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divendres 30 de setembre de 2005 | Michael T. Klare
El ocaso de la era del petróleo

Znet

Traducido por Eva Calleja y revisado por Hector Mareque

Varios acontecimientos recientes, tales como los persistentes altos precios de la gasolina, avisos sin precedentes de la Secretaría de Energía y de las grandes compañías petroleras, la breve pretensión de China por American Unocal Corporation, sugieren que estamos a punto de entrar en El Ocaso de la Era del Petróleo, una época de escasez crónica de energía y estancamiento económico, así como de constantes crisis y conflictos. El petróleo no desaparecerá durante este periodo, todavía estará disponible en la gasolinera más próxima para aquellos que lo puedan pagar, pero no será barato ni abundante como lo ha sido durante los últimos 30 años. La cultura y el estilo de vida que asociamos con los buenos tiempos de la Era del Petróleo, coches grandes que engullen gasolina y SUVs, extensas barriadas suburbanas, grandes centros comerciales, vacaciones conduciendo campo a través, etc.., dejarán espacio para un modelo de vida más sobrio basado en una rigurosa dieta de gasolina. Mientras que los norteamericanos seguirán consumiendo una proporción diaria mucho más alta que los demás del petróleo mundial, tendrán que competir con más fuerza con los consumidores de otros países, incluido China y la India, para tener acceso al cada vez más escaso suministro.

El concepto de “ocaso” del petróleo deriva de lo que se conoce respecto de la ecuación de la oferta y la demanda mundial. Los expertos en energía hace mucho tiempo que han reconocido que la producción mundial de petróleo llegará algún día a un momento máximo (o “pico”) de producción diaria, seguido de una caída cada vez más brusca de suministro. Pero mientras el concepto básico de pico de producción ha ganado una sustancial aceptación mundial, todavía existe mucha confusión sobre su carácter real. Mucha gente que expresa familiaridad con el concepto tiende a ver el pico de producción como un marcado pináculo, con una producción mundial creciendo hasta una cumbre un mes, cayendo bruscamente al siguiente; y si volvemos la vista atrás de aquí a cien años, las cosas pueden parecer de esta manera. Pero para aquellos de nosotros que estamos en este momento del tiempo, experimentaremos ese pico de producción como algo más parecido a una meseta rocosa, un amplio periodo de tiempo, quizás varias décadas, durante las cuales la producción de petróleo mundial permanecerá a los mismos o parecidos niveles actuales, pero que no logrará conseguir la elevada producción estimada necesaria para satisfacer las futuras demandas mundiales. Los resultados serán altos precios permanentes, intensa competición internacional por los suministros disponibles, y escasez periódica causada por tensiones políticas y sociales en los países productores.

La Era del Petróleo Fácil Ha Terminado

El Ocaso de la Era del petróleo, como yo lo he llamado, es muy probable que se caracterice por una creciente politización de política del petróleo y el constante uso de la fuerza militar para ganar el control de los suministros disponibles. Esto es así porque el petróleo, entre todas las materias primas comerciales, es considerado como un material estratégico; algo tan vital para el bienestar de la economía de una nación que el uso de la fuerza para asegurar su disponibilidad es justificado. Que las naciones estén preparadas a ir a la guerra por el petróleo no es un fenómeno exactamente nuevo. Conseguir petróleo extranjero fue un factor significativo en la Segunda Guerra Mundial y el la Guerra del Golfo de 1991, para ofrecer dos ejemplos; pero es probable que cada vez más llegue a formar parte de nuestro mundo en un periodo de creciente competencia y disminución de suministro.

Esta nueva era no comenzará con un único incidente bien definido, sino más bien con una serie de acontecimientos que sugerirán la transición de un periodo de relativa abundancia a un periodo de perpetua escasez. Estos acontecimientos tomarán una forma tanto política como económica: por una parte, el aumento de los precios de la energía y suministros contratados; y por otra parte, más crisis diplomáticas y fuerza militar. Recientemente hemos sido testigos de significativos ejemplos de ambas.

En el aspecto económico, las señales más importantes han venido dadas por el creciente precio del crudo y los avisos de la disminución de la producción en un futuro. El barril de crudo cuesta ahora un poco más de 60$, aproximadamente el doble de lo que costaba hace un año, y muchos expertos creen que el precio subirá mucho más si la situación del suministro continua deteriorándose. “Hemos entrado en una nueva era de los precios del petróleo”, dijo el experto en energía Daniel Yergin en una entrevista en abril para Time Magazine. Si los mercados permanecen tan ajustados como en la actualidad, “veremos mucha más volatilidad, y podremos ver subir los precios hasta 65$ o 80$.”

Los analistas en Goldman Sachs son incluso más pesimistas, sugiriendo que el petróleo puede llegar a un precio de hasta 105$ el barril en un futuro cercano. “Creemos que el mercado del petróleo ha entrado en las primeras etapas de lo que llamamos el periodo de “super-pico”, informaron en abril, con precios elevados manteniéndose por un periodo de tiempo de varios años.

Por supuesto, el mundo ha experimentado varios picos en los precios con anterioridad, el más notable en 1973-74 después de la Guerra de Octubre ente Egipto e Israel y el embargo de petróleo árabe, así como en 1979-80 después de la Revolución Iraní, pero ahora es más probable que los precios altos se mantengan indefinidamente a que bajen como en el pasado. Esto es así por que la nueva producción (en lugares como el Mar Caspio y en la Costa Oeste de África) no llega lo suficientemente rápido o con la fuerza suficiente para compensar la disminución en la producción de pozos más viejos como los de Norteamérica o los del Mar del Norte. Además de esto, es cada vez más evidente que productores incondicionales como Rusia o Arabia Saudita han agotado muchos de sus pozos más prolíficos y ya no son capaces de aumentar su producción de manera significativa.

Hasta hace poco, se consideraba una herejía que directivos de la industria petrolera o cuerpos gubernamentales como el Departamento de Energía de EE.UU. reconocieran la posibilidad de una reducción a corto plazo de suministros de petróleo. Pero varios acontecimientos recientes señalan la ruptura del consenso dominante:

- El 8 de julio, el Secretario de Energía, Samuel Bodman, dijo a reporteros del diario Christian Science Monitor que la era del petróleo barato y abundante podía haber terminado. “Por primera vez en mi vida”, declaró, los principales suministradores de petróleo como Arabia Saudita “están justo en el límite” en su habilidad de satisfacer la creciente demanda mundial de energía. A pesar del gran aumento en la demanda internacional, Bodman apuntó, los más importantes productores del mundo no son capaces de aumentar sustancialmente su producción, y por esto deberíamos esperar una tendencia al alza en los precios de las gasolinas. “Estamos ante una nueva situación”, declaró. “Es muy probable que por lo menos en un corto plazo tendremos que enfrentarnos a un régimen de precios diferente al que hemos visto hasta ahora.”

- Una semana más tarde, el gigante petrolero Chevron publicó un anuncio en el New York Times, el Wall Street Journal y otras publicaciones importantes para señalar su preocupación por el inminente apuro energético. “Una cosa es clara” decía el anuncio, “la era del petróleo fácil ha terminado”. Esto fue una admisión extraordinaria hecha por una importante compañía petrolera. El anuncio seguía diciendo que “que muchos de los pozos de gas y de petróleo del mundo han madurado” y que “nuevos descubrimientos de energía están ocurriendo en lugares donde es difícil la extracción, físicamente, económicamente e incluso políticamente.” Igual de revelador, el anuncio apuntaba a que el mundo consumirá aproximadamente un trillón de barriles durante los próximos 30 años, tanto petróleo sin explotar como el que se cree que yace en las reservas mundiales conocidas y “probadas”.

La Onda Expansiva del Petróleo

Estos y otros informes recientes de fuentes comerciales e industriales sugieren que la disminución anticipada de la producción mundial de petróleo tendrá graves consecuencias económicas. Si los precios suben hasta 100$ el barril, como sugerían Goldman Sachs, una recesión económica mundial es casi inevitable. Al mismo tiempo, una disminución de la producción seguramente tendrá consecuencias políticas y militares significativas, como sugerían otros acontecimientos recientes.

El más notable de ellos, por supuesto, es el gran alboroto causado por la oferta de 18,5 miles de millones de dólares por parte de Chinese National Offshore Oil Corporation (CNOOC)) para la adquisición de la compañía con base en EE.UU., Unocal, anteriormente conocida como Union Oil Company de California. Unocal, es el propietario de sustanciosas reservas de petróleo y gas en Asia, originalmente cortejada por Chevorn que ofreció 16,5 miles de millones de dólares por la compañía a principios de este año. El hecho de que una firma china estuviese preparada para ofertar más alto que una poderosa firma norteamericana para controlar una importante compañía petrolera con base en EE.UU. es inmensamente significativo en términos puramente económicos.

Desde entonces abandonada por los chinos debido a una fuerte oposición política norteamericana, el hecho, si se hubiese consumado, hubiera representado la transacción más sustanciosa hecha jamás por una compañía china en EE.UU. Pero la oferta desató un intenso debate político y resistencia en Washington por los lazos que unen CNOOC con el gobierno chino, pertenece al estado en un 70%, y porque la principal materia prima implicada, el petróleo, se considera tan vital para la economía estadounidense y no tan abundante como se suponía en un principio. Temiendo que China ganará el control sobre valiosas fuentes de petróleo y gas que algún día serían necesarias para EE.UU. o para aliados asiáticos, políticos conservadores buscaron bloquear la adquisición de Unocal por parte de COONC transformando el tema en términos de seguridad nacional.

“Esto es un tema de seguridad nacional” dijo el antiguo Director de la CIA R. James Woolsey cuando testificó ante el Comité de Defensa del Senado en julio. China esta siguiendo una estrategia nacional de dominación de los mercados energéticos y dominio estratégico de oeste del Pacifico”, una estrategia, argumentó, que podría verse reforzada de manera muy importante con la adquisición de Unacol por parte de COONC. Visto desde esta perspectiva, la oferta de CNOOC se consideró una amenaza a los intereses de seguridad de EE.UU. y por ello podía haber sido bloqueada por el Congreso o por el Presidente.

La idea de bloquear una transacción mercantil de un importante socio comercial internacional de los EE.UU. choca con la doctrina económica reinante del libre comercio y la globalización. Sin embargo, al invocar consideraciones de seguridad nacional, el presidente recibe el poder de prohibir la adquisición de una compañía estadounidense de acuerdo al Acto de Producción de Defensa de 1950, una medida de la Guerra Fría diseñada para prevenir la afluencia de tecnologías avanzadas a la Unión Soviética y sus aliados. Esto es precisamente lo que se estaba proponiendo por la vasta mayoría en la Cámara de Representantes. El 30 de junio, la Cámara adoptó una resolución declarando que la absorción de Unocal por parte de CNOOC podía “perjudicar la seguridad nacional de EE.UU.” y por esta razón debía ser prohibida por el Presidente bajo los términos de la ley de 1950. Esta perspectiva llegó hasta el proyecto de ley de diversos asuntos de energía adoptado por el Congreso antes del descanso veraniego: Citando aspectos potenciales de seguridad nacional en la materia, el proyecto de ley imponía una revisión federal obligatoria de 120 días de la oferta de CNOOC, asegurando efectivamente su final.

Más evidencia de la creciente amalgama de temas entre la energía y la política de seguridad nacional se puede encontrar en el Informe de 2005 del Pentágono sobre el poder militar chino, emitido el 20 de julio. Mientras que en años anteriores este informe se ha centrado principalmente en la aparente amenaza de China contra la isla de Taiwán, la edición de este año presta mucha más atención a las implicaciones militares de la creciente dependencia China en petróleo y gas natural importados. “Está dependencia de recursos y energía extranjeros...esta jugando un importante papel en la configuración de la estrategia y política china” el informe apunta. “Tales preocupaciones son un factor importante en las relaciones de Beijing con Angola, Asia Central, Indonesia y Oriente Medio (incluyendo Irán), Rusia, Sudán y Venezuela.... La creencia de Beijing de que necesita estas relaciones especiales para asegurarse su acceso a energía podría configurar su estrategia defensiva y planificación de fuerza en el futuro.”

La versión desclasificada del informe del Pentágono no plantea que pasos seguiría Washington en respuesta a estos acontecimientos, pero las implicaciones son obvias: Los EE.UU. tienen que reforzar su propio ejército en regiones clave productoras de petróleo para descartar cualquier intención de China por dominar o controlar estas áreas.

La seriedad con la que los políticos ven esta evolución de acontecimientos relacionados con la energía se revela aún más en otro suceso reciente: El primer “juego de guerra” de alto nivel basado en una crisis de petróleo en el extranjero. Conocido como "Onda Expansiva del Petróleo" este ejercicio extraordinario fue presidido por los Senadores Richard Lugar de Indiana y Joe Lieberman de Connecticut y cuenta con la participación de prominentes figuras como el antiguo director de la CIA Robert M. Gates, el antiguo Comandante General del Ejercito P. X. Kelley, y el antiguo Consejero de Economía Nacional Gene B. Sperling. Según sus patrocinadores, el juego esta dirigido a determinar que pasos podrían tomar los EE.UU. para mitigar el impacto de una interrupción de envío y producción extranjeros, como puede producirse debido a una guerra civil en Nigeria o un aumento del terrorismo en Arabia Saudita. La respuesta: “prácticamente nada”. “Una vez se interrumpa el suministro de petróleo”, concluyeron los participantes, “Hay muy poco que pueda hacerse en un corto plazo para proteger la economía de EE.UU. de su impacto, incluyendo precios de gasolina superiores a 5 dólares el galón y un agudo empeoramiento en el crecimiento económico, que potencialmente conlleve a una recesión.”

No sorprende pues que el resultado de este ejercicio produjera una gran alarma entre los participantes. “La simulación sirve como un aviso claro de que incluso una reducción relativamente pequeña en el suministro de petróleo resultaría en tremendos problemas de seguridad nacional y económicos para el país”, dijo Robbie Diamond de Asegurando el Futuro Energético de EE.UU. (SAFE en sus siglas en inglés), uno de los patrocinadores principales del evento. “Este tema merece atención inmediata.”

Entrando en la Era de las Guerras de Recursos

Por lo que se conoce de este ejercicio, “Onda Expansiva del Petróleo” no consideraba el uso de la fuerza militar para afrontar los acontecimientos imaginados. Pero si la historia reciente es una indicación, seguramente esta será una opción que contemplen los políticos de EE.UU. en el caso de una crisis real.

De hecho es una política oficial de EE.UU., consagrada en la “Doctrina Carter” del 23 de enero, 1980, usar la fuerza militar cuando sea necesario resistir cualquier ataque hostil que impida el flujo de petróleo de Oriente Medio.

Este principio lo invocó por primera vez el presidente Reagan para permitir la protección de petroleros kuwaitíes por fuerzas de EE.UU. durante la Guerra Irán-Irak de 1980-88 y por el presidente Bush padre para autorizar la protección de Arabia Saudita por fuerzas de EE.UU. durante la primera Guerra del Golfo de 1990-1991. El mismo principio básico esta bajo el embargo militar y económico a Irak desde 1991 a 2003; y cuando esta postura no consigue los resultados previstos de un “cambio de régimen”, utilizan la fuerza militar para provocarlo.

Una dependencia similar en la fuerza sería indudablemente el resultado de por lo menos uno de los acontecimientos clave imaginados en el ejercicio de “Onda Expansiva del Petróleo”: ataques terroristas en Arabia Saudita que conduzcan a una evacuación masiva de trabajadores extranjeros de pozos de petróleo y a una paralización en la producción saudita. Es inconcebible que Bush o su sucesor se abstengan de usar la fuerza militar en esa situación, teniendo en cuenta la presencia histórica de tropas de EE.UU. dentro del país y en particular alrededor de los pozos petrolíferos saudíes.

Al determinar el escenario para su crisis simulada, “La Onda Expansiva del Petróleo” identificó una serie de condiciones que proporcionan un vívido anticipo de lo que podemos esperar durante el Ocaso de la Era del Petróleo.

- Precio del barril de petróleo que excederá los 150$
- Precios de la gasolina de 5$ el gallón o superiores.
- Una subida del índice de precios al consumidor de más de un 12%.
- Una larga recesión.
- Una bajada de más de un 25% en el índice de bolsa Standard & Poor 500
- Una crisis con China sobre Taiwán.
- Una tensión creciente con Arabia Saudita sobre la política de EE.UU. hacia Israel.

No se puede predecir en este momento que experimentemos o no estas condiciones precisas, lo que es incontestable es que una reducción de la producción mundial de petróleo producirá cada vez más acontecimientos graves de esta clase y, en un mundo más tenso y desesperado, casi con certeza existirá la amenaza de guerras por recursos de todas clases. Esta no será una situación temporal de la que esperamos recuperarnos rápidamente. Será es estado de cosas semi-permanente.

Finalmente, por supuesto, la producción mundial de petróleo no estará simplemente estancada como en el Ocaso de la Era del Petróleo, sino que comenzará un declive gradual e irreversible que conducirá al fin de la Era del Petróleo. Lo difícil y peligroso que pueda resultar esta Era, y lo rápido que llegará su fin dependerá en un factor clave: La rapidez con la que empecemos a reducir nuestra dependencia en el petróleo como principal fuente de energía y comencemos la transición hacia combustibles alternativos. Esta transición no se puede evitar, llegará estemos preparados para ello o no. La única manera que tenemos de evitar sus consecuencias más dolorosas es empezar rápidamente a poner los cimientos de una economía post-petróleo.

* Michael T. Klare es Catedrático de Estudios sobre Paz y Seguridad Mundial en el Colegio Hampshire y el autor de Sangre y Petróleo: Los Peligros y Consecuencias de la Creciente Dependencia de EE.UU. del Petróleo Importado (editorial Owl), Guerras de Recursos, El Nuevo Panorama de Conflicto Mundial. Este artículo apareció primero en Tomdispatch.com un weblog de Nation Institute, que ofrece un suministro continuo de fuentes alternativas y de opinión de Tom Engelhardt, durante largo tiempo redactor editorial, y autor de “The End of Victory Culture and The Last Days of Publishing”.]


Aquest article s’ha rebut a través de "Correspondencia de prensa" Boletín informativo - Red solidaria de la izquierda radical
Edición y suscripciones, Ernesto Herrera:
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