar el encausamiento de sus responsables.

e) Es inmoral aceptar el chantaje de unos mercados financieros, y presentarlos como fantasmáticos, sin identificar sus actores principales –gran banca y compañías de seguros- y sin intervenir desde instancias públicas sobre ellos. Hay que gobernar los mercados financieros, regulando y, con nuevos organismos públicos con criterios sociales, interviniendo la economía financiera.

f) Es completamente rechazable mejorar la solvencia de las cajas de ahorros –incluso por encima que la banca privada- con fondos públicos del FROB para luego venderlas baratas y convertirlas en banca privada.

g) Es condenable mantener una regulación de la deuda hipotecaria que no acepta la dación en pago y que no impulsa una fiscalización del parque inmobiliario en desuso para su conversión en alquiler asequible regulado.

En suma, se trata de realizar una suspensión de pagos (default) diseñada y dirigida desde los endeudados y bajo control de la ciudadanía que supondría una fuerte quita, una reestructuración que implicaría a los montantes de deuda, a los tipos de interés y plazos de devolución, con respuestas proporcionadas a la ilegalidad, ilegitimidad o abuso en cada caso.


Un viraje desobediente a la izquierda para tomar rumbo hacia Otra Europa (3.2. Explorando criterios para una reestructuración de la Deuda Privada)

Daniel Albarracín, Mayo 2011

1.1. Explorando criterios para una reestructuración de la Deuda privada.

En el contexto de políticas monetarias permisivas, de desarrollo desigual en Europa, propulsado por unas políticas europeas que perjudican a los países periféricos que les ha generado fuertes déficits de la balanza de pagos, y de regulación flexible de los comportamientos de las entidades financieras e industriales privadas en su recurso al apalancamiento, la economía española se ha endeudado a niveles muy importantes (el 502% del PIB). Situación que también se produce en muchos otros países de nuestro entorno, si bien en mayor dimensión en los de la periferia europea.

La deuda global ha sido creciente en los últimos años, y es achacable principalmente al sector privado. En España, en 2010 (Lapavitsas, 2011), el 39% al sector empresarial no financiero, el 31% al financiero, el 17% a los hogares, y sólo el 13% a la Administración central. No basta con responder a la crisis de la deuda pública, ¿qué va a pasar y qué se puede hacer con la privada en sus diferentes modalidades?.

En modo alguno es admisible la socialización de las deudas privadas. Uno de los frentes, como ya hemos sugerido, para atajar e impedir la socialización de las deudas privadas entraña desarrollar una reforma fiscal antifraude, progresiva, y de una política de inversión planeada y expansiva, o el bloqueo internacional de las transacciones con paraísos fiscales, y fiscalización al 100% de las actividades vinculadas con ellos. Pero otro consiste en establecer medidas regulatorias contra el endeudamiento privado, y ante situaciones de insolvencia o sobrecarga financiera excesiva, atribuyendo el esfuerzo sobre los actores que han sido más responsables de la crisis, interviniendo desde instancias públicas, con participación ciudadana, en la reestructuración y ordenamiento de la actividad que pueda (por ser rentable) o deba (por ser socialmente necesaria) perdurar o reconvertirse (para adaptarse a nuevos parámetros de sostenibilidad).

A este respecto, el sector bancario acreedor ha sido responsable de la concesión de los préstamos y financiación, amparados en el aval y valor afianzado del patrimonio endeudado –en lo que concierne a las hipotecas- o en la financiación de actividades con rentabilidad crecientes (minoritarias) o refugio (en un contexto de rentabilidades rampantes) como han sido la construcción, la actividad inmobiliaria y el turismo. Pero lo ha hecho en gran medida en muchos casos con un sabido riesgo excesivo, a veces imponiendo condiciones que, en caso de impago les eliminaba del riesgo de morosidad al activar los embargos (en condiciones a veces muy abusivas). En otras, se ha ido más allá con estas prácticas, se ha ido poniendo en situación crítica no sólo la liquidez y confianza del sistema bancario, sino también su solvencia, más grave en un importante segmento del sector financiero. La banca, empujada por el ansia de conseguir rentabilidad en el contexto de márgenes de intermediación bajos persiguió ganar a la competencia mayores cuotas de mercado y de mayores masas de beneficios absolutos por esta vía, pero con ello ha seguido una conducta claramente negligente al poner en peligro la fluidez del crédito y la solvencia de todo el sistema financiero, que no previó, y que causó en gran medida, la crisis en curso. Por su parte, el mundo empresarial no financiero, también ha tenido presente las valorizaciones de los mercados financieros, y las exigencias de reparto de dividendos así como de devolución de intereses y montantes de fuertes préstamos, confiando en que las enormes deudas podrían ser devueltas por una prosperidad permanente, o, todavía más, por los márgenes de rentabilidad de la racionalización de costes y de depresión salarial que facilitaba el contexto de vulnerabilidad del mundo del trabajo (reformas laborales, debilidad sindical, atomización del movimiento obrero, etc…).

También han sido responsables, aparte de la banca, de manera diferente y con un peso diferente, distintos actores socioeconómicos endeudados. Sobre todo muchas empresas privadas, o familias que se hipotecaron con una segunda o tercera vivienda al calor del boom inmobiliario, para aprovechar el ascenso burbujeante de los precios. Todos estos grupos deben pagar, pero de manera apropiada y proporcionada al caso, a la responsabilidad de cada parte y a la situación social, para blindar a los grupos más vulnerables (familias con una única vivienda, empresas y actividades cuyos activos fueron succionados por nuevos depredadores financieros –sociedades de inversión- y más si lo han sido, manipulados o desinformados.

El drenaje de endeudamiento privado debe deprimir la economía privada de manera ajustada a la responsabilidad en la crisis de las partes. Sobre todo afectando a las rentas que se han apropiado del excedente social, pero protegiendo actividades viables y útiles, así como los empleos y rentas salariales, si acaso reconvertidas en una orientación social, y con parámetros sostenibles, y en su caso con el apoyo público si son consideradas necesarias o estratégicas. Con lo que deben salvarse empleos y el tejido productivo que suministra servicios necesarios a los consumidores. La carga ha de recaer sobre las diferentes rentas que se han apropiado del excedente (dividendos, propiedad del accionariado, salarios de la gerencia de las empresas, etc…). El accionariado debe asumir su responsabilidad con el tejido productivo, con los trabajadores y los consumidores, incluso con parte de sus propiedades personales. El sector público, bajo control social y con criterios democráticos, debe asumir el principal protagonismo de iniciar las actividades que cubran y satisfagan de las necesidades sociales, extendiendo la actividad económica y cubriendo el retroceso del ámbito privado, así como de supervisar y regular la reestructuración de las actividades con problemas de solvencia, para arbitrar el reparto de la carga de responsabilidad, garantizar las actividades socialmente importantes y conduciendo la reconversión productiva y, en su caso, su integración en el sector público. Para ello se deberá regular e intervenir con actuaciones de regulación fiscal, de exigencias de reinversión –reservas obligatorias-, regulación societaria y contable, y limitación de reparto de dividendos y primas de emisión.

¿Pero, con qué criterios conviene actuar para afrontar dicha reestructuración y drenaje de la inmensa burbuja financiera?. Pues, en principio, para ir definiéndolas es preciso ir pensando en qué regulación empresarial y financiera convendrían.

1.1.1. Regulación comportamiento bancario

Junto a la política de no admisión de la socialización de las deudas privadas debe regularse los mercados y sistema financieros para que finalice el cortocircuito que están ocasionando a la economía en su conjunto. Para reflotar la actividad económica es previo el paso de la socialización del crédito, que la banca privada ha interrumpido al tejido empresarial (en un contexto de sobreproducción, que va a acompañarle una crisis de demanda) para especular en los mercados financieros.

Para emprender una primera regulación de los mercados financieros es preciso establecer, a escala internacional, un Impuesto de transacciones financieras.

Para garantizar la socialización del crédito y la regulación del sistema financiero hay que recuperar una banca pública solvente y con amplios recursos, procedentes de los activos de las entidades nacionalizadas por sus malas conductas, como del presupuesto público.

A las entidades financieras que sabían que había un porcentaje de riesgo excesivo de no devolución deben asumir parte de las suspensiones de pagos. Más aún si informaron con expectativas falsas o manipuladas, en las que debieran asumir la mayor parte de la carga. De cara al futuro la banca no podrá exigir garantías para el préstamo que puedan suponer el embargo total de los bienes o actividades emprendidas, pues debe asumir un porcentaje del riesgo.

Se debe establecer una regulación más firme de los tipos de interés por modalidades de bienes (derivados, consumo, producción, hipoteca).

Se debe intervenir, o eliminar, los Instrumentos de operación, valoración e inversión de la gran banca y los seguros:

Deben tener responsabilidad financiera directa las compañías bancarias o de seguros que han desarrollado Sociedades de inversión con comportamientos tipo leveredge buy-out, estableciéndose fuertes límites al apalancamiento financiero, al reparto de dividendos, al porcentaje máximo de primas de emisión, o a la exigencia de porcentajes mucho más elevados de reservas obligatorias en el pasivo. Es preciso generalizar una responsabilidad del accionariado sobre la producción, las empresas y el empleo, anulando los privilegios de las corporaciones privadas bajo el manto de la figura de la sociedad anónima.

Las agencias de calificación privadas, asociadas al mundo de la banca, directa o indirectamente, deben ser encausadas y llevadas a la justicia. El responsable subsidiario debe ser la banca. Estas agencias han sido el instrumento de especulación sobre el valor y las primas de riesgo de, por ejemplo, la deuda pública de muchos países.

De igual manera, las agencias de tasación de las propiedades inmobiliarias, vinculadas al sector financiero, deben ser igualmente encausadas, con una responsabilidad subsidiaria de las entidades financieras asociadas a su actividad. Estas agencias sobrevaloraron negligentemente los inmuebles, abocando a situaciones de sobreendeudamiento familiar.

El sector público, preferible a escala europea, con garantías de transparencia, objetividad y control, puede generar nuevos organismos públicos de calificación de los diferentes bonos financieros y de agencias públicas de tasación.

Los procesos de reestructuración de deuda privada entre las partes concernidas (acreedor- endeudado) deben someterse a una nueva regulación para determinar proporcionadamente la responsabilidad y carga de cada parte –estableciendo ratios de reestructuración, renegociación de intereses y plazos-, minimizando el impacto social y económico al conjunto de la sociedad, facilitando condiciones también, cuando sea posible y en la forma que sea viable, de devolución razonadas en base a criterios de justicia (castigando a los que han actuado con previsiones equívocas, informaciones insuficientes o sesgadas, o abuso de posición dominante en los contratos generales).

En los casos de insolvencia e inviabilidad es preciso además una intervención de algún organismos público independiente que oriente el destino de los activos (empresas, viviendas, propiedades, etc…).

Si se determina conductas abusivas, ilegítimas o ilegales podría conducirse a iniciativas públicas de fiscalización y confiscación para la socialización y gestión pública de las actividades y activos que se consideren viables o de utilidad social o medioambiental

1.1.2. Regulación comportamiento empresarial

Criterios de gerencia y gestión empresarial:

Mínimo coste social y ecoeficiencia medioambiental, satisfacción de necesidades sociales, satisfacción de costes de las inversiones, sectores estratégicos en manos públicas, regulación de los mercados y de los límites de las conductas empresariales.

Debería regularse un criterio marco que concierna a los acuerdos de reestructuración de la deuda empresarial con su banco que debiera establecer la regla de que las devoluciones de intereses no pueden exceder los flujos de beneficio bruto de explotación (antes de amortización). El EBITDA ha de estar por encima de los flujos de devolución de la deuda.

Ratio de apalancamiento máximo por sector –recurso ajenos/propios-. Debería regularse unos límites de apalancamiento financiero razonables en base a la dinámica de inversión y previsibles retornos en el ciclo de vida del negocio. En Francia, por ejemplo, una vez que el ratio es superior a 3 por encima de 1, los gastos financieros no son deducibles del impuesto sobre sociedades.

Decrecimiento, restricción y reorientación de las rentas del excedente. Forma de drenar la sobreproducción. Límites al reparto de dividendos, reservas obligatorias (renovación y transición energética, innovación), reorientación social y pública del excedente.

Las empresas quebradas pero socialmente útiles deberían ser contempladas por el sector público para su posible rescate e incorporación al sector público empresarial.

1.1.3. Regulación Deuda Hipotecaria

Deuda hipotecaria.

Dación en pago, cuanto menos, de la primera vivienda.

Modificación de sistemas de tipos de interés abusivos (sistema de amortización francés). Pago proporcional de intereses a lo largo de la vida útil del préstamo.

Primera vivienda: conversión en alquiler con cuota asequible. Mantenimiento del usufructo mientras siga pagando cuota mínima.

Segunda vivienda: embargo y dación en pago. Sin derecho de usufructo.

Tercera vivienda: embargo y política fiscal dura de promoción y derivación de las viviendas al alquiler social asequible. Regulación pública de los destinos del parque inmobiliario en desuso.

Impulso público a la vivienda de alquiler asequible.


A la mateixa secció:


Romper las cadenas de las deudas privadas ilegítimas (II)


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