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Anticapitalistes
  
dijous 28 d’octubre de 2010 | Manuel
“La violencia de los oprimidos es una violencia de respuesta”. Entrevista a Hugo Blanco Galdós.

Javier Lajo

Continuando con la investigación “Historia de la Revolución Inconclusa”, en esta octava entrega el Equipo de Investigación y Entrevistas –conformado por Marcelo Colussi / Rodrigo Vélez-Guevariando, y para la ocasión el aporte del compañero Javier Lajo, de Perú, prestigioso investigador en ciencias sociales así como actor político en su tierra– se presenta hoy una entrevista a Hugo Blanco Galdós, miembro destacado de la Confederación Campesina del Perú (CCP), quien comandara la guerrilla indígena de los años 60 del pasado siglo en La Convención y Lares, en el Cusco, Perú.

Entendiendo la violencia popular como una reacción a las injusticias del sistema que les explota, los alzamientos y reacciones violentas de toda forma de organización de los pueblos en lucha no pueden ser considerados “violentos” en sentido ofensivo sino prácticas de defensa ante los ataques que reciben. Es allí donde cobra total sentido aquella famosa frase de “la violencia en manos del pueblo no es violencia: es justicia”. En esa lógica se analiza también el papel histórico que jugó la organización Sendero Luminoso, de acción armada y de gran importancia en la historia reciente de Perú.

El tema de la presente entrevista, como en toda la investigación donde también fueron contactados otros ex miembros de grupos guerrilleros de varios países de la región (Guatemala1, Argentina, Uruguay, Chile1, Chile2, Guatemala2, Nicaragua), gira en torno a un balance crítico de esos movimientos revolucionarios de acción armada de algunas décadas atrás, y a ver cuáles son los caminos posibles que en la actualidad se le presentan al campo popular en su búsqueda de otro mundo más justo, menos salvaje y sanguinario que el contemporáneo.

Javier Lajo: ¿Qué piensa de la violencia revolucionaria en general?

Hugo Blanco: El sistema capitalista ejerce mucha violencia contra la humanidad; la violencia es también matar de hambre a la gente, promulgar leyes represivas, etc. Esta es la violencia fundamental, la que el sistema explotador ejerce contra los oprimidos. En cambio, la violencia de los oprimidos que se da contra los opresores es una violencia de respuesta; es decir estamos hablando acá de la violencia de las masas explotadas. Ésta es diferente a la que significa que “un grupo de valientes” se levantan en armas contra algún gobierno. Aunque, claro que hay suficientes justificaciones ¿no?... Pero hay que ver aquí la eficacia de estas acciones vanguardistas o elitistas. Hay que ver si esa violencia ofensiva es útil, si va a resolver el problema o lo va a empeorar. Y esa violencia, como la de Sendero Luminoso, no ha resuelto nada en el Perú desde el año 80 del siglo pasado; al contrario, ha ocasionado 70,000 muertos, siendo la mayor parte de ellos indígenas. Con esto las organizaciones populares han resultado muy debilitadas, porque los gobiernos tomaban como pretexto esto de que eran “senderistas” y apresaban, torturaban y mataban a dirigentes populares. Y luego también Sendero Luminoso comenzó a matar a dirigentes indígenas acusándolos de soplones. Es así que el movimiento indígena fue acorralado entre dos fuegos. Nosotros, en la Confederación Campesina del Perú (CCP), hemos estado en contra de ese tipo de acciones. Yo he tenido una formación leninista, y el leninismo está en contra de ese tipo de acciones desestabilizadoras. El mismo Lenin escribió un folleto sobre el asunto: “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. Entonces, por todo esto estuvimos en contra de esa acción aislada que se volvió en contra del movimiento popular. Estas acciones resultaron contraproducentes finalmente. Por supuesto que no se puede comparar a las FARC de Colombia con Sendero del Perú, pero estoy en contra de las acciones de las FARC, estoy en contra de las acciones del ERP de México, que es otro grupo guerrillero.

Javier Lajo: Háblanos de los años 60 del siglo pasado, sobre los sucesos de La Convención y Cusco, en la sierra de Perú.

Hugo Blanco: Lo que pasó allí es que nosotros nos organizamos pacíficamente como Comuneros Indígenas en sindicatos, y logramos algunas reivindicaciones, como liberar a los presos injustamente detenidos, con movilizaciones, paros, marchas, etc. Y logramos también que se anulara la ley que autorizaba el colonato feudal, por el que a cambio de una parcela que el gamonal otorgaba al campesino, se le obligaba a éste ir a trabajar a la hacienda. Eso, que era un abuso, en la sierra y en la ceja de selva se convirtió en un abuso grande, porque en la ceja de selva el ciclo de siembra y cosecha es diferente. En la sierra se siembra un año y se cosecha el mismo año; en cambio en la ceja de selva, el cacao, la coca, el té, etc., se cosecha a los años. Por tanto los hacendados de ceja de selva, cuando veían que ya comenzaban a producir las parcelas de los campesinos, las cosechas de cacao, te, etc., el hacendado iba y los botaba de ahí arguyendo que el plazo de otorgamiento de la parcela había fenecido. Eso era una gran injusticia que se multiplicaba en la ceja de selva; entonces los campesinos se organizaron para que les concedieran el plazo de tiempo que les permitiera cosechar su chacra; esto se convirtió en una lucha contra los juicios de desahucio y logramos frustrar varios intentos de despojo o “desahucio” ordenados por los jueces. Entonces, con estas sentencias frustradas los jueces tenían ya vergüenza de dictaminar en contra de los campesinos. Luego, a partir de allí el gobierno promulgó un Decreto Ley prohibiendo los juicios de desahucio, y este fue nuestro triunfo indígena-campesino. Después había hacendados que aceptaban discutir con los campesinos la ampliación del plazo de entrega de las parcelas, y firmaban un pliego con cada uno de los campesinos y con el sindicato. Pero la mayor parte de los hacendados no reconocía a los sindicatos, menos a la Federación. Decían: “¿Cómo se les ocurre la locura de discutir con estos indios sobre la forma como ellos tienen que servirme? Lo que hay que hacer es mandar presos a los cabecillas y asunto arreglado”… Y verdaderamente hacían eso: como el poder judicial y la policía estaban al servicio de ellos, hacían apresar a los dirigentes.

Javier Lajo: ¿Y cómo se generó la violencia explicita? Es decir, las acciones violentas explícitas –para diferenciar la violencia implícita del sistema– ¿las empezaron los hacendados en contra de los indígenas?

Hugo Blanco: Uno de esos sindicatos era donde yo estaba, el de Chaupimayo, donde yo vivía. Como el hacendado no quería negociar con el sindicato, entonces el sindicato declaró la huelga, que consistía en que los campesinos no fueran a trabajar a la hacienda. Esa huelga duró mucho, duró nueve meses (de esto entonces los obreros y empleados se asustan, porque el obrero gana sueldo o salario y nueve meses sin salario o sueldo no pueden soportarlo). Pero el trabajo que hacían los campesinos no era pagado en salario mensual o quincenal por el hacendado. No, el campesino que recibía una parcela en alquiler tenía que pagar ese alquiler en la forma de trabajo en la hacienda; este trabajo era, pues, en pago del alquiler de la parcela que el hacendado les había dado. Esto era como una huelga de un inquilino que deja de pagar el alquiler; entonces dijimos que no podía haber una huelga tan larga, por lo que, entonces, decidimos que ahora mismo se acababa con la huelga, y declaramos la Reforma Agraria. Es así que allí mismo se decretó la Reforma Agraria en Chaupimayo. Explícitamente, en los otros sindicatos seguía la huelga, pero era lo mismo: los campesinos ya no seguían yendo a trabajar a la hacienda y cada uno seguía trabajando la parcela que el hacendado le había dado. Esto se extendió así en forma pacífica.

Javier Lajo: ¿Y cómo fue el inicio de la violencia armada?

Hugo Blanco: Así pues, luego los hacendados andaban iracundos. Comenzaron a provocar con armas, se paseaban armados y empezaron a disparar al aire, diciendo: “Indios, sinvergüenzas, me están robando la tierra, los voy a matar”. Los campesinos vinieron a la Federación, allí les dijeron: “vayan a quejarse a la policía”. Los campesinos fueron a la policía, y allí les confirmaron que “los hacendados tienen derecho a matarlos como a perros porque verdaderamente les están robando sus tierras”. Ante esta situación allí yo dije: “¿Qué vamos a hacer compañeros? Si el hacendado y la policía dicen que tienen derecho a matarnos como a perros, lo único que nos queda es defendernos nosotros mismos”. Algunos dirigentes se pusieron nerviosos, y decían: “sí, compañeros: pero si nosotros nos armamos, ya sabemos cómo somos y a la larga vamos a dispararnos unos contra otros”. Entonces yo les dije: “Está bien, compañeros: hay que hacerlo en forma organizada, por lo tanto vamos a organizar comités de autodefensa”. Y así se aprobó organizar Comités de Autodefensa. Luego preguntaron: ¿Quién se va a encargar de organizar estos Comités? Como los campesinos sabían que en Chaupimayo nos habíamos preparado para comenzar la autodefensa organizada, me encargaron a mí. Yo organicé los comités de autodefensa en toda La Convención; pero mi elección, mi mandato fue por unanimidad, yo hice eso de organizar la respuesta defensiva porque las bases me mandaron. No fue porque mi partido o una elite lo decidieran, sino por mandato de las bases. Prepararnos para la autodefensa fue nuestra consigna, y ya los hacendados dejaron de amenazar y nosotros no los tocamos. No queríamos violencia ni hacer daño a nadie; solo lo hicimos para defendernos, pero como no nos atacaron, entonces no les hicimos nada.

Javier Lajo: ¿Y cómo entonces esto degeneró en violencia armada?

Hugo Blanco: Porque los “gamonales” (es decir, los hacendados) movieron al gobierno, y estos enviaron la represión. Pero en realidad ya habíamos hecho la Reforma Agraria. En 100 haciendas no se trabajaba para los hacendados. Entonces llegó la represión allá y prohibieron que se reuniera la Federación. Entraban a las asambleas a culatazos, provocaban el enfrentamiento, hasta que hirieron a un niño pequeño. Como ya no se reunía la Federación, había reuniones de pocos sindicatos, clandestinamente en el campo. En una de esas asambleas los campesinos recibieron la noticia que habían herido a un niño de 4 años, y entonces decidieron enviar a una comisión para que le pidiera cuentas al hacendado. La Asamblea ordenó que fuera yo, Hugo Blanco, el que encabezara esa Comisión. Entonces fuimos y nos recibieron con disparos. Tuvimos que responder, y en este choque que hubo murió un guardia en combate. Y ellos también nos mataron a varios hermanos campesinos. Posteriormente a este choque disolvieron a la Federación. Entonces las autoridades se dieron cuenta que si comenzando nomás la represión los campesinos se defendieron, entonces se preguntaban ¿cómo iría a ser de terrible una respuesta indígena-campesina si querían que vuelvan a trabajar para las haciendas? El campo se volvería un infierno, porque el levantamiento indígena tendería a generalizarse, si de comienzo nomás “estos indios se volvieron tan atrevidos”, decían “¡qué infierno se volverá después!”.

Javier Lajo: ¿Fue por el miedo a la respuesta violenta de los indígenas que se promulga la Reforma Agraria en todo el Perú?

Hugo Blanco: Claro, por eso el Presidente de facto, General Pérez Godoy, dio la ley de Reforma Agraria en el 62, pero solo para la Convención y Lares, en Cusco. Pero, de allí, los indígenas campesinos del resto del Perú dijeron: “qué buena gracia: solo declararon la Reforma Agraria en La Convención y Lares, porque allí los indígenas campesinos han tomado las armas”; entonces, posterior a nuestro pronunciamiento y acciones, comenzaron las tomas de tierras en muchas otras regiones del Perú. Yo ya estaba preso. Así empezó la recuperación de tierras en Cusco, en Puno, en la sierra de Lima, en Oyón. Y así en muchas partes, ya para eso estaba de Presidente el Sr. Belaúnde Terry, y mandó que las fuerzas armadas empezaran a “meter bala” a los campesinos. Posteriormente los militares se preocuparon, y pensaron que Belaúnde con esta represión provocaría una revuelta general. Y seguro pensaron que más bien lo que hicieron en el 62 con el General Pérez Godoy lo tendrían que replicar en todo el país. Por eso seguro pensaron en tomar el gobierno y hacer la Reforma Agraria. Y fue así que en el 68 tomó el gobierno Velasco Alvarado, y con la experiencia de Pérez Godoy hicieron la Reforma Agraria los militares. Pero no fue sino por la presión de los mismos indígenas que tomaban las tierras en todo el Perú siguiendo el ejemplo de La Convención y Lares. A eso se debe la Reforma Agraria: a la acción defensiva de los indígenas campesinos en contra de los terratenientes. La Reforma Agraria no fue por el amor de los militares.

Javier Lajo: Si la violencia de los indígenas fue una respuesta a la violencia de los hacendados, desde el 62 en adelante, después en los 80 pasada ya la Reforma Agraria, viene un período de violencia mayor hasta el 2000 más o menos, que fue la violencia de Sendero Luminoso. ¿Cuál sería tu reflexión sobre los efectos ocasionados por esta violencia?

Hugo Blanco: Bueno, el factor fundamental fue la violencia desatada por una organización llamada Sendero Luminoso. Ante ello el gobierno halló el pretexto para intentar acabar con todas las organizaciones indígenas y campesinas, la Confederación Campesina del Perú –CCP– tenía bases en casi todas las regiones del país, pero durante la represión de la guerra interna mataron a muchos dirigentes y desorganizaron a las bases. Con el pretexto de combatir a Sendero Luminoso se liquidaron a muchos dirigentes y comunidades. Fue así que los indígenas campesinos estuvieron sometidos al fuego cruzado de la guerra interna, en donde murieron muchas más de las 70,000 personas que señala la Comisión de la Verdad. Ahora nos estamos levantando de las cenizas. Yo mismo estaba condenado a muerte por las fuerzas represivas y por Sendero Luminoso, por eso tuve que salir al exilio.

Javier Lajo: El movimiento indígena-campesino ¿estuvo implicado con el grupo maoísta de Sendero Luminoso? O mejor dicho: ¿fue Sendero Luminoso un producto legítimo de las luchas del campesinado indígena?

Hugo Blanco: Había indígenas que apoyaban a Sendero Luminoso, porque ellos les ajusticiaban a los abigeos, a las autoridades abusivas. Pero también había otros que vivían amenazados por Sendero Luminoso, y estaban alegres que vinieran los del ejército a rescatarlos. Había indígenas de los dos lados, pero ninguno de los dos lados en la guerra interna interpretaba los intereses del campesinado indígena, ni menos Sendero representaba su dirección política. Al final Sendero Luminoso les empezó a ocasionar más perjuicios a los indígenas, por eso que se éstos se apartaron de Sendero, e incluso fueron los mismos campesinos los que derrotan a Sendero y no las fuerzas armadas gubernamentales, ni menos el gobierno de Fujimori, como alegremente éste lo ha proclamado. Por eso es derrotado Sendero Luminoso, por los ronderos indígenas, porque no representaba ni enarbolaba las banderas y los intereses del campesinado indígena.

Javier Lajo: Entonces, ¿se puede decir que en determinado momento de la guerra interna los campesinos indígenas tuvieron solamente de aliado a Sendero Luminoso?

Hugo Blanco: Sí, por supuesto. Fue un aliado porque en determinado momento les sirvió para deshacerse de los abigeos y malas autoridades, pero en esa alianza estuvo siempre en cuestión quién era la dirigencia, quién mandaba. Y no eran los Pueblos Indígenas los que gobernaban ese proceso. Inclusive Sendero Luminoso no tenía el más mínimo respeto por la organización comunal: si no mataban a las autoridades indígenas, imponían otras autoridades. Por eso el campesinado indígena y sus rondas comuneras acabaron violentamente con Sendero Luminoso.

Javier Lajo: Pasando a otro escenario, tú estuviste participando del proceso chileno desde antes del año 1973. Ahora bien, comparándolo con el proceso actual y el proceso de Revolución Democrática y Cultural de Evo Morales en Bolivia, ¿tú crees que hay alguna forma de reivindicar un proceso de transición pacífica de una revolución que tienda al socialismo?

Hugo Blanco: Yo creo que los revolucionarios nunca debemos recurrir a la violencia por nuestra propia voluntad, si no somos forzados a responder una agresión antelada. ¿Qué pasó en Chile? Pasó que la derecha aprovechaba la situación económica. Entonces iban contra el proceso que encabezaba Allende, y desestabilizaban con los actos sediciosos contra el gobierno legítimamente constituido, por ejemplo, acaparando los alimentos y vendiéndolos muy caros en el mercado negro, boicoteando la economía y la democracia. Es por esto que las fuerzas armadas, manipuladas por la derecha y por la CIA, se levantan contra el gobierno de Allende. En el simulacro de golpe o “Tancazo” del oficial Souper, los sectores populares se movilizaron en respuesta contra estos malos oficiales, pero fueron reprimidos por las propias fuerzas armadas “constitucionalistas”. Por eso los sectores populares estaban desmoralizados, y cada vez más desalentados por los sectores golpistas que preparaban el golpe contra Allende. Cuando éste debió movilizar al pueblo, declarar el estado de sitio y aplastar y develar a los demás golpistas y a la derecha en general en lugar de desmoralizar a su pueblo, no lo hizo, dejando así actuar con las manos libres a los golpistas para que estudiaran las acciones defensivas del pueblo chileno.

Javier Lajo: O sea que el mismo gobierno permitió la represión contra la organización para la defensa de la revolución democrática y pacífica. ¿Fue esta una actitud suicida? ¿Es que Allende no quiso aplicar la violencia defensiva?

Hugo Blanco: Claro, uno de los generales “constitucionalistas” que reprimía al pueblo levantado contra su propio “pre-golpe” fue el general Pinochet, y con una buena estrategia de la CIA. Y no sólo eso: ésta fue la segunda vez que la CIA aplicó esa estrategia de “frenar y desmoralizar al pueblo”, pues en Argentina, antes con Perón, éste frenaba, frenaba y frenaba al proletariado que quería defenderse. Por eso, esos mismos gobiernos desalentaron la movilización y organización del pueblo, lo desmoralizaron, y así triunfó la derecha. Esto mismo puede pasar ahora en Ecuador y Bolivia si sus presidentes siguen desalentando la gran movilización popular que tiene a los indígenas a la cabeza.

Javier Lajo: Está claro: estos gobiernos de Perón y Allende, encabezando el movimiento popular a nivel electoral, debieron tener una estrategia de defensa de la revolución democrática que estaban procesando.

Hugo Blanco: Nosotros no pedíamos que el gobierno armara al pueblo, sino solamente que dejara, que permitiera que el pueblo siga su proceso de organización y movilización en defensa del proceso, nada más. Ahora mismo, en Bolivia, cuando Santa Cruz preparaba su plan separatista y golpista, el pueblo boliviano se movilizó y marchó hacia allí. Luego se produjeron las humillaciones a los indígenas en Sucre, la masacre de Pando dejando ver el verdadero rostro del fascismo y la CIA frente al mundo. Esto mismo permitió la acción defensiva del pueblo boliviano y las movilizaciones posteriores que frenaron los arrestos golpistas.

Javier Lajo: ¿Y qué pasa ahora con los gobiernos del área andina?

Hugo Blanco: Los gobiernos de Evo, Correa y Chávez han surgido por el avance de las masas populares organizadas. En Ecuador y en Bolivia, las masas indígenas salieron a las calles, por eso Evo y Correa han tomado los gobiernos, en forma democrática y pacífica. La derecha está derrotada políticamente, por eso busca una solución armada, y allí el pueblo debe defenderse. Pero ahora esos gobiernos no representan la totalidad de los intereses de los indígenas. Por ejemplo en Ecuador ya los indígenas no defienden el “socialismo del siglo XXI”; ahora hay una defensa cerrada del agua, de los recursos naturales, del medio ambiente, en contra del extractivismo y de la destrucción del medio ambiente por las transnacionales. Ya en Bolivia también, en los últimos días, los indígenas se movilizan ya no en contra de la derecha sino de algunas vacilaciones de Evo Morales. Pero en general, en el Ecuador como en Bolivia la derecha no está en condiciones de hacer un golpe de Estado y usar la violencia, porque darían pie a que el pueblo los aplaste. En Bolivia ya tienen la experiencia del 52, cuando el pueblo levantado destruyó a la policía y al ejército en pocos días.

Javier Lajo: Como conclusión, y por lo que yo puedo deducir de tus respuestas, la violencia revolucionaria es una forma de responder a la violencia del sistema, es una violencia de legítima defensa, es decir, su calidad es de respuesta defensiva, no hay una actitud ofensiva de las organizaciones revolucionarias, sino de legítima defensa.

Hugo Blanco: Completamente correcto, porque incluso las Rondas del norte peruano se organizan para defenderse del abigeato y de la delincuencia y no ejercen violencia, sino que cuando capturan a los delincuentes les aplican la milenaria justicia indígena, les mandan a hacer trabajos forzosos, etc. Por eso nuestra guerrilla (así le dieron el nombre) se denominó “autodefensa”, Comité de Autodefensa Sindical. No es para la agresión sino para la autodefensa. Por ejemplo ahora en junio del 2009 en Bagua, en el norte peruano, los indígenas no tenían más que palos y lanzas, no tenían armas, pero fueron agredidos y con las propias armas que los indígenas quitaron a los agresores pudieron defenderse. Poco a poco, los indígenas peruanos organizados aprendimos a defendernos. En el movimiento indígena y popular sus organizaciones son muy democráticas, mucho más democráticas que el Estado colonia y los gobiernos del sistema que nos oprime y que ejerce una violencia a veces desmedida contra nuestras organizaciones y nuestras familias.

Font: Historia de la revolución inconclusa, Entrevista a Hugo Blanco Galdós (octava entrega)
“La violencia de los oprimidos es una violencia de respuesta”


Del libro "Tierra o Muerte. Las luchas campesinas en Perú, publicado en 1972 (Siglo XXI, México)"

Hugo Blanco

Pasamos al valle de San Miguel, donde existían pequeñas haciendas a las cuales todavía no habían llegado la sindicalización. Uno de nosotros, vinculado con campesinos de la hacienda más pobladas, se adelantó para convocar una reunión, la que envió una comisión a nuestro encuentro. Se realizó la asamblea de los campesinos de la hacienda con asistencia nuestra. En realidad, independientemente de que portáramos armas, jamás un sindicato campesino de la zona se había organizado con el asesoramiento de una comisión sindical de esa categoría, estábamos: el secretario de organización de la Federación Provincial, el secretario de reforma agraria de la Federación departamental, el secretario de reforma agraria de una liga de 4 sindicatos, 2 generales y otros dirigentes más.

El recién organizado sindicato acordó aplicar de Decreto de Reforma Agraria emitido por nosotros y ya ejecutado en otras zonas. Acordó además aceptar en su seno a todos los campesinos de ese valle, ya que las otras haciendas eran muy pequeñas para tener un sindicato propio. Otro acuerdo fue ir en conjunto a comunicar esta nueva al hacendado, recomendándonos que no tomáramos ninguna medida contra él, ya que no había sido un verdugo y se había limitado a aprovechar las relaciones de producción imperantes hasta entonces.

Nosotros, acostumbrados a confiscar los bienes de los grandes gamonales desde mucho antes de ser milicianos, no tocamos esta vez nada de los pequeños hacendados de la zona; no por miedo a la represión, pues sabíamos que ya nos perseguían para matarnos, sino porque éramos sindicalistas, acostumbrados a respetar la voluntad de la masas, y como revolucionarios nuestra función militar no era más que un aspecto de nuestra función política. Y nuestra función política era enseñar a los trabajadores que ellos debían gobernar y que nosotros no éramos más que un brazo armado, su instrumento de lucha, no sus patriarcas.

Los campesinos acordaron proveernos de todo lo que necesitáramos y aceptar todo lo que voluntariamente nos ofrecieran los pequeños hacendados de la zona, pero que no confiscáramos nada de éstos. Según dijeron: “Para que vean que lo que queremos los campesinos es la tierra para trabajar, pero que no somos ladrones para quitarles sus cosas”. Cumplimos con informales de nuestra amplia actitud confiscatoria con los gamonales verdugos, mostrándoles que precisamente nuestro Decreto de Reforma Agraria, a pesar de su carácter sintético, señalaba la optatividad de las medidas confiscatorias absolutas, y que Decreto subrayaba que en cada caso específico era el campesinado de la hacienda respectiva el juez que debía decidir acerca de las medidas confiscatorias y de la forma de distribución de la tierra. Se sobreentendía que la existencia de la guerrilla no era para sustituir, sino para sustentar la voluntad campesina.

Los compañeros de San Miguel comprendieron perfectamente.

Por supuesto al hacendado no le quedó más remedio que manifestar que acataba la voluntad de la asamblea.

Luego pasamos a zonas sindicalizadas, se nos incorporó un secretario general, luego otros dirigentes sindicales.

El apoyo del campesinado era casi absoluto, emocionante.

Nos alimentaba, nos vestía, nos guiaba, nos protegía.

“Coman y llévense cuanto puedan”, nos decían las compañeras llorando. “¡Ay! Nosotros tan cómodamente en nuestras casas y ustedes en el monte perseguidos. ¡Cuán doloroso es no poder servirles así cada día que están en el monte! ¡Compañeros! ¡Compañeros! ¡Hermanos!” Como nuestro estómago y nuestra mochila tenían capacidad limitada, recibíamos un poco de cada uno, para que nadie se sintiese ofendido.

Cualquier alusión a un “pago” hubiese sido un insulto. ¿Cómo les íbamos a pagar si éramos el brazo armado de ellos? ¿El hermano que lucha por el hermano puede “pagarle” a éste por los víveres que recibía para alimentarse en el combate? ¿O acaso no era por ellos por quienes luchábamos? Hubiese sido un grave error político sugerir “pago”. Sólo en una oportunidad nos vimos obligados a convencer a un compañero de que debía recibirnos dinero. Se trataba de un campesino que habitaba en una choza aislada en la puma, zona frígida. Nos dio un torillo. La explicamos que para casos como ése los compañeros nos habían dado dinero, pues no era correcto que sobre un solo campesino recayera un gasto tan elevado.

No éramos los guerrilleros quienes explicábamos a los campesinos que luchábamos por ellos, eran ellos mismos quienes nos lo decían; la razón inmediata de nuestra lucha estaba clara como el agua; nuestra lucha sindical durante años la explicaba sobradamente; la composición de la guerrilla la ratificada. Por esta razón, nuestra labor política tocaba aspectos ya más elevados: explicación del significado general de la revolución, de las tareas económicas y políticas por realizarse.

No me voy a extender en el relato de los días de hambre y sed en que racionábamos el maíz contando calmábamos la sed con el agua estancada en ciertas hojas, con el jugo de algunos tallos o de los bulbos de orquídea. Estas y otras vicisitudes son comunes a cualquier guerrillero.

Argenpress / Rebelión 28/10/2010

hugoblancogaldos.blogspot.com->http://hugoblancogaldos.blogspot.com/2008/12/del-libro-tierra-o-muerte.html]

+ Info:

Dos cartas de Hugo Blanco (autobiográfico).

Nunca fui terrorista, ni "Lucha Indígena" lo es. El terrorista es el Gobierno Peruano. Hugo Blanco

Hugo Blanco, hablando en la Universidad Simon Fraser en Vancouver, Colombia británica, Canadá, el 21 de septiembre de 2007.

"Alan García es un servidor de las multinacionales". Hugo Blanco. Líder indígena campesino peruano. Dice que su lucha es más fuerte que nunca por las agresiones del neoliberalismo.


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