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Anticapitalistes
  
dimecres 23 de febrer de 2011 | Manuel
+ Intervención de José Coy

Asamblea de las Mesas de Convergencia Ciudadana. Una primera composición de lugar + Debate con Juan Torres

Miguel Romero

1. El sábado 19 de febrero ha tenido lugar en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO-Madrid la Asamblea de las Mesas de Convergencia Ciudadana (MCC). El local ha sido el mismo en que se realizó en noviembre del año 2009 el acto de presentación de la “refundación” de IU, lo cual; permite hacer algunas comparaciones de interés.

La asistencia ha sido similar en cantidad, la sala estaba llena, y en cuanto a la composición sociopolítica: muy poca gente joven, gran mayoría de militantes de IU. La diferencia más notable ha sido que en noviembre la gente se mantuvo atenta hasta el final del acto, mientras que ahora una vez terminadas las intervenciones consideradas más importantes, es decir, las de los organizadores y la de Cayo Lara, empezó un desfile incesante hacia la salida y al final del acto apenas estaba ocupada la mitad de la sala. Puede haber varias interpretaciones: posiblemente el tipo de público asistente se sentía mas motivado por la “refundación” de IU, que parecía abrir nuevas y mejores perspectivas para su partido; quizás este tipo de actos empiezan a ser un tanto repetitivos; quizás esta vez el aspecto práctico de la iniciativa quedaba más confuso…

2. El proyecto se presenta en unas condiciones políticas poco favorables. La simpatía que despierta en amplios sectores militantes la idea de una “convergencia antineoliberal” proviene no de un impulso que venga de abajo, de un movimiento social potente (la “ciudadanía activa”, en palabras de Naredo en su intervención) que presione por la unidad y clarifique sus contenidos políticos, sino de la conciencia de debilidad frente a un enemigo poderoso y a la ofensiva. Ese movimiento podría haberse creado a partir de la Huelga General del 29-S, si no hubiera sido primero desactivado, y después frustrado por la negociación y firma del pacto social. Ahora el ambiente está determinado por las consecuencias nefastas de ese pacto -sobre el cual, por cierto, este proyecto trata de pasar de puntillas- que no empujan hacia la unidad, sino más bien a la división y/o la pasividad.

En estas condiciones, las Mesas para la Convergencia, son la idea de un grupo de personas, una idea que suena bien, que incluso expresa una necesidad sentida por sectores de la izquierda social y política, pero que está por el momento, a mi parecer, con los pies en el aire. “Convergencia” significa muchas cosas diferentes en la izquierda social y política, difíciles de ensamblar: objetivos electorales, alianzas dirigidas prioritariamente a unos u otros sectores de la izquierda, consensos de arriba abajo, consensos para la acción… No está totalmente claro cuáles son los significados elegidos por los organizadores del proyecto, pero al menos aparecen algunos problemas razonables y serios, en el diseño y en la dinámica elegida.

3. El proyecto no parece tomar en consideración la amplia experiencia, positiva y negativa, de acciones e iniciativas unitarias de la izquierda social y política. Nunca se empieza de cero en estos procesos, ni valen las intenciones, incluso cuando son buenas, del “borrón y cuenta nueva”.

Quien mas, quien menos ha vivido experiencias de debates insoportables y eternos sobre tal o cual consigna que han terminado alejando del trabajo unitario a gente dispuesta entregar su tiempo a la acción común, pero no a perderlo. Pero hay otras muchas experiencias -las mas recientes en la preparación y desarrollo de la Huelga General, pero también en la Contracumbre de la Presidencia española de la UE, o el Foro Social Mundial en Madrid, o la campaña Rumbo a Gaza, o la solidaridad con Egunkaria, etc., etc.- en las que organizaciones y corrientes diversas han trabajado muy bien colectivamente, sin ninguna necesidad de olvidar sus discrepancias grandes o pequeñas, teóricas o prácticas.

Hay sin duda problemas graves de sectarismo en la izquierda social y política y hay que establecer formas y normas para resolverlos. Pero la ecuación “sectarismo=radicalismo”, presente en este proyecto, es falsa y convendría retirarla de la mesa, y de las Mesas, antes de que haga más daño. Es falsa además, en los dos términos: o sea, hay sectarismos nada “radicales”, y hay “radicales” nada sectarios. No vale la pena poner ejemplos que abundan cada día y que nadie bien informado puede desconocer.

4. Si la gente de la “platea” en el Auditorio de CC OO el día 19 se parecía mucho a la de noviembre pasado, la que protagonizó el acto desde el escenario ha sido muy diferente. No cabe duda que Juan Torres, que se encargó de definir el perfil político-ideológico del proyecto, o Tomás Rodríguez Villasante, que ha diseñado la metodología de organización participativa, o Naredo, por su sola presencia, son mas creíbles cuando proponen una organización unitaria en la base, con una “deliberación fraternal” y basada en la “democracia participativa”, que quienes lo hicieron en otras ocasiones. Pero, a la vez, el proyecto parece más débil que la “refundación” en cuanto a su base social propia.

Hemos hablado muchas veces de movimientos sociales faltos de “expresión política”; este caso tenemos más bien una “expresión política” falta todavía de base social activa, en una situación en la que la movilización contra los estragos del capitalismo neoliberal tiene que apoyarse en los sectores más activos y militantes, más capaces de resistir a la resignación y la desmoralización. En este sentido, la muy escasa participación en el acto de gente y organizaciones de Euskadi y Catalunya es significativa.

5. El proyecto se presenta como unitario sin limitaciones, abierto y basado en un acuerdo en el que “todos podemos coincidir”. No está nada claro. En mi opinión, el proyecto incluye un espacio político prioritario, bien cercado, que quiere abarcar a algunas corrientes de la izquierda y no diré que excluyen, pero se desinteresa por otras. No son prioridades expresas, aunque tampoco se oculten; como no puedo basarme en textos, sino en interpretaciones, hay que tomar lo que opino con reservas; las cosas estarán mas claras dentro de un tiempo.

En su discurso inicial, Juan Torres pidió que se anteponga lo que “nos une”. Bien, pues empecemos por ahí.

Torres hizo un buen diagnóstico del neoliberalismo, “el capitalismo de nuestros días”, como una estrategia de poder global, de alcance político y moral, más allá de los modelos productivos, al que hay que enfrentar una lucha en todos los niveles de la sociedad. En este sentido, afirmó el valor de la “indignación ciudadana” y la necesidad de asumir acciones de “sabotaje pacífico y democrático”; no concretó en qué pueden consistir estas acciones, pero la idea es magnífica.

En otros muchos aspectos de su análisis se puede coincidir y en algunos discrepar, pero no creo que haya aquí problemas importantes para una convergencia. Esos problemas están, a mi parecer, en una cuestión fundamental: el lugar y el tratamiento de las desacuerdos y los debates en un proceso unitario, aquí y ahora.

Torres dijo, y repitió, que debemos “olvidar” lo que nos separa “para siempre”. Y más adelante invitó a quien tuviera “diferencias y matices” a que saliera de la sala, las dejara en el vestíbulo, y volviera a entrar sin ellas. Parece muy unitario, pero francamente creo que no lo es. Tampoco es realista; de hecho, en el propio acto se expresaron “diferencias y matices” -particularmente, pero no sólo, en las buenas intervenciones-mítines de Pablo Iglesias y de José Coy-, sobre temas importantess, no sobre si “el punto va arriba o debajo de la coma”. Es natural, que así sea. Nos enfrentamos a temas complejos, a decisiones arriesgadas, y lo sano es conocer los distintos puntos de vista y debatirlos responsablemente antes de tomar una decisión colectiva.

La base del enfoque de los desacuerdos en un proceso unitario está en la democracia, no en el “olvido”. La democracia debe incluir normas acordadas para realizarla en la práctica, tanto en las deliberaciones como en la toma de decisiones.

No veo ningún problema en que, especialmente en la fase inicial de un proyecto que busca crear organismos unitarios de base, se acuerde que el tema de trabajo sea exclusivamente práctico: movilizaciones, acciones de solidaridad, etc. En cambio no me parece aceptable, en cualquier fase, que sobre las cuestiones que no son prácticas, se establezca por el grupo organizador un discurso considerado “de consenso” y no se admita la discrepancia con él.

Hay una larga experiencia de funcionamiento por “consenso” en foros y organizaciones sociales y políticas, y se conocen bien sus cualidades y sus problemas. Para la acción práctica, el funcionamiento por consenso es muy necesario. En cambio para la dirección o coordinación de iniciativas y organizaciones, este funcionamiento presenta problemas importantes, entre los cuales los dos más probados son: -el primero, la “tiranía de las estructuras informales”, por utilizar una expresión creada por el movimiento feminista para definir una situación en la que las decisiones se toman, pero no sabe cómo, ni por quien, y son por tanto incontrolables democráticamente; -el segundo, que es una variante del anterior, la determinación de lo que es o no es “consenso” por medio de un acuerdo privado entre las organizaciones más fuertes de las que integran el organismo de dirección o coordinación. Cuando estos organismos son muy numerosos, el riesgo se multiplica en nombre de la “eficacia” en la toma de decisiones. En este sentido, la experiencia del Consejo Internacional del Foro Social Mundial es concluyente y hay que reflexionar sobre las crecientes críticas que recibe. Este funcionamiento ha desplazado a numerosas organizaciones comprometidas desde años en el proceso, y en cambio ha privilegiado a las organizaciones afines a quienes toman las decisiones, en este caso, ONGs y otras instituciones con tanta abundancia de medios materiales, como falta de carácter militante.

6. La penalización de las discrepancias, suele ser, y es en este caso, bastante selectiva. En la intervención de Torres, y en otras, se atacó al “sectarismo”, al “radicalismo”, al “simplismo”, a la “arrogancia”, a la política de las “grandes palabras” que no se “mete en los charcos”, etc., ristra de anatemas dirigidos contra los “radicales”. Torres pidió una “deliberación fraternal”, pero no parece que esa fraternidad abarque por igual a todas las corrientes de la izquierda.

Mi interpretación es que el público-objetivo al que se dirige el proyecto es, además de IU, los sindicatos mayoritarios y lo que se considera la “izquierda de la socialdemocracia”; por ejemplo, las críticas que se han hecho por los impulsores del proyecto al papel de los sindicatos mayoritarios en el pacto social, han dedicado más espacio a excusarles que a analizar su papel y sus responsabilidades reales (ver el texto de Torres, Martínez y Steinko “A la izquierda, la convergencia de los ciudadanos y las ciudadanas”, Público, 17/02/2011).

Respecto a la “izquierda socialdemócrata” el asunto es puramente simbólico, porque esa corriente en nuestro país no existe, y nada indica que pueda llegar a existir de una manera significativa. Como símbolo fue llamativa la espectacular presentación que se hizo de la única intervención de alguien con alguna relación, hace unas cuantas décadas, con la dirección socialista: el ex-fiscal general del Estado, Eligio Hernández, que ha pasado a formar parte de la Coordinadora. No sé nada de su trayectoria política actual, pero en su paso por el gobierno de Felipe González hay episodios poco edificantes (ver http://www.publico.es/espana/265982/la-burbuja-de-la-corrupción). En cualquier caso, está claro que no es Lafontaine, ni Melenchon, ni nada que se le parezca, en cuanto a representar, o atraer, a una “corriente de izquierdas” del PSOE.

Lo razonable es que una “convergencia ciudadana” para la movilización contra el capitalismo neoliberal se base en las organizaciones y corrientes que están ya activas en esta lucha, no en consideraciones ideológicas sobre modelos de afinidad, que no son coherentes con esos objetivos de movilización y cuyas referencias internacionales, sea Die Linke o el Partido de Izquierda, no responden a los problemas que enfrentamos aquí. Pero, a mi parecer, la corriente anticapitalista de la izquierda social y política está considerada en este proyecto como un aliado incómodo, al que conviene mantener alejado como corriente, y cuya presencia sólo interesa de forma simbólica, por medio de algunas personas conocidas.

7. Dijo Steinko que el objetivo era tener un “rumbo común”. A mi parecer, y ésta es también una opinión provisional y sujeta a verificación, hay dos rumbos posibles en este proyecto. Uno es lo que podríamos llamar una “refundación de la refundación”, es decir, una nueva versión del proyecto de IU, pero fortalecido por la reincorporación de la corriente Socialismo 21, la incorporación de ATTAC y de algunas personalidades que son merecidos referentes intelectuales de la izquierda. Si se realizara, podría suponer un éxito importante de la dirección de IU de cara a próximas elecciones, pero su significado como “convergencia ciudadana” sería inexistente.

Hay otro rumbo posible: la conexión de este proyecto con procesos unitarios locales que están en marcha y, a partir de ahí, un desarrollo real del proyecto tal como aparece formalmente diseñado, probablemente con mucha desigualdad territorial y con características políticas muy diferentes. Éste es el supuesto en el que destacarían los aspectos más positivos del proyecto: la voluntad participativa del esquema organizativo propuesto por Villasante a partir de su idea de los “grupos motores”; algunas de las características de las “mesas de convergencia” presentadas por Steinko, como por ejemplo, el objetivo de “desbloquear viejos conflictos”, “proponer salidas alternativas a partir de condiciones concretas”; “conectar iniciativas de lucha ya existentes”… Posiblemente sea conveniente diferenciar, al menos en una primera etapa, la posición respecto al proyecto en su conjunto y respecto a aquellas expresiones locales que expresen una convergencia real en la acción.

6. A la salida, un viejo amigo me dijo: “Hay que estar aquí”. Se refería a Izquierda Anticapitalista.

IA tiene sus órganos de dirección y decidirá lo que hace, sin “olvidar”, sino discutiendo las diferencias normales que pueden surgir en una organización democrática. Lo que sigue, y claro también todo lo que antecede, es sólo una opinión personal.

Francamente, creo que ese viejo amigo fue uno de los pocos asistentes en echarnos en falta como organización. No lo digo ni con pena, ni con alegría. Me parece un hecho y un hecho que merece una reflexión.

Para no extenderme demasiado, utilizaré un ejemplo concreto: el día 12 de marzo está convocada una Jornada estatal de acción “por el reparto del trabajo y la riqueza; por una salida social a la crisis; por recuperar la dignidad y la justicia social”. Es una iniciativa de la CGT apoyada por numerosas organizaciones sociales y políticas, entre las cuales, IA. ¿Cabe esta iniciativa en el proyecto de convergencia? ¿Es una de esas iniciativas que se quiere “conectar”? Si no cabe, ¿quienes la defendemos y organizamos podremos, al menos, explicar nuestras razones respetuosamente y seremos escuchados fraternalmente? Pues no está nada claro, o a mi no me lo parece. Y esto refleja un problema real sobre el que habría que hablar tranquilamente, buscando soluciones si las hubiera. Proclamar “aquí caben todos” no es, desde luego, una solución.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

Font:

http://www.anticapitalistas.org/node/6443


Convergencias y sectarismos

Miguel Romero, VS sección: web, 07/04/2011

El número (279) de abril de El Viejo Topo incluye una entrevista de su director Miguel Riera a Juan Torres, uno de los portavoces de las Mesas de Convergencia, especialmente cualificado ya que se encargó de presentar los contenidos y perfiles políticos de la iniciativa, como primer punto del acto constituyente del pasado 19 de febrero.

En la entrevista, que puede descargarse desde la web de la revista, Torres se refiere a algunas de las “ausencias” de personas y corrientes en la iniciativa, con una clara alusión a Equo, en términos muy comprensivos: “… es verdad que ha habido ausencias que quienes convocamos hubiéramos deseado que no se dieran. En unos casos, porque no lo hemos hecho bien por las premuras de tiempo o nuestras propias deficiencias. En otras, porque se trata de colectivos o proyectos que están naciendo y quizá es lógico que tengan ahora más interés en subrayar su presencia singular que en sumarse a iniciativas colectivas”. A continuación, el tono cambia bruscamente: “No puedo entender que quienes se autodenominan anticapitalistas no se sumen a una iniciativa plural de personas que se proponen expresamente luchar contra las expresiones más sangrantes del capitalismo de nuestros días”. Y añade: “También, por qué no decirlo, ha habido posiciones sectarias y ciegas ante las que nada se puede hacer. Decir, como alguien ha dicho, que una iniciativa, que entre otros ecologistas suscribe José Manuel Naredo, no contempla la crisis ecológica es un poco patético, son ganas de leer mal las cosas, o de anteponer el desacuerdo y luego buscar excusas”. En fin, más adelante arremete de nuevo contra los anticapitalistas, esta vez no “autodenominados”, sino “de libro”: “El capitalismo neoliberal, por ejemplo, empobrece a pequeños y medianos empresarios y degenera la democracia y eso permite que el espectro social al que objetivamente se enfrenta sea mucho más amplio, lo que permite alianzas más potentes. Eso es lo que yo creo que no entienden o que rechazan los anticapitalistas de libro”.

Este tipo de opiniones de Torres no son nuevas. Están en la misma línea de las que manifestó el día 19, con una agresividad hacia losradicales” (denominados ahora “autodenominados anticapitalistas”) que sorprendió incluso a personas que apoyan y participan en las Mesas de Convergencia. Comenté estas opiniones en un artículo que escribí entonces: “Una primera composición de lugar”, reproduciendo la ristra de expresiones despectivas que utilizó y sobre las que no vale la pena insistir ahora.

Pero sí hay un tema que merece atención. Torres combina esas descalificaciones con proclamas unitarias, políticas y morales. Por ejemplo: “No sé si estaré equivocado o no, pero mi impresión es que la dispersión y las diferencias se dan porque las izquierdas no han, o no hemos, aprendido a convivir con la diversidad y no sabemos aceptar que a nuestro lado haya correligionarios que piensen algo distinto de nosotros. Si lo hacen, son unos vendidos, unos traidores, unos reformistas... La izquierda tiene aún cuentas pendientes con dos aspectos fundamentales del buen pensar y mejor actuar: con la fraternidad y con la complejidad”. Estos consejos nacen viciados por la particular fobia que Torres profesa a los “autodenominados anticapitalistas” y “de libro”, a los que se atribuye el rechazo a “quienes piensan algo distinto de nosotros”. Torres no se considera afectado por esta lacra, porque su concepción de la convergencia excluye a quien no piensa como él, por la izquierda. Éste es el punto de partida para entender sus opiniones.

Efectivamente, aunque las Mesas de Convergencia se definen como una iniciativa plural y deliberativa: (El primero de los criterios del Llamamiento es: “…que los ciudadanos de buena voluntad se sienten a deliberar desde la pluralidad, pacífica y democráticamente, sean o no miembros de partidos, de sindicatos o de cualquier otra organización, que lleguen a acuerdos y consensúen posturas y argumentos erradicando el sectarismo”), Torres “invitó” en el acto constituyente a quien tuviera “diferencias y matices” a que “saliera de la sala, las dejara en el vestíbulo, y volviera a entrar sin ellas”. Ultimátum que recuerda al “quien se mueva no sale en la foto” de Alfonso Guerra o, más recientemente, a los miembros de la dirección de los sindicatos mayoritarios que señalan a los militantes discrepantes del pacto social la puerta de la calle. Este criterio de consenso autoritario en torno a un programa que los promotores de la iniciativa definen “de mínimos” e imponen como intangible por un período indefinido, no es democrático, ni pluralista, ni puede dar lugar a ninguna deliberación seria y responsable. Prueba de ello es, por ejemplo, el maltrato que Torres da a las discrepancias sobre el tratamiento de la cuestión ecológica en el “programa de mínimos”. Se escuda Torres detrás de la autoridad de José Manuel Naredo. No sé lo que piensa Naredo del programa de las Mesas. En el acto del 19 dedicó su intervención a criticar la ocurrencia de uno de los promotores que había definido a la iniciativa como un “Tea Party de izquierdas” (http://www.publico.es/espana/362255/la-izquierda-fuera-del-psoe-ensaya-como-trabajar-en-comun/version-imprimible). Naredo defendió el protagonismo de la “ciudadanía activa” y criticó el “personalismo”, del que ahora es víctima.

Porque para discutir las razones o sinrazones de las críticas al programa, hay que referirse precisamente a lo que dice el programa. Y lo único que dice sobre temas ecológicos son estos dos párrafos: “(las amenazas) sobre el medio ambiente (porque con la excusa de la crisis dejan de aplicarse las pocas normas que lo protegen y se favorece a las industrias que más lo destrozan) (…)
Elaboración de un plan de reconversión de las industrias y servicios con alto impacto ambiental en la sociedad española con la perspectiva de reducirlo y garantizando un transición justa hacia un nuevo modelo productivo por medio de políticas de reparto de empleo
”. Algunos pensamos que por muy “de mínimos” que sea un programa de convergencia de la izquierda social y política tiene que incluir ideas más sustanciales sobre temas ecológicos, ideas que forman parte de las deliberaciones y movilizaciones actuales del movimiento ecologista. ¿Qué problema podría haber planteado a una convergencia sana que estos desacuerdos, u otros que pudieran expresarse con respeto a las opiniones ajenas, se hicieran públicos y formaran parte de las deliberaciones de aquellos integrantes del proyecto que los consideraran interesantes? Despachar este asunto calificando estas críticas con términos como: “un poco patético, son ganas de leer mal las cosas, o de anteponer el desacuerdo y luego buscar excusas” revela una incapacidad para el debate, y una voluntad de excluirlo, genuinamente sectaria.

Tal como la han diseñado los promotores, las Mesas de Convergencia no se dirigen realmente a “los ciudadanos de buena voluntad”, sino a aquellos que pertenecen o bien a Izquierda Unida, o bien a los sindicatos mayoritarios (aunque la firma del pacto social dificulta, por el momento, su incorporación, pese a la comprensión levemente crítica que los promotores de las Mesas han mostrado hacia la firma del pacto social) o bien a la corriente placebo “izquierda socialdemócrata”. Las opiniones que se considera que podrían complicar esta triple alianza, sean de personas o de corrientes políticas, son excluidas, y según una conocida metodología burocrática, las exclusiones se presentan como “autoexclusiones”. En estas condiciones, es más que dudoso que “los ciudadanos de buena voluntad” que no pertenecen a esas corrientes permanezcan mucho tiempo en las Mesas y, por tanto, que éstas lleguen a conseguir una convergencia de la izquierda social y política, que sigue siendo un objetivo tan necesario, como lejano, a la vista de esta experiencia.

Torres remata su descalificaciones a los anticapitalistas con este párrafo: “Si estuvieran en el tajo, metidos en los charcos del día a día con la gente, co-gestionando sus vidas, si dedicaran más tiempo a tratar de hacer cosas para ayudar a resolver los asuntos diarios de las personas y la sociedad quizá no serían tan propensos a rechazar la alianza con otros sectores, con quienes quizá no comparten todos y cada uno de sus postulados teóricos pero sí suficientes aspiraciones de cambio”.

Francamente, ¿desde qué autoridad militante se permite Torres estos juicios? ¿Qué sabe él de a qué dedicamos nuestro tiempo militante los “autodenominados anticapitalistas”? ¿Cómo se atreve a sentenciar que estamos alejados de “los asuntos diarios de las personas y de la sociedad”? ¿No será que estamos en “tajos” diferentes y seleccionamos los “charcos” que pisamos con criterios distintos a los suyos? Ésta es una consecuencia natural del carácter pluralista de la izquierda, que sólo puede tener cabida en una convergencia construida con criterios democráticos. Y también promovida con actitudes abiertas y humildes. No es el caso.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR


Sobre Mesas, convergencias y un poco más allá

Miguel Romero, Rebelión 12/4/2011

Agradezco a Salvador López Arnal y Juan Torres que hayan dedicado tiempo a leer y a responder a mi artículo “Convergencias y sectarismos” en el que polemicé con alguna de las opiniones de Torres en la entrevista de Miguel Riera en el Viejo Topo y, considerando que estas opiniones son representativas de las Mesas de Convergencia, critiqué aspectos importantes de esta iniciativa. Estos textos, y también una crónica que escribí sobre la Asamblea Constituyente de las Mesas: “Una primera composición de lugar”, están accesibles en varias web (VIENTO SUR, Rebelión, Viejo Topo, Kaosenlared…).
Pido disculpas a López Arnal por no referirme apenas a su texto. Creo que las críticas más importantes que plantea a mis opiniones coinciden básicamente con las de Torres y que será más breve y más claro centrar el texto en éstas.

Tal como se ha desarrollado el debate es inevitable dedicar espacio a las interpretaciones y malinterpretaciones de cada cual, incluyendo las autocitas que no le gustan a Torres, ni a mí. En este punto, trataré de repetir lo menos posible lo que ya está en otros textos, pasaré por completo de desmentir las “falsedades”, “ataques” y esas cosas que me atribuye Torres y trataré de centrarme en cuestiones serias.

Precisamente porque se trata de interpretaciones, el recorrido de este punto de debate me parece que se va a quedar muy corto, limitado básicamente a constatar las divergencias entre las de Torres y las mías y a estimar si son razonables unas u otras. En cambio, hay quizás posibilidades de que en el futuro puedan desarrollarse discusiones más amplias e interesantes sobre la convergencia de la izquierda, con Mesas o sin ellas, más allá de la polémica actual. Confiando en que pueda ser así, plantearé algunas ideas, sobre todo en un segundo punto.

1. Si he entendido bien, Torres considera que he malinterpretado sus expresiones sobre los anticapitalistas: estaban dirigidas sólo contra los que llamaríamos, para resumir, “anticapitalistas sectarios”, y yo las he atribuido a la organización de la que soy militante, Izquierda Anticapitalista; este error se debería a que sólo reconozco “como anticapitalistas a quienes están bajo el paraguas de su marca electoral, como si no hubiese anticapitalismo ni anticapitalistas fuera de ella”. Creo que Torres se equivoca por completo en un tema que me importa mucho y, por otra parte, no creo haber interpretado mal sus palabras sobre los anticapitalistas, salvo en un caso concreto que señalaré más adelante.

Empiezo por lo importante. Confieso que me ha dejado perplejo lo de la “marca electoral”. Izquierda Anticapitalista (IA) es mi partido; ésta es una expresión casi en desuso, y a veces en mal uso (“con razón y sin ella, es mi partido”, parafraseaba un viejo revolucionario, justo antes de ser perseguido hasta la muerte por la conversión de este lema en “razón de Estado”), pero muy valiosa desde una cultura política militante bien entendida. IA es una pequeña y joven organización, compuesta en su gran mayoría por gente que tiene menos de la mitad de años que yo, con una influencia modesta, que se basa en la intervención social y política, muy frecuentemente de carácter unitario. Hemos participado en algunas elecciones, con resultados menos que modestos, y posiblemente participaremos en otras en el futuro, sin que nos importe especialmente que sea con nuestras siglas, y dando en todo caso a la política electoral un papel muy secundario en nuestras actividades. Francamente, lo de “marca electoral” nos sienta como un frac y sólo puede tomarse a broma.

En cambio no puede tomarse a broma la consideración de que desde IA se pudiera pensar que no hay anticapitalismo, ni anticapitalistas fuera de ella. Simplemente, no es verdad. Pensar esto estaría en contradicción no sólo con las ideas, sino con la vida cotidiana más elemental de IA. La izquierda social y política anticapitalista es el medio más próximo en que nos movemos, desde el que desarrollamos nuestra intervención en la sociedad. Nos vemos, hablamos, discutimos, acordamos… todos los días con personas y organizaciones anticapitalistas, se autodenominen o no así, que no forman parte de IA. El mejor capital político de IA es, en mi opinión, ser valorada como una organización unitaria en ese espacio (“un partido que no parece un partido”, dicen algunos y hay que tomarlo como un elogio). Todo el sentido de nuestro trabajo se resume en contribuir a la construcción de referentes políticos anticapitalistas con otras corrientes, organizaciones y personas, en los que IA será una componente entre otras, sin ninguna influencia predeterminada, cuotas de poder, sillones o sillines, ni nada que se le parezca. Por eso, y no por una autoatribución de virtud moral, IA es una organización humilde. Somos una corriente que se sabe minoritaria, en la situación actual y respecto a sus proyectos futuros, cuya influencia no depende de recursos económicos, puestos institucionales o fuerza de aparato, sino de la capacidad de convicción y de ayudar a construir consensos para la acción con otras organizaciones, algunas más próximas, otras más lejanas.

Así que si este problema no existe, ¿cuál puede ser el origen de las malinterpretaciones que me atribuye Torres? Pudiera ser la mala voluntad. Pero pudiera ser también que mis interpretaciones de las expresiones de Torres sobre los anticapitalistas sean adecuadas. Así las creo yo.

¿Iban dirigidas las descalificaciones de Torres sólo a los anticapitalistas “sectarios”? Si él lo dice, esa habrá sido su intención. Pero entonces, y en este punto, pienso que su intervención en la Asamblea del 19 de febrero y sus declaraciones en la entrevista de El Viejo Topo responden mal a sus intenciones. Las únicas expresiones políticas concretas que se desvalorizan en ellas son las consideradas “radicales” o “anticapitalistas” con diversos adjetivos, sin que nunca se establezca ninguna distinción entre sus componentes “sectarios” y no “sectarios”.

Es cierto que hay organizaciones y personas que se definen como anticapitalistas con las que resulta muy difícil, y a veces imposible, entenderse y trabajar. También es verdad que como dije en un artículo anterior y prueba extensamente la experiencia, incluyendo la experiencia de este debate: “hay sectarismos nada ‘radicales’, y hay ‘radicales’ nada sectarios”. En estas condiciones, me parece razonable interpretar que expresiones como: “ser de izquierdas no es decir frases bonitas ni hacer proclamas más radicales sino meterse en los charcos, estar al lado de las gentes y ponerse con ellas a resolver sus problemas enseñándoles que pueden salir adelante si organizan sus vidas de otra forma" o “las izquierdas no han, o no hemos, aprendido a convivir con la diversidad y no sabemos aceptar que a nuestro lado haya correligionarios que piensen algo distinto de nosotros. Si lo hacen, son unos vendidos, unos traidores, unos reformistas...” y otras similares, no se refieren a la izquierda en general, ni sólo a una parte específica de los “anticapitalistas”, sino que están destinadas a descalificar a cualquier expresión critica por la izquierda a la iniciativa de las Mesas.

Una cuestión final en este punto. Escribí en mi articulo que Torres había utilizado en la Asamblea una “ristra de expresiones despectivas” hacia los “radicales”. Torres me solicita formalmente que le diga “cuáles son concretamente para retirar todas y cada una de ellas y poder disculparme pública y sinceramente. Y si no lo hace, le ruego igualmente que retire lo que ha dicho”. Me referí a ellas en un artículo anterior basado en las notas que tomé en la Asamblea del día 19 (“En la intervención de Torres, y en otras, se atacó al ‘sectarismo’, al ‘radicalismo’, al ‘simplismo’, a la ‘arrogancia’, a la política de las ‘grandes palabras’ que no se ‘mete en los charcos’, etc., ristra de anatemas dirigidos contra los ‘radicales’. Torres pidió una ‘deliberación fraternal’, pero no parece que esa fraternidad abarque por igual a todas las corrientes de la izquierda”). He leído ahora el texto que adjunta Torres con su intervención: algunas de esas palabras no aparecen en él, otras me parece abusivo considerar que se refieren a los “radicales”, otras creo que sí se refieren… Pero considero que, en cualquier caso, este párrafo no aporta nada bueno al debate y lo retiro formalmente.

2. Finalmente, algunas opiniones personales sobre la convergencia de la izquierda que, en buena parte, resumen las que he escrito en otros textos.

Creo que un proyecto de convergencia de la izquierda con voluntad unitaria, es decir no sometido a las relaciones de fuerzas existentes entre las organizaciones participantes, debe partir de la experiencia real de las movilizaciones, luchas, foros… de la izquierda social y política; incluso en una situación tan adversa como la que llevamos viviendo en este país desde hace años, hay una cantidad notable de experiencias positivas, por ejemplo, la preparación de la Huelga General del pasado 29-S.

El contexto más favorable para un proyecto de este tipo sería contar con un acontecimiento impulsor. Pero incluso cuando existe, es muy difícil consolidar un proyecto así, como muestra la experiencia en otros países (Francia, tras la victoria del No a la Constitución europea). Aquí no existe y, peor aún, lo que existe es la frustración de esa posibilidad por el compromiso de los sindicatos mayoritarios con el pacto social.

En estas condiciones, claramente desfavorables, es muy discutible poner en marcha procesos muy ambiciosos y globales de articulación de un espacio tan complejo y dividido como la izquierda social y política; sería más prudente ensayar experiencias concretas unitarias que vayan forjando tejido social unitario, activo y crítico. Si finalmente se decidiera lanzar un proyecto de ese tipo, las condiciones de reconocimiento concreto y respeto a la pluralidad y tratamiento democrático de los desacuerdos son decisivas. Los llamamientos unitarios, incluso cuando son sinceros, en modo alguno sustituyen a la creación de condiciones concretas de buena convivencia entre corrientes y opiniones que reconocen sus acuerdos y desacuerdos como normales y legítimos, y crean conjuntamente cauces para hacerlos compatibles con los consensos necesarios para la acción y basados en ella.

En mi opinión, las Mesas de Convergencia no responden en nada importante a estos criterios. En primer lugar, son una iniciativa que no surge de la experiencia social unitaria, sino de las relaciones entre responsables a diverso nivel de IU, sindicatos mayoritarios, ATTAC y personalidades sin afiliación partidaria; el pacto social ha complicado, por el momento, la participación expresa de esos sindicatos en la iniciativa, pero el tratamiento con paños calientes de las responsabilidades sindicales en el pacto tienden a dejar esa puerta abierta, sin que sea necesaria una improbable rectificación significativa de la política de estos sindicatos.

En segundo lugar, han sido diseñadas a partir de un programa considerado “mínimos” por sus autores, que además lo han establecido como intangible por un período indeterminado. Torres lo niega, pero yo lo reafirmo a partir de declaraciones de sus propios promotores. (“Es importante no tocar mucho el llamamiento, al menos en este primer momento. Es un mínimo común denominador y refleja un consenso que hay que mantener por encima de todo. Esto no quiere decir que, a medida en que el movimiento se vaya consolidando, se puedan ir ampliando los acuerdos”. Entrevista de Salvador López Arnal a Armando Fernández Steinko, Carlos Martínez y Juan Torres López).

En este sentido, hay en la base del proyecto lo que he llamado un consenso autoritario. El tratamiento que se ha dado a las discrepancias sobre este “programa” es prueba de ello. Me he referido en el texto anterior al debate sobre el contenido ecológico del programa. Añadiré algo. Dice Torres: “Miguel sabe perfectamente cuál fue la respuesta de algunas personas de su entorno a nuestra invitación”. Efectivamente lo sé. En vísperas de la Asamblea, escribía Jaime Pastor a uno de los promotores de las Mesas: “Desde el primer momento te dije que aún no estando de acuerdo con el Llamamiento y considerando prematuro lo de montar mesas por barrios y demás, tenía interés en estar en el proceso y acudir al acto del 19. Supongo que al menos en el turno cerrado podré pedir la palabra, ¿no?”. No hubo respuesta.

En fin, las Mesas se han construido sobre una idea de la “unidad” que excluye el debate, por diversos medios: o ridiculizándolo (tratándolo como cuestiones artificiosas y ajenas a la práctica) o descalificándolo con términos inaceptables en un debate con perspectiva unitaria (como ha ocurrido con las cuestiones ecológicas) o excluyéndolo directamente. En mi opinión, las expresiones de Torres en el debate de la Asamblea (“proponeros que PARA SIEMPRE (sic) nos olvidemos de lo que nos pueda separar y que antepongamos lo que nos une”, “Quien haya venido aquí cargado de diferencias y matizaciones que salga inmediatamente a dejarlas fuera de la sala y que entre de nuevo solo dispuesto a poner en marcha lo que nos une”) no tienen el carácter de simples artificios retóricos, como opina López Arnal, máxime si se ponen en relación con actitudes sobre desacuerdos concretos a las que me he referido en el punto anterior. “Lo que nos separa” -que sería mejor llamar los desacuerdos o las divergencias, que "separan" en algunos terrenos, pero son compatibles con prácticas unitarias en otros- es un material muy diverso y de valor muy desigual, pero asumirlo, reconocerlo y tratarlo democráticamente, es decir no olvidarlo, ni siquiera como juego retórico, forma parte de la condiciones de la convivencia, y por tanto de la convergencia de la izquierda. No así del proyecto de las Mesas.

Terminaba un artículo anterior diciendo que veía dos rumbos posibles en las Mesas. Uno, la “refundación de la refundación”, es decir, una nueva versión del proyecto de IU. Y añadía: “si se realizara, podría suponer un éxito importante de la dirección de IU de cara a próximas elecciones, pero su significado como ‘convergencia ciudadana’ sería inexistente”. A continuación aventuraba: “Hay otro rumbo posible: la conexión de este proyecto con procesos unitarios locales que están en marcha y, a partir de ahí, un desarrollo real del proyecto tal como aparece formalmente diseñado, probablemente con mucha desigualdad territorial y con características políticas muy diferentes. Éste es el supuesto en el que destacarían los aspectos más positivos del proyecto: la voluntad participativa del esquema organizativo propuesto por Villasante a partir de su idea de los ‘grupos motores’; algunas de las características de las ‘mesas de convergencia’ presentadas por Steinko, como por ejemplo, el objetivo de ‘desbloquear viejos conflictos’, ‘proponer salidas alternativas a partir de condiciones concretas; ‘conectar iniciativas de lucha ya existentes…”.

¿Avanza este segundo rumbo? Algún amigo me dice que sí, en algunos lugares; López Arnal cuenta la presentación de las Mesas en Barcelona, de la cual me han llegado otras informaciones, bastante menos positivas que las suyas. Ya veremos. En todo caso, creo que será la experiencia de los próximos meses la que dé los datos concretos que permitan concluir positivamente este debate de interpretaciones, intenciones e hipótesis, probablemente ya demasiado largo.

Miguel Romero es militante de Izquierda Anticapitalista

Font: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126252


Asamblea de mesas de convergencia ciudadana. Intervención de José Coy elegido miembro de la coordinadora. Parado murciano, afectado por la hipoteca y la crisis, activista del Foro Social de Murcia.

Decía Juan torres en su intervención que hay que rebelarse e indignarse. Yo soy parado, sin prestaciones, estoy en todas las estadísticas y para colmo el próximo 15 de junio me subastan la parte baja de mi casa. Pero no estoy indignado, estoy muy Indignado.

Yo vengo de la comunidad murciana, un territorio que no existe socialmente para los medios de comunicación estatales. Porque en este país pasan cosas muy raras, tan raras como patéticas.

Por que si un famoso o famosa se opera de la nariz, se pone silicona en el trasero o cambia de peinado, hay horas y horas de tertulias.

Pero si miles de trabajadores y trabajadoras del sector público llenan las calles murcianas, contra los recortes de derechos del gobierno del PP, nadie lo cuenta.

Si hace mes y medio 4 pueblos de mi región hacen una huelga general para defender los empleos de las mujeres de la conserva vegetal, nadie lo cuenta.

Si la semana pasada los estudiantes paran los institutos por que no tienen futuro, nadie lo cuenta

Si hace dos días 120 institutos y colegios son ocupados por los maestros y maestras con el apoyo de los padres y madres, nadie lo cuenta.

Y si las victimas de la crisis y afectadas por la hipoteca ocupamos bancos, paralizamos desahucios con barreras humanas y ponemos algunas entidades bancarias contra las cuerdas consiguiendo Daciones en Pago, nadie lo cuenta.

¿Por que pasan estas cosas al lado del mediterráneo? Por que hay activistas que no teorizamos sobre la realidad, actuamos en ella y sobre todo por que estamos mezclados, muy mezclados.

Si se pregunta a algún miembro del comité de resistencia (así se llama el ente que organiza las movilizaciones del sector publico) formado por sindicalistas de ccoo, ugt y la intersindical, diría que la gente va por delante.

Esa teoría choca con la otra que piensa que la gente no quiere luchar; esta claro que cuando se ponen “las vías del tren” la gente si que lucha.

Esta es una democracia muy rara, tan rara que no es democracia, es una democracia de los ricos, que funciona a golpe de slogan.

Los poderosos crean slogan con tres palabras y nos lo venden y lo compramos.

Sin embargo las izquierdas muchas veces para hacer un “papelito”, nos tiramos horas y horas discutiendo sobre si el punto va encima de la coma o al revés. Y el punto ya sabemos que va siempre encima de la coma.

Con esos slogan, nos dicen en los últimos meses:

“Os recortamos vuestros derechos, pero es por vuestro bien”.

“Os jodemos el planeta, pero es por vuestro bien”.

“Os jodemos la vida, pero es por vuestro bien.

Hamfry Bogart le dijo a su pareja; “siempre nos quedará París”

Ahora nos dicen “siempre nos quedará ir a un centro comercial, no ha comprar, por que no hay plata, si no a imaginarnos como que compramos”.

“Siempre quedará París” decía Hamfry, ahora nos dicen “siempre quedará un recorte social que aplicaros”.

Zapatitos nos dijo después del “pásalo, pásalo”; ¡no os fallare ¡ahora dice no os fallare!, pero se lo dice a los bancos.

Y llegó lo de las pensiones. Se puede a ver al gobierno en las cenas en la Moncloa diciendo: “pueblo, cuando lleguéis a los 65 años, al día siguiente os suicidáis. Por que estar unos años cobrando no es justo…para los mercados”.

Sabemos quienes son los malos.

Paco Ibáñez canto; “a galopar, a galopar hasta enterrarlos en el mar”

Marcelino dijo; si caemos, nos levantamos y seguimos

Yo creo que de esta asamblea deberíamos salir diciendo “nos unimos, luchamos, galopamos y seguimos”.

+ Info:

A la izquierda, la convergencia de los ciudadanos y las ciudadanas. JUAN TORRES LÓPEZ (Catedrático de Economía), CARLOS MARTÍNEZ GARCÍA (Sociólogo), ARMANDO FERNÁNDEZ STEINKO (Politólogo) Público 17/02/2011

Por qué no he firmado. Carlos Taibo / Viento Sur

SOBRE LA RED DE CONVERGENCIA CIUDADANA DE IU. Marat

Convergencia Ciudadana

Mesas de convergencia ciudadana ¿Podrá establecerse una base amplia de “mesas de convergencia ciudadana” que active la participación social en la toma de decisiones? JOSÉ MANUEL NAREDO, Público 23/2/2011

Video Intervención de José Coy, activista del Foro Social de Murcia, en la Mesa de Convergencia ciudadana.Ramón Pedregal Casanova, Rebelión 27/02/2011

Attac Catalunya y las Mesas de Convergencia ciudadana. Attac-Catalunya se encuentra al margen de esta iniciativa

Sobre la iniciativa de las mesas de convergencia ciudadana. Al compañero Taibo y otros anticapitalistas de buena voluntad. Armando Fernández Steinko, Jorge García Castaño, Carlos Martínez, Rafael Pillado, Juan Torres, Roberto Viciano. Rebelión 3/3/2011

Sobre las mesas de divergencia
Una respuesta, cariñosa, a seis amigos antineoliberales de buena voluntad
. Carlos Taibo,
Rebelión 8/3/2011

MESAS DE CONVERGENCIA Y MESAS DE DIVERGENCIA. José Coy


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