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Anticapitalistes
  
dilluns 11 de juliol de 2005 | Robert Fisk
Qué suerte que tiene Suecia


"Si ustedes ponen bombas en nuestras ciudades", dijo Osama bin Laden en uno
de sus recientes mensajes por video, "nosotros pondremos bombas en las
suyas". Era tan claro como el agua que Gran Bretaña sería un blanco desde
que Tony Blair decidió unirse a la "guerra contra el terror" y a la invasión
de Irak de George Bush. Se podría decir que nos habían advertido. La cumbre
del G-8 fue elegida, obviamente con tiempo, como día de ataque.

Y no sirve de nada que Blair saliera a decirnos ayer que "nunca podrán
destruir lo que queremos". "Ellos" no tienen como objetivo destruir "lo que
queremos". El objetivo de "ellos" es que la opinión pública obligue a Blair
a retirarse de Irak, a salir de su alianza con Estados Unidos, a despegarse
de las políticas de Bush en Medio Oriente. Los españoles pagaron el precio
por su apoyo a Bush ­y el posterior retiro de España de Irak probó que las
bombas de Madrid cumplieron con su objetivo­, mientras que a los
australianos se los hizo sufrir en Bali.

Es fácil para Tony Blair calificar las bombas de ayer como "barbáricas"
supuesto que lo fueron­, pero ¿cómo calificar las muertes civiles de la
invasión anglo-americana de Irak en 2003, los niños despedazados por las
bombas de racimo, los incontables iraquíes víctimas de los disparos en los
puestos de control militares norteamericanos? Cuando ellos mueren, son
"daños colaterales", cuando "nosotros" morimos es "terrorismo barbárico".
Si estamos luchando contra la insurgencia en Irak, ¿qué nos hace creer que
la insurgencia no vendrá a nosotros? Una cosa es segura, si Blair realmente
cree que al "luchar contra el terrorismo" en Irak podemos proteger a Gran
Bretaña más eficientemente ­luchar contra ellos allí en vez de dejarlos
venir acá, como dice Bush constantemente­, este argumento ya no es válido.
Programar estas bombas con la cumbre del G-8, cuando el mundo estaba
concentrado en Gran Bretaña, no fue ninguna genialidad. No se necesita un
doctorado para elegir un sacudón de manos de Bush y Blair para hacer cerrar
una ciudad capital con explosivos y masacrar a más de 30 de sus ciudadanos.
La cumbre del G-8 fue anunciada tan por adelantado que les dio a los
atacantes todo el tiempo que necesitaban para prepararse. Se tarda semanas
en planear un sistema coordinado de ataques de este tipo ­podemos olvidarnos
de la fantasía idiota de que fueron programados para coincidir con la
decisión sobre el lugar donde se llevarían a cabo las Olimpíadas­. Osama bin
Laden y sus simpatizantes no preparan una operación de este tipo cuando
queda alguna posibilidad abierta de que Francia pierda su apuesta por ser
anfitrión del los Juegos. Al Qaida no juega al fútbol.

No, esto hubiera tardado meses ­elegir refugios, preparar los explosivos,
identificar a los blancos, preparar la seguridad, elegir los atacantes, la
hora, el minuto, planear las comunicaciones (los teléfonos celulares son
demasiado delatores)­. La coordinación y la planificación sofisticada ­y la
usual indiferencia hacia la vida de los inocentes­ son características de Al
Qaida.

Y ahora reflexionemos sobre el hecho de que ayer ­la apertura del G-8, un
día tan crítico, un día tan sangriento­ representó un fracaso total de
nuestros servicios de seguridad. Los mismos "expertos" en inteligencia que
decían que había armas de destrucción masiva en Irak cuando no las había,
pero que también fracasaron en develar un complot de meses para matar a
londinenses.

Trenes, aviones, micros, autos, subtes. Los transportes parecen ser la
ciencia de las artes oscuras de Al Qaida. Nadie puede revisar a tres
millones de pasajeros todos los días. Nadie puede detener a cada turista.
Algunos pensaron que el Eurostar podría haber sido un blanco de Al Qaida ­es
seguro que lo estudió­, pero ¿por qué buscar prestigio cuando allí están los
colectivos y subtes comunes para atacar?

Y después están los musulmanes de Gran Bretaña, quienes hace mucho han
estado aguardando esta pesadilla. Ahora cada uno de nuestros musulmanes se
ha convertido en el "sospechoso de siempre", el hombre o la mujer de ojos
marrones, el hombre de barba, la mujer con el chador, la niña que dice fue
abusada racialmente. Recuerdo que cuando cruzaba el Atlántico el 11 de
septiembre de 2001 ­mi avión volvió a Irlanda cuando Estados Unidos cerró su
espacio aéreo­ una azafata y yo intentamos ver si podíamos identificar a
pasajeros sospechosos. Encontré alrededor de una docena de hombres con ojos
marrones o barbas largas o que me miraban con hostilidad, que por supuesto
eran totalmente inocentes. Y así nomás, en unos pocos segundos, Osama bin
Laden había convertido al Robert bueno, progre, amistoso, en un racista
antiárabe.

Y éste es parte del objetivo de las bombas de ayer: dividir a los musulmanes
británicos de los no musulmanes británicos (ni mencionemos la palabra
cristianos), para incentivar ese mismo tipo de racismo que Tony Blair dice
odiar.

Pero aquí está el problema. Seguir haciendo de cuenta que los enemigos de
Gran Bretaña quieren destruir "lo que queremos" es incentivar el racismo; a
lo que nos enfrentamos aquí es a un ataque específico, directo y
centralizado sobre Londres como resultado de una "guerra contra el terror"
en la que Lord Blair de Kut al Amara nos ha metido. Justo antes de las
elecciones presidenciales norteamericanas, Bin Laden preguntó: "¿Por qué no
atacamos Suecia?". Qué suerte que tiene Suecia. No hay Osama bin Laden
allí.. Tampoco hay Tony Blair.

Por Robert Fisk para The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12


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