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dijous 8 de desembre de 2005 | Luís Merino
La energía que necesitamos: entrevista a Ladislao Martínez

Energías Renovables, nº 40

A mediados de julio, sus alumnos en el Instituto Villa de Vallecas (Madrid), donde da clases de Física y Química, ya están de vacaciones, pero él anda estos días más liado que nunca, en plena mudanza, con los muebles de acá para allá. A propósito, Ladislao Martínez es una de las cabezas mejor amuebladas del movimiento ecologista -algo que nadie duda- y uno de sus portavoces más elocuentes. No es de extrañar que fuera responsable federal de Medio Ambiente en Izquierda Unida durante dos años, cuando Julio Anguita estaba al frente de la coalición. El sector de la energía no tiene secretos para él, pero en esta entrevista le hemos preguntado también sobre otras cosas.


Luis Merino

- ¿Puede un ecologista comprometido ser feliz o está la cosa difícil?

- Yo creo que la tarea de la política no es lograr la felicidad sino impedir ciertas formas de infelicidad. Pero sí, es cierto que el ecologismo es una forma pesimista de ver la realidad, muy avalada por un montón de datos. Nuestro deseo más ferviente es no acertar cuando hablamos de cambio climático, de la destrucción de la Amazonia o de la posibilidad de un accidente en una central nuclear. Pero los hechos, tozudamente, vienen dándonos la razón. Es cierto que esa visión pesimista de la evolución de la humanidad no nos impide gozar de algunos momentos de felicidad, como casi todo el mundo. Pero vamos, si sirve el dato, no tengo hijos.

- ¿Cuánta energía necesitamos?

- Mucha menos de la que se está consumiendo. Si utilizáramos adecuadamente la tecnología y tuviéramos una cierta idea de mesura podríamos reducir nuestro consumo de energía probablemente al 50%.

- El Gobierno acaba de aprobar el Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2005-2007.

- Sí, es un plan significativamente más ambicioso que la estrategia E4 que hereda del Partido Popular. Se habían hecho buenos estudios técnicos para identificar posibilidades de ahorro pero el enfoque político posterior era poco ambicioso. El Gobierno actual ha ido un poco más lejos y sí hay algunas cosas interesantes. Por ejemplo, la potenciación de los planes de gestión de la demanda con un doble enfoque; por un lado, una parte del dinero de la tarifa eléctrica se destina a programas de gestión de la demanda, con lo cual, vía precios, se pretende disuadir del consumo superfluo, al tiempo que el dinero recaudado se destina para este tipo de programas. Hay que esperar a que se apruebe la tarifa para ver cuanto dinero se asigna a gestión de la demanda y como se penaliza el despilfarro, pero en cualquier caso en el plan no se avanza lo suficiente.

- Parece que la patata más caliente es la del sector doméstico.

- Bueno, la demanda en el sector servicios ha crecido incluso más que en el doméstico, que como dices ha crecido mucho. Es bastante irracional tanta iluminación en los grandes centros comerciales, o mantener temperaturas de climatización tan bajas durante el verano. Luego está la industria, donde hay sectores totalmente subvencionados que no tienen ningún tipo de justificación. ¿Tiene sentido producir zinc o aluminio en este país cuando no existe materia prima, cuando ofrece pocos puestos de trabajo, y cuando están siendo generosamente financiados por los usuarios de la tarifa eléctrica normal, que pagamos hasta diez veces más que lo que ellos pagan? Para mi la respuesta es no. En el sector transporte tampoco es razonable que los impuestos sobre carburantes sean de los más bajos de la Unión Europea o que se esté desmantelando el transporte ferroviario de medio alcance.

- Una sequía que deja poco margen a la energía hidráulica, centrales nucleares y térmicas a medio gas y días con poco viento que han exigido cortes selectivos de luz. ¿Significa esto que no estamos preparados?

- Tiene que dejar de ser noticia que se interrumpa el suministro eléctrico a grandes consumidores. Eso no es noticia, por el hecho de que ya están ampliamente gratificados por esos posibles cortes. Existe una tarifa en la que pagan menos por la electricidad con la condición de que de vez en cuando se la puedan cortar. Y, por cierto, se hace un uso muy moderado de esa capacidad de interrupción del suministro: no más de tres veces este año. De hecho, nadie entre los usuarios acogidos a esta tarifa la abandona. Una cosa es el ruido que hacen cada vez que les afecta y otra es que los demás tengamos que tener miedo. Lo que es absolutamente irracional es tener diseñado el sistema eléctrico para unas pocas horas al año, porque significa que buena parte del equipamiento eléctrico de generación está totalmente infrautilizado.

- ¿Pero la capacidad de generación es suficiente?

- Es evidente que la última vez que hubo interrupciones en el suministro, el conjunto de factores adversos fue muy importante: varias centrales nucleares y térmicas fuera de juego, muy poco agua en los embalses, no sopló viento... La capacidad de generación actual es suficiente y las previsiones que se hacen ahora de nuevas centrales de gas en ciclo combinado, de parques eólicos o de cogeneración superan ampliamente las del Plan de Infraestructuras de Electricidad y Gas para 2011. Todo ello para atender un par de años en los que es cierto que la demanda de electricidad ha crecido más de lo que se esperaba. Pero yo creo que hablar de falta de equipamiento directamente es no tener ninguna cifra en la cabeza. Los problemas son de distribución, y en eso coincido con María Teresa Estevan Bolea, presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear. Lo que hay que pedir a las compañías es que mejoren sus inversiones en distribución, que dejen de concentrar las inversiones en generación y, aunque la distribución sea menos rentable, habría que establecer mecanismos para obligarlas a dedicar parte de la tarifa a inversiones en distribución.

- ¿El Gobierno de Zapatero tiene que cerrar las nucleares? ¿Cuándo?

- Tiene que cerrarlas y cuanto antes. De hecho, ahora mismo, si se contempla la posibilidad de alargar la vida de las nucleares sólo se está hablando de Garoña porque la siguiente es Almaraz, y sus 40 años de vida útil no acaban hasta 2020. Nosotros somos partidarios de que antes de esa fecha exista un programa de cierre de las nucleares. Y, como digo, la piedra de toque es Garoña, que tiene permiso hasta 2009 y no puede seguir funcionando más allá. En cualquier caso es bastante sorprendente que sectores que tradicionalmente eran antinucleares, o por lo menos no eran pronucleares, estén ahora descubriendo ventajas en las nucleares. A la vejez viruelas.

- ¿Las renovables van bien?

- Unas sí y otras no. La eólica y el biogás tienen un desarrollo razonable, los biocarburantes han ido mejor de lo que yo esperaba y eso es un motivo de satisfacción, aunque tengo la impresión de que hay que mejorar la calidad de ciertos productos, sobre todo el biodiesel, que parece que está dando algunos problemas porque no todo lo que se produce tiene las especificaciones técnicas adecuadas. Probablemente porque la red de recogida de aceites usados tendría que mejorar. La fotovoltaica está atravesando una situación interesante en la que, si se consiguen reducir los costes de producción, tendrá un futuro glorioso. Ahí se enmarca la propuesta que Ecologistas en Acción ha hecho junto a los sindicatos CCOO y UGT para montar una planta de silicio de grado fotovoltaico en España. Creo que la fotovoltaica es la energía clave dentro de las renovables porque se dispone de un recurso infinito y de una energía de alta calidad, bastante predecible y muy adaptada a las puntas de verano. Eso sí, el desarrollo de esta energía en forma huertas es interesante pero preferimos que se haga en tejados porque creemos que la fotovoltaica, si no se instala sobre zonas humanizadas, va a tener problemas más agudos que la eólica en breve porque el impacto visual es significativo. En cuanto a solar térmica y biomasa estamos descontentos con su evolución. Y no acabamos de entender por qué a la geotérmica no se le presta más atención porque podría tener interesantes aprovechamientos como calefacción de distrito en algunas zonas como la de Tres Cantos, en Madrid.

- El movimiento ecologista reclamaba renovables hasta que algunos comenzaron a ver parques eólicos en el paisaje. Ecologistas en Acción ha sido uno de los principales valedores de la energía del viento, pero también ha habido opiniones contrarias de sus grupos locales. ¿Cómo se vive ese debate?

- Discutiendo mucho. Creo que es el tema al que más tiempo hemos dedicado. Yo siempre insisto en que hay una desproporción evidente entre la gravedad del problema de la eólica y el tiempo que dedicamos a discutirlo. Pero la posición de Ecologistas en Acción siempre ha sido proclive. Ahora apoyamos el desarrollo de 20.000 MW eólicos, de bajo impacto, basado en la repotenciación de viejos parques en los que se puedan utilizar las mejores tecnologías. También hemos apoyado que se instale eólica en zonas humanizadas, por ejemplo puertos. Y dar más oportunidades a los pequeños aerogeneradores. Creo que, con el paso del tiempo, cada vez más gente es partidaria de la eólica. Basta con que tengan que enfrentarse a problemas como los de Extremadura, donde algunos apoyaban la postura de Ibarra de no instalar parques eólicas y ahora ven que, además de la nuclear, viene la refinería de petróleo y varias térmicas de gas. Ante situaciones así, los problemas se dimensionan con mucha claridad. Y se distingue lo grave de lo menos grave.

- El G-8 parece haber sembrado más dudas sobre Kioto. Ahora parece que no es un buen acuerdo porque no está China o la India entre los que deben reducir sus emisiones. Y Bush parece salirse con la suya.

- Kioto era un tímido primer paso en la dirección adecuada, lleno de excepciones. El primer borrador de Kioto fue empeorando hasta lo que finalmente se ratificó porque, para ir sumando adhesiones, muy especialmente la de Rusia, hubo que hacer un montón de concesiones en lo que se refería a sumideros y lo que son los Mecanismos de Desarrollo Limpio. Siempre hemos sido relativamente escépticos sobre la virtualidad de Kioto aunque entendemos que marca un cambio de tendencia. Aquí hay un doble problema la responsabilidad en la génesis del cambio climático es de los países industrializados porque son los que más emisiones históricas tienen. Pero también es cierto que la solución pasa porque las grandes economías emergentes como China, India o Brasil, no sigan la senda de crecimiento económico de los países industrializados porque entonces no habría ninguna posibilidad. Estos países tienen que reconocer que ellos también deben formar parte de la solución. Bush sólo ha vuelto a afirmar su política unilateral y, aunque es cierto que cada vez se ve más presionado y más solo, su reelección sigue siendo la principal amenaza para el medio ambiente mundial.

- En los últimos meses se han visto manifestaciones masivas en todo el mundo exigiendo mayores compromisos en la lucha contra la pobreza... ¿se puede percibir un cambio de mentalidad?

- Los cambios de mentalidad vienen desde abajo. Yo no creo en la política de espectáculos. Creo que Toni Blair salía muy tocado de las últimas elecciones por su implicación en la guerra de Irak con argumentos falsos, y en su último mandato quería ofrecer una imagen más dulce de sí mismo. Y se le ocurrió abanderar el tema del cambio climático -en el que la postura del Reino Unido, hay que reconocerlo, es firme- y el tema de la pobreza. Nosotros creemos que ese giro también tiene otra clave y es intentar frenar los movimientos antiglobalización que están siendo muy críticos. Creemos que estos movimientos seguirán adelante y que la mascarada que se ha hecho en la cumbre del G-8, en el mes de julio, será un tímido avance. Luego hay que analizar qué soluciones se aportan para luchar contra la pobreza. Y no creo que pasen por más comercio. De hecho, la experiencia indica que cuando las economías de los países pobres se vuelcan hacia el exterior, lo que hacen es especializarse en monocultivos destinados a la exportación en detrimento de cultivos más diversificados, más adaptados al medio ambiente y más apropiados para atender las demandas de sus poblaciones. Al contrario que la opinión pública mayoritaria, y probablemente de algunas ONG, creemos que la salida de la pobreza tiene que venir por la potenciación de las economías regionales en las que se piense antes que nada en la satisfacción de las necesidades de la población, no tanto en mejorar sus cifras comerciales. Por ejemplo, en términos energéticos, sería una verdadera aberración que para fabricar biocarburantes en países de la UE se recurriera a materia prima de países pobres que podría llegar muy barata.

- Ecologistas en Acción es una organización que toma partido en muchas cuestiones relacionadas con la política y con cuestiones sociales que, en principio, van más allá del medio ambiente. ¿Por qué?

- Sí, es lo que llamamos ecología social porque si no existe una transformación social en profundidad nunca habrá una armonía con el medio ambiente. Vivimos en una sociedad en que la confrontación -y lo voy a expresar como decía Barry Commoner- entre tecnosfera y biosfera es tremendamente aguda. O existe un cambio social en profundidad o seguiremos teniendo mejoras tecnológicas en algunos ámbitos, que aliviarán algunos problemas, y crearán otros. Por ejemplo, el tema del agua y la desalación del agua del mar. La desalación podría ser, en un caso puntual, un buen sistema de abastecimiento de poblaciones, pero en definitiva es convertir el problema del recurso agua en el problema del cambio climático por los grandes consumos de energía que implica. Y si tú no pones en cuestión para qué se consume el agua y en qué cantidad, por muchas mejoras tecnológicas que consigas sólo cambiarás los problemas de sitio.

- Greenpeace apoyó la candidatura de Madrid por la apuesta que hacía por las energías renovables.

- Bueno, no somos muy partidarios del deporte espectáculo. Deporte en el que la droga está muy presente. Es una mentira total y absoluta. La mayor parte de los deportistas utilizan estimulantes y las Olimpiadas son, muchas veces, la carrera entre la medicina deportiva y los métodos de control de esa medicina. Las Olimpiadas suelen ser, y la de Madrid lo era mucho, momentos en los que se hacen verdaderas tropelías urbanísticas y se crean un montón de infraestructuras de un uso más que dudoso y de una utilidad social muy pequeña. Al mismo tiempo se abandonan necesidades que son muy imperiosas. Tiene ironía que el Madrid de la Cañada Real se comprometa con la organización de unas Olimpiadas. Creemos que hay otras prioridades. Por eso no compartimos la posición de Greenpeace y nos sorprende bastante. Su experiencia anterior en Sydney deja mucho que desear. Ellos mismos hicieron una evaluación muy crítica del resultado de Sydney y debería haberles hecho reflexionar que de los países no firmantes del Protocolo de Kioto uno es Australia. Quizá se han equivocado.

- ¿Los gobiernos de derechas y de izquierdas tratan igual al medio ambiente?

- No, es evidente que no. En los últimos ocho años las cosas son claras. Por hablar de grandes hitos, el gobierno anterior quería trasvasar agua en el Plan Hidrológico Nacional (PHN) y el gobierno actual, una de las primeras medidas que toma es abandonar el trasvase del PHN. El anterior ignoraba el Protocolo de Kioto y el actual, en un tiempo relativamente breve, puso en marcha el Plan Nacional de Asignación de Emisiones. Lo que ocurre es que también los gobiernos de izquierda están por detrás de lo que es necesario. Vivimos en sociedades opulentas en las que la mayor parte de la gente tiene niveles de consumo que son absolutamente inaceptables. Y los partidos políticos tienen que contemporizar para tener buenos resultados electorales con esa situación. Los ecologistas tienen que distinguir entre unos y otros porque no todos son iguales y porque tienen que tirar de todos para exigirles más. Por ejemplo, no tenemos que aceptar un Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT) que es una barbaridad, ni la autorización masiva de desaladoras de agua, ni la proliferación de centrales de gas en ciclo combinado.

- Ecologistas en Acción participó en la organización de la manifestación contra la pobreza en junio, donde se echó de menos a la Iglesia.

- Es una de las grandes contradicciones de una Iglesia de rito y capilla. Es evidente que no es la Iglesia de los pobres, y que la jerarquía eclesiástica española está en un proceso de involución francamente preocupante. Les preocupa mucho la suerte de los que no han nacido y poco los que ya viven sobre la Tierra. Les preocupa mucho la vida de pecado y poco el sufrimiento concreto de las personas. Eso es lo que ha provocado el distanciamiento de toda una generación, entre la que me encuentro.


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