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dilluns 20 de juny de 2011 | Manuel
15-M: 19J: indignación masiva + 19J en Barcelona. No hay dudas: la calle es nuestra

Josep Maria Antentas y Esther Vivas. El País

La indignación ha superado una vez más todos los cálculos, tomando masivamente las calles, y mostrando la brecha abierta entre malestar social y políticas en las instituciones. Del 15M al 19J, se han acumulado fuerzas y se han tejido complicidades, y no sólo en lo local (acampadas y barrios) sino con amplios sectores sociales que se han sentido identificados con esta crítica rotunda a la clase política y a un sistema bancario y financiero a quien se responsabiliza de la presente crisis. El lema “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros” sintetiza ambas demandas.

Las y los indignados han señalado sin ambigüedades a aquellos que han claudicado frente a los “mercados” y que, exigiendo políticas de recortes, no se las han aplicado a si mismos. “Queremos políticos mileuristas” era una de las consignas fervientemente aplaudidas en la manifestación. La democracia actual ha resultado ser cada vez más vacía de contenido para una ciudadanía con voluntad de decisión y de control sobre sus propias vidas. Un voto cada cuatro años no es suficiente para quienes reivindican la política como el ejercicio cotidiano de sus derechos, en el día a día y de abajo arriba.

El cerco al movimiento, tras la acción al Parlamento catalán el 15J, no ha podido con una indignación social colectiva que supera a aquellos y aquellas que han estado en las acampadas. Quien crea que el movimiento es cosa de jóvenes, activistas... se equivoca. También lo hace quien lo considere un mero problema de orden público. Los de siempre han pasado a ser muchos. Dos años y nueve meses de crisis, pesan. El movimiento expresa una corriente profunda de malestar social que, finalmente, ha emergido a la luz pública y, como es habitual, de forma imprevista y con formas novedosas. No estamos ante un fenómeno coyuntural o pasajero, sino ante las primeras sacudidas de un nuevo ciclo de movilización, de las que el 15M y las acampadas han actuado de lanzadera.

Del 15M al 19J se ha recuperado la confianza en la acción colectiva. Se ha pasado del escepticismo y la resignación al “sí se puede”. Las revueltas en el mundo árabe, las movilizaciones en Grecia y el “no pagaremos su crisis” del pueblo islandés han pesado con fuerza en el imaginario colectivo y le han dado impulso, permitiendo recuperar la confianza en el “nosotros”. La “globalización de las resistencias” de aquel movimiento altermundialista, de hace ya más de diez años, se revive de nuevo en un escenario bien distinto, marcado por la crisis.

Después de la jornada del 15J, en la que el movimiento se vio inmerso en una batalla por la legitimidad, el 19J se presentaba como un test para mostrar su solidez frente a los ataques recibidos. Se trataba de traducir en acción en la calle las simpatías populares que éste había despertado. Y así ha sido. El 19J ha mostrado la ampliación del movimiento, su capacidad de movilización de masas y su explosiva expansión en un tiempo muy breve. Su crecimiento respecto al 15M no sólo es cuantitativo sino también cualitativo, en términos de diversificación de su base social y composición generacional.

¿Y ahora qué? Los desafíos del movimiento pasan por reforzar su arraigo territorial, potenciar asambleas locales y mecanismos de coordinación estables. Asimismo, se trata de buscar lazos con la clase trabajadora, los sectores en lucha y el sindicalismo combativo, y mantener la presión sobre los sindicatos mayoritarios, desconcertados por un cambio en el panorama político y social que no preveían. Es necesario conseguir victorias concretas. La parálisis de varios desahucios, aún siendo pequeños triunfos muy defensivos, señalan el camino y aportan nuevas energías. Más en general, el movimiento tiene el reto de combinar su carácter generalista, de crítica global al actual modelo económico y a la clase política, con el fortalecimiento de las luchas concretas, contra los recortes sociales y las políticas que buscan transferir el coste de la crisis a las y los de abajo.

El 19J ha marcado un punto de inflexión que culmina la primera fase abierta con el 15M y prepara la siguiente etapa de un movimiento que no ha hecho más que empezar.

Josep Maria Antentas es profesor de sociología en la Univeristat Autònoma de Barcelona. Esther Vivas es miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universitat Pompeu Fabra.

Font: El País 20/6/2011

+ Info:

Indignats. I ara què? Josep Maria Antentas y Esther Vivas, Público (ed. Catalunya), 29/06/2011. En castellano aquí


19J en Barcelona. No hay dudas: la calle es nuestra

Josep Maria Antentas y Esther Vivas, Rebelión 25/6/2011

El 19J se presentaba como un test decisivo para el movimiento nacido el 15M. El objetivo inicial de la jornada era traducir en movilización en la calle las simpatías populares que el movimiento había despertado durante estas semanas. Después de la jornada del 15J ante el Parlament de Catalunya, sin embargo, la manifestación de este domingo 19 era una prueba de fuerza frente a los adversarios del movimiento. Tras el 15J éste se vio inmerso en una batalla por la legitimidad y necesitaba exhibir músculo y una movilización de masas que acallara las dudas.

El resultado no arroja discusión. No vale la pena entrar en guerras de cifras, pero en la jornada del 19J centenares de miles de persones salieron a la calle. 150.000 se manifestaron en Madrid, en una espectacular marcha organizada por columnas desde los barrios hacia el centro. 275.000 (según datos al parecer dados por las fotos hechas vía satélite por google) lo hicieron en Barcelona, colapsando el centro de la ciudad. Y así en más de 50 ciudades del Estado español.

El tono y el perfil de las convocatoria se caracterizó por la combinación de su ambiente festivo y lúdico con la radicalidad de sus demandas. “La calle es nuestra. No pagaremos su crisis” era el lema general de la convocatoria de Barcelona acompañada de tres subeslóganes: “Paremos los recortes”, “Felip Puig [el consejero de Interior] dimisión” y “Hacia una huelga general de todos y todas”. La críticas al Pacto del Euro, a los recortes sociales, a la banca, la demanda de una huelga general...fueron algunas de los eslóganes más recurrentes. En la memoria de muchos estuvo la enorme manifestación “contra la Europa del Capital y la Guerra” del 16 de marzo de 2002 durante la cumbre de la Unión Europea en la ciudad, entonces un hito del movimiento “antiglobalización”.

El 19J ha mostrado la ampliación cuantitativa y cualitativa del movimiento respecto al 15M. En un mes la base social del mismo se ha ampliado, diversificado social y generacionalmente, y arraigado social y territorialmente. Culmina así la primera fase abierta con el 15M y las acampadas y empieza otra, todavía por definir.

Esta primera sacudida social ha reflejado la profundidad de la dinámica en curso y la consistencia de la indignación social y del movimiento en marcha, que ha sobrevivido al feroz ataque posterior al 15J. La operación de criminalización puesta en marcha tras el bloqueo al Parlament de Catalunya finalmente no funcionó. Acorralado mediáticamente el miércoles 15, el movimiento demostró poco después que sigue gozando de amplios apoyos populares.

En Catalunya si el 15J, en pleno torbellino mediático, algunos sectores sociales simpatizantes con las y los indignados posiblemente pensaron que el movimiento “había ido demasiado lejos” y que “así no se hacían las cosas”, la mayoría de ellos bascularon progresivamente de nuevo hacia el movimiento durante los días posteriores. Parece claro que el gobierno conservador de CiU de nuevo erró mal en sus cálculos tácticos e impulsó un ataque tan brutal contra el movimiento que fue percibido como excesivo para buena parte de la opinión pública. Las denuncias de “kale borroka de baja intensidad” y de acciones de “extrema violencia” referidas a la acción ante el Parlament sonaron exageradas a la luz de las imágenes vistas. La amenaza chulesca del Consejero de Interior de presentar una querella contra Arcadi Oliveres, presidente de Justicia y Paz y cuya popularidad en Catalunya es enorme, por sus insinuaciones de que podrían haber habido policías infiltrados provocando altercados ante el Parlament, sólo sirvió para dar más audiencia a los videos circulando por internet que denunciaban la infiltración policial. Y confirmó, sin dudas, la voluntad del gobierno de CiU de utilizar la movilización ante el Parlament para criminalizar a los movimientos sociales en general. Igualmente, el ataque directo a la Federación de Asociación de Vecinos de Barcelona (FAVB), que había convocado a una cacerolada ante al Parlament (pero no al bloqueo) fue visto como un intento para desacreditar a una de las organizaciones sociales más representativas de la ciudad, destinada a jugar un papel clave en la oposición municipal al nuevo alcalde conservador Xavier Trías.

En la criminalización al 15J, como en otras ocasiones, ha quedado patente la existencia de una distancia y una disonancia notoria entre el discurso de los medios de comunicación y el sentir social mayoritario. La verborrea sobre ”ataque a la democracia”, “secuestro del parlamento”..., demostró finalmente expresar más la opinión interesada de muchos creadores de opinión que de mucha de la gente de a pie. La sacralización de las instituciones y sus representantes hecha por los medios resultó no ser un reflejo fiel del sentir de la calle. Muchos medios de comunicación preguntaron al movimiento los días 15 y 16 si hacían “autocrítica” por la movilización ante el Parlament. A la vista de la manifestación del 19J muchos profesionales honestos del periodismo y que desde posiciones favorables a las y los indignados genuina y sinceramente no entendieron la acción del 15J, deberían plantearse a sí mismos la pregunta.

El movimiento, además, supo reaccionar, a pesar de las dificultades de forjar consensos y de problemas de funcionamiento interno, con un discurso inteligente al intento de criminalización. Reafirmó la legitimidad de la acción de “bloqueo” al Parlament, realzó su petición de convocatoria de un referéndum sobre los recortes sociales, insistió en la sobreexageración mediática de los incidentes “violentos” acontecidos en la jornada, reiteró las sospechas de provocaciones policiales, denunció la violencia policial y los arrestos durante la protesta, y se desmarcó (sin entrar en condenas criminalizadoras) de aquellas acciones que habían tenido lugar durante la movilización que no se enmarcaban en el criterio de “acción masiva, no violenta y determinada” consensuada en la preparación de la jornada.

En este escenario parte de la izquierda moderada catalana, que el 15J jugó un lamentable papel confrontándose con el movimiento y actuando bajo el redil de la derecha, acabó entendiendo que en la manifestación del 19J no sólo se jugaba el futuro y la credibilidad del movimiento. Un fiasco en la manifestación habría deshinchado a un incómodo movimiento para la izquierda parlamentaria, es verdad, pero a costa de echarla a los pies de los caballos de la derecha gobernante. De forma discreta, partidos como ICV-EUiA mostraron su apoyo a la manifestación y así lo hicieron indirectamente también algunos de los medios de comunicación afines a la izquierda parlamentaria. Por su parte, los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, en un segundo plano desde el ascenso del movimiento, hicieron un llamado a la participación a la manifestación y estuvieron presentes en ella (con un bajo perfil para evitar susceptibilidades).

El éxito del 19J muestra pues la profundidad de la simpatía popular hacia el movimiento y del malestar social que éste expresa. Detrás de la masiva participación hubo también una reacción defensiva de buena parte de la base social del movimiento que entendió la excepcionalidad de la convocatoria, su importancia crucial y la necesidad de una respuesta contundente a los intentos de criminalizarlo y destruirlo.

Las declaraciones de todos los dirigentes políticos catalanes después del 19J, empezando por las del presidente de la Generalitat, Artur Mas, que afirmaba “comprender” a los y las indignadas, y las del consejero de Interior, Felip Puig, que “felicitó” con cara de circunstancias a los organizadores de la manifestación, son la mejor prueba del rotundo éxito del 19J en Barcelona.

Sabedores que, finalmente, la calle despertó los partidarios de “la ley y el orden” viven días de zozobra.

+info:

http://esthervivas.wordpress.com

19-J: Himno a la alegría. Miguel Romero

El 15M se hace fuerte. Periodismo Humano

19J: una mobilització històrica
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. Revolta Global, 20 de juny de 2011

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15-M: 19J Milers de persones es manifesten a les comarques del sud del País Valencià contra el Pacte de l’Euro. Un impuls a la legitimitat del moviment

15-M: Indignad@s ante el Parlament. Notas sobre la jornada del 15J en Barcelona. Josep Maria Antentas y Esther Vivas, 18/6/2011


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