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Anticapitalistes
  
dijous 15 de juliol de 2010 | Manuel
Debate sobre la izquierda anticapitalista europea II: Construyendo el Nuevo Partido Anticapitalista

François Sabado

El artículo de Alex Callinicos en el número más reciente de International Socialism muestra muy bien los cambios que han tenido lugar en la izquierda radical durante los últimos meses. Las características de la situación, y en particular la profundización de la crisis del sistema capitalista y la evolución social-liberal de la socialdemocracia, confirman que hay un espacio “a la izquierda del reformismo de izquierda”. Este espacio abre posibilidades para la construcción de nuevas formaciones políticas o para iniciativas tales como las conferencias de la izquierda anticapitalista2, procesos ambos que requieren clarificación. Ciertas experiencias implican diversidad de corrientes. Aunque las fronteras políticas entre estas corrientes no siempre se ven claramente, la cuestión del apoyo a la participación en gobiernos de centro-izquierda o social-liberales es una línea divisoria fundamental en las políticas de alianzas o de reagrupamiento.

No son sólo “caminos que divergen”, sino políticas diferentes y proyectos distintos. Cuando Callinicos evoca “experiencias más positivas” en conexión con Die Linke en Alemania y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en Francia está, de hecho, hablando de dos proyectos diferentes.

En el caso de Die Linke estamos tratando con un partido reformista de izquierda. Éste es un partido integrado dentro de las instituciones del Estado alemán. La gran mayoría de sus miembros vienen del Partido del Socialismo Democrático (PDS), el partido de la burocracia de la antigua Alemania del Este. Die Linke es un partido que ha apoyado un gobierno común con los social-demócratas alemanes (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, SPD) y, finalmente, un partido cuyo proyecto se reduce al “retorno al Estado de bienestar”. Como es conocido, este partido también refleja, en la Alemania del Oeste, un movimiento de radicalización de ciertos sectores de los movimientos sociales, un paso adelante para el movimiento de los trabajadores. Pero los revolucionarios no deberíamos confundir estos procesos con el liderazgo de Die Linke, sus políticas reformistas, su subordinación a las instituciones capitalistas y su objetivo de participación en el gobierno con el SPD.

El NPA, por otro lado, se presenta a sí mismo como un partido anticapitalista. Es un partido cuyo centro de gravedad está en las luchas, los movimientos sociales y no en las instituciones parlamentarias. La característica fundamental de este partido es el rechazo de cualquier alianza o participación en el gobierno con el centro-izquierda o el social-liberalismo. El NPA no se detiene en el antiliberalismo. Sus políticas están dirigidas a romper con el capitalismo y a derrocar el poder de las clases dominantes.

En cada caso estamos confrontados con formaciones políticas —hay delimitaciones, programas, políticas— pero éstas no son del mismo tipo.

¿Partido anticapitalista o algún frente único?

Tampoco podemos compartir la caracterización que hace Callinicos de las nuevas formaciones de izquierda radical como de “frente único de un tipo especial”. Las concepciones del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP) fueron formuladas por John Rees así: “La Alianza Socialista [precursora de Respect] es… mejor vista como un frente único de un tipo especial aplicado al campo electoral. Busca unir a los activistas reformistas de izquierda y los revolucionarios en una campaña común entorno a un programa mínimo”3. Esta concepción, vinculada originalmente a la experiencia británica, fue generalizada como “la concepción del SWP de la naturaleza de las formaciones de la izquierda radical”. Estamos en desacuerdo con dicha concepción.

Usar el término “frente único” para la construcción de un partido o una formación política realmente es una novedad.

El frente único es una respuesta a determinados problemas planteada desde la acción unitaria o la unificación de los trabajadores, o de los movimientos sociales y sus organizaciones. El frente único y la construcción de un partido son dos cosas distintas. Un partido de los trabajadores anticapitalista y/o revolucionario, más allá de su definición precisa, es una formación política delimitada, sobre las bases de un programa y una estrategia extensiva de la conquista del poder por y para los trabajadores. Un partido anticapitalista no puede ser la expresión orgánica de “la clase entera”. Aunque debe buscar constituir “una nueva representación de los trabajadores”, o la convergencia de una serie de corrientes políticas, de todas maneras no hará que desaparezcan las demás corrientes de los movimientos sociales, o incluso aquellas organizaciones que son “reformistas u originariamente reformistas” y que se encuentran lideradas por aparatos burocráticos. La cuestión del frente único permanece planteada.

¿Por qué no deberíamos considerar a los partidos anticapitalistas dentro del marco del frente único? Porque, si ese fuese el caso, fomentaría ver a dichos partidos como una simple alianza o como un marco unitario —aunque fuese de un “tipo especial”. Esto significaría subestimar su construcción como marco o mediación necesaria para la emergencia de los liderazgos revolucionarios del mañana. Considerar al NPA como un frente único significaría “suavizar” sus posiciones políticas para hacerlas compatibles con la realización de este frente único. Por ejemplo, no condicionamos la unidad de acción de los movimientos sociales y los trabajadores a un acuerdo con el gobierno. ¿Es esa una razón para que el NPA abandone o incluso relativice la batalla acerca de la cuestión del gobierno? No, no lo creemos. El NPA ha hecho de la cuestión del gobierno —la negativa a participar en gobiernos de colaboración de clase— una delimitación decisiva de su combate político. Este ejemplo obviamente demuestra, aunque podemos citar otros, que el NPA no cabe en el marco conceptual de un frente único. Queremos construirlo como un acercamiento de experiencias, activistas y corrientes, pero especialmente como partido. Mirarlo como un “frente único de un tipo especial” implica subestimar las batallas que son necesarias para construir una alternativa política. Esta concepción de “un frente único de tipo especial entorno a un programa mínimo” llevó a la dirección del SWP a reprochar a la dirección de la LCR el tener “una actitud negativa y a veces sectaria hacia los colectivos”4, cuando la LCR estaba poniendo en el centro de su batalla política la negativa a tomar parte en gobiernos con la dirección del Partido Socialista (PS). En retrospectiva, ¿todavía piensa la dirección del SWP que estos reproches estaban bien fundados?

Y ahora, cuando Jean Luc Mélenchin, uno de los organizadores de la izquierda socialista, abandona el PS mientras mantiene la continuidad de sus concepciones reformistas, sus posiciones acerca de la participación o el apoyo a los gobiernos de Mitterrand y Jospin, y declara que quiere construir un “Die Linke francés”, ¿cuál debería ser la actitud de los revolucionarios? ¿Deberíamos apoyarlo y unirnos a sus propuestas y proyectos para una alianza con el Partido Comunista Francés, que mantiene la perspectiva de gobernar mañana en conjunto con el PS? ¿O deberíamos tomar en cuenta su rotura con el PS, tener una aproximación positiva a la unidad de acción con su corriente, pero no confundir la construcción de una izquierda anticapitalista con la construcción de un partido reformista de izquierda?

Una vez más: sí a la unidad de acción —como demostramos en su momento con la campaña del No en el referéndum de la Constitución Europea— y sí al debate, pero debemos también darnos cuenta que las diferencias en la relación con las instituciones representativas y las actitudes respecto a la cuestión del gobierno separan las alternativas políticas y los proyectos de construir partidos. Construir un Die Linke francés, en relación a la historia del movimiento revolucionario y lo que ha acumulado el NPA, constituiría una regresión en la construcción de una alternativa anticapitalista. Cuando un sector entero influenciado por la izquierda anticapitalista se ha distanciado de la dirección de la izquierda tradicional, constituir una nueva fuerza reformista de izquierda representaría un paso atrás para el movimiento de los trabajadores. Podríamos una vez más involucrar a este sector en “maniobras reformistas”. Conceptos como el de “frente único de un tipo especial” podrían entonces desarmarnos para defender una política clara hacia este tipo de corriente.

Este concepto, que subestima el nivel estratégico de las diferencias en las cuestiones del gobierno y de las instituciones representativas, arroja luz en algunas de las posiciones tomadas por la Corriente ‘Socialista Internacional’ (IST por sus siglas en inglés)5 acerca de cuestiones internacionales. Puede explicar, en la política de vuestros camaradas en Alemania, la relativización que hacen de la crítica a las políticas de la dirección de Die Linke sobre la cuestión de participar en gobiernos con el SPD.

De manera similar, también podemos notar la indulgencia de la IST hacia el nuevo liderazgo de Rifondazione Comunista en Italia. En el último congreso de Rifondazione una reacción de “izquierda” de sus miembros puso a los partisanos de Bertinotti6 en minoría. De cualquier modo, la política seguida por la nueva dirección tiene continuidad con las posiciones históricas de Rifondazione, y se continúa adhiriendo a la política de alianzas con el Partido Demócrata7 en todos los ejecutivos regionales gobernados por el centro-izquierda.

Por último, ¿no contribuye acaso esta concepción de “frente único de tipo especial entorno a un programa mínimo” a desarmar al liderazgo del SWP en su relación con George Galloway, por el cual Respect tuvo que sostener “alianzas con notables musulmanes que pudieran recoger votos”?

Considerar un partido anticapitalista como un frente único también puede llevar a desviaciones sectarias. Si el frente único se lleva a cabo, incluso en una forma particular, ¿no podríamos sentirnos tentados a hacer todo a través del canal del partido, precisamente subestimando las batallas reales por la unidad de acción? El partido anticapitalista debe combinar las actividades de un partido y una orientación a la acción unitaria, porque no debemos olvidar, contrariamente a lo que sugiere Callinicos, que el reformismo continúa existiendo, que el movimiento de los trabajadores tiene divisiones y diferencias, y que es necesario intervenir para combinar, unificar a los trabajadores y a sus organizaciones.

Una vez más, el frente único, en todas sus variantes, es una cosa. Construir una alternativa política es otra. Esta última es la opción del NPA.

¿Qué tipo de partido revolucionario?

Callinicos trata de entramparnos explicando que, aunque el NPA es un partido anticapitalista, “no es un partido revolucionario en el sentido específico en el cual fue entendido dentro de la tradición marxista clásica”. Discutamos la tradición marxista clásica, la cual es extremadamente diversa.

Dentro de esta historia, el grado de clarificación estratégica, en principios y en tácticas organizacionales, y no olvidando las varias interpretaciones de tal o cual corriente revolucionaria, hay varios modelos. Es verdad que el NPA no es la réplica de las organizaciones revolucionarias del período después de mayo del 68. Los partidos anticapitalistas como el NPA no comienzan desde una definición general histórica o ideológica. Su punto de partida es “un entendimiento común de eventos y tareas” en cuestiones que son claves para intervenir en la lucha de clases. No una suma de cuestiones tácticas, sino las cuestiones políticas clave, como la cuestión de un programa para la intervención política que gire entorno a una orientación de unidad de clase e independencia.

En este movimiento hay lugar e incluso necesidad de otras historias, otras referencias que vengan de los más variados orígenes.

¿Lo hace esto un partido sin historia, programa y delimitaciones? No. tiene historia, una continuidad: aquella de la lucha de clases, lo mejor de las tradiciones socialista, comunista, libertaria y marxista revolucionaria. Se sitúa a sí mismo en las tradiciones revolucionarias del mundo contemporáneo, basándose a sí mismo, más precisamente, en la larga cadena de revoluciones francesas desde 1793 hasta mayo de 1968, pasando por los días de 1848, la Comuna de París y la huelga general de 1936.

El NPA es también un tipo de partido que intenta responder a las necesidades de un nuevo período histórico —que se abrió entre finales de siglo XX y comienzos del siglo XXI— y la necesidad de refundar un programa socialista enfrentado con las crisis históricas combinadas del capitalismo y del medio ambiente.

Enfrentado a tales desafíos, el NPA se afirma a sí mismo como partido revolucionario preferiblemente en el sentido dado por Ernest Mandel:

¿Qué es revolución? Una revolución es el derrocamiento, en un corto período de tiempo, de las estructuras económicas y/o del poder político, por la acción tumultuosa de las grandes masas. Es también la transformación abrupta de la gran mayoría de la gente desde un objeto más o menos pasivo en un actor decisivo de la vida política. Una revolución nace cuando las masas deciden ponerle fin a las condiciones de existencia que les parecen intolerables. Ella, por lo tanto, siempre expresa una grave crisis de una determinada sociedad. Esta crisis tiene sus raíces en una crisis de las estructuras de dominación. Pero también expresa una pérdida de legitimidad de los gobiernos y una pérdida de paciencia por parte de grandes sectores de la población (8).

Las revoluciones son, al final, inevitables —las verdaderas locomotoras del progreso histórico— precisamente porque la dominación de una clase no puede ser eliminada por la vía de las reformas. Las reformas a lo sumo pueden suavizarla, no suprimirla. La esclavitud no fue abolida por reformas. La monarquía absolutista del régimen antiguo no fue abolida por reformas. Las revoluciones fueron necesarias para eliminarlas.

Es verdad que esta definición es más general que la estratégica, incluso que la política y militar, que proveyó el marco de los debates de los setenta, las cuales en ese tiempo estaban iluminadas por las crisis revolucionarias del siglo XX.

Los partidos anticapitalistas como el NPA son “revolucionarios” en el sentido de que quieren poner fin al capitalismo —“el derrocamiento radical de las estructuras económicas y políticas (esto es, estructuras estatales) de poder”— y la construcción de una sociedad socialista implica revoluciones donde los de abajo echan a los de arriba y “toman el poder para cambiar el mundo”.

Tienen un programa estratégico y delimitaciones pero éstas no son completas. Recordemos que Lenin, incluso contra parte de la dirección del Partido Bolchevique, cambió o modificó sustancialmente su marco estratégico en abril de 1917, en el medio de una crisis revolucionaria. Él pasó de llamar a la “dictadura democrática de los trabajadores y campesinos” a la necesidad de una revolución socialista y el poder de los soviets. Ciertamente Lenin había consolidado a través de los años un partido basado en el objetivo de derrocar al zarismo, en la negativa de cualquier alianza con los burgueses democráticos y en la independencia de las fuerzas de la clase trabajadora aliada con el campesinado. Y esta fase preparatoria fue decisiva. Pero muchas cuestiones fueron decididas en la misma marcha del proceso revolucionario.

Muchas cosas han cambiado desde el período de después de mayo de 1968 y más generalmente si comparamos el período histórico completo marcado por el poder decisorio de la Revolución Rusa. Han pasado más de 30 años desde que los países capitalistas avanzados experimentaron situaciones revolucionarias o prerrevolucionarias. Estos ejemplos que usamos están basados en revoluciones del pasado. Pero, una vez más, no sabemos cómo serán las revoluciones del siglo XXI. Las nuevas generaciones aprenderán mucho de la experiencia y muchas preguntas permanecerán abiertas.

Lo que podemos y debemos hacer es basar sólidamente los partidos que construimos en un conjunto de fuertes referencias, extraídas de la experiencia y de las intervenciones de años recientes, las cuales constituyen una fundación programática y estratégica. Recordémoslas: un programa anticapitalista de transición que combine demandas inmediatas y demandas de transición: redistribución de la riqueza, desafío a la propiedad capitalista, apropiación social de la economía, unidad de clase e independencia, rotura con la economía y las instituciones centrales del Estado capitalista, el rechazo a cualquier política de colaboración de clase, tomar en cuenta la perspectiva eco-socialista, la transformación revolucionaria de la sociedad…

Debates recientes nos han llevado a hacer más precisas nuestras concepciones de la violencia. Hemos reafirmado que “no han sido violentas las revoluciones, sino las contra-revoluciones”, como en el Estado español en 1936 ó en Chile en 1973, cuando el uso de la violencia intentó proteger un proceso revolucionario contra la violencia de las clases dominantes.

Así que ¿en qué medida el nuevo partido constituye un cambio comparado con la LCR? Debe ser un partido más amplio que la LCR, un partido que no incorpore la historia entera del trotskismo y que tenga la ambición de hacer posible nuevas síntesis revolucionarias, un partido que no se reduzca a la unidad de los revolucionarios, un partido en diálogo con millones de trabajadores y jóvenes, un partido que traduzca sus referencias programáticas fundamentales en explicaciones populares, agitación y fórmulas. Desde este punto de vista, las campañas de Olivier Besancenot9 constituyen un formidable punto de partida. Debe también ser un partido capaz de llevar a cabo extensos y variados debates acerca de las cuestiones fundamentales que afectan a la sociedad: la crisis del capitalismo, el calentamiento global, la bioética, etc. Un partido de activistas y simpatizantes que haga posible integrar a miles de jóvenes y trabajadores con su experiencia social y política, preservando su vínculo con el pasado del que vienen. Un partido pluralista que reúna a un conjunto de corrientes anticapitalistas diferentes.

No queremos una segunda LCR o una versión más grande y amplia de la misma. Para tener éxito en la apuesta que estamos llevando a cabo, el nuevo partido debe representar una nueva realidad política, siguiendo la tradición del movimiento revolucionario y contribuyendo a inventar las revoluciones y el socialismo del siglo XXI.
Evitad tentaciones reformistas: ¡construid un partido anticapitalista!

A propósito de estas delimitaciones, Callinicos se mantiene escéptico: “La solución de la LCR al problema parece ser instalar una especie de bloqueo de seguridad programático: compromiso con el anticapitalismo y oposición a los gobiernos de centro-izquierda. Pero es difícil que esto funcione: cuanto más exitoso el NPA, más cerca estará de caer bajo presiones y tentaciones reformistas.”

¿Por qué tanto fatalismo? ¿Por qué habría de conducir automáticamente el desarrollo del NPA a tentaciones reformistas? Desde este punto de vista es necesario considerar la diferencia entre un “sindicalismo espontáneo” (10), por recoger la fórmula de Lenin, y el reformismo como proyecto político y organización, e incluso como aparato. Este “sindicalismo espontáneo”, aunque puede formar un ambiente favorable a las ideas reformistas, puede también, enfrentado al realineamiento creciente de los aparatos reformistas a las políticas capitalistas, moverse hacia posiciones anticapitalistas radicales, incluso revolucionarias, especialmente cuando el sistema capitalista está alcanzando sus límites históricos. Es lógico, si construimos un partido popular, pluralista, amplio y abierto, que este partido caiga bajo todo tipo de presiones. Si no lo hiciera, sería muy raro. ¿Pero por qué estas presiones se cristalizarían en posiciones reformistas? Hay y puede haber una tensión entre el carácter anticapitalista del nuevo partido y el hecho de que los trabajadores, los jóvenes, e incluso un conjunto de personalidades, se unan al partido simplemente porque buscan un partido de izquierda de verdad, empezando en particular por las intervenciones de Olivier Besancenot.

Estos nuevos miembros de hecho pueden estar llenos de combatividad y llenos de ilusiones. Este es el caso de cada partido de masas, incluso de los que están en minoría. Ahí es cuando es necesario discutir y educar. Eso implica más aún la necesidad de una fuerte contención a las respuestas políticas del NPA y el cuidadoso mantenimiento del carácter radical y la independencia del partido.

De la misma forma, si estos partidos quieren jugar un rol en la reorganización de los movimientos sociales, deben ser pluralistas. Muchas sensibilidades deben encontrar su lugar, incluyendo a los activistas y las corrientes “consistentemente reformistas”, pero no quiere decir que automáticamente el problema esté planteado en términos de que deban darse luchas entre la corriente revolucionaria y las corrientes reformistas cristalizadas. La cuestión clave es que todas las corrientes y activistas del NPA, más allá de su posición acerca de “reforma o revolución”, pongan la lucha de clases en el centro y subordinen sus posiciones en las instituciones representativas de las luchas.

Por supuesto, no podemos dejar de lado la hipótesis de una confrontación entre reformistas y revolucionarios. Pero no es muy probable, con las delimitaciones políticas presentes del NPA, que las corrientes reformistas burocráticas se unan o se formen. En una primera fase histórica de construir el partido el rol de los revolucionarios es hacer todo lo posible para que el proceso de constitución dé realmente nacimiento a una nueva realidad política. Esto implica que los revolucionarios eviten proyectar los debates de la antigua organización revolucionaria dentro del nuevo partido. Tan pronto como el NPA despegue, habrá, por supuesto, discusiones, diferenciaciones, corrientes. Quizás ciertos debates se corresponderán a la separación que hay entre perspectivas revolucionarias y el reformismo más o menos consecuente. Pero incluso en estos casos, el debate no tomará la forma de una batalla política oponiendose un bloque reformista burocrático a los revolucionarios. Las cosas serán más mezcladas, dependiendo de la experiencia del propio partido naciente.

¿Una corriente revolucionaria en el NPA?

Aquí tampoco hay modelo. En muchos partidos anticapitalistas hay una o más corrientes revolucionarias, cuando estos partidos son de hecho frentes o federaciones de corrientes. Este es el caso de los militantes de la Cuarta Internacional en Brasil en la corriente Enlace (11). Sin organizarse ellos mismos como corrientes políticas relacionadas a la vida política de estos partidos, ciertas secciones de la Cuarta Internacional pueden estar organizadas a través de asociaciones ideológicas o sensibilidades. Este es, por ejemplo, el caso de la Asociación Política Socialista Revolucionaria dentro del Bloque de Izquierda en Portugal, o el caso del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialistisk Arbejderparti) dentro de la Alianza Roja-Verde en Dinamarca. También podemos encontrar este tipo de corriente en otras organizaciones más amplias o partidos. Este esquema no funciona para el NPA.

Hay razones fundamentales para ello. Primero, y fundamentalmente, hay un carácter anticapitalista y revolucionario del NPA, en el sentido amplio, y una identidad general de puntos de vista entre las posiciones de la LCR y las del NPA. Hay y habrá diferencias políticas entre LCR y NPA, con una heterogeneidad y diversidad de posiciones mayor dentro de este último, pero las bases políticas bajo discusión para el congreso fundacional del nuevo partido ya muestran convergencias políticas entre la exLCR y el futuro NPA.

También, incluso aunque el NPA ya constituye otra realidad distinta a la de la LCR, incluso aunque sea la posible amalgama de un pluralismo anticapitalista, no está justificado hoy en día construir una corriente revolucionaria separada en el NPA.

Hay también una relación específica entre la ex-LCR y el NPA. La ex-LCR representa sólo una organización nacional tomando parte en la constitución del NPA. Hay otras corrientes, como una fracción de Lutte Ouvrière, Gauche Révolutionnaire, activistas comunistas y libertarios, pero desafortunadamente no hay, en esta etapa, organizaciones de un peso equivalente al de la LCR. Si ese hubiera sido el caso, el problema se plantearía en términos diferentes. En la presente relación de fuerzas, la organización separada de la ex-LCR en el NPA bloquearía el proceso de construir el nuevo partido. Instalaría un sistema de muñecas rusas el cual sólo crearía desconfianza y disfuncionalidad.

Finalmente, el NPA no viene de la nada. Es el resultado de una gran experiencia de miembros de la ex-LCR y también de miles de otros que han forjando su opinión en la batalla por la defensa de su independencia respecto al social-liberalismo y el reformismo.

Hay, por tanto, una sinergia militante dentro del NPA, donde las posiciones revolucionarias se conectan con otras posiciones políticas de orígenes diferentes, otras historias y otras experiencias. Sólo nuevos desafíos políticos conducirán a nuevos agrupamientos dentro del NPA, no las anexiones políticas previas.
Es una apuesta sin precedentes en la historia del movimiento revolucionario de los trabajadores, pero el juego vale la pena.

Avanzaremos sobre la experiencia...

Referencias

Callinicos, Alex, 2008, “¿Hacia dónde va la izquierda radical?” (“Where is the Radical Left Going?”), International Socialism 120 (otoño 2008), www.isj.org.uk/?id=484

Rees, John, 2001, “Anticapitalismo, reformismo y socialismo” (“Anti-capitalism, Reformism and Socialism”), International Socialism 90 (primavera 2001), http://pubs.socialistreviewindex.org.uk/isj90/rees.htm

Notas

1 Artículo publicado en International Socialism Journal número 121, invierno de 2009.

2 Por ejemplo, la conferencia “Mayo 1968-2008” llevada a cabo en París en 2009.

3 Rees, 2001, p32.

4 Los “colectivos” fueron los cuerpos que condujeron la exitosa campaña del No en el referéndum francés acerca de la Constitución Europea en 2005.

5 La agrupación internacional de la cual es miembro el SWP.

6 Fausto Bertinotti condujo a Rifondazione a una coalición desastrosa con la centro-izquierda en Italia.

7 El Partido Democrático es un agrupamiento de corrientes de centro-izquierda formado en 2007.

8 Ernest Mandel, “¿Por qué somos revolucionarios hoy?” (“Why are we Revolutionaries Today?”), La Gauche, 10 de enero 1989.

9 El candidato de la LCR en las recientes elecciones presidenciales y su figura más conocida.

10 Lenin usaba esta frase para evocar la reacción sindical espontánea de los trabajadores que querían defender condiciones laborales.

11 Una corriente dentro del brasileño Partido Socialismo y Libertad (Partido Socialismo e Liberdade).


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