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dissabte 16 d’abril de 2011 | Manuel
Semillas secuestradas

Esther Vivas, Público 11/4/2011

Quién ha oído hablar alguna vez del tomate bombilla, la berenjena blanca o la lechuga lengua de buey? Difícil. Se trata de variedades locales y tradicionales que han quedado al margen de los canales habituales de producción, distribución y consumo de alimentos. Variedades en peligro de extinción.

Nuestra alimentación actual depende de unas pocas variedades agrícolas y ganaderas. Tan solo cinco variedades de arroz proporcionan el 95% de las cosechas en los mayores países productores y el 96% de las vacas de ordeño en el Estado español pertenecen a una sola raza, la frisona-holstein, la más común a nivel mundial en producción lechera. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un 75% de las variedades agrícolas han desaparecido a lo largo del último siglo.

Pero esta pérdida de agrodiversidad no sólo tiene consecuencias ecológicas y culturales, sino que implica, también, la desaparición de sabores, principios nutritivos y conocimientos gastronómicos, y amenaza nuestra seguridad alimentaria al depender de unos pocos cultivos y ganado. A lo largo de los siglos, el saber campesino fue mejorando las variedades, adaptándolas a las diversas condiciones agroecológicas a partir de prácticas tradicionales, como la selección de semillas y los cruces para desarrollar cultivos.

Las variedades actuales, en cambio, dependen del uso intensivo de productos agrotóxicos, pesticidas y fertilizantes químicos, con un fuerte impacto medioambiental y que son más vulnerables a sequías, enfermedades y plagas. La industria mejoró las semillas para adaptarlas a los intereses de un mercado globalizado, dejando en segundo lugar nuestras necesidades alimenticias y nutritivas con variedades saturadas de químicos y tóxicos, como recoge el documental Notre poison quotidien de Marie-Monique Robin, estrenado recientemente en Francia.

Hasta hace cien años, miles de variedades de maíz, arroz, calabaza, tomate, patata… abundaban en comunidades campesinas. A lo largo de 12.000 años de agricultura, se manejaron unas 7.000 especies de plantas y varios miles de animales para la alimentación, pero hoy, según datos del Convenio sobre Diversidad Biológica, sólo quince variedades de cultivos y ocho de animales representan el 90% de nuestra alimentación.

La agricultura industrial e intensiva, a partir de la Revolución Verde, en los años sesenta, apostó por unos pocos cultivos comerciales, variedades uniformes, con una estrecha base genética y adaptadas a las necesidades del mercado (cosechas con maquinaria pesada, preservación artificial y transporte de largas distancias, uniformización en el sabor y en la apariencia). Unas políticas que impusieron semillas industriales con el pretexto de aumentar su rentabilidad y producción, desacreditando las semillas campesinas y privatizando su uso.

De este modo, y con el paso del tiempo, se han ido emitiendo patentes sobre una gran diversidad de semillas, plantas, organismos genéticamente modificados, animales, etc., erosionando el derecho campesino a mantener sus propias semillas y amenazando medios de subsistencia y tradiciones. Mediante estos sistemas, las empresas se han adueñado de organismos vivos y, a través de la firma de contratos, el campesinado depende de la compra anual de semillas, sin posibilidad de poder guardarlas después de la cosecha, plantarlas y/o venderlas la siguiente temporada. Las semillas, que representaban un bien común, patrimonio de la humanidad, han sido privatizadas, patentadas y, en definitiva, “secuestradas”.

La generalización de variedades híbridas, que no pueden ser reproducidas, y los transgénicos fueron otros de los mecanismos utilizados para controlar su comercialización. Estas variedades contaminan las semillas tradicionales, condenándolas a su extinción e imponiendo un modelo dependiente de la agroindustria. El mercado mundial de semillas está extremadamente monopolizado y sólo diez empresas controlan el 70% del mismo.

Como señala La Vía Campesina, la mayor red internacional de organizaciones campesinas, “somos víctimas de una guerra por el control de las semillas. Nuestras agriculturas están amenazadas por industrias que intentan controlar nuestras semillas por todos los medios posibles. El resultado de esta guerra será determinante para el futuro de la humanidad, porque de las semillas dependemos todos y todas para nuestra alimentación cotidiana”.

Del 14 al 18 de marzo se celebró, precisamente, la cuarta sesión del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, en Bali, un tratado fuertemente criticado por movimientos sociales como La Vía Campesina, al considerar que reconoce y legitima la propiedad industrial sobre las semillas. A pesar de que su contenido reconoce el derecho de los campesinos a la venta, al intercambio y a la siembra, el Tratado, según sus detractores, no impone estos derechos y claudica frente a los intereses industriales.

Hoy, más que nunca, en un contexto de crisis alimentaria, es necesario apostar por otro modelo de agricultura y alimentación que se base en los principios de la soberanía alimentaria y la agroecología, al servicio de las comunidades y en manos del campesinado local. Mantener, recuperar e intercambiar las semillas campesinas es un acto de desobediencia y responsabilidad, a favor de la vida, la dignidad y la cultura.

Esther Vivas es autora de ‘Del campo al plato. Los circuitos de producción y distribución de alimentos’

Ilustración de José Luis Merino

Font: http://blogs.publico.es/dominiopublico/3257/semillas-secuestradas/


La invasión de los supermercados: impactos y alternativas

Semana de lucha campesina en Alicante

Mariu Berruezo, Plataforma per la Sobirania Alimentària Alacant, 17/4/2011

“El campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende y nosotros como consumidores cada vez pagamos más. Es la gran distribución la que se queda con el 60% del beneficio en la venta de un producto”, Esther Vivas.

Esther Vivas, reconocida activista, ha abierto, este martes 12, con una gran conferencia, la Semana de la Lucha Campesina en Alicante, donde se van a llevar a cabo numerosas conferencias y encuentros para la reflexión y el debate de temas relacionados con la soberanía alimentaria.

Vivas es autora, entre otros, del libro Supermercados no, gracias (Barcelona, Icaria) que incluye artículos de investigadores y activistas sociales. El libro ha tenido dos ediciones y es considerado como la obra de referencia en castellano para los activistas opuestos a la gran distribución.

Esther Vivas, invitada por la Plataforma por la Soberanía Alimentaria de Alicante, comenzó su ponencia, presentada por el profesor de la Universidad de Alicante y miembro de la Plataforma Moisés Hidalgo, hablándonos sobre la lógica de la gran distribución alimentaria dentro del sistema capitalista en el que estamos inmersos, haciendo no sólo una crítica a este modelo, sino, de una manera más detallada, identificando a los actores monopolizadores de esa distribución (Carrefour, Mercadona, Eroski, Alcampo y El Corte Inglés) y a las dos centrales de compra (Euromadi e IFA), las cuales, concentran hoy en día en nuestro país, el 75% de la distribución de alimentos.

A través de esta conferencia, pudimos acercarnos más a un tema tan importante como la actuación de los supermercados a nivel nacional, para reflexionar acerca de sus impactos y sus consecuencias directas en el modelo de agricultura, en el consumo, en la sociedad o en el medio ambiente.

Vivas propuso alternativas en la línea de la soberanía alimentaria, como el consumo responsable y la organización de los consumidores para crear canales cortos de comercialización, defendiendo y recuperando así el derecho a los pueblos a decidir sus propias políticas agrícolas y alimentarias y luchar en contra de ese modelo impuesto de distribución comercial.


Punto y aparte: entrevista a Esther Vivas

“Unas pocas empresas deciden lo que comemos”

Anna Cubillo, Información, 18/04/2011

La activista antiglobalización Esther Vivas, autora de libros sobre movimientos sociales y consumo responsable, estuvo en Alicante en las jornadas por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos y ha intervenido en la Semana de la Sostenibilidad de la Universidad de Elche.

¿Qué mueve a Esther Vivas?

Defender el derecho de los pueblos y de las personas a controlar las políticas agrícolas y alimentarias, ya que nos encontramos en un modelo en el cual los que deciden lo que comemos son unas pocas empresas. También participo en varios movimientos, foros sociales y en la organización política Izquierda Anticapitalista porque creo que para cambiar las cosas es fundamental la lucha social pero también una perspectiva política de cambio.

¿Es viable el anticapitalismo en la sociedad de consumo?

Frente a la lógica del modelo actual es necesaria una perspectiva anticapitalista de cambio, porque se ha demostrado que el sistema actual es incompatible con la cobertura de las necesidades de las personas y los derechos de la tierra, y por lo tanto es fundamental cambiar radicalmente el modelo de producción, distribución y consumo, y esto implica no sólo unos cambios políticos sino también una serie de cambios en nuestros hábitos cotidianos.

¿Soberanía alimentaria versus grandes superficies?

Es necesario anteponer las necesidades colectivas de las personas, el derecho a la alimentación, acceder a los recursos naturales, a la tierra, al agua y a las semillas por encima de una lógica empresarial privatizadora que hoy es la que regula el modelo agrícola y alimentario, y donde los supermercados tienen un poder de control muy grande y que acaba determinando nuestra alimentación. De hecho, esta lógica nos ha conducido a la actual crisis alimentaria en los países del Sur pero también a la erosión de la agricultura campesina y de un consumo saludable en el Norte.
¿Qué hay detrás de la segunda revolución verde?
Es la respuesta que dan las instituciones internacionales, entre ellas también la FAO, para acabar con el hambre en el mundo, pero las soluciones que ellos nos presentan a partir de una nueva revolución verde son falsas, porque nos quieren hacer creer que las mismas políticas que nos han conducido a la crisis alimentaria nos sacaran de la misma y esto es imposible. Han sido incapaces de alimentar al mundo a pesar de que hoy en día hay más comida que nunca en la historia a nivel planetario. Hoy el problema está en el acceso a los alimentos, no se trata de un problema de producción, como señalan estas instituciones.

La juventud europea y árabe se han indignado, ¿qué pasa en España?

Hoy en día está pesando mucho la resignación, el escepticismo frente a la crisis y es necesario convertir este miedo en rabia, en indignación y en movilización. Muchas personas están indignadas y tienen claro que este sistema no funciona pero a veces no se considera que el sistema se pueda cambiar, que haya una alternativa y es necesario dejar bien claro que si nos organizamos y salimos a la calle, si planteamos propuestas políticas podemos conseguir cambios significativos, y esto es lo que nos han demostrado las revueltas de estos últimos meses en el mundo árabe y en el Magreb.

¿Es quizá el miedo a ser criminalizados como antisistema lo que paraliza al pueblo?

Hay una creciente criminalización por parte del status quo, los medios de comunicación… Hay una voluntad de desacreditar a aquellos que plantean alternativas desde un punto de vista altermundialista, antiglobalización, anticapitalista. Pero hoy quien se tiene que justificar es el propio sistema que nos ha conducido a la crisis y no aquellos que planteamos alternativas. Cada vez el malestar social es más grande y esto tarde o temprano acabará implicando una movilización social fuerte.

¿Dónde ha quedado ese cambio que se esperaba en el sistema como resultado de la crisis?

Las respuestas frente a la crisis por parte de los gobiernos fue más un discurso de marketing que de voluntad política real. Desde que estalló la crisis, lo que han hecho los gobiernos ha sido salvar a los bancos, aquellos que nos condujeron a la crisis, y hacer una serie de reformas para apuntalar el sistema y que siguiera funcionando. Quien está pagando hoy la crisis es la gente de la calle y no los que nos condujeron a ella. Esto refleja la alta connivencia que existe entre las elites políticas y económicas, por eso es fundamental plantear otra manera de hacer política desde abajo.

¿Y el no a la guerra en el caso de Libia?

Han salido muchas personas a la calle contra la guerra en Libia dejando bien claro que no se quieren dictadores, que no se quiere intervención militar y que estamos con los pueblos en lucha. A pesar de que el movimiento no se puede comprar con el de los años 2003-2004 contra la guerra en Irak, sí que hay una opinión pública, gente en movimientos sociales que tenemos muy claro que la guerra de Libia es una guerra por el petróleo, por los recursos naturales y por el control de la región por las grandes potencias americanas y europeas.

+ Info:

VIDEO Esther Vivas / Entrevista ATTAC TV

VIDEO Desenmascarando la crisis alimentaria, Intervención de Esther Vivas en las jornadas ‘Decrecimiento y ciudades en transición’ en Vitoria|Gasteiz


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