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dijous 26 de maig de 2011 | Manuel
El marxismo de Lenin

Paul Le Blanc, 5/5/2011

En el Foro de la Izquierda 2011, llevado a cabo en la Universidad de Pace en la ciudad de Nueva York entre el 18-21 de marzo, Platypus organizó un coloquio sobre el "Marxismo de Lenin". A los miembros de la mesa, Chris Cutrone de Platypus, Paul Le Blanc de la International Socialist Organization, y Lars T. Lih autor de Lenin Reconsidered: “What is to be Done” in Context (Lenin Reconsiderado: El "¿Qué hacer?" en su contexto), se les pidió que trataran sobre "¿Que hay de específico en el marxismo de Lenin? ¿Cual es su relación con otras formas de marxismo y con otros marxistas de su época? ¿Lenin era ortodoxo o heterodoxo? ¿Se puede hablar de una ’unidad’ en el pensamiento político de Lenin, como argumentó Georg Lukács, o cada uno de sus principales trabajos - ¿Qué hacer? (1902), El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), el Estado y la Revolución (1917), La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo (1920) – expresan etapas distintas e incluso contradictorias del desarrollo político de Lenin? ¿cómo se impuso el marxismo de Lenin –o no- a otras formas alternativas de marxismo? ¿Cómo deberíamos entender hoy la contribución histórica de Lenin al marxismo? Lo que sigue es la intervención de apertura del coloquio de Paul Le Blanc.

EL MARXISMO DE VLADIMIR ILICH LENIN representa -como mi amigo Lars Lih subraya - lo mejor que uno puede encontrar en el Marxismo de la Segunda Internacional. Este "mejor marxismo de la Segunda Internacional" incluye las ricas contribuciones de Karl Kautsky hasta 1910, así como las de Rosa Luxemburgo, Franz Mehring, David Riazanov (i), y por supuesto las de León Trotsky. Las cualidades de estos teóricos brillan en una nueva y notable colección de textos, Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Testigos de la Revolución Permanente: El Registro Documental), editado por Richard Day y Daniel Gaido. Es una colección que deja fuera a Lenin, excepto por referencias relativamente negativas, sobre todo en la, bastante aceptable desde el punto de vista académico, introducción, lo que, lamentablemente, refleja la inconsistente interpretación "académicista" que el trabajo de Lars ha echado por tierra: la perspectiva de que el Lenin de principios de la década de 1900 era autoritario así como desconfiado de la espontaneidad de clase obrera. Al mismo tiempo, pienso que la imagen de un Lenin que forma parte del "mejor marxismo de la Segunda Internacional" en realidad nos habla de la estrecha relación entre el pensamiento de Lenin y el de Karl Marx. [1]

Lars ha argumentado con frecuencia que los activistas influidos por Trotsky (como yo), a pesar de nuestras virtudes indudables, se han adherido a una versión izquierdista de la crítica "academicista" del Lenin temprano. En realidad, retrocediendo a 1931, vemos que James P. Cannon (fundador tanto del Comunismo como del Trotskismo estadounidense), revisando una colección en lengua inglesa de los textos del periodo inicial de Lenin, comentaba que "Lenin fue un marxista ortodoxo. Un hecho que es evidente en cada página de sus escritos" [2]. Consistente con el extenso estudio de Lars, Lenin Rediscovered (Lenin redescubierto), Cannon encuentra que el marxismo de Lenin de principios de la década de1900s es superior a los de aquellos finos críticos que más tarde serían sus estrechos camaradas: Luxemburgo y Trotsky. Como expresó Cannon, "la política de Lenin fue confirmada durante su vida. Lenin construyó un partido, algo que Luxemburgo no fue capaz de hacer a pesar de todas sus grandes capacidades y talentos; algo que Trotsky tampoco fue capaz de hacer debido a su valoración incorrecta de los Mencheviques" [3]. El marxismo genuino es dinámico, abierto, de orientación crítica - y el término "ortodoxo" a menudo tiene la connotación opuesta. Pero independientemente de esta sutileza terminológica, Cannon y Lars parecen tener la misma posición en este punto, y pienso que, básicamente, ambos tienen razón.

¿Cual fue la contribución específica de Lenin al Marxismo? Según Cannon, "la mayor contribución al arsenal de marxismo desde la muerte de Engels, en 1895, fue el concepto de partido de vanguardia de Lenin, como el organizador y el director de la revolución proletaria" [4]. Sin embargo, esta apreciación parece haber sido refutada por las conclusiones del Lenin Rediscovered. Su argumento puede ser resumido de la manera siguiente:

La teoría y la práctica del partido de vanguardia, del estado de partido único, no (repito, no) son la doctrina central de Leninismo. Esta no es la doctrina central, ni siquiera una doctrina especial… el bolchevismo, el Leninismo, realmente tenían unas doctrinas centrales. Una era teórica, el colapso inevitable del capitalismo en la barbarie. La otra era social, que debido a su lugar en la sociedad, su educación y su número, sólo la clase obrera podría prevenir este colapso y reconstruir la sociedad. La acción política consistió en la organización de un partido para materializar estos objetivos. Estos eran los principios centrales de bolchevismo. La rigidez de su organización política se originó no en el cerebro dictatorial de Lenin, sino de una fuente menos distinguida - el estado policiaco Zarista. Hasta que la revolución comenzara en marzo de 1917, el futuro que Lenin previó y para el que trabajó fue el establecimiento de una democracia parlamentaria en Rusia basada en los modelos británico y alemán… el bolchevismo esperó con impaciencia un régimen de democracia parlamentaria porque en esto consistía la doctrina de marxismo clásico: que sería pasando por una democracia parlamentaria que la clase obrera y la población entera … serían educadas y entrenadas para realizar la transición al socialismo [5].

De hecho, este resumen fue propuesto en 1963, pero no por Lars, que estaba por entonces en la adolescencia. Estas son las palabras de C. L. R. James, cuya mezcla de experiencias y reflexiones como afrocaribeño, británico y estadounidense (con fuertes elementos de Trotskismo) constituye una contribución propia y creativa al Marxismo.

Sin embargo, Lenin y los Bolcheviques - a diferencia de sus camaradas Mencheviques y, en última instancia, a diferencia de Kautsky- estuvieron preparados para seguir las implicaciones de la orientación marxista revolucionaria hasta el final. No se trató de que Kautsky o los Mencheviques "olvidaran", de algún modo, las ideas marxistas que Lenin y sus compañeros "recordaron", sino que se vieron comprometidos [6]. Los mencheviques se adhirieron al dogma de que Rusia, en aquellos momentos, sólo podría llegar hasta una transformación democrática capitalista, que una revolución socialista de la clase obrera no estaría en el orden del día sino hasta muchos años después. Ellos, por consiguiente, se vieron obligados a realizar una alianza entre capitalistas y trabajadores, lo que, naturalmente, creó las presiones que los forzaron a abandonar los elementos de lucha de clases del marxismo. Kautsky, hacia 1910, llegó a ver que se encontraría marginado dentro del cada vez más el conservador y burocrático movimiento de la Social Democrácia alemana a no ser que, sutilmente, pero cada vez en mayor grado diluyera su compromiso aparentemente inequívoco y elocuente con el Marxismo revolucionario. En 1914, cuando la Socialdemocracia alemana apoyó la política de guerra de imperialista del gobierno del Kaiser, y en 1917, ante la Revolución Bolchevique, Kautsky ya estuvo comprometido de forma completa. Lo que es distintivo de los Bolcheviques de Lenin es que no se comprometieron, obstinadamente llevaron a cabo hasta el final las implicaciones de la orientación revolucionaria marxista tal como fue expresado en el ¿Qué hacer?, el Estado y la Revolución, La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo, y en otros textos de Lenin [7].

Esto sugiere que hubiera algo, después de todo, en la afirmación de Cannon de que había un elemento decisivo de diferencia entre la clase de partido del cual formaba parte Kautsky en Alemania y la clase de partido que Lenin y sus camaradas construían en Rusia. Al mismo tiempo, el pensamiento de Lenin puede ser entendido, de forma más fructífera, no como una ruptura, sino como en continuidad con el de Marx [8] (ii).

Una de las enseñanzas clave proporcionadas por Marx y Lenin es que es la propia naturaleza del capitalismo la que hace posible y necesario el cambio revolucionario. Esto es así por varias razones. El avance de la tecnología y de la productividad, gracias a la dinámica del desarrollo capitalista, ha agrupado a las regiones diferentes de nuestro planeta y ha creado un nivel de riqueza social suficiente, o plusvalía económica, para hacer posible una existencia digna, creativa, libre y para posibilitar un autodesarrollo significativo para cada una de nosotras. Sin embargo, las dinámicas del desarrollo capitalista (el proceso de acumulación) son tan destructivas de la libertad y de la dignidad humana que hace necesario el cambio a una forma diferente de sistema económico.

La tendencia natural del desarrollo capitalista ha llevado a crear una clase obrera mayoritaria de en cada vez más sectores del mundo, y la naturaleza de la clase obrera hace posible y necesario un futuro socialista: posible porque una clase mayoritaria, esencial al funcionamiento de capitalismo, tiene el poder potencial de hacerse cargo de la tecnología y de los recursos de la economía para producir un futuro socialista, y necesario porque se requiere la democracia económica del socialismo para asegurar la dignidad, la libertad, y la supervivencia de la mayoría de clase obrera.

Por ello, vemos que tanto para Marx como para Lenin, el socialismo y la democracia son inseparables. La definición misma de socialismo, para ambos revolucionarios, implica la propiedad social y el control democrático de la tecnología y de los recursos de los que depende la vida humana (iii). Marx dice en el Manifiesto Comunista que la clase obrera debe ganar la batalla por la democracia para tomar el control de la economía. Lenin afirma en varios de sus textos más importantes hasta 1917 que la clase obrera puede capacitarse para desarrollar el socialismo sólo haciéndose el luchador más consistente por todas las formas de democracia genuina y de derechos democráticos.

Ambos camaradas creyeron posible ganar una mayoría de clase obrera a esta perspectiva si los revolucionarios desarrollaban una comprensión clara de realidad del capitalismo (el cual crea la posibilidad y la necesidad del socialismo) y ayudaban a otros -especialmente entre la creciente clase trabajadora - a entender esta realidad. Pero ambos insistieron también en que una parte esencial del proceso de crear una mayoría socialista entre la clase obrera implicará ayudar a que los trabajadores se organizen por ellos mismos en el curso de luchas significativas para mejorar sus condiciones de vida (una mejor situación económica, la expansión de los derechos democráticos, etc.). Esto no sólo causará mejoras en las condiciones de vida de la gente trabajadora sino que también les proporcionará un sentido de su poder y de su capacidad para llevar a cabo un cambio. Una acumulación de experiencia organizativa y de experiencia de lucha de clases les capacitará para luchar más con eficacia en el futuro. Esta dinámica social será necesaria debido a que la dinámica natural del capitalismo producirá, en última instancia, la erosión de aquellas ganancias que la gente trabajadora ha sido capaz de ganar. Tal erosión puede ser bloqueada, en última instancia, sólo por la transformación del capitalismo en la democracia económica propia del socialismo. En las luchas de hoy, es necesario educar sobre las exigencias del futuro. De formas diversas, la lucha por reformas aquí y ahora debe vincularse con la lucha por un cambio revolucionario.

Por tanto, con el objetivo de avanzar en la consecución de sus intereses, la clase obrera debe organizarse no sólo como un movimiento económico, sino también como un movimiento político, que debe ser políticamente independiente de los capitalistas y de otros elementos de las clases altas organizados en partidos como el liberal, conservador, y partidos políticos híbridos. Los trabajadores deben utilizar sus sindicatos, organizaciones para la consecución de reformas, y el partido político en la lucha por el poder político. Cuando sean capaces de ganar el poder político (el cual tendrá que estar organizado en base a estructuras radicalmente más democráticas que aquellas desarrolladas por los políticos capitalistas), ello constituirá una revolución de la clase obrera, y deberían usar este poder revolucionario para comenzar la transición de una economía capitalista a una socialista. En el conjunto de este proceso, los trabajadores deben aliarse con toda la gente trabajadora (especialmente agricultores, campesinos, etc.), y con todos los oprimidos, cuya liberación debe formar parte del programa político de la clase obrera.

Dado que el capitalismo es un sistema global, la lucha de la clase obrera por una vida mejor y por el socialismo debe plantearse de forma global, y el desarrollo de socialismo sólo puede conseguirse en una escala global. Lenin jugó un papel principal al fundamentar la estrategia revolucionaria en una clara comprensión del imperialismo, pero la expansividad global y explotadora inherente al capitalismo fue descrita claramente en el Manifiesto Comunista. Marx y Lenin compartieron el internacionalismo revolucionario más riguroso, y rechazaron la noción de que un país aislado, por sí mismo, de alguna forma, pudiera alcanzar un futuro socialista. Los trabajadores de todos los países tendrán que unirse en un movimiento internacional multifacético para materializarlo.

También tenemos la cuestion de la organización, sobre la cual, Lenin, con todo derecho, merece tener el mérito de haberle dado una profunda atención, pero en la cual (en mi opinión), en buena parte, siguió a Marx. August Nimtz, en su reciente libro Marx and Engels: Their Contribution to the Democratic Breakthrough (Marx y Engels: Su Contribución al Progreso de la Democracia), hizo un buen trabajo al demostrar la seriedad con la cual Marx y Engels trataron la cuestión de la organización. Como subrayaron en el Manifiesto Comunista, los Comunistas son la sección más avanzada y resuelta del movimiento de la clase obrera, la sección que procura empujar adelante al resto porque son el elemento con mayor clarificación dentro de la clase obrera, con una clara visión "de las condiciones de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario". Hay una necesidad de que organizaciones democráticas, cohesionadas y eficaces de activistas de la clase obrera jueguen este papel. Hay planteamientos radicales y rebeliones militantes que animan a la clase obrera en sus luchas, pero se necesita mucho trabajo serio para ayudar a reunir y profundizar tales planteamientos en una conciencia de clase consistente, y sostener y extender tales rebeliones en una lucha de clases consistente que puede conducir al socialismo. [9]

Todo lo que he acabo de decir es la orientación tanto de Lenin como de Marx.

No tengo tiempo aquí para explorar que pasó con el proyecto revolucionario de Lenin en los años posteriores a la Revolución rusa de 1917, y en particular con la consolidación del régimen de Stalin después de la muerte de Lenin. Sólo puedo citar los comentarios de un Comunista disidente en la Rusia Soviética, Mikhail Riutin: "Stalin mata el Leninismo, [mata] la revolución proletaria bajo la bandera de la revolución proletaria, [mata] la construcción del socialismo bajo la bandera de la construcción del socialismo." Un antiguo aliado de Nikolai Bukharin y antiguo líder del Partido Comunista en Moscú, expulsado en 1930 por su oposición a la colectivización forzada de la tierra, Riutin escribió que "el peor enemigo del partido y de la dictadura del proletariado, el peor provocador y contrarrevolucionario no podían haber realizado el trabajo de destruir el partido y la construcción del socialismo mejor de lo que lo hizo Stalin." [10]

Conforme la teoría Marxista y las perspectivas de organización revolucionaria llegaron a estar cada vez más comprometidas y devaluadas, algunos -incluyendo lideres de algunos partidos comunistas- fueron capaces de permanecer fieles a sus puntos de vista originales durante la década de 1920, y sirvieron como recursos para una renovación Marxista a partir de la década de 1930, junto con las vitales contribuciones de Rosa Luxemburgo y de León Trotsky, y no digamos con el ejemplo y las ideas del mismo Lenin, quien se convirtió en un "vestigio del pasado a rescatar" del Marxismo revolucionario [11]. Con la multiplicación y la profundización de las crisis y sublevaciones de nuestra época, parece probable que recursos como estos atraerán la atención de activistas avanzados en todo el mundo, incluyendo a los de aquí.

Font: http://platypus1917.org/2011/05/05/lenin’s-marxism/

Notes del traductor

i) Sobre D. Riazanov: El caso del camarada Rizanov. Trotsky. Riazanov, editor de Marx, disidente rojo. Obres a marxist.org. Sobre su papel en la elaboración de la teoría de la revolución permanente aquí. Marx y Engels de David Riazanov.

ii) Paul La Blanc resume de la manera siguiente la concepción de Lenin sobre la organización:

"Esto es … una responsable ’organización de verdaderos revolucionarios’, ’un cuerpo de camaradas en el que prevalece una confianza mutua completa’ y en el cual todos ’tienen un claro sentido de su responsabilidad’. Para Lenin, las condiciones previas para ello son el compromiso con un programa político marxista revolucionario y - derivado de esto - un partido efectivo, organizado de forma centralizada, que estimula el pensamiento crítico y la iniciativa local; la integración de tal pensamiento y experiencia en un proceso de desarrollo partidario; e, inseparable de todo esto, una sensibilidad democrática profundamente inculcada, que se manifiesta incluso cuando condiciones excepcionales excluyen la observancia formal de procedimientos democráticos. Una organización centralizada de forma democrática basada en un programa revolucionario - esto fue … la esencia de la concepción leninista de la organización." [Paul Le Blanc, Lenin and the Revolutionary Party. Amherst, NY: Humanity Books, 1993, 53-54]

Un tractament més extens a "Lenin and the revolutionary party today" per Paul Le Blanc.

iii) VI Lenin (1917). Proyecto de decreto sobre el control obrero

Notas:

1. Richard B. Day and Daniel Gaido, eds., Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Leiden: Brill, 2009); Lars Lih, Lenin Rediscovered: ‘What Is to Be Done’ in Context (Leiden: Brill, 2006), publicado de nuevo en rústica (Chicago: Haymarket Books, 2008); August H. Nimtz, Jr., “A Return to Lenin – But Without Marx and Engels?,” Science & Society (October 2009).

2. James P. Cannon, “Lenin and the Iskra Period”, The Left Opposition in the U.S. 1928-31, ed. Fred Stanton (New York: Monad Press/Pathfinder Press, 1981), 332. My own case for the correspondence of the thought of Marx with that of Lenin (as part of a broader revolutionary Marxist stream) can be found in From Marx to Gramsci: A Reader in Revolutionary Marxist Politics (Atlantic Highlands: Humanities Press, 1996). But this is hardly a unique perspective. It can be found (often with substantial documentation) in much of the existing literature, a sampling of which includes: David Riazanov, Karl Marx and Friedrich Engels (New York: Monthly Review Press, 1974); Sidney Hook, Towards the Understanding of Karl Marx, A Revolutionary Interpretation (New York: John Day Co., 1933); Edmund Wilson, To the Finland Station (New York: Farrar, Straus and Giroux, 1972); Christopher Hill, Lenin and the Russian Revolution (New York: Viking/Penguin, 1978); Ernst Fischer and Franz Marek, The Essential Lenin (New York: Seabury, 1972); E. H. Carr, The Russian Revolution: From Lenin to Stalin (New York: The Free Press, 1979); Ernest Mandel, The Place of Marxism in History (Atlantic Highlands, NJ: Humanities Press, 1994); Neil Harding, Leninism (Durham, NC: Duke University Press, 1996); Lars Lih, Lenin (London: Reaktion Books, 2011).

3. James P. Cannon, “Again: On ‘Unity with the Shachtmanites,” The Struggle for Socialism in the “American Century,” ed. Les Evans (New York: Pathfinder Press, 1977), 139.

4. James P. Cannon, “The Revolutionary Party and Its Role in the Struggle for Socialism,” Fighting for Socialism in the ‘American Century,’ ed. David Holmes (Sydney, Australia: Resistance Books, 2000), 11.

5. C. L. R. James, “Lenin and the Vanguard Party,” The C. L. R. James Reader, ed. Anna Grimshaw (Oxford, UK: Blackwell, 1992), 327.

6. This responds to an accusation regarding my views in “Symposium on Lars Lih’s Lenin Rediscovered,” with contributions by Paul Blackledge, Ronald Grigor Suny, Robert Mayer, Chris Harman, Alan Shandro, Paul Le Blanc, and Lars T. Lih, Historical Materialism 18.3 (2010), 25–174. Specifically Lars Lih, “Lenin Disputed,” 131.

7. For a survey collection of Lenin’s writings consistent with this argument, see V. I. Lenin, Revolution, Democracy, Socialism: Selected Writings, ed. Paul Le Blanc (London: Pluto Press, 2008).

8. See Paul Le Blanc, Lenin and the Revolutionary Party (Amherst, NY: Humanity Books, 1993). The material in the following several paragraphs is taken from Michael Yates, “Interview with Paul Le Blanc,” MRZine (28/08/06), http://mrzine.monthlyreview.org/2006/yates280806.html.

9. See August H. Nimtz, Jr., Marx and Engels: Their Contribution to the Democratic Breakthrough (Albany, NY: State University of New York Press, 2000).

10. Paul Le Blanc, Marx, Lenin, and the Revolutionary Experience: Studies of Communism and Radicalism in the Age of Globalization (New York: Routledge, 2006), 133–134. In addition to extensive discussion in this volume, see Paul Le Blanc, “Lenin and Revolutionary Democracy,” Critique: Journal of Socialist Theory, Volume 38, Issue 4, 01 December 2010, 617–630

11. See Perry Anderson, Considerations on Western Marxism (London: Verso, 1979). Gramsci’s political writings and prison notebooks up to the 1930s stand together with four works stretching from 1923 to 1929 by Lukács as outstanding additions to an authentic Leninism. For Gramsci, see Selections from Political Writings 1910-1920 (New York: International Publishers, 1977), Selections from Political Writings 1921-1926 (New York: International Publishers, 1978), and Selections from the Prison Notebooks (New York: International Publishers, 1971); for Lukács, see History and Class Consciousness, Studies in Marxist Dialectics (Cambridge, MA: MIT Press, 1971), Lenin, A Study in the Unity of His Thought (Cambridge, MA: MIT Press, 1971), A Defence of “History and Class Consciousness”—Tailism and the Dialectic (London Verso, 2000), and “Blum Theses, 1928-1929,” in Tactics and Ethics: Political Essays, 1919-1929 (New York: Harper and Row, 1973). On Luxemburg, see Paul Frölich, Rosa Luxemburg (Chicago: Haymarket Books, 2010), Rosa Luxemburg, Socialism or Barbarism: Selected Writings, ed. Paul Le Blanc and Helen C. Scott (London: Pluto Press, 2010), and Georg Adler, Peter Hudis and Annelies Laschitza, eds., The Letters of Rosa Luxemburg (London: Verso, 2011). On Trotsky, see Kunal Chattopadhyay, The Marxism of Leon Trotsky (Kolkata, India: Progressive Publishers, 2006), Bill Dunn and Hugo Radice, eds. 100 Years of Permanent Revolution, Results and Prospects (London: Pluto Press, 2006), and Leon Trotsky, Writings from Exile, ed. Paul Le Blanc and Kunal Chattopadhyay (London: Pluto Press, 2011 forthcoming).

+ Info:

El izquierdismo y la cuestión del partido en Lenin: El bolchevismo y la socialdemocracia revolucionaria. Lars T Lih

Prólogo a “El último combate de Lenin”, de Moshé Lewin. Daniel Bensaïd

El mito del “concepto de partido” de Lenin. Qué hicieron con el ¿Qué hacer? Hal Draper

Proyecto de decreto sobre el control obrero. Lenin 1917

A 100 años del ¿Que Hacer? Leninismo, crítica marxista y la cuestión de la revolución hoy. Werner Bonefeld y Sergio Tischler. Del prólogo de los compiladores aquí


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