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Anticapitalistes
  
dimarts 2 de setembre de 2003 | Michel Husson
Contra el orden mercantil capitalista


La próxima cumbre de la OMC se reunirá en Cancún del 10 al 14 de Septiembre. Es el momento de recordar las numerosas razones para movilizarse contra esta monstruosa maquinaria imperialista.

La quinta Conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) es la primera del nuevo ciclo abierto en noviembre de 2001, después de la Conferencia de Doha, y que debe terminar a fines de 2004. Por eso, el orden del día está muy cargado, con tres asuntos principales: los intercambios agrícolas, los servicios (AGCS) y la propiedad intelectual (OGM y sobre todo, medicamentos).

La OMC, creada en 1994, es un instrumento clave de la mundialización imperialista. Su filosofía se basa en un integrismo liberal absoluto que consiste en afirmar que la plena libertad de los mercados es la condición necesaria y suficiente para obtener lo "óptimo", dicho de otro modo, el mejor de los mundos. Sobre el mercado mundial, es necesario entonces hacer saltar todo lo que enmarca y reglamenta el comercio y los movimientos de capitales. En cada país, hay que eliminar las fuentes de "distorsión", que son los servicios públicos y la codificación de los derechos sociales. Tal es el objetivo a alcanzar que la OMC, verdadera agencia inter imperialista, persigue con una obstinación sin fallas. No hay que equivocarse: cada paso adelante en la liberalización debe conducir al siguiente y ningún sector se mantiene apartado. El tratado de Marrakesh, de donde nació la OMC, contiene incluso cláusulas de irreversibilidad extravagantes que hacen casi imposible cualquier vuelta atrás.

Los intercambios mundiales, evidentemente, alcanzaron una intensidad a menudo irracional y esto bastaría para criticar los objetivos de la OMC. Sin embargo, el combate anti globalización no se basa en un rechazo del principio de comercio, sino más bien en el rechazo a un proyecto totalitario que conduce a la regresión social y al caos económico. Esta es sin dudas, la crítica más fuerte: los preceptos liberales no conducen a esta "feliz mundialización" que prometía Alain Minc, sino a un funcionamiento cada vez más caótico. No se ha aportado ninguna respuesta satisfactoria a los problemas sistémicos, como los del medio ambiente, la energía o la salud pública a nivel internacional. Las pretendidas alternativas eficientes evidencian cada vez más su propia ineficacia, en cuanto se refiere a otros criterios que la rentabilidad inmediata.

Finalmente, esta mundialización se expresa en una enorme brecha de las desigualdades a través del mundo. Para no dar más que una sola cifra, el 20% más pobre de la humanidad recibe hoy el 1,3% de la renta mundial, contra el 2,3% de hace 30 años. La razón principal es que, contrariamente al dogma liberal, los países del sur no juegan en la misma categoría que los del norte: los efectos netos de su inserción son globalmente negativos, como ilustra el caso del pollo en Senegal (ver recuadro).

Una institución imperialista

Las movilizaciones alrededor de Cancún deberían ser la ocasión de tomar conciencia de un hecho frecuentemente relativizado: la Unión Europea, representada como tal en la OMC por el socialista Pascal Lamy, es una potencia imperialista. Sus tensiones con Estados Unidos son contradicciones inter imperialistas. Por lo demás, los grandes grupos europeos no están menos interesados en aprovechar la privatización de los servicios públicos: basta con observar a Vivendi o a France Télécom. La Unión Europea desempeña un papel activo, y ha preparado Cancún haciendo presión sobre los países del sur para que acepten la apertura de sus servicios públicos a cambio de la baja de las subvenciones europeas a la agricultura, que desfavorece a sus exportaciones (The Guardian, 15 de Febrero de 2003). Europa demuestra un interés particular por el mercado del agua, incluido un país como Bolivia, en donde las luchas contra la privatización han tomado gran amplitud. "Lo lamento, no puedo hacer esto en público": se entiende mejor el derecho a negociar en secreto reivindicado por Pascal Lamy (Les Echos, 13 de Diciembre de 2002).

La Unión Europea, o cada uno de sus países miembros, imponen a sus socios del sur numerosos pactos bilaterales o regionales - por ejemplo, los acuerdos Euromed con los países del Maghreb - que bien valen al ALCA en América latina. Estos acuerdos a menudo van más lejos que el AGCS y reconstituyen discretamente el AMI (Acuerdo Multilateral sobre Inversiones) que las movilizaciones antiglobalización habían dejado de lado. En esta relación de dominación perfectamente asimétrica, la Unión Europea, que participa como tal en las negociaciones, está claramente del lado de los dominantes. Por lo tanto, Cancún debería ser la ocasión para no olvidar que el antiimperialismo no se reduce a un antiamericanismo un poco estrecho.

¿ Qué hacer con la OMC ?

Está concebida para la mercantilización del mundo, y pensamos que el mundo no es una mercancía. A partir del momento en que se basa en un postulado intrínsecamente perverso, no se sabe bien como se la podría reformar. Los argumentos a favor de esta orientación hacen destacar que se trata de una institución más democrática que el FMI ya que, dentro de ella, cada país cuenta con un voto; que no le da siempre la razón a Estados Unidos; y finalmente que más vale una institución que la desrregulación total pregonada por los liberales extremos. Estos sofismos, típicos de la resignación social - liberal, son fáciles de desmontar. Primeramente, hay que ser ingenuo (o cínico) para ignorar las fantásticas presiones que sufren los países del sur; que la OMC sea un lugar de arreglo de los diferendos interimperialistas no transforma su naturaleza; por último, va de suyo que la lucha contra la OMC se lleva adelante en nombre de otro orden mundial más solidario y que garantice mejor la soberanía de los países dependientes, quienes también tendrán necesidad de sus propias instituciones.

Medicamentos

"Convenimos que el Acuerdo sobre los ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual que afectan al comercio) no impide ni debería impedir a los Miembros tomar medidas para proteger la salud pública". Se necesitaron horas de negociación antes y durante la cumbre de la OMC en Doha de Noviembre de 2001, para reconocer que la salud pública podía primar sobre los "derechos de la propiedad intelectual". Esta concesión a la simple humanidad, sin embargo deja una cuestión en suspenso, la de las condiciones de aprovisionamiento de la mayoría de los países pobres, incapaces de producir por sí mismos genéricos baratos.

Los grupos farmacéuticos amenazaron con la reexportación de genéricos hacia los países del norte para limitar las derogaciones a los países productores. También hicieron presión para limitar estrictamente la lista de enfermedades involucradas. Se encontró un compromiso con el "texto Motta" (el nombre del embajador mejicano), que solo responde imperfectamente a las necesidades de los países del sur, ya que excluye las patologías tan graves como el cáncer o la diabetes. De todas maneras, fue rechazado por Estados Unidos en Diciembre de 2002. Como fiel sostén de la industria farmaceútica, ha juzgado "demasiado suave" la cláusula por la cual "cada Miembro tiene derecho de determinar lo que constituye una situación de urgencia nacional" en materia de salud pública.

Este es un debate fundamental sobre la salud como bien público que se desarrollará en Cancún, con apuestas concretas. La movilización en torno a la cumbre pude impedir que ponga fuera de la ley por mucho tiempo políticas de salud realmente cuidadosas de las necesidades de miles de millones de seres humanos. La OMC no tiene ninguna legitimidad en este terreno. Sus derogaciones son nuestras prioridades.

Agricultura

La liberalización de los intercambios agrícolas será uno de los principales puntos del orden del día en Cancún. Este asunto implica dos grandes temas. El primero es la rivalidad entre Estados Unidos y Europa que se reprochan mutuamente sus subvenciones (52 mil millones y 88 mil millones de dólares, respectivamente). Esta había contribuido al fracaso de Seattle y a debilitar Doha. Los países del sur y el grupo de Cairns (17 países exportadores entre ellos Argentina, Australia y Brasil) habían ejercido una presión común sobre el tema de estas subvenciones y del acceso a los mercados del norte. Habían obtenido algunas promesas a cambio del emplazamiento de este nuevo ciclo de negociaciones, con el flamante título de "Ciclo de desarrollo". Este segundo tema norte sur, descubre los efectos nocivos de las políticas de las grandes potencias: mientras que el acceso a sus mercados tiene cupo, Estados Unidos y Europa inundan el resto del mundo con sus excedentes subvencionados con precios artificialmente bajos.

Fanny Pigeaud, en Libération del 5 de agosto, demostró bien este mecanismo en el caso del pollo en Senegal. Las nuevas tarifas aduaneras impuestas por la OMC y por el FMI prohíben proteger esta industria que se encuentra entonces directamente en competencia con los excedentes subvencionados: el kilo de ave de corral importado vale 250 francos mientras que la producción local está a 1200. El círculo vicioso se engancha muy rápido: pérdida de ingresos o quiebra para los productores nacionales, y déficit comercial profundizado.

Cancún se arriesga a ser una nueva engañifa. Como por casualidad, una proposición de Estados Unidos y de la Unión Europea fue concluida a último momento (el 13 de agosto último). Sigue siendo muy vaga, pero simula una convergencia que podrá imponerse enseguida a los otros países miembros, tratando de hacer pasar en secreto la legalización de OGM. El AGCS El Acuerdo General sobre el Comercio y los Servicios, firmado en 1994, apunta a liberalizar los servicios. Cada país negocia una "lista" que "ofrece" la liberalización: entonces se compromete a garantizar un libre acceso a sus mercados y una igualdad total de tratamiento con respecto a cualquier país. Los servicios públicos son claramente apuntados en el artículo 8: "cada Miembro hará de suerte que todo proveedor monopolístico de un servicio sobre su territorio no actúe, cuando suministra un servicio monopolístico en el mercado considerado, de una manera incompatible con las obligaciones del Miembro". Por cierto, el artículo 1 excluye los servicios "suministrados en el ejercicio del poder gubernamental", pero esta categoría se reduce a "todo servicio que no esté suministrado ni sobre una base comercial, ni en competencia con uno o varios proveedores de servicios". La salud o la educación, entonces, están en el campo del AGCS. Allí también, Cancún debería ser la ocasión de reequilibrar los puntos de vista. En Europa, el proceso de liberalización es llevado adelante por las instituciones europeas, y la "lista" ofrecida por la Unión Europea está de este lado del grado de liberalización ya alcanzado en el mercado interno. Por lo tanto, el AGCS es, ante todo, un acuerdo imperialista que pesa sobre los países del Tercer Mundo sometidos a este contrato leonino que significa la explotación sistemática del sector de los servicios públicos, muy a menudo en beneficio de los grupos multinacionales, incluidos los europeos.

Rouge 2029, 4 de Septiembre de 2003


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