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Anticapitalistes
  
dimarts 11 d’octubre de 2011 | Manuel
David Harvey en Buenos Aires: “La historia del capital es igual a la historia de la acumulación de deuda”


"Los capitalistas nunca van a terminar con la deuda porque es un argumento político central del sistema".

El geógrafo marxista inglés, David Harvey, dictó una conferencia titulada “Crisis Actual del capitalismo: ¿hacia una ruptura de la división territorial del trabajo?” en el aula 108 de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires el pasado 4 de octubre, a salón abarrotado y donde en una de sus paredes se ilustran fotográficamente los rostros inolvidables de detenidos desaparecidos durante la dictadura militar que estudiaban allí en los años del espanto.

A sus 76 años habla sin apoyarse en apunte alguno y con ímpetu adolescente. El autor de ‘Limits to Capital’ (1982) enfrenta con simpleza y al hueso a un público mayoritariamente joven y arranca desde su particular perspectiva analítica y temática sobre las razones y movimiento de la crisis económica mundial.

Las tendencias a las crisis también circulan geográficamente. Nunca ha existido una crisis capitalista que no comenzara en algún lugar y que de allí se expandiera a otros. En este caso, el origen de la crisis estaba ubicada en los mercados de vivienda, principalmente en algunas partes de EE.UU., como California, Arizona, Florida, Georgia. Existen otros sitios donde la crisis se ha manifestado, como España, Irlanda, Portugal. Esa ubicación social y sectorial de la crisis indicaba que contenía una dimensión urbana. Aquí debería pensarse en las relaciones entre la urbanización, la formación de la crisis y la resolución de la crisis. Sin embargo, no hay bibliografía sobre esta cuestión ni desde la perspectiva marxista ni desde la convencional”, dice en un inglés rápido y coloquial, y añade que “Por ejemplo, el Informe de Desarrollo 2009 del Banco Mundial se concentró en asuntos de urbanización, realizando todo tipo de recomendaciones respecto de cómo la financiación de las viviendas debería organizarse, y cuán importante era securitizar las hipotecas y transferirlas a todos los lugares del mundo. Publicaron esto sin decir absolutamente nada sobre la crisis que acababa de desatarse. Por ello escribí un breve libro sobre la historia de la organización y su conexión con la historia de la gestación de la misma crisis. Durante la investigación me encontré con una solución muy interesante del Banco de la Reserva Federal de San Francisco que señalaba que los norteamericanos salen de las depresiones y recesiones típicamente construyendo viviendas y llenándolas de cosas. El documento del BM expresa que la urbanización no es una fuente de la crisis, sino que, por el contrario, en Estados Unidos la urbanización se vio siempre como una solución a la crisis. Pero ocurre que al permitir salir de las crisis, la urbanización también las produce.

Una explicación a la mano

Quien refrenda con su actividad intelectual el compromiso con el ambientalismo militante y radical, procura con un ejercicio sencillo dar cuenta de las aristas más complejas del desarrollo capitalista y sus puntos de quiebre. Así Harvey afirma que “Los capitalistas comienzan el día con cierta cantidad de dinero. Van al mercado, compran medios de producción, materias primas, máquinas y fuerza de trabajo. Combinan trabajo, medios de producción y tecnología que crean un producto que luego se lleva al mercado, se vende al precio original más el valor excedente o ganancia. Ese proceso tiene muchas barreras potenciales. Y las crisis están ligadas a una de estas barreras. Por ejemplo, cuando los capitalistas van al mercado y quieren comprar medios de producción se encuentran con que no hay energía o existen problemas con el suministro de materias primas, etc. Entonces surge una crisis. ¿Y qué pasa cuando no hallan suficiente mano de obra o el trabajo está bien organizado y no quiere trabajar salvo ciertas condiciones? Ocurre otra crisis. Yo creo que la crisis de fines de 1960 e inicios de 1970 es de trabajo. La mano de obra organizada era demasiado poderosa, y los capitalistas decidieron no invertir, castigando el trabajo como Pinochet en Chile, Reagan, Thatcher. Asimismo, existe una crisis cuando las materias primas quieren venderse, pero no encuentran un mercado. Esto es parte de la larga historia de las crisis del capitalismo. Y cada crisis que acontece tiene una combinación especial de los elementos señalados. En el caso del punto de crisis en el trabajo ocurre un problema de demanda. ¿Cómo la gente tendrá suficiente dinero para comprar el producto si los salarios están deprimidos?

David Harvey fundó el concepto de ‘acumulación por desposesión’ (enriquecimiento capitalista a través de la explotación y privatización de todos los recursos naturales, servicios básicos y derechos sociales). Y prosigue su exposición sobre el proceso de reproducción del capital condensado simbólicamente en un día, expresando que “La cuestión es que tiene que haber más de lo que había al comienzo del día. Es decir, el capitalismo es crecimiento; debe incrementarse para sobrevivir. Si no aumenta, hay crisis. ¿Qué pasa hoy? Se observa que parte del mundo no está creciendo, como Europa, Japón, Estados Unidos. En buenas cuentas, el sistema capitalista está comprometido con el crecimiento desde alrededor de 1750. La tasa promedio de crecimiento por año, según cualquier medición, es de 2,25% anual. En la coyuntura, uno ve una suerte de fetiche asociado a un crecimiento de un 3% al año. Es decir, ese porcentaje resultaría el mínimo de crecimiento aceptable. Pero pasa que hace unos 150 años aproximadamente, se observa que ese crecimiento es compuesto. Esto es que para crecer en 1970 hacía falta 0,4 trillones de dólares de nueva inversión. Ahora demandaría 1,5 trillones de dólares de nueva inversión capaz de generar utilidades. En 20 años más se precisarán 3 trillones de dólares. Y en la medida que pasa el tiempo, las oportunidades se vuelven más difíciles de encontrar. Entonces se puede advertir un enorme estrés en la lógica del ‘síndrome de crecimiento’. Se está en presencia de un enorme reto para continuar el crecimiento, y en los últimos 30 años ha habido una corriente de dificultades para localizar nuevas oportunidades de crecimiento, incluso con la apertura de China y Rusia. ¿Qué queda entonces para mantener los mismo niveles de crecimiento?

El autor de ‘The Condition of Postmodernity’ (1989), se contesta que “Ese 3% de crecimiento requiere que los capitalistas respondan qué harán con la utilidad al final del día. Atrapados en la competencia, si los capitalistas no crecen pierden el negocio. Y las presiones competitivas no se dan entre capitalistas individuales, sino también entre naciones. En la actualidad, todos los países quieren ser más competitivos que los demás, pero eso no es posible. En esta dinámica, hay ganadores y perdedores.

La deuda

Al final del día, ¿de dónde proviene la mayor demanda, aquella que no estaba allí al comienzo?”, se pregunta David Harvey y casi sin respiro indica que “Hasta finales del siglo XIX la respuesta estaba en el imperialismo colonialista. Pero ya no existen residuos no capitalistas ni feudalismo en el mundo. Entonces, supongamos que vivimos en una sociedad donde sólo hay capitalistas y trabajadores, dos clases. Al final del día, los trabajadores o los capitalistas tienen que crear esa demanda extra. Pero en concreto, no pueden ser los trabajadores porque están sufriendo la depresión, por tanto los capitalistas tienen que aportar su propia demanda. En consecuencia, los capitalistas están obligados a originar ese superávit. Entonces, la demanda al final del día es aportada por la demanda que va a ocurrir mañana. Y la expansión de mañana es la que barre con el superávit de ayer. El único problema es que hay una brecha de tiempo. ¿De qué manera se cubre esa brecha de tiempo? A través del sistema crediticio. El capitalista no compra la materia prima, sino que establece un pagaré que significa un compromiso de pago. La historia del capital es igual a la historia de la acumulación de deuda. De lo contrario no hay capitalismo posible. Por eso, más allá de la propaganda, los capitalistas nunca van a terminar con la deuda porque es un argumento político central del sistema. Y no tiene que ver con la economía. ¿A dónde va ese superávit? Se pueden producir nuevas cosas, ¿pero qué ocurre cuando el mercado se satura?

Para ilustrar de mejor modo su posición, Harvey manifiesta que “Cuando se mira la historia de 1920 y su recesión en EE.UU., se registra una repentina explosión de la industria de la construcción de casas y ciudades, lo que provoca una onda poderosa de urbanización. Allí está la primera ola de la producción automovilística y el inicio del rediseño de las ciudades norteamericanas, absorbiendo mucho capital. Pero se construye ahora y el índice de retorno se resuelve en alrededor de 15 años después. En 5 años, los precios de las casas en Florida aumentaron 8 mil por ciento. Se inventaron los ascensores y los rascacielos. Pero luego de unos 7 años se advirtió la existencia de una sobre inversión y se produjo un crash. Y lo que ahora se ha descubierto es que 18 meses antes de la caída de Wall Street en 1999, el mercado de propiedades en Norteamérica había caído justo dos años antes de la debacle del mercado de acciones. Ello se traduce en un gran desempleo en la industria de la construcción (en 1930, la mitad de la fuerza de trabajo empleada en la construcción se despeñó un 50%). Por eso, en la época, el Presidente Roosevelt intentó establecer un sistema de inversión pública en torno a la infraestructura, edificación de carreteras, diques, represas; y asimismo, se empeñó en reformar las finanzas de las viviendas. Antes de 1930 era muy difícil conseguir crédito para viviendas. Sin embargo, pronto apareció un conjunto de instituciones financieras que permitía la obtención de créditos hipotecarios por 30 años. Por este medio se trató de salir de la crisis, pero no dio resultado porque los trabajadores no tenían empleo. Al final de la Segunda Guerra Mundial, EE.U.U. se enfrentó a un problema de proporciones. ¿Volverían las condiciones de 1930? Mucha gente que regresó de la guerra y había luchado, sabía perfectamente usar armas. Y existía un temor real en Norteamérica vinculado a la incertidumbre de que los soldados vueltos de la guerra no encontraran empleo y, a diferencia de 1930, el descontento social adoptara formas más violentas. La solución que ofreció el capitalismo fue la suburbanización. Ella fue una medida de pacificación social, una solución política. Sobre esa iniciativa se fundó el ‘sueño americano’ y todas las manifestaciones culturales e ideológicas que de medidas materiales surgieron. Pero a fines de 1970 ocurrió una fuerte caída de los mercados de la vivienda. La solución de 1945 ya en la década de los 70’ era un problema. Por eso se decidió repoblar el centro de las ciudades que habían sido abandonadas y revolucionar el mercado de consumo mediante mercancías de corta duración.

El creador en 1996 de ‘The New Imperialism’ termina su alocución con pedagógica ironía cuando dice que “En la década de los 80 hubo una crisis en los mercados de propiedades donde quebraron más de mil instituciones financieras. Se denominó ‘la crisis de ahorros y préstamos’, que redundó en la bolsa en los 90’. Entonces comenzó un proceso de financiación de hipotecas dirigido a personas que no podían pagarlas. ¿Si la tasa de retorno en la producción es de un 3% y en la especulación financiera es de un 40 a 50%, dónde se invierte el excedente capitalista?

kaosenlared


Crisis del capitalismo - David Harvey


Entrevista al geografo marxista David Harvey. "El crecimiento sirve siempre a los intereses de los más ricos"

17 de noviembre de 2010

NUEVA YORK.- Paradoja de la actual crisis económica: a pesar de la mundialización, no es verdaderamente global. Violenta en los países industrializados en los que el paro progresa, sólo toca superficialmente a los grandes países emergentes del antiguo tercer mundo, que conocen insolentes tasas de crecimiento. Para el geógrafo David Harvey es un giro geopolítico: a partir de ahora, las riquezas emigran del Oeste hacia el Este. Esta nueva cartografía de los flujos de capital es fuente de inestabilidades políticas y sociales. Pero no modifica en nada la naturaleza profundamente desigualitaria del crecimiento, que sigue sirviendo, en su opinión, a los intereses de los más ricos. Plantea, a la inversa, la instauración de verdaderas políticas de desarrollo que beneficien a la mayoría.

Jefe de fila de la "geografía radical" ("radical geography"), corriente constituida en los años 1960 sobre una base antiimperialista y anticapitalista, David Harvey es una de las figuras de la izquierda intelectual americana. Nacido en Gran Bretaña, enseña en los Estados Unidos desde hace muchos años, hoy en la universidad de New York (Cuny). Muchas de sus obras están publicadas en castellano por Akal, particularmente, Espacios de Esperanza, El nuevo imperialismo, Breve historia del neoliberalismo…

¿Cambia algo la crisis económica y financiera actual en la "geografía de la dominación"?

Ratifica una situación ya perceptible anteriormente. En 1987, a la salida de una de las precedentes crisis económicas, los Estados Unidos habían llegado a la conclusión de que, cualquiera que fuera su estrategia económica, en adelante no podían ya actuar solos. Tenían necesidad de los demás países. En 2010, la mitad del mundo se comporta de forma keynesiana y la otra mitad es monetarista. Pero los gobiernos de los países en crisis no han cambiado nada hasta ahora en las políticas que llevaban. Intentan prolongar el mundo tal como era antes. La economía de antes de la crisis era favorable a los más ricos. La política era dirigida por los más ricos, la utilizan para mantener su dominación.

Los grandes países industrializados atraviesan una crisis económica y social fuerte, pero no es el caso de China o Brasil. ¿Cambia la geopolítica de las economías?

Es un momento clave desde el punto de vista geopolítico. Hasta ahora, las riquezas iban del Este hacia el Oeste. Pero hoy tienen tendencia a seguir la trayectoria inversa: del Oeste hacia el Este. Se oye mucho que es una crisis mundial, pero no lo creo. O entonces, todas las crisis desde hace treinta años lo han sido, salvo que cada vez afectan a ciertas partes del mundo más duramente que a otras. Si estuvieras en China dirías: "¿qué crisis?". Pero en 2001, cuando Argentina conoció una enorme recesión con el 30% de paro, los americanos no veían la crisis. Mis amigos argentinos me dicen hoy: "¡Atravesaréis un programa de ajuste estructural! Ahora váis a saber lo que es…". Esto podría crear una situación inconfortable, incluso peligrosa.

Casi en todas parte crece una fiebre antiinmigrantes: en Europa, en los Estados Unidos, en Asia oriental. Hay también una recuperación de los nacionalismos y de los estereotipos nacionales. La lectura de los periódicos alemanes en el momento de la crisis griega era muy dolorosa. En Europa, la idea de una solidaridad entre los países ha saltado en pedazos. En los Estados Unidos, se desarrolla la expresión política de un miedo al declive. Las últimas recesiones americanas han sido seguidas de episodios de crecimiento que no creaban empleos. Esta vez es aún peor, porque el paro continúa aumentando mientras la recesión ha terminado oficialmente. Alrededor de la mitad de las pérdidas de empleos de los países industrializados se concentran en los Estados Unidos.

La loca reacción de la derecha americana, con el movimeinto del Tea Party, pero también la actitud de la derecha del Partido Demócrata que no ha defendido el balance de Obama, son indicadores de que mucha gente tiene miedo. El gobierno americano está tentado de endurecer su posición respecto a China. Pero los chinos no quieren ser maltratados. La suspensión por China de sus exportaciones de tierras raras [nombre dado a un conjunto de metales raros] es también por su parte una forma de provocación. Hemos vivido un episodio de "guerra de las divisas". Emergen antagonismos que no son aún terribles, pero que podrían serlo.

La tentación proteccionista de las economías desarrolladas puede ser vista como una reacción antichina, pero es también una forma de proteger las industrias nacionales y el empleo.

Pero la única fuente de mejora de las condiciones de vida de los trabajadores americanos desde hace veinte años proviene de ¡las importaciones muy baratas de China! Si os protegéis contra eso, vais a provocar inflación, y la gente se sentirá menos rica. Los trabajadores de las industrias tienen quizá interés en el proteccionismo, pero no todos los demás.

Si tomas medidas proteccionistas y aumentas los salarios, será diferente. Pero tengo tendencia a no defender el proteccionismo. Creo que el control de los flujos de capitales es más importante. A corto plazo, instaurar una tasa sobre las transacciones y el capital para frenar la especulación. A largo plazo, habría que obligar al capital a asumir los costes políticos, sociales y medioambientales que implican sus desplazamientos. Por ejemplo, tasando las empresas para hacerles pagar el coste social de sus deslocalizaciones.

Mencionas los costes medioambientales de la actividad económica. Para los ecologistas, son tan elevados que hay que salir del modelo del crecimiento, y algunos llegan incluso a plantear un decrecimiento. ¿Qué piensas de esto?

A largo plazo, será preciso el crecimiento, pero débil. No hay forzosamente necesidad de crecimiento para desarrollarse, contrariamente a lo que se nos sigue diciendo. Desde hace treinta años, el crecimiento no ha servido en absoluto para el desarrollo. Al contrario, ha producido subdesarrollo, incluso en los Estados Unidos: la desindustrialización ha transformado vidas estables en vidas inestables, muy precarias. Lo mismo ha ocurrido en Europa.

El crecimiento sirve siempre a los intereses de los más ricos, no los de la amplia mayoría de la población. Se nos ha dicho siempre que era más fácil redistribuir con un crecimiento más fuerte. Pero esto no es lo que ha ocurrido. Mira los países que tienen un fuerte crecimiento hoy, India por ejemplo: el año pasado, el número de multimillonarios se duplicó allí. Algunos salen muy bien. Pero sin embargo no todo el mundo se beneficia de ello. Lo mismo en China, donde las desigualdades sociales son gigantescas.

Sin embargo, la noción de crecimiento cero me plantea problemas. Estamos en situación de crecimento demográfico. Proponer el decrecimento en África no me parece razonable. La situación actual es muy interesante: no es verdaderamente crecimiento cero, pero no se está muy lejos con un muy débil crecimiento en el mundo industrializado capitalista. No es forzosamente un problema en si mismo. Son los planes de rigor en la educación, las economías en los gastos sociales los que son problemáticos. Los poderes políticos, para preservar los intereses de los más ricos, atacan a lo que permite el desarrollo del resto de la población. Solo los movimientos sociales pueden esperar cambiar este curso de las cosas, a imagen de las manifestaciones en Francia contra la reforma de las jubilaciones.

Sin embargo este movimiento de las jubilaciones no ha logrado proponer alternativas radicales y ambiciosas a la política de alargamiento de la duración del trabajo. Según las movilizaciones, los sindicatos continúan reclamando más poder de compra, más empleos, por tanto más crecimiento.

La izquierda tiene tendencia a ser muy conservadora, y a llevar a cabo batallas dictadas por las condiciones económicas y políticas de hace treinta o cuarenta años. No es cierto para todos los sindicatos, pero para un cierto número de ellos, seguimos en los años 1960. En aquella época, se creía que el crecimiento era algo bueno, y que la izquierda haría de él mejor uso que los capitalistas. Eso no se puede creer hoy. La izquierda no juega su papel. No sabe verdaderamente porqué luchar.

Con Seattle en 1999, y luego la experiencia de los foros sociales, hubo signos esperanzadores pero no han sido concluyentes. La izquierda sigue sufriendo los mismos problemas: está dividida y atrapada por su fetichismo de las formas organizativas. Cada grupo tiene su visión de lo que es una organización perfecta, pero independientemente de los problemas con que se encuentran. Es como si un médico propusiera el mismo tratamiento para un simple arañazo en el dedo o una grave gripe.

http://www.mediapart.fr

+ Info:

Organizarse para la transición anticapitalista. David Harvey, Viento Sur

Los siete momentos del cambio social, David Harvey, Viento Sur 31/12/2009

David Harvey: "Matar a los trabajadores y salvar a las compañías: esa es una forma de acumulación por desposesión"


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