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Anticapitalistes
  
diumenge 18 de setembre de 2011 | Manuel
NPA. ¿Es la crisis final?

Lénaig Bredoux

Cuando el sabio señala la luna, el idiota mira el dedo, aunque el dedo que esté atrofiado o roto”: Olivier Besancenot no es candidato en las presidenciales pero está de mitin. Y disfruta a costa de los “observadores” que han apostado por la muerte del NPA, ante sus compañeros reunidos en la universidad de verano. “Libre” ya, se niega a creer que las tensiones que tanto han crispado a la joven organización antes del verano hayan alterado definitivamente el proyecto de un amplio partido de ruptura a la izquierda del PS, lanzado jubilosamente en 2009 con, entonces, 9.000 miembros.

Luego, la mitad se ha ido, y quienes permanecen están ya divididos en dos, con una corta mayoría para los defensores de una línea más “revolucionaria”, adversarios de las negociaciones con el Frente de Izquierdas. Son ellos quienes han elegido a Philippe Poutou, un obrero de la metalurgia de 44 años, para representarles en las presidenciales. Los otros, defensores de un perfil más unitario, han asistido, impotentes, a lo que viven a veces como una traición. Tras la pausa estival, ¿en qué situación están? ¿Está muerto o no lo está el NPA?

Primero, las cifras. La dirección anuncia una presencia de 850 personas en Port-Leucate, es decir menos que los dos años precedentes (entre 1.000 y 1.500) pero que no es ridícula. “Casi no había ni 400 personas inscritas a comienzos de julio”, suspira aliviado Pierre Baton, elegido para el Comité Ejecutivo (CE). Los múltiples talleres organizados, sobre las izquierdas, Daniel Bensaid, los barrios populares o el feminismo, estaban repletos, la participación entusiasta, mostrando una vida militante a mil leguas de los pulsos de la dirección.

Es la segunda vida del NPA, recalca Oliver Besancenot. Quienes anunciaron la muerte del NPA se han equivocado... El cadáver es resistente. Se reivindica y se asume que se está en un proceso, y que se aprende andando”. Olivier barre todas las objeciones. ¿Las tensiones? “Una fase obligada. Pero tenemos un candidato. Y el NPA no ha estallado en dos”. ¿Que algunos no harán la campaña? “En 2002 y 2007 era igual. Yo tampoco conseguí nunca el consenso”. ¿Poutou ultranovicio? “La crisis da un nuevo relieve a su candidatura. Sabrá de qué habla cuando evoque las consecuencias concretas de la crisis”.

En definitiva, el NPA está bien. Pero Olivier Besancenot es uno de los pocos que lo ven así.

Para la gran mayoría de sus camaradas de la dirección, el momento es “crítico”. Con las caras un tanto desconcertadas y las sonrisas crispadas. Algunos casi ni se hablan; Pierre-François Grond, antes muy cercano a Besancenot, no ha venido. Los más amargos son los antiguos aliados del candidato-cartero de 2002 y 2007: con la opción por Poutou, toda la dirección del NPA ha estallado, uniéndose Besancenot y algunos cercanos a los “duros” de la organización (posición A) mientras la otra mitad se ha aliado con los “unitarios” (posición B).

Entre ellos, Ingrid Hayes, miembro del CE, y “entre la rabia y la inquietud”. Normalmente mesurada ante la prensa, esta vez hace restallar las palabras. “Hay un aspecto de desorden que no me acaba de convencer. Y una inquietud porque lo que está en marcha, es la posibilidad de supervivencia de la corriente en la que me comprometí hace diez años”, dice de entrada.

Y prosigue: “La única función de la candidatura de Philippe Poutou es instalar una mayoría sectaria a la cabeza del NPA, con corrientes ’revolucionaristas’ hostiles al proyecto inicial del NPA. Quieren hacer algo diferente: un enésimo grupúsculo de extrema izquierda que intenta reagrupar a las corrientes trotskystas. Esta candidatura está en las antípodas de lo que se había intentado hacer y no veo su funcionalidad política: no sirve para nada; ya está Lutte Ouvrière”.

La retirada de Olivier Besancenot

Piensa en los antiguos de LO (Lutte Ouvrière), que se habían sumado a la LCR hace varios años -como Philippe Poutou-, los que vinieron con el NPA, los pequeños grupos de ultraizquierda integrados en el nuevo partido, y los antiguos dirigentes de la organización de juventud de la LCR. “Ellos están en una lógica de ’putsch’, dice otro dirigente, que prefiere el “off the record”. “Debates internos, siempre ha habido. Pero ahora es diferente, esto ya no es mi casa”.

Por decirlo rápidamente, la posición B teme que una pequeña minoría, alrededor de esos grupos, tome el control del NPA y lo torpedee definitivamente. Quienes les apoyan sin estar dentro, entre ellos una gran parte de los dirigentes “históricos” de la LCR, juran que eso es una entelequia. Alain Krivine: “La posición B piensa que hemos traicionado. Pero las tres cuartas partes de la actividad del NPA son unitarias. En cuanto a ellos (los ’revolucionaristas’), no deciden nada de nada. Somos nosotros...”. Olivier Sabado: “¿El repliegue sectario? ¡Eso es una tontería!

Aparecen mucho hoy, pero el candidato no ha salido de sus filas, no son mayoritarios en el equipo de campaña”, dice también Pierre Baton, uno de los pocos de la dirección que no ha militado en la LCR antes de entrar en el NPA. “No tengo en absoluto la intención de participar en una organización sectaria. Pero se puede ser abierto y amplio sin orientarse hacia un bloque de izquierdas” .“No he hecho una mayoría de orientación con ellos. Sobreestiman la radicalidad; no tienen más que una consigna: el socialismo y la revolución. Por el momento, no es más que una dirección de campaña”, abunda su compañera y aliada Sandra Demarcq.

Esto en lo que se refiere a la acusación de un NPA que se transforma en una “mini-LO”. Pero resulta que el NPA tenía dos rostros en Port-Leucate: la mayoría jurando que “esto va mejor”, y que la campaña está lanzada, mientras los otros siguen traumatizados, pensándose si distribuir o no panfletos llamando a votar Poutou. Pero todos, o casi, se hacen preguntas sobre las razones de la crisis interna.

Un nombre aparece sin cesar: el de Olivier Besancenot. La implosión de la dirección elegida hace dos años se ha producido al anunciar su negativa a volverse a presentar. “Era el cemento de la dirección”, explica Léonce Aguirre, uno de los representantes de los “unitarios”. En resumen, explica Pierre Baton, “algunos pensaban ya que la línea era demasiado dura pero que era asumible con la imagen de Olivier”, es decir su popularidad, incluso en los medios populares y obreros.

La portavoz Christine Poupin lo admite: “Nos hemos visto afectados por una contradicción enorme en la constitución misma del NPA. La posibilidad de la creación del NPA estaba ligada a los éxitos electorales y al lugar que ha ocupado Olivier. Sin embargo era una situación eminentemente contradictoria, entre nuestro análisis de la transformación de la sociedad y la personalización a ultranza. Quizá nos hemos dejado ir. No lo hemos previsto”.

Y luego hay toda una serie de otros factores citados por los militantes. Sin citarlos ordenadamente: la crisis del capitalismo que provoca repliegue y desconcierto, particularmente entre los más precarios; las sucesivas derrotas sociales, particularmente el fracaso del movimiento de las jubilaciones -"Sólo somos el reflejo de lo que ocurre en la vida social”,dice Poutou; las tácticas electorales en solitario que se han saldado con fracasos; el debate sobre el velo; la debilidad de la dirección; el vacío dejado por la muerte de Daniel Bensaid o también la falta de debates democráticos.

¿Dos proyectos contradictorios?

Pues, en el fondo, al NPA se le plantea una cuestión existencial: ¿y si hubiera sido fundado sobre un gran malentendido con un proyecto que parecía satisfacer a todas las sensibilidades pero del que cada uno hacía, en realidad, su propia interpretación? Es en parte, la tesis de Léonce Aguirre, dirigente de la LCR, y hoy en la minoría del NPA:
La raíz de la crisis interna no es el desacuerdo sobre el planteamiento unitario para las elecciones. Hay dos concepciones del NPA, con por un lado la voluntad de hacer un partido revolucionario clásico de los años 1970 -y el NPA se convierte en una centrifugadora: empezando con 9.000 militantes, se llega a una LCR ampliada numéricamente. Del otro, es la idea de un partido amplio y pluralista, aceptado que algunas cuestiones no estén zanjadas, como su delimitación estratégica (su naturaleza revolucionaria o no). La orientación actual da la espalda a esto”.

La mayor parte había hecho la apuesta de que esos debates se saldarían por sí mismos, dentro de la dinámica de expansión del NPA. “Pero para eso, hacía falta que prosiguiera”, explica Ingrid Hayes. La otra portavoz, Myriam Martin, que defiende también la orientación ya minoritaria, lo admite: “Se han tenido interpretaciones diferentes del proyecto inicial. Hay cosas que no estaban suficientemente expresadas estos dos últimos años”.

Su posición B ha anunciado ya que iba a constituirse en corriente, con una aparición pública (un nombre, una página web, una revista), para intentar motivar de nuevo a la gente y recuperar a los militantes que se han salido, o están a punto de hacerlo, del NPA.

La nueva mayoría, por su parte, intenta quitar hierro y quiere creer que el debate está en otro lugar. Para sus partidarios, los desacuerdos son mucho menos profundos. “Son sobreinterpretaciones de desacuerdos tácticos y no estratégicos”, explica Sabado. Sandra Demarq: “Defiendo lo mismo que cuando la creación del partido: un partido de transformación revolucionaria y de ruptura. Algunos piensan que no es ya posible a causa del reflujo actual y porque Oliver no es candidato. Pero no se aún hasta donde llega el desacuerdo. No hemos tenido tiempo de tener el debate”.

Gaël Quirante, miembro del CE y uno de los jefes de fila de la corriente llamada “revolucionaria”, no dice nada diferente: “Se han hecho análisis diferentes de las potencialidades del período: algunos piensan que es un período de reflujo; otros que es un período de movilizaciones, que abre oportunidades. No hay victoria pero la cuestión de la revolución es posible en el sur del Mediterráneo. Están en curso procesos revolucionarios, existen movilizaciones de masas importantes bajo una forma de indignación, que llegarán al resto de Europa”. Para él, no hay duda, la “nueva acentuación de las contradicciones de clase”, puesta al día por la crisis, “vuelve a encarrilar al NPA”.

Con sus camaradas de la mayoría, espera que las próximas campañas, particularmente sobre la deuda, en el corazón del primer discurso de candidato de Philippe Poutou el lunes por la tarde, permitirán apaciguar los espíritus. A condición, por supuesto, de que el NPA logre reunir los 500 apadrinamientos de electos (para poder presentarse a las elecciones). Poner los pies en tierra, de alguna manera.

Port-Leucate, 31/08/2011

Font: Viento Sur

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR


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