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Anticapitalistes
  
divendres 2 de desembre de 2011 | Manuel
Los Trotskistas en la URSS (1929-1938)

Pierre Broué

Índice

Introduccion

La oposición en 1928

La crisis de la oposición en 1929

Primeros pelotones de ejecución

Provocación policíaca generalizada

La situación de la oposición en 1930

La vida política de la oposición

La accion politíca: Las huelgas de hambre

La resistencia

El giro de 1932-1933

El comienzo del fin

Los últimos años

Primer balance

Nota: Ver tambien el libro Comunistas contra Stalin – Masacre de una generación, Editorial SEPHA, 2008. Un libro que incorpora el resultado de las investigaciones efectuadas en los archivos rusos por Broué.

Introduccion

Los organismos de la dictadura proletaria no pueden admitir que exista en el país de la dictadura del proletariado una organización ilegal antisoviética que, aunque numéricamente insignificante, posee sin embargo sus propias imprentas, sus comités, intenta organizar huelgas antisoviéticas y prepara a sus partidarios para una guerra civil contra la dictadura proletaria (...),

”Parece como si no todos los miembros del partido se dan cuenta claramente de que entre la antigua oposición trotskista en el seno del PCUS y la organización trotskista ilegal actual, que se encuentra al margen de las filas del PC de la URSS, existe un abismo profundo. No obstante, es tiempo de asimilar esa verdad manifiesta. Es por tanto absolutamente inadmisible aceptar esta acti­tud ‘liberal’ frente a las organizaciones trotskistas ilegales activas, tal como se manifiesta a veces entre algunos miembros del partido. Todos los miembros del partido deben tomar nota de este asunto.

Editorial de Pravda, 24 de enero de 1929.

El carácter oculto de los “papeles del exilio” ha contribuido a falsear la óptica de muchos de los trabajos históricos sobre la URSS. A falta de los documentos, a los que hoy puede acceder­se, se ha reducido a la Oposición de Izquierda, luego a la IV Internacional que surgió de ella, a un simple reflejo de los brillantes escritos de Trotsky. En realidad, la organización, luego la corriente bolchevique-leninista en el Partido Comunista de la Unión Soviética, han constituido el nudo de la Oposición de Izquierda Internacional – en el seno de la Internacional Comunista – y por ende de la IV Internacional. Existe, a través de los militantes soviéticos, una verdadera filiación, un lazo histórico concreto entre el bolchevismo y el trotskismo, mientras que la versión tradicional no ve entre ellos más que una similitud de puntos de vista, o incluso una simple repetición.

El trabajo de notas de las Obras de Trotsky[1] nos ha colocado sobre las huellas de sus camaradas de combate en la Unión Soviética misma. Mediante nuestro trabajo de documenta­ción hemos descubierto, primero, el importante papel que desempeñaron los miembros rusos de la Oposición – “exiliados” en la diplomacia o en misiones económicas, como fue el caso en París de Christian G. Rakovsky o de Preobrajensky[2] – en las filas de los militantes del PC en el extranjero.

En misión gubernamental oficial, estos militantes dedicaban, en realidad, una parte de su activi­dad política al trabajo “fraccional”; en otros términos, fue por su intermedio que la Oposición rusa llegó al extranjero. Se sabe, por ejemplo, que fue Piatakov, represen­tante de la Oposición unificada en París quien financió la creación de “Contra la Corriente” y se esforzó vanamente por unificar los grupos franceses de oposición en 1926[3]. Se sabe, del mismo modo, que las primeras iniciativas para constituir en Checoslovaquia una oposición unificada fueron alentadas y apoyadas materialmente por el diplomático soviético Kanatchi­kov[4]. Los recuerdos de la alemana Ruth Fischer[5] abundan en múltiples detalles de este tipo: A.V. Hertzsberg[6] agregado de la misión comercial de Berlín; G.I. Safarov[7], miembro de la delegación de Estambul, donde no residía; N.N. Perevertsev[8], miembro de una comisión internacional sobre los ferrocarriles en Génova, todos ellos trabajaban en Europa a cuenta de la Oposición de Izquierda rusa que contaba, por otra parte, con tres empleados permanentes de la delegación en Berlín: Issaiev, Turov y Kaplinsky[9]. La misma autora menciona el rol oculto de consejero e impulsor de la izquierda alemana del trotskista ruso E.B. Solntsev.[10] Precisa que una veintena de funcionarios soviéticos con puestos en el extranjero asistían por otra parte, en diciembre de 1927, a la conferencia internacional de la Oposición que se realizó al mismo tiempo que el XV congreso del PCUS bajo la presidencia del ruso Safarov y en presencia, precisamente, de Solntsev.[11]

En 1928, uno de los lazos de la Oposición de Izquierda con los franceses simpatizantes era un miembro de la delegación comercial, jefe de la oficina de información, el profesor rojo Solomon Kharin, llamado comúnmente Joseph.[12]

Hay que agregar que numerosos militantes comunistas que se unieron a la Oposición de Izquierda lo hicieron a partir de su posición sobre la “cuestión rusa”. Estos hombres habían estado en la URSS, donde frecuentemente habían trabajado, y allí habían sido ganados por la Oposición. El más conocido es evidentemente el catalán Andrés Nin, secretario en Moscú de la Internacional Sindical Roja y miembro del soviet de la capital, miembro de la Oposición desde 1923 e impulsor de su comisión internacional. Es en Moscú donde Nin ganó, por ejemplo, al obrero panadero negro Sandalio Junco quien iba a implantar el “trotskismo” en Cuba[13]. Del mismo modo, el primer grupo de Oposición de Izquierda en Brasil fue fundado por el antiguo representante del PC en Moscú, Rodolfo Cutinho.[14] La mayoría de los cuadros de la Oposición de Izquierda en China, empezando por Liu Renjing[15], se adhirieron a la Oposi­ción mientras eran estudiantes en la Universidad de los Pueblos de Oriente en Moscú entre 1925 y 1927. Uno de los primeros trotskistas checos fue un militante de Brno, Vladislav Burian, quien había sido uno de los primeros dirigentes del PC checo refugiado en Moscú en 1925, ganado por la Oposición simultáneamente con el presidente de las JC de Checoslo­vaquia, Karel Fischer, llamado Michalec, ”zinovievista”, junto a su amigo serbio Boja Vuyović, mientras que el joven delegado de Praga a una conferencia de organización de las JC en Moscú, Wolfgang Salus[16] se encontraba allí con los oposicionistas rusos que lo convencieron de la justeza de la plataforma de la Oposición. Finalmente, no omitiremos decir que la Oposición de Izquierda en América del Norte fue constituida por iniciativa de dos delegados al VI congreso de la IC, el americano, James P, Cannon y el canadiense Maurice Spector[17], quienes habían encontrado entre sus documentos del Congreso – donde había sido deslizado por manos anónimas – la “Critica al proyecto de programa de la Internacional Comunista” que Trotsky acababa de redactar en Alma-Ata[18].

Pero existe hoy una razón suplementaria para estudiar de cerca la historia de la Oposición de Izquierda en la Unión Soviética tras su expulsión del partido en diciembre de 1927: porque la lucha contra el ”trotskismo” constituyó una etapa decisiva en el desarrollo y la instaura­ción del totalitarismo estalinista, y fue contra los ”bolcheviques-leninistas” donde se puso a punto y se perfeccionó el sistema contemporáneo del aparato policíaco, de la GPU al Gulag, recientemente descubierto por tantos falsos ingenuos o auténticos cretinos. Desde este punto de vista, la historia de la Oposición de Izquierda rusa no se nos aparece como un simple episodio, sino como una página capital de la historia de la Unión Soviética misma.

Nos hemos interesado aquí para mejor presentar los documentos inéditos encontrados en los papeles del exilio de Trotsky[19], en la organización clandestina de los ”trotskistas” en la Unión Soviética, desde su entrada en la ilegalidad, en diciembre de 1927, en el curso del XV congreso, hasta la desaparición de sus últimos sobrevivientes. Recordemos simplemente que la tendencia excluida en el XV congreso, la “Oposición unificada”, tenía en ese momento 18 meses de existencia y que había nacido en 1926 de la fusión entre dos de las más antiguas ”fracciones” del partido, la Oposición de Izquierda, llamada ”oposición de 1923”, organizada alrededor de Trotsky, y la ”nueva oposición” constituida en 1925 en Leningrado por Zinoviev y Kamenev[20].

Después de haber privado a la oposición unificada de sus medios de expresión acusándola de actividades “fraccionales”, después de haber detenido a muchos de sus responsables en una provocación organizada por la GPU, el caso de la imprenta y del ”oficial de Wrangel”[21], la dirección del partido – Stalin, apoyado por Bujarin – dio en el XV congreso un paso decisivo decretando la incompatibilidad entre la pertenencia al partido y la adhesión a las ideas de la Oposición. Esta última estalló, entonces, en el curso mismo del congreso. Kamenev y Zinoviev, seguidos por el núcleo de la antigua oposición de Leningrado, declararon rápida­mente que renunciaban a defender las ideas que habían sostenido hasta el momento. Por el contrario, en una declaración apoyada por Smilga, Muralov y Radek, Christian Rakovsky afirmó la determinación de los bolcheviques-leninistas de continuar el combate por la defensa de la plataforma y de los principios de la Oposición y reivindicó el reingreso de los excluidos al partido, sobre la base de sus derechos.[22]

A pesar de las apariencias, el estallido de la Oposición unificada no se hizo sobre la línea de división de sus dos principales partes constituyentes: los ”zinovievistas” y los ”trotskistas”. Por una parte, porque uno de los principales dirigentes de la antigua ”nueva oposición” – I.T. Smilga[23] – que había combatido a la Oposición de Izquierda de 1923 a 1925 – rompió con Zinoviev-Kamenev y, firmando el texto de Rakovsky, se unió a Trotsky. Por otra parte, una importante fracción de la antigua oposición de Leningrado, jóvenes esencialmente, siguieron a Safarov y rechazaron ir tras sus dirigentes históricos en la vía de la capitulación. Los trotskistas lograron ganarse al entorno inmediato de los dirigentes zinovievistas reclutando, ante sus propios ojos, al mismo secretario de Kamenev, Filip Schwalbe.[24]

Había allí un hecho mayor que ni la capitulación rigurosa, el 27 de enero de 1928, de Zinoviev y Kamenev que declaraban renunciar a las mismas ideas que habían sido suyas, ni aquella de los “trotskistas” desmoralizados como Iuri Piatakov, algunos meses más tarde, lograron cambiar: el grueso de las tropas de la Oposición de Izquierda expulsada del partido, los batallones de los miles de irreductibles, se ubicaban de ahora en masa bajo la bandera de Trotsky.

La oposición en 1928

El objetivo de los primeros arrestos, en 1927, y más tarde, del comienzo de las deportaciones en masa en 1928 era quebrar a la Oposición como organización privándola de todos sus dirigentes y cuadros. En las semanas y los meses que siguieron, las olas de arrestos, las penas de prisión y de exilio que afectaban cada vez más a muchas centenas de militantes, perseguían el mismo objetivo, con el cuidado suplementario de extirpar, allí donde se manifestaran todavía, los focos de la Oposición. Discursos y prensa oficial lo reconocieron no obstante a principios de 1929: esos esfuerzos fueron vanos y la Oposición sobrevivió y progresó en todo el transcurso del año 1928.

La oposición era, de todos modos, en 1928, muy distinta de lo que había sido en 1927 como “fracción” en el seno del partido oficial. De allí que además estuviera dividida, por la fuerza de las cosas – y las decisiones de represión de la GPU –, en dos sectores. Por una parte su sector ilegal, clandestino, formado por los militantes aún no alcanzados por la represión, demasiado o no lo suficientemente conocidos. Por otra parte, el sector prácticamente ”legal” – ”abierto”, si osamos decirlo, – que funcionaba prácticamente a la luz del día en las zonas de deportación (de exilio) a las que se había empezado a llamar ”colonias” de deportados, los cuales podían reunirse más o menos libremente, discutir, escribir y sobre todo mantener correspondencia.

Del primer sector, sabemos poco al margen de lo que reflejan los informes que aparecen en los archivos y cuidadosamente fabricados teniendo en cuenta las necesidades del secreto de la clandestini­dad. Sabemos, no obstante, que después del arresto y el envío al exilio de Trotsky y de sus compañeros, funcionó en Moscú un ”centro” clandestino dirigido por el viejo-bolchevique de los Urales Boris, M. Eltsine[25], cuyo emisario se dirigía por tren a Frunzé para colocar el correo en manos de un militante de confianza, el metalúrgico de Moscú Mikhail Bodrov, quien conduciendo una troika (un carro típico ruso. N de T), y bajo una gran barba y una blusa típica de mujik, aseguraba luego el transporte de valiosos documentos que mandaba a Alma Ata y ponía en las manos de León Sedov[26]. Sabemos igualmente que existían núcleos de la Oposición en casi todas las grandes ciudades de la Unión Soviética: Víctor Serge nos ha hablado del de Leningrado, en el cual se encontraba Alexandra Lvovna Sokolovskaia, la primera mujer de Trotsky y la madre de sus hijas. Sabemos igualmente que, entre los aproximadamente 150 militantes detenidos en Moscú en enero de 1929, se encontraban algunos de los responsables de la prensa clandestina de la Oposición desde 1928, en particular un ”veterano” del episodio de la imprenta clandestina de 1927, el gran mutilado y ex-chequista Khanaan M. Pevzner[27]. Uno de los dirigentes de Moscú era Ianuchevsky.

Algunos de los impulsores de la Oposición que militaban fuera de las prisiones y de las colonias no eran ciudadanos libres ejerciendo una actividad clandestina. Eran ilegales, hombres y mujeres conocidos de la GPU pero que habían escapado de ella y que vivían en ese medio del partido donde generalmente eran estimados, beneficiándose de un ”liberalismo” del que se quejaba la Pravda. El hecho de que ”aguantaran” demuestra en efecto que se movían en un medio que, lejos de serles hostil, les proveía hospitalidad, ayuda y protección. Dos ejemplos: en Bogorodask, los obreros de la fábrica Glukhov escondieron durante varios días a uno de ellos, al oposicionista Stukolkin, y lograron sacarlo de la ciudad delante de las propias barbas de la GPU[28]. Por otra parte, en sus memorias recientemente publicadas, la comunista alemana – Rosa Léviné-Meyer – habla de sus encuentros en Moscú en esa época con G. Ia. Iakovin, uno de los dirigentes del “centro” y marido de su amiga la historiadora Pankratova. Iakovine había dejado Leningrado donde era muy conocido y vivía en Moscú, alojado por camaradas: se procuró incluso un pase que le permitiera entrar al hotel Lux y discutir allí con los comunistas extranjeros. Incluso llegó a volver clandestinamente a Leningrado para asegurarse allí los contactos.[29]

Los informes que iban de la Unión Soviética al extranjero – a Trotsky y su hijo Liova – mencionaban las actividades de este sector de la oposición: publicación de volantes, y también de folletos, difusiones clandestinas, suscripciones para los prisioneros, pero también intervenciones en las reuniones del partido o en las asambleas obreras, de los parados especialmente, candidaturas abiertas en los comités de fábricas o en los soviets, y subrayaban también sus innegables éxitos. El sector clandestino ”libre” de la Oposición mantuvo verdaderamente una real existencia y actividad, a pesar de los obstáculos que se acumulaban, la represión, el comienzo del llamamiento a delatar y la generalización de la provocación que parece haber afectado en esa época a casi todos los grupos locales.

El segundo sector de la Oposición, probablemente el más numeroso ya que no dejó de crecer en detrimento del primero, era aquel de las colonias de deportados – 107 censados en 1928 a través de la correspondencia de Harvard – y rápidamente aquel de las prisiones abiertas especialmente para los bolcheviques-leninistas recalcitrantes, las ”cárceles de aislamiento”. Conocemos mejor a éstas que a las primeras. Durante los tres primeros trimestres de 1928 en efecto, el grueso de la correspondencia de los deportados fue generalmente distribuida a pesar de que las cartas fueran abiertas a la salida y a la llegada. Una discusión apasionante comenzó entre los exiliados: esos hombres que pertenecían a todos los “sectores” del partido y del Estado soviético y que, algunos meses antes, ejercían todavía altas responsabilidades, pasaron a dis­poner entonces de un poco de tiempo para meditar sobre la experiencia de los años anteriores, retomar trabajos teóricos, revisar los documentos del partido y de la Internacional, desarrollar entre ellos una suerte de discusión en cadena. Una parte de los documentos apasionantes que son el fruto de esta situación fue publicada en esa época por el Biulleten y a veces en otros idiomas. Citemos la “Crítica al proyecto de programa de la IC”, elaborado por Trotsky en Alma-Ata, la carta de Rakovsky a Valentivov conocida bajo el titulo de ”Peligros profe­sionales del poder”. Se puede encontrar en Harvard otra ”Critica al proyecto de programa de la IC” por Dimitri Lapin, muy apreciada por Trotsky. Pero no tenemos ni la ”Política agraria del centrismo” de L.S. Sosnovsky, ni los trabajos de Smilga y de Preobrajensky (”Las conquistas de la dictadura del proletariado en el año XI de la revolución”), ni nueva­mente el de Rakovsky (”Las leyes de la Dictadura Socialista”), de Solntsev (”La ley del desarrollo desigual en Marx”), etc. Difícilmente encontramos en la historia del marxismo un período más fecundo y más creativo y de resultados menos conocidos o directamente descono­cidos: estos títulos no reflejan más que una ínfima parte de la producción teórica de los deportados.

No se trata sin embargo de un trabajo académico. La ”Critica al proyecto de programa” se proponía llegar a todas las secciones de la IC. Se esforzaban por discutir en todas partes los textos que debían expresar una posición colectiva y luego los textos circulaban. Para esta critica, aún escaseando el tiempo, había no obstante una suerte de procedimiento refrendario a través de las colonias: sobre los dos textos que se oponían, el de Radek no logró más que una media docena de firmas contra muchas centenas para el de Trotsky.

Pero los problemas políticos que se planteaban no eran ni gratuitos ni abstractos. Por aisladas que fueran las primeras capitulaciones – los ex-zinovievistas Safarov, Ilya Vardin[30]- pero también los ex-trotskistas Piatakov, Serebriakov, Antonov-Ovseenko, Krestinsky[31] no eran menos inquietantes indicadores de la fragilidad de los hombres que se creían ”duros” y cedie­ron nada mas iniciarse la represión. Esta “segunda ola” – la primera fue la de Zinoviev-Kamenev – no fue sin embargo tomada en serio en su conjunto y no hizo mermar ni las fuerzas vivas de la oposición ni mucho menos su moral, la gran mayoría de los oposicionistas en el exilio se reconocían en la interpelación feroz de Sosnovsky al capitulador Vardin: “¡No olvides que tú estás muerto!”.[32]

La evolución de Radek aparecía más peligrosa tal como se traducía a través de interrogantes y de dudas que se expresaron primero en sus cartas. Este hombre, lleno de inteligencia, periodista de gran talento, era conocido también por su versatilidad política y su carácter impulsivo. En 1927, se mostró muy reservado frente a la “plataforma de la Oposición”. Él planteaba, entre otras cosas, que el “Thermidor” del que la Oposición anunciaba como peligro, podía ser ya un hecho. Se negó a descartar, como lo hacía la plataforma, la perspectiva de crear un ”segundo partido”. Esta idea se afianzó final­mente entre los elementos más izquierdistas, próximos a los decistas. Ahora bien, a principios de 1928, cambió rápidamente de posición: el cambio emprendido por el aparato estalinista tras la crisis del trigo y la huelga de proveedores de cereales, a principios de 1928, basado en la decisión de aplicar a los kulaks[33] medidas de coerción, parecía demostrarle la existencia de un verdadero ”giro a la izquierda” – que juzgó positivo – por parte de la dirección estalinista.

En marzo de 1928, mientras estaba deportado en Tobolsk, la benevolencia interesada de la GPU le otorgó la autorización de reencontrarse en Tomsk con Smilga y sus más cercanos amigos, Beloborodov y Preobrajensky, este último autorizado a venir desde Kazán. Radek escribió mucho e intentó convencer a sus camaradas de exilio. Las reacciones no se hicieron esperar. No hicieron más que acelerar su paso. Llevado por sus propios impulsos, vivamente molesto por los “ataques de bayoneta” que surgían de todas partes contra él – las palabras son de Trotsky – se declara en guerra contra la revolución permanente, luego contra la política de la Oposición de Izquierda en la revolución china. Trotsky no podía dejar de responderle. Lo hizo en una carta fechada el 17 de julio de 1928, una severa critica a las posiciones de Radek, que no rompía sin embargo la solidaridad de tendencia con él, porque todavía veía la necesidad de ”decir ésto en interés de la claridad sin temer los esfuerzos de un adversario ‘monolítico’ por explotar las divergencias entre nosotros.”

En efecto, en el momento en que comenzó, en las alturas, la crisis de lo que Trotsky llamó ”el bloque centro-derecha”, y donde se anunciaba ya la ruptura entre Stalin y Bujarin, el manteni­miento de las posiciones de la Oposición y sus progresos hacía inevitable la escalada de las medidas de represión. Desde fines de septiembre cesaron brutalmente los servicios del correo normal de los que hasta entonces se habían servido los deportados. La GPU tomó medidas que permitieron clasificar el correo y no dejar llegar más que la correspondencia que se había decidido dejar llegar, disponiendo de los medios necesarios para interrumpir totalmente toda correspondencia si fuera necesario. Al comprobar que estas medidas no eran suficientes, el 16 de diciembre, el representante de la dirección colegiada de la GPU Volynsky se presentó en Alma Ata y declaró a León Trotsky:

En el curso de estos últimos tiempos la actividad en el país de sus correligionarios ha cobrado un carácter netamente contrarrevolucionario; las condiciones bajo las cuales usted se en­cuentra en Alma-Ata le permiten dirigir perfectamente esta tarea. Este es el motivo por el cual la dirección colegiada de la GPU ha decidido exigirle la promesa categórica de cesar su actividad, si no, se verá en la obligación de cambiar las condiciones de su confinamiento aislándole comple­tamente de la vida política: ésto planteara al mismo tiempo la cuestión del cambio de vuestro lugar de residencia.” [34]

El rechazo categórico de Trotsky puso al Buró Político contra la pared. Después de tres días de dilatadas y encendidas discusiones que el Buró finalmente se pronunció a favor de la solución preconizada por Stalin frente a la posición más cuidadosa de Bujarin. Trotsky fue expulsado del territorio soviético. Algunos días antes la GPU había arrestado de golpe a aproximadamente 150 personas por difundir una carta de Trotsky, entre ellos, viejos bolcheviques como los georgianos Budu Mdivani y Kavtaradzé, el crítico literario Voronsky, héroes del Ejército Rojo y de la guerra civil, Drobnis, Gaievski, Grunstein, Pevzner[35]. El periódico Pravda no disimuló que se habían beneficiado de muchas simpatías y de un ”exceso de tolerancia” antes de ser sometidos a ”un aislamiento severo en tanto que elementos hostiles a la dictadura proletaria”, y el 24 de enero ese mismo periódico amenazaba a quienes intentaran manifestarles la menor indulgencia.

En efecto, comenzaba una nueva etapa en la historia de la Oposición de izquierda así como en la historia de la propia Unión Soviética.

La crisis de la oposición en 1929

El año 1929 comenzó en Moscú con el arresto de un centenar de oposicionistas, la decisión de expulsar a Trotsky, y un golpe extraordinario realizado por los oposicionistas de Moscú: la publicación del resumen, redactado por Kamenev, de sus discusiones con Bujarin algunas se­manas antes; el destinatario era Zinoviev, pero Schwalbe repartió copias del mismo a los trotskistas.

Pronto el gobierno recurrió a nuevas medidas de urgencia para quebrar a los kulaks que resistían a las requisas y ese giro fue acompañado de una ofensiva de Stalin dirigida abiertamente contra las posiciones de la “derecha”. El 27 de febrero, Molotov, en Pravda, rechazó la teoría de la integración pacífica del kulak en el socialismo, y retomó la afirmación de la Oposición de Izquierda según la cual el kulak constituía la vanguardia de la restauración burguesa. En junio, los tres, Bujarin, Rykov y Tomsky, fueron relevados de sus responsabili­dades. En noviembre, hicieron una autocrítica pública. Fue el 27 de diciembre finalmente, cuando Stalin, en un artículo de Pravda titulado “¡Al diablo con la NEP!”, hizo oficial el nuevo curso, de hecho ya emprendido después de la primavera: la nueva política era, de allí en adelante, la industrialización a ultranza y la colectivización integral, y como corolario: la “liquidación del kulak como clase”.

Trotsky siguió con atención los acontecimientos en la URSS, informado como estaba hasta los detalles de lo que había pasado y de lo que pasaba, incluso en el Buró Político. Parecía no tener la menor duda. La nueva política que había sustituido a la NEP – pero ¿por cuánto tiempo? – no era y no podía ser un “giro a la izquierda”, es decir, la reconducción de la línea del partido bajo la presión de su ”núcleo proletario” precisamente en el momento mismo en que el aparato redoblaba sus persecuciones contra la Oposición de Izquierda. El binomio colectivización-industrialización, un llamamiento a la autocrítica y a la denuncia del ”peligro de derechización” y de la amenaza kulak – al que Trotsky llamó ”bandazo a la izquierda”- constituía a la vez una reacción empírica de huida hacia adelante – para salir del impasse de la política pro-kulak que había fracasado – y una maniobra burocrática para liquidar las posiciones de los bujarinistas a quienes Stalin pensaba que, de allí en adelante, había que abatir.

Trotsky no subestimaba sin embargo la gravedad de la crisis en la que el bloque de centro-derecha había precipitado al país por su política de los años precedentes. Era consciente de que una política de derecha neo-NEP, con concesiones al capitalismo – podría dar en lo inmediato resultados positivos, pero que seria también la puerta abierta a la contra-ofensiva para la restauración del capitalismo. Estaba igualmente convencido de que el aparato en manos de Stalin podía perfectamente lanzarse a una política tal, después de haber eliminado a los voceros “derechistas”. Pero no excluía tampoco que el bandazo a la izquierda se desarrollara en una ”aventura burocrática”, que impulsara a los campesinos pobres y medios a aliarse con los kulaks, aún cuando, a fin de cuentas, no fuera más que para volver rápidamente, ante la derrota, a una política más derechista todavía que la de los derechistas. La Oposición avanzaba entonces sobre un terreno minado con un débil margen de maniobra. Para Trotsky, ésta debía convertirse en la impulsora de un verdadero ”giro a la izquierda”, inconcebible sin el fin de las persecuciones, la reintegración de los oposicionistas excluídos, la restitución de la iniciativa de las masas, la reinstalación de sindicatos auténticos, la multiplicación de las uniones de campesinos pobres, un programa en definitiva inaceptable para Stalin y la fracción ”centrista”, pero que Trotsky propuso al partido en su conjunto como un objetivo para alcanzar el frente único y afrontar los peligros del momento. Desde Turquía, donde se había establecido tras su expulsión, desarrolló a través de artículos, cartas, mensajes, circulares y pronto en los artículos del Biulleten Oppositsii que empezó publicándose en París, la política cuyas grandes lineas ya había expuesto en su declaración del 12 de julio de 1928 en el VI Congreso de la Internacional[36].

El conjunto de los deportados de la Unión Soviética, en condiciones distintas y sufriendo fuertes presiones, no tenían la misma visión general. Pronto, una importante fracción de entre ellos – y lo que es más grave, una parte del viejo núcleo de la Oposición de 1923 – comienza a desarrollar una posición favorable a la dirección del partido sobre la base de la existencia de lo que llamaban un “giro a la izquierda”.

Múltiples factores políticos, sociales, psicológicos, jugaron en el mecanismo que condujo a la crisis de la Oposición de Izquierda. Sus cuadros pertenecían mayormente al mismo medio que aquellos de las tendencias dominantes en el aparato, habían surgido en la misma generación, de los mismos combates, y finalmente de la historia del mismo partido. Estaban más o menos profundamente marcados, ellos también, por la degeneración del partido, en su mentalidad y en su forma de vida. Sentían la deportación y el exilio como una muerte política y comenzaron a comprender el punto de vista de Zinoviev, dispuesto a ”tragar” y a ”arrastrarse”, siempre que fuera en el seno del partido ya que fuera del mismo no había nada. Entre ellos, por otra parte, eran sin duda numerosos los que se habían comprometido en el combate de la Oposición Unificada simplemente porque creían en su victoria a corto plazo y en su vuelta rápida a los cargos políticos y a los honores. Algunos estaban muy debilitados, incluso desmoralizados, para enfrentar una represión de larga duración, demasiado escépticos para sacrificarse por una causa en la que casi no creían.

Otros obedecían a motivos más directamente políticos. Desde 1923, los oposicionistas se habían enfrentado, ante todo, al ala del partido que consideraban como el enemigo número uno, la derecha, vanguardia del ”Thermidor” y de la restauración capitalista, donde los ”centristas” no eran, a juicio de muchos de ellos, más que los cómplices engañados por su miopía. Sinceramente o no, muchos fueron los oposicionistas que vieron en el bandazo a izquierda la forma de un verdadero giro que no solamente les daba históricamente la razón y justificaba la lucha pasada de la Oposición, sino que también les ofrecía la aborrecida cabeza de sus adversarios derechistas. ¿Acaso industrialización y colectivización no eran las reivindica­ciones esenciales de la plataforma de 1927? La nueva política anti-kulak ¿no respondía a sus gritos de alarma durante años y no confirmaba sus perspectivas sobre el ”peligro de derecha”? El cuadro comportaba todavía muchas sombras ciertamente, pero si los centristas iban verda­deramente hacia la izquierda, ¿no estarían obligados, tarde o temprano, a apoyarse sobre el movimiento de masas, sobre la fracción proletaria del partido, su ”núcleo” obrero, y luego sobre las masas? ¿No quedaban garantizadas, con la nueva política, tareas inmensas? Para gran número de estos militantes que se impacientaban por actuar, la cuestión era saber si el lugar de aquellos que habían combatido por la plataforma estaba en Siberia y en Asia central, en el aislamiento y la impotencia del exilio, mientras que la batalla decisiva contra la derecha estaba librándose en Moscú. Como políticos que eran, soñaban con volver a la capital donde se tomaban las decisiones, porque estimaban que su deber era apoyar al ”centro” para eliminar a la derecha” y volver así irreversible el giro a la izquierda.

Era lo que pensaba Radek – del que el Buró Político, informado por la GPU, conocía la corre­spondencia y los punto de vista que defendía – y que fue pronto objeto de presiones directas, mientras la GPU se ocupaba de difundir los documentos que emanaban de él y a retener cartas y resoluciones que lo condenaban. Era también lo que pensaba Preobrajensky, y había allí un hecho infinitamente más grave, porque no se trataba de un franco-tirador como Radek, sino de uno de los ”jefes históricos” de la Oposición que había sido su vocero en 1923 y en 1925-26 en el curso del ”debate económico” contra Bujarin. Ahora bien, Preobrajensky diseñó como economista la parte económica del programa de la Oposición: luego de haber sido el primero en preconizar ”la acumulación socialista primitiva”, no podía espantarse por las conse­cuen­cias político-sociales de una colectivización y de una industrialización que eran a sus ojos no sólo las piezas maestras del programa de la Oposición – el que en definitiva pensaba que era ”reconocido” por los dirigentes y de este modo justificado a posteriori – sino también las condiciones y las premisas para la regeneración del partido.

A fines de marzo, los “tres” – Radek, Preobrajensky y Smilga – pusieron nuevos documentos en circulación. Eran las “tesis” de Omsk. Radek había dado un paso más, porque, criticando la violencia verbal de la que daba prueba Iaroslavsky en sus diatribas contra la Oposición, con­denaba lo que llamaba “la colaboración de Trotsky con la prensa burguesa”- ¿Fue este retro­ceso la causa de las vacilaciones de Preobrajensky? Al día siguiente de un encuentro, autori­zado por la GPU, con Ichtchenko, que seguía los pasos de Radek, hizo conocer que en efecto él no daría un solo paso más con Radek y Smilga hasta que las autoridades no hubieran restituido a los deportados la libertad total de reunión y de correspondencia a la que tenían derecho. En una carta que puso en circulación en abril, dirigida a todos los oposicio­nistas deportados, Preobrajensky se presentaba como un unificador de todos aquellos que se decían ”conciliadores” y a los que el aparato buscaba convertir en ”capituladores”. Muy lúcido, pre­vió que los militantes que quisieran ser reintegrados a cualquier precio en el partido deberían someterse a ”métodos que no pueden aprobar” y que les harían llevar como una ”pesada cruz” su nuevo carnet del partido[37].

Lo que Preobrajensky quería era negociar. Reclamaba a las autoridades el fin de la represión, el abandono de la aplicación del artículo 38 a los oposicionistas, la vuelta del exilio de Trotsky: Las autoridades estalinistas jugarían con sus aspiraciones. A finales de abril fue autori­zado a volver a Moscú por un tiempo y comenzó allí inmediatamente discusiones con Iaro­slavsky y Ordjonikidzé que Stalin pareció haber seguido muy de cerca. Ignoramos todo lo referente al desarrollo concreto, las presiones que fueron ejercidas sobre él, y sus retrocesos sucesivos. Sabemos solamente que en julio les llegó el turno a Smilga y a Radek para obtener la autorización de dejar el exilio a cambio de una estancia en Moscú. Interrogado en la estación de Ichim por deportados miembros de la Oposición, Radek reveló su verdadero estado de ánimo y su real orientación: les llamó a ”unirse al partido en peligro” y afirmó ”no tener nada más en común con Trotsky”.[38]

Stalin no podía en ningún caso aceptar ninguna de las reivindicaciones inicialmente presen­tadas por Preobrajensky: para él los antiguos oposicionistas no podían en ningún caso ser auto­ri­zados a decir que habían tenido razón y que el partido se había equivocado al golpearlos. Jugó no obstante a fondo la carta de las pretendidas negociaciones, porque ésta alimentaba las ilusiones de los oposicionistas más débiles, permitía aislar a Trotsky desterrado y hacer explo­tar a tiempo a la Oposición de Izquierda. La semi-libertad acordada a Radek, Preobrajensky y Smilga, la difusión sistemática de sus cartas y documentos en los lugares de deportación iban acompañadas de medidas que reforzaban el aislamiento material y psíquico de aquellos militantes irreductibles y dispuestos a denunciar a los capituladores.

Mal informado, el exilio bullía de rumores alarmistas. Con destino a los más sinceros o a los más cándidos de los vacilantes, las autoridades jugaban con el miedo colectivo, con las con­vulsiones que amenazaban al campo, con el renacido peligro “blanco”, con la reaparición de una situación general parecida a aquella que había prevalecido en la víspera de la insurrección de Cronstadt: todo tipo de argumentos a favor de una unión sagrada que no podría obtenerse de los dirigentes más que al precio de concesiones presentadas como menores. Para otros, se ponían de relieve las “grandiosas” perspectivas abiertas por la nueva política de transforma­ción de la economía y de la suciedad, el ”Octubre campesino” (la ”tercera revolución”, escri­bi­ría más tarde Isaac Deutscher). Para los más débiles, finalmente, se jugaba con el interés material haciendo ver las posibilidades de reintegración en los puestos oficiales de aquellos que retomaran a tiempo el camino correcto.

La campaña fue bien orquestada, y dio sus frutos. En junio de 1929, en una carta dirigida a Rakovsky e interceptada por la GPU, Solntsev describía el ”pánico” en las filas de la Oposi­ción en la deportación e incluso la ”descomposición” en sus filas ante lo que él llamaba la ”traición inaudita” de la ”comisión de los tres”. Otros veteranos se comprometieron a su vez en la peligrosa vía de las negociaciones sin darse cuenta aparentemente que éstas no conducían más que a la capitulación. Fue el caso de Ivan N. Smirnov, seguido por Beloborodov, SV Mratchkovsky y otros, que proclamaron la necesidad de ”salvar la unidad de la oposición” y se alistaron así dentro de la corriente dominante lo que la descompondría un poco más.[39]

Fue finalmente el 13 de julio cuando Pravda publicó la declaración de los tres, refrendada por 400 exiliados. Se trataba en realidad de una capitulación a secas que condenaba no solamente !as posiciones y la actividad del momento de la Oposición sino también sus posiciones pasadas, incluyendo también la renuncia a las firmas de 1927 al pie de la plataforma. Este texto constituyó para Stalin una victoria aplastante: Radek, Preobrajensky y Smilga habían sido de los dirigentes más escuchados de la Oposición de Izquierda, y habían abandonado finalmente todas sus ”reivindicaciones” para volverse simples aduladores, no solo del curso ”izquierdista” oficial, sino de la dirección en general.

Un solo texto nos ha llegado, que informa sobre un debate en las filas de los ”bolcheviques-leninistas” en libertad: el de Lev Z. Kopelev, que tenía en ese entonces 17 años y pertenecía desde hacía algunas semanas a la organización de Kharkov. Los oposicionistas mantuvieron una reunión clandestina en un bosque fuera de la ciudad y escucharon el informe del ”camarada Alexandre, de Moscú” sobre ”la situación actual y los problemas de la Oposi­ción leninista”. Este último explicó que el CC había adoptado el programa de industrializa­ción de la Oposición, que había terminado el peligro kulak, que Stalin mismo había destruido las bases de su poder usurpado. Así evocaba Kopelev los argumentos de aquellos que, como él, bregaban por el abandono de la actividad fraccional:

Lo esencial era construir fabricas y centrales eléctricas, reforzar el Ejército Rojo. Que Trotsky en el exilio se ocupe de la revolución mundial – nosotros, en casa, debemos trabajar con el partido y la clase obrera en lugar de agravar la escisión y de socavar la autoridad del comité central y del gobierno soviético”.[40]

En las filas de los deportados, las consecuencias de la capitulación de los tres fueron inmensas. Muchos creyeron que sus dirigentes habían ido a negociar a Moscú en nombre de todos y descubrieron leyendo Pravda el alcance del desastre. Otros se precipitaron a imitarlos antes de que la puerta se cerrara definitivamente. Pero la gran mayoría estaba sobre todo profundamente desmoralizada – y fueron los hombres escépticos quienes, uno tras otro, se alistaron para ser liberados.

No obstante, la capitulación de los tres fue demasiado burda como para no provocar algunas reacciones de rechazo. De este modo, IN Smirnov y los suyos condenaron lo que considera­ban como una claudicación y retomaron las negociaciones con las reivindicaciones exigidas antes por Preobrajensky. Sobre todo, no faltaron en el exilio hombres dispuestos a pedir su reintegración al partido sobre la base de la nueva política de ”giro a la izquierda”, y a renun­ciar públicamente a toda actividad fraccional, pero que estaban lejos de renegar públicamente de sus ideas pasadas y presentes y todavía menos a efectuar un gesto que significaría por su parte la aprobación de la represión contra la Oposición y, en particular, sancionar el exilio de Trotsky. Christian Rakovsky apostaría por este planteamiento, buscando antes que nada, retenerlos en la pendiente por la que corrían el riesgo de deslizarse con IN Smirnov, en desmedro de todas sus buenas intenciones. Rakovsky envió finalmente el 22 de agosto desde Sartov, donde había discutido el texto con sus camaradas de deportación, una ”declaración” dirigida al Comité Central y a la Comisión Central de Control, refrendada además por VV Kossior y Mikhail N Okudjava.[41] En un tono muy moderado, bajo una forma finamente calculada, la declaración afirmaba la determinación de la Oposición de tomar todas sus responsabilidades en vista de la constitución de un frente único en el partido contra el peligro de derecha. Se mantenía muy firme en la reivindicación de la liberación inmediata y la reintegración en las filas del partido de los oposicionistas presos o deportados.

Se reprocharía a la declaración el hecho de que no condenara claramente la teoría del “socialismo en un solo país”, de ambigüedad en las cuestiones fundamentales de la revolución internacional. Los que la criticaban diciendo que había girado a favor de los hombres que estaban empren­diendo la retirada, ¿medían la gravedad de la crisis que sacudía a la Oposi­ción? La cuestión fue rápidamente resuelta por los hechos. Primero, en las colonias donde circulaba al precio de grandes esfuerzos, la declaración reunió en algunas semanas un numero importante de depor­tados llenos de indignación por la “traición” de los tres: quinientas firmas en tres semanas, entre las cuales figuraban las de militantes prestigiosos como NI Muralov, VS Kasparova, KE Grunstein, LS Sosnovsky. La Declaración cortó la hierba bajo los pies de los conciliadores que se encaminaban hacia la capitulación, como IN Smirnov que manifestaron su ”buena voluntad” y ”espíritu unitario” frente a la mala fe de los firmantes. Finalmente, la capitulación de Smirnov, Boguslavsky, Mratchkovsky, Beloborodov y otros, en octubre, no tuvo el carácter infame de la de Radek y sus partidarios[42]: por otra parte, una nueva declaración aparecida el 4 de octubre, marcó el realineamiento de la Oposición de Izquierda bajo la dirección de Rakovsky.

La brutal falta de receptividad que mostró el aparato frente a la declaración de agosto, los violentos ataques firmados por Iaroslavsky en Pravda, las represalias feroces ejercidas contra Rakovsky, expulsado de Saratov y deportado en condiciones inhumanas a Barnaul, contra Sosnovsky, enviado a la ”cárcel de aislamiento” de Cheliabinsk, y finalmente a Tomsk, – una verdadera tumba – todo ello terminó por convencer a los auténticos indecisos, a los concilia­dores sinceros, a los ingenuos verdaderos: como escribiera Rakovsky en sus tesis de agosto, esta actitud se oponía a la Oposición de Izquierda y a la defensa que ésta hacía de la naturaleza del partido, a su democracia interna, a la democracia obrera, todo lo que constituía la piedra angular para que se diera un verdadero ”giro a la izquierda” y lo que permitiría descartar entonces una verdadera recomposición del partido.

Cuando Trotsky colocó finalmente el 25 de septiembre su propia firma bajo la declaración de Rakovsky que acababa de recibir, pudo escribir a la vez que estaba de acuerdo con su conte­nido politico pero que pertenecía ya a un pasado caduco. Comentando los acontecimientos de aquellos últimos meses sobre la base de la correspondencia de la URSS, Isaac Deutscher estimaba que el golpe dado a la Oposición había sido violento: de ocho mil miembros – es decir dos veces más que en la época de su semi-legalidad en el partido en 1927 – con los que contaba en deportación a principias de 1929, la Oposición habría caído a fines del mismo año para contar con poco más de mil partidarios[43]. Trotsky, escribía a sus camaradas que, aún cuando no quedaran más que tres, lo esencial era que subsistieran la bandera, el programa, el futuro.

La crisis política de la Oposición terminó aunque continuaran los debates y se añadieran algunas capitulaciones aisladas a la larga lista de 1929. Después de que Radek y sus camaradas trazaron entre la Oposición y la fracción estalinista en el poder una línea de abyección, Stalin trazaría una línea de sangre.

Primeros pelotones de ejecución

Un diario parisino de la emigración blanca fue el primero que se hizo eco de rumores concernientes a la ejecución en Moscú, en diciembre, de Iakov G. Blumkin.

El hombre es un personaje bolchevique de leyenda. A los 18 años, joven militante socialista revolucionario de izquierda, entró a la Checa en Moscú. En 1918, cuando su partido decidió provocar por todos los medios la reanudación de la guerra con Alemania fue a este joven chequista intrépido a quien se le confió la misión clave de la operación Blumkin; acompañado por uno de sus camaradas, se presentó, en uniforme y en nombre de la Checa, en la embajada de Alemania, solicitó ser recibido por el embajador Von Mirbach y, sacando su revólver, lo mató a quemarropa. Logró escaparse. Luego, capturado por sus camaradas de la Checa, asumió orgullosamente la responsabilidad de su acto terrorista. Fue entonces puesto frente a Trotsky quien comenzó con él una discusión política al término de la cual el joven hombre se convenció y solicitó que fueran admitidos sus servicios para redimirse. Su demanda fue escuchada. A Blumkin, condenado a muerte oficialmente – su ejecución será, incluso, anunciada a las autoridades alemanas – se le otorgó una gracia y se le puso al servicio del Ejército Rojo y de su naciente servicio de reeducación. Blanco de sus antiguos camaradas que intentaron más de una vez abatirlo, se convirtió en un héroe de leyenda, luego de varias misiones peligrosas efectuadas durante la guerra civil detrás de las líneas del Ejército Blanco, realizó en el extranjero, especialmente en Medio Oriente, muchas misiones difíciles, organizó el ejército de Mongolia, envió artículos sobre la cuestión militar a la prensa soviética. La calidad de sus servicios le valió ser admitido dentro de las filas del partido bolchevique y pudo destacarse, en la intelligentsia moscovita, como héroe, simbólico a la vez por su pasado, las condiciones de su entrada al bolchevismo, su actividad misteriosa y la aureola que le otorgaban las historias que se contaban de él en voz baja.

Después de la guerra civil se convirtió en uno de los especialistas del contra-espionaje del Ejército Rojo, ligado durante algún tiempo al estado mayor de Trotsky, a quien rendía un verdadero culto, trabajó incluso algún tiempo en su secretaria personal, ayudándolo en la edición del primer volumen de los ”escritos militares”, ”Cómo se armó la Revolución”. Estaba del mismo modo muy ligado a Radek. Desde 1923, fue partidario de la Oposición de Izquierda, continuando su actividad de contra-espionaje en la GPU. Luego del XV congreso y la exclusión de la Oposición, tuvo un problema de conciencia que planteó a sus superiores, Menjinsky y Trilisser[44], a quienes declaró que compartía enteramente las ideas de Trotsky y de otros excluidos y que quería hacerlo saber con total lealtad. Para ellos, no era cuestión de separarse de un agente de ese valor, y, ya que él no podía de ningún modo, por sus responsa­bilidades profesionales, trabajar con la Oposición, era evidente que debía conservar sus responsabilidades en la GPU en la medida en que sus superiores depositaban en él, en el plano profesional y personal, una confianza total.

En el verano de 1929, a su regreso de India, Blumkin, de paso en Constantinopla, se encontró con Sedov en la calle. ¿Buscó ese encuentro? Lo ignoramos. En todo caso, solicitó ser recibido por el exiliado, el cual, después de un rechazo inicial, se dejó convencer.

No sabemos más de esta entrevista salvo lo que Trotsky dijo: intercambio de información, discusión sobre la situación de la Oposición en la URSS, las ”capitulaciones” y especialmente la posición de Radek. Parece que Blumkin, quiso plantear también a Trotsky la cuestión que ya le había planteado a Menjinsky y a Trilisser: ¿su acuerdo con la Oposición, era compatible con su actividad en la GPU? La respuesta de Trotsky está desprovista de ambigüedad. La GPU era el instrumento de la defensa del Estado proletario y un oposicionista tenía en ella un lugar de pleno derecho: no había ninguna incompatibilidad. Con la insistencia de Blumkin, Trotsky aceptó enviar un mensaje político general destinado a sus camaradas de la URSS que incluía un alerta contra Kharin y la instrucción de no utilizar en Alemania la intermediación de Urbahns y del Leninbund con los cuales los desacuerdos se acrecentaban.

¿Qué sucedió en Moscú después del regreso de Blumkin el 15 de diciembre? Según el primer informe recibido por Trotsky, fechado el 25 de diciembre de 1929, bajo la firma de un responsable de la Oposición de Izquierda (N. en el Biulleten)[45], Blumkin, al llegar había ido a ver a Radek, al que considera todavía como un oposicionista a fin de comprender su posición. Es fácil imaginar su decepción en el curso de la entrevista que se desarrolló. ¿Le aconsejó Radek a Blumkin volver inmediatamente a la GPU para confesar todo? O, como afirmaron versiones posteriores a la de ”N”, ¿telefoneó inmediatamente, bajo consejo de Radek, a Ordjonikidzé, único personaje del régimen capaz de respaldarlo en esa circunstancia, pero fue detenido al salir de la casa de Radek cuyo teléfono estaba pinchado por espías? ¿O fue denunciado por una mujer, como sugiere una versión reciente sobre este asunto, sin que Radek haya jugado ningún rol? Habrá verdaderamente que esperar a la apertura de los archivos de la GPU para conocer la verdad sobre este punto.

Lo que es seguro, es que Blumkin – contrariamente a los rumores según los cuales se habría arrepentido y habría reinvindicado personalmente su ejecución – ni capituló, ni ”cantó”. No existe ninguna ”declaración” de Blumkin, y no hubo – la carta de N. lo atestigua – arrestos entre los militantes a los que Blumkin debía comunicar el mensaje de Trotsky; entre ellos al mismo jefe principal, N. Según Víctor Serge, Blumkin habría solicitado y obtenido un permiso para escribir sus memorias antes de ser ejecutado y habría terminado su manuscrito el 25 de diciembre.[46]

Blumkin, en diciembre de 1929, no fue el primer militante de la Oposición muerto en manos de la GPU. En septiembre de 1928, uno de los más cercanos colaboradores de Trotsky, el antiguo secretario del comité de guerra revolucionario, GV Butov, murió en la prisión Butyrki de Moscú tras una huelga de hambre de cincuenta días para protestar contra las acusaciones de ”espionaje” de las cuales era objeto con el evidente objetivo de comprometer a Trotsky. En noviembre, un obrero de la Oposición de Leningrado, trabajador de la fábrica Triángulo Rojo, Albert Heinrichsohn, había muerto en la prisión de Leningrado después de ser apaleado.[47] Estos hechos fueron graves; conocidos y denunciados, pero pueden ser, al limite, considera­dos como “excesos”, trágicos ciertamente, pero involuntarios. La muerte de Blumkin, en cambio, fue fríamente calculada.

Ahora bien, en los meses siguientes se produjeron otros casos concernientes a la ejecución de miembros de la GPU más o menos ligados a la Oposición o comprometidos con ella. Es lo que sucedió con el llamado caso Rabinovitch-Silov ejecutados a principios de 1930 por un pretendido “sabotaje en los ferrocarriles”. Rabinovitch era un joven oficial de la GPU, Silov un periodista sin partido, que había informado a la Oposición sobre el arresto y la ejecución de Blumkin. Se hablaba también en la misma época de la ejecución de uno de los carceleros de LS Sosnovsky, acusado de haber servido de intermediario al prisionero del Estado. Stalin había condenado a Sosnovsky a un riguroso aislamiento. La calidad de polemista que lo caracterizaba, su sólida reputación de combatiente antiburocrático y anti-kulak, el nivel de sus cartas desde el exilio, su notoriedad como periodista, la ferocidad de sus ataques contra los capituladores, exigían que fuera reducido al silencio. Ahora bien, sus cartas salían y él recibía comunicaciones políticas, se incorporó incluso como ”redactor-jefe” de un periódico de prisión que publicaba informaciones que provenían de Moscú. Tal actividad no era posible sin una red clandestina que actuara con la complicidad de miembros en el seno mismo de la GPU.

Se ha intentado explicar el asesinato de Blumkin por el deseo de Stalin de golpear personalmente a Trotsky. Los hechos mencionados arriba hacen dudar de esa explicación. Parece más probable que Stalin haya querido dar un golpe definitivo a las simpatías activas que la Oposición encontraba entonces en el seno de la GPU – y de las cuales da prueba una carta desde Moscú dirigida a Trotsky– porque, después de todo, allí había gran número de militantes bolcheviques sacrificados y entusiastas. La ejecución de agentes de la GPU cómplices de la Oposición de Izquierda, trazó entre el régimen y la Oposición una línea de sangre, demostrando claramente la intención de Stalin de someter a la GPU a su voluntad política y de hacer de ella un instrumento ciego del cual tenía necesidad absoluta para quebrar a la Oposición por medio de la provocación y de la violencia represiva a la vez.

Provocación policíaca generalizada

La GPU debía ser un instrumento de una docilidad total porque era ésta con la que Stalin contaba para quebrar y destruir definitivamente a la Oposición. Uno de los principales medios utilizados, desde esta época, fue la provocación, la utilización de agentes de la GPU infiltradas en las filas de la Oposición, incluso ”devueltos” tras una interpelación o un arresto.

No tenemos evidentemente más que algunos pocos documentos concernientes a este tipo de asuntos cuya prueba definitiva no se encontrará jamás a no ser en los archivos de la policía al servicio del poder. Pero tenemos no obstante un cierto número de indicaciones que consti­tuyen otras tantas presunciones. Y, en primer lugar, porque en este periodo, Stalin, quien esperaba resultados más rápidos y sobreestimaba sin duda también sus propios procedi­mientos, trabajaba a corto plazo y quemaba agentes y hombres que hubiera podido aprovechar como agentes a largo plazo, con la vana esperanza de asestar a la Oposición un golpe definitivo – como lo haría por otra parte en la Internacional, al menos hasta 1933. Tanto es así que en 1929 jugó a muchas cartas. En Moscú, si creemos en Víctor Serge, uno de los principales colaboradores de Boris Eltsin en el “centro” era un tal Mikhail Tverskoy cuyos pamfletos incendiarios y denuncias permitieron detener a centenas de cuadros y de militantes.[48] Parece que, siempre según Serge, llevó adelante un juego idéntico en Leningrado en 1930.[49] En 1929, en París, Salomon Kharin, “Joseph”, ganado por los argumentos de Radek en favor de la capitulación, aceptó jugar el rol de informador de la GPU a la que enviaba direcciones y documentos, especialmente el manuscrito integral del primer número del ”Biulleten Oppositsii”. Su traición no impidió la aparición del boletín, pero sí para desenmascarar definitivamente a un hombre que Stalin hubiera querido conservar en el entorno de Trotsky para informarse.

Los corresponsales del Biulleten insistían en sus cartas sobre el hecho de que la conducción de deportados estaban cada vez más repletos de agentes, deliberadamente enviados, o deportados auténticos que habían aceptado en el curso de los interrogatorios jugar el rol de provocadores o de informantes para “redimirse”. Los más peligrosos eran evidentemente los viejos bolcheviques de quienes nadie se atrevía a sospechar. Muchos testigos mencionaron el rol jugado en Verkhneuralsk por uno de ellos, Surnov, antiguo Comisario del Pueblo en la Salud en la República de Crimea, que compartió durante algún tiempo la celda de Solntsev que logró desenmascararlo.[50] Ciliga contaba igualmente que, poco antes de su liberación, fue objeto de demandas por parte de otro agente provocador, también antiguo bolchevique, Artuk Solovian, que insistía para que mandara un mensaje destinado a Sedov y sobre todo para que este último le enviara ”directivas”.[51]

La situación de la oposición en 1930

Fue una Oposición de Izquierda casi renovada la que emergió en 1930 de su crisis de 1929, en condiciones de represión infinitamente agravadas. La mayoría de los “antiguos bolcheviques”, incluidos aquellos de la Oposición de 1923, entre los cuales algunos de sus más prestigiosos defensores la habían abandonado, convirtiéndose, como Radek y Piatakov, en sus enemigos decididos, o, como Ivan N Smirnov o Mratchkovsky, en hombres desgastados que no se sentían con la fuerza suficiente para continuar una lucha por la cual mostraban, sin embargo, simpatía.

Sería no obstante un error creer que todos los viejos desaparecieron. Quedaban en la Oposición al menos tres figuras históricas de primer orden: Rakovsky, Sosnovsky y Muralov.

Rakovsky tenía entonces 57 años. Nacido en Rumania, había recorrido Europa, conocido a todos los dirigentes de la II Internacional, combatido durante la guerra en el núcleo internacionalista. Después de 1917, cuando se unió a los bolcheviques, fue presidente del consejo de los comisarios del pueblo de Ucrania durante la guerra civil, luego ”exiliado” como embajador, después de haber sido, desde 1923, uno de los líderes de la Oposición de Izquierda. Dejó en Ucrania numerosos fieles y el recuerdo de su lucha contra la rusificación. Fue el portavoz de la Oposición en el XV congreso – para los oposicionistas era el portavoz de Trotsky, al que lo ligaba una vieja amistad. Tras la declaración de agosto de 1929 fue transferido a Barnaul, donde soportó un frío mortal para su organismo de cardíaco. Se pensaba que nada podía hacerlo retroceder y que Stalin buscaba hacer que muriera sin tener que matarlo.

LS Sosnovsky tenía cuarenta y cuatro años. En un viejo bolchevique de 1903 que también había conocido la prisión, la deportación y la emigración. Era un gran periodista, muy popular, campeón, desde la época de Lenin, de la lucha contra la burocracia y los kulaks en Pravda y en Bednota, especializado en la denuncia de las practicas de los burócratas del partido. Fue miembro del núcleo de la Oposición desde 1923 y se distinguió en 1928 y 1929 por la violencia de sus ataques contra los capituladores. Stalin quería callarlo, silenciar su pluma irreductible. Y lo logró: ninguna noticia de Sosnovsky se filtró desde el momento en que huyó vivo de la celda de Tomsk, destinada a servirle de féretro.

NI Muralov era también, a los cincuenta y tres años, un héroe de leyenda. Este hijo de campesinos, agrónomo, era también un bolchevique de 1903. Este gigante fue uno de los dirigentes de la insurrección de 1905 donde fue perseguido por el asesinato de un “centuria negro” pogromista. En 1917, fue él quien comandó en Moscú a los Guardias Rojos que tomaron por asalto el Kremlin. Miembro del estado mayor de Trotsky durante la guerra civil, fue comandante militar de la región de Moscú, luego inspector general del Ejército Rojo. El también fue miembro del núcleo de la Oposición de Izquierda desde 1923, uno de los más cercanos a Trotsky.

Estos tres viejos bolcheviques eran muy conocidos. Pero había también en 1930, en las filas de la Oposición otros militantes de su generación que simplemente eran menos conocidos en el extranjero. Estaba primero el núcleo de los comunistas georgianos comprometidos desde 1922 en la lucha contra Stalin. Koté M Tsintsadzé tenía cuarenta y tres años. No tenía más de veinte años cuando tuvo que vivir durante meses en Tiflis en el sótano donde los bolcheviques habían instalado su imprenta clandestina. Conoció prisiones y presidios. Dirigió la Checa, luego convertida en GPU, en la Georgia reconquistada. Estaba tuberculoso y su salud no dejaba de agravarse. Helena Tsulukidzé, “Lola”, estaba, también ella, tuberculosa. Lado Dumbadzé, otro bolchevique georgiano de la época heroica, antiguo presidente del soviet de Tiflis, gravemente herido durante la guerra civil, encarcelado en aislamiento total durante casi dos años, estaba en vías de perder el uso de sus dos brazos. Entre los viejos comunistas georgianos – tras la capitulación de Okudjava y Mdivani – quedaban en prisión Vasso Donadzé, antiguo miembro del CC, Zivzitadzé, antiguo adjunto de Tsintasadzé, los dos hermanos de este último y decenas de otros que no son para nosotros más que nombres. Lado Enukidzé, era en 1927 alumno de la academia militar, uno de los mejores cuadros del Ejército Rojo: este alto oficial, que voluntariamente custodió a Trotsky en su departamentos recibió durante la deportación paquetes de su tío Avelii, secretario del ejecutivo de los Soviets[52]. Otto Khristianovitch Aussem, hijo de un profesor, miembro del partido en 1899, responsable durante mucho tiempo de la organización militar clandestina, cónsul en París en 1924, y su hermano Vladimir, antiguo soldado en Ucrania, eran viejos amigos de Rakovsky. Se habla muy poco de ellos.

Por el contrario, dos nombres aparecen enseguida bajo la pluma de Trotsky a principios de los años treinta, los de Grunstein y Kasparova que conocemos menos pero que parecen tener una aureola de ”viejos bolcheviques”. Karl E Grunstein pertenecía a la vieja generación; fue militante del partido socialdemócrata letón, donde era un firme aliado de los bolcheviques, luego bolchevique, pasando años en prisión y en deportación. Durante la guerra civil, dirigió una división y gozó de la estima de Trotsky al que estuvo personalmente ligado desde la época de la batalla de Kazán donde estuvo a su lado. Después de la guerra, dirigió la escuela de aviación militar y aseguró el secretariado de la sociedad de los antiguos presidiarios. Cubierto de condecoraciones, fue con Muralov unos de los pocos militantes políticos que se convirtió en un militar reconocido por sus pares “profesionales”. Estuvo con la Oposición de Izquierda desde 1923, refrendó en 1929 la declaración de Rakovsky. Fue deportado a Cherdyn con su mujer Revecca y un niño. Veronika S Kasparova, tiene igualmente un largo pasado como militante. Bolchevique desde 1904, después figura en la sección ”mujeres” de la Internacional. Fue deportada con su hijo, igualmente miembro de la Oposición desde 1923. Fue cofirmante de la declaración de abril de 1930, después de haber apoyado la de agosto de 1929.

Boris M. Eltsin no tenía más que cincuenta y cinco años, pero era considerado por todos como un “viejo”. Bolchevique en 1903, fue uno de los dirigentes del partido y de los soviets en el Ural en 1917, miembro del ejecutivo de los soviets en octubre. En 1923 fue uno de los firmantes de la famosa ”declaración de los cuarenta y seis”, punto de partida de la Oposición, y, luego, uno de los dirigentes de la Oposición de Izquierda, uno de los redactores de la plataforma de 1927. En 1928 y durante la primera mitad de 1929 dirigió en Moscú el “centro” clandestino. Detenido, fue enviado a Suzdal, a una prisión insalubre – antiguo monasterio- en un aislamiento total, sufriendo una grave enfermedad, tuberculosis ósea o meningitis cerebro-espinal. Cuando Stalin le propuso ”negociaciones”, respondió que estaba dispuesto con la condición de que Trotsky volviera del exilio y de que los bolcheviques-leninistas fueran autorizados a realizar una conferencia.

Vassili V. Kossior era un ”viejo” más joven, treinta y nueve años, obrero metalúrgico, bolchevique de 1907, antiguo instructor de metales, delegado a los IX, X y XI Congresos del partido, primero miembro de la tendencia ”decista” luego unido nuevamente a la Oposición de Izquierda con un grupo de militantes. Su hermano Stanislav era en esa época uno de los hombres de confianza de Stalin.[53]

Algunos hombres pertenecían a la generación intermedia. Fiodor N Dingelstedt entró en el partido en 1910. En febrero de 1917, fue miembro del comité bolchevique de Petrogrado y fue delegado por el mismo para organizar el partido entre los marineros de la base de Cronstadt. Fue uno de los primeros diplomados del Instituto de los profesores rojos, miembro de la Oposición de Izquierda desde su constitución en 1923. Convertido en director del Instituto Forestal de Leningrado, obtuvo una licencia que le permitió viajar a Londres y escribir allí un libro sobre ”La cuestión agraria en las Indias” publicado en Moscú en 1927. Fue deportado sucesivamente a Kansk, luego a Rubtsovsk.[54] Era uno de los dirigentes más conocidos en el exilio por su firmeza. Victor Serge escribió que “su rostro, en su fealdad inspirada y golpeada, expresaba una invencible obstinación”.[55] No conocemos nada de la carrera militante de Andreii Konstantinov, militante bolchevique desde 1916, salvo su admirable retrato trazado, años tras su muerte, por su compañera de deportación, María M. Joffé.[56]

El grueso de la Oposición y de sus cuadros de 1930 estaba formado por hombres y mujeres todavía jóvenes, la generación de 1917. En su mayoría estas personas eran obreros, secundarios, estudiantes, cuando adhirieron al partido en ese año 17 y combatieron en los años de guerra civil como soldados o como comisarios políticos. Estos jóvenes – la flor y nata del partido bolchevique – se reencontraron después de 1920 en las facultades obreras, las rabfaki, y fueron los cuadros de esta juventud estudiante-obrera que nutrieron el grueso de la Oposición de 1923. Algunos de ellos estuvieron entre los más brillantes y mejores alumnos de este Instituto de profesores rojos cuyo objetivo era reunir a la élite de los jóvenes cuadros bolcheviques a fin de formarlos en todos los dominios de la investigación política y social. Eran, en el fondo, muy representativos de esta capa social original nacida de la revolución de Octubre, una “intelectualidad obrera” muy conocedora de la técnica y de la construcción económica al mismo tiempo que apasionadamente al servicio de la revolución mundial.

Muchos de estos jóvenes fueron arrestados y deportados al mismo tiempo que el grueso de los ”viejos”: fueron aquellos que estuvieron ligados a Trotsky, a su secretariado, o que fueran dirigentes de la Oposición de Izquierda. Es el caso de los ”secretarios”, Igor M Poznansky, colaborador de Trotsky desde 1917, organizador de la caballería roja, de N Palatnikev, un ”profesor rojo”, de Nikolai M. Sermuks y de Nikolai Netchaiev, ambos del estado mayor del famoso tren blindado. Víctor E. Eltsin, que era el hijo de Boris Mikhailovitch, se unió al partido en 1917, presidió en 1918 el soviet de Viatsk, luego fue Comisario político de una división del Ejército Rojo durante la guerra civil. Diplomado del Instituto de los profesores rojos en 1926, como economista, colaboró en la edición de las ”Obras” de Trotsky. Lo mismo para Grigori Stopalov, reclutado en el colegio en 1917, organizador clandestino de los bolcheviques de Ucrania –territorio bajo la bota de Denikin; diplomado por el Instituto de los Profesores Rojos en 1922 y casado con una educadora de la escuela del partido, Lembergskaia.[57]

La biografía de Sokrat Guevorkian es casi idéntica: hijo de un obrero del petróleo de Bakú, organizador de sindicatos durante la guerra, excluido, por su actividad, de la escuela secundaria, se adhirió al partido en 1917, participó en la guerra civil, luego estudió en Moscú en rabfak, enseñó más tarde teoría de economía política. ”Viejo” oposicionista, parece que fue arrestado en 1928[58] y que habría seguido a Smirnov durante algunas semanas en el verano de 1929. Vassili F Pankratov era un antiguo marinero de Cronstadt, miembro de la delegación que llegó, en el momento del putsch de Kornilov, para encontrarse a Trotsky en su prisión y a Kerensky en su palacio. Durante la guerra civil, sirvió en la Checa y luego devino jefe adjunto de la GPU en Transcaucasia. Fue arrestado poco después en enero de 1930.[59] Kh. M. Pevzner era también un hombre de Octubre, veterano de la guerra civil, en la que fue oficial y donde perdió el uso de un brazo. Trabajaba en el Comisariado de las finanzas y estuvo implicado en 1927 en el caso de la imprenta.[60] Según un manuscrito “samizdat”, recientemente publicado en el extranjero, habría sido el yerno del jefe de la GPU, Iagoda.[61] De hecho, parece ser que estuvo casado con su nieta. Su joven mujer estaba tuberculosa. Grigori Ia. Iakovin era, él también, diplomado del Instituto de los profesores rojos. Era historiador, especialista de la historia contemporánea de Alemania donde había vivido y sobre la cual había publicado un buen libro. Víctor Serge lo describió: ”Treinta años, deportista, inteligente, siempre despierto, lindo muchacho, voluntario ardiente”. Evoca su período de “ilegalidad, ingeniosa, audaz y arriesgada” [62] en Moscú. Su rol, en el “centro”, fue importante. Eleazar Solntsev, a los treinta años, era considerado como uno de los hombres mejor dotados de su generación. Economista, funcionario del comercio exterior en Alemania luego en los Estados Unidos, fue llamado en 1928 y detenido desde su regreso.[63] Citemos también a los dos yernos de Trotsky. Man Nevelson, el marido de Nina, era estudiante de secundaria en 1917 cuando organizó las Juventudes Comunistas y luego los Guardias Rojos. Comisario político del Ejército Rojo, era en 1920 jefe del departamento político del 5to. ejército, y se reconvirtió en economista.[64] Su primo Platón I. Volkov, marido de Zinaida, era maestro: fue detenido poco después.

El azar de los mensajes y de los recuerdos no nos ha dejado más que largas listas y a veces indicaciones de orden personal. Las tres hermanas Chumskaia eran militantes de 1917, como Mussia Magid, quien organizó a los soldados detrás de las líneas de Denikin, como el antiguo dirigente de las Juventudes Comunistas de Ucrania Iakov Byk, como los soldados siberianos Aaron, Samuel y Pavel Papermeister. Leonid Guirchek, antiguo representante comercial en Persia, Vassili M Tchernykh, antiguo comisario del Ejército Rojo, antiguo jefe de la Checa del Ural, Mikhail A Polevoi no son para nosotros más que nombres que quedaron en la memoria de Serge y conservados en los papeles del exilio.[65] Hemos encontrado una mención de estudiantes-obreros más jóvenes todavía, de Karlo Patskachvili[66], hijo de campesinos pobres de Georgia, estudiante en Moscú, de Karl Melnais, dirigente de las Juventudes Comunistas en 1926 y estudiante de matemáticas, de Sacha Milechin, de Moscú también, de Faina Upstein, de Odessa, reclutada en 1927, detenida en 1932. Algunos de los corresponsales de Trotsky y Sedov, hasta de Rakovsky, son sin lugar a dudas cuadros políticos de los cuales no sabemos casi nada, comenzando por L. Trigubov, un antiguo de Kiev, pero también los jóvenes A. Abramsky y NI Mekler, de Kharkov, GM Bagratov, Boris N. Viaznikovtsev, Mikhail Lebel, Tigran Askendarian, G. Khotimsky, Pavel I. Golubtchik, I. Ia. Kievlenko, V. Sidorov. Sería necesario por otra parte consagrar un estudio especial a los extranjeros, que entre los prisioneros eran a veces grupos enteros de responsables, de refugiados, hasta estudiantes, chinos, yugoslavos, búlgaros, austriacos, italianos.

Ciliga dio elementos estadísticos sobre la población de la ”cárcel de aislamiento” de Verkh­neuralsk[67]: sólo un 15% de obreros, como gusta subrayar, una mayoría de jóvenes intelec­tuales judíos, originarios sobre todo de Ucrania y de Bielorusia (47%), muchos georgianos y armenios (27%), entre los cuales había una fuerte proporción de campesinos, 39% de rusos donde predominaban, dice, militares y chekistas. El número total de los detenidos en la cárcel de aislamiento nos parece no obstante escaso para elaborar una estadística y generalizar las conclusiones. Los archivos de Trotsky aportan algunos elementos suplementarios: de los 378 deportados registrados en 1928 con nombre y lugar de origen, 66% fueron arrestados en Moscú y el 10% en Kharkov. Una evaluación da más del 20% de judíos, de 7 a 8% de armenios y otro tanto de georgianos. Hemos podido igualmente notar que no se puede reducir la intelectualidad obrera a la categoría curiosamente definida por Ciliga como la de los ”intelectuales judíos”. Los datos dados por los corresponsales de Trotsky mencionan un número elevado de obreros arrestados por actividades oposicio­nistas. Los datos proporcionados en 1936 por Serge conducen por otra parte a cuestionar seriamente las afirmaciones de Ciliga sobre la proporción de los obreros entre los oposicionistas en prisión. Mikhail Bodrov, el antiguo correo de la Oposición en Alma Ata, era un obrero metalúrgico de Moscú. En Orenburg se encontraban al mismo tiempo que Serge, Alexis A. Santalov, antiguo tornero de Leningrado, combatiente de 1905 y 1917, el armador de Leningrado Trukhanov, el sastre de Minsk Boris I. Lakhovitsky, el curtidor (de cueros, N de T) ucraniano Iakov Byk y muchos otros.[68] Sabemos por María M. Joffé que el “estudiante” Patskachvili había llegado descalzo a Tifus para intentar la aventura que lo llevaría en algunos años a la universidad sin haber frecuentado antes la escuela secundaria.[69]

Tal es, someramente, la imagen de los miembros de esta Oposición de Izquierda, de los cuales el grueso, a partir de 1930, se concentraba esencialmente en las “cárceles de aislamiento”: estos hombres y mujeres estaban condenados a sobrevivir en las peores condiciones materiales y morales hasta el momento final, con la bala en la nuca o bajo la ráfaga de ametralladora.

La vida política de la oposición

La Oposición unificada, bloque de tendencias y de fracciones, había conocido desde su nacimiento y antes de ser puesta fuera de la ley, vivos debates internos. El más importante había opuesto el núcleo de 1923 al grupo llamado del ”centralismo democrático”, los ”decistas” impulsados por Vladimir M. Smirnov y Timotei V. Sapronov[70] que habían logrado influenciar a algunos bolcheviques como Radek o Nin en torno al análisis sobre la naturaleza social del Estado y del partido y la necesidad de luchar por un ”segundo partido”. El eco de esta vieja discusión se manifestaba todavía en los nuevos problemas debatidos por la Oposición de Izquierda en 1930.

Sobre este asunto, disponemos después de varias décadas, de un importante testimonio, el de Ante Ciliga. La apertura de los “papeles del exilio” permiten corregirlo en lo que tenía de parcial y al mismo tiempo completarlo ventajosamente gracias a dos informes de los bolcheviques-leninistas Iakovin y Ardachelia.[71]

Estos dos textos esenciales – y algunos otros de menor importancia – permiten hacerse una idea precisa de la vida política en una de las prisiones reservadas a los ”bolcheviques-leninistas”, la ”cárcel de aislamiento” de Verkhneuralsk donde estuvieron encerrados, a partir de 1930, entre 200 y 250 detenidos, de los cuales 120 se reclamaban de la Oposición de Izquierda.

El cuadro es indiscutible, a pesar de las condiciones materiales más que mediocres, ya que los locales estaban superpobladas, la ”cárcel de aislamiento” era una verdadera ”universidad de ciencias sociales y políticas” ”la única universidad independiente de la URSS” precisa Ciliga.[72] Los detenidos podían comunicarse entre ellos, publicar diarios manuscritos donde los artículos, firmados, no eran sometidos a ninguna censura, donde debatían sus divergen­cias, abordaban las cuestiones teóricas y de actualidad, ”de la manera más franca, poniendo todos los puntos sobre las íes”. Los diversos agrupamientos políticos de esta prisión eran ”verdaderas organizaciones, con sus comités, sus diarios manuscritos, sus jefes reconocidos”. Funcionaban mediante reuniones regulares en el transcurso de paseos, y hasta en aulas, con escritorio, orden del día, procesos verbales. Había una administración de los ”correos” que entablaban, a cuenta de todos, relaciones internas y externas no solamente con la URSS, sino también con el extranjero, especialmente a través de las transferencias hechas a otras prisiones. La biblioteca estaba relativamente nutrida, los diarios que se publicaban en la URSS estaban disponibles si uno se abonaba, así como las publicaciones de los Partidos Comunistas extranjeros. Los lazos políticos se mantenían de forma permanente. Ciliga da cuenta de la llegada a manos de los prisioneros de Verkhneuralsk de ejemplares del Biulleten Oppositsii y de folletos de Trotsky hasta 1934, porque los detenidos, decía, tuvieron al menos la posibilidad de discutir la entrada de los trotskistas franceses en la SFIO durante aquel año.[73]

El gran debate entre los trotskistas de Verkhneuralsk comenzó a fines de 1929 y se desarrolló durante todo el año 1930, cuando la llegada de cincuenta detenidos nuevos llevó a más del doble la cantidad de efectivos bolcheviques-leninistas, y amontonó a los hombres de tal modo que hizo imposible impedirles la comunicación. La discusión comenzó bajo el signo de “el año negro” y de las grandes oleadas de capitulaciones. Después de las últimas capitulaciones, de un grupo de estudiantes moscovitas a principios de 1930, los golpes que siguieron a aquella oleada pasaron a partir de entonces a primer plano.

Un pequeño grupo de militantes animados por los ”viejos” – el georgiano G. Kvachadzé, el armenio Amo Saakian, el veterano del Ejército Rojo Vl. I. Rechetnitchenko- intentaba extirpar de las filas de la Oposición las raíces que habían conducido a tantos de sus partidarios a capitular. Denunciaban ante todo lo que llamaban las tendencias ”conciliadoras”, y, finalmente, el estado de ánimo que había conducido a redactar la declaración de agosto de 1929. Durante los primeros días de enero estos hombres publicaron un primer número del diario Bolchevique Militante, donde una declaración de Amo Saakian se desvinculaba de Rakovsky y su declaración. El diario desarrollaba sistemáticamente la propuesta, tomada de Trotsky, según la cual la Oposición de Izquierda debía de allí en adelante no dirigirse al comité central y al partido, sino a la clase obrera misma. Rápidamente la dirección pasó a un equipo de jóvenes militantes: O Puchas, M Kamenestsky, Ia. G. Belinsky, N. Perevertsev, Emelianov; todos parecían acercarse considerablemente a las posiciones de los ”decistas” a los que el último de la lista, por otra parte, se unió. La idea central de los ”bolcheviques militantes” era por una parte que, en ese momento, no se podía reformar el partido y que ningún ”giro a la izquierda” era por otro lado posible por parte de la burocracia. Trotsky era presentado como ocupando una posición de principios firme, mientras que Rakovsky maniobraba e intentaba la conciliación con el aparato. El Bolchevique Militante vió la prueba de esto cuando, en mayo, comenzó a hablarse de una nueva declaración de Rakovsky en el Congreso.

A la “mayoría” le costó definirse ante las ataques procedentes de la ”izquierda”. Su primera reacción fue abrir por su cuenta el mismo debate en las páginas de una revista modestamente titulada Resúmenes sobre el período actual; aparecieron tres gruesos números entre enero y octubre con artículos firmados que trataban sobre las cuestiones económicas, políticas y tácticas. Su objetivo, escribía Ardachelia, era ”esclarecer los problemas de la época”. El restablecimiento del contacto con el exterior facilitó la tarea: el ”conjunto bolchevique leninista” logró enviar cinco cartas a la dirección clandestina de la fracción en la URSS y recibió cinco respuestas así como una decena de cartas y documentos escritos por los ”dos viejos”, Trotsky y Rakovsky[74].

En junio de 1930, la discusión había madurado lo suficiente como para que fuera posible intentar hacer un balance. Los dirigentes de la mayoría – a la que Ciliga denominaba ”la derecha” decidieron elaborar tesis. Estas serían las ” Tres Tesis”, redactadas por tres de los jóvenes dirigentes de la Oposición, Iakovin, Solntsev y Stopalov.[75] Su análisis de la situación en la URSS era el mismo que el de Trotsky. Reconocían la existencia de la ”crisis del bloque centro-derecha”, del conflicto que estaba al limite entre estalinistas y derechistas, pero subrayaban que se trataba sólo de ”una lucha administrativa del aparato para enfrentarse a las consecuencias de su propia política económica”, ”destinada al fracaso” y que ”impulsaba a todos los campesinos al lado de los kulaks”. Para ellos, los ”bandazos a izquierda”, episódicos y forzosamente limitados, se pagaban por otra parte a un precio muy elevado: el aplastamiento de la vida política del partido, el estrangulamiento de la izquierda y el aniquilamiento de las aspiraciones obreras que ella encarnaba. Subrayaban el carácter ”irracional” del plan quinquenal, burocrático, y afirmaban que era imposible construir el socialismo separándose de su base social, la clase obrera, y que esto era lo que consagraba el plan quinquenal.

Algunas semanas más tarde, bajo la iniciativa de Man Nevelson y Aaron Papermeister, fueron redactadas otras tesis de una corriente que Ciliga bautizaba ”centro”. La divergencia descan­saba en la política económica. El texto de los ”dos” se pronunciaba por el restablecimiento de la NEP, es decir, de relaciones puramente de mercado con el campesinado que los ”tres” no creían posibles. Poznansky, luego Dingelstedt, que llegó de Rubtsovsk, se unieron a las posiciones del ”centro”.

A principios de 1930 el grupo ”Bolchevique Militante” elaboró sus propias tesis, de las que desgraciadamente no conocemos por el momento más que los extractos citados por Iakovin y Ardachelia. Para éste, la URSS se había convertido en un freno al desarrollo del movimiento revolucionario mundial, y no era posible entonces hacer frente único ni siquiera con un sector de la burocracia. Las tesis excluían toda posibilidad de giro a la izquierda y se pronunciaban por ”la reforma del Estado por la acción directa de las masas”. Los ”bolcheviques militantes” constituían, en suma, una ”oposición” a la dirección de la Oposición, esta ”derecha bolchevique-leninista” de la que pensaban que estaba comprometida en una vía que llevaba a la capitulación. Pretendían ser la encarnación del ”bolchevismo militante ortodoxo”. En efecto, como señalaba Ardachelia, se situaban en algún plano entre los Bolcheviques Leninistas y los ”decistas”.

La mayoría había avanzado en el curso de esta discusión. En mayo, sólo sesenta detenidos habían dado su consentimiento para firmar la declaración de abril de Rakovsky, mientras que cuarenta y siete se situaban en las posiciones de los ”Bolcheviques Militantes”. Pero las dificultades en la elaboración de las tesis de estos últimos tres meses, la llegada de las cartas de Trotsky en contradicción con las ideas que defendían, provocaron una primera ruptura, aquella de los siete promotores de la corriente. Cuando se conoció el texto de la declaración de abril, veinte militantes de los cuarenta y siete que la habían rechazado, se unen a la misma. A su llegada de Rubtsovsk, Dingelstedt, Abramsky y Antokolsky se unieron a la mayoría, pero sostenían también la necesidad de hacer desaparecer los organismos competitivos surgidos de las dos fracciones del ”conjunto”. A partir de esta posición, la mayoría decidió publicar ”La Pravda en prisión” – todos los meses o cada dos meses, bajo la forma de artículos impresos en cuadernos – mientras que el ”Bolchevique Militante” rehusaba desaparecer. La existencia de dos órganos que se reclamaban ambos del ”conjunto bolchevique-leninista de Verkhneuralsk” condujo fatalmente a la escisión que se produciría finalmente en 1931.

Los documentos emanados de los partidarios de la mayoría – Ardachelia y Iakovin – se refieren exclusivamente a la primera parte del año 1930. Para los años siguientes, no dispo­nemos de nada nuevo más que el testimonio, muy unilateral, de Ciliga. Partidario de la ”izquierda” – un derecho que aparentemente nadie le ha cuestionado – daba una imagen de sus adversarios absolutamente caricaturesca, hablando del ”espíritu de sumisión a los jefes”, diciendo que se trataba de ”un apoyo a la política oficial con ”crítica de sus métodos” cuyo único objetivo era ”la reforma por arriba” – e insistía pesadamente y un poco demagógicamente sobre el hecho de que los líderes de las otras tendencias habían surgido del Instituto de los profesores rojos.[76] Es importante entonces tomar con prudencia sus resúmenes de los hechos y sus juicios de valor, pero teniendo en cuenta la utilidad de algunas de las indicaciones que da.

Menciona por ejemplo el gran interés que la situación alemana despertaba entre los detenidos que seguían cotidianamente su desarrollo en Die Rote Fahne (Bandera Roja, el órgano del Partido Comunista Alemán – N.deT.), sobre las largas discusiones que sostenían sobre el fascismo, la clara conciencia que tenían de lo que estaba en juego en Alemania, y, este hecho confirma, involuntariamente sin duda, la homogeneidad de esta oposición en prisión y su acuerdo fundamental con las posiciones que Trotsky defendía desde el exilio.[77] Parece difícil creerle cuando afirma que había ”pánico” entre los trotskistas de Verkhneuralsk ante el anuncio de la llegada de Hitler al poder.[78] Se puede no obstante suponer que esos militantes que tenían un análisis correcto de la dimensión de los acontecimientos, comprendían el significado que tenía para el proletariado mundial y por consecuencia para ellos mismos. Notemos solamente que se aprovecha de pasada para ubicar a su camarada de prisión, el yerno de Trotsky, Man Nevelson, entre los ”patriotas un poco cansados de nuestro Estado Soviético”.[79] Asegura que en 1933, tras la victoria de Hitler, los decistas se pronunciaron por la IV Internacional y que fueron acusados por los ”bolcheviques militantes” de lanzar una consigna ”prematura” y ”demagógica”, mientras que la ”Pravda en prisión” mantenía, sin insistir demasiado, las posiciones tradicionales. El asunto fue de todos modos resuelto con la llegada a la URSS y a la ”cárcel de aislamiento” – del Biulleten Oppositsii que convenció a todos los bolcheviques-leninistas que había llegado el momento de abandonar el combate de ”oposición” en el camino de la ”reforma”, y que ahora había que construir nuevos partidos y la IV Internacional. Rápidamente se restableció la unidad entre los bolcheviques-leninistas.[80]

Sería sin embargo un error atenerse completamente al cuadro algo restringido y ligeramente deformado de Ciliga, e imaginar la vida política de la Oposición, al principio de los años treinta, en todas partes con las mismas características que en Verkhneuralsk. En otras partes, otras discusiones, tenían otro ritmo.

En primer lugar, algunos debates sobre hechos puntuales. Se sabe que en general los bolcheviques-leninistas se dividieron en torno al ”proceso Chakhty”, del cual algunos acepta­ban su autenticidad, otros denunciaban la fabricación y maquinación montada, según ellos, entre Stalin y el principal acusado, Ramzin.[81] Los días siguientes a la declaración del 29 de agosto y las semanas que precedieron a abril del 30 fueron consagradas a una correspondencia entre colonias que cubría todos los problemas políticos.

Discusiones apasionadas en torno a la colectivización y la industrialización se desarrollaron después de 1929. Al lado de los escépticos que no veían, en el mejor de los casos, en esta política más que un ”zig-zag maniobrero” que precedía a un inevitable giro a la derecha, otras interpretaciones se pusieron a la orden del día. Rakovsky, corrientemente considerado como escéptico en relación a las consecuencias socioeconómicas de la industrialización y de la colectivización, planteó no obstante la hipótesis de que éstas constituían para la burocracia un medio de acrecentar su poder y sus privilegios ya que ampliaban sus bases económicas y sociales.

En 1930, como un resurgir de los argumentos de algunos capituladores de 1929, reapareció la teoría según la cual industrialización y colectivización tendrían como consecuencia – automática – reforzar el ”núcleo proletario” del partido comprometiendo indefectiblemente, tarde ó temprano, a este último en la vía de la reforma. Era lo que decía Okudjava, criticado por Tsintsadzé[82] y a quien Trotsky hizo el honor de una mención crítica de pasada. Si aparentemente esta idea no encontraba casi eco en las filas de la Oposición de Izquierda auto-depurada, parece que las tesis de Rakovsky sobre una necesaria vuelta a la NEP como forma concreta de la ”retirada” preconizada por todos, dividieron profundamente a sus filas.

Muy pronto, y como en todo el mundo en el seno y ámbitos cercanos a un movimiento comunista en crisis, aparecieron teorías ”revisionistas” que los bolcheviques-leninistas debatieron con seriedad y sobre las cuales debatieron. Desde 1930, algunos de ellos defendieron y desarrollaron la teoría, ya sacada a luz por algunos decistas y sobre todo por los mencheviques, según la cual el Estado ruso seria considerado no ya como un Estado Obrero, sino como un ”capitalismo de Estado”: fue un economista de Kharkov, Vladimir Densov, antiguo alto funcionario del Gosplan[83] el que defendió esta tesis en 1931 en las filas de la Oposición. Otros rechazaron esta interpretación que ponía evidentemente en cuestión las bases mismas del programa y de la organización de la Oposición: veían no obstante la posibilidad de una evolución de este tipo en un futuro más o menos cercano..

Por supuesto, una de las discusiones principales más concretas a la vez que más difíciles en el plano teórico, por el hecho de su total novedad, fue la que se planteó en 1930 sobre la cuestión de la naturaleza de clase del Estado soviético, y por lo tanto de la naturaleza de clase de la burocracia. En su declaración de abril de 1930, refrendada por Kossior, Muralov y Kasparova, Khristian Rakovsky escribió:

Del Estado proletario con deformaciones burocráticas – como Lenin definía la forma política de nuestro Estado – avanzamos hacia un Estado burocrático con supervivencias proletarias comunistas.”[84]

Algunas lineas más abajo, definiría a la burocracia como ”una gran clase de gobernantes”, una ”clase original” cuya base está constituida por la ”posesión del poder del Estado”, ”un tipo original de propiedad privada”.

Este análisis provocó críticas y protestas. Desde el 5 de julio de I930, en nombre de los deportados de Kolpachevo, G. Khotimsky y A. Cheinkman atacaron vivamente:

Pensamos que la burocracia no es una clase y que no se convertirá en eso jamás(...) La burocracia es el germen de una clase capitalista que domina el Estado y posee en forma colectiva los medios de producción”.[85]

Sabemos por otros deportados que Rakovsky continuó trabajando entre 1930 y 1932, esencialmente sobre la cuestión de los ”peligros del poder” ya abordada en su célebre carta a Valentinov de agosto de 1928. Se menciona entre otros trabajos suyos uno que jamás ha salido de la URSS, ”Las Leyes de la acumulación socialista durante el período ”centrista” de la dictadura del proletariado” y ”Las Leyes del desarrollo de la dictadura socialista”.

Debatiendo el conjunto de esta cuestión bajo el seudónimo de N. Markin, León Sedov, después de haber recordado las posiciones de Rakovsky y las de los deportados de Kolpachevo, mencionó las tesis de ”un camarada autorizado, encerrado en una ”cárcel de aislamiento”, que propuso contentarse por el momento con la fórmula de ”blindaje burocrático de la dictadura del proletariado”.[86]

No sabemos nada más sobre una discusión que sin duda duró hasta la muerte de los dos últimos militantes de la Oposición de Izquierda.

La accion politíca: Las huelgas de hambre

Los militantes de la Oposición que quedaron en libertad tenían teóricamente los mismos medios de acción que los otros ciudadanos soviéticos: como ellos, participaban aquí o allá en las huelgas o en las manifestaciones de descontento. Y, durante este periodo, parecen haber sido el único grupo que distribuyó o difundió clandestinamente panfletos o textos políticos.

Pero el grueso de las filas de la Oposición, los deportados, cuyos efectivos se elevaron a alrededor de 8.000 hacia 1933, tenía escasos medios de acción para realizar lo que era su objetivo principal, mejorar las condiciones de detención. Los deportados y los prisioneros conmemoraron siempre mediante manifestaciones las dos fechas del lº de mayo y del 7 de noviembre, cantando La Internacional a pesar de la prohibición y enarbolando trapos rojos a modo de banderas. Estas manifestaciones les costaban generalmente muy caras: arresto de deportados, por ejemplo los de Rubtsovsk en 1930, y sanciones severas en las cárceles de aislamiento”: aislamiento especial, calabozos, ampliación de condenas. Pero, cuando el régimen se tornó insostenible, solo quedó el recurso de la desesperación: la huelga de hambre. La primera había estallado a partir de los primeros meses de 1928 en la prisión de Tomsk. La segunda había tenido por escenario la penitenciaria de Tobolsk donde el régimen era feroz. En 1930, en la ”cárcel de aislamiento” atestada – más de 450 prisioneros en ese momento – de Verkhneuralsk, el director Biziukov había hecho encadenar desnudos a los prisioneros en huelga de hambre y los había rociado con agua fría en pleno invierno para doblegarles.

Fue en Verkhneuralsk donde a partir de 1930 se desarrollaron las huelgas más duras, al menos de aquellas que se conocen. La primera estalló a fines de abril de 1931, donde un detenido, el ”decista” Essaian, fue herido de un tiro por un centinela. Se formó un comité de huelga de tres miembros, con Dingelstedt, el ”Bolchevique Militante” Kvachadzé y el decista Saiansky.[87] Los ciento setenta y seis comunistas de todas las tendencias en huelga tenían el apoyo de los anarquistas. Reivindicaban sanciones contra los responsables, el cambio del director, garantías para el futuro, la liberación y la hospitalización del herido, la adecuación del reglamento y la mejora de las condiciones cotidianas de vida.

Al séptimo día se les prometió llamar a una comisión especial de la GPU, presidida por Andreeva, para negociar, y entonces levantaron la huelga: el 1 de mayo de 1931, los prisioneros envalentonados en bloque por esta primera victoria se movilizaron en la ”cárcel de aislamiento” con retratos de Trotsky y banderas con las consignas de la Oposición. Pero la comisión no llegó. La huelga se reinició a principios de julio. Esta vez, la comisión se presentó y cedió muchas reivindicaciones importantes.[88] Poco más tarde se sabría que ciertas promesas no fueron cumplidas, en especial que Essaian no fue liberado, tan sólo trasladado. Bajo represalias solapadas, treinta y cinco detenidos fueron enviados a Suzdal bajo un régimen muy duro.

La segunda huelga de hambre se desató en Verkhneuralsk en mayo de 1933. En efecto, desde hacía meses, a los condenados cuya pena había finalizado ésta se les “renovaba” automáticamente por vía administrativa y sin justificación por la dirección colegiada de la GPU. Los detenidos decidieron entonces advertir a la GPU que retomarían inmediatamente la huelga de hambre si no obtenían la liberación de todos los prisioneros cuyas penas expiraban. El comité de huelga elegido, todavía con Dingelstedt, el ”Bolchevique Militante” Sacha Slitinsky y Iakov Byk, tomó todas las disposiciones para que la huelga comenzara el día señalado, aún en caso de traslado.[89] Al iniciarse el traslado de los detenidos la huelga estalló simultáneamente en muchas prisiones. En Verkhneuralsk, fue quebrada al treceavo día. Dingelstedt, Slitinsky y Byk fueron trasladados a la siniestra penitenciaría de Solovki, en las islas Solovietsky, que Ciliga llama ”la Guayana ártica”. Allí, los políticos – comunistas uzbekos y de Kirguizia, pero también georgianos y caucasianos – estaban mezclados con los presos comunes y eran objeto de las peores vejaciones. Fortalecidos por la experiencia adquirida, los hombres de Verkhneuralsk reiniciaron su pariente trabajo se reagrupándose y reorganizándose. Algunos meses más tarde lucharon por el reagrupamiento de los presos políticos y la obtención de un régimen especial. Obtuvieron, escribe Ciliga, ”algunos resultados”.[90] El rastro de FN Dingelstedt, profesor rojo, intelectual judío, luchador heroico, se perdió en 1935 después de su deportación a Alma-Ata.

El armenio Arven A. Davtian – ”Tarov” – que tomó parte en las dos primeras huelgas de hambre de Verkhneuralsk se quedó en la cárcel de aislamiento. A través suyo se conoce el desarrollo de una tercera huelga de hambre en esta conocida “cárcel de aislamiento”, tras la visita de la comisión de la GPU que ”renovó” en diciembre de 1933 las penas de todos los detenidos. La huelga comenzó el 11 de diciembre. Dejemos hablar a este comunista armenio:

El 20 de diciembre, transportaron en brazos a los huelguistas de una celda a otra. Esto era para indagarlos. Luego comenzaron a alimentarnos por la fuerza. Fue un espectáculo imposible de olvidar: hubo verdaderas batallas entre los huelguistas y los guardias. Naturalmente los primeros fueron golpeados. Extenuados, fuimos alimentados por la garganta con sondas apropiadas. Los tormentos fueron inauditos. Nos introdujeron en la boca grandes trozos de goma, los huelguistas eran arrastrados destrozados como perros a la ‘celda de alimentación’. Nadie capitulaba individualmente. Al quinceavo día de la huelga, nuestro comité de huelga decidió ponerle fin al mediodía porque muchos huelguistas intentaban suicidarse. Uno de los colaboradores de la GPU se acercó a nosotros en la ‘cárcel de aislamiento’ y comenzó a amenazando con enviar a los huelguistas a Solovietsky. Nuestros camaradas lo echaron de las celdas. La decisión del comité de huelga fue aprobada por unanimidad por el conjunto de los huelguistas. El representante de la GPU tuvo que prometer de palabra (se negaba a hacerlo de forma escrita) liberar a aquellos que habían terminado su condena. Fue así como, el 22 de enero de 1934, terminada mi condena y fui trasladado a la celda de los ‘liberables’.” [91]

La resistencia

El ultimo texto político presentado en la misma URSS en nombre del conjunto de la Oposi­ción, fue la declaración de abril de 1930, redactada por Rakovsky y firmada igualmente por VV Kossior, NI Mouralov y VS Kasparova.[92] La empresa, por otra parte, fue difícil, y un primer borrador se perdió a causa de una requisa en la casa de Rakovsky. A partir de esa fecha, se sucedieron varios debates, pero los deportados no tuvieron ya la posibilidad de elaborar documentos colectivos. Pero esto no fue, como a principios de 1929, el síntoma de una crisis interna. Muy al contrario, lo que había aparecido como el ”último reducto” de la Oposición alrededor de Rakovsky se nutrió de nuevos reclutados, jóvenes y viejos, en deportación, y en las prisiones: en Siberia y en Asia central, entre los deportados y los prisioneros, la Oposición de Izquierda se desarrolló mucho. En los centros urbanos, por el contrario, recibió golpe tras golpe.

Podemos seguir el rastro de esas olas de represión, casi semana a semana a través de la correspondencia de los ”papeles de exilio”. Fue Victor Serge quien, en mayo de 1930, contó la serie de interrogatorios y arrestos que acabaron afectando especialmente a los deportados Abramsky, Voskressensky y Antokolsky, quienes muy pronto se encontrarían en Verkhneuralsk.[93] En mayo de 1931 fue una carta de Naville la que mencionó el arresto del último núcleo de los llamados ”resistentes libres” y especialmente de su jefe ”Michel” – un amigo de Andrés Nin – que se mantuvo firme ante la GPU.[94] En octubre de 1930 Trotsky escribió con franqueza al americano Shachtman: la Oposición, en tanto que organización, ya no existe.[95] En esta fecha, los jefes de la Oposición estaban en las “cárceles de aislamiento”, Verkhneuralsk, Iaroslavl, Tobolsk, Suzdal, incluso en la siniestra ”prisión central de la GPU” en Moscú, como el ex-clandestino Ianuchevsky.

Pero los bolcheviques-leninistas no habían olvidado las lecciones de la acción clandestina que les enseñó la lucha contra el régimen zarista. La represión policíaca no permitía construir un centro en el interior: al no poder realizarse allí se construyó en el exterior, en torno al Biulleten Oppositsii, que se convertiría en Rusia en el eje del reagrupamiento de los oposicionistas, el organizador, al mismo tiempo que revista teórica y boletín de debate.

El envío del Biulleten, del cual varias decenas se editaron en formato reducido para facilitar su difusión clandestina, se hacía de mil modos. El principal eran los puertos que donde recalaban los barcos soviéticos, Amberes y Hamburgo, lo que confirió un papel particular­mente importante a los militantes belgas y alemanes. La venta pública del Biulleten en los quioscos y librerías de la mayoría de las grandes ciudades de Europa permitía que los soviéticos que viajaban al exterior pudieran acceder al mismo, pues muchos de ellos buscaban precisamente este tipo de publicación. En general, el Biulleten continuaría penetrando en la URSS, incluso en formato reducido hasta 1933 e incluso más tarde como lo prueban algunos datos dados por Serge en 1936.

Pero el problema más difícil de resolver era la circulación en sentido inverso: de la Unión Soviética hacia Europa Occidental, más precisamente hacia Berlín donde Sedov había instalado el centro de la redacción del Biulleten. Interrumpiendo las comunicaciones en este sentido, la GPU mataba dos pájaros de un tiro: ¿Qué seria de un Biulleten privado de información proveniente de la URSS? Las rigurosas condiciones de clandestinidad de tal trabajo hacían por otra parte que no quedara ningún rastro escrito, o al menos, si quedaban, que fueran difíciles de interpretar. Hechas estas reservas, indicaremos igualmente todo lo que nos parece que fueron las grandes líneas de solución aportadas por Sedov a este espinoso problema.

En 1929, por ejemplo, Sedov había logrado un contacto en Berlín y en París. El de París era ”Joseph”, en realidad, Solomon Kharin, miembro de la delegación comercial en París, del cual sabemos que no sólo siguió a Radek en su capitulación sino que entregó a la GPU los manuscritos del primer número del Biulleten.[96] En Berlín, el representante de la Oposición – en contacto con los oposicionistas alemanes y especialmente con Sacha Muller que hablaba ruso – es designado en la correspondencia bajo la inicial de ”L.”. Poco tiempo después, el rol de contacto y de ”buzón” en Berlín lo realizaría una joven soviética de veinte años, Nina V. Vorovskaia, que era también una vieja militante de la Oposición de Izquierda rusa, camarada de combate de León Sedov y propagandista ardiente de las ideas y tesis de la Oposición entre las juventudes comunistas. Hija de un viejo bolchevique, obtuvo la autorización del gobierno para curarse de su grave tuberculosis a Europa Occidental. Ella era de plena confianza, porque pertenecía al viejo núcleo dirigente, estaba relativamente protegida por el momento porque siendo hija de un mártir de la revolución, asesinado por los Blancos, conocía personalmente a todos los militantes importantes y corría menor riesgo que cualquier otro de ser víctima de provocaciones. Pero no se quedó mucho tiempo. Los médicos decidieron primero una operación que la puso por algún tiempo fuera de contacto. Enseguida, apenas convaleciente, fue llamada por las autoridades rusas y volvió a Moscú donde murió. Trotsky la consagró un emotivo artículo necrológico.[97] Los documentos alemanes la designaron bajo las iniciales ”N.K”.[98]

Durante varios meses, en el curso del año 1930, no hubo más contacto permanente con la Oposición de Izquierda rusa en Berlín. El vacío, sin embargo, fue llenado a finales de año por un hombre, del cual Sedov escribió a su padre que era de total confianza.[99] Era, probablemente, aquel a quien Jean Meichler encontró en París y del cual hablaba en una carta a Prinkipo: el ”nuevo amigo”, el ”Dr. H.K” pertenecía a la representación comercial soviética en Alemania, su especialidad era la madera, y tenía dos amigos en la representación soviética en París a los que había ido a buscar por las necesidades de la acción y de la conexión.[100]

Nuestras informaciones sobre esta cuestión se interrumpen con la llegada de Sedov a Berlín. De allí en adelante, en efecto, el contacto sería él, el centro, la cabeza de la red, el hombre que mantenía y aseguraba todas las conexiones. Numerosos rusos vivían en la capital alemana, emigrados de épocas diversas, también estudiantes. Sabemos que Sedov reclutó en Berlín a un estudiante ruso con pasaporte, Oskar Grossmann, quien, bajo el nombre de ”Otto” se trans­formó en uno de los dirigentes de los jóvenes de la Oposición alemana. Pero sabemos también que se reunía con muchos viajeros: era, aparentemente, por medio de la delegación comercial en Berlín, como transitaban la mayoría de los viajantes de la Unión Soviética; y muchos suministraban buena cantidad de informaciones y documentos.

Además, León Sedov, viejo conspirador, tenía acceso a los ”viajes especiales” de los cuales no sabemos prácticamente nada, salvo que eran extraordinariamente difíciles de organizar, que siempre había que argumentar y convencer de su necesidad a aquellos que aceptaban hacerlos, que nunca se trataba de misiones de ”ida y vuelta”, sino solamente de una u otra, que las personas que habían llevado documentos no traían nada de vuelta y viceversa.[101] Las escasas informaciones de que disponemos parecen indicar que los ”viajes especiales” no eran por supuesto viajes turísticos, muy sospechosos entonces ya que eran escasos en la época, sino que eran desplazamientos normales de militantes de los aparatos de la Internacional Comunista o del KPD (Partido Comunista Alemán) que simpatizaban con la Oposición de Izquierda y aceptaban convertir sus misiones en misiones especiales. Solo disponemos de un testimonio sobre esto, el del alemán Karl Grohl, que garantizó a Sedov, en febrero de 1933, una ”misión especial” en Moscú, con ocasión de un viaje realizado por cuenta de la empresa de Münzenberg.[102]

La correspondencia proveniente de la Unión Soviética que aparece muy regularmente en el Biulleten era entonces en realidad una correspondencia un tanto peculiar, heterogénea, formada a la vez por extractos de relatos auténticos de militantes rusos y de textos redactados por Sedov sobre la base de relatos orales, de cartas personales recibidas por sus contactos, etc.

Las primeras provenían generalmente de Moscú, pero también de Leningrado, Kharkov e incluso de Tashkent o de muchos lugares de deportación. Estaban evidentemente firmadas con seudónimos, a veces con simples iniciales, y daban en general informaciones interesantes no solamente sobre la vida del partido, las intrigas del aparato, el estado de ánimo de las masas y las condiciones de vida, sino también sobre la represión, el destino y la moral de los prisioneros y exiliados. En un primer período, figuran los relatos firmados ”N”, a partir de 1930, los ”NN”, antes de que apareciera ”TT”. ¿Quiénes eran estos hombres? Sin duda no lo sabremos jamás. Por otra parte hemos mencionado que uno de ellos era aparentemente el bolchevique de Moscú Andrei Konstantinov, Kostia, miembro del partido desde 1916, detenido a fines de 1932, ulteriormente deportado a Arkhangelsk, y luego a Vorkuta. Conocernos también al moscovita Ianuchevsky, – Ian – detenido sin duda en 1930, transferido de Verkhneuralsk a la prisión central de la GPU de Moscú – donde desapareció para siempre.

Es a esta primera categoría de Informes” más que a las cartas de donde provienen los documentos referidos a la deportación y también a la vida en las ”cárceles de aislamiento”, transmitidas por los responsables soviéticos a costa de miles de dificultades: así, el texto redactado en Verkhneuralsk en junio de 1930 por Iakovin, Solntsev y Stopalov llegó a Prinkipo el 10 de octubre. La demora no fue mucho más larga entre el comienzo de la primera huelga de Verkhneuralsk en 1931 y la información transmitida en el Biulleten Oppositsii, que además publicó la lista nominal de ciento diecisiete huelguistas de hambre distinguiendo ”bolcheviques-leninistas” de ”decistas”.

El segundo tipo de documentos recoge cartas personales o extractos de las mismas que contenían informaciones concretas, o cartas fabricadas a partir de materiales recolectados por la correspondencia o conversaciones; a partir de confidencias de los responsables que viajaban al extranjero, a menudo recogían hechos interesantes, rumores que a principios de los años treinta circulaban dentro del aparato: en general suministraban informaciones que luego serían confirmadas décadas más tarde tras la muerte de Stalin. Las más interesantes pertenecen al período en el que la Oposición rusa, a fines de 1932, comenzaba a salir de su aislamiento y se preparaba a entrar en el “bloque de las oposiciones”.

El giro de 1932-1933

Sin embargo, la crisis que atravesaba el país, el hambre que arrasaba a regiones enteras, la miseria y la sub-alimentación de los trabajadores de las ciudades y el endurecimiento de la represión contri­buyeron a aislar poco a poco a una dirección que ya nadie se atrevía espon­táneamente a calificar de ”genial”. El descontento y la desconfianza se apoderaron no sola­mente del partido sino también del mismo aparato. Una de las primeras consecuencias fue el comienzo de una reestructuración de la Oposición, la perspectiva de su reconstrucción en tanto que organización, beneficiándose de la corriente general de oposición a Stalin. Desde este ángulo, los recientes descubrimientos basados en los papeles del exilio de Harvard[103] permiten dilucidar un capitulo muy nuevo de la historia de la Oposición de Izquierda en la URSS.

En efecto, desde 1932, las organizaciones o grupos de oposición, las iniciativas contra la política de Stalin no dejaban de multiplicarse en el seno mismo del aparato. En 1930, el comité del partido de Transcaucasia, dirigido por VV Lominadzé[104], hasta el momento uno de los favoritos de Stalin, votó una resolución muy dura contra la política económica del partido, y denunció el abismo que se agrandaba entre los burócratas y las masas. En el mismo sentido, el presidente del Consejo de los Comisarios del pueblo de la URSS, Sergei I Syrtsov[105], elaboró un texto crítico. Estas no eran iniciativas individuales, y la GPU, alertada por las coincidencias que existían entre ellas, lo descubriría rápidamente. Syrtsov y Lominadzé eran en efecto los organizadores de un grupo clandestino de oposición con extendidas ramifica­ciones, que incluía especialmente a intelectuales bolcheviques como Jan E Sten, el filósofo, pero también cuadros de las juventudes comunistas de la época revolucionara, Lazar Chatzkin y Nikolai Chaplin[106]. Por otra parte, se constituyeron otros grupos, como, por ejemplo, en el Comisariado de Agricultura, que impulsaba el antiguo comisario AP Smirnov con el director de transportes y el de abastecimientos de la URSS, Nikolai Eismont, y Tolmatchev.[107]

En 1932, estos hombres, a los que Trotsky con razón consideraba “capituladores”, hicieron el balance de su intento de reintegrarse al partido y de insertarse en su actividad bajo la dirección de Stalin: fue un balance terriblemente negativo ya que su capitulación no había servido más que para desacreditarles. Los zinovievistas se reunían regularmente para discutir los problemas del momento, pero también los del pasado. La catastrófica política alemana de Stalin les impulsaba contra él al igual que la crisis económica que arrasaba al país. Zinoviev se arriesgó a plantear la concepción de Lenin sobre el frente único, opuesto al “frente único por la base” preconizado en Alemania por Thaelmann[108], el discípulo de Stalin.

En realidad, los dos dirigentes de la “nueva oposición” comenzaron a medir el alcance del error que habían cometido en 1927 al romper con Trotsky, todo para quedarse de rodillas en ese partido donde, de todos modos, no eran más que unos rehenes impotentes. De conversación privada en conversación privada, Zinoviev y Kamenev comenzaron a tantear el terreno a su alrededor y a buscar aliados.

Entre los viejos trotskistas, Ivan N, Smirnov parece haber sido el más activo, en el sentido de retomar una actividad clandestina, prudente pero decidida. A su alrededor se encontraban los que habían capitulado al mismo tiempo que él: el armenio Ter-Vaganian, Ufimtsev[109], y hasta Preobrajensky, precursor de la capitulación junto a Radek. Se reunía información, se buscaban contactos. En el mes de junio de 1932, comenzaron las negociaciones con el grupo ”izquierdista” de los ex-estalinistas separados en 1930, por intermedio de Ter-Vaganian que desde hacía algunos años se había unido a Lominadzé. La idea de formar un ”bloque” de las oposiciones de ex-capituladores y ex-estalinistas se puso al día.

Fue probablemente en la misma época cuando nació clandestinamente un grupo original de oposición, conocido bajo el nombre de grupo Riutin.[110] El punto de partida fue el desconcierto, luego la furia de los antiguos cuadros ”derechistas” del partido ante la capitulación de sus dirigentes y en particular de Bujarin. No fue solamente el hecho de que los jefes de la derecha habían capitulado sin combate, víctimas de un ”régimen” de partido que ellos mismos habían contribuido a crear, sino también les excesos insensatos de la colectiviza­ción parecían darles la razón en línea con las advertencias que habían lanzado vanamente. Degradados a partir de 1928-29, conservando no obstante puestos en el aparato de Moscú, los apparatchikis Riutin, Uglanov[111], rompiendo con su fracción de forma tradicional, lanzaron la idea de la conciliación de las oposiciones. Para ellos, Bujarin había tenido razón en el plano de la polémica económica y Trotsky en la del partido. Su plataforma de 165 páginas presentaba un programa de restauración de la democracia interna del partido y desarrollaba la necesidad de “echar a Stalin”. El grueso de sus partidarios estaba constituido por derechistas como los “profesores rojos” Slepkov y Maretsky, los antiguos protegidos de Bujarin, pero también reclutaban a sectores de izquierda como por ejemplo el viejo obrero bolchevique de Leningrado, Kaiurov[112]. La plataforma circuló en el partido y aún en las fábricas. En el verano, Riutin fue detenido y encarcelado.

En este periodo las cuestiones ya se habían escorado mucho hacia la izquierda. El grupo de Smirnov discutió con los zinovievistas, con los ”izquierdistas” del grupo de Lominadzé y se acordó constituir un ”bloque” al que se pidió que se adhirieran también los trotskistas. Cuando se desarrollaba esta discusión en septiembre fue cuando golpeó la represión: Zinoviev y Kamenev fueron expulsados del partido al mismo tiempo que los principales dirigentes del grupo Riutin, acusados unos y otros de haber formado una organización para restaurar ”al capitalismo y al kulak”. Algunas semanas más tarde, le tocó el turno de caer al grupo Smirnov, seguido algunas semanas después por el grupo Eismont-Tolmatchev. El bloque no había vivido más que algunas semanas e incluso, no había tenido tiempo de dotarse de una dirección, porque dos de los grupos que lo constituían habían sido decapitados ya en el otoño de 1932.

No es, sin embargo, la misma historia que comienza de nuevo. Primero porque no es del todo seguro que la existencia del bloque haya sido descubierta en esa época, como lo sugiere el hecho de que los miembros del grupo Sten-Lominadzé no habían sufrido la represión renovada más que en forma de algunas medidas de deportación. Oficialmente, Zinoviev y Kamenev habían sido excluidos del partido por haber tenido conocimimiento de la plataforma de Riutin y no haberlo denunciado. En realidad es posible que la GPU no supiera más que eso. El principal militante trotskista detenido en este período, Andrei Konstantinov, no fue por otra parte arrestado como tal en diciembre de 1932, sino sólo por pronunciar palabras imprudentes: cuatro años más tarde, a su salida de la URSS, Víctor Serge no le situó en la categoría de detenidos trotskistas.[113]

Así pues, la mayoría del Buró Político no siguió a Stalin, quien quería una represión mayor al tiempo que reclamaba la cabeza de Riutin afirmando que su ”plataforma” era un llamamiento para asesinarle.[114]

Por otra parte, en la carta donde Sedov informa a Trotsky del nacimiento del bloque[115] también menciona lo que él llamaba ”el hundimiento de los viejos”, alusión sin duda a Karl Grunstein a quien Trotsky, en su respuesta, calificó de ”capitulador”. Pero Sedov precisaba que los vínculos obreros habían sido preservados: la Oposición de Izquierda parecía salir de su aislamiento y ser capaz de realizar nuevos progresos. El informe de febrero de 1933 demuestra en efecto un sentimiento de optimismo y ofrece la imagen de un grupo que disponía de al menos numerosos canales de información.[116] Ahora bien, todo cambiaría bruscamente con la victoria en Alemania de las bandas hitlerianas.

Con la desaparición del movimiento obrero y comunista alemán también desapareció la red de Sedov – obligado, además, a dejar Alemania: las relaciones de la Oposición rusa con el exterior se quebraron definitivamente. Su aislamiento se consumó al fin. Stalin, por otra parte, se beneficiaría de la desmoralización provocada por el desastre, por la inquietud que despertaba entre todos los que dudaban combatirle la amenaza cada vez más visible de un enemigo mortal. La relativa disminución del terror durante los años 1933-1934, la mejora de la situación económica tras una buena cosecha y un mejor abastecimiento, contribuyeron a hacer posible esta suerte de unión sagrada que el peligro exterior parecía demandar. Desde el mes de marzo de 1933, Zinoviev y Kamenev, descendiendo un paso más hacia el abismo, capitularon de forma más vergonzosa aún con el fin de ganarse el derecho de volver a Moscú y ser reintegrados en el partido. Los partidarios del ”bloque” parecían haberse dispersado nuevamente en un periodo en el que era posible creer que el ”liberalismo” de Kirov y sus aliados había hecho entrar en razón a Stalin.

Fue en el marco de este relativo repliegue y de una situación mundial marcada por el triunfo de la reacción y el camino hacia la guerra que Stalin pondría en práctica el mecanismo que le permitiría liquidar a los viejos cuadros del partido, comenzando por los miembros del bloque, destruir definitivamente a la Oposición de Izquierda y aterrorizar y llenar de estupor a las masas soviéticas por décadas.

El comienzo del fin

La Oposición de Izquierda no podía sobrevivir físicamente a la derrota de la clase obrera mundial frente a la contrarrevolución en Europa, fenómeno efímero es cierto, pero de una duración considerable a escala de la vida humana,.

En un primer momento, fue el rigor del régimen de detención infligido por la GPU a los hombres y a las mujeres de las organizaciones debilitadas lo que golpeó más duramente las filas de la Oposición: fueron condiciones materiales realmente horrorosas y un aislamiento cada vez más férreo.

La lista de muertos no hizo sino aumentar . El primero fue Koté Tsintsadzé. Inmediatamente después le llegó el turno a otra vieja militante bolchevique georgiana, Elena Tsulukidzé. Luego el de dos héroes de la guerra civil: Aleksandr Rosanov y Boris Zelnitchenko. Las informaciones que se filtraban no eran a menudo más que alarmantes informes de salud. Boris M. Eltsin apenas sobrevivía, Lado Dumbadzé tenía los dos brazos definitivamente parali­zados, Iossif Eltsin se moría de tuberculosis, al igual que Filip Schwalbe que escupía sangre de los pulmones, y la compañera de Pevzner a la que su tío hizo – demasiado tarde – que la trasladaran a Crimea. Incluso los jóvenes fueron alcanzados por esta situación: EB Solntsev, tras los años de aislamiento y de muchas huelgas de hambre, sufría de escorbuto Mussia Magid estaba obligada a guardar cama de forma permanente, tuberculosa desde Verkhne­uralsk, como Vassu Donadze y NI Mekler.

En esta acción de aniquilación tan sistemática como hipócrita, dos hombres fueron particular­mente golpeados, Sosnovsky y Rakovsky. El primero, tras la ejecución de sus camaradas de la GPU que lo habían apoyado por un momento en su combate, fue literalmente enterrado vivo. Ese gran enfermo – diabético – se vió impedido a seguir el régimen alimentario que hubiera podido salvarlo temporalmente. Stalin, que temía su acerada pluma y su lenguaje popular, no tuvo ningún remordimiento por los métodos: todo lo que se sabia de Sosnovsky después de 1930 era que ese notorio enfermo iba a morir.

Rakovsky, después de Astrakán y Saratov, estuvo en Barnaul bajo unas condiciones materialmente abominables para su enfermedad cardíaca, donde el rigor del invierno llegaba a alcanzar durante semanas enteras los 50 grados bajo cero. No obstante, logró trabajar allí, haciendo llegar a Trotsky y a Sedov cartas llenas de ardor, combatividad y sabiduría, y logrando hacer llegar al extranjero un voluminoso trabajo sobre ”Los problemas económicos de la URSS” , centrado en el fracaso del Plan quinquenal y en la necesidad de una ”retirada económica”. Sin embargo el silencio rápidamente también rodeó a su figura, sólo interrumpido por los rumores periódicos que anunciaban, como para Sosnovsky, su muerte en el exilio, lo que algunos esperaban pero que muchos temían, incluso en los círculos del poder. Se cree saber, por los lazos que Trotsky mantenía en Prinkipo con el nieto de Rakovsky, médico de París, que el viejo luchador, convencido de que no podría resistir indefinidamente a la máquina de reventar a los hombres más indestructibles, decidió finalmente jugarse el todo por el todo en una tentativa de evasión que lo conduciría hasta Mongolia exterior, Preso nuevamente, gravemente herido, habría sido trasladado a Moscú y curado, sometido al mismo tiempo a insoportables presiones, a las cuales habría resistido, condenado nuevamente al exilio, esta vez a Yakutsk, en la región de la noche polar.

Fue finalmente en 1934 cuando los dos hombres, tan salvajemente perseguidos durante años, se hundieron definitivamente.[117] Capitularon con algunos días de intervalo y fueron llevados nuevamente a Moscú.

Con esta capitulación – una muerte política que no era en realidad más que una etapa en medio del calvario- aceptaban de allí en adelante renegar de lo que había sido toda su vida. ¿Se explica solamente por la atroz persecución a la que habían sido sometidos estos dos hombres ya viejos, por el agotamiento moral y psíquico de personas enfermas a las que la vida no les dio descanso? El debate está abierto. Pero, irrefutablemente, el tono y los acentos de la primera declaración de Rakovsky lo sugieren, un factor importante de su decisión fue su apreciación – sobre la base de las informaciones recibidas – de la situación internacional: los dos hombres tenían conciencia, en efecto, desde hacía años, del peligro mortal que significaría para la Unión Soviética una victoria de Hitler en Alemania y de sus inevitables consecuencias mundiales.[118]

El obrero oposicionista armenio Arven A. Davtian, antiguo oficial del Ejército Rojo, contaría un poco más tarde que, en la misma época, él solicitaba su reingreso en el partido, comprome­tiéndose a silenciar definitivamente sus ideas, y que adoptaba este gesto en nombre de la necesidad de la unión sagrada contra los fascistas.[119] Víctor Serge, por su parte, contó como el obrero ucraniano Iakov Byk, uno de los antiguos miembros del comité de huelga de Verkhneurulsk, recibiendo la declaración de Rakovsky y considerándola digna, creyó en la posibilidad de un compromiso, el reconocido derecho de la Oposición de servir sin renegar de su pasado. Así lo transmitió a las autoridades locales que lo mandaron en avión a Moscú. Allí, cuando comprendió lo que se le proponía, solicitó simplemente volver al lugar de donde había venido.[120]

La reacción que suscitó la capitulación de los dos veteranos sólo afectó al parecer a Byk, y un error de apreciación idéntico, rápidamente corregido, fue el que cometieron, según Víctor Serge, al mismo tiempo los dos Eltsin, padre e hijo.[121] Las tres primeras olas de capitulaciones, en 1928-1929, habían templado definitivamente a los hombres de la segunda generación bolchevique-leninista, que con razón conocían bien la fuerza del mecanismo que había quebrado a sus antecesores. Por lo demás, como señaló Ciliga en Verkhneuralsk, ”Rakovsky no jugaba ningún rol autónomo en la Oposición, pues ésta reconocía como jefe sólo a Trotsky. Rakovsky era escuchado sólo como representante de Trotsky”[122]. En resumen, Rakovsky y Sosnovsky no sellaron más que su suerte personal.

Los últimos años

La victoria de Hitler en Alemania desequilibró a escala mundial la relación de fuerzas entre las clases: esto le permitió a Stalin en la URSS dar una ”solución final” – sin precedentes en la época – a la cuestión de la Oposición de Izquierda.

No es fácil reconstruir la trama de esos años en los que Víctor Serge se preguntaba si no había llegado la “medianoche del siglo”. Ya no había más comunicaciones entre la URSS y Trotsky: ningún militante ni simpatizante se habría atrevido a correr el riesgo de escribir. La GPU no dejaba de aumentar su presión: a partir de 1935, logró colocar cerca de León Sedov, en París, a uno de sus agentes, Zborowski, que militaba bajo el seudónimo de Etienne, el cual infor­maba directamente todo lo que averiguaba.[123] El pequeño grupo ruso de París estaba desgarrado por las sospechas que difundía Etienne a fin de protegerse a si mismo.[124]

Los últimos elementos de información llegaron por correo con los últimos militantes que lograron huir de la Unión Soviética: Davtian-Tarov, que llegó a Persia en agosto de 1935, Ante Ciliga, que desembarcó en Praga en diciembre del mismo año, Víctor Serge finalmente liberado, que llegó a Bruselas en abril de 1936. En el transcurso del año 1937, las hombres que rompieron con la GPU, Ignace Reiss, Valter Krivitsky[125], aportaron igualmente elementos, desde otro punto de vista. Estos fueron ya los últimos.

A través de sus informaciones es como se pueden reconstituir algunos fragmentos de lo que sucedió en la URSS durante esos últimos años en los que la Oposición agonizaba. Parece que, hacia 1933 o 1934, los deportados de la Oposición habían alimentado una débil esperanza de mejorar su suerte – posiblemente en el marco de la política de distensión relativa inspirada, y sin duda impuesta a Stalin, por aquella oposición del aparato que había hecho de Kirov su candidato al primer puesto. Aquí y allá se interrumpió la renovación automática de las condenas y autorización para que vivieran en el exilio los antiguos confinados en las ”cárceles de aislamiento”. Se dio incluso el caso de que un viejo bolchevique, miembro de la Oposición, fuese liberado sin haber capitulado: se trata de NI Muralov, autorizado a trabajar como agrónomo en Siberia. Muchos dirigentes de la joven generación de la Oposición, que habían dejado en esa época la ”cárcel de aislamiento”, vivían de forma precaria, en el exilio, a veces junto a su familia. Se sabe por ejemplo que Víctor Eltsin estuvo desde 1933 hasta 1935 en Arkhangelsk, y VE Pankratov en Orenburg. En 1934, ER Solntsev, tras una doble ampliación de hecho de su condena fue autorizado a vivir en el exilio en Siberia – G. Ia. Iakovin vivía en condiciones parecidas en Stalinabad – Guevorkian estaba igualmente “libre”. Pero esto no fue más que una muy breve tregua. El 1o. de diciembre, el joven comunista Leonid Nikolaiev mató a tiros a Kirov en Smolni: la GPU –con Stalin detrás de Iagoda – movió los hilos de la ”conspiración” para justificar el baño de sangre que estimaba necesario reanudar. A los pocos días la primera oleada de arrestos puso punto final a los sueños audaces de semi-libertad que desde el exilio alimentaron ciertos oposicionistas. Todos fueron arrestados, sin excepción, con duras condenas: muchos de ellos son los desaparecidos. La renovación automática de las penas se retomó como mecanismo inflexible dirigido por la dirección colegiada de la GPU, rebautizada como NKVD.

Sólo hubo unas pocas capitulaciones en este periodo. Se hablaba en 1935 de Verónika S. Kasparova, de edad avanzada y muy enferma. Nadie creyó en la capitulación anunciada de Stopalov por cuanto en la misma se vió “una maniobra”. Por otra parte, la llegada a los ”campos” de decenas de miles de nuevos detenidos, entre los cuales había una mayoría de jóvenes, parecía procurar a los bolcheviques-leninistas de tropas frescas, refuerzos de combatientes y futuros cuadros. Rápidamente se reagrupó a los bolcheviques-leninistas con el fin de aislarlos de la masa de deportados y condenados. Los ”campos” se asemejaban cada vez más a ”campos de concentración”, y las ”cárceles de aislamiento” renovaron su población: el trotskista VF Pankratov, volviendo a Verkhneuralsk en 1935, encontró en la misma celda a Kamenev, Slepkov y Smilga.

¿Intentaron algunos de los hombres de la joven generación en el exilio reconstruir en 1934 si no una organización en la forma, al menos el centro de una red? Cabe dudar de ello junto con Victor Serge que juzgaba imposible semejante empresa. No obstante, de ello fueron acusados en 1935 G Ia. Iakovin, Kh. M. Pevzner, VF Pankratov y EB Solntsev. Este último murió en enero de 1936, en el hospital de Novosibirsk, tras una huelga de hambre victoriosa contra una prolongación de las condenas, y la negativa de la GPU de dejarlo vivir en el exilio en Minussinsk con su mujer y su hijo.[126] Pankratov y Pevzner recibieron ambos cinco años adicionales en la “cárcel de aislamiento” y fueron enviados, uno a Verkhneuralsk y el otro a Cheliabinsk, desapareciendo para siempre, el primero sólo había logrado hacer saber a sus amigos de Oremburg que el proceso había ”sido espantoso”.[127]

Los militantes de la Oposición de Izquierda fueron ejecutados sin proceso y muchos de ellos sin duda perecieron durante la preparación de los espectaculares procesos, de esas farsas en las que no es difícil imaginar cuánto hubiera deseado Stalin hacer comparecer, como acusado que confiesa sus crímenes y vierte lagrimas de sangre, a alguno de los ”irreductibles” que no habían dejado de enfrentársele durante años. El propio Trotsky temía, no sin razón, ante el anuncio de cada proceso, ver figurar a alguno de ellos, quebrado por los métodos perfeccionados cuya eficacia no subestimaba. De todos los hombres que no habían capitulado Stalin sólo logró finalmente quebrar a Muralov, a quien curiosamente había protegido dejándole ejercer libremente su profesión de agrónomo en la región de Novosibirsk. Este golpe – muy duro para Trotsky – fue el único. Entre los acusados en los tres grandes procesos de Moscú figuraron algunos nombres de antiguos dirigentes o militantes de la Oposición, pero, a excepción de Muralov, todos esos hombres ya habían ”capitulado” años antes y habían renegado públicamente, Zinoviev y Kamenev, Piatakov y Krestinsky desde 1928, Smirnov, Mratchkovsky, Boguslavsky, Ter-Vaganian, después de Radek, en 1929, y finalmente Rakovsky en 1934. Pero ninguno de los bolcheviques-leninistas encerrados en las ”cárceles de aislamiento» durante años, que habían permanecido fieles a la organización y a su programa, colaboró finalmente, ni siquiera bajo tortura, con los procesos prefabricados; la mayoría de ellos pagaron esa negativa con su vida.

Sólo disponemos de un testimonio de lo que eran estos hombres en 1936, el de Víctor Serge. Escribía a Trotsky, el 27 de mayo de 1936, poco después de su liberación y de su llegada a Bélgica:

Somos muy poco numerosos en este momento: unos centenares, alrededor de quinientos. Pero estos quinientos ya no claudicarán. Son hombres templados, que han aprendido a pensar y sentir por sí mismos y que soportan con tranquilidad la perspectiva de una persecución sin fin. En las cárceles de aislamiento” nuestros camaradas en total sólo llegan a unas decenas frente a centenares de zinovievistas, derechistas y otros gusanos estalinistas. Entre nosotros, no hay gran unidad de puntos de vista. Boris Mikh (Mikhailovitch Elstin) decía: ”Es la GPU la que fomenta nuestra unidad”. Dos grandes tendencias nos dividen aproximadamente por la mitad: los que creen que hay que revisar todo, que se han cometido errores desde el principio de la revolución de Octubre y los que consideran al bolchevismo como inatacable desde sus inicios. Los primeros se inclinan a considerar que en las cuestiones de organización usted tenía razón junto con Rosa Luxemburgo y, en algunos casos, respecto a Lenin en otra época. En este sentido, hay un trotskismo cuyas raices vienen de lejos (personalmente soy de esta opinión, pensando siempre que los principios de organización de Lenin se ensayaron en un periodo y en un país determinado, particularmente atrasado). Nos dividimos también por la mitad en relación a los problemas de la democracia soviética y de la dictadura (fuimos los primeros partidarios de la más amplia democracia obrera en el marco de la dictadura: mi impresión es que esta tendencia es con mucho la más fuerte). En las ‘cárceles de aislamiento’ un grupo llamado de ‘capitalismo de Estado’ (Goskappisty) se ha definido: dicen que el capitalismo de Estado hacia el cual marchan igualmente Mussolini, Hitler y Stalin, es hoy en día el peor enemigo del proletariado. Son poco numerosos, pero hay entre ellos camaradas de lo más capaces (...) Resistir se vuelve cada vez más difícil, si no imposible (...) En general, no hay más autoridades, pues los viejos se han desacreditado y los jóvenes intentan pensar por sí mismos. Por “viejos”, entiendo aquí a la generación de oposicionistas del 23 al 28 de los cuales no quedan más que algunos cuadros admirables, jóvenes de otras épocas como Iakovin y los Dingelstedt. En las ‘cárceles de aislamiento’ y en otras partes, uno encuentra ahora sobre todo a los oposicionistas trotskistas de 1930-1933. Una sola autoridad subsiste: la suya. Usted posee allí una situación moral incomparable, de devoción absoluta”.[128]

Dejemos de lado la polémica, vana, sobre la cuestión de saber el porcentaje de bolcheviques-leninistas que se ubicaban en las posiciones ”revisionistas” de Serge y de aquellos que permanecían fieles a una ”ortodoxia de la que desde hacía mucho tiempo no tenían todos los elementos, análisis concretos de una situación concreta. Ni Serge ni ninguno de sus camaradas de entonces tenían la posibilidad de poseer sobre estas cuestiones una visión de conjunto, Tengamos en cuenta simplemente que Serge recibió la misión, de parte de dos viejos militantes, de solicitar a Trotsky la confirmación sobre puntos que consideraban capitales: Boris M. Eltsin quería saber si Trotsky pensaba igual que él, si en caso de guerra la Unión Soviética debía ser defendida incondicionalmente, y Vassili M. Tchernykh, antiguo Comisario Político del Ejército Rojo, antiguo jefe de la Cheka en los Urales, pensaba que no se podía hablar más en la URSS de ”dictadura del proletariado”, que la burocracia era ”una clase social distinta” y que había que construir un nuevo partido” en la URSS[129]. Lo que es cierto, es que los trotskistas de la Unión Soviética mantuvieron a la vez su fidelidad a la persona de Trotsky en tanto que símbolo de la revolución de Octubre y de un partido vivo, así como un compromiso indefectible con la democracia obrera como lo atesigua su propia diversidad, factor, precisamente, de su unidad inquebrantable frente a la contrarrevolución en los años más negros.

A partir de las noticias de Serge se hace un largo silencio sobre la suerte de los trotskistas en la URSS. No será hasta 1961 que los recuerdos de un antiguo prisionero político de Vorkuta aporte elementos de información que completan un manuscrito (“samizdat”) y finalmente está el libro de la más ilustre de los escasos sobrevivientes, Maria Mikhailovna Joffé[130], la viuda del diplomático soviético amigo de Trotsky que se había suicidado en 1927 y cuyo entierro había dado lugar a la última manifestación pública de la Oposición en Moscú. Podemos de ahora en adelante encontrar, hacia finales de 1936, el rastro de algunos de esos hombres y de esas mujeres que hemos intentado seguir aquí desde 1928 y acompañarles hasta su muerte, fue la “última hornada” de trotskistas soviéticos.

Estas fuentes, muy diferentes por sus orígenes y fecha de publicación, coinciden en algunos puntos esenciales. En efecto, según los tres autores, la casi totalidad de los bolcheviques-leninistas que sobrevivían en esta fecha en la Unión Soviética, fueron reagrupados en el curso del año 1936 entre las dimas de los campos de la Petchora, cerca de Vorkuta, en ese “presidio más allá del circulo polar” como decía uno de ellos. Muchos hombres faltaban al pase de lista, víctimas sin duda de la “preparación” de los procesos públicos: ni Dingelstedt, ni Pankratov, ni Pevzner, ni Man Nevelson, ni Víctor Eltsin, ni Sermuks, estaban allí. Mucho menos Solntsev, muerto al comenzar el año. Pero hay, de todos modos, decenas de nombres que conocemos: Igor M. Poznansky, el antiguo secretario de Trotsky, G. Ia. Iakovin, el armenio Sokrat Guervorkian, el veterano VV Kossior y su compañera Pacha Kunina, Mussia Magid, Ido Chumskaia, los dos hermanos de Koté Tsintsadzé, Khotimsky, Andrei Konstantinov, Karlo Patskachvili, Karl Melnais, Vasso Donadzé, Sacha Milechin, ya mencionados en el curso de este trabajo, así como, por supuesto, la misma María M. Joffé. Hay que agregar, entre otras personalidades, a una mujer que fue la amiga personal de Natalia Sedova, Faina Viktorovna Iablonskaia, profesora de historia en el Instituto de periodismo en 1927, verdadera jefa del estado mayor de la Oposición cercana a Trotsky en los últimos días de 1927, y la antigua dirigente de las Juventudes Comunistas Raia V. Lukinova.

El menchevique MB, escapado de Vorkuta, describió a estos militantes – sus adversarios políticos – que calculaba en varios millares, de los cuales había mil en el campo donde vivía: se negaban a trabajar más de ocho horas, ignoraban el reglamento sistemáticamente, de forma organizada, criticaban abiertamente a Stalin y la línea general de conjunto declarándose, al mismo tiempo, listos para la defensa incondicional de la URSS. En el otoño de 1936, después del primer proceso de Moscú, organizaron mitines y manifestaciones de protesta, luego hicieron votar una huelga de hambre en asamblea general, después de la intervención de sus dirigentes. Sus reivindicaciones eran, según María M Joffé, 1) El reagrupamiento de los presos políticos, y su separación de los presos comunes 2) la reunión de las familias dispersas en campos diferentes, 3) un trabajo conforme a la especialidad profesional, 4) el derecho a recibir libros y diarios, 5) la mejora de las condiciones de alimentación y vida.[131] El menchevique MB agregaba a la jornada de ocho horas, una alimentación suplementaria de la que marcaban las normas, el traslado de los inválidos, mujeres y ancianos fuera de las regiones polares. El comité de huelga elegido estaba formado por G. Ia. Iakovin, Sokrat Guevorkian, Vasso Donadzé y Sacha Milechin[132], todos bolcheviques-leninistas, los tres primeros, veteranos de las huelgas de hambre de 1931 y de 1933 en Verkhneuralsk.

La huelga, comenzada el 27 de octubre de 1936, duró ciento treinta y dos días. Todos los medios fueron empleados para quebrantarla: alimentación forzosa y suspensión de la calefacción con temperaturas de 50 grados bajo cero. Los huelguistas resistieron. Bruscamente, a principios de marzo de 1937, las autoridades penitenciarias cedieron ante una orden proveniente de Moscú: todas las reivindicaciones fueron satisfechas y los huelguistas fueron alimentados progresivamente bajo control médico.

Después de algunos meses de tregua comenzó nuevamente la represión. La alimentación fue reducida, la ración de pan rebajada a 400 gramos por día y los presos comunes fueron incitados a la violencia. Luego los trotskistas, casi en su totalidad, y los que los habían acompañado en la huelga de hambre, fueron reagrupados en construcciones aparte en Vorkuta, en una vieja fabrica de ladrillos – rodeados de alambradas de espino y vigilados militarmente día y noche.

Una mañana de marzo de 1938 treinta y cinco hombres y mujeres, bolcheviques-leninistas, fueron llevados a la tundra, alineados a lo largo de fosas preparadas y ametrallados. María M. Joffé escuchó ese día el nombre del primero de la lista de los fusilados, Grigori Ia. Iakovin, el ”profesor rojo” cuyo nombre era seguido por el de otros miembros del comité de huelga.[133] Día tras día, las ejecuciones continuaron de la misma forma durante más de dos meses. El hombre que fue encargado por Stalin para la “solución final” del problema de la Oposición de Izquierda se llamaba Kachketin. María M. Joffé, a la cual interrogó durante meses, le atribuía decenas de miles de víctimas.

En su conmovedor testimonio, en el que revive la lucha cotidiana contra la represión de personalidades excepcionales como sus camaradas bolcheviques-leninistas Konstantinov, Patskachvili, Zina Kozlova, no hizo sino un relato circunstancial de esos asesinatos.

Fue un hombre, un antiguo detenido, el que relató en 1938 la primera ejecución colectiva que acababa de atestiguar en la fábrica de ladrillos de Vorkuta[134]. Así relataba la vida en esas barracas:

”Teníamos un diario oral, “Pravda Detrás de los Barrotes”, formábamos pequeños grupos, círculos, donde había mucha gente instruida e inteligente. De vez en dando publicábamos una hoja satírica, Vilka; el delegado de nuestra barraca era periodista, y las personas se dedicaban a dibujar sobre las paredes. También reíamos. Había muchos jóvenes”.[135]

María Joffé cuenta, a su vez:

La fábrica de ladrillos había reunido bajo su techo destartalado a lo mejor de la élite creadora de los campos; la crema de los espíritus valientes y audaces con sus argumentos y su formación, su capacidad de dar respuestas lógicas, a veces proféticas, habían aportado un dinamismo vital a la existencia estática, intolerable, en esa barraca increíblemente gélida y llena de enfermos (...) La acidez penetrante de su sarcasmo revelaba la verdad sobre una realidad aparentemente incomprensible (...) Un día se les suministró una ración de tabaco: ‘Prepárense para un viaje’. Eso fue como una inyección de elixir de vida (…) Se precipitaron ese día saludando el aire puro, a un camino blanco y posiblemente a una nueva vida. Prepararon rápidamente sus pertenencias: eran personas que sabían reír y sentir placer (...) Menos de una hora después, como un tronco con las raíces cortadas, caía el primer cuerpo. Tras él, una fila entera de hombres y mujeres como ramas muy endebles, como masas informes, caían en desorden al fondo de la cantera. Y el peso de los cadáveres que venían a continuación terminarían recubriéndoles.

Los que disponen de un pensamiento auténtico son siempre una minoría. Son de los que se desembarazan primero: Uno! Dos! Fuego! Sin moverse, cerca de sus tumbas, cantaban ”Torbellinos del peligro”... Las palabras de las canciones se confundían con el estruendo de las balas.

Kuchketin, sin moverse desde un flanco, daba la señal a los verdugos. Todo era borrado, abatido, los cánticos, los espíritus, las vidas. Se pisoteaban páginas de historias inconclusas. ¿Cuánto hubieran podido dar ellos todavía a la revolución, al pueblo, a la vida? Pero ya no están. Definitivamente y sin retorno posible”.[136]

Primer balance

Este breve ensayo histórico nos ha parecido necesario para presentar documentos de inmenso interés en este número y el siguiente. En esta documentación hemos encontrado un complemento necesario para nuestra recopilación documental preparada para la presentación de las Obras de Trotsky. Nuestro objetivo se vería en gran parte colmado si provocara en un futuro cercano trabajos sistemáticos sobre la Oposición de Izquierda en la URSS, especialmente a través de los papeles de exilio de Trotsky.

Pero nos parece que hemos aprendido a lo largo de este camino. Desde luego, el cineasta que emprendiera hoy la tarea de contar esta historia no podría concluirla más que mediante la secuencia descrita por María M Joffé sobre la muerte de Faina V Iablonskaia, ”bella y (quien) mantenía la cabeza alta a pesar de tener sus manos atadas detrás de la espalda”[137], debajo del vestido teñido de sangre de la antigua Komsomol Raia V Lukinova que yacía sin vida en la nieve.[138] Pero nuestra concepción de la historia va más lejos que tras la mera reconstrucción de una de las más espantosas tragedias de este siglo, rico, no obstante, en genocidios.

Era común, después de algunos años, durante los años treinta, particularmente en el caso de los historiadores norteamericanos, presentar a Trotsky como “completamente aislado” de la realidad soviética, hasta el punto de haber ignorado totalmente la crisis del aparato y la prehistoria del asesinato de Kirov. Los descubrimientos de los investigadores del Instituto León Trotsky sobre el “bloque de los oposicionistas” de 1932 demuestran lo incorrectas que eran semejantes interpretaciones.

Cabe añadir que, hasta el presente, los historiadores de la Unión Soviética y del movimiento comunista – incluido Isaac Deutscher[139] – se han interesado mucho más por Trotsky que por los trotskistas y, en cierto modo, han participado del mismo enfoque.

Recientemente, una escuela de pensamiento – que no tiene nada que ver, al menos con una cierta forma de análisis histórico – se ha esforzado, con resultados poco afortunados, en demostrar que el ”trotskismo” no era en realidad más que una simple variante del ”bolchevismo”, poco diferenciada en última instancia del ”estalinismo” que ha surgido igualmente de él, y, de este modo, condenado a desaparecer a partir del momento en que sus dirigentes se encontraban ”aislados” de ese ”poder” que era, en suma, su única razón de ser...

Ambas interpretaciones, nutridas ciertamente por orientaciones políticas y preocupaciones en principio muy distantes, plantean no obstante un tema infinitamente más viejo y más constante, alimentado por los adversarios de derecha del “trotskismo” – la socialdemocracia y el estalinismo – que explican la desaparición ”final” de los trotskistas de la URSS por su ”sectarismo”, o, dicho con otras palabras, por una actitud consistente en negar la realidad – convirtiéndoles así en una especie de desecho de la Historia.

Nos parece que los documentos, sobre los que se basa el presente estudio, hacen igualmente justicia contra estas últimas interpretaciones. Muestran en efecto que la corriente encarnada en la URSS por la Oposición de Izquierda constituyó, cuando menos, un fenómeno importante y permanente en la vida política de ese país hasta en el año 1940, por no decir un factor a menudo determinante. ¿Es preciso recordar a este fin el homenaje rendido a sus adversarios trotskistas de los años treinta por el jefe de la ”Orquesta Roja”, Leopold Trepper, estalinista desencantado – un homenaje valioso, sin duda, para muchas generaciones?

Los trotskistas tienen el derecho de acusar a los que en otro tiempo bailaban al son de la comparsa. Que no olviden nunca que los trotskistas poseen, en comparación con nosotras, la ventaja inmensa de tener un sistema político coherente susceptible de reemplazar al estalinismo, y de aferrarse a una convicción profunda sobre la Revolución traicionada. Ellos no ‘confesaban’, porque sabían que sus confesiones no servirían ni al partido ni al Socialismo”.[140]

Aún hoy, en la URSS, no se ha dado ninguna explicación coherente que respete la realidad concreta sobre los crímenes estalinistas de los años treinta ni sobre la historia del propio estalinismo. Aún hoy la interpretación “trotskista” de este periodo de la historia soviética está proscrita en la URSS para los investigadores y para una generación de jóvenes historiadores que no han conocido a Stalin. ¿Es realmente posible creer que esto pudiera suceder si los trotskistas de los años treinta y las interpretaciones que éstos aportaban hubieran estado hasta tal punto alejadas de la realidad de la sociedad soviética de entonces... y de hoy?

No volveremos aquí sobre la permanencia de la corriente trotskista en la base, en las fabricas e incluso en los koljoses, incluso en el período posterior a la destrucción de su organización como tal, una permanencia que atestiguaron los descubrimientos de Merle Fainsod en los archivos de Smolensk[141], y que confirman hoy los hallazgos hechos en los papeles del exilio de Harvard. Quisiéramos solamente subrayar, a modo de conclusión, que las cándidas almas que tratan hoy hacer creer que el ”trotskismo” era una ”variante leninista” muy cercana al estalinismo tienen muchas dificultades para explicar hechos que pensamos que desde ahora quedan irrefutablemente establecidos. Creemos, en efecto, poder afirmar 1) que los trotskistas fueron, entre 1928 y 1940, los únicos adversarios consecuentes del estalinismo con apoyo popular, 2) fueron esos adversarios los que aterraron – incluso después de su exterminio – a Stalin y los suyos, 3) contra ellos fue necesario emplear los métodos más radicales, la ”solución final”, para poder liquidarlos.

Si los trotskistas hubieran sido sectarios sin esperanza, doctrinarios realmente desligados de la vida política y de la masa de la población soviética, seria de hecho imposible entender, por ejemplo, por qué Stalin lanzó toda la represión de masas desde fines de los años treinta – los procesos de Moscú, la gran Purga – bajo el signo de la lucha contra todos los que estaban comprometidos con el bloque de 1932 entre las diversas oposiciones del partido y los trotskistas. Krustchev, como buen cómplice, guardó cuidadosamente el secreto, ¿no dió involuntariamente la clave de la respuesta a esta cuestión revelando la existencia del famoso telegrama de septiembre de 1936 en el que Stalin acusaba a la GPU de tener un retraso de cuatro años? Sería del mismo modo absolutamente imposible comprender por qué fue para los bolcheviques leninistas Stalin el que diseñó el sistema de los ”campos de concentración”, encargados de suplir las prisiones atestadas. ¿Y, por qué, cuando las prisiones y los campos estuvieron superpoblados por centenares de miles de nuevos detenidos, fue a los trotskistas a los que el régimen decidió separar de las otros, creando para ellos esos campos y prisiones especiales que los aislaban – a ellos y sólo a ellos – de la masa de detenidos para quienes ellos eran evidentemente los únicos capaces de ofrecerles una interpretación y motivos para combatir?

Si los trotskistas hubieran sido “sectarios” impenitentes o “soñadores” utópicos, alejados de la realidad, ¿es posible creer que hubiera sido necesario, para acabar con su existencia – que era en sí misma una forma de resistencia – masacrarlos hasta el último en Vorkuta? Sobre los millones de detenidos liberados de los campos de concentración tras la muerte de Stalin, los testimonios dan cuenta de la supervivencia de mencheviques, socialistas revolucionarios, zinovievistas, derechistas, algunas decenas, sin duda, de cada categoría, mientras que los trotskistas sobrevivientes pueden contarse con los dedos de una sola mano.[142] ¿Fue esto verdaderamente por azar?

Los historiadores, incluso los no estalinistas y hasta los antiestalinistas, en su conjunto han dado una versión de los años treinta en el fondo paralela a la que nosotras criticamos aquí y en última instancia cercana a la que era evidentemente necesaria para el régimen estalinista. Negar la existencia de un bloque de oposiciones, negar, como algunos lo han hecho la existencia misma de grupos comunistas de oposición, no ver una realidad en la cual los trotskistas eran solicitados por todas las otras oposiciones comunistas para entrar en un ”bloque” con ellos, ¿no era ésta una forma particular de contribuir al aislamiento de los trotskistas, de minimizar su rol? Victor Serge, a su regreso a la Unión Soviética en 1936, critica vivamente el análisis de la prensa soviética hecho por Trotsky, donde éste creía poder evaluar en una decena de miles el número de sus partidarios – desorganizados – golpeados por la represión que comenzaba a gran escala. La opinión mundial, entre 1936 y 1938, fue golpeada por un número elevado de viejos bolcheviques que ”confesaban” bajo el látigo del procurador Vychinsky, renegaban de si mismos y cubrían a Trotsky de las injurias rituales. Un análisis más minucioso permite demostrar, no obstante, que incluso un IN Smirnov, quebrado por meses de interrogatorios, encontró la manera de escapar a las falacias del procurador y dar respuestas que eran en realidad una condena de las tesis de la acusación y una defensa del mismo Trotsky.[143]

¿Pero qué significa que no se haya pensado en nombrar junto a los que ”confesaron” a los que no ”confesaron”? El silencio final de los Lominadzé, de los Sten y de los Riutin, de los Preobrajensky, Smilga, Mdivani y aún de un Sosnovky ¿no es tan elocuente como el de los ”bolcheviques-leninistas” auténticos? ¿,Cuántos de estos ”capituladores” murieron sin dar a Stalin la ”confesión” que intentó extraerles por todos los medios de extorsión – brindando a la vez a Trotsky el supremo homenaje de rechazar la última capitulación? Los trotskistas, a quienes algunos quieren a todo precio presentar como ”aislados”, ¿no están, para la historia, ligados a esas decenas de miles de bolcheviques que, como ellos, prefirieron la muerte a la confesión, deshonrosa para ellos mismos y para la causa que servían?

La cuestión nos parece cada vez más comprensible. Los documentos que hasta el presente han dormido en la sección cerrada de los archivos de Trotsky habrán tenido al menos el mérito, desde que salieron a la luz del día, de barrer todas las interpretaciones de la historia soviética que hacen de ella un compartimento cerrado de la historia universal, regida por sus propias leyes, escapando a las leyes generales de la historia de las sociedades, y de la lucha de clases en particular. Tienen igualmente el mérito de reubicar la historia soviética en su contexto internacional, la historia mundial del siglo XX, y de darle a la victoria hitleriana de comienzos de 1933 con relación a la URSS la misma significación que se le reconocía hasta hoy con relación a la historia mundial. Les documentos que siguen y que fue necesario, no sin inconvenientes, seleccionar entre tantos otros tan abundantes, son el testimonio de una extraña cualidad humana, pero también una reflexión a la vez única e inestimable sobre los problemas de una sociedad en transición hacia el socialismo, todo lo cual justificaría una publicación más exhaustiva.

Permítannos, para terminar, mencionar las reflexiones que nos inspiran las observaciones de María M Joffé en relación a su compañero de presidio Andrei Konstantinov, llamado Kostia. Escribe:

Las personas devienen héroes en los momentos de tensión particular, pero Kostia era siempre así, hiciere lo que hiciera, muy simplemente, muy naturalmente (...) Sus palabras y sus actos eran parte integrante de su persona y no hubieran podido ser diferentes – era simplemente él mismo (...). La vida de Kostia se funda con su objetivo. Él no lo abandonaría nunca”.[144]

Al término de este trabajo nos ha parecido que la más sangrienta utopia que pueda atribuírsele a Stalin es la de haber creído que se podía eliminar a todos los Kostia de la faz de la tierra. Mientras que es la humanidad misma, en el curso de su combate para dirigir su propio destino, la que produce los Kostia de todos los países.

Notas:

[1] Ocho volúmenes fueron publicadas al cabo de dos años, abarcando el período que va de marzo de 1933 a marzo de 1936.

[2] Christian G. Rakovsky (1873-1941), socialista rumano, búlgaro, miembro del CC bolchevique después de la revolución y presidente del Consejo de Comisarios del pueblo de Ucrania fue embajador de la URSS en Francia de noviembre de 1925 a octubre de 1927. Evgenii A. Preobrajensky (1886-1938), antiguo secretario del partido, dirigente de la Oposición de izquierda de la cual era el teórico en materia económica, estuvo destinado en París durante un tiempo en 1927.

[3] Iuri L. Piatakov (1890-1937), hijo de un industrial, primero anarquista, se había unido al partido en 1910; dirigente del partido en Ucrania durante la guerra civil, fue uno de los primeros de la Oposición de Izquierda en 1923. Estuvo destinado en París durante algunos meses en 1926.

[4] Simon I. Kanatchikov (1879-1940), viejo bolchevique ligado a Zinoviev, fue en 1927 jefe de la agencia de prensa soviética en Checoslovaquia. Los informes de la policía checoslovaca de la época lo acusan formalmente de haber financiado a la Oposición en ese país y de haber asistido a la reunión de oposicionistas organizada por Neurath el 23 de noviembre de 1927.

[5] Ruth Fischer era el seudónimo militante – convertida en una verdadera identidad – de Elfriede Eisler (1895-1961), quien había sido, la jefa de línea de la ”izquierda” del PC alemán de 1920 a 1924, y una de las jefas de este partido gracias a Zinoviev y la Internacional Comunista en 1924-25. Excluida del partido en 1926, había fundado el Leninbund que se pretendía la réplica “alemana” de la Oposición unificada de la URSS, pero la dejó tras la capitulación de Zinoviev y Kamenev ante Stalin. Refugiada en los EEUU durante la segunda guerra mundial, publicó allí en 1948 su libro “Stalin y el comunismo alemán”, un estudio muy polémico que entremezcla recuerdos y testimonios personales.

[6] Fisher, op. cit., p. 594. Aleksandr Hertzsberg (1892-193?), viejo bolchevique de Leningrado, debió ser excluido en 1927, luego reintegrado al mismo tiempo que Zinoviev y Kamenev. Fue condenado a seis años de prisión en 1935 en el mismo proceso que estos dos hombres.

[7] Ibidem, p. 586-588. Georgi I. Safarov (1891-1942) bolchevique en 1908, emigrado a Francia, luego a Suiza durante la guerra, había sido especialista de la IC en cuestiones orientales. Estuvo ligado al grupo de Zinoviev y fue enviado a Pekín como diplomático desde 1926. Se había mudado a Estambul en 1927.

[8] Ibidem, p. 587. Ruth Fischer precisa que NN Perevertsev tenía un permiso que le permitía viajar gratuitamente por todas las líneas europeas. Tenemos pocos datos sobre este hombre que fue uno de los dirigentes de la Oposición en Ucrania y cuyo seudónimo militante era “Pierre” o “Peter” en Europa Occidental. Ruth Fischer le califica de ”zinovievista”, pero capituló mucho después que los zinovievistas tras haber sido encarcelado en Verkhneuralsk donde Iakovin lo describe como un ”joven” y donde fue uno de los alentadores del grupo con tendencias izquierdistas del Voinstuuiouchtchy Bolchevique (Bolchevique Militante)

[9] Ibidem. No sabemos nada de estos tres hombres.

[10] Ibidem, p. 587, 604. Eleazar B. Solntsev (1900-1936) militante de la generación de octubre, economista, miembro de la Oposición “trotskista” de 1923, era considerado como uno de los jóvenes dirigentes de la segunda generación de la Oposición. Había trabajado algún tiempo como economista en el Amtorg en los Estados Unidos, antes de ser destinado a Berlín de donde fue llamado en 1928 para partir inmediatamente a la “cárcel de aislamiento”. Ruth Fischer se equivoca cuando sitúa su arresto en los alrededores de 1935; estaba preso en Verkhneuralsk ya en 1930 y un informe de uno de sus camaradas precisa que venía de la “cárcel de aislamiento” de Cheliabinsk donde fue probablemente detenido en 1929, después de haber sido encarcelado en Petropavlovsk. (Un informe suyo sobre la Oposición en el extranjero, fechada el 8 de noviembre de 1928, se publicó en el número 7/8 de Cahiers León Trotsky – N. de T.)

[11] Ibidem, p. 604. Hemos encontrado en las papeles del exilio de Harvard numerosas alusiones a esta “conferencia de Berlín”, que constituyó sin ninguna duda una etapa importante en la historia de la Oposición de Izquierda en la IC, pero, en realidad hasta el presente, es todavía Ruth Fischer quien, en veinte líneas, da la mayor cantidad de informaciones al respecto.

[12] Kharin, conocido en la Oposición de Izquierda bajo el nombre de guerra de “Joseph”, capituló en 1929. (Un articulo sobre este asunto se publicó en el número 7/8 de Cahiers León Trotsky – N. del T).

[13] Andrés Nin Pérez (1892-1937), profesor catalán, militante de los J.S. luego secretario de la CNT, llegó a la URSS en 1920 y permaneció allí como secretario de la Internacional Sindical Roja. Había sido expulsado de la URSS en 1930 y fue asesinado en España por la GPU en 1937. Sobre su ligazón con Sandalia Junco (1902-1942), del que la leyenda dice que golpeó públicamente a Stalin en una recepción oficial, y que fue asesinado por un comando del PC en Cuba, ver Robert J. Alexander, “El trotskismo en Latinoamérica”, p. 217.

[14] De Rodolfo Cutinho, educador, miembro del comité central del PC de Brasil en su fundación, delegado en Moscú de 1924 hasta 1927, sabemos solamente que estaba ligado a la Oposición de Izquierda en sus comienzos y que murió prematuramente. Ver también John F.W. Dulles, “Anarquistas y Comunistas en Brasil”, p. 421.

[15] Liu Renjing (nacido en 1899) se unió en 1920 al primer grupo marxista chino de Li Dazhao, y participó en el congreso de fundación del PCC. Estudiando en la URSS se unió a la Oposición de Izquierda con la mayoría de sus camaradas y militó bajo el nombre de “Lensky”. A su salida de la URSS, se hizo llamar “Nolsey”, luego “Niel Sih”.

[16] Vladislav Burian (1901-193?), socialista a los 18 años, condenado a 10 años de prisión tras la huelga general de 1920, fue elegido al primer ejecutivo del Partido Comunista Checoslovaco. Liberado en 1922, fue separado en 1925 y trabajó en la URSS como periodista bajo los seudónimos de Rilke, Rülke y Rielke. Se unió a la oposición rusa en 1926. Karel Fischer, llamado Michalec (nacido en 1901), socialista en 1918, fue el dirigente de las JC checoslovacas; era zinovievista. El serbio Veja Vujovic (1895-1937) antiguo estudiante en Francia había fundado allí las JC. Dirigente de la Internacional de las Juventudes Comunistas era también uno de los “internacionales” del PC yugoslavo. Wolfgang Salus (1909-1953), hijo de un conocido escritor, militante de la JC después de 1934, fue en 1927 responsable de organización de las JC de Praga. Fue con ocasión de una conferencia internacional que, según sus conocidos, encontró al mismo Trotsky y se unió a sus posiciones.

[17] James Patrick Cannon (1890-1974), antiguo miembro de los IWW y del ala izquierda del PS americano, era junto con W.Z. Foster el dirigente de una de las tres ”fracciones” que se disputaban la dirección del partido comunista en los Estados Unidos: Maurice Spector (1895-1968) nacido en Nikolaiev había emigrado muy joven a Canadá con sus padres. Había comenzado a militar en 1917, se unió al PC en 1921 y fue luego presidente de su ala ”legal”, el Workers Party de Canadá, en 1922. Había rechazado cualquier tipo de sanción del partido contra los militantes canadienses que simpatizaban con la Oposición rusa.

[18] Cannon escribió el relato de este descubrimiento en History of American Trotskyism (p. 49 de la edicion de 1979).

[19] Recordemos que estos `papeles del exilio” que constituyeron durante mucho tiempo la “sección cerrada” de los archivos de Trotsky, depositados en la Houghton Library. Biblioteca del Colegio de Harvard, fueron abiertos al publico el 2 de enero de 1980.

[20] Grigori E. Radomylski llamado Zinoviev (1883-1936) y Lev B. Rosenfeld llamado Kamenev (1883-1936), viejos bolcheviques que, en 1923-25, habían formado con Stalin la troika contra Trotsky, habían arrastrado detrás de ellos en 1925 para la ”nueva oposición” al conjunto de la organización del partido en Leningrado. En 1926, a petición de Trotsky, habían reconocido los métodos fraccionales que habían sido utilizados por la troika contra los 41 y llegaron a un acuerdo de fusión con la Oposición de 1923 que dirigía Trotsky, dando nacimiento a la “Oposición Unificada”.

[21] Sobre esta provocación organizada por la GPU contra la oposición Unificada, ver los documentos reproducidos en los Cahiers León Trotsky, número 4, p. 21-37.

[22] Cf. documentos, pp. 71-73.

[23] Ivar T. Smilga (1892-1938), miembro del partido en 1907, hijo de un campesino letón, fue el benjamín del CC de octubre de 1917 y el hombre de confianza de Lenin antes de la insurrección. Presidente del soviet de la flota del Báltico, trabajó luego en el Ejército Rojo durante la guerra civil y finalmente en la administración económica.

[24] Cf. p. 8.

[25] Boris M. Eltsine (1875-1937), miembro del partido en 1899, bolchevique en 1903, fue presidente del soviet de Ekaterinoslav en 1917 y miembro del ejecutivo pan-ruso de los soviets. Fue desde 1923 uno de los dirigentes de la Oposición de Izquierda. Sobre su rol en el ”centro”, cf. Victor Serge, ”Memorias de un Revolucionario” (Seuil, 1951), p. 265, 280, 334.

[26] ”Iz Orenburgskoi sselki”, Biblioteca del Colegio de Harvard, 17399. Aunque el catálogo indica que el autor de este documento no fue identificado, se trata evidentemente de Victor Serge lo que se confirma confrontando su correspondencia.

[27] V. Serge, op. cit., pág. 335 y ”Destino de una Revolución”, p. 120.

[28] ”Carta de Moscú”, Biulleten Oppositsii número 1-2 , p. 17-18.

[29] Rosa Levine-Meyer, ”Inside German Communism”, apéndice ”Jakovin and Pankratova”, p. 209-213. Grigori Ia. Iakovin (18987-1938) era historiador y diplomado del Instituto de Profesores Rojas.

[30] Ilya V. Mgueladzé llamado Vardin (1890-1943), miembro del partido desde 1907, fue uno de los dirigentes del partido y de los soviets de Saratov en 1917, luego se unió a la oposición de Zinoviev antes de la oposición unificada.

[31] Leonid P. Serebriakov (1890-1937), metalúrgico, bolchevique en 1905, fue varias veces puesto en prisión y deportado bajo el zarismo; fue secretario del CC, miembro de la Oposición de Izquierda en 1923. Vladimir A. Antonov-Ovseenko (1884-1938), primero fue oficial, condenado a muerte por su participación como menchevique en la revolución de 1905, se evadió, colaboró con Trotsky en el exilio, uniéndose al partido junto a él en 1917. Fue responsable político del Ejército Rojo. Nikolai N. Krestinsky (1883-1938), antiguo estudiante, bolchevique en 1903, había sido secretario del CC y miembro de la Oposición desde 1923.

[32] Carta de LS Sosnovsky a Ilya Vardin, 30 de mayo de 1928, Biulleten Oppositsii número 3-4, septiembre 1929, p. 19. Sosnovsky hacía alusión a una costumbre judía en los funerales.

[33] Campesinos medios. Durante los años de la NEP, éstos se habían enriquecido, fortaleciendo las presiones pequeño-burguesas en el campo. A comienzos de 1928, se negaron a entregar trigo a las ciudades. Este ultimatum llevó a Stalin a cambiar su orientación pro-kulak por una política de colectivización forzosa en el campo.

[34] Declaración de Trotsky del 15 de diciembre de 1928 en un texto fechado en el mismo día. T 2912.

[35] Polikarp llamado Budu G. Mdivaní (1877-1937), miembro del partido desde 1903, miembro del Comité revolucionario de Georgia en 1921, estuvo con la Oposición desde 1923. Sergei I. Kavtaradzó (1895-1971), igualmente antiguo bolchevique georgiano, había sido Comisario de justicia, luego presidente del consejo de los comisarios del pueblo de Georgia. Pertenecía igualmente a la Oposición de Izquierda desde 1923. Aleksandr K. Voronsky (1834-1943), bolchevique desde 1904, periodista y critico literario, había publicado después de 1921 y hasta 1927 la famosa revista literaria Krasnaia Nov. Yakov N Drobnis (1890-1937), miembro del partido en 1906, miembro del CC ucraniano durante la guerra civil, había sobrevivido al pelotón de ejecución, había formado primero parte de la oposición ”decista”. D.S. Gaievsky era un veterano del Ejército Rojo. Sobre Grunstein, cf. p. 28 y sobre Pevzner, p. 31.

[36] Biblioteca del Colegio de Harvard, t 3721. Entre los primeros textos del exilio merece mencionar ”La crisis del bloque de centro-derecha” (20 de marzo) y la ”Carta a los obreros de la URSS” (27 de marzo).

[37] Biblioteca del Colegio de Harvard, T 15264.

[38] El relato de este encuentro se publicó en el número 7/8 de los Cahiers León Trotsky (N. de T).

[39] Ivan N. Smirnov (1881-1926), hijo de un campesino, miembro del partido en 1899, ferroviario, luego mecá­nico, fue uno de los organizadores del partido antes de la guerra, agente de la revolución de febrero en Tomsk, de octubre en Moscú. Miembro del Consejo Militar Revolucionario, jefe del 5to. ejército, miembro del Comité revolucionario de Siberia, fue apodado por Lenin ”la conciencia del partido”. Entró en la Oposición en 1923 mientras era Comisario del pueblo de correos y telégrafos. Era conocido por su temperamento conciliador. Aleksandr C. Beloborodov (1891-1938), hijo de obreros, electricista, miembro del partido en 1907, dirigente de los bolcheviques de los Urales, había tomado en 1918 la responsabilidad de la ejecución sumaria del zar y de su familia. Era asimismo miembro de la Oposición desde 1923. Sergei V. Mratchkovsky (1888-1936), nacido en prisión, bolchevique en 1907, jefe de las guerrillas durante la guerra civil, luego comandante de distrito militar, se había unido a la Oposición de Izquierda en 1923. Fue arrestado y excluido del partido en 1927 por el asunto de la imprenta clandestina.

[40] Lev Kopelev, ”No Jail for Thought” (1977), p. 108-109.

[41] Cf. documentos, pp. 78-86. Para VV Kossior y MN Okudjava, cf p. 29.

[42] Cf. documentos, pp.87-89.

[43] I. Deutscher, ”Le Prophète Hors la Loi”, p. 122.

[44] Vlatcheslav R. Menjinsky (1874-1934), estudiante de derecho, miembro del partido en 1902, luego periodista. Comisario de finanzas en octubre de 1917, vice-presidente de la Cheka en 1919, sucedió a Dzerjinsky a la cabeza de la GPU en 1926. Meyer A. Trilisser (1883-193?), miembro del partido en 1901, luego responsable de la organización militar clandestina, fue secretario del soviet de Irkutsk en 1917 y participó en la guerra civil de Siberia. Nombrado vice-presidente de la GPU en 1926, Menjinsky y Trilisser eran los superiores jerárquicos de Blumkin.

[45] ”Carta de Moscú”, Biulleten Oppositsii número 9, febrero 1930, p. 9. Una copia del mensaje confiado a Blumkin por Trotsky se encuentra en Harvard. (Se publicó en el número 7/8 de los Cahiers León Trotsky – N. de T).

[46] V. Serge, ”Destino de una Revolución”, p. 116.

[47] V. Serge, ”Memorias...”, p. 276-277.

[48] Ibidem, p. 265.

[49] Ibidem.

[50] A. Ciliga, “En el País de la Gran Mentira”, p. 182-183. Ante Ciliga (nacido en 1896), croata, devenido italiano tras los tratados, dirigente del PC yugoslavo, establecido en la URSS en 1926, fue arrestado en 1930; fue liberado en 1935 sin duda por su nacionalidad italiana. Publicó recuerdos en distintas revistas, y luego, en 1936, en su libro, ”En el País de la Gran Mentira”.

[51] Ibidem, vol. II, p. 294-295.

[52] Avelii A. Enukidzé (1977-1937), hijo de campesino georgiano, ferroviario, miembro del partido en 1898, del ejecutivo de los soviets en 1917, secretario del ejecutivo a partir de 1923, fue excluido del partido y relevado de todas sus responsabilidades por ”inmoralidad” en 1935, arrestado, condenado y ejecutado en 1937.

[53] Stanislav V. Kossior (1889-1939) era el mayor de los tres hijos bolcheviques de un obrero agrario polaco. Siderúrgico, entra en el partido en 1907, combatió en Ucrania durante la guerra civil, luego ocupó responsabilidades del partido en Siberia y en Ucrania. Fue arrestado en 1936 y ejecutado un año después.

[54] En el anexo del nº 6 de los Cahiers León Trotsky se publicaron las dos declaraciones de bolcheviques deportados, en las que es imposible dudar de que él fue el inspirador (N. de T).

[55] V. Serge, ”Memorias...”, p. 227.

[56] M.M. Joffé, ”One Long Night” (Londres 1978).

[57] Estos nombres fueron sacados de diferentes números del Biulleten Oppositsii, particularmente del número 50, de mayo de 1936, pp. 17-20.

[58] ”Gevorkian Sokrat”, Biulleten Oppositsii número 51, julio-agosto 1936, p. 16.

[59] V. Serge, ”Destino...” p. 126. Vassili F. Pankratov nació hacia 1894. Desapareció después de 1938.

[60] Biulleten Oppositsii número 50, mayo 1936, p. 18.

[61] ”El Renacimiento del Socialismo en la URSS. Memorias de un Bolchevique-leninista”, p. 131.

[62] V. Serge, “Memorias...”, p. 227.

[63] ”La Muerte de Solntsev”, Biulleten Oppositsii números 50, mayo de 1936, p. 17.

[64] The Militant, 26 de diciembre de 1931.

[65] V. Serge, ”Destino...”, p. 123-130.

[66] Patekachvili y Milechin son citados por MM Joffé, op. cit. y por ”MB” en ”Los Trotskistas en Vorkuta”, Sotsiialistjtcheskii Vestnik, noviembre-diciembre 1961.

[67] A. Ciliga, op. cit., p. 238-239.

[68] V. Serge, ”Destino...”, p. 128-130.

[69] MM Joffé, op. cit., p. 58. En lo concerniente a la participación de los obreros en la Oposición de Izquierda, Dante Corneli, un comunista italiano refugiado, miembro de la Oposición de Izquierda, que capituló en 1929, da en sus memorias, ”Le Ressuscité de Tivoli”, algunas informaciones interesantes sobre la fábrica Aviopribor de Moscú que fue uno de los bastiones de la Oposición unificada después de haberlo sido de la Oposición de 1923: encontró en prisión al mecánico Petukhov. Menciona por otra parte una resolución de su fábrica de Rostov, Krasnaia Aktsia, exigiendo en 1926 la restauración de las normas democráticas en la vida del partido. El mismo, en el campo y en prisión encontró numerosos obreros muchos de los cuales provenían de la fábrica de rodamientos Kaganovitch de Moscú, fundada con trabajadores de Aviopribor.

[70] Vladimir M. Smirnov (1887-1937), miembro del partido en 1907, dirigente en Moscú en 1917, comisario del quinto y luego del diecisiete ejército, trabajó luego vinculado a la economía. ”Decista” en 1920, se unió a la Oposición unificada en 1926, luego rompió con ella. Timotei V. Sapronov (1887-1939), pintor en construcciones, miembro del partido en 1912, impulsor del grupo ”decista”, había capitulado en 1928, luego fue arrestado nuevamente.

[71] Pueden encontrarse en los ”papeles de exilio” de Harvard dos textos, copias, muy cercanos la una de la otra que son informes sobre la vida política en la ”cárcel de aislamiento” de Verkhneuralsk. Uno (número 16927) está firmado por Iakovin y Ardachelia, fechado el 11 de noviembre de 1930, el otro (número 16832), firmado por ”A.” – evidentemente Ardachelia y no fechado. Parece que los dos hombres hubieran dejado la ”cárcel de aislamiento” y encontrado enseguida una posibilidad de hacer llegar un informe a Trotsky, salvo la referencia a Ciliga, las informaciones dadas en las páginas siguientes provienen de los textos de Ardachelia y Iakovin y hemos evitado multiplicar las notas de pie de página.

[72] A. Ciliga, op. cit., p. 170.

[73] Ibidem, p. 237, (SFIO-Sección Francesa de la Internacional Obrera – Partido francés de la Segunda Internacional. En 1936, después de largas discusiones, Trotsky convenció a la sección francesa de la IV Internacional, la LCR, de aplicar la táctica del entrismo en la SFIO, con el objetivo de arrancarle una fracción de izquierda cuando los trabajadores franceses se estaban radicalizando y entrando en masa en ese partido – N de T.) El autor precisa que los trotskistas han estado informados, pero no han ”sabido interpretar” la entrada en la SFIO. Esa no es la opinión de Víctor Serge que escribe a su llegada a Francia: ”La entrada de nuestros camaradas en los partidos socialistas, que yo sepa, no ha provocado vivas discusiones (...) Solamente se han preguntado si dentro de los partidos socialistas nuestros camaradas podrían mantener su fisonomía política. Con esta condición, hemos estimado que era justo unirnos a los grandes partidos de masas” (carta a Trotsky del 27 de mayo de 1936, Biblioteca del Colegio de Harvard, 50133, con el permiso del Colegio de Harvard).

[74] Iakovin y Ardachelia subrayan en su informe del 11 de noviembre de 1930, luego de haber mencionado que las cartas de Trotsky han llegado a la ”cárcel de aislamiento” con dos y cuatro menes de retraso: ”Estos retrasos nos han sido muy útiles; nos han permitido verificar la línea y las posiciones que habíamos elaborado y formulado por nosotros mismos. Y frecuentemente hemos constatado con placer que, frente a los mismos acontecimientos, el desarrollo del pensamiento y las formulaciones eran los mismas en las islas del Ural que en Prinkipo... Es para nosotros la alentadora prueba de los lazos que unen a nuestra corriente más allá de las distancias.” (Biblioteca del Colegio de Harvard, 16927, con el permiso del Colegio de Harvard).

[75] Se trata del texto publicado en el anexo del nº 6 de los Cahiers León Trotsky (N. de T), de largos extractos titulados “La Crisis de la Revolución” sacados de R Q. donde llevaban la firma de ”X.Y.Z.”. Este ”Texto de los Tres”, llamado también ” Tres tesis”, fue identificado a través de una serie de verificaciones basadas en la declaración de Trotsky ante la comisión Dewey.

[76] A Ciliga, op. cit, p. 176-177 y 102.

[77] Ibidem, p. 170 y 236.

[78] Ibidem, p. 237.

[79] Ibidem.

[80] A. Ciliga, op. cit., p. 235, sitúa esta unificación en el verano de 1933 e indica que Solntsev y Kamonetsky fueron, cada uno por su lado, sus promotores. Plantea también la formación de un grupo de trotskistas de ”extrema derecha” (Melnais, Barkin, Millmann) y, por otra parte, la unificación, al margen del “conjunto”, de los elementos izquierdistas (ex-”militantes” y ex-”decistas”) en una ”federación de comunistas de izquierda”.

[81] Leonid K Ramzin (1877-1948), ingeniero y profesor, condenado a muerte en 1930 por haber ”confesado” ser uno de los dirigentes de los saboteadores y conspiradores del ”partido industrial”, vio su pena conmutada a diez años de prisión en el curso de los cuales continuó sus trabajos científicos. Retomó su cargo de educador en 1944.

[82] Cf. la carta de KM Tsintsadzé a MN Okudjava, 10 de febrero de 1930, Harvard, 15526, cf. documentos, p. 115-120.

[83] A. Ciliga, op. cit.,p. 179-200.

[84] Cf. documentos, p. 90-103.

[85] La carta de Khotimsky y Cheinkman está incluida en una correspondencia de la URSS firmada L. Trigubov (Harvard, 17308 infra, documentos, p. 177). Trigubov, que Ciliga presenta como un viejo militante de Kiev, es presentado por Sedov como ”el corresponsal en Moscú de la Oposición”.

[86] Biulleten Oppositsii número 14, agosto de 1930.

[87] A. Ciliga, op. cit., p. 197.

[88] Ibidem, p. 198-200.

[89] Ibidem, p. 213. Davtian, que había pasado muchos años en Verkheuralak y había logrado evadirse de la URSS en 1935, hizo para la comisión Dewey una declaración que confirma lo señado sobre este punto por Ciliga. Bajo la falsa identidad de Manukian, este militante armenio se enroló durante la guerra en el grupo FTP-MOI dirigido por Manuchian e inmortalizado luego como el El Cartel Rojo, fue condenado a muerte y ejecutado con sus camaradas de combate.

[90] Ibidem.

[91] Llamamiento de Taray al proletariado mundial, La Verité, 11 de octubre de 1935.

[92] Cf. documentos, p. 90-104.

[93] Serge a Trotsky, 30 de mayo de 1930, Harvard 5005.

[94] Naville a Trotsky, 28 de agosto de 1931, ibidem, 9503.

[95] Trotsky a Shachtman, 31 de octubre de 1930, ibidem, 1082.

[96] Cf. n. 12.

[97] ”Nina V Voroskaia”, Biulleten Oppositsii número 19, marzo de 1931, p. 36. Nina V Vorovskaia (1908-1931) era la hija del viejo bolchevique Vaclav V Vorovsky (1871-1923), un antiguo miembro de Iskra devenido diplomático y asesinado en Lausana por un Blanco.

[98] Urbahns a Trotsky, 25 de mayo de 1929, Harvard, 5616.

[99] Sedov a Trotsky, ibidem, 5482.

[100] Meichler a Sedov, 9 de octubre de 1930, ibidem, 12769.

[101] Sedov a Trotsky, ibidem, 5482.

[102] Karl Grohl (1896-1979), militante del KPD bajo el nombre de Friedberg – responsable del aparato militar después de 1919- se adhirió clandestinamente en 1930 a la Oposición de Izquierda y militaba en ella bajo el nombre de Karl Erde. Publicó sus memorias bajo el nombre de Karl Retzlaw: Spartacus. Aufstieg und Niedergang. Erinnerungen eines Parteiarbeiters. El relato de su misión en Moscú en Febrero de 1933 se encuentra en p. 355-356. Willy Münzenberg (1889-1940), había sido el dirigente de la Internacional Socialista de los jóvenes, luego de la Internacional Comunista de los jóvenes; como responsable de la Seguridad roja internacional había organizado rápidamente lo que se daba en llamar el ”trust Münzenberg”, un conjunto de periódicos y empresas diversas tendentes a sostener la propaganda de la I.C.

[103] Cf. Cahiers León Trotsky numero 5, p. 5-37.

[104] Vissarion V Lominadze (1898-1934), antigua dirigente de las J.C. y hombre de confianza de Stalin, que lo envió a China en 1927, se volvió contra su política en 1929 y había constituido un grupo de oposición. Se suicidó en 1934.

[105] Sergei I. Syrtov (1593-1938), miembro del partido desde 1913, había hecho una carrera de apparatchik y presidía en 1930 el Consejo de los Comisarios del Pueblo de la URSS. Más tarde director de fábrica, murió en prisión.

[106] El filósofo Jan F Sten ( -1937), (que había sido miembro de la Comisión Central de Control del partido comenzó a alejarse de la fracción estalinista en 1928. Asociado a Lominadze a partir de 1929, fue arrestado y ejecutado en 1937. Lazar A. Chatzkin (1902-1937), secretario de las J.C. de 1917 a 1922, había igualmente sido dirigente de la Internacional de los Jóvenes. Ligado a Lominadze, fue sancionado primero, arrestado y ejecutado después por las mismas razones que Nikolai.

[107] Aleksandr P. Smirnov (1877-1938), obrero, miembro del partido en 1896, ligado a los ”derechistas”, había sido Comisario del Pueblo para la agricultura. Nikolai R Eismont (18911935), abogado, miembro del partido en 1907, había militado con la Organización Interdistrital y se unió al partido bolchevique en 1917. Era Comisario en Abastecimientos de la URSS. Vladimir P. Tolmatchev (1886-1932), miembro del partido desde 1905, era igualmente un antiguo Comisario del Pueblo de la URSS y responsable de transportes.

[108] Ernst Thaelmann (1886-1944), estibador de Hamburgo, se unió al KPD a través del USPD, había sido elegido por Stalin como ”jefe” del partido alemán y aplicó sin fisuras la política que le fue dictada.

[109] Vagarchak Ter-Vaganian (1893-1956), viejo bolchevique armenio, había sido jefe de redacción de la revista Pod Znamenen Marksisma (Bajo la bandera del Marxismo). Deportado, había capitulado al mismo tiempo que Smirnov. Nikolai I. Ufimtsev (1888-1938), miembro del partido en 1906, había seguido el mismo camino que Smirnov.

[110] Mikhail N Riutin (1890-1937), educador devenido oficial durante la guerra, se había unido a los bolcheviques durante la guerra civil. Aparatchik en Moscú, había inaugurado el empleo de la violencia contra la Oposición de Izquierda.

[111] Nikolaí A. Uglanov (1886-1940), hijo de campesino, miembro del partido en 1907, ”derechista”, había dirigido la lucha contra la Oposición en Moscú antes de ser él mismo eliminado por Stalin.

[112] Aleksandr Slepkov ( - ) y Dmitri Maretsky ( - ) ambos antiguos miembros del Instituto de los profesores rojos eran los discípulos preferidos de Bujarin. Vasili M. Kaiurov (1876-1930), obrero y viejo bolchevique dirigía en 1917 la célebre barriada obrera de Viborg.

[113] Víctor Serge menciona a Konstantinov (Destino ... p. 144) como solamente ”sospechoso de ser trotskista”. En el documento 17300 de Harvard, dice que fue arrestado por palabras imprudentes a fines de 1932. MM Joffe, op. cit., p. 58, lo presenta como un ”dirigente de la Oposición de Izquierda” y nada permite poner en duda su testimonio. AM Chabion era también parte del Centro en 1932.

[114] Para un buen resumen de este asunto, ver Boris I. Nikolaievsky, Los dirigentes soviéticos y la lucha por el poder, p. 88.

[115] Carta de Sedov a Trotsky, Harvard. 5482.

[116] Biulleten Oppositsii número 33, abril 1933, p. 24-25.

[117] La declaración de Rakovsky fue publicada en las Izvestia del 20 de febrero de 1984, la de Sosnovsky el 27 de febrero.

[118] La frase clave del telegrama de Rakovsky era: ”Ante el ascenso de la reacción internacional, dirigida en último análisis contra la revolución de octubre, mis antiguos desacuerdos con el partido han perdido su sentido”.

[119] Declaración de Tarov ante la subcomisión de París, La Commune, 27 de agosto de 1937.

[120] Serge, Memorias..., p. 336.

[121] Carta de Serge a Trotsky, 27 de mayo de 1936, Biblioteca del Colegio de Harvard, 5013.

[122] A. Ciliga, op. cit., p. 103.

[123] Mordka Zborovski, llamado Marc, o Etienne (nacido en 1908) había nacido en la Polonia rusa y allí había vivido parte de su infancia. Realizó sus estudios en Francia, militante durante algún tiempo en las filas mencheviques, luego, contactado por la GPU en Grenoble, había entrado en la organización francesa y se convirtió muy rápidamente en el colaborador de confianza de León Sedov. Aunque había sido objeto de denuncias de muchos militantes, había logrado evitar todo tipo de desgracia, incluso tras el robo de los archivos y la muerte de Sedov. Emigrado a los Estados Unidos en 1941, su rol de “informador” fue descubierto y reconocido en 1955. Fue condenado en 1958 a cinco años de prisión. Parece que vigilaba y controlaba antes que nada a Sedov, pero éste, al blindar su trabajo ”conspirativo” de forma estricta, no lo había puesto en contacto con ningún soviético, de forma que sólo participaba en el envío de los boletines a otros países y no a la URSS.

[124] Se puede volver sobre este tema en las cartas de 1939 en las cuales Lola Estrin rinde cuentas de las diferencias en el seno del ”grupo ruso de Pelvis” donde cada uno busca al provocador. Literator (Arietar Serge) acusa a Dama (Elsa Reiss) o a Paulsen (Lilia Estrin) indistintamente, y Etienne saca su ventaja del juego.

[125] Ignacio S. Poretsky, llamado Ludwig, o Ignacio Rojas (1899-1937), antiguo militante del PC polaco, fue pasado al servicio de información del Ejército Rojo y llegó a ser uno de los responsables de la GPU (N.K,V.D.) en Europa occidental. En 1937 había tomado la decisión de romper con Moscú y de unirse a la IV Internacional. Fue abatido en Suiza el 4 de septiembre de 1937. Samuel Ginzburg, llamado Walter o Krivitsky. (1889-1941), era igualmente de origen polaco y desarrolló las mismas actividades que Reiss. Parece haber intentado prevenirlo de ser asesinado y de haber dudado durante mucho tiempo antes de claudicar en diciembre del mismo año. Reiss no tuvo tiempo de hacer revelaciones, aunque sus Carnets contuvieran notas interesantes. Krivitsky, por su parte, ”dictó” todo un libro.

[126] ”La Muerte de Solntsev”, Biulleten Oppositsíi, número 50, mayo de 1936, p. 17. El texto es de Serge, idéntico, quizas al pie de la letra, al que había escrito a Trotsky y Sedov sobre este tema.

[127] Serge, Memorias, p. 340.

[128] Serge a Trotsky, 27 de mayo de 1936, Biblioteca del Colegie de Harvard, 5013.

[129] Carta de Victor Serge, Biblioteca del Colegio de Harvard, 17399, con el permiso del Colegio de Harvard: una parte importante del texto fue publicada en el Biulleten Oppositsii número 51 de julio-agosto de 1934. En este texto, los mensajes son presentados como surgidos de los militantes ”A” y ”B”. Es en su carta del 5 de mayo de 1930, Biblioteca del Colegio de Harvard, 5013, donde Serge da la clave e indica que ”A” es BM Eltsine y ”B” VM Tchernykh. Agreguemos que esto identifica el documento 17399 que proviene, según el catálogo, de una persona ”no identificada”.

[130] Los tres documentos en cuestión son, según el orden de publicacíón: M.B., ”Los Trotskistas en Vorkuta”, Sotsialistitcheskii Vestnik, noviembre-diciembre de 1961; el documento “samizdat.” Renacimiento del bolchevismo en la URSS. Memorias de un bolchevique-leninista (París, 1970), y finalmente el libro ya mencionado de María M. Joffé, “One Long Night.” (Londres, 1978). Aparece un testimonio idéntico, aunque menos detallado, en las memorias del comunista italiano Dante Corneli, escrito tras veinticuatro años de deportación. Los tres primeros autores dan muchos nombres y permiten realizar muchas recopilaciones. Corneli, por su parte, no conocía más que a los obreros trotskistas que había conocido en la fábrica y algunos escasos individuos. De todas las víctimas de Vorkuta, no menciona más que el nombre de un ”trotskista” conocido, un veterano oficial del Ejército rojo que había conocido en Rostov, Ivan P. Psalmopevtsev ( -1938), del cual precisa que figuraba en la primera lista de los fusilados. La verificación es fácil; IP Psalmopevtsev, viejo bolchevique-leninista, firmante en 1927 de la ”Declaración de los 53” estaba ya en 1930 preso en Verkhneuralsk y figuraba en 1932 en la lista de los huelguistas de hambre de esa prisión.

[131] MM Joffé, op. cit., p. 18-19. Alexandre Soljenitsyn hizo muchas alusiones a la huelga de hambre de los troskistas de Vorkuta, en El Primer Circulo y en El Gulag.

[132] MM Joffé, op. cit., p. 19.

[133] Ibidem, p. 35.

[134] Ibidem, p. 41.

[135] Ibidem, p. 41-42.

[136] Ibidem, p. 44.

[137] Ibídem, p. 34.

[138] Ibidem, p. 41

[139] Isaac Deutscher (1907-1967), miembro del PC en Polonia en 1926, tras haber sido excluído en 1932 del partido se unió a la Oposición de Izquierda donde rápidamente se convirtió en uno de sus más brillantes periodistas. Emigrado a Gran Bretaña en 1939, fue primero biógrafo de Stalin, y tras la muerte de éste, fue el autor de una biografía de Trotsky en tres volúmenes.

[140] Leopold Trepper, El Gran Juego, p. 64.

[141] Los archivos de Smolensk, tanto del Partido como de la GPU, cayeron en 1941 en manos de la Wehrmacht durante su ofensiva-relámpago. Debieron caer en 1945 en manos del ejército norteamericano. Un repertorio de los documentos que contienen fue publicado en la obra de Merle Fainsod, ”Smolensk Under Soviet Pule”.

[142] Entre los invencibles que han sobrevivido a Stalin, aparte de María M Joffé misma, se puede mencionar al ”profesor rojo” N. Palatnikov y al antiguo redactor de Trud, D Vorjblovsky, ambos corresponsales de Trotsky en el exilio, a quienes el alemán Claudius volvió a encontrar en Vorkuta después de 1953. Entre los capituladores que finalmente salvaron su vida pueden mencionarse a dos: Boris S Livshitz (1896-1949), antiguo profesor rojo, que capituló después de IN Smirnov y retomó junto a él una actividad clandestina que le valió un nuevo arresto en diciembre de 1932. Ignoramos la fecha en la que fue liberado; fue corresponsal de guerra durante la segunda guerra mundial. Sobre Sergei I Kavtaradzé, cf. N… 34. Fue arrestado en enero de 1930 y durante algún tiempo estuvo detenido en Verkhneuralsk. Fue liberado sin “confesión” previa en 1932, rehabilitado en 1940 y devino inmediatamente Vice-Comisario del Pueblo para relaciones exteriores. Ley Z Kopelev (nacido en 1912) cuenta en su relato autobiográfico, ”No Jail for Thought”, que había pertenecido durante algunas semanas en 1929 a la Oposición de Izquierda clandestina en Kharkov y estuvo, por esa razón, algunos días en prisión en la primavera de ese año: este episodio debió perseguirle algunos años más tarde, especialmente en el curso de su ”affaire” al finalizar la guerra. En la obra aquí abajo mencionada, Kopelev indica de paso que en 1929 la ligazón entre el ”centro” trotskista de Moscú y los bolcheviques-leninistas” de Kharkov estaba garantizada, bajo el seudónimo de “Volodia”, por Kazakievitch, en ese momento estudiante del Instituto de construcción de máquinas de Kharkov. Emmanuil G. Kazakievitch (1913-1962), conocido como escritor judío antes de consagrarse como escritor ruso, obtuvo dos veces el premio Stalin de literatura. Entré al partido en 1944. ”La Tarjeta Azul”, uno de sus últimos libros, escrito tras la muerte de Stalin, incluía alusiones favorables a la Oposición. Kopelev escribe que el episodio de la actividad oposicionista de Kazakievitch no fue probablemente conocida más que por sus amigos cercanos; en efecto no parece haber sido arrestado nunca. Otro sobreviviente, IK Dachkovsky, se pronunció en 1967 sobre Trotsky, en una carta a la Pravda reproducida en el ”samizdat”, Polititchesky Dnevnik 1964 1970, pp. 258-260.

[143] En una carta a Trotsky, la secretaria de la comisión Dewey, Suzanne La Follette, revela que IN Smirnov, en su última declaración en su proceso, destruyó la estructura misma de la acusación proclamando que Trotsky era un enemigo porque consideraba al Estado soviético como un Estado fascista – lo que evidentemente dejaba entender que Trotsky no era una aliado del fascismo, como pretendía la acusación, (S. La Follette a Trotsky, 3 de septiembre de 1937, Biblioteca del Colegio de Harvard, 2611).

[144] MM Joffé, op. cit., p. 90 y 94.

Font:

Marxists Internet Archive, octobre de 2009. Publicado originalmente en francés en Cahiers León Trotsky nº 6 (1980)

Traducción: Paula Bach [et al.] (Argentina). Esta edición revisada por J. Maestro (2008)
Digitalización: Martin Fahlgren, 2009.

+ Info:

Los trotskistas de la URSS, ¿alternativa al stalinismo? Pierre Broué


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