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divendres 18 de febrer de 2011 | Manuel
¿Puede unirse la clase obrera?

JEN ROESCH, Obrero Socialista, diciembre 2010-enero 2011

JEN ROESCH observa dónde tienen su origen las ideas que dividen a los trabajadores, como el racismo y el sexismo, y sugiere cómo pueden ser superadas en pos de la unidad y solidaridad de la clase obrera.


UNA DE las objeciones más comunes al socialismo es la idea de que la clase obrera es demasiado enajenada, demasiado atada a sus estrechos intereses materiales y está demasiado dividida internamente para tomar el papel revolucionario que Karl Marx tenía previsto para ella.

Esta objeción se basa en la elitista idea de que los trabajadores están muy agobiados por sus inmediatas inquietudes materiales para tener la habilidad de luchar por un cambio social más amplio. Paralelamente, esta perspectiva toma como un hecho no sólo que los trabajadores puedan tener ideas racistas, sexistas, homofóbicas u otras, sino que además, de alguna manera la clase obrera es más susceptible a estas ideas.

Objeción aparte, los marxistas no sostenemos que la clase obrera no pueda adquirir ideas políticas retrógradas, pero tampoco creemos que sea excepcionalmente propensa a ellas. Lo que decimos es que es la única clase social que tiene un interés material en desafiar todas las formas de opresión.

Con el fin de mantener su poder, la élite gobernante debe fomentar la idea de que la gente común es de alguna manera menos capaz. Debe perpetuar todas las ideas retrogradas que ayudan a mantener a la clase obrera dividida entre sí. Para la clase obrera, sin embargo, manifestar estas ideas va en contra de su interés de clase, y por tanto, debe superarlas.

Marx argumentó que la clase obrera, al abolir su propia explotación y opresión, tiene el potencial de liberar a toda la humanidad. Él hizo hincapié en que el proletariado "no puede emanciparse sin abolir las condiciones de su propia vida. No puede suprimir las condiciones de su propia vida sin abolir todas las condiciones inhumanas de vida de la sociedad actual que se resumen en su propia situación".

Pero aún quedan las interrogantes: ¿Por qué los trabajadores aceptan las ideas racistas, nacionalistas, sexistas y homofóbicas, si contradicen tan claramente sus intereses materiales? ¿Y, cómo pueden estas divisiones ser superadas?

Para explicar esto debemos entender la dinámica de la lucha de clases. Marx distinguió entre lo que llamaba una "clase en sí" y una "clase para sí". La mayoría de las veces, los trabajadores viven su experiencia de vida como individuos aislados y atomizados, quedando expuestos y propensos a aceptar las ideas dominantes de la sociedad.

No quiere decir que los trabajadores acepten ciegamente las estupideces dictadas desde arriba. Las condiciones sociales de los trabajadores siempre los obligan a desafiar al menos algunos aspectos del dogma dominante. Pero las ideas que refuerzan el sistema pueden existir simultáneamente con ideas contrarias, por mucho tiempo.

En períodos de estabilidad capitalista, hay pocas razones por las cuales los trabajadores puedan cuestionar el status quo. Entonces, las ideas dominantes tienden a prevalecer. Aún así algunos trabajadores rechazarán estas ideas y se convertirán en revolucionarios, pero serán una minoría.

Pero si hay algo que el capitalismo garantiza es que esa estabilidad es siempre temporal. Las crisis son endémicas al capitalismo y la clase dominante siempre tratará de hacer que los trabajadores paguen por ellas. Las condiciones de vida se vuelven intolerables y será sólo una cuestión de tiempo antes de que los trabajadores se vean obligados a luchar.

Esta lucha es un producto de las contradicciones internas del capitalismo. Como escribió Hal Draper, "Para participar en la lucha de clases no es necesario ’creer en’ la lucha de clases, del mismo modo que no es necesario creer en Newton para caer de un avión. No hay evidencia de que los trabajadores prefieran la lucha más que los demás; la evidencia es que el capitalismo los obliga y acostumbra a hacerlo".

Es este mismo proceso de lucha el que abre la posibilidad de superar las divisiones. En la lucha se destacan los intereses comunes de clase entre los trabajadores. Los trabajadores no podrán resistir de manera efectiva, mucho menos vencer, si no logran unirse entre ellos y ellas.

En este proceso ocurren dos cosas. En primer lugar, el dominio de la ideología burguesa empieza a desmoronarse. Y en segundo lugar, los trabajadores comienzan a cambiar no sólo sus condiciones, sino también a sí mismos. La enajenación y la mezquindad que dominan la vida son sustituidas por un impulso a la solidaridad y la confianza en su propia capacidad para dar forma al mundo.

La lucha es el elemento clave en la transformación de una "clase en sí" a "una clase para sí". Marx sostuvo que no son los hombres y mujeres que conocemos bajo el capitalismo, sino aquellos transformados por el proceso de lucha, los que fundarán la nueva sociedad:

"La revolución es necesaria, por lo tanto, no sólo porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque la clase derrocadora puede sólo mediante una revolución liberarse de toda la porquería eterna y [en el proceso] capacitarse para establecer una sociedad nueva."

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INCLUSO LAS luchas más pequeñas pueden mostrar esta posibilidad en forma embrionaria. A finales de 2008, los trabajadores mayoritariamente inmigrantes de la fábrica Republic Windows & Doors en Chicago ocuparon su planta. La acción fue en muchos aspectos inspirada por las grandes luchas por los derechos pro-inmigrantes de los últimos años.

Se llevó a cabo en un contexto de incertidumbre económica, pero el ejemplo de lucha generó un sentido de solidaridad no sólo entre otros trabajadores, sino también por otros grupos oprimidos. Activistas LGBT apoyaron la ocupación. Recíprocamente, el día después de la victoria de Republic, un representante de los trabajadores se unió a un foro a favor del matrimonio gay declarando: "Nuestra victoria es tuya. Ahora tenemos que unirnos a ustedes en su lucha por sus derechos y devolver la solidaridad que Uds. nos brindaron".

Es cuando la lucha se extiende y abarca a sectores más amplios de la clase obrera que se plantea de forma más tajante la cuestión de la unidad. En una revolución, cuando todo el orden social se cuestiona y los trabajadores y los oprimidos se mueven a la vanguardia de la vida política, los cambios son los más transformadores.

Por esta razón el marxista ruso Lenin se refirió a la revolución como un "festival de los oprimidos". Durante la Revolución Rusa de 1917, las mujeres obtuvieron el derecho al voto, el divorcio se hizo accesible a todos, el aborto y la homosexualidad fueron legalizados, y muchos judíos (una minoría perseguida por el Zar de Rusia) fueron elegidos a posiciones de liderazgo. Se les otorgó a las colonias rusas el derecho de emanciparse y establecer sus propios gobiernos. En fin, en un país que estaba económicamente atrasado y que había sufrido la destrucción de la Primera Guerra Mundial, los oprimidos ganaron derechos por los que nosotros todavía hoy luchamos.

Recalcamos que sólo describimos un potencial. En todas las luchas existe la posibilidad de superar las divisiones. Pero la tendencia desorganizadora del capitalismo existe también - las ideas racistas, nacionalistas, sexistas, u otras se utilizan también para hacer retroceder la lucha. Con la naturaleza episódica de lucha, cobra importancia la dirección que cada lucha toma y cuál lección aprender.

Es por ello que la organización revolucionaria, en sí mismo un producto de las luchas obreras, es tan importante. Lenin argumentó que un partido revolucionario debe ser la "tribuna de los oprimidos, capacitados para responder a toda manifestación de opresión, no importa la clase social que afecte". Al desarrollar la lucha, los socialistas abogan por la unidad y la solidaridad, y por tácticas que adelanten estos principios. En el caso de una derrota, los socialistas preservan las lecciones del punto culminante de la lucha para ayudar a preparar y fortalecer a la clase obrera para sus batallas del futuro.

Los últimos 200 años han demostrado los extremos a que va la clase dominante para preservar su dominio. El capitalismo ha tenido mucho éxito en reimponer las divisiones dentro de la clase obrera, así como crear otras nuevas.

Pero es sólo un lado de la imagen. Una y otra vez, ha habido explosivas luchas que han demostrado el potencial de la solidaridad y planteado una alternativa al sistema. El hecho de que la clase trabajadora aún no haya triunfado no invalida la perspectiva marxista de de su auto-emancipación. Simplemente significa que tenemos que profundizar y ampliar nuestro propio nivel de organización política con el fin de prepararnos para responder a las luchas por venir.

Font:

Obrero Socialista, diciembre de 2010-enero de 2011 | página 3

+ Info:

Cómo hacer una revolución. Peter Camejo


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