contacte: anticapitalistes@anticapitalistes.net

 



 

Anticapitalistes
  
dilluns 14 de desembre de 2009 | Manuel
Dos articles sobre moviments socials i partits/institucions: ¿Foros para programas o movimientos? i Los movimientos de izquierda pueden llegar al gobierno, sin embargo, no consiguen el poder.

Tomás R. Villasante (Diagonal) i Eric Toussaint (Rebelión))

¿Foros para programas o movimientos?

Tomás R. Villasante es profesor emérito de Universidad Complutense de Madrid

Diagonal, Jueves 10 de diciembre de 2009. Número 115

http://www.diagonalperiodico.net/Foros-para-programas-o-movimientos.html

¿Tiene sentido refundar una apuesta electoral si no hay movimientos sociales que lo demanden? Foros de –y para– los movimientos sociales ya están en marcha –a pesar de lo flojos que andamos–, y muchos pensamos que esto es lo principal. Sin movimientos los debates electorales parecen puras elucubraciones de café o partidistas e interesadas. Todo el mundo habla de los movimientos pero no se ve a tantas personas arrimando el hombro, o facilitando sus movilizaciones. A bastantes nos parece que lo importante es no tomar atajos equivocados. ¿Podría la derecha construir sus opciones políticas sin los empresarios, o la izquierda sin los movimientos sociales? No es cuestión de programas, sino de que las personas y los colectivos estén vinculados de alguna manera a movimientos sociales, o la credibilidad es mínima.

Algunos estamos un poco cansados de hacer programas y aburridos de trabajar con gentes de IU –y de otros colectivos– para que luego apenas hagan nada realmente participativo desde sus ayuntamientos o desde sus asociaciones o sindicatos. O sea, el problema es previo, es la credibilidad que no existe en las formas electorales, salvo en situaciones puntuales. No está el fallo en el programa sino en el ‘estilo’ de hacer política. No es tener un programa mejor o más perfecto, ya que casi nadie los lee, como se puede demostrar con los actuales. La dificultad no está en los debates programáticos sino en la credibilidad de los colectivos y las personas por su forma de hacer las cosas. No hay credibilidad por las continuas peleas de familias –que todos percibimos más personalistas que ideológicas–, por la no aplicación de los programas –por ejemplo, los Presupuestos Participativos llevan más de 15 años en el programa y pocos ayuntamientos de IU los aplican–, etc. No fracasa el programa sino su aplicación donde se puede y la credibilidad de quienes siguen usando el viejo estilo de partido.
Convendría separar el espacio electoral y de movimientos para que no se perjudiquen mutuamente. Hay un debate sobre si en los foros o plataformas de movimientos, los partidos molestan más que ayudan. Si los partidos y formaciones electorales ya tienen su espacio en las consultas institucionales, y sus militantes están en los movimientos, ¿a que viene poner sus siglas en estas plataformas o foros? En el Foro Social Mundial la cosa está clara y deberíamos aprender. Y el que dirigentes de movimientos se alineen con una formación política ¿a quién beneficia? Es un tema delicado. Más contundentes Además, ¿vale la pena jugar a la apuesta electoral si –como dice IU– las cartas están marcadas y sus votos valen mucho menos que los de los dos grandes, o los nacionalistas? ¿No habría que empezar por alguna estrategia de denuncia más contundente? Pero supongamos que los movimientos sociales demandan una opción para la transformación social también desde lo electoral… Lo primero sería reconocer que el terreno electoral no es neutral, ni por los recursos económicos que hacen falta para una campaña, ni por la ley electoral que también condiciona. Es decir, que como mucho es estar jugando en campo ajeno –los medios– y con el árbitro en contra también –la ley electoral–. El campo favorable son aquellos movimientos sociales transformadores y las formas democráticas participativas cuando se pueden desarrollar. ¿Cuánto tiempo se dedica a lo uno y a lo otro en estas refundaciones? Esto es un test de credibilidad también aplicable para las otras izquierdas anticapitalistas o nacionalistas radicales, y para algunos dirigentes de movimientos.

No tienen por qué ser antagónicas las posturas electorales y movimentistas si se profundizan. En el parlamento y las instituciones se puede influir, pero sabiendo que juegas en campo ajeno –sin dinero– y con las reglas trucadas –bipartidismo, etc.–. Se pueden conseguir resultados ’a medias’ y querer alcanzar la derrota del capital. Algunos movimientos lo saben hacer desde hace muchos años. La postura del "desborde reversivo" trata de superar las dicotomías más paralizantes. Por ejemplo, aprender de los movimientos latinoamericanos. Se usa el campo electoral pero la clave está en los grupos motores de los mejores movimientos, desbordando el sistema electoral, desde sus prácticas democrático-participativas.
La cuestión es construir un estilo creíble de hacer política, ’estilo cuidadoso’ con los demás e internamente. Por ejemplo para no caer en viejos errores. No partir de profesionalizarse en la ’política electoral’, sino cada cual a vivir de su profesión a ser posible. Usar las ’metodologías participativas’ para evitar personalismos y favorecer el debate de ideas y acciones. Crear buen ambiente con ’grupos motores’ para el ’cuidado’ de las personas y de los procesos transformadores.

No es cuestión de buscar líderes o varios que ‘atraigan a las masas’ sino de escuchar a la gente. Tarea sencilla pero que demanda tiempo y anteponer al prestigio personalista las necesidades de los trabajadores y la gente. Cada vez que he pedido a gente de partidos que vengan a apoyar movimientos siempre estaban reunidos para elegir al nuevo líder o las listas que iban a atraer a los votantes.

Algunos propondríamos escuchar a la gente no afiliada, y entre otras cosas saber por qué está tan desencantada de las izquierdas. Escuchar a los no votantes. Escuchar por qué están ocupados en internet o en otras tareas que creen más importantes.

Hace falta un cambio generacional, pero no tanto por la edad sino por los estilos de hacer política. Hace falta credibilidad previa a los programas electorales, y eso se gana en los movimientos básicamente. Algunas iniciativas desde los ayuntamientos, de los foros o de profesionales vendrían bien, para poder empezar a ver que cambia el estilo de los partidos realmente existentes. Mientras tanto algunos seguiremos apostando por batallas concretas y efectivas para defendernos del capitalismo y de la manipulación.


Los movimientos de izquierda pueden llegar al gobierno, sin embargo, no consiguen el poder

Eric Toussaint

Rebelión 21-10-2009
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93687

El problema se planteó en Ecuador con la elección de Rafael Correa en 2006, en Venezuela con la de Hugo Chávez en 1998, en Bolivia con la de Evo Morales en 2005... Al igual que con la elección de Salvador Allende en 1970 en Chile. La cuestión se plantea para cualquier movimiento de izquierda que llegue al poder en una sociedad capitalista. Cuando una coalición electoral o un partido de izquierda llegan al gobierno no tiene el poder, porque el poder económico está en manos de la clase capitalista (grupos financieros, industriales, bancarios, grandes medios privados, el gran comercio, etc.). Esta clase capitalista tiene el poder económico. Además, controla el Estado, el poder judicial, los ministerios de Economía y Finanzas, el Banco Central... En Ecuador, como en Bolivia o Venezuela, si el gobierno quiere realmente cambiar estructuras, debe, inexorablemente, entrar en conflicto con el poder económico para poder poner fin al control de la clase capitalista sobre los medios de producción, de servicios, de comunicación y sobre el Estado. En estos países, el gobierno está en conflicto con la clase capitalista pero los cambios estructurales en el ámbito económico todavía no se han realizado. Venezuela, que es el país donde los cambios están más avanzados, sigue siendo claramente un país capitalista.

Ensayemos una comparación histórica. En 1789, cuando gracias a la revolución francesa la burguesía tomó el poder político en Francia, ésta clase ya poseía el poder económico. Antes de conquistar el poder político en 1789, los capitalistas franceses eran acreedores del rey de Francia y propietarios de los principales mecanismos del poder económico, o sea, la banca, el comercio, las manufacturas y una parte de las tierras. Después de la conquista del poder político, la burguesía dominó totalmente el Estado y expulsó a los representantes de las antiguas clases dominantes (nobleza y clero), o las sometió totalmente. El Estado se convirtió en un mecanismo bien aceitado al servicio de la acumulación de capital.

A diferencia de la clase capitalista, el pueblo no tiene la capacidad de tomar el poder económico si antes no accede al gobierno. La repetición para el pueblo de la ascensión progresiva hacia el poder que realizaron los burgueses en el marco de la sociedad feudal o de la sociedad de pequeña producción de mercaderías es imposible. El pueblo no acumula riquezas materiales a gran escala, no dirige empresas industriales, ni bancos, ni el gran comercio ni otros servicios. Es a partir del poder político que el pueblo puede emprender las transformaciones en el nivel de la estructura económica y comenzar la construcción de un nuevo tipo de Estado basado en la autogestión.

Y es por ello por lo que es fundamental instaurar una relación interactiva entre un gobierno de izquierda y el pueblo. Éste debe reforzar su nivel de autoorganización y construir desde la base estructuras de poder popular. Esta relación interactiva, dialéctica, puede llegar a ser conflictiva si el gobierno duda en la toma de las medidas que reclama la «base». La presión del pueblo es vital para convencer a un gobierno de izquierda de que profundice el proceso de cambios estructurales que implican una redistribución radical de la riqueza en favor de las y los que la producen. Para ello, se debe acabar con la propiedad capitalista de los grandes medios de producción, de servicios, de comercio y de comunicación transfiriéndolos hacia el sector público y desarrollando o reforzando otras formas de propiedad con función social: la pequeña propiedad privada (especialmente en la agricultura, la pequeña industria, el comercio y los servicios), la propiedad cooperativa, la propiedad colectiva y las formas de propiedad tradicional de los pueblos originarios (que, en general, tienen un alto grado de propiedad colectiva).

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz


A la mateixa secció:


La Campaña No al TTIP, CETA TiSA convoca movilizaciones para el próximo sábado 21 de enero en más de veinte ciudades


Cuando creías que los acuerdos comerciales no podrían empeorar más, aparece Wall Street


Frente a la dictadura de la UE: ¿habéis dicho... "revolución"?


La Unión Europea supera la primera barrera en la ratificación del CETA


Paraísos fiscales y "secreto comercial": La impunidad de la gran delincuencia financiera


Profesoras/es de derecho de 24 países europeos firman declaración jurídica sobre la protección de inversiones en el TTIP y el CETA


"No somos más que carne de cañón para el Estado, las corporaciones y los bancos". Entrevista a Vincent Emanuele, exmarine de EEUU y veterano de la guerra de Irak.


La hipocresía del FMI y otras instituciones para combatir la evasión fiscal


Decepcionante voto del SPD alemán a favor del polémico tratado UE-Canadá


CETA. La democracia en venta (versión 2016).

Creative Commons License Esta obra est� bajo una licencia de Creative Commons by: miquel garcia -- esranxer@gmail.com