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Anticapitalistes
  
dimarts 15 de novembre de 2011 | Manuel
Plebiscitos, socialdemocracia y anticapitalismo

Andreu Tobarra

En la primera semana del mes de noviembre se presentaron dos noticias importantes que tienen que ver en buena medida con la gestión que desde los gobiernos realiza la socialdemocracia, una es de carácter interno español, la publicación del sondeo electoral del Centro de Investigaciones Sociológicas, calificado por los mass media afines como de hundimiento del PSOE, y la otra noticia la protagonizaba Yorgos Papandreu, el primer ministro griego que agitó a los mercados europeos y a su servil clase política con el anuncio de un posible referéndum en Grecia, cuya situación social días después es descrita en un artículo (1), de la enviada especial del diario amigo del partido socialista, El País, que empezaba así: Las canciones revolucionarias retumbaban ayer como truenos en la plaza Syntagma (enfrente del parlamento griego) de Atenas, para siempre ya el epicentro de las protestas, de las revueltas, de la indignación.

Más que referirnos al referéndum deberíamos referirnos al no referéndum griego, ya que Papandreu lo retiró tan rápidamente como lo anunció. Las poco más de 24 horas en que estuvo vigente fueron en parte importante resultado de la larga presión popular y lucha del pueblo griego contra los crueles ajustes antisociales que aplica su gobierno socialista. Y aunque el referéndum había que interpretarlo como una victoria popular de los representados enfrentados abiertamente a sus representantes, sabemos que es una opción limitada, un plebiscito no supone una plena participación ciudadana en las decisiones que le afectan, no es en absoluto un debate participativo.

Pero para los gobiernos europeos supuso algo tan dañino como una plaga de peste, al menos así reaccionaron, con una fuerza y amenazas contra Grecia como no se oía en Europa, ni siquiera cuando algún partido neofascista aparecía con fuerza o cuando las mafias afloraban en sus negocios o extorsiones, por no repasar las timidísimas declaraciones frente a acontecimientos en los que interviene EEUU o algún estimado aliado como Israel. Los gobiernos europeos, incluido el español, tienen una facilidad extrema de obedecer a los grandes intereses económicos al más mínimo susurro que estos les hagan junto a sus oidos, y esta vez no debieron susurrar, más bien gritaron, viendo la violencia unánime de la respuesta frente al referéndum.

Las exigencias de retirada del plebiscito y amenazas para conseguirlo hay que entenderlas en clave de profundo temor a la democracia, a la expresión de la voluntad popular, por mínima que sea la forma en que se presente, como es el caso de una consulta puntual. Incluso un simple referéndum les hace temblar por sus consecuencias no solo en las fronteras de Grecia, sino en los resultados que tendría su posible contagio y extensión por otros países. Soledad Pellón, analista de mercados de IG Markets, la mayor empresa de inversiones española en CFD’s (2) , lo explica perfectamente con toda la repugnante desvergüenza de quien trabaja al servicio y está identificado con ese 1% que posee el mundo: Preguntar a los ciudadanos griegos si quieren o no más ajustes hubiera sido un desastre, dado que ni están capacitados ni serán objetivos con su respuesta (3). Era bastante obvio que los pueblos iban a votar contra la dictadura de los mercados, los reales gobiernos en la sombra.

Los gobiernos elegidos de Europa aplican una tras otra medidas de ajuste social con diferencias en orden y ritmos, pero no en contenido y alcance de dichas medidas, puesto que parecen provenir de un mismo plan que previamente hubieran consensuado a nivel internacional. Son perfectamente conscientes que van a pagar un precio electoral que como hemos visto en las votaciones que han transcurrido en estos primeros años de crisis han ido tumbando a los partidos gobernantes y van a seguir haciéndolo. ¿Cómo es posible que defiendan políticas que van a provocar su derrota electoral?, cuando, por el contrario, en otros momentos hemos visto la facilidad que tienen para definir sus políticas en función no de sus programas ni de sus promesas, sino de determinadas encuestas y opciones de marketing político. La respuesta es que en esta ocasión lo que hay en juego es algo de vital importancia, tanto que frente a ello hay que pagar el sacrificio de abandonar temporalmente el gobierno, con la expectativa de que es un abandono provisional, algo que supone un mero recambio transitorio, tras el cual volverán a intercambiarse con el partido de la oposición a ellos pero no al sistema. Están dispuestos a perder el poder durante algunos pocos años antes que arriesgarse a que puedan modificarse mínimamente aspectos del capitalismo en su versión actual y para ello trabajan decididamente no solo en defenderlo como lo conocíamos, sino endureciéndolo en términos de las condiciones del reparto social existente, de tal forma que estas se modifiquen en contra de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de Europa. Se sacrifican como gobiernos para intentar impedir cambios en el status quo, ese es el alcance de los riesgos que temen y la evidencia de las agendas ocultas con las que trabajan la mayoría actual de representantes europeos y prueba palpable de la simbiosis de los grupos mayoritarios en los parlamentos, las élites económicas y el propio sistema capitalista.

Sin el menor escrúpulo para impedir la inmediata realización de una consulta popular, que hay que recordar como en ocasiones anteriores les ha proporcionado sonados disgustos (4), cuando se trata de los gigantes financieros todo son ayudas y facilidades, como cuando se les permite que la regulación financiera que obligaría a que los 29 grandes bancos incrementasen su capital de calidad, se retrasa de momento hasta 2016 con el aval implícito de que los gobiernos los socorrerán, tal como vienen haciendo hasta la fecha, ayudándoles a conseguir a esos pesos pesados del capitalismo una financiación más barata al mismo tiempo que garantizan su cotización en las bolsas. O cuando se utiliza el mercado secundario para comprar deuda soberana por parte del Banco Central Europeo en vez de comprarla directamente en su emisión en el primario, con lo que se dejaría de proporcionar una ingente inyección de dinero y ganancias a los grandes bancos y grupos de inversiones, que supone una gigantesca transferencia de dinero público hacia cuentas privadas.

Pero las cosas han ido un poco más lejos que prohibir la celebración del referéndum, se han dado pasos impensables hasta hace muy poco tiempo con la única finalidad de garantizar la aplicación de las medidas de ajuste neoliberales, y si para ello había que eliminar un gobierno, se le elimina y se exige una alianza de partidos institucionales prosistema que garantice la implementación de las medidas más salvajes y absurdas. Desgraciadamente las dimisiones de Yorgos Papandreu y la de Berlusconi en Italia no son el exclusivo resultado de la oposición social, aun contando con mayorías sociales en Grecia e Italia contrarias a sus gobernantes, el empujón que ha provocado su caída ha sido dado una vez más por los mercados.

Tras ello solo hay una gran finalidad, conseguir la aplicación de todas las medidas de austeridad inflexiblemente, y si un portavoz político no está en condiciones se pone a otro u otros dispuestos a seguir haciendo el trabajo sucio. Los circos electorales han dejado de ser una función amañada que hay que representar por más que el resultado final, las políticas principales a aplicar, ya estén escritas, se diga lo que se diga durante la función. Es más, demasiadas veces es solo durante esta que se pueden encontrar diferencias entre gran derecha y socialdemocracia, pasadas las elecciones, las políticas principales pasan a ser las mismas. Pero los procesos electorales se han convertido en esta situación en algo que puede dejar de estar tan controlado y previsible, los monstruos de las finanzas no están dispuestos a correr el más mínimo riesgo que pueda poner obstáculos ni a sus planes económicos ni al proyecto que los acompaña de sometimiento y domesticación de todos los que no pertenecen a su clase, contando para ello con la colaboración decidida de las organizaciones más representativas de los trabajadores y trabajadoras en las instituciones, los partidos y sindicatos socialdemócratas.

En este contexto, que reclama que las organizaciones que llevan en su nombre la palabra socialismo o la palabra trabajadores, se opusieran con firmeza e intentaran girar el curso de la situación, nos encontramos que los partidos socialdemócratas de Europa parecen haber cerrado un ciclo que iniciaron hace ya casi tres décadas de conversión al neoliberalismo, ya no se oponen a los sacrificios sociales por enormes que estos sean, es más, son ellos cuando gobiernan los que recortan el estado del bienestar y se arrodillan frente a la troica del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, y por supuesto han abandonado cualquier posibilidad de cambio social, el anticapitalismo es algo que ha pasado para ellos a la historia.

Mientras estas organizaciones ostenten la representación social principal y no aparezcan distorsiones en forma de luchas o movimientos capaces de desestabilizar el estatus quo, la situación para los ciudadanos europeos es irreversible por más que el sentimiento mayoritario sea de discrepancia e incluso de odio hacia las medidas que se aplican y hacia sus mentores de la clase política. Es mucho, por tanto, lo que queda por hacer para poder tener palancas que les den la vuelta a la situación. Los primeros movimientos de respuesta, como el 15M en España, son todavía insuficientes pero abren por primera vez la posibilidad de convertirse en esa palanca que mueva todo el tejido social.

Para un sector de las izquierdas un movimiento como el 15M no es ninguna prioridad, lo principal es su propia presencia como organizaciones políticas en las instituciones, a pesar de que los augurios de las encuestas les atribuyen una pequeña presencia, no pasarían de ser una exquisita minoría poco operativa del parlamento, desconectados generalmente de las luchas sociales, y está por demostrar el porqué estas elecciones van a permitir desde las instituciones conseguir cambios relevantes a las izquierdas, independientemente de la presión popular fuera de los parlamentos. La historia reciente, desde la transición y primeras elecciones democráticas, solo permite afirmar lo contrario, cuanto más esfuerzos ha puesto la izquierda en estar presente en las instituciones, dejando en un segundo plano o abandonando las luchas de los movimientos en la calle, menos capacidad de resistir la derechización en todos los ámbitos sociales ha tenido, produciéndose un vaciado de la política en el conjunto social para dejarla en manos de los expertos y profesionales de la política. Estar presentes en las luchas y en las instituciones como parte de un mismo proyecto de transformación del capitalismo, no es algo que más allá de alguna nacionalidad y algunas situaciones puntuales de nuestra historia más próxima, forme parte del patrimonio de las izquierdas, al menos de las que han accedido a los parlamentos.

La segunda noticia a la que hacía referencia es la publicación de las previsiones electorales del próximo 20N por parte del Centro de Investigaciones Sociológicas, remachando la derrota del PSOE. Todos los datos de cierta fiabilidad que teníamos hasta el momento desde hace casi dos años afirmaban la derrota electoral socialista de forma creciente a medida que iban implementando más medidas de ajuste. Cuanto los socialdemócratas más se plegaban e implementaban la doctrina neoliberal más votos perdían respecto al PP.

La profundización de esta tendencia es que parece afirmarse un gobierno en mayoría absoluta, sin necesidad de ningún pacto con ninguna otra fuerza, del Partido Popular. Esto sitúa al candidato Rubalcaba en el peor escenario posible, puesto que el pronóstico les da incluso por debajo de los 120 diputados, con menos del 30% de votos. De esta forma la discusión se sitúa en otros términos muy diferentes a lo que nos presentan los analistas habituales en los medios, el problema para el PSOE es no solo el fracaso de la operación Rubalcaba (que puede llegar a ser estrepitoso), el problema hay que desplazarlo del techo de votos al que aspira llegar, al suelo de votos que se van a mantener. Esto significa que la nueva situación que va abrirse tras las elecciones va a estar marcada por la incertidumbre del fondo que ha podido tocar o no la socialdemocracia, ya que tras una dura derrota electoral se abre la doble evidencia de, en primer lugar, que los votos que pierde el PSOE, no sean recuperables, como ocurría en elecciones anteriores en que los socialistas se permitían aspirar a ganar elecciones ayudados por un voto útil (y una ley electoral profundamente injusta) que les permitía elección tras elección recoger votos impropios. En segundo lugar, admitir que la perspectiva de una base electoral perpetua (basada en una configuración sociológica del voto escorado, desde el centro, ligeramente hacia la izquierda), que se agruparía y sustentaría permanentemente al Partido Socialista, podría dejar de ser una constante de la formación del voto en las elecciones tal y como las conocemos desde la transición. Es decir, se abre la perspectiva de que la pérdida de votos pueda continuar y de la mano de una gran derrota vienen siempre en las organizaciones los conflictos internos como respuesta a una importante pérdida del espacio que ocupaba, que de la misma forma que se pueden saldar con nuevos reagrupamientos de las facciones tras una nueva marca publicitaria-electoral independientemente de que el programa de medidas sea el mismo, también se abre la puerta a que puedan producirse fraccionamientos y rupturas organizativas, más o menos importantes, tal y como la socialdemocracia ha vivido en otros países de nuestro entorno y que en el nuestro hasta la fecha son desconocidas.

No hay ningún pronóstico que no reconozca la caída europea al menos, en una profunda y larga recesión, con todo lo que va a comportar de intento de endurecer y profundizar las cargas sobre las espaldas de la mayoría de la población por parte de ese 1% que parece que todo lo posee y todo lo puede, pero el futuro no solo lo diseñan en los despachos principales, en algunos pilares se están abriendo ya mismo grietas importantes por las que al mismo tiempo que desaparecen pequeños imperios financieros y bancarios, puede entrar mucha más indignación que la que el 15M ha traído hasta ahora. Los indignados e indignadas se han hecho presentes desde la plaza Tahir en El Cairo hasta Wall Street en EEUU, ahora nos parecen algo que forma parte de nuestro paisaje cotidiano, casi todos los días tenemos noticias sobre ellos y ellas en alguna parte de nuestro país y del planeta, pero pensemos en cómo eran las cosas hasta hace muy pocos meses, la sensación entonces era de inmensa impotencia para enfrentar mínimamente y paralizar tan solo alguna de las muchas medidas laborales y sociales que iban aplicando. Ahora nos movemos con otra capacidad de resistencia y confrontación y todavía habrá que subir algunos peldaños más si queremos reequilibrar a nuestro favor la inmensa pelea social que se está produciendo y que vamos perdiendo de momento.

Unos cuantos días y semanas fueron suficientes para acabar con un régimen y sus gobernantes, sin años de lentas y dudosas transiciones, en Túnez y Egipto. Entre las lecciones positivas que podemos extraer está no dejar de construir, en la lucha y con audacia, nuestras oportunidades, una nueva izquierda para que cuando la historia y su tiempo se aceleren en las crisis que vamos a vivir, podamos cabalgarlas más allá de la resistencia y las reformas, haciendo del anticapitalismo y del socialismo más que una proclama, más que una identidad de pequeñas agrupaciones de activistas, más que un hermoso sueño no realizado compartido por demasiadas personas de demasiadas generaciones.

Notes:

1. Amanda Mars, en la edición del País del sábado 5 de noviembre 2011, página 28.

2. Los CFD’s o Contratos por Diferencia son instrumentos financieros derivados

3. Diario Público, viernes 4 de noviembre 2011, página 31

4. En el 2000 el gobierno de Dinamarca impulsó un referéndum para adoptar el euro, pero lo perdió y el país se mantuvo fuera de la moneda única. En el 2001 el Tratado de Niza que suponía una enmienda al de Maastricht buscaba preparar el diseño institucional de la Unión para la ampliación hacia el este y gano el NO en el referéndum irlandés. El 29 de mayo 2005 los votantes franceses dicen NO al Tratado Constitucional. El 1 de junio 2005 los neerlandeses dicen NO al Tratado Constitucional. En junio de 2008 los votantes irlandeses volvieron a rechazar en un referéndum el Tratado de Lisboa.


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