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Anticapitalistes
  
dimarts 26 d’octubre de 2010 | Manuel
La utilidad de los Nobel

Miren Etxezarreta / Albert Recio Andreu

Llevan años concediendo el premio a economistas destacados por sus aportaciones basadas en la economía convencional y recomendando políticas económicas neoliberales, siempre orientadas a reforzar los intereses de los poderosos.


Con honrosas excepciones, los premios Nobel de Economía se conceden a expertos que llegan casi siempre a conclusiones convenientes para los intereses dominantes en la sociedad. Como ejemplo, Diamond, Mortensen y Pissarides, los tres galardonados este año: estudian el mercado de trabajo y las pensiones, temas de máxima actualidad, y se subraya la validez práctica de sus investigaciones. Los tres, además de sus posiciones en la Academia, son destacados asesores de política económica y sus trabajos son utilizados por muchos economistas que, a su vez, asesoran a altas instituciones de sus respectivos países. Los Nobel de 2010 eran ya conocidos en España y parece que han participado en las mesas de dialogo sobre la reforma laboral. Además, sus modelos sirven de base a bastantes estudios realizados por economistas españoles, en particular entre los cien economistas de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) que, tan generosamente, ofrecen sus opiniones sobre temas candentes. Su influencia en este país es significativa.

Los premiados han elaborado modelos matemáticos en los que tratan de incorporar elementos no reconocidos en los enfoques convencionales, intentando aproximar los supuestos más elementales de la economía ortodoxa a la vida real, y por ello son galardonados. Algunas de las conclusiones a las que llegan son que el mercado de trabajo no funciona como los demás mercados, sino que experimenta numerosas fricciones que hacen que los mercados no regulados sean ineficientes. Destacan que un subsidio de paro generoso provoca una mayor tasa de paro porque alarga el periodo de inactividad al disminuir la intensidad de la búsqueda de trabajo de los desempleados y sugieren que a partir de los seis meses se reduzca la prestación por desempleo a favor de la formación, o que el subsidio de desempleo se vaya reduciendo en el tiempo (lo que ya está establecido en España) para obligar al parado a buscar empleo.

Aunque uno de ellos reconoce que la alta temporalidad hace que el desempleo crezca más rápido (Pissarides), sigue opinando que crear contratos temporales aumentaría el empleo. El experto en pensiones (Diamond) señala que habría que prolongar todo lo posible el periodo sobre el que se calcula la prestación de jubilación, que la edad de retiro debiera ser flexible, que se incentive que la jubilación sea más tardía. Y así sucesivamente.

Por supuesto hay algunos elementos progresistas en sus recomendaciones –la necesidad de instituciones laborales que corrijan estos fallos del mercado y lo regulen, o que hay que mejorar las pensiones de las viudas–, pero en estos consejos se puede reconocer la base de la reforma laboral y las propuestas para la de pensiones que se están planteando en casi en todos los países de la UE y en particular en España. Claro que se puede argumentar que ello muestra la solvencia de unas medidas tomadas sobre la base de rigurosos análisis económicos que las justifican, pero ¿existen garantías de que son las correctas?

Sus análisis tratan el mercado de trabajo como si fueran las ineficiencias internas de dicho mercado las que explican su mal funcionamiento, siempre de forma parcial y aislada, como si todas las demás variables fueran constantes, supuesto tan querido por los economistas. Nunca querría negar la importancia de las instituciones, pero existen otros muchos más aspectos de los que incluyen en sus trabajos. Olvidan muchas variables significativas que inciden en dicho mercado: la historia del desarrollo del país, su estructura productiva, la composición de la fuerza de trabajo, la tecnología, el tejido empresarial, la calidad de sus empresarios, etc. Y sus recomendaciones ignoran aspectos fundamentales de la estructura social –¿quién despide a los trabajadores y por qué lo hace?– y toman como premisas aspectos muy dudosos al suponer que los trabajadores son vagos y el subsidio de desempleo les lleva a alargar el periodo de paro, añadiendo el insulto a la injuria. ¿Tienen idea de cómo se vive con los ingresos del subsidio de paro? ¿Saben realmente que los parados con subsidio de desempleo son vagos? ¿Recomiendan que se lancen al primer trabajo que les ofrezcan aunque no se parezca en nada a sus cualificaciones? Por otra parte, si las instituciones (públicas) de intermediación funcionan mal, ¿las ETT privadas resolverán el problema? Y también, ¿resuelve la formación el problema del paro? ¿Cuántos parados con alta formación hay en España?

Habría que añadir muchas más preguntas. El mercado de trabajo trata de personas, de relaciones sociales entre poderes muy asimétricos, y está estrechamente vinculado a otros aspectos de la economía y la sociedad. Estos autores utilizan técnicas y modelos muy elaborados que les hacen parecer muy rigurosos, pero se diría que no han descubierto gran cosa que un observador inteligente del mercado de trabajo no supiera ya. Nos recuerda el pensamiento de Paul Baran (economista crítico estadounidense), que señalaba que los economistas sacrificamos a menudo la relevancia de los problemas a la belleza de los instrumentos formales.

Los premios Nobel tienen una abundante tradición de galardonados erróneos. Quizá el más escandaloso fue el concedido en 1997 por desarrollar un nuevo método para determinar el valor de los derivados a Merton y Scholes, que fueron antes de un año los artífices de una de las mayores quiebras financieras de Estados Unidos, pero no es el único. Llevan años concediendo el premio a economistas destacados por sus aportaciones basadas en la economía convencional y recomendando políticas económicas neoliberales, siempre orientadas a reforzar los intereses de los poderosos. Los Nobel sirven de potentes instrumentos para legitimar las decisiones del poder económico y político.

26/10/2010

Miren Etxezarreta es catedrática emérita de Economía Aplicada de la UAB

Ilustración de Iker Ayestaran

Font: http://blogs.publico.es/dominiopublico/2599/la-utilidad-de-los-nobel/

+ Info:

La vida secreta de los economistas del sistema. Micah Uetricht, Rebelion 29/3/2011


La economía, una ciencia posmoderna

Albert Recio Andreu

La ciencia siempre ha estado ligada al convencimiento de la posibilidad de alcanzar un conocimiento adecuado del mundo real; de la existencia de métodos de trabajo inmunes a las ideologías; de un cierto esfuerzo colectivo por depurar técnicas y descartar supersticiones, oscurantismos y percepciones incorrectas; de la capacidad de selección colectiva de las teorías más convincentes.

Ya se sabe que de la teoría a la práctica hay un trecho, que algunas ideologías siguen pesando en la cabeza de muchos científicos, que los grandes intereses económicos se inmiscuyen en su quehacer, etc. Pero, en general, el desarrollo de la mayor parte de las ciencias naturales refleja esta dinámica de diálogo intra e interdisciplinario que está en la base de su progreso. Cuando menos se suele reconocer que hay teorías verosímiles y teorías descartables. Este mismo año, por poner un ejemplo, el Nobel de Física ha ido a parar a dos científicos que han contribuido poderosamente a desarrollar la teoría del bosón, que para la inmensa mayoría de los físicos constituye un avance importante con vistas a entender el funcionamiento del mundo real.

La economía, esta disciplina que a diario nos venden como justificación de muchas de las medidas que condicionan nuestra vida cotidiana, es diferente. De hecho, la mayoría de los economistas han renunciado a mantener un diálogo interdisciplinario con otras ciencias y conocimientos (salvo con las matemáticas, quizá porque les permite dotarse de una cierta pátina científica). Son conocidas la ignorancia y el desprecio de gran parte de los economistas respecto de buena parte de las ciencias naturales y sus implicaciones ambientales. Aunque el modelo dominante parte del individuo, son escasos los teóricos que se preocupan del estudio de la psicología (que el hombre es un ser racional que busca la maximización es un axioma que no se discute). Y ni que decir tiene que los sociólogos, antropólogos y otras especies son vistos con desprecio o directamente ignorados por el corpus dominante. Por no ser científicos “normales”, la mayoría de los economistas ni siquiera han desarrollado métodos para descartar teorías. De hecho, se pueden encontrar pocos debates teóricos con conclusiones aceptadas. Y cuando alguna vez han tenido lugar, como fue el debate de Cambridge sobre la teoría del capital, como el resultado era altamente corrosivo para la ortodoxia dominante, simplemente fue aparcado y desapareció de la práctica totalidad de los planes educativos.

La economía es, pues, una ciencia posmoderna. En dos sentidos: admite sin rubor teorías alternativas siempre que estén planteadas con modelos formales aceptables y siempre que no cuestionen completamente el orden establecido. Este es el caso que ha motivado este comentario. El Nobel de este año ha premiado a un científico (Fama) que defiende que los mercados financieros son fundamentalmente eficientes y a otro (Schiller) que explica que los movimientos irracionales forman parte de la vida misma de los mercados financieros reales. En vista de lo ocurrido en los últimos años, no parece que este premio hubiera sido compartido por dos economistas si, en lugar de un sanedrín, el procedimiento se hubiera desarrollado de otra forma. La economía, además, mantiene muchas creencias que son incólumes al avance de otras ciencias. Y la academia practica de forma creciente una intransigente, burocrática e ideológica represión de las corrientes heterodoxas que, en muchos campos, tratan de generar explicaciones teóricas que discuten los axiomas de un quehacer profesional cada vez más parecido a una función de legitimación del orden social (y de mantenimiento del propio estatus) que a una indagación aséptica sobre las características y problemas de la vida económica real. Esto que hace tiempo sospechábamos muchas personas, quienes hemos experimentado en nuestras propias carnes (o en las de amigos y conocidos) los zarpazos de la ortoxia establecida en grados diversos, lo han documentado recientemente, para el caso británico, Francis Lee, Xuan Pham y Gyun Gu en “The UK Research Assessment Exercise and the Narrowing of UK Economics” (Cambridge Journal of Economics, n.º 37, 2013, pp. 693-717). Más que una ciencia es una iglesia. Por esto también es tan difícil que los movimientos sociales alternativos cuenten con una buena formación técnica y teórica que ayude a reforzar sus propuestas.

30/10/2013

+ Info:

¿La economía, una ciencia para entender el mundo o para dominarlo? Josep Manel Busqueta


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