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divendres 18 de març de 2011 | Manuel
¡Abajo con el régimen de Gadafi! ¡Por que cese de inmediato la intervención imperialista! ¡Solidaridad con la revolución en Libia!

Buro Ejecutivo IV Internacional, 23/3/2011

La intervención de las potencias occidentales en Libia constituye un punto de inflexión en la situación que vive el mundo árabe. Desde el comienzo de la onda de choque, social y política, que se extiende por casi todos los países de mundo árabe, la IV Internacional defendió los intereses democráticos y sociales de los pueblos árabes contra sus tiranos. Esto nos lleva a apoyar plenamente las revoluciones tunecina y egipcia, situándonos del lado de los militantes socialistas revolucionarios de estos países. Es en ese sentido que nos hemos solidarizado con todas las reivindicaciones democráticas (derecho de expresión, de organización sindical y política, de pluralismo, de libertad de prensa) y sociales (mejoras salariales, creación de puestos de trabajo, lucha contra la carestía de la vida) de estas movilizaciones populares, y hemos apoyado los procesos de derrocamiento de dictaduras y la necesidad de acabar efectivamente con los antiguos regímenes desde una perspectiva democrática y socialista.

En Libia, este posicionamiento político nos condujo, desde el principio, a solidarizarnos con las movilizaciones y luego, con la insurrección popular a fin de derrocar la dictadura de Gadafi. En Libia, la solidaridad con las movilizaciones populares equivale a poner todos los medios para ayudar al pueblo contra Gadafi: embargo total sobre la venta de armas a la dictadura, congelación de los activos del régimen libio en el extranjero, organización de la asistencia sanitaria, alimentaria y humanitaria a centenas de millares de libios perseguidos por el régimen … Apoyar al pueblo libio y proteger a los civiles consiste en proporcionarle los medios militares necesarios para su defensa ante las masacres perpetradas por los mercenarios de Gadafi a fin de que pueda liberarse por sí mismo de la dictadura. Los pueblos y los ejércitos árabes, principalmente los tunecinos y los egipcios, pueden jugar un papel decisivo en cuanto a esa ayuda militar.

El objetivo de los bombardeos franceses, ingleses y estadounidenses no es el de «proteger las poblaciones civiles», como se afirma en resolución 1973 del Consejo de seguridad de la ONU que establece «una zona de exclusión aérea» sobre Libia. A medida que pasan las horas y los días, los objetivos de esta resolución de la ONU se vuelven cada vez más “imprecisos”. ¿Si se trata realmente de proteger a la poblaciones civiles? Entonces, ¿por qué se corre el riesgo de bombardear a otros civiles? ¿Se trata de acabar con Gadafi o bien, de imponer una transacción a su régimen o bien, de una partición de Libia? El riesgo de una escalada que podría desembocar sobre una o varias intervenciones terrestres no debe ser descartado, al contrario de lo que se afirma en la resolución. En realidad, para la coalición imperialista, se trata de instalarse sólidamente en la región y procurar secuestrar el proceso revolucionario en desarrollo, instalando sus gobiernos a sueldo o ejerciendo presión sobre los procesos en curso. Sin olvidar los intereses petrolíferos estratégicos. Al fin de cuentas, cómo creer en esos monumentos a la hipocresía que representan los gobiernos de ocupación de Iraq y Afganistán y que encima nos dicen querer «proteger a las poblaciones civiles» a la vez que permiten que se masacre a los pueblos de Bahrein, Yemen, Siria o la franja de Gaza.

Hoy en día, el apoyo a la revolución líbica y el derrocamiento de la dictadura de Gadafi pasa por la ayuda humanitaria y militar a los insurrectos y por el cese de la intervención imperialista. El pueblo libio no está solo. Su lucha se inscribe en la ola del ascenso revolucionario actual que estremece al mundo árabe. Ahora más que nunca, es a los pueblos árabes a los que les corresponde hacerse cargo de su propio destino, sin la intervención neocolonialista de las potencias occidentales.

23 de marzo de 2011

+ Info:

Solidaridad con la insurrección popular y rechazo al ataque de las potencias ¡Hay que derribar a Gadafi cuanto antes y rechazar los bombardeos de la OTAN! Declaración de Izquierda Anticapitalista, 20/3/2011

(...) Es el momento que debe aprovechar la revolución para ir lo más lejos posible, instaurando un nuevo orden surgido de la insurrección: retomar la iniciativa contra Gadafi, desmantelar su régimen, incautar los bienes del dictador y nacionalizar los pozos de petróleo, asentar la autoridad de comités populares que organicen la vida en las ciudades, mantener a la ciudadanía armada, constituir un gobierno provisional que no admita presencia militar extranjera en Libia y que convoque una Asamblea Constituyente…

Mal servicio prestan al pueblo libio quienes siembran la confusión dando a entender que, puesto que Gadafi es atacado por las potencias imperialistas, algo de progresista tendrá. La crueldad mostrada hacia su pueblo, por no hablar de la inmensa fortuna expatriada, deberían ser suficientes para desvanecer ese espejismo. El imperialismo se deshace de un estorbo, maniobrando para crear las condiciones más favorables a sus intereses. La conducción de las operaciones militares estará determinada por ellos.

¡Alerta, pues! Izquierda Anticapitalista está convencida de que una salida favorable a la independencia nacional y el progreso del pueblo libio exige el apoyo decidido, a escala internacional, a su empuje insurgente, a su iniciativa revolucionaria y a su pleno protagonismo. A nuestros gobiernos hay que decir que no permitiremos que aprovechen la situación para poner un pie en Libia y que vamos a rechazar en las calles los bombardeos que están perpetrando en Libia. De nuestros gobiernos hay que exigir, por el contrario, el embargo efectivo sobre la entrega de armas a Gadafi, sobre las cuentas corrientes del régimen y sobre el petróleo libio - hasta que un gobierno legítimo asuma su titularidad. Y hay que reivindicar ante todo el derecho de la rebelión a armarse. Al pueblo pertenecen las armas que compraba Gadafi y que hasta ahora llegaban a Trípoli. ¡Que vayan a Tobruk y a Bengasi! El propio pueblo libio liberará la capital sin contraer hipotecas con los mentores del tirano.

¡ Rechazo total a los bombardeos aliados!

¡Abajo la dictadura sanguinaria de Gadafi!

¡Salud a la revolución libia!


¡Apoyo a la revolución libia! ¡Fuera Gaddafi!

Buró Ejecutivo de la IV Internacional

2 de marzo de 2011

La onda de choque de las revoluciones tunecina y egipcia continua expandiéndose en todo el mundo árabe e incluso más allá. Desde hace varios días, Libia se halla en el ojo del huracán revolucionario. Los acontecimientos evolucionan de día en día, de hora en hora. En estos momentos, todo depende de la extraordinaria movilización del pueblo libio. Cientos de miles de libios se han lanzado, muchas veces con las manos desnudas, al asalto de la dictadura de Gaddafi. Ciudades y regiones enteras han caído en poder del pueblo insurgente. La respuesta de la dictadura ha sido despiadada: represión implacable, matanzas indiscriminadas, bombardeo de la población mediante artillería pesada y aviación de guerra. Se está librando una lucha a vida o muerte entre el pueblo y la dictadura.

Una de las particularidades de la revolución Libia en relación con las revoluciones de Túnez y Egipto consiste en el estallido del aparato policial y militar, en los enfrentamientos que se producen en el seno del ejército, en la división territorial de la confrontación entre las localidades y regiones controladas por los insurgentes y la región de Trípoli, donde se concentra la fuerza militar de la dictadura. La dictadura Libia encarna demasiadas injusticias sociales, demasiadas violaciones de la democracia, demasiada represión y atentados contra las libertades y derechos más elementales. Es necesario acabar con ella.

La revolución libia se integra en un proceso que engloba al conjunto del mundo árabe y se extiende hasta Irán o China. Los procesos revolucionarios abiertos en Túnez y Egipto se radicalizan. En Túnez, los gobiernos van cayendo uno tras otro. La juventud y el movimiento obrero empujan al movimiento cada vez más lejos. Todas las formas de continuidad del antiguo régimen son cuestionadas. La reivindicación de una asamblea constituyente, opuesta a todas las operaciones de preservación del régimen, gana cada vez mayor fuerza. En ambos países, en Túnez y en Egipto, el movimiento obrero se reorganiza al calor de una oleada de huelgas que exige la satisfacción de reivindicaciones sociales vitales. Este ascenso revolucionario adquiere formas particulares y desiguales según los países: confrontaciones violentas en Yemen, en Bahrein, manifestaciones en Jordania, Marruecos y Argelia. Una vez más, Irán se ve alcanzado por una llamarada de luchas y manifestaciones contra el régimen de Ahmadinejad y a favor de la democracia.

En ese contexto, la situación de Libia reviste una importancia estratégica. Este nuevo ascenso comporta ya cambios históricos, pero sus desarrollos pueden depender de la batalla de Libia. Si Gaddafi retomase el control de la situación al precio de millares de muertos, el proceso se vería frenado, contenido e incluso bloqueado. Si, por el contrario, Gaddafi es derrocado, todo el movimiento se verá estimulado y amplificado. He aquí porque todas las clases dominantes, todos los poderes, todos los regímenes reaccionarios del mundo árabe a poyan de un modo u otro a la dictadura libia.

En ese contexto también, el imperialismo norteamericano, la Unión europea y la OTAN multiplican sus maniobras para tratar de controlar el proceso en curso. Más allá de los discursos de unos y otros, lo cierto es que las revoluciones que se han puesto en marcha debilitan las posiciones de los imperialismos occidentales. Como en tantas otras ocasiones, el imperialismo esgrime el pretexto de una “situación caótica” o de una “catástrofe humanitaria” para preparar una intervención y recuperar el control de la situación. Nadie debe llamarse a engaño en cuanto a los objetivos de las potencias de la OTAN: pretenden confiscar las revoluciones en curso a los pueblos de la región, e incluso aprovecharse de la situación para ocupar nuevas posiciones, sobre todo haciéndose con el control de los yacimientos petrolíferos. Por esa razón fundamental hay que rechazar cualquier intervención militar del imperialismo norteamericano. Corresponde al pueblo libio, que ha empezado el trabajo, terminarlo con el apoyo de los pueblos de la región. Todas las fuerzas progresistas, a escala internacional, deben contribuir a ello con su solidaridad y con su ayuda.

Desde ese punto de vista, estamos en total desacuerdo con las tomas de posición de Hugo Chávez, Daniel Ortega y Fidel Castro. Fidel Castro ha denunciado el peligro de una intervención del imperialismo norteamericano en lugar de brindar su apoyo a la lucha del pueblo libio. Hugo Chávez, por su parte, ha reiterado su apoyo al dictador Gaddafi. Semejantes tomas de posición resultan inaceptables para las fuerzas revolucionarias, progresistas y antiimperialistas del mundo entero. No podemos oponernos al imperialismo apoyando a dictadores que masacran a sus pueblos en revolución. Tal apoyo a las dictaduras sólo puede fortalecer al imperialismo. La tarea fundamental del movimiento revolucionario, a escala internacional, consiste en defender esas revoluciones, oponiéndose al imperialismo mediante el apoyo a las revoluciones y no a los dictadores.

Estamos junto al pueblo libio y las revoluciones árabes en curso. Nuestra solidaridad internacional debe manifestarse a favor de los derechos civiles, democráticos y sociales que emergen de esas revoluciones. Una de las prioridades del momento consiste en apoyar todas las ayudas al pueblo libio – ayuda médica procedente de Egipto o Túnez, ayuda alimenticia necesaria -, exigiendo la ruptura de todos los contratos comerciales con Libia, así como el cese de cualquier envío de armas. Hay que impedir la masacre del pueblo libio.

¡Solidaridad con las revoluciones árabes!

¡Apoyo al pueblo libio!

¡Ninguna intervención imperialista en Libia! ¡Fuera vuestras manos de Libia!

+ Info:

Ni dictatures, ni impérialisme : Solidarité avec les révolutions arabes ! NPA

Líbia: Las revoluciones árabes han sido hechas por los pueblos, no por EEUU. Seyyed Nasrallah; Gilbert Achcar; Santiago Alba Rico i altres

I ara Líbia! L’ímpetu de les revoltes populars no decau. El cinisme dels nostres governants tampoc. Comunicat d’Esquerra Anticapitalista, 23 de febrer de 2011


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